Hola queridos lectores,

Nuevamente gracias por sus reviews y sus ánimos para que continúe esta historia.

Sé que tarde 3 meses en actualizarla pero el motivo es que estaba estudiando para un examen importante por lo que no me daba tiempo de escribir, pero ya está aquí el nuevo capítulo. Espero les guste mucho, y recuerden todas sus aportaciones son bien recibidas, leo cada comentario que escriben y creanme que eso realmente me pone muy feliz.

Pues espero les guste.


CAPÍTULO 10


Nobu y Chiharu estaban desconsertadas, más que nada, porque no sabían a que me refería, con ese llanto tan repentino.

Desde que llegué a la puerta de mi casa, hasta el otro día cuando desperté, mis recuerdos son realmente confusos, entre la lluvia de preguntas de Nobu y las miradas preocupantes de Chiharu, ese cumpleaños se estaba volviendo uno de los peores.

Los próximos días, que mis amigas estuvieron conmigo, no quise salir, así que nos la pasamos viendo películas, cocinando y platicando. Yo casi no hablaba, realmente me sentía mal, por el hecho de que hacían lo posible por animarme pero, seguía sin contarles realmente lo sucedido.

Llegó el día de su partida, así que las acompañé a la estación del tren.

-Aún falta media hora, ¿quieren tomar algo?- propuso Nobu

-Si, esta bien.

Caminamos a la cafetería de la estación, donde había mucha gente. Chiharu fue a pedir los jugos y me quedé atrás con Nobu.

-Risa, sabes que eres mi amiga ¿verdad? - preguntó en voz baja, yo asentí - Y tu eres la mía, ¿verdad? - Asentí de nuevo - Y me contarás sobre cualquier problema que llegues a tener ¿verdad?.

No asentí, ni pude decir nada. Nobu solo me abrazó.

En cierta forma el ver a mis amigas partir, me causó un vacío que no sentía desde que me mudé a vivir sola. El sol estaba en su punto máximo y toda la gente trataba de refugiarse de él. Yo sin embargo, continué caminando por aquellas calles deserticas y calurosas. Hacía calor, mucho calor.

Cuando llegué a casa, intenté llegar al sillón. Todo me daba vueltas y de repente perdí todo contacto con la realidad.

Comencé a caer por un abismo, no sé cuánto tiempo transcuyo, pero aterricé de una forma muy suave sobre el suelo. Todo seguía oscuro, pero, podía sentir muchas miradas sobre mi. Eso me dió un poco de escalofríos. Un reflector alumbró mi cara mientras murmullo s comenzaron a recorrer aquella oscuridad.

"No tengas miedo".

Una voz a un lado mío me sobresaltó. El reflector no apuntaba a su rostro, pero sabía que era alguien que conocía.

"No tengas miedo, ellos no harán nada malo"

Alargó su mano izquierda hacia mi y en ella pude ver claramente un anillo en el dedo anular.

"No tengas miedo"

Cuando tomé aquella delicada mano se encendieron las luces y los susurros se transformaron en aplausos.

Mucha gente sonreía hacia mi, aplaudiendo enérgicamente. Con toda esa luz pude verme bien, llevaba un vestido de novia, elegante, blanco y hermoso. Mientras tanto quería distinguir a la gente que me miraba, pero no reconocía a nadie. El bullicio era cada vez mayor, así que poco a poco comencé a retroceder, presa del miedo, cuando entre la multitud pude distinguir a un pequeño joven, el cual me observaba con ojos tristes. Él se percató de que lo observaba y en ese momento nuestros ojos se encontraron. Él me sonrió, y me mostró una sonrisa alegre; sin embargo sus ojos transmitían todo el dolor que sentía.

Estiré la mano, quería tomar su mano, pero él se encontraba cada vez más lejos; más y más lejos.

"ESPERA"

Grité con todas mis fuerzas, pero aquel bullicio de aplausos no dejó que mi grito se escuchara. Tropecé con el vestido y caí en un gran charco de agua, quise levantarme pero no pude, así que en el suelo volví a estirar la mano para alcanzarlo, pero él ya había desaparecido.

Cerré los ojos, conteniendo las lágrimas. Gotas de lluvia comenzaron a caer sobre mi, me sobresaltaron por lo que abrí los ojos de golpe.

Al abrir los ojos podía ver el techo de mi habitación.

-Estás despierta - dijo una voz a mi lado.

Hiro estaba sentado junto a mi con una pequeña toalla en sus manos.

-Disculpa, no quería despertarte, solo estaba limpiando el sudor.

-Hiro - susurré

-Si, ya llegué - dijo sonriendo -y vaya que me has dado un susto de muerte. - Tomó la toalla entre sus manos y exprimió con fuerza.

Puso con cuidado la toalla en mi frente, era una sensación agradable.

-Pensé que si no abrías los ojos pronto, iba a llamar al doctor, ya que la fiebre no te bajaba.

-Hiro - repetí.

-Si, hola - me sonrió.

Cerré los ojos, disfrutando la sensación de la toalla fría sobre mi frente. Hiro tomó mi mano.

-Lo siento. - Murmuré

-No es tu culpa, cualquiera puede pescar un resfriado.

-Lo siento - repetí.

Mis ojos no aguantaron más y volví a caer en sueño, pero esta vez no soñé nada.

