"Caída en picada"

Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Elite Fanfiction

www . facebook . groups / elite . fanfiction /

Bella POV

Al día siguiente estaba de muy buen humor, así que desperté temprano, me duché y arreglé para irme al trabajo. Dejé una nota en el refrigerador para Emmett, en la que le decía que estaría en la oficina, que había una llave en la barra para que pudiera salir sin problemas y que lo vería esa noche para cenar.

En el trabajo Alice me agradeció, igual que Emmett, por dejar que se quedara en mi casa, le respondí lo mismo y ella dejó el tema por petición mía. Sin embargo, me propuso una noche de chicas el viernes, así que saldríamos con Rosalie a un club nocturno que estaba a las afueras de la ciudad, pero Jasper había prometido pasar por nosotras si las tres terminábamos tomando demás.

James me entregó lo que sería mi primer caso, era uno sencillo y no requería mucho papeleo, ni una gran investigación, básicamente eran dos jóvenes de veintidós y veintitrés años que querían divorciarse, no tenían nada que pelear, tenían apenas tres semanas de matrimonio. Al parecer una noche de fiesta en Las Vegas y no habían podido anular el matrimonio porque habían sido pareja antes de eso y habían consumado el matrimonio.

A mediodía los dos llegaron a mi oficina, parecían una pareja tranquila, lo que era raro en un caso de divorcio. Generalmente todo eso llevaba una pelea tras otra por los bienes, sin embargo ellos parecían solo querer salir del problema.

―Vanesa y Jacob, ¿verdad? ―pregunté con un sonrisa educada, ellos asintieron―. Bueno, por lo que leí solo quieren un divorcio sin tanto papeleo, algo rápido ―comenté con una sonrisa.

―En realidad… vinimos a hablar de eso… ―murmuró algo nerviosa la chica que parecía tener un cierto brillo en sus ojos.

El único problema era que hablar de un divorcio nunca terminaba bien, lo que probablemente se volvería una locura de papeles y visitas al juez. Se suponía que era uno fácil.

―Queremos detener el divorcio, vamos a intentarlo ―exclamó el joven, que a diferencia de la chica parecía no tener nervios algunos, pero sí compartía la sonrisa y el brillo de Vanesa por aquella idea.

―Oh… eso es genial ―confirmé con una sonrisa. Eso había sido más sencillo de lo que había esperado―. Entonces solo cancelaremos los trámites y ya no tienen que volver.

―Gracias. Esperamos no sea mucho trabajo. ―Negué sonriendo y ella me devolvió la sonrisa.

Después de mi extensa cita de quince minutos, salí a entregarle todo lo que se necesitaba a James y él sonrió divertido por lo sucedido. La tarde pasó rápido, así que a la hora de salida me despedí de Alice y regresé a mi casa.

Emmett había preparado la cena, realmente agradecí que no hubiera decidido ir a un restaurante, pues no tenía ganas de cambiarme por algo elegante, solo quería una cena agradable en casa.

―¿Debo ponerme vestido o puedo bajar en pijama? ―pregunté sonriente dejando las llaves sobre la barra y mirando a Emmett que todavía traía el mandil para no manchar su ropa.

Me miró con una ceja alzada por mi sonrisa divertida.

―Puedes bajar en pijama, es lo bello de comer en casa. Pero no es bueno burlarse del que maneja la comida, señorita Swan. ―Me reí bajito y pasé de largo hasta mi habitación.

Me cambié por algo más cómodo y unas pantuflas, me hice una coleta y me quité el maquillaje. Cuando bajé, Emmett ya tenía todo servido y se veía delicioso. Jamás me habían cocinado, Edward lo había intentado una vez, se había propuesto preparar el desayuno y llevármelo a la cama, pero esa mañana no desperté con un rico pan tostado, sino más bien con un olor a quemado que llenaba la casa.

Sonreí sin poder evitarlo por ese recuerdo, en ese momento aún éramos una pareja de verdad y no el remedo que quedo al final.

―Huele delicioso ―murmuré sentándome en la pequeña mesa que tenía como comedor, no era más que una antigüedad que había quedado de los muebles de Esme.

―Espero que sepa tan bien como huele ―respondió con una sonrisa, se quitó el mandil y apareció con una botella de vino tinto y dos copas.

Traía ropa que parecía ser casual, pero también parecía que se había esmerado para verse bien. Siendo sincera, me sentía algo mal por haber elegido lo que llevaba puesto, pero no había pensado que él quizás había preparado todo para una cena formal.

