Advertencia: En el siguiente capítulo hago mención de varios acontecimientos que pasan en el anime, todo medio ajustado porque cuando empecé a escribir este fanfic tuve la complicada idea de seguir el orden de los hechos como se plantean en el anime y ponerlo desde el punto de vista del romance entre Sesshomaru y Aome. O sea, me enrosqué sola, y puede prestar para confusiones. Espero que igual puedan disfrutar. ¡Muchas gracias por sus comentarios!


Tras el desafortunado incidente con respecto a Meido Zangetsuha, el hecho de que Sesshomaru advirtiera que el círculo completo pudiese ser logrado debido a la presencia de Tessaiga, Aome supo que los esporádicos encuentros comenzarían a darse bajo pesados halos de tensión. Ella veía que la aversión de Sesshomaru para con Inuyasha iba más allá que los eventos más recientes, que tal vez todo hubiese empezado ese día en la tumba de su padre cuando advirtiera que no era él quien había sido escogido para llevar en la cintura a Tessaiga.

Aome veía, principalmente, que era puesto a prueba, una lección dura tras otra. Y su corazón ardía de deseos por poder atravesar esas circunstancias a su lado, aunque él le contara cuando tenían oportunidad de un momento a solas, aunque se abriera con ella. Aome deseaba estar allí, junto a él.

Ese día, como hacía tiempo no ocurría, estaban en compañía de Kohaku, Lin y Jaken. Naraku había fallado en su intento de recuperar el último fragmento de la perla y los adultos llegaron a la rápida conclusión de que se quedarían con ellos hasta que Sesshomaru apareciese. Hasta que lo hizo.

Lin fue la primera en verlo surgir de entre los árboles, pero fue Aome quien advirtió que algo no estaba bien. Sensación que confirmó cuando lo vio blandir a Tenseiga.

—Desenvaina, Inuyasha —su voz, grave y calma, la puso en alerta.

—¿Qué ocurre contigo, Sesshomaru?

—Te he dicho que desenvaines.

—Esto es ridículo. ¿Todavía sigues molesto por lo de las espadas?

Las características de ese enfrentamiento no estaban agradando a nadie, ni siquiera a Sesshomaru, Aome lo veía, la técnica que utilizaba para robar el poder de Tessaiga provenía de Naraku, circunstancia tan baja es algo a lo que Sesshomaru jamás habría accedido. Era tal su irritación por la situación; se sentía posiblemente desplazado, burlando al intentar todos hacerle creer que sólo él podía blandir una espada con una capacidad tan puntual y poderosa como la de Tenseiga. Nada de eso era suficiente para él, estaba ciego de odio.

—¡Sesshomaru! —lo llamó, sólo para que desaparecieran bajo el poder de Byakuya instantes después.

El aludido desapareció con la voz de Aome en su cabeza y diciéndose que la recordaría por el bien de su alegría. En cuanto lo tuvo a Inuyasha a solas, volvió sobre la lección que le impartiría, una propia, para terminar con aquello de una buena vez y que la conclusión fuese la que debiera ser y no un resultado de su capricho. Y esa lección, la última y más dura, incluía un posible resultado que lo haría arrepentirse de sus aires de maestro.

Demuéstrame que eres digno de Tessaiga, Inuyasha, no quiero llegar a la situación en la que debas morir por tu ineptitud.


Y Sesshomaru impartió su lección.

—¿Aome? —la susodicha se volvió rápidamente, abandonando la burbuja de su inconsciente con rapidez— Lo siento, no quería asustarte.

—Está bien —le sonrió—. ¿Qué ocurre?

Finalmente las dos solas, Sango tomó la oportunidad para conversar mejor con su amiga. Desde aquella tarde en que fuera testigo de lo que Sesshomaru pudo hacerle a Inuyasha, había vuelto a perder el brillo de sus ojos.

—Creo que dadas las presentes circunstancias, la idea de Sesshomaru no estuvo tan mal.

—Si Inuyasha te escucha defenderlo, morirá del asombro.

—¿De verdad crees que matarlo era su única intensión?

—Creo que no le hubiese importado si llegaba a eso.

—Y yo creo que no le das suficiente crédito.

Kirara se puso alerta y las mujeres la imitaron segundos después. Cuando de las sombras nocturnas aparecía el tópico de su conversación, Sango no esperó un instante más y se alejó para darles la privacidad necesaria. Aome se incorporó, sacando los pies del arroyo y esperó a que él hablase. Lo cierto es que todavía había algo dentro de ella que se resistía a hacerle frente; no es que antes no lo hubiese hecho, pero su situación era diferente, cualquier confrontación estaba enmarcada por circunstancias reales y, últimamente, graves.

El youkai vio el resultado de su voluntad en los ojos de la mujer de pie frente a él. Eran ojos que no le devolvían la mirada, que lo evitaban. Podía tolerar la ignorancia de quien fuese, pero no la de ella. Todos esos días que habían transcurrido sin decirse palabra alguna le parecieron amargos. La había extrañado. Pensando en eso, se aproximó. Aome cerca estuvo de dar un paso hacia atrás pero anhelaba su cercanía a pesar de los pensamientos grises que habían tomado el control de su cabeza.

