"Earned It"
Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Elite Fanfiction
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"La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella" -Oscar Wilde.
Bella POV
La mañana siguiente desperté al estirar mi brazo y sentir a alguien del otro lado de la cama. Tardé unos segundos en recordar lo ocurrido y me senté casi de un salto, cubriéndome con la sábana que había tomado la noche anterior. Él estaba profundamente dormido y desnudo a mi lado.
Con mucho cuidado me puse de pie y, en tiempo récord, me arreglé para ir al trabajo. Necesitaba salir de ahí antes de que él despertara y quisiera que habláramos de todo el tema.
Tomé mi bolso, mis llaves, el celular y, cuando creía que lograría mi cometido, abrí la puerta para encontrarme con Edward a punto de tocar. Abrí la boca soltando un leve jadeo de sorpresa, seguramente era la única mujer en el mundo que salía a hurtadillas de su casa para que el hombre con quien había pasado la noche no la viera y se topaba con su exmarido en pleno escape.
―Edward ―exclamé sosteniendo la puerta con fuerza. Él me dedicó una mirada intensa, como si no comprendiera mi estado.
―Bella… ―Me tensé por completo al escuchar a Emmett llamarme. Miré por encima de mi hombro, solo se había puesto ropa interior para bajar y parecía más dormido que despierto.
Al mirar de nuevo a Edward, él tenía la mirada clavada en mí, las manos hechas puños y parecía que acababa de ver la peor blasfemia frente a él.
Sabía que no había hecho nada malo, solo éramos dos adultos solteros que habían pasado la noche juntos, pero aun así no me sentía cómoda con toda la situación. Sentía que mi cabeza explotaría, aunque eso probablemente era solo la resaca.
―Ya veo por qué necesitabas llegar lo antes posible el otro día ―murmuró Edward con un tono de voz que no dejaba dudas de que estaba furioso.
No me sentía mal por él, era lo último que me importaba, aunque aquello no era parte de mi plan para lastimarlo. Mi cabeza solo podía pensar en que eso pondría todo incómodo entre Emmett y yo, Alice tarde o temprano se enteraría y querría saber si era algo serio o algo de una noche.
Se me estaban yendo muchas cosas de las manos y necesitaba algo que me sostuviera al piso, solo conocía a una persona que podía ayudarme con ello.
Cerré la puerta tras de mí y miré a Edward fijamente, no iba a darle el placer de ver lo ansiosa que estaba con el tema, porque seguramente pensaría que era por él.
―Cada quien tiene sus prioridades, Edward, lamento que mi prioridad número uno haya sido venir a mi casa a pasar la noche con mi invitado y no quedarme con el idiota de mi ex a cenar y hablar sobre su zorra de turno ―respondí con firmeza y comencé a caminar a mi auto.
Él me detuvo del brazo, pero lo sacudí haciendo que me soltara; la última vez me había besado y no se lo permitiría de nuevo. Me giré a mirarlo y nos quedamos así por largos segundos, no estaba para soportar sus celos estúpidos.
―¿Así que para superar el divorcio te acuestas con cualquier idiota que te dice cosas bonitas? ―preguntó furioso.
―Solo sigo tu ejemplo. Al parecer a ti te funcionó muy bien acostarte con otra para superar el divorcio, incluso antes de pedirlo. La única diferencia es que yo no me fui por alguien de baja categoría como tú, sino algo mejor de lo que dejé atrás ―afirmé. Él me miró un tanto sorprendido y dolido, pero pronto volvió a la mirada de enojo que tenía antes.
Bufé y volví a ir hacia mi auto, cuando estaba por subir lo escuché de nuevo.
―Pues me alegro de que hayas encontrado algo mejor ―exclamó y su voz sonó más dolida de lo que esperaba. Al girar mi rostro para verlo, él ya iba a su auto.
Suspiré, entré al auto y llamé a Rose, necesitaba verla antes de enfrentar mi día.
Nos encontramos en una cafetería del centro, ordenamos un desayuno para cada una, yo con café y jugo, ella solo con jugo.
