"Quizás"

Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Elite Fanfiction

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Edward POV

Verla irse era algo para lo que jamás estaría listo. Tener que aceptar el final de todo y saber que, sin importar las palabras o las disculpas, ya no teníamos remedio, que estábamos destinados a terminar separados, era difícil y costaba aceptarlo.

Me obligué a no tomar ni una gota de alcohol al entrar a la casa, porque quería enfrentarlo como un hombre y no ahogarme en eso para superar la pérdida. Me senté en los últimos escalones de las escaleras y todos los recuerdos, que parecían estar adheridos a las paredes, sentados en los muebles y escondidos en las sombras, comenzaron a golpearme con fuerza.

Esa madrugada en la que entramos a la casa, ella en mis brazos con aquel vestido blanco que la hacía brillar en medio de la habitación. Como nos habíamos reído como idiotas por las copas de más y porque era un asco intentando abrir cada botón del vestido.

La primera mañana que despertamos juntos siendo marido y mujer. Cuando abrí los ojos ella ya me estaba mirando, me sonrió y se estiró dejando un beso en mis labios. En ese preciso instante había estado cerca del éxtasis, tan jodidamente enamorado de ella que aún me costaba creer que ella me amaba de vuelta, que la chica que se había ido del pueblo para ser una gran abogada me amaba siendo un simple ranchero, ella me había elegido.

Nuestros patéticos intentos de hacer el desayuno juntos, que siempre terminaban con la cocina hecha un desastre y nosotros comiendo en alguna cafetería en el centro del pueblo.

La primera y única vez que entramos a una tienda de cosas para bebés. Habíamos revisado cada pasillo, observando desde la ropa hasta los juguetes y cunas; la ilusión de formar una familia juntos nos había atrapado.

No entendía cómo Isabella había preferido sacarme del juego apenas se puso difícil. Yo merecía saber que estábamos teniendo problemas para tener un bebé, había creído por mucho tiempo que ella había vuelto a los anticonceptivos porque había meditado las cosas y yo no quería obligarla, así que no había cuestionado la situación. Ahora me pesaba no haberlo hecho, porque una sola pregunta habría cambiado todo.

Nos recordaba jugando en la sala, enredados en los brazos del otro en el pequeño sofá. Al principio nuestro amor era apasionado, justo como la última noche que pasamos juntos; así habían sido todas las veces anteriores al intento de tener hijos. Cada habitación de la casa tenía un recuerdo de nuestro pasado como dos jóvenes enamorados y deseosos el uno del otro.

Recordaba la tarde que habíamos pasado pintando el cuarto que se suponía sería para nuestro primer hijo, ella con pequeñas manchas en sus mejillas sonriéndome como solo ella sabía hacerlo.

Las lágrimas comenzaron a caer una a una, bajando por mis mejillas y nublándome la vista poco a poco. Ella representaba todo para mí, era con quien quería compartir mi vida y ahora ya no tenía esa posibilidad. No recordaba la última vez que había tenido el corazón realmente destrozado, pero recordaba que cuando la sonrisa de Isabella me atravesó había sabido que no habría forma de sacarla de mi vida y que si alguien lo hacía me dejaría vacío. Finalmente había ocurrido y no podía culpar a nadie, ni a Tanya, ni a Emmett… Solo nosotros dos teníamos la culpa del dolor que estábamos sintiendo.

La amaba, no se suponía que dejaras ir a alguien que amabas.

Los días siguientes fueron difíciles, intentaba enfrascarme en el trabajo, revisar los contratos y demás cosas del rancho. Simplemente intentaba no pensar en ella, pero era complicado, en especial al llegar a la casa y no verla ahí. Siempre había una pequeña esperanza de que al cruzar la puerta ella estuviera esperando por mí, cuando entraba y no había rastro de mi Isabella, todo volvía a pesar.

Todos en el rancho comenzaron a preocuparse por mí y por cómo estaba llevando la separación, incluso Sue había ido a verificar que estuviera bien. Había intentado mentirle, pero ella parecía conocerme mejor de lo que esperaba.

―¿Cómo está ella? ―pregunté, mirándola desde el sofá donde estaba, ella suspiró.

―No mucho mejor que tú. Parece como si acabaran de separarse. ―Suspiré y bajé la mirada de nuevo.

Lo que nos pasaba era que no habíamos aceptado el divorcio en los últimos meses, simplemente habíamos seguido como si nada. No había sido un cierre, solo una pelea de tira y afloja entre ambos. Ahora ambos habíamos movido nuestras piezas y nos habíamos dado cuenta que no había más movimientos, nadie iba a ganar, solo nos quedaba resignarnos a que la partida había llegado a su final y que, tristemente, ambos habíamos salido perdiendo.