Él no sabía qué decirle.

—Tuve otra idea en mente en ese momento, no lo busqué para asesinarlo.

—No fue lo que me pareció.

—A Inuyasha hay que presionarlo para que aprenda las cosas importantes.

—¿Pensaste en mí, siquiera? ¿Se te ocurrió que me harías sufrir si triunfabas?

—Una parte de mí quería confiar en él para que hiciera lo que debía —se acercó más—. Claro que pensé que te preocupas por él.

—Era aprender o morir, Sesshomaru. Lo que me dices no me tranquiliza.

—También —la obligó a mirarlo, sosteniendo su mentón—, lo que pasó ese día era algo que tenía pendiente con él desde hacía mucho tiempo. Tenía que arreglarlo. Un enfrentamiento así no volverá a ocurrir. He terminado con él.

No puedo mantenerme enojada si lo tengo tan cerca, se lamentó, cerrando los ojos.

—Mírame.

Involuntariamente, Aome obedeció y antes de siquiera reprocharse la decadencia de su voluntad, los labios de Sesshomaru la transportaron a otra dimensión; y él con ella. Juntos viajaron al paraíso de las reconciliaciones rápidas. El youkai demasiado se había detenido hablando de su medio hermano, nada de lo cual le parecía apropiado hablar con ella. ¿Charlar del hombre del que alguna vez estuvo enamorada? Una broma de muy mal gusto. Nunca más. Por lo que degustó sus labios atrás de su fachada impávida y la despidió para decirle con una mirada que la buscaría pronto.

Aome se sentía en una historia de amor prohibida. Y esa noche durmió con una sonrisa en el rostro. Y la sonrisa le duró durante bastantes días, hasta que se toparon con ese sujeto extraño llamado Magatsuhi y ella cayera inconsciente, perdiéndose del gran momento de Sesshomaru. Ese en el que recupera su brazo y se hace de una completamente nueva e inédita espada, toda de él y para él. Claro que cuando volvió en sí (justo a tiempo antes de que sus caminos volvieran a separarse) Aome dejó la choza de la anciana Kaede y salió más apresurada de lo que el decoro demanda, dejando explícito a quién deseaba ver. Su fogoso anhelo se explicaba, porque Sango había sido muy rigurosa con los detalles de los eventos.

Lo veía que se alejaba caminando y aceleró. Pasó junto a Lin, luego a Jaken y en el momento en que el youkai se daba la vuelta, advirtiendo la cercanía de su aroma, el abrazo de Aome lo embistió. Allí, frente a varios par de ojos, Aome abrazó a Sesshomaru como si aquella fuese la última vez que pudiera hacerlo. Él devolvió el gesto de forma automática, decidiendo después, poniendo mucho de sí, que ignoraría a los espectadores, que estaban resultando ser numerosos. Lo que sí vio fue la sonrisa en el rostro de Lin.

—¿No deberías estar descansando? —habló entonces, sacándola de su ensueño.

Aome se separó y puso la mano sobre su pecho, el sitio donde horas antes fuese herido de gravedad. Y su mano izquierda sujetó la de ella. Aome sólo pensaba en los abrazos increíbles que recibiría.

—Quería verte antes de que partieras.

—Te buscaré —acarició su rostro y se elevó, alejándose.

Lo que ninguna sospechaba eran las nefastas circunstancias bajo las cuales se verían en el futuro. Y uno se llevaría el premio por Peor Contexto. Allí el gran Sesshomaru sería puesto a prueba y repensaría con todos sus aires de asesino consagrado eso que había dicho una vez, lo de "he terminado con él". Sin mencionar el inconveniente de que estaban literalmente dentro del cuerpo de Naraku y el panorama no se veía muy prometedor.

Sesshomaru se dedicó, hasta que Aome recuperara la consciencia (porque había caído por un precipicio de tripas), hacer catarsis deshaciéndose de algunos demonios menores. Porque en el momento exacto en que sintió el olor de su sangre viciar ese sitio horrible, supo al instante que la culpa había sido de Inuyasha y de su patética y débil naturaleza hanyou, y quiso buscarlo para hacerlo desaparecer de la faz de la tierra.

—¿Sesshomaru? —escuchó.

Apenas se volvió, todavía demasiado fuera de su eje para entablar una conversación cordial y natural.

—¿Esa herida fue obra de Inuyasha? —preguntó glacial.

Aome se llamó a silencio. Si ni falta hacía la pregunta, qué decir de la respuesta.

La joven sacerdotisa se incorporó, ignorando el dolor todo lo que fue capaz, intentando ocultar las muecas de dolor que involuntariamente encontraban un lugar en sus facciones. Y Sesshomaru la miraba de soslayo. Pensó que no volvería a perder los estribos así otra vez, se dijo que nunca más alguna razón tendría la capacidad de hacer balancear su impasibilidad. Claro que cuando decretó eso, no recordó lo enamorado que estaba de Aome y lo profundo que le llegaría todo lo que le ocurriese a ella. Pero de eso ni la misma Aome sospechaba, porque nadie era mejor que el gran Sesshomaru para ocultar emociones, y nadie jamás lo sería.

