Quiero Tu Mordida.
Por BB. Asmodeus.
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Rating: EXPLICITO/LEMON.
Parejas: Hiccup/Toothless; Camicazi/Astrid; Tuffnut/Snotlout; Eret/Stormfly; Ruffnut/Cloudjumper. (Y también insinuaciones de Valka/Stoick, porque aquí el Jefe está vivito y coleando). Si no te agrada alguna de las otras parejas, sólo sáltatelas.
Advertencia: Sexo explícito entre Dragón/Humano, Yaoi, Yuri. Se centra en un universo Alfa/Omega, donde se manejan las temporadas de celo y los nudos.
Sinopsis: Por razones desconocidas, los celos se adelantan en los territorios de Berk. Caos nace. Cloudjumper es el único preocupado.
Dedicatoria: A todas esas urgidas/urgidos (incluida yo) que me alientan a escribir cochinadas como estas en el grupo de FB. Las/los amo. Ustedes saben quiénes son, ¡no pretendan mirar a otro lado!
Listado de perversiones: Autolubricación en omegas masculinos (básicamente, también tienen vagina), uso de Nudos/Knotting (tendencias animalísticas), ligeros uso de roles Dominante/Pasivo, Mordidas, Sexo Oral, Sexo Anal, 69, Sexo de Tijeras, Abuso de Feromonas, Sexo Dragonezco (o como se escriba), Sexo entre dos especies diferentes, Abuso de Fluidos Corporales (Ay, ay, ay), Nudos (¿ya había mencionado nudos?), Frottage, Rimming (si no sabes qué es eso, Toothless te lo mostrará, no te preocupes). Creo que es todo por AHORA. Mentira: eyaculación femenina. Insinuaciones de futuro mpreg.
¡DISFRUTEN!
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Pt. 2.
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"Pero, ahora mismo
no quiero tu beso.
Quiero tu mordida."
-Chris Crocker (I Want Your Bite).
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Amaba las piernas de Astrid. Finas. Blancas con la fidelidad de la nieve. Raramente eran expuestas al sol. Eran preciadas.
Camicazi levantó una, mordiendo la piel acolchonada que encontró. Astrid terminó de acomodarse a lo ancho de su regazo, sus pálidas nalgas temblando frente a Camicazi. Sus piernas se enredaron de modo que sus pelvis se entrecruzaran. El primer arrebato de caderas provino de la Omega, montando el muslo de su Alfa con urgencia. Era la guerrera más feroz en ese instante, rugiendo mientras arqueaba su espalda, perdida en la estimulación de sus vientres. Camicazi apretó los pequeños glúteos, ayudando a su amante a encontrar fricción, su propio nirvana asomándose entre la oscuridad…
"Ah-ah-ah-ah." Astrid jadeó la cuenta regresiva, acelerando los ondeos que las mantenían conectadas. "Uuuuh, necesito—"
"Sé lo que necesitas." Y se lo dio, insertando sus dedos en su eje, justo a tiempo para darle algo a sus músculos para apretar. Astrid gimoteo, los movimientos automáticos obligándola a perseguir la mano de Camicazi. Era hipnótico. Todo en su omega, era hipnótico. Su pulso cubriendo el puño de su alfa, la distorsionada forma que su cuello se flexionaba, en pleno éxtasis. Era una sirena mitológica en plena tormenta.
La depredadora en Camicazi la poseía, al ver todas aquellas barreras caer como castillo de naipes. Astrid siempre era tan insolente, luchando por ser la jefa en las misiones, por siempre tener la razón. Le gustaba desafiar. A Hiccup, a Snotlout, a los Haddock, y por un largo tiempo, había buscado por desafiar a Camicazi, en cada pequeño detalle de sus interacciones. Por mucho tiempo, Astrid había pensado ser odiada por la Bog-Burglar, inconsciente a la pasión que Camicazi sentía arder, cada vez que miraba enojo alterar el semblante de la Hairy Hooligan.
No había sido fácil llegar tan lejos. No había sido fácil que Astrid liberara sus escudos, que bajara sus defensas, y aceptara someterse a otra Alfa, puesto que la chica siempre había querido ser una alfa ella misma. Camicazi podía darle todo: un hogar, la mitad de su poder como gobernadora de su archipiélago, las mejores hachas y las más hermosas joyas. Camicazi podía tenderle el mundo a sus pies, pero todo lo que Astrid pedía, era ser tratada como igual.
Tornando su puño en movimientos circulares, se encargó de tocar todos los puntos dulces dentro de su amante, activando cada relieve, encendiendo cada señal de sus ligamentos. Fuegos artificiales chispearon, si uno se podía basar en los descarados chillidos de la omega. Camicazi miró su propio núcleo, derramado con jugos, esperando por obtener permiso para adueñar, marcar, liberar—Sentir sus propias chispas.
Le llegó al cuerpo de su chica lentamente, desenredando sus piernas, mientras la necesidad de embarrar su esencia la impulsó a cambiar posición. Se colocó sobre Astrid, sentándose sobre sus glúteos, aprovechando que la chica seguía boca abajo.
"Mi turno."
Astrid asintió, elevando sus posteriores en respuesta. Su perfil buscó desesperadamente por un beso, retorciéndose. Un beso de tu alfa era la mayor muestra de amor, más que los bailes de sus trajes corpulentos. Camicazi rozó sus labios con ternura, tomando la boca a la inversa. Acogió un hinchado trozo de carnosidad con adoración, succionándola, hasta que la sangre de las anteriores mordidas, fuera compartida. Sus manos, ahora libres, se dedicaron a mapear los senos a su disposición, expuestos para su único beneficio. Coqueteó con su pezón, endureciéndolos con sus masajes.
Camicazi montó a su dulce omega, frotando su sexo entre las dunas tersas.
"Muérdeme—Otra vez. Muérdeme." Maulló Astrid, entre el desliz de sus lenguas, sus beso perdiendo fineza, conforme las embestidas del Alfa aumentaban de velocidad. "Camicazi—Por favor."
"¿Aquí?" Se le fue mordido en el mentón. Astrid sacudió su cabeza. "¿Aquí?" Y se le dio otra mordida en su lóbulo. Astrid resopló, invadida de los jugos de Alfa por todos sus sentidos. Sin embargo, negó otra vez. "¿Y aquí?" Bajó a su cuello, agregando otro moretón a su colección. Astrid mordió su propio labio inferior, arqueando su torso en su dirección, una flor buscando por sol y agua, por ser mimaba. "Frigg. Dime dónde. ¿Dónde te muerdo?"