―¿Por qué jamás me dijiste lo que Bella estaba pasando? Yo habría estado ahí para ella ―murmuré aún cabizbajo.

―Porque me pidió que no dijera nada. Y no era algo que yo tuviera que contarte.

Sabía que tenía razón, pero una parte de mí creía que si alguien me hubiera dicho aquello, yo podría haber arreglado todo y no tendría el corazón destrozado.

Aunque la verdad era que yo debería haberlo notado, si me hubiera enfocado en ella y lo que estaba pasando sola, en lugar de lo que yo sentía, todo sería diferente.

―Sé que jamás te has divorciado, pero estuviste ahí cuando el padre de Bella se separó de su madre, él también estaba solo… ¿Cuándo deja de doler? ―pregunté, necesitaba que alguien me dijera que esto se iba a terminar, que en algún momento todo volvería a la normalidad.

Ella se puso de pie, se sentó a mi lado, tomó mi mano de modo maternal y sonriendo con ternura.

―No estás solo, Edward. Hay muchas personas que te quieren en el pueblo, incluso Charlie ha pensado en venir a revisar que estés bien. Todo depende de ti y cómo decidas avanzar. Si te quedas aquí sin hacer nada, tardarás años en sanar, cariño. ―Por un segundo sentí como si fuera mi madre la que estaba ahí, ella habría tenido las palabras exactas para todo lo que estaba pasando. Levanté la mirada hacia Sue, le sonreí con nostalgia y asentí ante sus palabras.

―Gracias, Sue.

Después de un rato, ella tuvo que irse pues tenía cosas que hacer. La acompañé hasta la puerta y nos despedimos.

Cuando estaba por subir a mi habitación, tocaron la puerta de nuevo, supuse que algo se le habría olvidado a Sue.

―¿Olvidaste algo? ―Abrí la puerta y me encontré con la única persona que no esperaba ver―. Carlisle.

―Soy tu padre, Edward. No deberías llamarme así ―murmuró entrando a la casa sin invitación. Bufé y puse los ojos en blanco, lo único que no necesitaba era a él y sus malditas conversaciones que en su mente eran consejos de vida.

―¿Qué haces aquí, papá? ―pregunté con algo de sarcasmo. Nuestra relación no era ni la mitad de lo que debía ser, no lo odiaba, pero tampoco tenía esa conexión con él como para extrañarlo si no estaba.

―Me dijeron que te divorciaste, quería ver si estás bien.

Reí sin diversión, no había estado para mí cuando realmente lo necesitaba, ahora hacerse el preocupado lo convertía en un hipócrita. Estaba por responder con otro mascullo lleno de sarcasmo cuando volvió a hablar deteniendo mis palabras.

―Sé lo que es perder a una mujer como Isabella. ―Fruncí el ceño y crucé los brazos.

―¿A qué te refieres? ―pregunté y él se sentó en el sillón de la sala mirándome con cierta empatía.

―Esme era igual de dulce, encantadora y brillante que Isabella. La clase de esposa que ella habría querido para ti y yo también. ―El nombre de mi madre en sus labios era algo bastante extraño, no respondí porque no tenía nada que decir y él decidió continuar―. Sé que no te gusta recibir mis consejos, Edward, pero ¿quién mejor que un idiota que perdió a su esposa por una mujerzuela para darte uno? ―Suspiré y me senté en el sofá que antes había ocupado Sue.

―No somos ustedes. La situación no es igual ―murmuré sin mirarlo directamente.

―Quizás no es igual, pero es muy parecida, hijo. ―Puse los ojos en blanco y él continuó con su soliloquio―: Sé lo que se siente cometer un error estúpido y perder todo lo que amas. Cuando Esme me dejó, quedé destrozado. Intenté convencerme de que lo superaría, que solo necesitaba olvidarla con otra y mírame, llevo treinta años buscando a una mujer que me haga sentir una mínima parte de lo que sentía con tu madre. ―Lo miré con curiosidad, durante mi infancia él evitaba nombrarla, quizás por no saber qué decir o quizás porque aún intentaba superar lo sucedido entre ellos―. ¿Y sabes por qué no luché por ella? Porque todo el mundo me dijo que lo mejor era dejarla ir, que no había ni una sola posibilidad de que ella me perdonara, que solo iba a arruinarle la vida si volvía a mi lado… Y les hice caso.

―¿Intentas decir que debo dejarla ir o que debo luchar por ella? ―pregunté confundido, él suspiró.

―Todos te van a decir lo mismo que me dijeron a mí, pero créeme, Edward, rendirme con Esme fue lo peor que hice en mi vida. ―Lo miré con algo de enojo, tenía al menos un par de cosas que eran peor que aquello.

