"Cenas"

Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Elite Fanfiction

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Bella POV

Aún cuando había usado todo mi autocontrol para no corresponderle y no entregarme a sus labios como solía hacerlo, no pude usarlo para impedir que al llegar a mi casa y resbalar contra la puerta, mis dedos tocaran mis labios. Había pasado tanto desde la última vez que él me había besado, que la sensación de sus labios sobre los míos era algo casi nuevo y no podía negar que una parte de mí lo había deseado por mucho tiempo.

Una parte de mí aún no dejaba de amar a Edward Cullen.

Cuando logré recuperarme de mi letargo, decidí olvidar el tema, no me servía de nada tener rondando el recuerdo de ese beso sobre mí. Esto no era parte de mis planes y no pensaba dejar que él viera lo mucho que podía llegar a descontrolar mis sentidos.

Debía admitir, que dejando de lado lo que podía sentir por él, era un punto a mi favor, él me había besado, no yo a él, así que él aún sentía algo por mí. Además podía notar por sus preguntas y su mirada que se moría de celos ante la idea de verme con Emmett de nuevo; lo que me recordó lo que le había dicho. No había mentido del todo, Emmett siempre me había parecido un hombre muy atractivo y siempre me hacía reír, recordaba que en algún momento, cuando apenas llevaba unas semanas con Edward, él apareció para visitar a Alice y sentí mariposas solo de verlo; pero mi amor por Edward había sido mucho más grande de lo que había llegado a sentir por Emmett.

Ahora no estaba segura de qué pasaría si esa situación se presentara, si Emmett fuera un posible hombre en mi vida, al menos como algo más que un amigo. Él siempre había sido una especie de amor platónico y Edward había roto la confianza que había puesto en él, quizás si eso llegara a suceder me encontraría en una encrucijada.

Esa noche no pude dormir mucho, tenía mucho en la cabeza y mis planes de mantener alejados los recuerdos del beso se fueron desvaneciendo durante la madrugada; así que al día siguiente tenía unas grandes ojeras y un terrible dolor de cabeza. Me arreglé lo mejor que pude y me preparé una enorme taza de café, estaba por llamar un taxi cuando alguien se presentó en mi puerta, dejándome sorprendida con su presencia en mi casa tan temprano y con sus intenciones de llevarme al trabajo.

Edward POV

Había pasado la noche en vela, pensando en lo ocurrido con Isabella. Lo que quizás sería nuestro último beso había sido bastante revelador, al parecer Isabella no me era tan indiferente como yo creía.

Debía comenzar una lista de las cosas en las que estaba equivocado respecto a ella. La primera era que ella tenía un cuerpo que podía volver loco a cualquier hombre y me incluía entre esos hombres. La segunda, Isabella aún despertaba deseo en mí.

Debía admitir que ese simple beso había despertado algo en mí que creía olvidado, quizás después de tanto no se podía olvidar o dejar de lado los sentimientos así nada más. Yo había amado a Isabella por mucho tiempo, mientras que a Tanya no podría siquiera decir que le tenía cariño.

Desperté extremadamente temprano o más bien me levanté, porque no había dormido demasiado. Cuando pensé sería una hora apropiada, me arreglé para ir recoger a Isabella para llevarla al trabajo, necesitaba pedirle perdón o quizás solo verla.

Pero al llegar a su casa, ya había un auto estacionado frente a esta. Por lo que ella había dicho aún no tenía auto, así que no era suyo, tampoco era el de Alice o el de Charlie. Dejé la camioneta lo suficientemente alejada para que no la vieran, pero si lo suficiente cerca para poder ver quién salía con ella de la casa.

Unos minutos después vi salir a Isabella con la única persona que me mataba verla, el estúpido hermano de Alice, el hombre que quería alejarla de mí.

¿En qué momento él había llegado a su casa?

¿Habría dormido ahí?

¿Cuándo había llegado?

Golpeé el volante furioso, ese hombre me ponía de muy mal humor, odiaba que no pudiera reclamarle que la tocara tan efusivamente o el que viniera a buscarla. Por segunda vez desde que nos habíamos divorciado, estaba frustrado por no poder decir que ella era mía, que ella era mi esposa, que nadie más que yo podía llevarla al trabajo o recogerla, que solo yo podía rodearla por la cintura y que nadie la alejaría de mí por más que lo intentaran.

En cuanto estuvieron lejos, di la vuelta en U y regrese al rancho, donde Tanya me esperaba parada al lado de su auto, que seguro valía la mitad de la casa que me quedaba.

En ese momento lo último que quería era verla a ella, quería dedicarme a trabajar y olvidar como ese maldito imbécil tocaba con tanta confianza a Isabella.

―Cariño, te echaba de menos y creí que podríamos pasar el día juntos. Quizás ir de compras y luego enredarnos bajo las sábanas ―murmuró apenas llegué a su lado, colgándose de mi cuello y mirándome con lujuria. Pero no, si quisiera enredarme con alguien bajo las sábanas en mi cama, sería una mujer completamente diferente a ella… Una castaña, bajita, de cuerpo de bailarina, a la que mataría por ver desnuda y envuelta alrededor mi cuerpo una vez más.