Me había tomado una aspirina para el dolor de cabeza y esperaba no tener resaca todo el día.
―Ahora sí, cuéntame, ¿qué sucedió? ―preguntó mirándome una vez que la mesera se alejó.
Solo le había dicho que necesitaba hablar con ella urgentemente, así que estaba algo ansiosa por saberlo todo. Miré el jugo de naranja frente a mí y tomé valor para hablar de lo sucedido.
―Me acosté con el hermano de Alice ―murmuré rápido y sin intención de repetirlo, ella casi se atragantó con el jugo por la sorpresa.
―¡¿Qué?! Oh por Dios, ¿cómo fue? No espera, mejor dime quién es mejor, ¿Edward o el hermano de Alice? ―Puse los ojos en blanco y negué, ni loca me pondría a compararlos―. ¿Tan malo fue? ―preguntó de nuevo al ver que hacía una mueca.
―No es eso. Solo bebimos de más y no lo pensé ―respondí pasándome las manos por el cabello―. En la mañana, cuando reaccioné, me escabullí para no tener que enfrentarlo y, cuando estaba por irme, me topé con Edward en la puerta. En ese momento Emmett bajó la maldita escalera en ropa interior y tuve un pleito bastante subido de tono con Edward. Así que mi mañana ha sido un caos ―expliqué con frustración y ella pareció entender que no la había llamado para hablar de si Emmett era bueno en la cama o no.
―Así que estás así porque Edward te descubrió. ―No aceptaría eso en voz alta, no se trataba de que me sintiera como si hubiera sido infiel, porque no era así, pero tampoco quería ser la clase de chica que tenía sexo con cualquiera para compensar su relación fallida.
―Estoy furiosa con él ahora mismo, cree que tiene algún derecho sobre mí para reclamarme por haber dormido con otro hombre. Pero lo que realmente me preocupa es… no sé, cómo Emmett va a manejar esto y si Alice se va a enterar en algún momento. No quiero que piense que estoy usando a Emmett para vengarme de Edward.
―Bueno, es obvio que Edward estaba celoso, supongo que no esperaba que a unos meses del divorcio te salieran galanes hasta por debajo de las piedras; mucho menos un hombre que podría volver loca a cualquiera. Sobre Emmett, solo deberías hablar con él, dile que no estás lista para una relación seria y que preferirías que quedara entre ustedes. ―Asentí, pero decirlo era la parte fácil, lo difícil sería hacerlo.
Mientras comíamos ella intentaba relajarme con bromas sobre lo ocurrido, preguntas demasiado subidas de tono y comentarios sobre si las medidas de Emmett eran proporcionales al resto de su cuerpo.
Rose me conocía mejor que nadie, entendía por lo que estaba pasando aunque ella no lo hubiera experimentado y siempre era mi aliada en los peores momentos.
Edward POV
¿Alguien mejor?
¿Así se había sentido cuando le dije que Tanya congeniaba más conmigo? Porque si era así, me arrepentía terriblemente de lo dicho.
La frustración me volvía loco, los celos y la necesidad de matar al maldito que creía que podía venir aquí y simplemente jugar al príncipe perfecto para llevársela con él.
Antes podía fingir que no había pasado nada en el maldito hotel, pero ahora era bastante obvio que algo había sucedido y no podía borrarme la imagen de la cabeza de ella con otro hombre. Solo necesitaba golpear o romper algo. Mientras conducía mis nudillos se ponían más y más blancos. Al llegar al rancho todos sufrieron mi furia, gritos y despidos volaron al por mayor.
Era peor solo ver una parte de ello, porque entonces las imágenes en mi cabeza eran cada vez más molestas y mientras mi imaginación andaba por los aires, terminaba gritándoles a mis trabajadores, que no tenían ni oportunidad de defenderse.
Cuando la tarde llegó, Tanya apareció en el rancho de nuevo, diciendo que estaba dispuesta a perdonarme si le daba fecha para la mudanza o algo más, lo que terminó por hacerme estallar.
―¡No! No tendremos una boda, no te mudarás a mi casa, no somos una pareja y ni en mis peores pesadillas te convertirás en mi esposa ―grité furioso sin importarme si todos a nuestro alrededor escuchaban.