―No puedo luchar por Isabella. No solo fue una infidelidad y la falta de confianza que hay ahora. Tenemos demasiado entre los dos, intentar estar juntos de nuevo no solo va a destruir la vida de Bella, va a terminar por destruirnos a ambos, hasta que no podamos volver a vernos a la cara. ―Asintió como si realmente comprendiera.

―¿Entonces simplemente la vas a dejar ir? ―preguntó mirándome fijamente. No me gustaba pensar en lo que pasaría entre nosotros, porque imaginarla con otro hombre me volvía loco, así que evité responder―. Sé que no tengo la cara para darte consejos, pero…

―Precisamente por eso deberías abstenerte de darlos. No eras un buen esposo, no fuiste un buen padre y por si quien sea que te haya contado no te lo dijo, me divorcié hace casi seis meses, ya es bastante tarde para venir a darme un sermón ―exclamé poniéndome de pie y sin querer escucharlo más.

―Charlie me llamó, me dijo que tanto tú como su hija estaban pasando un momento difícil. Quizás de mí no quieras saber nada, sí fui un terrible esposo y no he sido el mejor padre, pero sé que a él le tienes el respeto y el cariño suficientes como para escucharlo. Él también se divorció y cree que ustedes no deberían dejar todo perdido. La única diferencia entre mi divorcio, el divorcio de los padres de Isabella y el suyo, es que ustedes aún se aman.

Lo miré bastante sorprendido, no creí que el padre de Bella estuviera a favor de que ella volviera conmigo. Aun después de lo que Sue había dicho, supuse que él me querría lo más lejos posible de su hija. Pero Carlisle tenía razón, yo apreciaba lo suficiente a Charlie como para meditarlo.

―Quizás no ahora, todo es muy reciente, pero podrían… darse un tiempo. Pensarlo y sanar las heridas. Luego, cuando pase un tiempo determinado, se citarán en un lugar específico, si ambos aparecen, todo quedará en el pasado e intentarán seguir adelante juntos.

¿Bella aceptaría eso? ¿Me daría una nueva oportunidad? Lo peor que podía pasar era que estuviera esperándola en ese lugar por horas y ella jamás llegara, pero estaba dispuesto a soportarlo si había una mínima posibilidad de recuperarla. No pedía que volviéramos a casarnos de inmediato, ni que formáramos una familia justo en ese momento, solo quería mostrarle que nuestro amor podía con eso, que podíamos levantarnos y seguir adelante. Solo necesitaba que mi Bella me diera una oportunidad para probarlo.

Bella POV

Había pasado una semana. Siete días en los que no había visto a Edward y en los que había decidido, por el bien de ambos, que todo esto se acabara de una vez por todas y para siempre. Pero no me sentía mejor, nada había mejorado. Todos decían que me pondría bien, que el dolor era pasajero y que simplemente debía aprender a vivir sin él. Curiosamente, el único que no intentaba convencerme de olvidar a mi ex-esposo era mi padre, creía que era por todo lo que me había contado Sue y porque él seguramente tenía cierto cariño hacia Edward; así que solo me ayudaba a levantarme, nada de mencionarlo, ni para bien ni para mal, solo me sonreía como si nada hubiera ocurrido.

Rose, por otro lado, había intentado organizarme citas a ciegas, a pesar de mi negativa hacia el tema, primero porque creía que era muy pronto y segundo porque me sentía devastada ante la idea de formar una vida lejos de él. Pero aun con todos mis comentarios al respecto, había terminado en un restaurante conociendo a un chico que seguramente era mucho más joven que yo, que intentaba contarme sobre su último año en la universidad y sobre cómo pronto sería un gran arquitecto; era demasiado positivo para mi estado de ánimo los últimos días.

Solo intentaba sonreír y ser educada, aunque empezaba a creer que Thomas, el joven frente a mí, solo intentaba cumplir la fantasía de estar con una mujer mayor. De todas maneras, no pensaba ni acostarme con él, ni llegar a algo serio, así que me quedaría un rato más y me iría a mi casa a seguir sufriendo por mi reciente divorcio. Pedí algo sencillo para no tener que escuchar otra vez lo adinerada que era su familia o lo sobresaliente que era en todas y cada una de sus materias.

¿Yo había sido así de irritante durante la universidad? Quizás podría preguntarle a Edward cuando volviéramos a vernos, aunque dudaba que nos pusiéramos a hablar sobre cómo solíamos ser. Mientras divagaba entre los muchos temas que podíamos hablar él y yo sin terminar peleando o con unas ganas sobrehumanas de besarnos, el chico comenzó a hablar sobre una segunda cita en la cabaña de su familia. Estaba por responder de forma educada negándome a ello, cuando la única persona que no esperaba ver ese día apareció.

―El hecho de que estés invitando a mi esposa a pasar un fin de semana en una cabaña contigo, me da la razón perfecta para romperte la cara, pero seré educado y te dejaré ir, con la condición de no volver a acercarte a ella, ¿entendido?