Astrid tumbó su cabeza sobre uno de sus hombros. "En todo. En todo de mí."
Gruñendo con poderío, Camicazi usó los senos de Astrid para sostenerse, sus propias caderas perdiendo la batalla. Frotó y frotó, encajó su pelvis en los glúteos a su disposición. La cama crujió. Astrid gemía, su perfume profundizándose, en respuesta a las feromonas de su alfa. Justo cuando el crescendo se aproximaba, Camicazi soltó a la chica, volteándola hacia su dirección, sin delicadezas. Se postró sobre la cama y jaló de la cabeza de su omega, hasta insertándola entre sus piernas. Astrid maulló con dicha y gozo, frotando su rostro contra su fuente de alimento. Su lengua recogió de sus jugos, su boca abierta en espera.
Su culminación brotó, el producto más preciado que un alfa podía dar, aterrizando en el paladar de su omega.
La potencia de su expulsión fue tan poderosa, que Camicazi no tuvo que preocuparse por asegurarse que el atine fuera adecuado. Estaba dando justo en el blanco. Las succiones de Astrid se lo indicaban.
Terminada por el momento, Camicazi descansó su cabeza en la cama, acariciando los cabellos de su pareja con movimientos adormilados. El hecho de estar saciando a su omega le daba una sensación de éxtasis, más potente que sus orgasmos normales. El néctar de su alfa tranquilizaría el ciclo de Astrid por un rato.
Eventualmente, el rostro rosado, manchado, jadeante de la omega, salió de su escondite. Descansó su rostro en el estómago de Camicazi, sus manos estirándose hacia los senos de la otra vikinga. Su tamaño resultaba, una muy querida, fuente de confort.
Estuvieron en silencio, mientras recuperaban el aliento.
Camicazi suspiró, sus parpados cayendo. Una siesta parecía ser la mejor de las ideas, ahora mismo…
"El próximo celo, quiero que lo hagas apropiadamente."
Sus parpados se abrieron de nuevo. "¿Qué?"
Astrid le sonrió, lamiendo su ombligo, antes de continuar. "Me oíste."
"No." Camicazi no entendía. Su mente se atascó. "Te oí, pero no creo que haya comprendido lo que dijiste."
Astrid comenzó a arrastrarse, sus cuerpos haciendo contacto todo el recorrido. Cuando llegó al valle de los pechos de la Bog-Burglar, Astrid comenzó a bañarlos con besos tronadores. Aún más confundida, Camicazi apenas tuvo energías para suspirar. "Astrid."
"Estoy lista." Fue manifestado, ante las pecas de su seno izquierdo. "Lo quiero, Alfa."
"¿En serio? Porque cuando llegué, no me diste la impresión de estar muy contenta con tu situación, y ahora sales con que quieres un—"
"Estaba frustrada." Astrid interrumpió sus atenciones para acelerarse al asilo del cuello de Camicazi, acomodando su rostro en la hendidura de su pecho. La alfa la rodeó con sus brazos, automáticamente. "He estado pensando sobre el asunto por buen tiempo."
"Ah." Ahora, era más comprensible la actitud hogareña de la chica. Si Astrid había estado pensando en extender el número de integrantes en la choza, sus intentos por mejorar su cocina, ahora tenían más fundamento. No había querido envenenar a su esposa, sólo estaba en busca de aprender y mejorar. "Aun así…"
"Tenía todo planeado—Iba a conversar contigo al respecto en unos días más, pero este estúpido celo arruinó todo. Por eso estaba tan enojada. Creía sólo se trataba de un eco, de algún descontrol hormonal…"
Camicazi frotó sus mejillas con la frente sudada de la Hairy Hooligan. "¿Estás segura? Astrid, no tenemos que apresurarnos." Tenían relativamente poco tiempo de casadas, y dentro de un par de meses más, Camicazi tendría que volver a casa para ser consolidada como Jefa. Astrid todavía no le había informado de su decisión de acompañarla. No habían hablado del tema. "Podemos esperar."
"No quiero esperar." Astrid enganchó sus dedos en el mentón de su esposa, curveando sus rostros para culminar en un suave beso. "Quiero un bebé. Y cuando tengamos que mudarnos, quiero darte una familia."
Camicazi gruñó, ante el inesperado golpe de emociones. Sus sentidos de alfa vibraron con regocijo. Una familia. Su propio clan. Rejuveneció, con tan sólo imaginarlo. Tumbó a su omega contra la cama, y carcajadas invadieron la recámara. Las piernas de Astrid rodearon su cintura, riendo ante las cosquillas que los dedos de su alfa provocaron. Las diferencias entre sus cuerpos se complementaron, las curvas voluptuosas de Camicazi abrazando las dimensiones petite de Hofferson. Cambiaría. Pronto, el cuerpo de Astrid cambiaría. Su vientre se inflaría y sus pechos se dilatarían con masa. Sus feromonas se adaptarían otra esencia, cegando a la alfa con órdenes de intensa vigilia y protección. La esencia de su procreación alteraría sus sentidos.
Camicazi mordió el hombro que había recibido el primer sello. Mordió, como Astrid se lo había pedido, y las risas se transformaron en gemidos. Camicazi mordió su clavícula, sus pezones, las espirales de sus costillas. Hasta mordió la punta de su nariz, relamiendo los rastros de su expulsión, de aquel rostro tan hermoso. Sus manos acorralaron la redondez de los pómulos de Astrid, mirando a su omega con adoración.
Su madre le había reclamado, en un sin número de ocasiones, que Hofferson sería un fracaso como consorte. No era sorpresa, puesto que con ese temperamento, Astrid conseguía más enemigos que aliados.
Demasiado flacucha, la había calificado Bertha, haciendo muecas. Omegas flacuchas no sirven para dar a luz.
"¿Así que, quiere que lo haga 'apropiadamente', la próxima, eh?" Se besaron a boca abierta, un duelo recalentando sus lenguas. Astrid apretó sus piernas, sus propias manos enterrándose en los cabellos cortos de su alfa. A diferencia de su textura lacia, los flojos bucles dorados de Camicazi eran una mopa rebelde, y Astrid los amaba. "¿Que implica hacerlo apropiadamente, listilla? ¿Ah?" Terminó el beso con una ceja alzada. Los dedos de los pies de Astrid acariciaron sus muslos con provocación, conforme sus piernas se flexionaban.
"¿Nunca… lo has hecho antes?"