―Créeme, Tanya, si no fui a verte es porque no quería hacerlo. Y hoy tampoco planeaba ir a verte, así que puedes irte por donde viniste ―respondí arisco y me la quité del cuello, rodeando su cuerpo para ir dentro de la casa.

―Te estás portando como un idiota, Edward ―exclamó furiosa, cruzándose de brazos para mirarme con el ceño fruncido.

―Pues mejor verte, antes de que me porte aún peor y te saque de la propiedad ―advertí antes de entrar a la casa azotando la puerta.

Me cambié, poniéndome la ropa que usaba para trabajar en el rancho y cuando salí otra vez ella ya no estaba ahí, solo las marcas de su auto en la tierra. Fui al lugar donde estaba el ganado y abrí la puerta para que pudieran pastar en el área, los hombres que trabajaban en ese espacio sabían que debían cuidar que ninguna se alejara demasiado.

Luego, con algunos de los trabajadores, pusimos comida a los caballos. Cuando había pasado el mediodía, escuché que me llamaban desde la puerta del granero que estaba terminando de limpiar para meter a uno de los potrillos que comenzaba a ser destetado de la camada anterior.

―Edward. ―Al girarme me topé con la sonrisa sincera de Isabella que estaba parada en la entrada del granero.

Un recuerdo me golpeó con fuerza, era ella en ese mismo sitio una semana después de regresar de nuestra luna de miel; esos días no había poder que nos separara, no podíamos quitarnos las manos de encima. Recordaba como me había ido a buscar para saber si iría a cenar con ella, llevaba un vestido floreado por encima de la rodilla, con su cabello suelto sobre sus hombros; le había sonreído y recorrido su cuerpo entero con la mirada. Ella se había sonrojado y la había atraído a mi cuerpo, nos besamos por largo rato hasta que la convencí de hacer el amor ahí mismo. Había terminado con el cabello lleno de paja y no era precisamente el lugar más cómodo, pero indudablemente era algo que echaría de menos, esos ataques de deseo que nos recorrían y nos entregábamos donde hubiera oportunidad. Todo eso era pasado ahora y tendría que acostumbrarme a ver a Isabella como una chica más.

―Bella, ¿qué haces aquí? ―pregunté, pues no esperaba verla por un tiempo después de lo ocurrido y con la llegada del tipo trajeado.

―Bueno, ofreciste enseñarme cómo trabajan en el rancho ―respondió con una sonrisa casi dulce, y al parecer se había arreglado para venir aquí.

Si antes había tenido quejas de que Isabella fuera una mujer sencilla, ahora me volvían locos sus cambios. Un día estaba enojada, al otro día parecía haber olvidado la pelea, su ropa, su cabello y su perfume habían cambiado completamente, Isabella iba a hacer que me diera un infarto.

Bella POV

Había dejado a Emmett con Alice y Jasper, pues tendrían una cena tranquila, mientras tanto yo estaría en el rancho con Edward. Aún estaba algo conmocionada por el beso, pero no lo suficiente como para echarme atrás con mis planes.

Él me llevó hasta donde tenían la comida para los potrillos, comenzamos a llevar paquetes de comida rumbo al granero donde estarían algunos de ellos y que él se había encargado de limpiar.

Estaba feliz de haberme cambiado antes de venir, mi ropa habría quedado destruida con ese trabajo, pero con los jeans y la blusa que me había puesto se me hacía muy fácil ayudarlo.

―Supe que el hermano de Alice vino a pasar el verano aquí ―murmuró intentando sonar desinteresado, pero conocía a mi exmarido, quería saber si yo ya lo sabía o si yo tenía algo que ver con eso.

―Sí, se quedará un par de semanas ―respondí sin dar muchos detalles. Emmett había mencionado querer visitar a Alice más a menudo, pero no me había esperado su llegada y tampoco me esperaba que Al me pidiera hospedar a su hermano, pues ella y Jasper estaban en medio de algo importante y no podrían tenerlo en su casa. Así que ahora Emmett se quedaría en mi casa por al menos tres semanas.

―Con su hermana… ―murmuró colocando el último paquete en las tinas donde ponían la comida.

―No. ―Me senté en una caja de madera algo alta, así mis piernas quedaban colgando y podía mecerlas.

―¿En un hotel? ―preguntó girándose para mirarme fijamente.

―No. Se quedará conmigo ―respondí, porque esto podría durar horas con él diciendo respuestas incorrectas.

―¿Contigo? ¿Por qué? Su hermana vive aquí y hay un hotel casi nuevo en la avenida principal. ―Quería sonreír como el gato de Alicia, pues Edward sufriendo por celos era algo digno de ver, pero no podía mostrarle eso, así que solo suspiré.

―Alice y Jasper no pueden hospedarlo y es mi amigo, tengo una casa en la que cabe fácilmente, así que no necesita quedarse en un hotel ―afirmé con fingida tranquilidad.

