"El final de una era"
Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Elite Fanfiction
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Bella POV
No podía sacarme de la cabeza las palabras de mi padre. No me había dado cuenta que estaba actuando como una inmadura de dieciocho años que acababa de terminar con su novio hasta que él lo puso de aquella manera.
Al llegar a mi casa esa noche, observé todo lo que había hecho en esos meses. Básicamente todo era para vengarme de Edward, no había una sola cosa que hubiera hecho pensando únicamente en mí. En todas partes podía ver mis deseos de verlo pagar, la ropa excesivamente ajustada, los tacones altos, el maquillaje sobre mi tocador, el perfume que usaba durante la universidad, la lencería que en su mayoría era incómoda. Incluso la casa. Todo lo había conseguido en medio de mi venganza contra él.
Creía haberlo dejado atrás, que sería solo parte de mi pasado y que al conseguir que él se arrepintiera podría terminar con todo, pero había estado en un error. Jamás iba a dejarlo ir de esa manera, él era el eje por donde mi vida giraba, incluso aún más que cuando estábamos casados. La diferencia era que ahora había puesto toda mi atención en él y antes la había puesto en algo que lo incluía, pero no era el principal.
Sue tenía razón, necesitábamos hablar como adultos para poder continuar con nuestras vidas. La cuestión era que sabía que después de esa conversación todo sería real, el final de nuestra vida juntos sería esa charla y pocos entenderían el dolor que sentía al saber que algo en lo que había puesto tanto se estaba cayendo a pedazos. Ya no era solo la traición, ni mis secretos, era aceptar que no había nada que pudiéramos hacer para remediar el pasado, no había forma de recobrar la confianza y volver a ser quienes éramos.
Me quité la ropa que él me había prestado más temprano, entré a la ducha y finalmente me rompí, como había esperado hacerlo desde que él dijo que quería el divorcio, incluso desde antes, cuando había descubierto su engaño. Lloraba por lo perdido, por saber que no era solo el error de él, sino también el mío, lo aceptaba finalmente.
Madurar dolía.
Al salir de la ducha estaba intentando controlar lo que quedaba de mí, me era difícil pensar en qué pasaría al día siguiente, en qué pasaría dentro de un mes, cómo sería mi vida dentro de veinte años. Solo entonces noté que, aun después de su engaño, jamás lo había sacado de mis planes a futuro, él seguía siendo el esposo, el padre, el abuelo, el que me tomaría la mano por los siguientes cincuenta años. Y ahora era como tener que borrar su rostro de esos sueños.
La parte difícil no era el divorcio, ni llenar los papeles, mucho menos separar los bienes. Lo difícil venía cuando tenía que aceptar, superar y continuar.
La mañana siguiente aún no me sentía lista para llamarlo y pedirle vernos en un lugar neutral donde pudiéramos hablar, así que llamé a Sue para vernos. Habíamos dejado una conversación pendiente y, ciertamente, no quería ver a nadie más en ese momento.
Mi padre trabajaría ese día así que estaríamos solas y podríamos hablar tranquilas, tenía bastante curiosidad sobre los secretos que tenía guardados Esme, me puse algo cómodo y salí de la casa.
Una vez estuvimos sentadas en la sala, con un poco de café para cada una, comencé a preguntar sobre lo que realmente quería saber.
―¿Me contarás sus secretos? ―pregunté, ella me miró y sonrió a medias por mi interés.
―Algunos los guardaré, porque ella así me pidió que lo hiciera, pero puedo contarte algunas cosas que sé ―murmuró y tomó algo de su café. Me interesaban los secretos de Esme, esos que no podía contar, pero sabía que Sue no contaría absolutamente nada, en especial si la madre de Edward había sido tan cercana a ella.
―Está bien ―respondí en el mismo tono y ella sonrió para comenzar a su relato.