Camicazi negó con su cabeza. Sus pasadas conquistas, no eran secreto. Omegas, Betas y hasta otras Alfas, Camicazi las había probado todas. "Una vez casi… Pero, no. Nunca." Entre alfas podía ser un juego, consciente que un producto nunca sería efectivo. Un juego de poder. "Será la primera vez que haga esto…" Entrecruzó sus pelvis de nuevo, un tembloroso suspiro soplando de la boca de Astrid, al sentir la parodia de su futura unión. Camicazi presionó sus ejes, hasta que ni centímetro de distancia los separara. Astrid gimió. "Será la primera vez que tome a mi Omega y la llene por completo."
"Sí—Es lo que quiero."
Sus núcleos se besaron, dos tipos de sueros mezclándose con renacido deseo. "Te daré lo que quieras, Astrid. Lo sabes—Siempre te daré lo que quieras." Aunque, hacía a su Omega trabajar por ello. No cedía rápidamente a sus caprichos, la hacía sufrir. Sin embargo, este deseo sería una gran excepción. El próximo celo, tomaría a su esposa a la primera bocanada de su esencia, donde fuera que se encontraran. La mordería, la montaría, y la llenaría.
"Sólo—Sólo te quiero a ti."
Camicazi embistió, gruñó. Luego se agachó hasta tener los dobleces rosados de Astrid frente a sus narices. Los abrió, los succionó.
Pausó. Sonrió.
Cuando reacomodó su cuerpo, de forma que su núcleo fuera recibido por la boca de su omega, ambas gimieron al mismo compás. Astrid se hundió en su sabor, en su medicina, seguramente imaginando todo ese néctar invadiéndola, desde ya.
-Pronto. Prometió, observando la apertura de su omega guiñar con desesperación a sus administraciones. -Pronto.
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La mesa no resistiría por mucho tiempo.
Tuffnut gimió cada vez que sintió a su Alfa deslizarse. Era tan delicioso. Tuffnut podía hacer esto, eternamente. Sólo sus caderas en subida y bajada, sus manos aferradas al pecho fortalecido de Snotlout, sus colillas siendo jaladas para cuando un beso fuera demandado. Gimiendo, cuando su nirvana fuera alcanzado, agradecido y ansioso por más. "Nnnnnnng."
Snotlout jadeó un mareado "¿Huh?" sus ojos nunca separándose de la criatura encima de él. Tenía agarradas las caderas de su omega en perpetuo apoyo, dando impulso a las embestidas de Tuffnut. "¿Quieres boca abajo, otra vez?"
Tuffnut gimió en negativa, acelerando su ritmo. "Nnnnnnng. Nuuudo."
Snotlout gimió junto a él. Se levantó de la mesa lo suficiente para sentarse, acogiendo las nalgas del rubio, mientras el omega se apresuraba a su premio. "Uuuuh, demonios, Tuff—Eres tan angosto como la primera vez—Uuuugh. Frigg, ¿lo sientes?"
Asintiendo, el vikingo se sujetó de los hombros de Snotlout. Su colguije botaba con la fuerza de sus arrematas. "Ugh—Es tan grande. Ya casi—Casi—" Snotlout lo sorprendió, poniéndose de pie, dejando la mesa por la paz. Apenas tuvo tiempo para abrazar la cintura del alfa con sus piernas. Snotlout los llevó hacia la pared más cercana, aplastando a Tuffnut en la superficie de madera. Lo abrió, sosteniendo sus piernas, su pelvis enterrándose, pelando los dientes. "Sí, sí, sí, ahí—Ah, no te detengas—Oh, oh, oh, es tan grande, Snotlout." Era enorme.
El nudo creció, creció, y creció, estirando las paredes de su interior, cada vez, con más insistencia. En un inicio, siempre se sentía como si Tuffnut no aguantaría el tamaño final, siempre dudaba por un segundo, antes de maldecir, y simplemente aceptar la realidad. Su cuerpo fue atravesado con una embestida final, inflándose para ya no salir. Snotlout torció sus caderas en círculos, casi aullando, al disfrutar de la presión del anillo mágico que lo estrechó. Mordió el labio inferior de Tuffnut salvajemente, su mentón, su bíceps cuando lo alcanzó, su cuello extendido, cuando Tuffnut golpeó su cabeza contra la pared, su orgasmo explotando por la presión del nudo.
Snotlout tomó su derramante miembro, ayudándolo a vaciarse con suaves caricias. Tuffnut sollozó. Era demasiado.
"No podrás… sentarse en un semana."
Tuffnut asintió al techo. Valdría la pena. El nudo de su alfa valía todo.
Su pezón fue capturado con una cavidad húmeda, una lengua jugando con su zarcillo, succionando, para luego moverse al otro. Sus caderas proseguían con sus diminutas ondulaciones, acomodándose y asegurándose de que su omega estuviera repleto. "Se siente—Como si me fueras a partir en dos."
Otra succión, ahora en su pulso. Luego, un susurro, sólo para sus oídos, sólo para su piel. "Nunca haría eso. No te lastimaría así."
La manzana de adán del omega saltó. Jaló de los cabellos azabaches. "Bésame. Vamos, bésame."
Snotlout besaba como hacía el amor: brutalmente. No podía permiso, no se medía, y entre más sucio el asunto, mejor. Sus lenguas lucharon por dominio, sin importándoles quien fuera el ganador. Sus rostros cambiaban ángulos para poder llenarse. Saliva cubría sus caras, junto con el sudor. Se mordían las comisuras, se conquistaban cada hueco, cada diente, cada labio. Tuffnut gimoteó por la colmada sensación de plenitud que lo rodeó. Tenía a Snotlout en cada pulgada de su ser. Tenía a Snotlout cubriéndolo de cabeza a pies.
Sin romper sus besos, su alfa lo cargó a una nueva dirección, su nudo ganando ventaja con el cambio de posición. Tuffnut sólo pudo apretar más sus extremidades en reacción.
Las palmas de su amante acariciaron su espalda, cálidas. Lo protegieron cuando fue acostado de regreso a la cama, suavizando la caída.
Ambos se miraron, sus narices tocándose, congelados en inminente apogeo. Tuffnut presenció el momento cuando su alfa se desmoronó, sus parpados cayendo con el dulce placer de tocar tu cima. Snotlout frotó sus narices juntas, mordiendo su labio inferior, mientras lava invadía las paredes de Tuffnut, el nudo explotando.
Hablar no era necesario. No era su estilo. Los ojos de Snotlout vestían su corazón en sus pupilas. Tuffnut acurrucó sus rostros, recibiendo todo de su alfa. Absolutamente todo.
