"La cigüeña"
Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Elite Fanfiction
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Bella POV
Habían pasado las primeras dos semanas del mes, era una mañana hermosa, con un clima perfecto para ir a desayunar con Rose y Alice. Así que nos habíamos juntado en un restaurante del centro, en una de las mesas que quedaban fuera del local. Aún no le contaba a ninguna el trato que Edward y yo habíamos hecho, no estaba segura si debería hacerlo, pues no quería que todos pensaran que íbamos a regresar y al final decidiéramos no hacerlo.
Pero ellas eran mis mejores amigas, así que esperaba que lo entendieran mejor de lo que seguramente lo harían mi padre, Sue o cualquier otra persona. Ordenamos tres jugos de naranja mientras leíamos el menú.
―En serio, Isabella, cuando me dijiste que eras soltera de nuevo jamás pensé que nuestras salidas serían a desayunar ―murmuró Rose leyendo el menú y me reí sin poder evitarlo.
―La próxima iremos a un club lleno de strippers ―respondí haciéndola reír un poco.
―Sí, alcohol y jóvenes hombres con cuerpos perfectos ―exclamó mi rubia amiga como si estuviera ansiándolo―. Alguien que nos lleve a casa, porque el marido de Alice dudo que quiera revivir la última vez. ―Sonreímos divertidas al escucharla.
―Yo puedo ser la conductora designada ―respondió Al dejando su menú sobre la mesa, ambas la miramos con una mueca.
―No te preocupes, podemos turnarnos eso ―aseguró Rose bajando su menú también, mientras yo terminaba de leer los especiales.
―En realidad, creo que me deberían tocar los primeros seis meses como conductora designada. ―añadió Alice sonriendo, la miré confundida y Rose puso cara rara.
―Si tu propuesta es que nos turnemos cada seis meses, estoy fuera. No puedo pasarme tanto tiempo siendo la que se sienta sin hacer nada a tomar agua. ―Sonreí un poco, mirándola por encima del menú.
―Intento darles un gran anuncio de forma divertida y diferente, lo están arruinando ―exclamó mi pequeña amiga poniendo los ojos en blanco. Bajé el menú y tuvo toda mi atención.
―Bien. ¿Cuál es el gran anuncio? ―pregunté mirándola con una sonrisa.
―Durante los próximos seis meses, no podré tomar alcohol, estaré probablemente más sensible que nunca y mis senos crecerán bastante. ―Rose la miraba como si acabara de salirle un tercer ojo en la frente. Por mi parte empezaba a imaginarme cuál era el anuncio.
―¿Te aumentarás los senos? ―preguntó Rose realmente confundida, me reí y Alice la fulminó con la mirada. Ella desde muy joven había decidido que los niños y ella no eran muy amigos, así que quizás lo que estaba por anunciar Al ni se le pasaba por la cabeza.
―Debes decírselo con todas las letras, ella no lo va a adivinar ―aseguré mirando a mi amiga, quizás con algo de celos, pero feliz por ella. Alice suspiró y sonrió con completa emoción.
―Estoy embarazada. ―Sonreí feliz por ella.
―Felicidades, Alice. Jasper debe estar encantado ―exclamé sonriéndole. Ella sonrió con dulzura y Rose aún estaba solo ahí callada y pálida.
―Sí, él está muy feliz. No lo buscábamos, quiero decir, tampoco éramos muy cuidadosos porque queremos una familia, pero no creíamos que sería tan pronto ―explicó sonriendo y con los ojos irradiando felicidad.
―Sue diría que los bebés siempre llegan en el momento indicado ―murmuré sonriéndole sinceramente―. Rose y yo nos encargaremos del baby shower. ―Miré a Rose que seguía ahí sentada como si le hubieran dicho que ella era la embarazada―. ¿Verdad, Rose?
―Claro. ―Sonrió a medias y la miré confundida―. Felicidades, Alice.
―Gracias. Ahora, si me disculpan, voy al tocador. ―Al se alejó, dejándonos a solas, así que miré a mi rubia amiga confundida.
―¿Qué te sucedió? Pareciera que Al te dijo que tú estabas embarazada ―comenté intentando bromear. Tomé algo de jugo y entonces ella me observó con esa clase de miradas que dicen todo. Ella era la persona más cuidadosa, ni estando completamente ebria olvidaría un preservativo y tomar sus pastillas―. ¡Oh por Dios! ¿Lo estás?