Acepté cuando me señaló la copa, sirvió las dos y luego puso la comida en ambos platos. Yo solo podía mirarlo, como si fuera la primera vez que lo veía, no estaba acostumbrada a él en esa faceta.

―¿Preparaste todo esto con lo que había en la nevera? ―pregunté curiosa y corté un pedazo de carne, él sonrió y negó.

―Tuve que hacer algunas compras. Espero no te moleste, pero ya que estaba en el súper decidí comprar todo lo que tenías en la lista de compras. ―Lo miré sorprendida y con el tenedor a medio camino.

―No tenías que hacerlo. Te pagaré…

―No, velo como un agradecimiento, aparte de que no es mucho y probablemente servirá mientras me esté quedando contigo. ―Suspiré y asentí, aunque no me sentía muy cómoda con ello.

Me centré en comer y al probar ese primer bocado quedé maravillada, Emmett sabía cocinar mejor de lo que me habría imaginado.

―Dios, esto está delicioso ―murmuré cuando ya iba por el segundo bocado. Todo estaba delicioso, desde los vegetales y la carne, hasta la pasta.

Él sonrió por mi comentario y comenzó a comer también.

―Me alegro de que te guste. ―Para cuando respondió yo ya llevaba la mitad de mi plato.

―¿Cuándo aprendiste a cocinar? ―pregunté tomando algo de vino, debía recordar que mañana tenía que trabajar así que no quería beber de más.

―Bueno, cuando comencé a vivir solo empecé a practicar. No lo hago a menudo, paso mucho tiempo en el hospital y casi siempre como ahí. Pero cuando tengo días libres no me quedan ganas de comer algo procesado, así que me preparo algo por mi cuenta y resulto que se me daba bien ―explicó con simpleza. Sonreí porque en verdad tenía buena mano para la cocina.

Después de la segunda copa empecé a sentir el alcohol en mi sistema, no era precisamente la mejor manejando el vino, era más de bebidas dulces y no vinos tan fuertes.

Así que cuando me ofreció la tercera me negué, ya había terminado mi comida y él también.

―Solo una más, para que acompañes tu postre.

Lo miré sorprendida y mientras él aprovechó para llenar mi copa. No esperaba un postre, ya estaba más que llena, probablemente si comía algo más terminaría enferma. Pero no me dio tiempo a negarme, porque ya se había ido a la cocina. Regresó con un plato de fresas y un platito con crema chantillí, agradecí internamente que no fuera algo más pesado.

Comí una fresa sola y él una con crema. Mientras terminábamos, yo la tercera y él la cuarta copa, la botella estaba casi vacía, así que sirvió lo último repartiéndolo en ambas copas.

―Te ves tierna cuando el alcohol comienza a hacerte efecto ―murmuró acomodando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Seguí su movimiento con la mirada, quedando algo confundida por su comentario, pero decidí solo sonreír.

―En cambió a ti parece que no te hace efecto, aunque bebiste más que yo ―respondí con una sonrisa sincera.

―Es solo porque soy mucho más grande que tú ―exclamó tomando la mitad de su última copa. Asentí ya algo mareada.

Tomé otra fresa y la llené de crema, la comí lentamente queriendo dejar lo que quedaba de alcohol en la copa, pues sentía que ese último trago me tumbaría. Al levantar la mirada, él estaba observándome fijamente, bueno… estaba mirando mis labios. Se estiró un poco y limpió la esquina de mi boca con su dedo, había quedado algo de crema ahí. Lo siguiente me sorprendió, se llevó el dedo a la boca y lo saboreó como si fuera de lo más normal.

―¿Qué…? ―intentaba decir algo mínimamente inteligente, al menos algo gracioso, pero nada me venía a la cabeza. Él se acercó a mí, con su mirada fija en mis ojos.

―Es el postre más dulce que he probado hasta ahora, pero creo que hay algo más dulce y podría probarlo ahora mismo.

Me quedé quieta en mi lugar, sin poder pedirle que se alejara o que me dijera que era eso tan dulce que quería probar. Coló una de sus manos por detrás de mi nuca, entre mi cabello, y soltó un suspiró sobre mis labios; dejándome con la respiración entrecortada. Cerré los ojos esperando lo que yo creía pasaría.

Sus labios se unieron lentamente a los míos, con delicadeza y ternura, apoderándose de cada rincón de mi boca como un experto. No podía compararlo con ningún otro beso que me hubieran dado y suponía que eso era bueno, pero al mismo tiempo algo sentía como si algo se me fuera de las manos y no pudiera detenerlo.

