"Primer y segundo trimestre"
Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Elite Fanfiction
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Bella POV
A mediados de noviembre la locura del primer trimestre apareció, se suponía que Alice había salido de él unas semanas atrás y Rose iba a la mitad, pero todos los síntomas parecían seguir firmes en ambas. Mientras Rose disfrutaba el crecimiento de sus senos, Al no encontraba nada en su clóset que pudiera quedarle en esa parte. Los desayunos o almuerzos que comenzaban a hacerse una rutina entre nosotras, ahora no eran tan buenos como las primeras semanas, tenía prohibido toda clase de desayunos porque si no le daba náuseas a una le daba a la otra.
En la oficina Al comenzaba a quedarse dormida en medio de las reuniones y Rose, que se había vuelto una invitada común en mi casa, podía dormir el día entero si yo no la despertaba. Aunque en el caso de ella para mí todo era más difícil. De alguna manera parecía que yo formaba parte del embarazo, no quería ser grosera, pero había noches, cuando llegaba más que agotada del trabajo, en las que solo quería dormir y ella estaba ahí, durmiendo, comiendo o vomitando. Era difícil para mí sobrellevar que mis dos mejores amigas estuvieran en proceso de convertirse en madres, agregarle que una de ellas viviera prácticamente en mi casa, me estaba volviendo loca.
Alice le recomendó la doctora a la que había estado yendo a Rosalie y ella me hizo acompañarla. Sabía que si seguía sonriendo y asintiendo a todo eso, terminaría explotando y gritándole que no soportaba seguir todo el proceso del embarazo si al final no iba a llevarme el bebé a casa, pero inevitablemente seguía aceptando ayudarla.
Edward y yo no habíamos hablado mucho en las últimas semanas, él estaba ocupado con el rancho y yo cuidando a mi muy embarazada amiga. Así que nuestra interacción se había reducido notablemente, lo que era bueno para poder pensar y meditar lo que haríamos cuando llegado el momento y tuviéramos que elegir si queríamos ir a esa reunión o no. Sin embargo, a medida que el embarazo de Rose a avanzaba, más sentía la necesidad de llamarlo, quizás porque era el único amigo que me quedaba cerca de casa y que sabía que no saldría corriendo al baño si pedía un desayuno abundante en algún restaurante. Quería hablar, necesitaba hacerlo.
Había pensado en Sue, ella era buena dando consejos y escuchando, pero mi padre le había regalado un viaje por su aniversario, así que ambos estarían fuera del pueblo por unas semanas.
Esa tarde, después de estar veinte minutos en la sala de espera mientras Rose era revisada por la doctora, ella salió del consultorio y me pidió entrar a petición de mi amiga. Una vez ahí noté que estaba recostada y estaban realizándole su primer ultrasonido. Sentí un hueco en el estómago y sonreí acercándome a ella. Me senté donde la doctora me indicó y Rose tomó mi mano.
―¿Lista? ―preguntó mirando a Rosalie con una sonrisa. Ella se limitó a asentir y entonces encendió la pantalla. Mientras le señalaba un punto tan pequeño como un maní, sentí que el hueco en mi interior se hacía más y más grande―. Este pequeño es tu bebé.
La doctora sonreía, Rose lloraba a mares por la emoción y yo estaba estática, mirando un punto tras la pantalla, intentando no romper en llanto o salir corriendo de ahí. Una vez fuera del consultorio, con un folder pequeño con las fotos del ultrasonido, decidí que no podía continuar con eso. Podía estar ahí cuando verdaderamente hiciera falta, pero no estaba lista para tomar el embarazo de ellas así de fácil. No sabía cómo le explicaría que no podría ir a todos sus ultrasonidos, ni seguiría acompañándolas a las tiendas para buscar ropa de bebé. Así que antes de hablar me daría un respiro y conversaría con otra persona, no quería lastimar a Rosalie con mis palabras. Llegamos frente a mi casa, donde pasaría el resto del día.
―Debo ir a hacer unas cosas, volveré en unas horas y traeré la cena, ¿sí? ―Ella sonrió y asintió. Entró a la casa mientras yo tomaba la carretera de nuevo con camino a un supermercado y luego rumbo al rancho.