Thomas pasó en un segundo de la sonrisa y mirada casi inocente, a un rostro pálido y la boca temblorosa intentando responder. Mientras Edward aprovechaba el hecho de ser un tipo enorme con pinta de malhumorado para asustar al pobre chico, yo lo fulminé con la mirada mientras mi cita salía corriendo del restaurante sin siquiera despedirse.

―¿Harás eso cada vez que intente salir con alguien? ―pregunté sarcástica. Él sonrió y se sentó frente a mí como si nada.

―Solo si veo que estás a punto de dormirte con los ojos abiertos. ―Puse los ojos en blanco y él sonrió aún más, debía explicarle que aún no estábamos listos para ser esa clase de ex-esposos―. Por favor, Bella, ese chico debía tener quince cuando nosotros ya habíamos recorrido el cuerpo del otro más veces de las que se pueden contar. ―Lo miré con la boca abierta y los ojos como platos. ¿Cómo podría decir algo así en un lugar público y ni siquiera inmutarse?

―¡Edward Cullen! ―exclamé casi ofendida. Él ordeno un café y volvió su vista a mí una vez que estuvimos solos de nuevo―. No sé cómo supiste que estaba aquí, pero esto no era a lo que me refería con seguir adelante ―murmuré un tanto molesta.

―Lo sé ―respondió con un exceso de tranquilidad que comenzaba a molestarme―. Solo necesitaba hablar contigo, será la última vez que te moleste, lo prometo. ―Suspiré, pero asentí, quizás era algo importante para investigar dónde estaba y llegar como si nada a echar a mi cita.

―¿Qué quieres decirme? ¿Y quién te dijo dónde estaba? ―pregunté mirándole fijamente.

―Tu padre. Quiero una última oportunidad para arreglar esto.

―Edward, ya hablamos de esto…

―Solo déjame explicarme ―pidió.

Cerré los ojos y suspiré pesadamente, volví a mirarlo esperando su explicación.

―Tienes razón, no estamos listos para estar juntos y este matrimonio ya no tiene salvación. ―Fruncí el ceño, ¿ese era su discurso para convencerme de volver con él?―. Pero nosotros no hemos terminado, te amo incluso más que cuando nos casamos y estoy seguro de que tú también me amas, tú misma lo dijiste. ―No estaba segura de a dónde iba a parar todo esto, pero asentí aun con todo y mi confusión―. Démonos un tiempo.

―¿Qué?

―Sí, como cuando te fuiste a la universidad. Estuvimos separados por dos semanas y luego nos dimos cuenta que preferíamos un amor a distancia a la separación, ¿recuerdas? ―Asentí de nuevo y tenía un par de objeciones a ese plan suyo, pero no podía negar que mi corazón había saltado de alegría ante la sola idea de volver a su lado―. Hagamos esto, démonos un año, seis meses, dos semanas, lo que necesitemos para decidir qué queremos hacer. Luego nos citaremos en un lugar, tu casa, el rancho o el parque donde fue nuestra primera cita. Si ambos llegamos estaremos juntos, olvidaremos el pasado e iniciaremos de cero.

―¿Y qué pasa si solo uno de nosotros aparece?

―Será todo. El otro aceptará que no hay ninguna posibilidad de regresar y olvidaremos el tema, nadie volverá a mencionarlo.

Sonaba a un plan razonable, pero una parte de mí temía ser la única ahí o que me invadiera el miedo y no llegara a tiempo.

Me debatía entre los pros y los contras de la situación, era ganar o perder, todo o nada.

―¿Cuánto tiempo? ―pregunté.

Sus ojos brillaron como si acabara de aceptar regresar con él, pero incluso si aceptaba el plan, no quería decir que iría.

―¿Cuánto tiempo necesitas? ―preguntó mirándome a los ojos con cierta esperanza en los de él.

―Seis meses. Justo cuando cumplamos un año de haber cerrado los papeles del divorcio. Y en esos meses ambos seguiremos adelante, pensaremos en todo esto, pero también nos abriremos a ver a otras personas y nada de cosas románticas entre nosotros. Hasta ese día todo sigue igual y si uno de nosotros llega, pero el otro no, jamás volveremos a hablarlo. ¿Trato? ―Estiré mi brazo por encima de la mesa para cerrar el acuerdo. Y aunque él no parecía muy cómodo, suponía que con el hecho de salir con otras personas, correspondió mi apretón de manos.

―Trato.


Espero les haya gustado y dejen sus RR :3

¿Creen que este plan les funcione? ¿Edward podrá recuperar a Bella?

No se pierdan el adelanto de mañana porque será bastante interesante. :)

Gracias por leer:3