_38_ La mansión embrujada.

Domingo, 7:30PM...

La lluvia se detuvo por un rato, el juego tormentoso apenas comenzaba y las nubes empezaban a juntarse de nuevo... Rigby y Chad conducían de regreso a casa, después de aquella triste historia Chad se gano el completo cariño del mapache...

—¿Ya estas mejor?... —le pregunta Rigby a su querido amigo.

—Si... ya... —estacionando el auto—. Ya me siento mejor... —sonriendo.

Ambos pequeñines bajaron lentamente mientras sentían la delicada llovizna en sus dulces rostros... Rigby giro la perilla; encontrando a Mordecai a oscuras en la sala jugando videojuegos... Chad entro cansado; subiendo las escaleras lentamente; sintiendo sus rodillas mas pesadas que de costumbre para después, entrar a su habitación y caer rendido en su cama; abrazando su almohada fuertemente y sintiendo las frías sabanas blancas pasar por sus delgados dedos de los pies; hasta quedarse dormido...

—Chad... —escucha un susurro muy lejano—. Chad... —abre el zarigüeya sus ojos lentamente viendo el rostro de su amigo muy cerca de el.

—¿Rigby?... —pregunta tallándose los ojos—. ¿Que pasa?...

—¡Ya son las once con quince minutos! —colocando el delgado gorro de su chamarra sobre su cabeza despeinada—. ¿La casa embrujada recuerdas?

—¡Oh cierto! —levantándose rápidamente; colocándose unas calcetas, seguido de sus tenis.

Los chicos bajaron, Chad tomo las llaves de la mesita cerca de la entrada, pero cuando estaba dispuesto a salir junto con Rigby... Mordecai entro por la puerta con un six de cervezas en la mano.

—¿Chicos a donde van? —pregunta el azulejo.

—¡Chad me invito a una casa embrujada! ¡Boo! ¡Boo! —tapando sus ojos con su gorrito y haciendo sonidos de fantasma; dando vueltas y vueltas alrededor de Chad una y otra vez de manera infantil pero muy tierna. Mordecai estuvo consciente de lo que hizo con Rigby ayer por la noche... mas sin embargo Rigby piensa que solo fue algo pasajero y solo por efectos del alcohol, ¡Pero se equivoca!... Mordecai ya siente algo grande por el moreno, el chico tiene miedo de lo que piensen sus amigos acerca de eso, pero eso no significa que no pueda tratar de conquistar a su pequeño apestoso.

—¿Chicos puedo? ¿Puedo ir con ustedes?... —pregunta tímidamente mientras el zarigüeya ponía rápidamente los ojos en blanco.

—¡Claro! —contesta el mapache; girando la perilla de la puerta, mientras se escuchaba fuertemente el ruido de las gotas caer por el largo pórtico y el resto del suelo del parque—. ¡Solo si llevas esas latas con nosotros!

—¡Seguro! ¡Hehe! —riendo tímidamente mientras el trio corría para subirse al auto.

—¡Listo ya vamonos! —encendiendo el auto y prendiendo las luces junto con el limpiaparabrisas.

—¡Rigby toma! —Mordecai le pasa una cerveza al mapache.

—¡Gracias amigo!... —dandole grandes sorbos.

—¿Chad quieres una? —pregunta el azulejo.

—Si gracias, ponla aquí... —señala el porta vasos del coche mientras; torcía el volante para salir del parque. Condujeron como por una hora ya pasada la media noche (12:25AM). Los chicos salieron fueras (ya de la ciudad), cruzaron carretera hasta entrar a un oscuro y tenebroso bosque que hacían poner los pelos de punta al trio de curiosos.

—¡Listo llegamos! —estacionando el coche justo afuera de las rejas negras con puntas afiladas.

—¿Ah?... —temblando el mapache; mordiendo sus uñas—. ¿Es...? ¿Es ahí?... Dijiste que era una casa... ¡Pero ese lugar es enorme!

—¡Si justo ahí! —responde el zarigüeya mientras el azulejo se pegaba al vidrio del coche para ver el lugar lleno de cuervos negros con ojos amarillos—. ¡Pues bajemos a investigar que esperan!

—¿Ah? Yo me quedo aquí... vayan ustedes alguien tiene que cuidar el auto... —contesta Mordecai abrazando sus latas de cervezas.

—¡Que miedoso Mordecai! —responde el mapache—. ¿Enserio piensas quedarte solo cerca del bosque?

—Creo que tienes razón amigo... —le responde riendo nervioso. El trio salió del auto; cruzando las rejas negras rápidamente para no mojarse hasta llegar a la entrada de la gigantesca mansión "abandonada"..., en realidad los chicos no tuvieron que brincar la cerca ya que esta estaba carcomida y destruida por el oxido ¡Que suerte! así si salen corriendo solo tienen que subirse al auto.

—No puede ser...

—¿Que pasa Chad? —preguntan ambos chicos.

—¡Deje las llaves pegadas dentro del coche! —contesta ya asustado mirando su auto de lejos.