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"Sabía que no eras un chico bueno."
"Es costumbre." Si Cloudjumper pudiera imitar un mohín humano, lo estuviera haciendo. No sólo para acompañar la sonrisa pícara de la omega, sino para expresar la excitación que lo estaba invadiendo. No mentía. Era costumbre escoger un sauce digno de respeto, para así después marcarlo como suyo. Representaría el nido que después Cloudjumper compartirá con otro de su clase. Construirían el hueco en el tronco y depositarían allí sus futuros huevos.
"¿Es costumbre querer empalarme contra un tronco, en tu primera vez?"
Cloudjumper revoloteó sus alas. Pero, que impertinencia tan endemoniadamente atractiva. "Es costumbre marcarte aquí." Los había alejado del pueblo hacia las profundidades de Raven Point. El atardecer comenzaba. "No podremos seguir la costumbre a pie de la letra, pero este sauce simbolizará el inicio… El inicio de todo."
"Lo que mi alfa diga. Lo que tu llamas costumbre, yo llamo exhibicionismo, pero no estoy quejándome." La humana prosiguió a retirar su casco, dejándolo caer al pasto. "No puedo esperar más, X. Hemos esperado bastante ya, ¿no crees?"
"Todavía no estoy—"
"¡No comiences!" Ruffnut le empujó del torso. "Ni una palabra más, ¿oyes? Ahora siéntate ahí, y disfruta del espectáculo."
Apenas iba a preguntar el alfa sobre cual espectáculo, cuando miró a la rubia comenzar a remover su chaleco peludo. Lo dejó caer con una gracia que lo silenció. La chica tenía una sonrisa que lo retaba, que siempre lo retaba. "Eres tan difícil de descifrar."
Ruffnut parpadeó. "¿Yo?" El cinturón de su vestido fue el siguiente. "Debes estar bromeando. Tu eres el que siempre vuela con sus cuernos alzados, pretendiendo que eres un tempano. Eres engreído. Todos te tienen miedo. No dejas que nadie se te acerque."
"¿Te molesta?"
Un brazo se estiró, y un guante violeta comenzó a ser removido. "Lo adoro. Me siento privilegiada, que cuando estoy en celo, le das vueltas a mi choza, creyendo que nadie se da cuenta. Actúas como si nada te afectara, pero yo sé la verdad. Sé que te gusta romper las reglas."
"Hueles a sangre. Hueles a violencia. Cuando estás en celo, hueles a peligro. Por mucho tiempo viví en completa paz, y…"
"¿Y…?
"Fue aburrido."
Ruffnut rio. "Por eso elegiste a Valka como tu jinete. Ella, definitivamente, no es aburrida."
"Hueles a batalla. Me… llama."
Otro guante. Sus brazos desnudos fueron una revelación. La punta de una de sus alas se extendió, recorriendo la delicada piel humana. Ruffnut cerró sus ojos al contacto. "Cuando estoy contigo, me siento a salvo. Segura. No solía—Antes, no solía preocuparme por lo que me sucediera. Si alguna aventura moría como heroína, lo consideraba genial. La adrenalina era todo para mí—Para nosotros. Pero, hasta Tuffnut cambió. Ambos tenemos algo—o alguien, por el cual regresar."
Cloudjumper decidió ayudar. Agachó su cabeza y con sus cuernos, cortó las pieles del vestido de un sólo jalón. El olor de la omega fue asfixiante. Ruffnut gimió ante la sorpresiva intervención, pero no pausó. Tiró su vestimenta al suelo, sus senos quedando al descubierto. "Eres un elfa perdida entre los hombres, mi lady."
La chica tomó sus propios senos en sus manos. Los apretó, levantándolos. Sin embargo, no fue completamente en seducción. La sonrisa se desapareció de la boca de la omega. Sus pupilas se dilataron. Su mirada parecía barrer a Cloudjumper, de arriba a abajo. Relamió sus labios. "Me toco pensando en ti. Cada noche."
El aliento de Cloudjumper se secó.
Las frotaciones prosiguieron. El cuello de cisne se estiró, inflándose su pecho para mejorar la ofrenda. "Así. ¿Te gustan? No son muy grandes—"
"Son perfectas."
Como si las palabras fueran una bendición, la chica cerró sus ojos en rendición, saboreando lo dicho. "Quiero verte. Por favor, quiero verte. Quiero tocarte." Y la humedad de sus pantalones lo demostraba. Se necesidad estaba montando en intensidad.
Sus patas se enterraron en la tierra, estirando sus piernas lo más ancho posible. Cloudjumper agachó su cabeza, y con unos cuantos lengüetazos despertó su miembro fuera de su bolsa. Rebotó con firmeza, erecto, y cuando Cloudjumper se reincorporó, su vistazo se conectó con ojos celestes. La chica picoteó sus cumbres con más intención. "Ah, sí. Por fin."
Habían esperado tanto por este momento, que cuando Ruffnut llegó al abrazo de sus alas, el mundo cambió para Cloudjumper. Cuatro alas no eran suficientes para reclamar a esta omega como suya. Cuatro alas no serían suficientes para sujetarse a Ruffnut, la humana siempre estaría volando a firmamentos que un dragón no podría seguir.
"Amé a alguien. Hace tiempo." Ronroneó contra la corona dorada de la humana. "La perdí."
"Oh, Cloud." Besos humanos lo consolaron, armando un sendero por su pecho.
"No eres para nada como ella." Inhaló el aceite de pescado de sus mechones, causando unas ligeras risitas. Buscó por su meta entre meneos de su cabeza, por aquella curva de hueso que lo esperaba. "Eres tan descarada—No habrá nadie como tú para mí."
Ruffnut sonrió de oreja a oreja, la punta de su lengua asomándose entre sus dientes. Cuando su bello rostro se acercó, Cloudjumper complementó el beso, un fragmento de lengua conociendo el sabor humano, por primera vez. La omega plantó sus manos en su pecho, separándose, para luego comenzar a deslizar su pequeña figura hacia abajo, contacto omnipresente, uniéndolos. Cloudjumper dejó colgar su mentón, al observar a su servidora llegar a su pilar, acogiéndolo con sus manitas. Gruñó, al ver como su tamaño sobrepasaba las capacidades de los puños humanos.