Se puso de pie y lentamente se separó de mis labios, lo miré desde mi sitio y él me tomó la mano para ayudarme a levantarme. Me miró por un largo segundo y luego comenzó a caminar con mi mano aún entre las suyas. Estaba en un punto en que no sabía si lo estaba siguiendo por el alcohol o porque una parte de mí lo deseaba tanto como él a mí.

Entramos a la habitación en que él dormía, la cama era pequeña y cuando se giró para enredar sus brazos en mi cintura y pegarme a su cuerpo con obvias intenciones de llegar más allá, lo único que se me ocurrió fue decírselo.

―Esa cama es muy pequeña, nos caeremos ―murmuré mirando la cama. Él soltó una carcajada, cuando me giré a mirarlo, aún me sentía extraña respecto a todo lo que estaba ocurriendo, parecía ir demasiado rápido.

―¿Nos vendría mejor tu cama? ―preguntó rozando sus labios sobre mi oreja y dejando un beso en mi cuello.

―Quizás ―susurré colocando mis manos en su pecho.

Debería detenerlo.

Debería decirle que todo era un error.

Pero quizás una parte de mí deseaba que me hiciera suya, aunque fuera solo una noche.

Me levantó del piso e instintivamente enredé mis piernas en su cintura. Sus manos acariciaban mi trasero y sus labios rápidamente se apoderaron de los míos una vez más, solo entonces cedí por completo a lo que mi cuerpo deseaba y apagué mi lado racional.

Comenzó a caminar rumbo a mi habitación, tropezando con las cosas a su paso, pero sin detener sus besos y caricias. Al llegar me dejó suavemente sobre la cama, para desnudarme lenta y tortuosamente.

No recordaba haber estado desnuda frente a otro hombre que no fuera Edward, y este no era cualquier hombre, era Emmett, un hombre que en algún momento había deseado, un hombre que tendría que ver para siempre porque era hermano de una de mis mejores amigas… Era demasiado lo que nos unía y podría ponerse todo incómodo después, pero lo deseaba.

Quedé en medio de la cama, completamente desnuda, mientras él solo se había deshecho de la parte de arriba de su ropa. Comenzó a besar mis piernas lentamente, subiendo hasta mi vientre, siguiendo el camino hasta mis labios.

Sus labios eran suaves, dulces y se unían a los míos con los besos más delicados que había recibido. Su forma de tocarme y poseer mi cuerpo era delicada y cuidada, como si hubiera pasado días enteros marcando justo los puntos de mi cuerpo que quería recorrer y cómo quería hacerlo. Cada beso se sentía premeditado y cada movimiento finamente calculado.

Cuando tocó mi intimidad con sus dedos, mi respiración se cortó un segundo. Comenzó con suaves círculos sobre mi centro, sentía que estaba subiendo poco a poco y la caída sería abrumadora.

Uno de sus dedos se introdujo en mí y solté un audible jadeo, comenzó un vaivén cadencioso que me hizo gemir y suspirar su nombre, estaba tan confundida por mis deseos que apenas noté que se había desnudado por completo.

Se colocó entre mis piernas y quitó su mano de mi intimidad, colocándolas a cada lado de mi cuerpo. Se apoderó de mis labios y lentamente se introdujo en mí, solté un suspiro contra sus labios y el mismo vaivén que había iniciado con sus dedos, continuó con su miembro.

Mis manos se enredaron en su cuello y nuestros labios continuaron juntos, fue lento y firme, como una balada que te atrapa entre sus acordes. Al llegar a la cima la caída fue en picada, mi espalda se arqueó y mordí mi labio inferior, mientras él seguía con su vaivén. Suspiré su nombre cuando mi cuerpo quedó sobre la cama completamente agotado.

Él dio un par de embestidas más y se corrió dentro de mí, apenas fui consciente de ello pero agradecí que siempre hubiera sido cuidadosa con mis métodos anticonceptivos.

Se dio la vuelta para quedar sobre su espalda y yo suspiré mientras mi respiración volvía a la normalidad. Pensé en vestirme, pero el cansancio me venció y me acomodé en mi lado de la cama, abrazando una almohada y cubierta solo por las sábanas.


Hola.

Dejaré eso por aquí y me desaparecer una semana entera jajajaja

¿Qué les pareció?

¿Cuantas impactadas?

¿Qué creen que pase ahora entre este "Triangulo amoroso"?

Si les gusto dejen sus RR :3

Gracias por leer