'Capitulo especial'


_34_ La feria de Scarborough, una diminuta rana...

Sábado, 10:30PM...

Hacia mucho, muchísimo aire fresco..., del tipo de aire que se mete por debajo de tus pantalones; recorriendo tu playera hasta tu barbilla... si de ese tipo de aire helado estoy hablando. Mientras... cientos de personas recorrían, miraban, platicaban, comían, bebían, bromeaban, etc, etc... por doquier, el parque de diversiones se encontraba muy concurrido , las personas solo pasaban y chocaban los hombros en todas partes...

—¡¿Mamá me puedo subir al carrusel?! ¡Por favor! —le dice un niño chonchito a su madre mientras; sostenía en la mano una enorme bola de algodón de azúcar color rosa. En ese momento..., nuestros amigos se encontraban esperando en la fila para subirse a uno de los juegos...

—¡Rigby! —grita emocionado Chad mientras; jalaba y jalaba la playera del mapache—. ¡Andale por favor!... ¡Subamos a la montaña rusa!...

—No... —le contesta mientras mordía y tragaba en gran pedazos su hotdog—. Ya nos formamos para casita del horror.

—¡Andale!... ¡Será rápido... al cabo nos volvemos a formar!..., ¡¿O que... tienes miedo gallina?! ¡Puack, puack puack! —imita los sonidos provocando a su amigo.

—¡Bueno esta bien!... —pone los ojos en blanco—. ¡Pero que sea rápido...! ¡Y... no soy gallina!

—¡Haha si lo que digas!... —se ríe dandole a entender que si es gallina—. ¡Puack! ¡Puack!

Chad y Rigby terminaron de formarse y se subieron a la gran montaña; la cual media cerca de los cuarenta y cinco metros; ocupando gran parte de scarborough con todos sus carriles que daban vueltas y vueltas enredándose formando un gran nudo de madera y acero. Mordecai se la pasaba callado casi la mayor parte del tiempo, se sentía incomodo respecto a la situación en la que se encontraba en esos momentos... Margarita se recargaba en los hombros de Jeremy a carcajadas una y otra vez, la pareja se encontraba sentada en una banca de metal haciendo bromas, coqueteando, y podría decirse casi besándose... ¿Pero..., que pasa con el arrendajo?... bueno lo único que le quedaba al chico era quedarse de pie esperando a que Rigby bajara del juego; mientras se tragaba a la fuerza una banderilla frita rellena de odio, frustración, celos, coraje y cubierta de lagrimas de tristeza... pobre chico delgado... el azulejo se siente solo, por así decirlo, Margarita ya encontró a otro chico que la hiciera reír al limite, pero eso no es lo que lo pone triste... lo que en realidad pone melancólico al paliducho es que su mejor amigo lo abandone por su nuevo novio..., Digamos que Rigby es y será siempre su mejor amigo, pero desde que "supuestamente tiene novio", noto que pasa menos tiempo con el, incluso, apenas le dirige la palabra (eso cree el...) si tan solo Rigby le dijera lo que siente por su mejor amigo, lo que en realidad siente por el (no lo que cree Mordecai...), si tan solo el morenito le mostrara sus verdaderos sentimientos..., su amistad puede y se fortalezca; mejorándola... después de todo, la amistad se basa siempre en confianza y eso es lo que necesita el mapache en estos momentos... Mordecai piensa estúpidamente que su amigo lo cambiara dentro de poco por el otro pequeño y eso ademas de triste lo pone furioso y a tomado la decisión de hacer algo al respecto, algo que haga que su amistad regrese como antes y probablemente en estos momentos pensará o tratará de separarlos, así tenga que deshacerse del zarigüeya... (de alguna forma).

Los pequeños se bajaron campantes tomados de la mano para después dirigirse a un puesto de tiro al blanco lanzando una bola: donde Rigby gano un gigantesco osito de felpa, mas grande que Chad y que Rigby juntos, el cual, inmediatamente; regalo a su pequeño amigo... Mordecai se puso aun mas celoso y furioso, el pálido enfurecido; aparto a la gente del puesto para jugar un poco, el chico; lanzo la pelota lo mas fuerte que pudo para derribar las botellas pero desafortunadamente esta reboto en la orilla de la barra; regresando y golpeando al paliducho dejándole un chichón en la cabeza "casi del tamaño de la pelota que lanzo", cayendo el idiota de cara; directo al piso. Rigby soltó una carcajada enorme por el juego fallido de su amigo, el dueño del puesto se compadeció del alto y le dio de regalo un pequeño llavero con 'una diminuta rana' de plástico dentro de una burbuja. Mordecai de hecho no se enojo, este se levanto del suelo e inmediatamente le dio la rana a su amigo; callando las risas del mapache.