―Escúchame bien, Edward Cullen, si vuelves a levantarme la voz me voy a ir y no volverás a verme ―amenazó mirándome a los ojos, si creía que me importaba estaba muy equivocada.
―Créeme, Tanya, si perdí a Isabella, a ti, que no le llegas ni a los talones, no me va a importar perderte en lo más mínimo ―respondí con seriedad. Su rostro mostró que estaba más que furiosa, pero no me interesaba, verla solo me recordaba que había dejado a la mujer que amaba por algo que no me llevaría a ningún lado, por una maldita aventura que ahora me estaba costando muy caro.
―Sabes una cosa, él que sale perdiendo eres tú, porque yo soy joven y preciosa, me conseguiré a alguien, pero tú sigues tan estúpidamente enamorado de ella que jamás podrás seguir con tu vida y me va a poner muy feliz cuando ella se case con otro hombre. Porque no te la mereces, maldito idiota ―respondió con una sonrisa en su rostro y subió de nuevo a su auto para irse.
Lo peor era que una parte de mí sabía que ella tenía razón.
Entré a la casa y me serví un trago intentando calmarme y dejar de pensar en Isabella entregándose a otro, eso me estaba matando poco a poco.
Después de esa pelea, Bella no volvió al rancho y yo evité buscarla, no quería saber si estaba en una relación con él, no quería detalles ni mucho menos. Por una semana nos ignoramos completamente, hasta que llegó el viernes y recibí una llamada de Jasper en medio de la noche.
―¿Hola? ―Ni siquiera cuando estaba con Bella había tenido llamadas de parte de Jasper a tales horas.
―Edward, escucha, las chicas vinieron a un club y creo que se pasaron un poco de copas. Puedo llevar a dos al mismo tiempo pero no a tres. ¿Puedes venir a ayudarme? ―Bella no solía tomar, durante nuestros años juntos había salido por una copa con sus amigas, pero jamás se había emborrachado.
Salí del rancho cinco minutos después de la llamada de Jasper e intenté llegar lo antes posible al club donde estaban. No recordaba haber ido a un lugar así en años, quizás desde mucho antes de casarnos; jamás había sido de los que iban a clubs y esas cosas, así que dar con alguna de ellas fue más que difícil entre el tumulto de gente y la música ensordecedora.
Finalmente, en el centro de la pista, me encontré con la bonita morena que últimamente solo me hacía enojar y gritar como idiota. Ella estaba bailando una extraña canción sobre ser soltera, no llevaba muy bien el ritmo, pero se veía divertida con ello y los tipos a su alrededor estaban más que encantados con verla contonearse sensualmente con ese pequeño vestido negro, lo que solo conseguía que mis celos explotaran más, si eso era posible.
―Cause if you liked it then you should have put a ring on it, If you liked it then you should've put a ring on it, Don't be mad once you see that he want it. ―La escuché cantar y la vi bailar al igual que muchas otras chicas ahí, la diferencia era que las otras no me importaban en lo más mínimo.
Vi a lo lejos a Jasper intentando sostener firmemente a Alice y al mismo tiempo llevar a Rosalie con ellos, pero parecía a punto de volverse loco. Supuse que querría que me llevara a alguna y, si debía elegir, obviamente me llevaría a mi coqueta y descarada morena.
―¡Bella! ¡Vamos, es hora de irnos! ―grité para que me escuchara en medio de la música y los gritos, tomándola por la cintura para poder sacarla de ahí. Ella me miró y me sonrió como si todos los gritos, las peleas y el divorcio jamás hubieran ocurrido.
―¡Oh, no, Jasper vendrá por nosotras! ―respondió como si acabara de recordarlo. Suspiré y asentí, pero aun así comencé a sacarla de ahí. Algunos tipos le sonreían y miraban más de la cuenta, por lo que un gruñido salió de mi garganta. Ella rió como si supiera precisamente qué me molestaba―. Don't be mad once you see that he want it, if you liked it then you should've put a ring on it.