"Así que... ¿ella nunca hizo esto por ti?" Y la cuestión fue seguida de una sobrexposición de la boca de Ruffnut sobre la punta de miembro. Las alas del alfa convulsionaron, zafándose y apretándose, indecisas. La omega gimoteó ante el sabor a su merced, los jugos de su superior agregándole brillo a sus labios. Sus delgados dedos lo acariciaron con detenimientos, familiarizándose con el escamoso producto. "Mmmmmm."
Poco a poco, más fue tomado, más fue devorado, los sonidos delatadores y húmedos, uniéndose a las canciones silvestres. Cloudjumper no deseaba perderse de ni un sólo momento. Era increíble lo que su Omega estaba haciendo, las sensaciones eran indescriptibles. Sus caderas pedían por moverse, y el dragón tuvo que ceder a sus instintos, ondulando su premio contra los labios estirados de su amante.
Ruffnut gimió con más potencia al percibirlo, acomodando su boca a su necesidad. Construyeron un ritmo tenue, la primera mitad de su pene apenas recibido, mientras Ruffnut succionaba experimentalmente. Las feromonas de ambos explotaron juntas, avisando a sus alrededores del acto primitivo que se estaba realizando. Los pantalones de la vikinga goteaban, su trasero flexionándose a los aires, pidiendo por fricción—Cloudjumper actuó rápido, encajando el hueso base de una de sus alas, entre las montículos de piel, frotando alivio.
Maullando, la humana despegó su rostro por un momento, tragando aire. Sus manos no dejaron de trabajar, rodeándolo con caricias elípticas, mientras sus ojos rolaban en blanco. "¡Oooooh!"
Cloudjumper buscó por más de la deliciosa presión, disparando el objeto de su desesperación, con imponencia, hacia las manos de la humana. "No Pares. Sigue."
"Sí, jefe." Esta vez, cuando la conexión de su boca se ocupó, sus ojos lo buscaron, ardiendo. Encendiéndolo con su pertinencia. Con su constante desafío. Porque, a pesar de ser su alfa, el desafió proseguía.
-¿Qué quieres de mí? Cloudjumper quería gritarle. -Te estoy dando todo lo que tengo, pero parece que, aun así, quieres más. ¿Qué más quieres de mí, irreverente omega?
La humana parecía leer mentes, también. "Quiero tu nudo." Rogó entre succiones, sus pechos rebotando, cuando la omega continuó zarandeando sus caderas contra su ala.
"Déjame sentirlas, primero."
Ruffnut parpadeó. Luego, siguió la mirada intensa de su alfa. "Ooooh, vaya que sabía que NO eras un buen chico." Con otra de sus sonrisas gatunas, la rubia tomó posesión de sus dos montes.
Lo rodearon, apenas cerrando su abrazo alrededor de su pulsante carne. Sus pezones brillaron, laminadas con su esencia, recibiendo la creativa estrategia de su alfa. Ambos vieron desaparecer la punta de su miembro entre la estrechez de sus senos, y cada vez que estuvo rozando su mentón, la omega besó la prominencia, nunca aflojando su sostén. Los jadeos de la humana hicieron temblar todo su cuerpo, los chillantes llamado de su nombre, alentándolo a acelerar su ritmo.
No duraría mucho tiempo más. Toda esta experiencia era demasiado surreal. Nunca había sentido tal placer, por más periodos de celos que Cloudjumper había presenciado. Sus venas palpitaban con la demanda de tomar a la chica, como ella se lo merecía. Le pedía ser Alfa, dejar de esconderse entre sus barreras emocionales. Su hambre había permanecido oprimida por demasiado tiempo ya. Necesitaba ser libre.
Con un sólo movimiento, retiró su ala de la entrepierna de la omega, así como liberó su miembro de la tierna cárcel. "Date la vuelta. AHORA."
Su influencia alfa no permitió discusión. Mareada por sus feromonas, la humana obedeció, hincándose en ofrenda, sobre el pasto. Cloudjumper hizo trozos la última barra de vestir, desnudando los glúteos primordialmente. No se molestó con las botas. Lo que importaba era que el núcleo de la omega estuviera a su alcanza. Sus alas ofrecieron apoyo al cuerpo de su amante, acogiéndola y acomodándola hasta que la distancia entre ambos se sellará, como siempre había estado destinado.
"Aaaaaaah." Se arqueó la vikinga, al por fin recibir lo que tanto quería. "Fuerte—Hazlo rápido y fuerte, por favor."
-Oh, no tendré misericordia. Cloudjumper juró, mientras se enterraba, hasta donde no era posible.
No la tuvo.
Pistoló su pelvis sin freno, montando a su omega sin precaución. Rugió en victoria, en declaración de dominio. Mordió el hombro de Ruffnut para encerrarla con más firmeza en el apogeo de su copulación, obligando a la omega a aguantar el trato, sin escapatoria.
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"¡Sí-Sí-Sí!"
Toothless se detuvo.
Hiccup parpadeó, sus dedos encajándose en piedra y hojas. "¿Uh? ¿Tooth—?"
Resoplando, Toothless se tomó un momento de silencio. Hiccup no podía verlo, pero cuando sintió el miembro en su interior retirándose, chilló en indignación, apretando sus músculos para retenerlo. "¡No-No-No-No!"
"No puedo—Nudo."
Oh. Hiccup sonrió. "Déjame subir."
Cuando el dragón se tumbó sobre el suelo, Hiccup no tardó en escurrirse encima de la montaña de escamas. Redirigió el miembro de su alfa con suspiros de satisfacción, retornando al centro de inmenso placer. Debido al tiempo que durarían unidos, tenían que adoptar una posición donde Hiccup estuviera cómodo. Estar arriba resultaba satisfactorio para ambos. Hiccup se sintió en la cima del mundo, jadeando mientras aceleraba el proceso. Su pelvis cabalgó sin cesar sobre el Night Fury, sus ojos cerrados, empapado de sudor.
"Hermoso." Vino una lamida de Toothless. "Eres tan hermoso."
"Mmmm." Hiccup capturó la lengua entre sus labios, haciendo todo lo posible por asimilar un beso humano. Quería ser llenado. Idolatraba estar lleno.
"Un día estarás Listo."
"Quiero—Estar listo—Ya."
"Todavía No. Muy jóvenes, tú y yo."
Era cierto, biológicamente hablando, Toothless todavía no llegaba a su madurez sexual, así que todavía no podía embutirlo con un huevo. Pero, oh, tan sólo pensarlo, lo elevaba a otra dimensión de avaricia. Como todo omega, Hiccup quería servir a su Alfa con una cría, querida completar su rol hasta ese imperativo biológico, tan natural. No tenían la certeza si tan siquiera funcionaría, si su plan podría madurar como la ley dragón demandaba, pero ah, como quería Hiccup intentarlo. Cómo quería sentirse relleno con vida, con otra vida.