Una hora más tarde, estaba sentada en la cajuela de la camioneta de Edward, con él a mi lado y bebiendo un par de cervezas mientras el cielo comenzaba a llenarse de estrellas.
―Jamás pensé que Rosalie sería mamá, quiero decir, es agradable y bastante simpática, pero no parece la clase de chica que quisiera ser madre ―murmuró el cobrizo a mi lado recargado en la esquina de la cajuela.
―No estás ayudando en nada ―respondí poniendo los ojos en blanco. Él asintió y tomó otro sorbo de su cerveza.
―Bien, ¿de qué quieres hablar entonces?
―Jasper le dijo a Alice que has estado saliendo con alguien ―murmuré quizás más curiosa de lo que hubiera querido―. Me alegra que lo estés intentando.
―Solo fue una cita y porque tú prácticamente me estás obligando a salir con otras personas ―respondió y sonreí divertida.
―Seguro fue divertido. Las primeras citas siempre lo son, todos los nervios y la necesidad de parecer encantador. ―Puso los ojos en blanco y me reí aún más.
―Es como una década menor que yo, intenté encontrar algo en común, pero… ¿qué podría tener en común con una chica que tenía diez años cuando yo estaba ya a cargo de un rancho y completamente loco por otra mujer? ―Dejé la botella vacía a un lado y sonreí apenas.
―Por favor, es una jovencita de veinte años que quiere que le enseñes todo lo que sabes hacer. ¿Me dirás que ni siquiera pensaste en traerla a pasar la noche? ―Terminó su botella mientras yo hablaba y rió al escuchar mi pregunta.
―La idea de traerla aquí era tan tentadora como la propuesta del chico a llevarte a su cabaña el fin de semana ―afirmó con una mirada divertida y tomando las últimas dos botellas del paquete que había traído.
―Si no hubieras llegado de macho posesivo, quizás podría haber aceptado ―murmuré sin creérmelo, mientras él destapaba las botellas, me tendió una con una mirada incrédula.
―Claro y le habrías enseñado un par de cosas a ese muchacho, ¿no? ―Me miró divertido, bebí de mi botella y él soltó una suave carcajada.
―Quizás, quiero decir… un fin de semana puramente sexual con un hombre joven no me vendría mal ―murmuré sin mirarlo realmente.
―Tú no soportarías hacerlo más de dos veces con un tipo que no sabe lo que hace. ―Lo miré con el ceño fruncido.
―¿Qué se supone que quiere decir eso?
―Puedes mentirle a quien quieras sobre lo que te gusta en la cama, a todos menos a mí. Odias que te traten como si fueras a romperte, detestas que te pregunten tonterías cursis durante el proceso, no soportarías a un tipo al que tuvieras que enseñarle cómo hacerlo. ―Bufé apenas terminó de hablar y él sonrió. Ambos nos llevamos nuestras respectivas cervezas a la boca.
―Es diferente. A mi edad ya no quiero un tipo indeciso a mi lado. Se supone que los hombres disfrutan enseñándole a una chica como es el sexo ―murmuré enfurruñada.
―No quiero pasarme la siguiente década enseñándole a una chica sobre el sexo. Aparte de que no tengo la paciencia que tenía hace años. Y no lo necesito, tengo a una chica que es todo lo que busco como una compañera de habitación y tengo a mi favor que también amo a esa chica, así que es todo el paquete y me ahorro diez años de aburrido y decadente sexo ―explicó con tranquilidad.
Nos quedamos en silencio por unos minutos y la noche cayó por completo sobre nosotros, él se acomodó con las piernas estiradas en medio de la parte trasera de la camioneta y yo me recosté con mi cabeza sobre su regazo.
―¿Por qué dejamos de hacer esto? ―pregunté en un susurró, mirando el cielo mientras él acariciaba mi cabello.
―Cada uno comenzó a tener otras prioridades, hasta que lo dejamos de lado ―murmuró bajito.
―Si los resultados nos mostraran que soy estéril, ¿pensarías mejor lo del trato? ―cuestioné verdaderamente interesada en ello.
―Y si yo soy el estéril, ¿lo harías? ¿Ni siquiera lo pensarías y faltarías porque no puedo darte un hijo? ―reformuló mi pregunta.