―¿Está qué? ―Miré a Alice que acababa de volver aún con su sonrisa de completa felicidad.
―Con resaca ―exclamó Rosalie, mirándome como clara explicación de que no quería que nadie lo supiera.
―No te preocupes, ordena un jugo de tomate y pepino. Mi abuela lo preparaba cada vez que me escondía en su casa para que mi madre no supiera que había ido de fiesta ―respondió Al con una sonrisa sincera. Rose le sonrió de vuelta y después de que ella ordenara lo que le había recomendado, pedimos nuestros respectivos desayunos.
Después de comer y platicar un rato, Jazz pasó a buscar a Alice pues tenían su primera cita con el médico. Así que nos quedamos nosotras dos en la plaza caminando y entrando a algunas tiendas. Quería saber todo, pero no podía presionarla, así que solo evitamos el tema por un rato, hasta que sin querer propuse entrar a una tienda de ropa para bebés, para conseguir un obsequio para Alice.
Ella aceptó, pero conforme recorríamos la tienda la sentía más y más tensa, hasta que finalmente me pidió que nos fuéramos de ahí. Una vez en mi auto, soltó un gran suspiro y luego otros más pequeños, hasta que rompió en llanto de manera inconsolable.
―Tranquila, todo va a estar bien ―susurré acariciando su espalda, no recordaba haberla visto así jamás.
―No, nada está bien. Jamás quise ser madre. No sé nada del padre y aunque sé cómo encontrarlo me aterra hacerlo. ¿Qué se supone que le diga? Hola, nos conocimos por dos noches y ahora tendré un hijo tuyo. ¿Y qué pasa si nunca logro amar a mi hijo? ¿O si el idiota de su padre no se quiere hacer cargo? ¿Debería tenerlo? ―No sabía cómo había logrado guardarse todo eso por todo el desayuno, sin dudas Rosalie tenía más fuerza para esas cosas que yo.
―Rose, primero, él debe saber que será padre, ya sea que se quiera hacer cargo o no, debes decírselo. Segundo, vas a amar a tu bebé, apenas veas ese pequeño que te mirara con profundo amor, caerás rendida a sus pies. Y si no se quiere hacer cargo, no lo necesitas, ni tú, ni tu hijo. Tendrán amor por todos lados, hasta mi padre va a querer a ese niño. Tú y Alice podrán ir de compras juntas y armarás las habitaciones de ambos. ―Ella me miró con las mejillas sonrojadas y los ojos llenos de lágrimas, entendía todos sus miedos y pasara lo que pasara, yo estaría ahí para ella.
―¿Entonces crees que debo tenerlo? ―preguntó con un hipido.
―Supongo que esa debe ser tu decisión, Rosalie, pero piénsalo mucho antes de hacer algo que sea irremediable. Como cuando te hiciste ese tatuaje estando ebria y luego lloraste por días porque odiabas los tatuajes. ―Ella sonrió a medias y me abrazó con fuerza.
―Voy a pensarlo bien, lo prometo. Y si decido tenerlo y resulto una madre terrible, te lo quedarás y yo seré la divertida tía Rose, ¿está bien? ―Sonreí divertida y asentí, aunque sabía que apenas lo tuviera en sus brazos se arrepentiría de lo dicho.
La llevé a su casa y, ya que no tenía otros planes, fui a una librería cercana a mi casa. No sabía qué buscaba, solo necesitaba algo para entretenerme cuando estuviera libre, así que simplemente revisé los pasillos, tomando los que llamaban mi atención por su sinopsis y quizás algunos por sus bonitas portadas.
No estaba segura si todo esto me afectaba o no, estaba feliz por Alice y sabía que apenas Rosalie estuviera más tranquila, podríamos estar felices por ella también; pero una parte de mí sentía que era demasiado que mis dos mejores amigas se embarazaran al mismo tiempo, una de ellas ni siquiera quería ser madre. Así que sí, me sentía algo frustrada y quizás molesta con mi maldita suerte. Y ahora estaba divorciada, sin un posible romance al menos y cerca de mis treinta, ya no veía desvanecerse ese sueño, lo veía enterrado completamente. Quizás unas vacaciones me ayudarían.
Salí de la librería con una bolsa llena, si lograba leer todo eso, sería bastante sorprendente.
―Hola. ―Miré por encima de mi hombro y me topé con Edward sonriéndome.