Estaban locos, por tan siquiera considerarlo. Ningún dragón y humano lo habían intentado.
Pero, ¿que acaso no era su especialidad? ¿Romper con las reglas?
Funcionaría. Cuando llegará el momento, funcionaría. Hiccup se encargaría de ello.
Por ahora, cuando el nudo tentó su entrada, Hiccup se volcó sobre su premio. Chupó dos de sus dedos, y los añadió al anillo de su centro, jalando de las comisuras para ayudar—Para asegurarse, de que el nudo cubriera todo. Para que no hubiera huecos. Toothless gorgoreó al sentir la divina fricción, su pelvis bombeando con la misma meta. Las paredes de Hiccup se expandieron, despidiendo más lubricación, por tan estupenda estimulación. Hiccup dejó salir alaridos de pasión, dolor, triunfo, placer neto—De alivio.
Este era el momento, dulce y exquisito, donde culminaba su celo. Esto era lo que su cuerpo y alma le pedía, con tanta urgencia: Por estar completo.
Hiccup apenas empuñó su propia erección por unos segundos, y su expulsión se descargó, manchando escamas y parte de su propio regazo. El orgasmo causó que sus musculares se apretaran aún más, tratando de exprimir de su alfa, todo su néctar. Hiccup sollozó ante tantas sensaciones. Su mundo se limitó a este acontecimiento. Se abrazó de su alfa como niño, secando sus parpados con sus puños, mientras Toothless gruñía. Y gruñía. Y gruñía.
Torrentes de calor líquido lo invadió. Fue llenado, finalmente. Consumado. Terminado.
Hiccup gimió, meloso, fuera de sí, baba saliendo de sus labios.
Sabanas de piel lo cubrieron, encerrándolos en la cúspide, que sólo les pertenecía a ellos dos.
"Te amo."
Hiccup asintió, su garganta atascándose por la confesión. Usualmente, no traducían en palabras la magnitud de lo que sentían. Se lo demostraban por acciones. Se lo declaraban mientras volaban, nunca separados.
Toothless, ante el silencio, le dio una nalgada con la aleta de su cola. Hiccup se ahogó con su propia baba. "¡Hey! Ya tengo bastante metido por ahí—"
"Dilo. Es TU turno."
Hiccup mordió su sonrisa para que no fuera vista. ¿Quién pensaría que Toothless era el alfa más romántico que podías encontrar? Adoraba los vuelos a la luz de la luna llena, le traía flores a su omega por las mañanas, y en unas cuantas ocasiones, Hiccup había sido despertados con peculiares serenatas de gorgojos dragoneses. "¿Qué quieres que diga? ¿Que eres el amor de mi vida? ¿Que sin ti, ya estuviera muerto? ¿Que cuando te conocí, escuché a Freyja cantar en mi cabeza? ¿Que perdí la cuenta de cuantas noches en vela, tu recuerdo me mantuvo? ¿Que no imagino como mi vida hubiera sido, si no te hubiera conocido?"
Un resoplido agridulce. "Estás bromeando de nuevo."
Hiccup jaló la trompa del Night Fury hasta tenerla frente a su rostro. El matiz burlesco fue descartado. "Porque todo eso… sería verdad. Si eso, es lo que quisieras que dijera, claro. Todo sería… la verdad."
Pupilas cuadradas se dilataron, orejas abultadas alzándose con bochorno. Toothless gimió, seducido, conmovido, ahora él, con las dificultades para comunicarse.
"Eres mi alfa, Toothless, eso lo he sabido desde el primer día. Pero… nunca pensé que yo podría ser tu omega. Nunca creí que me escogerías."
Pero, lo había hecho. Frente a todos, después de vencer a Drago, Toothless había volado directo a él, y le había pedido de rodillas que fuera su omega. Nadie había podido culpar a Hiccup por haberse desmayado de la emoción. Ese día sería una humillación que Hiccup podría soportar—Además, no había sido el único Hairy Hooligan que había perdido el conocimiento—todas las burlas de Snotlout valdrían la pena, por el resto de su vida.
El dragón lo abrazó con sus patas frontales, ronroneos apaciguando las inseguridades que afloraron. Hiccup acomodó su cabeza en la cama viviente, contando los latidos de su Alfa. Thump-Thump-Thump-Thump. Besó la piel a su alcance. Justo en perfecta sincronía con el palpitar, que su eje, estrechaba con recelo.
"Eres mi Omega. Y eres Perfecto."
Suspirando risueño, Hiccup se dejó sumergir en la declaración, en la perfección del momento.
Justo como lo prometido, su alfa le había dado lo que merecía.
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Creaban una peculiar combinación. Dos mundos haciendo colisión, el común tinte de piel humana, plasmándose en el arcoíris de membranas.
Ambos estaban enredados, de manera que ninguna sabía comenzaban y donde terminaban. Eret se aferraba a su Omega con tanto ímpetu como Stormfly se aferraba a su Alfa, abrazándose con alas y brazos, garras y muslos.
No se estaban apresurando. La marea de las caderas de Eret era suave, imponente, pero concentrada en extraer suspiros de goce de su chica. El plan era siempre conmocionarla, atiborrarla de sensaciones, antes del acto final. Eret mapeaba sus corrugaciones, mordía cada línea de sus grietas con propósito, permitiendo que espinas recorrieron sus glúteos, que rozaran entre medio de sus glúteos, pícaras con sus insinuaciones.
"Mi lady, tus celos no tienen base—Eres mi más amada Nave. La única Nave en la que me encomendaré con los ojos cerrados."
Stormfly era la nave que más disfrutaba montar. Las velas de sus alas podían emerger, y ambos viajaban a otro plano. En ella, Eret encontraba la fuerza para arremeter, para conquistar. Se sumergía en su dulce aceite, embistiendo con determinación, y la dirección no importa, siempre y cuando, estuvieran juntos. "Eres mi Loba, partiendo el océano con la fineza de tu coraje." Gimió, al sentir el túnel de su omega contraerse intencionalmente, contestando a su poesía en reproducción. "¿Quieres otra probada?"
"Sí—Ven a mí, otra vez."