—¡Chad eres un idiota!...

—¡A mi no me grites!...

—¡Cállense! —separa Mordecai a sus amigos—. Llamemos a un cerrajero para que abra el coche... —responde; buscando en sus bolsillos su teléfono.

—¡Nadie vendrá hasta acá! ¡Estamos perdidos! —responde le mapache.

—¡Ay no!...

—¿Que pasa Mordecai? —pregunta el moreno extrañado.

—¡Mi teléfono lo deje en la casa!.

—¡¿Que?! —alzan la voz ambos pequeños.

—Descuiden... —añade el azulejo—. Buscaremos dentro del lugar algún teléfono...

—¡¿Que?! ¡La casa se nota que esta sola desde hace años! —responde Rigby; mirando el suelo de madera destrozado y lleno de hoyos.

—Creo que tiene razón Mordecai —comenta Chad—. Puede y aun la linea telefónica funcione...

—Bueno ah... pues... —mira el mapache asustado la lluvia y los rayos que chocaban en el cielo una y otra vez, después miro detenidamente la reja negra junto con los cuervos los cuales estaban arriba de los torcidos arboles grises ya muertos, y al final... miro el auto a lo lejos, apenas y se podía ver pero era muy difícil con esa lluvia mezclada con aire la cual lo tapaban por completo—. ¡Bueno... entremos! —responde el pequeño mientras Mordecai giraba la perilla lentamente; rechinando la puerta, el trio ahora entraba muy despacio a la casa; sin darse cuenta que alguien los miraba desde una venta justo arriba de ellos...

—¡Este lugar es gigantesco! —Mordecai a diferencia de sus amigos el se encontraba emocionado—. ¡Eco...! ¡Eco!...

—¡Shh! ¡Cállate alguien podría escucharnos! —se esconde el mapache atrás del zarigüeya.

—¡Pfff no hay nadie aquí! —responde Mordecai. El trio caminaba por todo el enorme vestíbulo hasta subir la infinidad de escaleras.

—¡Bueno! ¡Busquemos ese teléfono y salgamos de aquí!... —mordiéndose las uñas el mapache.

—¡No seas miedoso Rigby! —responde el azulejo mientras su amigo se colgaba del cuello del zarigüeya; el cual solo miraba el techo del lugar una y otra vez.

El grupo entro a un cuarto (la biblioteca del lugar para ser exactos...). El lugar estaba pequeño pero aun así había mucha variedad de libros, ¡Infinidad de libros!, de muchos colores y gruesos empastados; llenos de telarañas, polvo y tierra.

—¡Miren esto! ¡Cof cof! —tose el azulejo abriendo un pesado libro gris con bordes rojos donde mostraban un pequeño mapa del lugar—. ¡Achuu! —estornuda por el polvo—. Seguro y es de la casa...

—¡Bueno... arranca la hoja y busquemos ese teléfono! —responde el mapache histérico; viendo a través de la ventana el gigantesco jardín de la casa; donde abundaban infinidad de enredaderas y uno que otro arbusto lleno de espinas con oscuras flores marchitas. Después de decir eso la puerta del salón donde estaban se cerro fuertemente haciendo que el mapache saltara de la ventana justo a los brazos de Mordecai.

—¡Rigby bájate! —tumbándolo al suelo—. ¡Seguro y fue el aire tonto!

—¡No lo creo Mordecai! ¡Estoy seguro que cerré la puerta!... —levantándose del suelo.

—Bueno salgamos de aquí... —responde el zarigüeya tomando del hombro al mapache para salir...

El trio salió al pasillo donde ráfagas de viento movían lentamente los enormes candelabros de techo; dorados.

—Tomen... —arranca Mordecai la mitad de la hoja con los planos de la casa—. Separemonos y busquemos ese teléfono... ¡Rigby! —Señalándolo—. Tu iras por allá mientras Chad y yo buscamos por aquel pasillo...

—¡¿Que?! ¡Estas loco! —alzando los brazos y quitándose el gorro de la chamarra—. ¡No nos separaremos! ¡Así empiezan las películas de terror! —responde; haciendo gestos con las manos—. ¡Ademas! ¡Los chicos sexis se mueren primero y no quiero morirme! ¡Yo iré con Chad!

—¡Aghh! —tapándose el azulejo la cara—. ¡Esta bien! ustedes vayan por allá y yo seguiré este pasillo...

—¡Hmm, Hmm, Hmm!... —asiente con la cabeza el mapache. Los pequeños cruzaban el alargado pasillo, para después entrar a otro cuarto...

—¡Rigby! ¡Es un salón de baile! —mira fijamente el zarigüeya emocionado; caminando por las pistas circulares con cuadros negros y blancos; juntas, a un enorme piano tradicional de color blanco—. ¡A mi me encanta bailar! —añade corriendo directo al piano para acariciar las teclas de este y después tocar unas dulces notas, las cuales... sonaban horribles y el mapache se tapaba las orejas—. Mmm... creo que no funciona..

—¡Es eso... o tu no sabes tocar! —riendo de su amigo.

