Epiloguito final para coronar este inicio de temporada siete que me inventé, ojo: hay saltazo temporal, jejejeje.
La mano de Beckett se aferraba con fuerza a la de Castle, sus nudillos estaban blancos y la tensión de sus músculos le estaba retorciendo la muñeca al escritor dolorosamente.
Kate respiró con ritmo, y apretó los dientes para volver a gritar desgarradoramente. Después del grito relajó sus músculos. Rick volvió a respirar y movió los dedos de su mano para activar la circulación, el sudor resbalaba por sus frentes.
La detective abrió los ojos y le dio un tironcito.
- Te quiero, Rick.
El escritor sonrió y le secó el sudor con un pañuelo.
- Yo ahora mismo te idolatro, Kate. - le dijo mirándole con sus profundos ojos azules.
- Pero que sepas que... - Beckett volvió a tensarse y le apretó la mano - ...que esta ES LA ÚLTIMA... - tensó su mandíbula - ... ¡VEZ QUE ME HACES PASAR POR ESTO!
Castle estuvo a punto de gritar él también. Ella volvió a calmarse y él volvió a mover los dedos de su mano.
- Eso mismo me dijiste cuando nació Cosmo.- le comentó él - Pero luego fuiste tú la que quisiste más bebés Castle.
Beckett frunció el ceño y siguió respirando con ritmo. Sintió otra contracción que la volvió a tensar.
- ¿Y por qué me hICISTE CASO? - apretó los dientes- ¡TE ODIO, CASTLE! ¡NO ME VAS A VOLVER A PONER LAS MANOS ENCIIIIIIIIIIIIII-MA!
Castle se mordió el puño de la otra mano para aguantar el dolor. Cuando volvió a calmarse ella a él ya no le respondía la mano.
- Eso mismo me dijiste cuando nació Johanna.- le recordó él.
- Y aún así no mE HICISTE CASSSSOOOOO - Beckett empujó con todas sus fuerzas.
Castle gritó como una abuela mientras Kate le clavaba las uñas en la palma de la mano.
- Y lo intenté, te recuerdo que fui yo quien hace 9 meses te advertí que el vestido que llevabas era para provocar un incendio.
- Pues te a seguro que.. - apretó los dientes y empujó instintivamente. - ... ¡AHORA PREFERIRÍA ESTAR ARDIENDO EN EL INFIERNO!
- Vaya, eso es nuevoOOOOO! - gritó Castle soportando su apretón.
Un llanto irrumpió en la sala, por encima de los gritos de sus padres y de las enhorabuenas de médicos y enfermeros. Beckett y Castle se quedaron embobados mirando la criaturita temblorosa y sonrosada que el doctor colocó en el regazo de Kate.
- Mira que monada, Castle. - dijo Kate embriagada por la emoción.
Castle miró la carita que con el ceño fruncido y la boca abierta gritaba para llenar de aire sus pulmones. El escritor ya había vivido la sensación con Alexis, con Cosmo y con Johanna, pero por alguna razón, esta vez fue especial.
- Este es el mejor aniversario de mi vida. - dijo incorporándose y besando a una extenuada y radiante Kate.
- Siento haberte chafado el plan - dijo ella mirándole de arriba a abajo.
En el hospital habían visto de todo, pero nunca había venido un padre a asistir un parto vestido de Indiana Jones.
- No importa - dijo él sonriendo.
Ambos miraron su pequeño tercer milagro con ternura. De repente Castle cayó en la cuenta.
- ¡Ay, madre! ¡Creo que no he atado el caballo! - dijo.
Beckett no se había llegado a creer que un madurito Richard Castle hubiera atravesado Manhattan a lomos de un caballo blanco, cuando recibió su aviso de que estaba de parto. Pero por lo visto así había sido. Rió cuando desapareció por la puerta para asegurarse de que no había organizado un caos por culpa de un caballo abandonado.
- ¿Ves cariño? Ese es papi. - dijo al bebé.
Una hora después Kate ya estaba en una habitación del hospital con su bebé. Castle, tras aclarar con la policía por qué un caballo blanco estaba comiéndose las caras plantas ornamentales de un jardín privado, se acercaba a la puerta con su prole.
Se paró un momento antes de entrar y les habló con ternura.
- Hijos, mamá está cansada y puede que esté de mal humor, así que: nada de refunfuñar por haber dejado el videojuego en 'pause', dijo dirigiéndose al mayor, ni de ponerse a llorar por no querer puré de zanahorias para cenar, dijo dirigiéndose a la pequeña. Tenemos que ser el papi y los hijos perfectos para conocer a...
- ¡Papá, entonces tu tampoco te puedes quejar de la multa que te han puesto por lo del caballo! - le interrumpió Cosmo, tan perspicaz y experto en pullas como su madre.
- Eso... mejor no le digamos nada a mami... hasta que vuelva a casa.
- O.K. - dijo el chico con ojos brillantes, que para tener sólo nueve años ya chantajeaba a su padre como un adolescente.
Castle supo por su mirada que no le iba a salir barato el silencio de su hijo.
- ¡Papi! - la pequeña Johanna, de cinco, le tiró graciosamente del pantalón para llamar su atención. Rick se agachó para ponerse a su altura.
- ¿Qué ocurre, corazón? - le preguntó cariñosamente.