Por un momento, Eret no pudo separarse, enterrándose en Stormfly con otra oleada de serpenteos, sus dedos uniéndose a la diversión, para frotar a diestra y siniestra. Más caramelo se escurrió a las pieles de la cama, empapando sus dígitos, su miembro, su lengua—cuando Eret lo saboreó. Su cuerpo se suspendió sobre las mandíbulas de la dragona, mientras él se ocupó de succionar todo ese néctar para él. Cuando su erección fue envuelta por completo por la lengua, Eret dejó sus instintos guiar su pelvis, disfrutando de la fricción de aquel apéndice.
Aspereza hizo trizas sus sensibles nervios, y Eret devolvió la maravillosa experiencia, hundiendo su rostro en los pliegues pulsantes de su amante. Ambos expresaron su deleite, dos gargantas vibrando con el escape de sus cuerdas vocales. Stormfly plantó sus patas en su nido, apoyándose, para poder impulsar su vientre hacía él. Eret rodeó su cintura a la inversa, recibiendo las ondulaciones con regocijo.
Nadie le había otorgado este tipo de devoción a Stormfly, Eret estaba seguro. Otros dragones habrían podido llegar antes que él, pero ninguna había podido satisfacer a esta princesa. La semilla de otros machos habría podido ser guardada en este cofre, pero sólo el nudo de Eret podía atar a Stormfly. Con él, su omega no quedaba a la deriva.
Las lamidas continuaron, jugando con su punta, con la abertura que escurría con el anuncio de lo que estaba por venir. Stormfly parecía esta recolectando fluidos, y en un momento Eret averiguó para qué.
Fue su turno para ahogarse. Extrajo su cabeza de entre las piernas ajenas, su mentón cayendo. "¡Ooooh!"
Eso…era jugar sucio.
La sensación de ser invadido, no fue algo nuevo—Eret nunca se había limitado con sus amante; en un entorno de piratas, la soledad era apaciguada con cualquier género—pero, nunca había escuchado que un omega se atreviera a hacer esto.
Y Eret no comprendía por qué no: la sensación era incomparable. Eret la estrechó, la disfrutó sin contemplaciones, relajando sus músculos, para que Stormfly bañara cada rincón de su interior. El pasaje no fue tan liso, tan fácil—pero las dificultades sólo incrementaron el placer. "Dominando por debajo, esa es mi chica. ¿Cuánto tiempo haz estado pensado—Aaaaaaah—en hacer e-e-sto?"
Ronroneos fueron su única réplica. Eret se abrazó a la omega, percibiendo las vibraciones, hasta cada infinito centímetro de su ser. ¡Por todos los Dioses! Su nudo comenzó a manifestarse en la base de su erección abandonada. Jadeando, Eret pellizcó una comisura de su hoguera, para avisarle. Stormfly pataleó con el asalto, demasiado inmersa en su actividad. "Linda—vamos, ahí viene. Puedes jugar conmigo, después."
Con un chillido, fue liberado y Eret actuó rápido.
"Ah. Sí—Justo aquí, es donde pertenezco." Suspiró, al reconectar sus figuras.
"Todos Ustedes tienen Dioses—Nosotros tenemos Esto."
"No se necesitan Dioses, entonces." Eret se enterró, rugiendo se posesión con regocijo. "Arrrg. Este es mi Paraíso, entre tu calor—En esta Nave revivo cada noche, y cuando muera por última vez, este será mi lecho."
Taladró su recompensa con arrebato, empujando el pecho de su omega sobre la cama, dominándola, como el momento lo ameritaba. La sometió, la estrujó, los sonidos de su copulación confundiéndose con los murmullos quebradizos de Stormfly. El nudo fue incrementando, y Eret no despegó su vista del punto donde las paredes de su omega se estiraban, para acomodarlo. "Si pudieras verte, 'Fly. Rosada, llorando lágrimas de hidromiel—Aaaaaah, apriétame, vamos, no me dejes salir, amor, sostenme—"
Stormfly estaba haciendo su mejor esfuerzo, besando su firmeza con su carnosidad, moviendo su vientre en sentido contrario para luchar contra sus embestidas. El nudo fue siendo frenado paulatinamente, en poco tiempo, el esplendoroso anillo de ligamento, estirándose a su límite.
La cola de su omega aventó espinas a la pared, sus alas tiritando, cuando fue rellenaba hasta el fin.
Eret embistió con más fuerza, asegurándose que llegara hasta el fondo. Expulsó su semilla entre gimoteos, atiborrando a su omega de todo su jugo. Stormfly golpeó la pared con su cabeza, sus cuernos destrozando la madera con su entusiasmo.
-Destruye la casa, omega. Eret la reconstruirá de vuelta. -Destruye todo, no importa. La choza podría derribarse sobre sus cabezas, y no importaría. Seguirían unidos, disfrutando del éxtasis, rugiendo a los cielos.
"Loca. Loca me tienes, humano. Loca, con tus manos, tu voz, tu olor, tu cuerpo—¿Es todo mío, ahora? Dímelo—Alfa, ¿eres todo mío?"
"Todo tuyo." Su corazón, su cuerpo, su sudor, su semilla, su sangre, sus lágrimas, sus risas. "T-Todo."
Contrario a la tradición, Eret había sido el Marcado. Eret había sido el Reclamado, el Robado. Stormfly lo había tatuado como su Propiedad.
Todo de él, era de su Omega. Ni una sola pizca quedaba de sobra.
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Sus manos enmarcaron el bello rostro de su esposa. Ambos yacían en su cama destrozada, sus piernas entrelazadas, ambos riendo como adolescentes, jadeantes y llenos de vida.
"¿Estás segura?" Pensarlo, estremecía los huesos de Stoick. Entretener la idea, lo desmoronaba. ¿Podría ser posible…? Ambos ya eran mayores, y siempre habían estado felices con sólo Hiccup.
Valka besó sus dedos, sus ojos húmedos con conmoción. "Lo puedo sentir." Ciertamente, hasta el aroma de su omega se lo confirmaba.
Valka estaba embarazada.
La familia Haddock estaba por crecer.
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"Vamos, despierta, dormilón."
Tuffnut retacó más su rostro en la almohada. Un beso escandaloso y exagerado, insistió en su oreja, sin embargo. "¿Weee?"
"Te hice tu té, ricitos."
Ah. Ahora, sí reconocía el horrible olor. "Ugh. ¿Tengo que tomarlo?"
Una nalgada. "Sabes que sí." Su lóbulo fue mordido. "Vamos, Tuff, lo preparé para ti."