Él empezó a caminar y ella detrás. La circunstancia era más grave de lo que se apreciaba a simple vista y no era el momento para reproches o discusiones de pareja. Pero él no hablaba y ella estaba muy cerca de perder la paciencia.

—¿Y Lin? —preguntó, como para no caer en tópicos más urticantes.

No respondió.

—Supongo que con tu increíble olfato la encontrarás ¿no?

Otra vez, sin respuesta. Aome comenzaba a enfadarse de verdad.

—Sesshom… —el susodicho se volvió rápidamente. Aome parecía perder facultades como el habla y el razonamiento cuando lo tenía en esa proximidad. Él estudió la herida, satisfecho con advertir que era superficial, y luego ella.

—He estado intentando mantener la calma. Mi silencio no es omisión o…

Iba a decir más pero sintió el olor de Lin y para su mala suerte, el hedor de su, en ese momento, youkai medio hermano. No hacía falta caer en reflexiones profundas para saber cómo podía acabar todo aquello por lo que ambos se apresuraron para llegar al sitio en cuestión. Y su depredador interior se regocijó ante los numerosos motivos que había juntado para enseñarle, nuevamente, otra lección a Inuyasha. Desde herir a Aome, atentar contra Lin y luego el hecho de que ese ser despreciable llamado Magatsuhi lo había poseído. Era entretenimiento puro.

Su enfrentamiento dio tiempo a Aome para pensar en la forma de restituir la consciencia de su amigo, y lo único que podía hacerlo entrar en razón era Tessaiga. Valientemente se dispuso a buscarla, allá arriba donde por obra de la mala fortuna había acabado. Sesshomaru se distrajo cuando la vio caer por algunos segundos hasta que se las ingenió para valerse de la espada y detener su caída libre.

Y cuando la herida que tenía en su brazo se abrió, ambos hermanos se volvieron, y fue suficiente para hacer entrar en razón a Inuyasha. Sesshomaru se sorprendió con la fuerza de voluntad del hanyou para recuperar sus sentidos pero no le gustó que tuviera que ver con Aome. No obstante su malestar, la situación no prestaba para enfrentamientos de esa índole, por lo que no emitió comentario alguno. Por el contrario, se encargó de Magatsuhi finalmente, acabando con esa existencia.

—Debemos ir hacia la perla —habló ella.

—Vamos.

—Yo debo hacer otra cosa —Aome sabía que se trataba de Lin y con una mirada se despidieron.

Nuevamente, se separaron. Pero el tiempo que transcurrió para cada uno dio pie a una serie de eventos que se desencadenaron como resultado de esfuerzos comunes, cómo cada uno desde su posición contribuyó a lo que culminaría en un acto feliz, pero que al poco tiempo se deformaría para ser lo peor que Sesshomaru habría imaginado posible.

La velocidad con la que se dio todo, sumidos todos en el sabor del triunfo, pensando en que aquello finalmente había culminado, que no habría más episodios tristes protagonizados por Naraku, que harían lo que les correspondía por vivir. Esa dicha, en definitiva, que todos tenían postergada desde hacía tanto tiempo. Hasta Sesshomaru se había detenido a pensar en qué haría con la suya ahora que Aome había aparecido para agregarle más.

Hasta que el Meido Zangetsuha se materializara detrás de ella y sin tiempo a reaccionar, se la llevara. El maldito pozo también desapareció y, anonadado, aún procesaba. Sintió el peso de los ojos de Inuyasha y cuando desenvainó a Tessaiga y ésta se tiñó de negro, entendió perfectamente cuáles eran sus intenciones. Se sintió como un tonto, reprochándose por no haberlo pensado antes. Cuando la entrada al otro mundo se abrió, ingresó a la oscuridad, sin pensar en nada más.

Entonces la buscó, como pocas veces en su vida buscó algo. Se decía continuamente que su fuerza tenía que tener otro propósito además de ser, que sus capacidades tenían que permitirle recuperarla. No podía fallarle en esa instancia tan decisiva, no podía titubear ni perder el tiempo. Aome lo necesitaba. Cómo podía ser posible que después de cientos de años de soledad, aunque buscada, cientos de años en los que fue sólo él y nadie más, en los que creyó que jamás encontraría a alguien digno de permanecer en su compañía de ese modo… Cómo podía ser que fuera una humana la que anhelara a su lado…

—¡Aome!

—¡Sesshomaru!

Y la encontró. De repente allí estaba, al alcance de su mano. Cerró el espacio que los separaba y la sujetó en un abrazo anhelante.

La perla de Shikon desapareció bajo el peso de un deseo y poca fue su alegría cuando debieron separarse una vez más, y en esa oportunidad, durante tres años.