"Nacimientos y renacimientos"

Capítulo beteado por Flor Carrizo, beta de Elite Fanfiction

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Bella POV

La semana siguiente me tomé unos días para ir a visitar a mi madre, así que por siete largos y perfectos días pude evadir todo para centrarme solo en mí. Mi mamá estaba enterada de todo mi divorcio y le había puesto al tanto de nuestro trato, hasta ahora era la única que sabía, al menos la única a quien yo le había contado.

Había sido bastante relajante pasar un tiempo lejos, también me había propuesto que al llegar hablaría con mis amigas sobre sus llegadas inesperadas a mi casa y así lo hice. No les había contado todos los detalles de mis intentos de quedar embarazada, pero sí una gran parte de ello para que pudieran comprender la situación en la que estaba. Ambas lo habían comprendido mejor de lo esperado y sus visitas a altas horas de la noche habían disminuido.

Rose me dijo que, en la semana que no estuve, habló con el padre de su bebé. Al parecer, el estaba enterado desde unos dos meses atrás, pero Rosalie le había dado un tiempo para pensar qué haría. Ella estaba segura de que no quería casarse o formar la típica familia con ese hombre, si no se veía en el papel de madre, en el de esposa mucho menos. Sin embargo, el hombre misterioso sí quería sentar cabeza con ella y ya tenía todo planeado para ellos, quería que se fuera a vivir con él, que se casaran y ella podría dejar de trabajar si lo deseaba, pues él se haría cargo de todos los gastos. Así que estaban teniendo bastantes roces sobre el tema. Alice quería empujarla a que accediera, al menos como una prueba, para que lo intentaran por la pequeña que venía en camino, en mi caso intentaba mantenerme al margen de todo el tema, no se suponía que fuera mi decisión.

Con Edward hablamos poco en esas semanas, decidimos que nos haríamos los análisis juntos, pero todo sería después del gran día, pues entonces podríamos tener una mejor perspectiva de qué queríamos saber y qué haríamos a futuro. Por lo que sabía, él había salido un par de veces con una mujer de la que desconocía su nombre, Jasper había jurado guardar silencio y no le contaba nada a Alice sobre ello y una parte de mí estaba volviéndose loca al no saber nada. Sabía que yo le había pedido que lo hiciera, pero no creía en ese momento que me afectaría como lo estaba haciendo. Tampoco me estaba muriendo de celos o tenía la necesidad de investigarlo, pero la curiosidad se había sembrado cuando Jazz se negó a hablar y mis dos mejores amigas, con las hormonas por los cielos, habían decidido dar con la mujer a como de lugar.

Yo había decidido dedicar mi tiempo libre a arreglar la única parte de la casa que seguía como antes, el patio. Era un bonito espacio que solo necesitaba algo de ayuda, así que comencé a plantar nuevas flores, quitando las malezas, limpiando y cortando el pasto. Era mi proyecto para distraerme.

Así pasaron los últimos días de febrero y todo marzo y, cuando menos lo esperamos, Alice entró en su último mes y Jasper se volvió su sombra. Era tierno verlos juntos, él preocupado y ella jurándole que todo estaba bien.

Los primeros días de abril fueron tranquilos y con un clima maravilloso, estaba algo nerviosa pues faltan unas semanas para nuestro ansiado día y una parte de mí entendía a qué se refería Edward, ese miedo a que uno de los dos no llegara y quedarse ahí esperando algo que no va a pasar. Suponía que debía ser porque estaba tan segura de que él llegaría que ni siquiera había pensado en la posibilidad de ser la única ahí, pero con sus recientes citas todo podría cambiar.

Mientras ponía unas cuantas rosas rojas y blancas en la orilla del jardín, Rose me ayudaba a cortar pétalos ya secos de los rosales antes de ponerlos en la tierra. Habíamos pasado una agradable mañana juntas, me había contado que el padre de su pequeña quería ir a los últimos ultrasonidos y ella no estaba segura de quererlo ahí, porque era demasiada intimidad.

―No entiendo a qué quiere ir, le he mandado todos los ultrasonidos, no hay gran diferencia a que los vea en su casa a que los vea conmigo ―murmuró enfurruñada haciéndome reír.

―Es el padre, Rose. Quiere vivir la experiencia completa, aunque ustedes no vayan a ser nada, van a tener que aprender a compartir esa clase de cosas, como padres divorciados. Créeme, es mejor que tengan eso juntos a que cada uno tenga un tiempo por separado, mis padres lo hacían así y había Navidades en que no veía alguno ―respondí con seguridad acomodando el último rosal que me había pasado.

―Pero podríamos esperar un poco más, hasta que nazca. Lo cual es otro problema, porque él quiere estar ahí cuando nazca, ¿para qué? ¿Acaso es un médico experto? No que yo sepa. ―Sonreí divertida, me levanté del pasto, me quité los guantes, que evitaban que me llenara las manos de tierra, y me senté a su lado.