―Hola. ―Correspondí su sonrisa y comenzamos a caminar rumbo al estacionamiento.
―¿Cómo has estado? ―No creía jamás haber tenido una conversación tan vaga con él. Ni cuando apenas estábamos comenzando a conocernos.
―Bien. ¿Y tú? ¿Has salido con muchas chicas en las últimas semanas? ―pregunté haciéndolo reír un poco.
―Por supuesto, cientos de ellas. Ya sabes… una para el desayuno, una para la tarde y una para la noche. ¿Qué hay de ti? ¿Muchos universitarios en tu puerta? ―Me reí y asentí.
―Sí, claro. Ya sabes lo que dicen de los chicos jóvenes, tienen la energía y las hormonas ―comenté sonriendo.
―Era divertido, pero no quiero imaginarte con alguien.
Me reí y antes de ir a mi auto decidí comprar un café para el camino y Edward me acompañó.
―¿Que nos encontráramos aquí es casualidad o estás siguiéndome? ―pregunté sentándonos en una mesa del local.
―Una casualidad, por supuesto ―respondió con una sonrisa y me guiñó un ojo, puse los ojos en blanco algo divertida.
―¿Vas a seguirme por los próximos cinco meses y medio? ―pregunté mirándolo y dejando mi bolsa en otra silla.
―Creo que si nos topamos las suficientes veces por casualidad, te darás cuenta de que el destino nos empuja a estar juntos.
―O me daré cuenta de que eres un psicópata y pondré una orden de alejamiento.
Sonreímos y nos entregaron los dos cafés que habíamos pedido y así de fácil lo que se suponía sería una plática hasta el auto, se convirtió en una charla de horas en un café.
―Me encontré con Jasper ayer en el supermercado comprando pescado y chocolates. ―Hizo una mueca de asco y me reí bajito―. Me contó lo de Alice, está rebosando de felicidad. ―Sonreí y asentí.
―Lo sé, Alice está igual. Estoy muy feliz por ellos. ―Al menos saber que él era consciente de todo lo que yo había pasado, se sentía como un peso menos y suponía que comprendería mejor mis sentimientos hacia eso.
―¿Y tú cómo estás? ―Suspiré y entonces comprendí a que había venido el comentario.
―Bien, supongo. Algo celosa, ellos ni siquiera lo estaban buscando… No lo sé, es difícil ―murmuré jugando con el café entre mis manos. Él estiró su mano y tomó la mía.
―Sé que quizás no sea de mi incumbencia ahora, pero creo que podríamos ir y hacernos esos análisis para saber… ―Lo miré con cierta sorpresa e inquietud.
―¿Por qué? Ni siquiera sabes si vamos a necesitar saberlo. Puede que ninguno llegue ese día ―murmuré. Sí le tenía miedo a esos análisis.
―Hay una posibilidad de que ambos lleguemos e incluso si no es así, es algo que debemos enfrentar juntos porque en otra circunstancia así habría sido. Seremos el apoyo del otro, quizás solo estábamos haciendo algo mal. El punto es que quiero estar ahí contigo pase lo que pase, estemos juntos o no, Bella. ―Suspiré mirándolo a los ojos y asentí en silencio.
―Aunque dudo que sea que algo estábamos haciendo mal. Que yo recuerde la última vez fue muy buena ―murmuré unos minutos después. Sonriendo un poco, él soltó una varonil carcajada.
La noche había caído sobre el pueblo y los empleados nos pidieron discretamente que nos fuéramos diciendo que ya era hora de cerrar, así que salimos de ahí para continuar hablando de camino a nuestros autos.
―Quisiera repetir eso ―murmuró a mi lado sonriendo con coquetería.
―Tendrás que esperar, quizás vuelva a pasar, quizás no. Pero nos quedará un buen recuerdo ―respondí mientras abría mi auto y colocaba mis cosas dentro.
―En serio empiezo a creer que no llegarás ese día. Intentas reafirmármelo cada vez que lo menciono. ―Levanté la mirada para verlo a los ojos y negué.
―Aún no sé qué haré cuando llegue el momento, Edward. Prefiero mantenerme realista y no ilusionarme con ello ―expliqué con completa honestidad, él suspiró y asintió.
―Entonces tú serás la realista y yo el soñador ―bromeó sonriente. Sonreí de vuelta y me estiré dejando un beso en su mejilla.
―En verdad necesitaba hablar con alguien, gracias ―murmuré antes de subir a mi auto.