―Tú no llegaste a conocer a Esme, pero ella era una mujer más que dulce, gentil y amable. Cuando nació Edward y se separó de Carlisle, su pequeño se volvió su mundo entero, todo lo que hacía era pensado en él. Seguro sabes la historia, Edward te habrá contado algo alguna vez. ―Asentí, él me había contado todo como lo recordaba o como le habían contado. Su padre era un tanto distante cuando era un niño, pocas veces iba a buscarlo para pasar algo de tiempo juntos o le llamaba, pero tener a su madre lo hacía olvidar eso―. Lo que pocos saben es que en los últimos años de vida de Esme, tuvo el apoyo y el cuidado de la persona que menos imaginarían. Un hombre que hizo de todo para que ella se sintiera feliz, incluso al final, cuando sus ojos se cerraron permanentemente. ―Su mirada se volvió nostálgica y limpió una lágrima que había bajado por su mejilla.
La miré con curiosidad, pero no dije nada, sabía que hablar de alguien que había sido importante para ella y había muerto cuando le quedaba tanto por vivir, debía ser muy difícil.
―Cinco años después de que Esme y Carlisle se separaran, ella y Charlie se conocieron, ella llevaba un niño de cinco años, cobrizo y precioso. Y Charlie una pequeña a punto de cumplir tres —continuó con un suspiro. —Fruncí levemente el ceño, ¿mi padre había conocido a Esme?
―Dime por favor que ellos no…. ―Ella sonrió a medias, pero negó rápidamente.
―No, ellos no tuvieron esa clase de relación, al menos no que yo esté enterada. ―Suspiré con un poco más de tranquilidad, no era que me hubiera molestado que ellos tuvieran algo, pero escuchar que mi padre y la madre de Edward habían estado juntos, habría sido un poco raro―. En ese entonces ambos estaban divorciados y compartían la custodia de sus hijos, así que entendían a la perfección lo que el otro estaba pasando, así que la amistad se dio de forma natural.
Extrañamente no me imaginaba a mi padre en aquella situación, él siempre era reservado con sus sentimientos, así que pensar en él sentado con Esme hablando de sus problemas era curioso.
―Sinceramente creo que si no hubiera tenido esa relación con Esme, para este momento ya le habría partido la cara a Edward. ―Sonreí un poco y ella también―. Un año después ella se enteró que estaba enferma, quedó destrozada, no por ella, por su pequeño, todos sabíamos que Carlisle no era precisamente el padre ejemplar. Esme no podía con la idea de que él tuviera que cuidar solo a su hijo, pasó semanas, incluso meses intentando ser fuerte, mientras su cabello comenzaba a caerse y su cuerpo se hacía más débil. El hombre con quien compartía un hijo desapareció, no supo enfrentar la idea de que Esme no estaría mucho más con nosotros y lo que hizo fue irse, casarse con alguna niña en busca de su dinero y volver meses después, con un segundo divorcio y enterrando a la mujer que decía haber amado. Pero esos meses, Charlie hizo todo y más para que Esme no sufriera por el estúpido de su exmarido. Se encargaba de cosas que sabía ella ya no podía hacer, yo me quedaba a cuidarla y él llevaba a Edward a la escuela o hacía las compras. Le daba un respiro y ella se lo agradecía. Nunca supe qué hablaron durante esas últimas horas que pasó ella en el hospital, solo sé que cuando llegué ella estaba recostada sobre el pecho de tu padre, parecía estar durmiendo, tan pacífica y tranquila que me costó unos segundos notar que no estaba simplemente descansando. Charlie estaba abrazándola y por sus mejillas caían lágrimas silenciosas. Edward había pasado a verla una última vez unas horas antes y luego había ido a quedarse con Carlisle, así que Charlie fue el único que estuvo ahí.
Sin darme cuenta comencé a llorar y ella soltó un nostálgico suspiro, limpiando un par de lágrimas de sus mejillas. Yo no me imaginaba en esa situación, no podía ni pensar en tener que estar en una cama de hospital sonriendo cuando lo único que quería era romper en llanto. Siempre había pensado en la historia desde el punto de vista de Edward, en un dulce niño que había perdido a su madre; pero jamás pensé que alguien más hubiera sufrido tanto como él, mucho menos que ese alguien sería mi padre.