―Yo puse un anillo ahí, cariño ―respondí a lo que estaba cantando, que obviamente iba dirigidos a mí. Ella sonrió y dejó que la sacara del lugar. Jamás la había visto así de confundida por el alcohol, pero agradecía que fuera yo el que la llevaba porque era bastante coqueta para su propio bien.
―¿Qué pasará con Jasper? Vendrá a buscarnos y no estaré ―murmuró una vez estuvimos fuera del club. Jasper estaba a unos cuantos autos de nosotros y había logrado meter a Rose en la parte de atrás y en ese momento peleaba con Alice para que ella entrara también.
―Él me llamó para que viniera a ayudarlo. Al parecer son muy escurridizas. ―Sonrió traviesa y luego se abrazó a sí misma por la brisa que pasaba. Le coloqué mi chaqueta sobre los hombros y ella volvió a sonreír.
―¡Bella! Lamento la tardanza, yo me haré cargo ahora. ―El tipo que hasta ese momento solo había logrado que lo odiara cada día más, estaba parado frente a nosotros, intentando que soltara a Isabella y mirándome desafiante.
―No hace falta, Jasper dijo que la llevara a casa y eso haré ―respondí con seriedad y sostuve con más fuerza a Isabella a mi lado, ella jugaba con mi chaqueta tranquilamente.
―Bien, pregúntale a ella con quién quiere irse. ―Bella levantó la mirada y le dedicó una sonrisa a Emmett.
―¿Por qué estás aquí? ―le preguntó mirándolo fijamente, pero sin hacer nada por alejarse de mí, lo que se sentía como una pequeña victoria a mi parecer.
―Vine a buscarte, cariño. ¿Nos vamos? Te llevaré a casa. ―Ella frunció el ceño y por un segundo me temí que fuera a correr a sus brazos.
―No. Edward va a llevarme a casa, ¿verdad? ―murmuró algo confundida y levantó la mirada buscando mi aprobación.
―Sí, yo te llevaré a casa ―respondí con una sonrisa de suficiencia dirigida al tipo que creía que realmente podría llevársela sin más.
―No vas a llevártela a ningún lado. Está más que tomada y no dejaré que te aproveches de eso. ―Fruncí el ceño y lo miré furioso.
―¿Tú no vas a dejar que me la lleve? Estuvimos casados cinco años, sé perfectamente cómo cuidarla y jamás me aprovecharía de su estado. Tú, por otro lado, tienes dos días aquí, ¿y ya te sientes con derechos sobre ella? Fuiste un revolcón, no significas nada en su vida. Así que apártate y déjanos tranquilos ―respondí más que enojado por semejante acusación y caminando rumbo a mi camioneta con ella a mi lado.
Ni siquiera cuando apenas nos conocíamos había intentado aprovecharme de Isabella, ni de ninguna otra mujer. Podía haberla lastimado profundamente, pero jamás haría algo tan bajo como seducirla estando ella bajo el efecto del alcohol, en especial sabiendo que ella no quería eso.
―¿Vamos a mi casa o a tu casa? ―preguntó mientras la ayudaba a subir a la camioneta y le ponía su cinturón.
―¿A dónde quieres ir? ―pregunté quedándome parado fuera del auto mirándola y ella me sonrió.
―En mi casa va a estar Emmett y en la tuya seguro está la zorra esa ―respondió pensativa.
―No hay nadie en mi casa. ―Ella me miró recostada en el asiento y estiró su brazo para acariciar mi cabello que debía ser un desastre, pero generalmente lo era así que no me importaba si quería jugar con él.
―Te ves sexy cuando estás celoso. Quiero que me hagas el amor en nuestra cama y que sea apasionado, como antes ―murmuró mirándome a los ojos con intensidad. Conocía a Bella en esa faceta, realmente lo deseaba, pero no podía dejarme llevar por mi instinto, no quería que terminara odiándome. Pero la parte menos racional de mí, quería cumplir sus deseos, desnudarla y hacerle el amor como si no hubiera mañana. Y sus palabras solo lograron despertar a una parte de mi cuerpo que ahora necesitaría mucho para volver a bajar.