―No. ―Suspiré.
Los siguientes tres meses fueron una montaña emocional. Rosalie seguía llegando a mi casa de improvisto, las náuseas se habían esfumado en ambas, pero ahora todo era llorar y llorar por cualquier cosa, comer cosas que me hacían querer vomitar y Alice peleaba con Jasper más de costumbre y siempre terminaba en mi casa pasando la noche. Aun así tuve tiempo para lograr armar el baby shower para ellas, querían tenerlo juntas y aunque me ayudaron tanto como pudieron, una a punto de cumplir los cinco meses y la otra con siete meses no eran de mucha ayuda.
Era una pequeña fiesta en el jardín de Alice, con muchas mujeres emocionadas esperando que anunciaran qué sería cada uno de los bebés, mientras yo me había despertado a la seis de mañana para tener todo listo. Estaba en un punto en que habría preferido tomarme la tarde, al igual que Jasper, para tomar algo acompañada de amigas, no embarazadas de preferencia.
Resultó que ambas tendrían niñas, así que podía imaginarlas las siguientes semanas, hasta el parto de Alice, recorriendo tiendas tras tiendas de ropa para bebés, comprando cantidades excesivas de vestidos y yo intentando seguirles el paso.
Dos días antes, mi madre me había pedido que fuera a pasar unos días con ella, y ahora me parecía más tentadora la oferta. Una semana entera sin todo ese mundo de bebés me sonaba maravilloso.
Aún no tenía idea de quién era el padre del bebé de Rose, ella decía que lo sabía, tenía el nombre y dirección del chico, pero no lo quería en su vida. Ella no era de las mujeres que se casaban y tenían una gran familia, tendría al bebé, llamaría al papá, le daría la opción de darle su apellido y ser parte de su vida, pero nada más, entre ellos no habría nada. Había respetado su decisión, pero cuando sus explosiones sentimentales me despertaban de madrugada, me daban ganas de conseguir el número del tipo en cuestión y decirle que fuera por la loca mujer que había dejado embarazada y lidiara con sus cambios de humor o ir a su casa y lanzarle una caja de condones a la cara. Ambas me parecían opciones razonables a las dos de la mañana mientras Rose lloraba como María Magdalena y no me dejaba descansar.
Para San Valentín pasé la noche viendo una estúpida comedia romántica y disfrutando los preciosos treinta minutos de relajación antes de que llegara Alice llorando porque Jasper le había regalado chocolates. No estaba entendiendo del todo qué era lo su esposo había hecho mal, pero había aprendido que era mejor estar de acuerdo con ellas en sus momentos de drama.
Estaba agotada, necesitaba dormir al menos ocho horas seguidas y pasar un día entero sin soportar a una de las dos metidas en mi casa. Era paciente y educada, pero estaba llegando a mi límite, yo no era quien las había embarazado, no se suponía que lidiara con todos sus cambios de humor y demás síntomas. Yo ni debería sentir que estaban embarazadas, era solo una amiga. Suponía que lo sentía más pesado por el hecho de que eran las dos al mismo tiempo, me sentía El Padre de la novia, corriendo para atender a dos mujeres embarazadas.
Así que esa tarde tomé mi auto, conduje hasta la ciudad, apagué mi celular y pasé el mejor día en meses. Estuve en un spa maravilloso, con masajes, sauna, tratamientos y demás cosas, además pasé la noche en un bonito hotel. Al menos esperaba que ese día me diera fuerzas para los dos meses siguientes, con una de ellas dando a luz, todo se aligeraría, pero no sabía lo que venía con ese nacimiento.
Aprovechando el tiempo libre y el momento alejada de todo, decidí ponerme a meditar seriamente sobre los pros y los contras de volver con Edward.
Durante las últimas semanas nuestra comunicación y relación había mejorado. Ahora que conocíamos lo que el otro pensaba realmente sobre nuestro pasado, todo era más fácil, pero no sabía qué tan fácil era superar una infidelidad, entendía qué lo había llevado a hacerlo, pero eso no borraba lo que había hecho.