Una vez en mi casa, los libros quedaron sobre la mesa de entrada mientras yo veía un documental sobre orcas, por alguna razón siempre me habían dado miedo esas cosas, de pequeña creía que los grandes círculos blancos en su cabeza eran sus ojos y eso me aterraba aún más. Pero el documental me hizo verlas casi con lástima por todo lo que tenían que pasar si eran cazadas.
Pausé el documental y fui a prepararme algo de comer, me hice un par de panecillos con queso crema y mermelada de zarzamora, un gran vaso de leche y volví a mi sitio. Cuando estaba por iniciar de nuevo el programa, se escucharon unos golpes en la puerta principal. Fruncí el ceño y me levanté a abrir, topándome con Rose completamente pálida.
―¿Qué sucede? ―pregunté confundida y ella se tiró en mis brazos.
―No puedo dejar de pensar en todo esto, Bella. Estoy tan fuera de mí. Quiero decir… ¿me imaginas siendo madre? Soy la última mujer sobre la tierra que debería ser madre. ―Me soltó y comenzó a caminar de un lado a otro hasta finalmente sentarse en el sofá y tomar uno de mis panecitos.
―Solo necesitas calmarte y dejar de pensarlo tanto. Podemos terminar de ver ese documental y ver otra cosa, puedes dormir aquí y evitaremos el tema lo más posible. ―No estaba segura de si quería evitar el tema por ella o por mí, quizás por ambas, pero empezaba a creer que la balanza estaba más de mi lado. Ella aceptó y me senté a su lado para reanudarlo.
Mientras veíamos el documental, poco antes de la mitad, comenzaron a hablar sobre la caza y cómo separaban a bebés de cuatro años de sus familias, haciéndolos crecer solos, cuando en libertad jamás abandonaban a sus madres. Era muy triste, pero al girarme a ver a Rose, la encontré echa un mar de lágrimas.
―¿Qué sucede? ―pregunté extendiéndole un pañuelo de papel de los que estaban en la mesa de centro.
―No deberían separarlos de sus madres, son pequeñitos y mira, su mamá está llorando. ―Jamás en la vida había escuchado decir a Rosalie algo tan sentimental, no era esa clase de chica, siempre era la fuerte entre las dos, eso era bastante raro de ver.
―Tranquila, Rose….
―No. Ellos no deberían hacer eso. Yo no dejaría que nadie se llevara a mi bebé. ―Suspiré y me dediqué a pasarle pañuelos y consolarla mientras terminaba el documental, hasta que ella cayó dormida poco antes del final.
Intenté despertarla para que subiera a dormir, pero fue imposible, así que solo la acomodé lo mejor que pude y puse una cobija sobre ella.
Una vez en mi habitación, empecé a pensar en su embarazo. No quería portarme como una maldita, pero una parte de mí se sentía tan frustrada con toda la situación. Ella, que jamás había querido tener un hijo, que deseaba ser soltera para siempre, que usaba anticonceptivos hasta de sobra, había quedado embarazada por un simple error y yo había pasado por tanto y nada.
No era un sentimiento contra Rosalie, era más bien resentimiento con la vida misma; pero suponía que pensar en eso no ayudaría en nada. Sin embargo, terminé por decidir que tenía que hablar con alguien al respecto.
Durante la noche, sin que me diera cuenta en qué momento, ella terminó metiéndose en mi cama, aunque no sabía por qué si el cuarto de invitados estaba libre para usarse. Pero suponía que estaba en un punto en que solo necesitaba que alguien le diera apoyo para sobrellevar todo lo que estaba pasando y quizás el padre no quería hacerse cargo o no respondía sus llamadas. Habíamos sido mejores amigas por mucho tiempo y sabía que ella habría estado ahí para mí en cualquier situación, así que eso haría, ser una buena amiga, un apoyo, sin importar nada la ayudaría en la decisión que tomara.
Lamento la tardanza, espero les guste y dejen sus bellos RR :3
¿Se imaginan a Rosalie en plan mamá? Yo aun no logró hacerlo...bueno no a esta Rosalie.
Las que creían que era Tanya volviendo para quedarse, pueden respirar tranquilas :) jajajaa
:3 cualquier duda dejenla en sus comentarios o pueden unirse a mi grupo en facebook, ahí a veces subo adelantos y cositas por el estilo :*
GRACIAS POR LEER