La acomodé en su asiento y me subí al mío. En quince minutos estuvimos en el rancho, la ayudé a bajar. Ella colocó sus brazos alrededor de mi cuello y tuve que llevarla en brazos hasta dentro pues no quería que se lastimara si se caía.
Entramos a la casa y la dejé sobre sus pies en el inicio de las escaleras, sobre el primer escalón, lo que la dejaba a mi altura.
―Necesitas dormir, nena ―murmuré mirándola a los ojos y dejando las llaves sobre la mesa de la entrada.
―Necesito que me folles. ―Jamás, en los diez años que tenía de conocerla, ella había pronunciado esa palabra. Jamás. Incluso solté un jadeo y mi miembro volvió a levantarse ahora sin intención de volver a su lugar.
¿Dónde se había escondido esa atrevida y sexy mujer los últimos cinco años?
―Quiero que rompas mi vestido y me folles como solo tú sabes hacerlo, que muerdas mi cuello y te pierdas entre mis piernas ―murmuraba mientras comenzaba a besar mi cuello sin pudor alguno y jugueteaba con mi cabello.
―Bella… ―Iba a decir algo coherente, pero sus besos solo me distraían y cuando su mano bajó hasta tocar mi miembro por encima de la ropa todo se fue al diablo, haciendo que su nombre saliera de mi boca como un jadeo y no como una advertencia.
La levanté con dureza por las piernas, separándolas para quedar entre ellas y pegándola a la pared de la escalera; besando su cuello y moviendo mis caderas logrando que nuestros sexos se rozaran y un gemido saliera de su boca.
Nuestros cuerpos se conocían y de alguna forma suponía que se extrañaban. Apenas se encontraron fue imposible separarlos, subí con ella las escaleras hasta nuestra habitación, donde tantas veces le había hecho el amor antes.
La dejé sobre sus pies frente a la cama y ella dejó caer mi chaqueta antes de volver a enredar sus brazos en mi cuello y besarme de manera demandante. Era raro que ella tomara la iniciativa, pero siempre valía la pena la espera. Bella era la mujer que podía parecer una dama frente a todos y ser una zorra en la cama. Mis manos bajaron hasta el inicio de su vestido y comencé a quitarlo.
―Rómpelo ―ordenó sobre mis labios, ¿y quién era yo para negarme? Subí mis manos hasta su cintura y jalé los extremos del vestido escuchando como la tela comenzaba a romperse mientras mis labios se apoderaban de los suyos―. No quiero delicadeza, quiero que me tomes como solías hacerlo. Olvídate de que soy una dama ―murmuró mordiendo mi labio inferior.
Sonreí sobre sus labios y terminé de romper el vestido. Me incliné y la levanté por las piernas, empujándola a la cama y sacando el vestido de forma desesperada. Ella sonrió y soltó un jadeo mientras tomaba posesión de sus labios una vez más.
La lencería elegida para aquella noche le quedaba preciosa, resaltando su nívea piel con el encaje negro. Metí mis manos bajo su espalda y quité el seguro de su brasier, lanzándolo lejos y dejando sus senos libres. Bajé besando su cuello y pecho, tomé uno de sus senos entre mis labios y mordí suavemente su pezón, haciendo que su espalda se arqueara.
Mi otra mano jugueteaba con su seno mientras mis labios disfrutaban del otro. Mis caderas se movían rozándose con su intimidad, estábamos separados solo por la fina tela de sus braguitas y la tela de mi pantalón.
―Edward. ―Mi nombre entre sus gemidos solo avivaba mi deseo por ella. Hice lo mismo con ambos senos y bajé besando su vientre, dejando un beso en la curva de su cintura que siempre había sido mi obsesión.
Quité sus bragas mientras la miraba a los ojos, levantando sus piernas y dejándolas sobre mis hombros. Ella me miraba con puro deseo y expectativa, deseaba más y yo sabía justo lo que ella quería.
Dejé besos por sus piernas, dejándola solo en esos sexys tacones negros y nada más. Bajé sus piernas y las coloqué para que los tacones quedaran clavados al colchón, separadas y con su intimidad frente a mí.