Comencé a anotar cada punto que me venía a la mente, terminando con solo dos cosas escritas al final de la hoja, alejadas del resto de puntos que había tachado o sobrepuesto. De un lado, la falta de confianza. Y del otro, los sentimientos que aún nos unían.
Edward POV
Esa tarde había recibido a Jasper en el rancho, ya que en su casa estaban festejando la llegada de su hijo y del bebé de Rosalie, y al parecer los hombres estaban vetados de la fiesta.
Estábamos en el porche de la casa, mirando el lugar sin mucho interés. Después de lo que había escuchado de él y Emmett hablando en la ferretería meses atrás, me costaba contarle algo que tuviera que ver con Isabella, porque sentía que iría corriendo a contárselo a su cuñado y mis días últimamente giraban en torno a ella, de manera indirecta quizás, pero cualquier cosa que tuviera para decir la incluía al menos un poco, así que me limitaba a escucharlo hablar.
―Ha sido el invierno más largo de mi vida. Afuera helaba y en casa teníamos puesto el aire acondicionado. Creo que no me he quitado esta chaqueta desde principios de noviembre ―comentó sonriendo genuinamente, algo que Jasper solía hacer era encontrar lo divertido en medio de lo malo.
―No entiendo, ¿por qué tienen el aire acondicionado encendido en invierno? ―pregunté confuso, ahora ya estábamos a inicios de febrero y su esposa estaba a solo dos meses de dar a luz por lo que tenía entendido.
―Alice tiene bochornos o algo así. He evitado preguntar, lo intenté una vez y me gritó por no estar al tanto de todo y se fue a dormir con Bella. ¿Sabías que la casa de tu ex esposa es como el punto de reunión de las embarazadas? ―Hice una mueca y él sonrió divertido recargándose en el pequeño barandal de la entrada.
―Sabía que Rosalie pasaba bastante tiempo ahí, pero no tenía idea de que Alice también lo hacía. ―Bella me había puesto un poco al tanto de lo que sucedía con Rose en su casa las veinticuatro horas del día hacia unos meses, cuando ambas iban en la primera fase de sus embarazos.
―Creo que volverán loca a Isabella, no sé cómo lo hace, yo solo tengo que lidiar con los cambios de humor y demás síntomas de una de ellas y no es nada fácil, no me imagino cómo se sentirá ella que las soporta en su casa. Quiero decir, ella no tendría que hacerlo ―murmuró con simpleza―. Si siguen así, le quitarán las ganas de ser madre algún día.
―Bella es la clase de chica que estará ahí si la necesitan. Así que dudo que les diga algo sobre su estadía en su casa ―expliqué recargado en la esquina del barandal.
―¿Y tú? ¿Cómo has estado con lo de Isabella?
Sabía que lo preguntaría en algún momento, pero no quería hablarle sobre lo que teníamos o no, porque no estaba seguro de a quién le sería leal en esa lucha por tener a Bella. No estaba seguro tampoco de si el hermano de Alice seguía en la batalla, pero no quería ser el idiota que le hacía saber que ella tenía dudas sobre nosotros, es más que ni siquiera teníamos un "nosotros".
―Bien ―murmuré sin intenciones de decir otra cosa.
Él me miró con una ceja levantada y se estiró mirándome con curiosidad.
―¿Por qué siento como si estuvieras enojado conmigo? ―preguntó cruzándose de brazos.
―Quizás los cambios de humor de tu esposa ya te hacen creer que todos los tenemos ―murmuré con fingido desinterés.
―No. En realidad estás molesto conmigo, pero no entiendo por qué. ¿Es porque le conté a Alice que saliste con otra chica? Ya te dije que no creí que fuera algo malo. ―Lo miré fijamente y suspiré.
―¿Desde cuándo sabías que tu cuñado estaba interesado en mi esposa? ―pregunté con cierta severidad, como si lo estuviera acusando.
―Lo sabía ―murmuró poniendo los ojos en blanco―. No lo sé, lo comentó después de conocerla en la universidad ―añadió como si no entendiera.
Bufé molesto y fue mi turno de poner los ojos en blanco.
―¿Y no pensaste en decirme que el tipo que se la pasaba metido en la habitación de mi novia estaba también intentando meterse en su cama? ―pregunté con una ceja alzada.