―Son las cosas que hacen los padres, Rosalie. Mira a Jasper, no deja ni a sol ni a sombra a la pobre de Alice. Se preocupan y son cosas que no pueden controlar, así que se alteran aún más. ―Ella suspiró y asintió aunque no creía que lo dejara entrar a la sala cuando naciera la pequeña―. Y ya que hablamos del hombre misterioso, ¿me dirás algún día su nombre o tendré que esperar a que mi sobrina me lo presente en su boda? ―añadí sonriendo.

―Te lo diré, lo prometo. Solo aún no estoy lista. Puedo decirte cómo es ―exclamó con tranquilidad. A veces me preguntaba si ese hombre le había pedido que no dijera nada o si ella lo había decidido sola.

―¿Entonces lo conozco? Y me encantaría saber cómo es, al menos me dará una idea de cómo se verá mi sobrina. ―Sonrió y acarició su vientre con dulzura.

―Bueno es guapo, rubio, tiene ojos azules, su manera de caminar es francamente digna de ver. Pensaba que era como yo respecto a las relaciones, pero por lo que descubrí recientemente es todo lo contrario. Esto quizás sea muy íntimo, pero tiene un tatuaje a lo largo de su espalda que es condenadamente sexy, eso y sus agiles manos, largos dedos y su bien dotada anatomía. Amiga, él es la sensualidad en persona. ―La miré con una sonrisa de lado y completamente divertida con su descripción del hombre en cuestión.

―Y yo que creía que no querías nada con él. Ahora tengo mis dudas, Rosalie ―bromeé riéndome sin poder contenerme.

―No quiero nada serio con él, pero estoy abierta a otras cosas. ―Me reí aún más con su comentario y ella sonrió descaradamente.

La semana pasó volando y mientras marcaba los días en el calendario, los nervios me alteraban más y más. Aunque ya no cargaba con tantas cosas, sí me ponía nerviosa el embarazo de Alice, todo podría complicarse en algún momento. Creía seriamente que mi miedo tenía que ver con que Jasper nos había puesto a todos temerosos con su lista de cosas que podrían salir mal. Por otro lado me preocupaba Rose y su situación con el hombre misterioso, no estaba segura de cómo terminarían o si llegarían a un acuerdo antes de que su pequeña naciera. Y finalmente Edward, la cúspide de mis nervios y miedos, todo se definiría muy pronto y mientras más miraba la fecha marcada, más alterada me ponía.

El jueves trece de abril, toda la oficina salió corriendo al hospital cuando la pequeña jefa castaña comenzó labor de parto en medio de una junta a la que, por más que su esposo le había dicho que no fuera porque ya estaba de reposo, ella se había negado a faltar. Así que en medio de uno de los puntos expuestos por uno de los miembros de la firma, solo vimos los ojos de Alice abrirse como platos y luego a Jasper salir corriendo con su muy embarazada esposa a su auto. Mientras todos habían decidido ir directo al hospital, yo me había ofrecido para llevar la maleta de Alice, así que fui a su casa antes de ir con ellos. Durante el camino llamé a Rosalie para avisarle, luego a Edward y finalmente a Emmett, pues a pesar de todo ella era su hermanita y seguro querría estar ahí cuando su sobrino llegara al mundo.

En la sala de espera estaba una cuarta parte de los empleados, en general las amigas de Alice y los colegas de Jasper, el resto se había tomado la tarde. También estaba una muy molesta Rose, que odiaba las sillas de la sala y prefería caminar de un lado a otro para calmar los nervios. Mientras yo había conseguido un café y esperaba a que nos dieran noticias. Después de un par de horas las personas empezaron a irse, pues eran pasadas las once de la noche y al parecer no estaba ni cerca de terminar, fue entonces que apareció Edward.

―Hola ―murmuró acercándose y besando mi mejilla. Sonreí amablemente y él se sentó a mi lado―. ¿Han sabido algo? ―preguntó mirando a Rosalie que caminaba de un lado para otro, no sabía cómo no se había cansado.

―Nada aún, Jasper salió hace un rato para avisar que lo más probable era que no naciera el día de hoy porque ha dilatado poco, pero que el médico dijo que no había ningún riesgo, les darán un tiempo más y en caso de que pase más de lo necesario, harán una cesárea de urgencia ―expliqué con un suspiro y me recargué en su hombro. Estaba cansada después de tantas horas ahí.

―Bien. Entonces mientras esperemos… Podríamos ir a comer algo a la cafetería, seguro desde que llegaste no has comido nada ―murmuró pasando su brazo por mis hombros y dejando que acomodara mejor mi cabeza sobre su pecho.

―Me gustaría comer algo mejor que la comida de hospital, pero no puedo irme de aquí hasta que no me digan que ella y la bebé están perfectas ―murmuré con cansancio.

―Podría conseguirte algo, iré en la camioneta y volveré lo antes posible. ―Asentí y, cuando iba a contestar, la voz de Rosalie me interrumpió.

―No quiero romper su burbuja, par de tórtolos, pero ¿alguno pensaba ofrecerle a la mujer embarazada de la sala traerle algo? ―preguntó enfurruñada. Sonreí escondiendo mi rostro en el pecho de Edward a punto de soltar una carcajada y él sonrió de igual forma.