—¡Mejor olvídalo! —le contesta; tomando de las manos al mapache y caminando junto con el a una de las pistas de baile—. Bailemos un poco... —abrazando a su amigo mientras tarareaba una canción, el mapache al principio le siguió el juego con una expresión aburrida, pero... después... comenzó a sonreír; abrazando a su amigo y recargando su cabeza en el cuello del zarigüeya mientras giraban y giraban al ritmo de la dulce melodía que ambos imaginaban. Rigby tomo de la cintura al moreno mientras que con la otra mano le daba delicadas vueltas; haciéndolo girar y girar hasta que ambos chocaron con el piano haciéndolo sonar de una forma grotesca; despertándolos de su sueño y bajándolos de las nubes... Ambos chicos salieron del salón asustados y gritando como niñas pero riendo a la vez de aquello...

Los pequeños cruzaron el pasillo de nuevo hasta llegar a otro cuarto donde se encontraron con una especie de sala o estudio; con muebles cubiertos de sabanas blancas; pegadas con gruesas y alargadas cintas adhesivas...

—Rigby salgamos... aquí no hay nada... —acariciando y quitándole el polvo a un pequeño radio de madera que se encontraba en una mesa con varios bolígrafos, clips para hojas y libros encimados—. ¡Rigby mira! —señalando algo de encima de la mesa.

—¿Que pasa? —acercándose.

—Mira —susurra; sosteniendo una taza con cafe en ella.

—Es solo una taza...

—Pero tiene cafe en ella... —metiendo los dedos—. Y esta caliente... ¡No estamos solos...!

Después de decir eso, la perilla de la puerta comenzó a girar y ambos chicos se ocultaron de debajo de la mesa; cubriéndose con el grueso mantel... Unos pasos entraron al lugar caminando despacio, los chicos solo veían una sombra que se acercaba cada vez mas hacia ellos, pero algo hizo que la sombra se distrajera o se asustara; dándose media vuelta para salir de ahí rápidamente...

—Estuvo cerca... —susurra el mapache, mientras ambos pequeñines salían de debajo de la mesa.

—Busquemos a Mordecai y salgamos de aquí... —sugiere Chad; asustado.

—¿Pero y el teléfono?... —pregunta el mapache.

—Soy capaz de romper mi vidrio del auto y salir huyendo antes de quedarme un minuto mas aquí...

Los chicos salieron del salón... Rigby cruzo el pasillo junto con Chad en busca de Mordecai el cual seguía perdido...

—Rigby... creo que nos separemos...

—¿Que? ¡No!... —responde furioso.

—Shhh... —le tapa la boca—. Sigue mis ordenes... tu iras por aquella esquina y yo regresare hacia el otro lado donde se supone que fue Mordecai... le daremos la vuelta y nos encontraremos aquí de nuevo... ¿Si?...

—Esta bien... —se separa Rigby de su amigo; molesto y asustado a la vez, el chico comenzaba a mostrarse pálido con la piel de gallina; esperando a que el fantasma de zapatos negros no lo atrapara... El mapache entro a un cuarto lleno de plantas como una especie de invernadero donde la luz de los relámpagos entraba completamente; iluminando el lugar...

—Mordecai... —susurra—. ¿Donde estas? —pregunta al aire pegando su rostro a la ventana congelada; dejando el vapor de su boca sobre ella... cuando... un ruido o una especie de rechinido; sonó de detrás de el...

—¿Quien esta ahí? —pregunta asustado; pegando su espalda a la ventana y después caminando lentamente a las plantas—. ¿Mordecai?... ¿Eres tu? —mirando una maceta que se movía lentamente enfrente de el... ¡Cuando sorpresivamente! una mano lo sostiene por la parte de atrás tapándole la boca y llevándolo de debajo de una mesa cerca de ahí...

—¡Por favor señor fantasma no me mate! —cerrando los ojos esperando a que el fantasma le sacara las tripas.

—Rigby cállate soy yo...

—¿Mordecai?...

—Shhh.. creo que hay alguien mas en este lugar... —tapándole la boca—. ¿Y Chad?...

—Nos separamos para buscarte y no se donde esta... —abrazando a Mordecai; recargando su despeinada cabeza en el pecho de su larguirucho amigo—. Tengo miedo... hace rato escuchamos ruidos y alguien se aproximaba a nosotros...

—Yo solo quiero salir de aquí... —añade el pálido asustado.

—...Mordecai vamonos...

—...Espera... —le responde; acariciando el cabello del moreno. Mordecai sostuvo de la barbilla a su amigo; pasando su mano por el cuello de este y después su dedo indice por toda la oreja del moreno... sin mas que decir, lo miro lentamente a los ojos cristalizados del pequeño; los cuales expresaban miedo, su mirada se encontraba perdida y solitaria..., suspiro agitadamente y después tranquilamente; comenzando acercar sus labios a los de su amigo hasta sentir salir el vapor: justo de la boca del menor; dandole un pequeño beso con la finalidad de tranquilizarlo, solo eso...