―Bueno, primero cuando lo supe tú y yo apenas nos conocíamos. Después Emmett dijo que no intentaría nada, entendía que ella estaba saliendo contigo y ella jamás lo notó, así que no veía el punto de decírtelo ―respondió con la maldita tranquilidad que lo acompañaba a donde quiera que iba, odiaba eso.
―Él vino aquí solo a querer meterse con mi esposa…
―Ella ya no era tu esposa. Te recuerdo que la dejaste porque te estabas acostando con una cualquiera. ―Lo fulminé con la mirada.
―Sabías lo que ella era para mí. Sabías todo lo que había pasado antes de mi infidelidad entre nosotros. Creía que éramos amigos y apenas terminé con Isabella lo llamaste para que viniera corriendo a hacerse el príncipe azul con ella.
―Eso no fue así. Yo no le dije nada, se enteró por mi esposa. Y creí que tú ya no tenías ningún interés por regresar con Isabella. No lo noté hasta la noche de la fiesta en mi casa, si fuera la clase de persona que crees que soy, le habría dicho a Emmett todo lo que tú y ella pasaron, lo habría animado a quedarse aun después de que ella le dejó en claro que no quería nada con él. Pero no lo hice porque eres mi amigo, Edward. Sé perfectamente que la amas, tanto como ella te ama a ti y si tuviera que elegir a alguien para estar con la mejor amiga de mi esposa, elegiría a mi mejor amigo y a la persona que sé la haría feliz aun después de todas las tonterías que ese idiota hizo. ―A veces olvidaba lo que era hablar con alguien preparado para tener una respuesta a cada cuestionamiento que le hiciera.
―Entonces, ¿por qué lo animaste a que la conquistara?
―Yo jamás hice eso ―respondió con tono ofendido.
―Los escuché hablando en la ferretería hace meses, prácticamente le pedías que fuera tras ella.
Él me miró con el ceño fruncido y algo pensativo, como intentando recordar lo sucedido aquella tarde.
―No lo animé. Le pregunté sus intenciones y le dije que ella estaba disfrutando su soltería. Edward, sé que nuestra amistad comenzó porque ellas eran amigas y teníamos que hablar por ello, pero han pasado diez años. Jamás he sido la clase de persona desleal que le conseguiría nuevo novio a la ex esposa de mi mejor amigo.
Lo miré fijamente y luego solté el aire dentro de mi pecho. Quizás estaba siendo algo melodramático, pero todo lo que tenía que ver con ella era un punto sensible y, a veces, cuando luchas por el amor de tu vida, necesitas a las personas que son tus amigos cerca de ti y no a personas que solo te empujarán a alejarte de aquello que te hará feliz y para mí mi felicidad era estar con ella.
Recargué mis codos en el barandal y decidí confiar en él.
―Hicimos un pacto. Seis meses más separados. Entonces, cuando se cumpla un año de nuestro divorcio, nos encontraremos en un lugar. Si ambos llegamos lo intentaremos de nuevo, dejando todo el pasado atrás, si solo uno de nosotros aparece todo habrá terminado y no volveremos a hablar del tema ―murmuré sabiendo que dándole esa pequeña información él entendería que confiaba en sus palabras.
―No me imagino qué hiciste para convencerla, pero es un buen primer paso. ¿Qué harás para que ella vaya el día de la cita?
―Seguir sus reglas. Dijo que no podía haber nada romántico entre nosotros y que debía intentar salir con otras personas. Por eso salí con esa chica hace semanas. Pero creo que estoy progresando, ella ha venido más aquí y hemos hablado bastante. Quizás con suerte ella se dé cuenta que podemos resolverlo.
―Espero que así sea, Edward. Por los dos.
―Yo también… Yo también…
El padre de la novia 2 es una película muy divertida, si no la han visto, trata de un hombre cuya esposa e hija están embarazadas al mismo tiempo y por cuestiones de la vida le toca cuidarlas a ambas por un tiempo y vive casi como Bella corriendo de aquí para allá.
Gracias por leer y continuar conmigo hasta estos los últimos capítulos :3
¿Quién será el padre de Rose? Creo que eso se ha vuelto el dilema de estos capítulos jajajaja
Nos leemos el próximo lunes :)