—¿Mordecai y esto...? —el pequeño callo sus risas, tomando el llavero con sus manos, y mostrando en su rostro confusión mucha confusión.

—Tal vez no sea un enorme oso de felpa... —metiendo sus manos dentro de sus bolsillos, agachando la cabeza y alzando los hombros hasta la altura de sus orejas—. Pero lo gane para ti...

Rigby miro detenidamente el llavero y después al rostro de su amigo; el chico alto tenia las mejillas coloradas y en sus ojos mostraba tristeza y cariño a la vez... muy rara combinación de sentimientos que jamas, ¡Jamas!, vio en su querido amigo... El mapache solo giro un poco la cabeza para ver la mirada del zarigüeya; el cual mostraba una débil pero cariñosa sonrisa con una mirada caída y soñolienta, dandole entender al mapache que aquel regalo que Mordecai le había dado era por que en verdad siente algo por el, algo muy pero muy oculto dentro del pálido, algo verdaderamente hermoso hacia su amigo...

—Gracias viejo... —arrastrando las palabras por timidez y guardando el llavero dentro de su chamarra de cuero—. ¿Quieres...? —hace una pausa para tragar su saliva con sabor a mayonesa (por comer mazorca), terminando su pregunta y quitándose la gorra—. ¿Quisieras subirte a un juego conmigo? —pregunta lentamente mientras el larguirucho volvía a su postura normal.

—¡Seguro! —le contesta emocionado; volviendo a su tono claro y mostrando una enorme sonrisa que cualquiera que lo viera se le contagiaría con solo mirarla—. Pero... ¿A cual tío...? —pregunto con timidez; mirando para todos lados.

—¡Nos subiremos a ese juego! —contesta el pequeño; señalando el lugar, haciendo que el pálido se mostrara nervioso. El juego que señalaba era la mismísima rueda de la fortuna; llena de miles de colores que cambiaban y parpadeaban una y otra vez, el juego estaba repleto de parejas empalagosas que mostraban sus afectos dándose besitos aquí y besitos allá, en el cuello y mejillas; tomados de la mano una y otra vez mientras reían bobamente contando chistes y haciendo bromas estúpidas... El hecho de que Mordecai se pusiera nervioso es debido al alto contenido romántico–plegostioso que los jóvenes mostraban y que hacían ponerle los pelos de punta de tan solo pensar que se subiría a solas con su mejor amigo... ¡Que nervios!...

—¿Seguro que quieres subirte ahí? —tratando de sonreír pero los nervios lo corrompían aun mas—. ¿Hehe, no quieres buscar otro?...

—Nooo... —arrastrando la palabra por tres segundo y moviendo la cabeza de un lado para el otro.

—¿Seguro?...

—Siii... —volviendo arrastrar su respuesta, asintiendo con la cabeza; poniendo mas nervioso a su amigo el cual deseaba que se lo tragara la tierra...

Los chicos subieron al juego, Mordecai mas a fuerzas que de ganas, obviamente... Rigby y Mordecai se subieron a una cabina solos pero en asientos contrarios... al mapache le colgaban las piernas en el asiento por su tamaño, mientras que su amigo tuvo que agacharse para caber en ese pequeño espacio; estirando sus piernas hasta el asiento de Rigby. La rueda comenzó a girar lentamente, Chad le alzo el pulgar a su amigo desde lejos; deseándole suerte, el chico ya sabia lo que el mapache tramaba en ese juego. La rueda comenzó a ir mas y mas rápido bajando y subiendo, los chicos sentían las cosquillas una y otra vez en sus estómagos y eso ponía mas de nervios al morenito. Jeremy y Margarita disfrutaban aun en la banca de un bionico de frutas repleto de leche condensada... Los chicos ni cuenta se dieron que sus amigos se encontraban en el juego y que Chad los esperaba abajo; abrazando al tierno osito.

—Mordecai... —dice Rigby el nombre de su amigo sin mirarlo de frente; con la cabeza baja, mientras su pálido amigo miraba el paisaje fijamente por la ventana—. Mordecai, quiero decirte algo... —insinúa haciendo que su amigo girara su cuerpo para poder verlo.

—Que pasa viejo... —tallándose un ojo de sueño y bostezando.

—No se como decirlo... pero necesito decírtelo o yo... —se detiene haciendo que Mordecai quedara extrañado ante lo que le iba a decir su amigo.

—¿O que?... —suelta las palabras lentamente.

—O explotare... —al decir el pequeño esa expresión; Mordecai se mostró mas serio ante la situación.

—¿Y porque dices eso?... —tratando de mirarlo a los ojos pero Rigby no se dejaba.