Al terminar su relato solo podía pensar en qué pasaría si eso nos ocurría, a cualquiera de los dos. No quería que fuéramos como había sido su padre con Esme, no podíamos terminar odiándonos al grado de no estar ahí el uno para el otro. No importaba si nos casábamos con otras personas, si teníamos una familia cada uno por su lado, no quería que él me odiara de esa forma o yo odiarlo así.
Me puse de pie y Sue me miró confundida.
―Debo hablar con Edward, necesito que aclaremos todo esto de una vez por todas ―murmuré limpiando mis lágrimas y buscando mi bolso con la mirada. Ella suspiró y tomó mis manos.
―Sí, deben hablar. Pero prométeme que si vas a buscarlo es porque estás lista para contarle lo que escondías, no dejes que él se culpe, porque entonces jamás cerrarán del todo ese ciclo, él no podrá continuar por la culpa y tú necesitas ser sincera con él. ―La miré a los ojos y tomé aire, asentí con algo de duda, pero sabía que tenía razón en lo que pedía. Nos despedimos y salí rumbo al rancho.
Apenas llegué lo vi salir de la casa, parecía que apenas iría a trabajar pues estaba recién bañado y no había ni un poco de tierra en su atuendo. Caminé hasta él y de pronto me encontré corriendo y chocando contra su pecho. Su cuerpo entero se tensó por mi intensidad al abrazarlo y tardó unos segundos en corresponderme.
―¿Qué sucedió? ―preguntó con un tono de voz preocupado y, con la sensación que había dejado el relato de Sue en mi pecho, lo abracé con más fuerza.
―Prométeme que si algún día estoy en una cama de hospital, estarás ahí para mí. Aunque nos casemos con otras personas y hagamos nuestras vidas por separado, estarás ahí ―pedí.
Él se tensó de nuevo y sentí como sus brazos se ciñeron más a mi alrededor.
―Bella, ¿qué sucede? ¿Por qué me estás pidiendo eso? ¿Estás enferma? ―preguntó alterado y de pronto me alejó, como buscando ver si estaba enferma o no―. ¡Dime qué pasa! ―exclamó ansioso y levantó mi rostro.
―Hable con Sue, me dijo que Carlisle jamás llegó cuando tu madre estaba en el hospital. Yo no podría… ―Así de simple volví a sus brazos, soltó el aire y escondió su rostro en mi cuello levantándome para estar a su altura.
―No somos ellos, Bella. Si algo te pasara me volvería loco buscando a los mejores doctores… Aquella vez que me llamaron del hospital estoy seguro que rompí todas las leyes de tránsito para llegar y saber que estabas bien ―susurró contra mi cuello―. Nosotros aún podemos arreglarlo.
―Edward… ―Sabía que aquello era pedir demasiado, podíamos ser amigos, quizás continuar siendo socios, pero hablar de estar juntos de nuevo era casi imposible―. No me refería a eso… tú y yo no podemos volver ―añadí y me solté de su agarré.
Su mirada se tornó triste y suplicante.
―Todos los matrimonios pasan por malos momentos, podemos…
―No. Edward, si me hubieras pedido esto hace meses, después de la primera vez que te acostaste con ella, si hubieras sentido algo de culpa por hacerlo, lo habría pensado. Pero seguiste, volviste a ella una y otra vez, creías que la amabas y me dejaste por ella. No es solo un mal momento. ―Me miró fijamente y se pasó las manos por el cabello.
―¿Es por lo que dije? ¿Es porque dije que ella encajaba conmigo más que tú? Porque mentía, no lo sabía en ese momento, pero ahora lo sé. Sé que sonará mal y estúpido, pero ella me recordaba la Isabella de la que me enamoré y no la mujer que dormía a mi lado. ―Lo miré dolida y él suspiró―. Hablemos dentro ―murmuró.