- ¿De donde vienen los bebés? - preguntó tímidamente mirándole con sus grandes ojos azules.
- Deeee... - el escritor tragó saliva - ...los papás y las mamás que se quieren mucho mucho, cielo.
Cosmo resopló al más puro estilo Beckett y Castle le echó una mirada para que guardara silencio. A Johanna le hizo gracia la cara que puso su padre y lo imitó, mirando a su hermano mayor con la misma desaprobación.
- En resumen - dijo Castle volviéndose a incorporar - portaos como angelitos aunque sólo sea durante un ratito.
Cogió a cada uno de una mano y se dirigió a la habitación.
- ¡Hola cariños míos! - dijo Kate en cuanto los vio asomar por al puerta.
Justo en ese momento Alexis estaba acunando al bebé, de pie junto a la cama, así que Cosmo se lanzó a abrazar a su madre, que le acarició su pelo castaño y le dio un beso en la cabeza. La pequeña Johanna se quedó un poco cohibida al ver a su madre en la cama y no se soltó de la mano de su padre.
Rick se dio cuenta y la cogió en brazos, susurrándole al oído que no pasaba nada. Se acercó y la sentó en la cama. Kate también la acarició y la besó.
- Hay una personita que os quiere conocer - dijo Kate a sus dos hijos mayores, para que se sintieran ellos los protagonistas.
En ese momento Alexis le devolvió el bebé a Kate, que lo acunó en su regazo, enseñandole la carita a Cosmo y Johanna. Ambos se quedaron mirando y pensaron que era realmente un bebé muy pequeño.
- Os presento a... - Kate miró a Rick, que se acercó y le cogió la mano. Le ofreció la otra mano a su hija Alexis, que la tomó.- ...la más pequeña de la familia: Martha Beckett Castle.
Los tres adultos sonrieron y se miraron emocionados. La repentina pérdida de Martha Rodgers hacía un par de años había dejado un hueco en sus vidas, que ahora había sido inesperadamente rellenado con el nacimiento de la benjamina.
- Pues es un nombre muy largo para un bebé. - dijo Cosmo haciendo un mohín. El chico tenía contestaciones para todo, como su padre.
- La llamaremos Martha, cariño. - le dijo su madre.
- Tu nombre es más largo y eras igual de pequeño cuando te lo pusimos, Cosmo Alexander Castle. - le dijo su padre recordando el momento con alegría.
- Uf... Yo creo que NUNCA he sido TAN pequeño. - Dijo el chico tocando con su dedo índice la manita de su hermana, que descansaba tranquilamente.
En ese momento Johanna tiró de la manga de la camisa caqui que llevaba su padre remangada hasta los codos y Castle se agachó para que ella le hablase al oído, como hacía la tímida niña casi siempre que había bullicio.
- Claro, cielo. - dijo él tras escucharla. Kate observó cómo a Castle se le caía la baba con su pequeña, con la que conectaba como si tuviese telepatía.
- ¡Atención! Joha quiere decir unas palabras. - dijo él para que todos guardaran silencio
La niña se concentró como queriendo recordar algo memorizado y habló bajito:
- Querida hermanita, soy tu hermana mayor Johanna 'júton' Castle y te voy a querer mucho... y cuando crezcas te voy a enseñar a jugar al láser para ganar a Cosmo de una vez por todas. - dijo la niña mirando de refilón a su hermano, con cierto odio en sus expresivos ojos azules.
El chico le miró y se mosqueó al darse cuenta de que a partir de ahora todo iba a ser las dos chicas contra él. A los tres adultos les salieron unos 'oooooh' y unas sonrisas capaces de provocar diabetes, de lo dulces que eran.
- Mamá, daos prisa para el próximo y que sea niño, por favor. - le dijo Cosmo a su madre entre dientes. A lo que ella sólo pudo responder arqueando las cejas y helándosele la sonrisa en la cara, pensando en cómo decirle a su hijo y ojito derecho que 'ni hablar' o 'por encima de mi cadáver' o 'antes prefiero echarme al Hudson agarrada a una piedra'.
Alexis, que había estado muy callada hasta entonces, hablo:
- Bueno, Cosmo, si en vez de un hermanito no te importa que sea un sobrino... - dijo la pelirroja mirando al chaval, que levantó las cejas al más puro estilo Beckett.
De hecho Alexis miró también a su padre y a Kate, que le devolvieron la mirada con los ojos más redondos que se podían poner y entonces ella no pudo aguantarse más la noticia:
- Voy a tener un bebé.
Tras un segundo de silencio sepulcral, en el que Castle visualizó la palabra 'abuelo' en letras grandes al pie de una foto suya, el escritor levantó los brazos y acudió a abrazar a su hija.
- ¡Definitivamente este es el mejor aniversario de toda mi vida! - gritó.
También Beckett se unió a su alegría, aunque fue Alexis quien se tuvo que agachar para que ella le abrazara. En ese momento los tres adultos iniciaron un jaleo hablando y preguntándose cosas, olvidándose de los dos niños mayores.
- Ya verás como será niño. - dijo Cosmo a su hermana Johanna mirándole vengativamente. A lo que ella respondió sacándole la lengua no menos desafiante.
Todo es tan moooono y de algodón de azúcar... Por cierto, el 'júton' es 'Houghton' por si dudábais, jejeje.