—Yo... —se detiene, toma valor, suspira inhalando y exhalando lentamente; apretando los puños, los labios, sus piernas, sus hombros, su estomago; agachando el cuello para después mirarlo de frente e inflar el pecho—. Yo..., ¡Yo te amo Mordecai...! —suelta las palabras rápidamente mirándolo a los ojos, aquella mirada del pequeño era tan profunda y tan soñada que juraría el paliducho que vio el mismísimo corazón de su amigo reflejándose en ellos, una mirada que por poco y lo hacia ponerse de rodillas ante el pequeño... sentía una gran empatía hacia el moreno, un sentimiento que nunca había experimentado en lo que llevaba de su corta vida...

Mordecai se quedo súper admirado antes las tiernas y extrañas declaraciones que su amigo le estaba dando mientras el pequeño sollozaba en tono bajo para que no lo escuchara, su amigo le decía que lo amaba, que lo que sentía por el era mas que amistad y este no sabia como reaccionar respecto a esto... Lo único que le quedaba al pálido era escuchar a su corazón y no a su cerebro..., y eso hizo... Mordecai se lanzo rápidamente a su amigo para abrazarlo y tranquilizarlo; dandole pequeñas palmadas en su espalda para que dejara de llorar.

—¡Lo siento Mordecai...! —llorando en el hombro de su amigo, dando rápidas inhalaciones como una especie de hipo repetitivo; dejando sus lagrimas en la playera del larguirucho, estas solo resbalaban del hombro, recorriendo directamente toda la espalda del mayor como agua fría; dandole al alto una sensación de escalofríos que no podía controlar.

—Rigby... amigo... —llorando.

—Lo siento yo no debí decir nada, yo... —llorando.

—Rigby, ¡Callate...! —interrumpe a su amigo para que se destrabara del estado en el que se encontraba—. ¡Rigby yo te quiero muchísimo... nuestra amistad nunca cambiara por nada del mundo! ¡Nunca! —lo abraza mas fuerte cuando de repente el juego comienza a detenerse sorpresivamente, ambos se quedaron varados en la parte de arriba... Los chicos dejaron de llorar, aquella distracción los hizo apartarse de su cálido abrazo para después; mirar asustados por las ventanas: donde hasta abajo se encontraban Chad, Jeremy y Margarita... el trio les hacia señas a sus amigos de que algo no andaba bien con el juego... Después de varios minutos llegaron encargados y técnicos del lugar a examinar la situación de la enorme atracción circular. Chad se tambaleaba de un lado para otro muy nervioso, el chico tenia ganas del numero uno y ya no aguantaba...

—¡Jeremy! ¿Me detienes mi osito...? —el zarigüeya se lo entrega rápidamente—. ¡Solo voy al baño no me tardo...! —Jeremy asintió con la cabeza; cargando al gigantesco oso, sin dejar de mirar la cabina donde los chicos llorones se encontraban. El tierno moreno entro corriendo al baño para soltar hasta la ultima gota de agua que su cuerpo retenía.

Después de un rato, y de que descansara su vejiga... el chico se apresuro a lavarse las manos pero... cuando estaba apunto de secarlas, un conocido suyo se acerco; girando a la fuerza el cuerpo del pequeño para después abrazarlo.

—¡Thomas! ¡¿Que rayos haces aquí?! —apartándose del abrazo; asustado.

—Solo vine a disculparme...

—Pues no tengo nada que hablar contigo... —dandole la espalda apunto de irse pero la cabra lo giro de nuevo.

—Solo... —hace una pausa para mirar los ojos de su pequeño amigo; los cuales mostraban coraje mucho coraje—. ¡Solo déjame disculparme lamento lo que hice..., fui un tonto desesperado y no sabia como acercarme a ti... yo...! ¡Yo te quiero muchísimo! —se disculpa; caminando hacia el pequeño, lentamente, muy lentamente haciendo que el zarigüeya comenzara a caminar de espaldas—. ¡Siempre que quiero hablar contigo me pongo muy nervioso e idiota...! ¡Y..! y..., ¡Soy un idiota!..., ¡Soy un completo idiota, un estúpido!... yo, ¡Yo estoy enamorado de ti...! ¡Y lo eche todo a perder! ¡Lo he! ¡Echado todo a perder!...

—Thomas... yo...

—No digas nada... —las ultimas palabras que sus labios y cuerdas vocales sonaron y soltaron a la vez, para después; tomar la barbilla del pequeño y darle lentamente un profundo, tibio y mojado beso, mientras el pequeño tocaba con su espalda el espejo del baño para después, y solo después, corresponderle el beso; enredando sus manos alrededor del cuello del alto..., si... aquel beso que tanto deseaba, esperaba y soñaba que alguien se lo diera... el tierno beso que tanto anhelaba su pequeño y tierno corazón esponjoso, pintándolo con acuarelas; llenándolo de alegría y esperanza, para después; inflarlo completamente del sentimiento llamado: Amor...