En ese momento noté que algunos nos miraban con curiosidad y asentí porque, aunque sus palabras dolieran, necesitaba un verdadero cierre.
―¿Entonces sí la amabas? ―pregunté caminando al centro de la sala, él suspiró y negó.
―No. Tanya no significaba tanto como yo creía. Solo… Tú cambiaste y no me refiero a un simple cambio de estilo o de perfume, eras una persona completamente diferente a la mujer con quien me había casado. Mi Isabella quería ser una gran abogada, no una ama de casa. Le gustaba ponerse preciosa, no por mí o por cualquier otro, por ella, porque le gustaba ser sexy, ella me lo dijo. Ni en el peor de los casos entraría a comprar un vestido en la misma sección que su madre. Ella odiaba la cocina, prefería pasarse horas leyendo un libro de leyes que entrar a una. Ella me amaba…
Me sorprendieron sus palabras, porque no esperaba que él se sintiera de esa forma, al final se había comportado distinto, pero lo había atribuido a ella, no creí ser la causante.
―Jamás dejé de amarte ―murmuré como mísera defensa.
―Pues eso parecía ―gruñó volviendo a revolver su cabello―. De pronto dejó de importarte todo, era como si tu vida entera girara entorno a limpiar la casa, preparar la cena, asegurarte de que llegara justo a una hora, tuviéramos sexo y dormir. Esa era nuestra vida y lo sabes. ―Tragué en seco porque sabía a lo que se refería y sí había algo que se había vuelto mi total interés, pero no lo que él creía―. Entendía que quisieras que cenáramos juntos, pero había días en que en verdad estaba ocupado y tú rompías en llanto si no volvía contigo a casa. Si te preguntaba qué ocurría, tú te negabas a hablar, simplemente me besabas y hacías de todo para que termináramos en la cama. No me malinterpretes, no me molestaba hacer el amor, pero lo que teníamos no era eso. Era como si tuviéramos un horario estricto e incluso si yo quería continuar tú me empujabas lejos, decías que estabas cansada aun cuando eras tú la que quería que estuviéramos juntos en un comienzo. Y todo llegó a un límite cuando en medio de una noche, cuando finalmente me dejaste ser yo quien te sedujera, que todo se diera sin que fuera planeado, me dijiste que era suficiente, que terminara de una vez. Me sentí tan humillado, era como si supieras que ni en el mejor de los casos lograría hacerte sentir algo. Creí que habías llegado a odiarme porque te pedí que tuviéramos un hijo y después de eso no habías podido conseguir un empleo…
―¿Creías que te odiaba? ―pregunté cubriendo mi boca sorprendida, ¿hasta dónde podía llevarnos el ocultar algo?―. ¿Cómo pudiste pensar eso? Jamás, ni siquiera después del divorcio, pude llegar a odiarte. Y créeme que lo deseé varias veces, porque eso me haría todo más fácil.
―Porque fui yo el de la idea de tener hijos, fui yo quien te lo pidió y tú dejaste la firma donde estabas haciendo tus prácticas. Por mi culpa estabas en la casa y no habías continuado con tus sueños. ¿Qué se suponía que pensara?
Sabía que era mi turno de decir lo que tanto me había esforzado en ocultar, tragué saliva y cerré los ojos con fuerza antes de mirarlo de nuevo. Crucé los brazos abrazándome a mí misma, Sue tenía razón, no podía dejarlo culparse de todo, no podía posponer más esa charla.
―No era por ti. Jamás fue por ti ―murmuré en un tono de voz bajo, casi en un susurro, aferrándome a la valentía que me había traído hasta aquí―. Yo quería una familia tanto como tú, apenas dijiste que querías que lo intentáramos dejé de tomar los anticonceptivos, creí que quedaría embarazada de inmediato, pero pasaron cinco meses y nada, luego un año, dos, tres y nada.