―Pero… ―Se pasó las manos por el cabello en signo de frustración al quedarse sin argumentos que fueran válidos y soltó un bufido mientras yo disfrutaba el momento.

―¿Puedo ayudarte a traer a los caballos? Me parecen tiernos cuando aún son pequeños ―pedí ignorando su molestia. Él me miró como si no pudiera comprenderme y quizás no podía, me había perdido el paso tiempo atrás.

―¿Y él está esperándote ahora en tu casa? ―preguntó ignorando mi petición, me fijé en mi reloj y negué.

―Ahora mismo debe estar en casa de Alice, va a cenar con ellos. Quizás en una hora esté en casa ―expliqué sin mostrar interés en el enojo de Edward.

―¿Por qué no te quedas a cenar? ―preguntó de pronto tomándome por sorpresa―. Seremos solo tú y yo.

Tantas veces le había pedido cenar juntos y él solo me miraba casi con hastío, que ahora era una verdadera ironía que fuera él quien quisiera cenar conmigo.

Suponía que no había nada de malo en ello, excepto el hecho de que solo lo hacía porque no quería que llegara a casa con Emmett y me negaba a darle esa satisfacción.

―No puedo, tengo que llegar a casa, Emmett aún no tiene llave y no lo dejaré esperando afuera ―respondí con una sonrisa educada y comencé a jugar con un trozo de paja entre mis dedos.

―Seguro no le molesta esperar unos minutos ―murmuró recargándose en la caballeriza, mirándome fijamente, sonreí y negué.

―Podría jurar que aún no tienes la cena lista, lo que te tomará alrededor de una hora, luego tienes que poner la mesa y servir los platos, además del tiempo que nos llevará cenar… Eso si surtiste la despensa, si no es una hora más que agregar. Y entonces Emmett dormirá en su auto esperando a que yo llegue ―apunté con una sonrisa casi juguetona. Él me miraba tan intensamente que creía que estaba aprendiéndose mis gestos, hacía tan solo unos meses eso me habría puesto nerviosa.

―No tendrá que quedarse en la intemperie, tú lo dijiste, tiene su auto. ―Puse los ojos en blanco y me bajé de un salto de la caja―. Y sí, necesito llenar la despensa ―añadió y suspiré.

―Bueno… ―Me giré cuando estábamos al lado de mi auto y él me miró casi esperanzado―. Puedes llamar a Tanya, ella sabrá qué te gusta y cómo, después de todo es tu alma gemela y encaja perfectamente contigo. Te apuesto a que se divertirán más de lo que nosotros podríamos divertirnos ―añadí con una sonrisa y me estiré dejando un beso en su mejilla―. Buenas noches, Edward.

Me giré, abrí la puerta del auto para subirme y salir del rancho. Él se quedó parado en medio de la entrada, mirando el camino que dejaba detrás de mí.

El auto era de mi padre, el día que lo fui a dejar a su casa dijo que él ya no lo necesitaba y quería que yo me lo quedara. Me había negado, pero a decir verdad el auto me recordaba a mi adolescencia, siempre había querido conducirlo, pero mi madre no había aceptado, ahora lo tenía y me sentía como si lo hubiera tomado sin permiso para ir a alguna fiesta o verme con algún chico.

Al llegar a mi casa, aún no estaba Emmett, suponía que estaría por llegar. Subí a cambiarme por mi pijama y me preparé un café, no tenía mucha hambre en realidad, así que esa sería mi cena.

Unos veinte minutos después, Emm apareció y se sentó conmigo en la sala. Tenía mis pies descalzos sobre su regazo, él se había quitado la chaqueta y usaba ropa casual a comparación de los trajes con que lo recordaba o esa bata blanca que llevaba cuando estudiaba en la Universidad.

―Había planeado invitarte a cenar como agradecimiento, por dejar que me quede aquí ―murmuró acariciando la planta de mis pies con sus delicados dedos, causándome cosquillas.

―No tienes que hacerlo, me gusta tu compañía ―respondí con una sonrisa sincera y él siguió con sus caricias.

―Aun así me gustaría hacerlo, vi lo mucho que disfrutaste la fiesta y tengo la ligera idea de que necesitas salir a divertirte ―enfatizó con una ligera sonrisa. Parecía cansado, aunque Alice era una de mis mejores amigas y la quería, a veces ella podía ser muy demandante cuando se trataba de su hermano, lo quería aprovechar cuando lo tenía cerca y lo traía de aquí para allá.

―Está bien, vayamos a cenar. Mañana ―murmuré con una sonrisa.

―¿Debo traerte flores? ―preguntó y no pude evitar reírme.

Nos quedamos un rato platicando en el sofá hasta que el sueño me venció y apenas sentí cuando me levantó para llevarme a mi habitación.


Buenas noches :3

Espero les guste y dejen sus bellos RR

Lamento la tardanza es que estoy en época de exámenes.

Y por si se lo preguntaban, sí, esa cena suena prometedora *-*