Me incliné mirándola siempre a los ojos y uno de mis dedos entró en ella delicadamente.
―Estás muy mojada, Isabella ―murmuré y saqué mi dedo para introducir dos a la vez.
Con ella generalmente era más dulce, porque creía que era lo que le gustaba, pocas veces hablábamos de aquella manera durante el sexo, pero al notar como su mirada se volvía más negra que antes supe que lo disfrutaba.
―Ah ―jadeó al sentir mis dedos entrar y salir de ella. Comenzó a tocar sus senos, quizás sin darse cuenta, y mi miembro brincó en mis pantalones apenas noté lo que hacía. Jamás en mi vida había estado tan excitado como en aquel momento.
Mi cabeza se perdió entre sus piernas. Mientras mis dedos la penetraban, con mi lengua recorría su intimidad y sentía como su cuerpo se arqueaba en busca de más. Una de sus manos bajó hasta jugar con mi cabello, empujándome más hacia ella.
―Edward. Oh, Dios. Por favor. Te necesito, Edward. ―Palabras al azar salían de su boca en forma de jadeos y gemidos, pero no me detuve, quería hacerla tener un orgasmo así antes de entrar en ella.
Mis dedos tocaron un punto exacto en su interior y ella se arqueó completamente mientras de sus labios solo salía un sonoro gemido que debieron escuchar incluso los peones que cuidaban a los animales de noche. Mientras ella se recuperaba, yo comencé a subir por su vientre con besos. Saqué mis dedos de ella, mordí cuello y besé el lóbulo de su oreja.
Sus manos comenzaron a quitar mi playera, la ayudé solo un poco y ella la lanzó lejos. Me atrajo hacia sus labios mientras sus manos recorrían mi espalda, clavando sus uñas y mordiendo mis labios.
―Quiero más ―murmuró sobre mis labios.
―Lo sé ―respondí y ella sonrió antes de volver a besarme.
Desabrochó mis pantalones y comenzó a bajarlos a la par de mi ropa interior. Me levanté solo un poco para quitar toda la ropa y volví a recostarme entre sus piernas y sobre ella.
Su mano buscó curiosa mi miembro y lo tomó acariciándolo suavemente. Solté un jadeo contra sus labios y ella sonrió satisfecha. Me guió hasta su entrada y de una firme y certera estocada entré en ella.
Mordí suavemente su cuello y ella soltó un gemido con mi nombre incluido. Sus manos se clavaban en mi espalda y sus piernas me rodeaban empujándome a seguir y seguir. Con uno de mis brazos me sostenía para no dejar todo mi peso sobre ella y el otro sostenía su pierna para poder entrar más en ella.
Ella nos giró y quedó arriba, se estiró y comenzó a subir y bajar por mi miembro, dejándome una preciosa vista de su cuerpo arqueándose y sus manos jugando con sus senos.
Estuvimos como desesperados que habían pasado años sin sexo durante unos minutos más, buscando la forma de sentirnos más, recorriendo nuestros cuerpos hambrientos y besándonos como solo un par de amantes lo hacían.
Quedamos sentados en medio de la cama, con nuestras piernas alrededor del otro y aún unidos después de un increíble orgasmo; la sábana había quedado enredada entre nosotros. Terminé de quitar sus zapatos y volví a mirarla a los ojos, ella enredó sus brazos en mi cuello y dejó un beso en mis labios.
―El mejor sexo en años ―murmuró contra mis labios. Me reí bajito y ella sonrió.
―Concuerdo con usted, señorita. Completamente. ―Nos quedamos ahí unas horas, hablando de tonterías y riéndonos como idiotas, hicimos el amor una vez más, lento y suave esa vez; quedando abrazados en la cama cuando el amanecer entró por la ventana.
Espero les guste y lamento la tardanza.
Ya saben el reto de esta semana, si no pueden buscar mi grupo "Contando historias-LizRodriguez"
Donde también podrán leer una muy mala noticia.
En fin gracias por leer y todo su apoyo.