Él me miraba confundido y sorprendido, mientras yo intentaba controlar las lágrimas que luchaban por salir de mí.
―Me aterraba ir con mi ginecóloga y que me dijera que no podía tener hijos, porque si me lo decía yo tendría que decírtelo y creía que si te decía eso me dejarías por alguien que pudiera darte la familia que querías. Fui a verla y oculté eso. Le dije que llevábamos un mes intentando cuando en realidad llevábamos más de tres años, le pedí información para poder embarazarme antes. Ella me dio folletos sobre revisar mi ciclo y mis días fértiles, me dijo que si pasaba más tiempo quizás podría tomar hormonas pues creía que apenas iniciaba, me dijo que podía tardar un tiempo por haber tomado los anticonceptivos por tantos años, y un montón de recomendaciones. Después comencé a revisar blogs en internet, no sabía qué era verdad y qué era una mentira, pero yo lo intentaba todo. Cuando te alejaba después de que tú terminabas, iba al baño y subía las piernas contra la pared, acomodaba mi cuerpo con almohadas para mejorar las posibilidades. Las veces que iba a buscarte, me hacía pruebas caseras de días fértiles, si decía que estaba ovulando hacía todo para que vinieras a la casa, no noté lo lejos que lo estaba llevando hasta que hablé con Sue.
―¿Con Sue? Debiste hablar conmigo, yo te habría apoyado, no tendrías que haber pasado por todo eso tú sola. Quizás soy yo el que no puede darte una familia, ¿pensaste eso alguna vez? Sé que fui un idiota los últimos meses de nuestra relación, pero antes de eso jamás te di razones para que no hablaras conmigo.
Sabía que tenía razón, pero no entendía lo que era sentirse así. Había paso toda mi vida enfocándome en mi carrera, en mis estudios y cuando finalmente había terminado y podía comenzar una familia con él, con el hombre que amaba, todo se había puesto en mi contra y por cinco largos años no había tenido ni un retraso, ni una posibilidad. Era como ver caer el único sueño que no podía arreglar o componer, no podía estudiar más como cuando reprobaba un examen. Era difícil asimilar que la familia que deseaba cada vez se veía más y más lejos.
―Quizás cometí un gran error, pero cuando me di cuenta, cuando intenté volver a ser yo, tú te alejaste. Más viajes por ferias ganaderas, había cientos de razones por las que tú tenías que salir. Me enteré que me eras infiel un mes antes de que me dieras los papeles de divorcio. Iba a darte una sorpresa, iba a buscarte en el hotel como una pareja normal, sin toda la locura que había estado haciendo, y te vi bajar con ella…
Me había quedado callada porque me di cuenta que aun ocultando la posibilidad de que no pudiera darle hijos, mi matrimonio se había terminado.
Ambos nos miramos por largos minutos, quizás porque sabíamos que era la despedida, porque el miedo de que nuestro matrimonio no tuviera salvación alguna ahora era mucho más real. Ver cómo las mentiras, engaños y secretos habían destrozado todo a su paso, dejando a dos personas que ya no se conocían como solían hacerlo.
―¿Eso quiere decir que no podemos arreglarlo? ¿Esto es todo? ―preguntó mirándome a los ojos.
Por primera vez desde que nos habíamos separado, vi a un Edward roto, alguien que verdaderamente sufría por el fin de nuestra relación. Su mirada que siempre era centrada y firme, incluso en los peores momentos, se desenfocaba por las lágrimas que comenzaban a caer por sus mejillas y las mías no tardaron en salir también.
―No veo una forma en que esto pueda arreglarse. Yo debí hablar antes, ser sincera contigo. Y tú no debiste engañarme, si ya no querías estar conmigo simplemente debiste decirlo. Ambos cometimos errores, mentimos y ocultamos cosas… Ya no hay confianza y lo único que nos queda es un amor que lucha por sostenerse bajo todo lo que hemos hecho ―murmuré.