Sonriendo, el omega se dio la vuelta. Aceptó el apestoso tarro. Cuando Snotlout se reacomodó en la cama, lo cubrió de las espaldas, cerciorándose que la bebida medicinal de Gothi fuera tomaba por completo. La decisión había sido hecha desde un principio. No querían bebés. Así que, Tuffnut tendría que soportar el sabor amargo y el olor a huevo podrido, hasta el final de sus días.
Pieles los cubrieron, para cuando el tarro fue tirado al piso. La enorme pierna de Snotlout se introdujo entre sus huesudos muslos, y ambos suspiraron con cansancio.
"Todo el pueblo se volvió loco… Apesta allá afuera."
"¿…Todos?" Hasta Tuffnut pensó que eso era raro. "¿Qué hay de los Betas?"
"Supongo que tampoco quisieron perderse de la diversión. Todos están ocupados."
"¿Qué hay de la guarderías?"
"Repletas—Todos dejaron a sus mocositos a cargo de Gothi."
"Deberíamos… ayudar. ¿Cierto?"
"Mmmhmmm. Sip." El cuello de Tuffnut fue lamido con pereza. "¿Después? ¿Cuándo ya hayamos dormido un buen rato?"
"Suena bien. Después, suena… Oooh… ¿Seguro que quieres… dormir?"
Snotlout rio sobre su rostro, pero un bostezo rompió con sus intenciones pervertidas. Fue contagioso, y Tuffnut lo imitó, inmediatamente después. "Ya veremos."
En momentos, ambos estaban roncando.
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Los frutos eran amargos, pero en vista de no tener el té de Gothi a su alcance, Ruffnut tenía que adaptarse. Afortunadamente, los frutos no crecían lejos de donde habían consumado su unión. Cuando se escurrió lejos de su pareja, no tuvo que alejarte tanto.
Cloudjumper la encontró entre los arbustos, sin embargo, torciendo su adorable cabezota con curiosidad. "¿Qué estás haciendo?"
"¿Qué crees? Evito perder mi figura, y evitar pequeños Cloudjumpers, corriendo por ahí."
Para su gusto, su novio roló sus ojos con insolencia. Cloudjumper aprendía rápido. "No es necesario prevenirte. Un dragón y un humano no son compatibles para reproducirse."
Ruffnut le aventó un cerezo a su Alfa, y éste lo atrapó sin problemas, masticándolo con una mueca. Hasta para él, era demasiado amargo. "Díselo a Hiccup y a Toothless. Eso no parece detenerlos."
"La fisiología entre nuestras razas es diferente." Luego, el propio dragón pareció contemplar el asunto con más detenimiento. "Aunque con esos dos… Admito que ya es costumbre que arrasen con las expectativas."
"Eccxaccto." Ruffnut asintió, su boca atragantada de cerezos. Con estos serían suficientes, por sí las dudas. Desnuda, se acercó para ser recibida por las alas superiores de su alfa.
"Aun así—Mi tiempo para procrear ya ha pasado. Soy viejo. Te lo dije. Mi semilla ya no posee las mismas propiedades."
Ruffnut pausó, procesando la información. Acarició el pecho del dragón apaciblemente. "Excelente. No soy material para madre, de todas maneras."
Ambos se acurrucaron por un momento, la aceptación de la Omega significando mucho para Cloudjumper. Ruffnut lo pudo sospechar, por la diminuta exhalación que roció su frente. Su Alfa siempre era tan preocupón. Necesitaba relajarse.
Con un beso en su formidable mentón, Ruff decidió darle su primera lección al respecto. "Oye, X, ¿alguna vez… lo has hecho bajo el agua?"
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"¿Y bien?"
El gran tomo fue postrado frente a su hocico. "Fue tan fácil como dijo que sería, Señor. El humano, conocido como el Conquistador de Dragones, me capturó a primera vista, junto con sus amigos. Fui llevaba sus jaulas de contención, pero el daño ya estaba hecho para ese entonces."
La Mood-Dragon alzó su trompa, altanera. Era una falla de esa raza. Su ego. Los colores multifacéticos de sus escamas podrían ser bellos, pero los convertían en un blanco fácil para sus enemigos. Furious no tenía problemas en manipularlos. "El alcance de tus feromonas es algo de admirarse, entonces. Nunca había conocido a una Mood-Dragon con tantas influencia sobre otros."
Había escuchado rumores sobre aquella rara habilidad de los Mood-Dragons, pero Furious nunca había tenido oportunidad de conocer a una, hasta ahora. Siv era única, por lograr afectar los metabolismos de omegas, alfas y betas, por igual.
"Ni siquiera se percataron de lo que sucedía. Una vez que los humanos y dragones se ocuparon," Rojo dominó sus escamas, comunicando su pena sobreactuada. "mi escape pasó desapercibido. Infiltrarse al Gran Salón de los vikingos fue pan comido."
Furious olfateó el libro, responsable de todo este revuelo. Era el libro correcto. La letra de la portada era irreconocible.
"Buen trabajo. Ahora, vete."
Siv se mostró sorprendida. Su deseo por más apreciación se reveló con el rosado de sus membranas. Furious la ignoró, tomando el libro entre sus colmillos.
Le dio las espaldas, el mensaje claro.
Siv se marchó entre bufidos infantiles, murmurando sobre Seadragonus malagradecidos.
Completamente a solas, Furious abrió el tomo. Una Guía para Dragones Mortales, se le presentó en la primera página, pero por ahora, el contenido no era lo que le importaba. Furious posó sus fosas sobre el pequeño objeto. Inhaló.
Sí.
A pesar de haber transcurrido más de cien años, el pergamino todavía olía a su Omega.
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Fin de Pt. 2
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Sí, sí, sí, habrá Epilogo próximamente, para atar los cabos sueltos, pero por ahora quise apresurarme a darles esta parte. Espero haber arruinado más calzones.
Notas:
El hecho de que los Mood-Dragons pueden alterar los ciclos de los omegas, y calentar los motores de los betas, es invento completamente mío. También es invento mío que mujeres alfas pueden embarazar a sus omegas con la eyaculación femenina. Respecto a Hiccup y sus ilusiones de tener pequeños Night Furies, pues es su deseo, mas quien sabe si sea posible—Mentira, es HICCUP, ¡claro que tendrá huevitos por su mera voluntad!
Y sí, Furious creó todo este caos, para sólo recuperar el libro, que alguna vez, Hiccup II había compuesto a su lado. *sniff-sniff*
Traducciones:
Siv: Novia.
¡Gracias por sus reviews! Los adoro a todos, malditos consentidos. ;3