¿Cuánto tiempo habrá pasado? No lo sé, pero me despertó un olor delicioso. Abrí los ojos lentamente y pude ver a Hiro cocinando, siempre se ha visto bien con mandil, aunque se rehúsa a usarlo. Lo estuve observando un buen rato, probablemente sintió mi mirada porque volteó.

-Risa, ¿Te sientes mejor? - se acercó a la puerta del cuarto.

Negué con la cabeza.

Lentamente se acercó a mi y gentilmente colocó su mano en mi frente.

-Aun tienes fiebre - acarició mi mejilla. - ¿Tienes hambre?

-Un poco.

-He preparado algo de comer, debes alimentarte bien para que te repongas pronto - Salió un momento y regresó con una charola.

-¿Hiro?.

-¿Mmm?

-¿Por qué regresaste antes? - pregunté

-Terminamos el proyecto antes, así que tomé el tren de regreso esa misma noche - me acercó un tazón con arroz -había decidido que vendría a verte en cuanto llegara, así que eso hice. - se sentó frente a mi -Cuando toqué el timbre no hubo respuesta y mi llave la había dejado en casa. Me preocupé mucho, intenté abrir la puerta y cual fue mi sorpresa que no tenía llave.

Hizo una pausa y me miró.

-Me diste un susto de muerte, ¿sabes?. Cuando entré estabas tirada en el suelo junto al sillón. Corrí a ver que te había pasado, te llamé varias veces pero no reaccionabas. Te levanté y te traje a tu cama. Tenías una fiebre muy alta, así que traté de bajarla con fomentos de agua, pero la fiebre no cedía. - volvió a callar -La fiebre era tan alta que comenzaste a hablar entre sueños.

Ahora yo lo miré.

-Comenzaste a delirar, decías cosas sin sentido. Era muy difícil seguir la secuencia y darle coherencia a las palabras que decías, por lo que me dediqué solo a bajar tu fiebre. - Se levantó.

-¿qué cosas decía? - pregunté.

-Será mejor que comas bien para que te recuperes pronto.

-Hiro, yo…

-Estaré en la cocina por si necesitas algo.

Hiro salió del cuarto. Yo me quedé sola en la habitación. Aun me sentía mal, y cierta parte de mi decia que no merecía todas las atenciones de Hiro para conmigo.

Probé el arroz que preparó y estaba delicioso. Pude sentir como un calor brotaba desde mi interior y recorría todos mis músculos. Cuando me di cuenta ya había terminado toda la comida y físicamente me sentía mejor. Como no quise hablarle a Hiro, dejé los trastes vacíos en el buró y regresé a la cama dando la espalda a la puerta.

No podía dormir, pero tampoco quería levantarme. Pude escuchar como Hiro entró por los trastes y pude sentir su mirada. Una mirada que transmitía tristeza.

Después de varias horas Hiro entró nuevamente, tocó mi frente gentilmente y suspiró. Aquel tacto me sorprendió, porque mi corazón latió muy fuerte, pero no abrí los ojos.

-La fiebre ha cedido- dijo más para él que para mi.

Dió media vuelta hacia la salida, pero se detuvo en la puerta. O por lo menos escuché que sus pasos se detenían. Yo seguí con los ojos cerrados.

-Risa, estas despierta ¿verdad?- La voz de Hiro no era la de siempre -Ahora que ya no tienes fiebre te puedo dejar descansar, regresaré a casa y te daré el espacio que necesitas.

Ambos seguíamos de espaldas.

-No sé que habrá pasado en mi ausencia, pero estoy seguro que la respuesta que ibas a darme, será muy distinta a la que soñé todos estos días. No te preocupes, tendré paciencia, porque yo estoy seguro de lo que siento y estoy convencido que tú eres el amor de mi vida y que eres tú la mujer con la que quiero compartirla. - Hizo una pausa - Ahora que ya lo sabes, solo debes analizar tus sentimientos. Nos vemos.

Hiro salió de la habitación.

En ese momento pude sentir un gran vacío, un vacío tan grande que no pude contener las lágrimas. Aquel vacío era demasiado sofocante y me estaba aplastando.

Tenía que hacer algo.

Como pude me levanté, tomé un sueter que tenía a la mano y salí lo más rápido que me permitieron mis piernas. En el pasillo choqué con una chica, pero no me detuve a pedirle perdón. Caminé y caminé, y cuando me di cuenta estaba corriendo por la calle. La mirada de la gente era de extrañeza, pero no me importó. A lo lejos pude divisar a Hiro, estaba dando vuelta en la esquina. Utilicé la poca reserva de energía y fuerza que me quedaba y lo alcancé.

Lo abracé por la espalda y con eso detuve su caminar.

-¿Risa? - se sorprendió - ¿Qué crees que haces?

Oculte mi cara en su espalda.

-¿Risa? -repitió en un susurro.

Quería explicarle muchas cosas, pero no encontraba las palabras adecuadas para iniciar.

-¿Risa? - yo solo lo abracé con más fuerza.

El desistió de llamarme, así que rodeó mis brazos con los suyos. Y ahí nos quedamos, de pie sin decir nada. Solos, él, yo y el silencio.

Había mucho que decir y tan pocas palabras para poder expresarlo.