Él dio un paso adelante y estiró su mano como si quisiera decir algo, pero se detuvo.
―Pero está ahí, el amor sigue ahí... Haré lo que sea para que confíes en mí, lo que me pidas si con eso me das otra oportunidad. Te acompañaré al médico, nos haremos análisis para saber lo que pasa, y si no podemos tener hijos propios, adoptaremos, haremos lo que sea para salvar nuestra relación, Bella. Porque no sé tú, pero yo no me imagino pasando una vida entera lejos de ti. Viendo cómo te enamoras de otro hombre y te casas con él. No me imagino viviendo aquí con alguien que no seas tú, no quiero…
―Basta. No lo ves ahora, Edward, porque quieres que esto funcione, pero si seguimos forzando esto, terminaremos por odiarnos mutuamente y prefiero vivir contigo como un amigo a perderte definitivamente. Yo cambiaría mi obsesión de tener un hijo, por seguirte a todos lados para vigilar que no estés saliendo con alguien a mis espaldas y tú volverás a sentirte presionado y atrapado. Vamos a ser un ciclo que no termina, hasta que nos odiemos y no podamos vernos ni en fotografías. Te amo, pero el amor no es suficiente. ―Me acerqué a él y me estiré para dejar un beso en sus labios.
Nuestro último beso.
―Te amo ―susurró sobre mis labios.
Asentí y nos refugiamos en los brazos del otro una última vez, abrazados en la sala de lo que un día fue un hogar para los dos. Donde habíamos soñado tener una familia y amarnos el resto de nuestros días.
Un final que nos estaba dejando hechos pedazos. Ya no éramos aquellos jóvenes que se habían enamorado ciegamente, no había vuelta atrás con todo lo pasado, había más buenos momentos que malos, de esos diez años juntos, solo uno había sido malo, nos quedaban nueve llenos de recuerdos hermosos.
Mi abuela solía decir que en la vida tienes dos amores, uno con quien te casarás y pasarás la vida entera, tendrás hijos y cumplirás cada meta. Mientras el otro será un amor apasionado, desenfrenado, la conexión será tan fuerte que cada vez que estén por lograr la felicidad algo los va a separar hasta que finalmente se cansen de intentarlo y cada uno busque su segundo amor. Pero siempre llevarás ese amor imposible en el corazón.
Había pensado que ella estaba equivocada, que Edward era lo bueno de ambos en uno solo, porque era mi chico apasionado y el hombre con quien formaría una familia, y ahora me topaba con que quizás él era mi amor imposible.
Sue lo había dicho, nuestros padres se habían conocido estando nosotros ahí, quizás nos habíamos visto más de una vez y ni cuenta nos dimos. Nuestra primera separación fue la muerte de su madre, luego cuando no volví por años al pueblo, la tercera cuando tuve que irme a la universidad y él se había quedado a cuidar el rancho de su familia. Y finalmente esta, nuestra gran separación. Ahora buscaríamos cada uno su camino y esos amores que nos hicieran bien.
No supe cuánto tiempo pasó, pero sentía que habían sido solo segundos cuando nos separamos. Me acompañó hasta el auto, dejó un beso en mi frente y nos sonreímos con la nostalgia de dos amantes destinados a estar lejos. Subí a mi auto y volví a casa con quizás un peso menos, pero con un profundo dolor el corazón.
Tardaría unos días en recuperarme de esto. Quizás unos años, pero saldría adelante, porque a pesar de todo, era fuerte, no era de las que se rompían para no volver a pegarse, no era porcelana. Todo iba a estar bien. Algún día lo vería y sería feliz por él, como esperaba que él fuera feliz por mí.
Espero les guste y dejen sus bellos RR :3
Lamento la espera pero ya nos pusimos al día y no más retrasos con los capítulos, lo prometo :)
¿Creen que ha sido lo mejor para los dos? ¿Edward aun debería intentar recuperarla?