―Lo siento, Rosalie. ¿Te gustaría que te trajera algo? ―cuestionó Edward y ella asintió casi emocionada, pero mientras ella decía las cosas que quería, la cara de Edward se volvió más y más confundida.

―Quiero un helado de mantequilla con chispas, aparte de mi pizza con anchoas y mi pasta con queso de cabra. ―Todo aquello quizás no sería tan malo por separado, pero pensar en todo combinado me daba náuseas.

―¿El helado de mantequilla existe? ―preguntó con el ceño fruncido y me reí.

―Creo que podría acompañarte, será más rápido y si algo pasa Rosalie nos llamará. ―Ella asintió como confirmación de que nos mantendría al tanto, nos pusimos de pie y salimos del hospital para buscar lo que Rose quería.

―Es curioso, justo así me imaginaba la primera vez que tuviera que cumplir con el antojo de una mujer embarazada. ―Lo miré confundida―. Pensé que llegado el momento te molestaría que no pudiera aprenderme todo lo pedido y terminarías yendo conmigo a altas horas de la noche para surtir tus antojos. ―Sonreí un poco y asentí.

―Yo imaginaba que me encontrarías asaltando la alacena en medio de la noche ―respondí con una sonrisa sencilla y sincera.

Entramos a una plaza en busca de algún lugar abierto, pero todo estaba cerrado, así que terminamos en un supermercado que abría las veinticuatro horas. Tomamos varias cosas y el helado de Rosalie. De regreso al hospital él me prestó su chaqueta, pues habíamos decidido ir a pie y la brisa empezaba a ser más fría.

―Mientras venía para acá, pensé que quizás podríamos hacernos los análisis, tardan un tiempo en entregarlos, así que estarán listos para el día de nuestra cita ―comentó como una posibilidad. Suspiré y asentí, aunque no le di una respuesta clara a la proposición.

Caminamos hasta la sala de espera y cuando estábamos cerca, escuchamos a Rosalie discutir con un hombre y aunque tardé unos segundos en reconocer su voz, no me quedó una duda de quién se trataba.

―Ya te dije que no es tuyo. Ni siquiera tuvimos sexo, te emborrachaste en mi sala y yo ya estaba ebria esa noche, así que me fui a dormir y tú dormiste en el sofá, no pasó nada ―exclamó Rosalie con un tono que no dejaba dudas de que estaba furiosa y a punto de mandarlo por donde había llegado.

―Cuando desperté estábamos desnudos, que te movieras a la habitación no quiere decir que nada pasó. ―Ella puso los ojos en blanco y Emmett Brandon la miró molesto, ni siquiera sabía que ellos dos se habían visto después de la fiesta, pero al parecer habían tenido una noche de copas juntos.

―Yo siempre duermo desnuda y tú eres un raro que estando ya ebrio decide desnudarse en casas ajenas. Eso no te hace el padre de mi hija. Mi bebé tiene un padre y él está enterado, no es tuya ―reafirmó cruzada de brazos y entonces pasó al lado nuestro un hombre rubio al que curiosamente también conocía y que hasta ese momento no había relacionado con la descripción que ella me había dado sobre el padre de su hija.

―Oh por Dios ―exclamé sorprendida cubriéndome la boca y Edward me miró confundido.

―¿Sabes qué pasa? ―preguntó mirando la escena que se desarrollaba frente a nosotros.

―Bueno, por lo que acabamos de escuchar, Emmett y Rose fueron a beber juntos y de alguna forma terminaron en su casa. Pero el padre del bebé de Rosalie acaba de llegar ―susurré sin poder dejar de mirar, era como ver una novela en toda su expresión.

―James, gracias a Dios apareces, ¿traes lo que te pedí? ―preguntó Rosalie mirándole con una sonrisa educada. Él puso los ojos en blanco pero asintió.

―Me parece que esto sería más divertido si en lugar de tratarme como un repartidor de comida, me dejaras vivir contigo y hacerme cargo de nuestra hija. Aparte de ti, sé que te gusta cuando lo hago ―murmuró mirándola descaradamente. Era como ver a Rosalie en versión masculina, rubio, atractivo y con la libido por las nubes.

Emmett hizo un ruido con la garganta, para dejar en claro que había alguien más ahí, y Edward se rió llamando la atención de todos. Al sentirme observada por las tres personas frente a nosotros me sonrojé y, antes de poder decir algo, Edward tomó mi mano y me llevó a donde estaban.

―Sabes, Rosalie, si ibas a mandar a tu novio a traerte comida nos hubieras avisado ―murmuró Ed con una sonrisa tranquila, le dedicó una mirada a cada uno de los presentes, pero él y Emmett se observaron por más tiempo del necesario.

―No es mi novio. Es solo el padre de mi hija ―respondió ella tomando asiento para abrir lo que el padre de su hija le había traído―. Y no deberías quejarte, James. Yo la cuido las veinticuatro horas del día, te toca cumplirle sus antojos.

―Dudo que mi hija sepa lo que son las anchoas ―murmuró él sentándose al lado de ella mirándola fijamente.

―¿Ahora me crees que no es tuya? Te dije que mi bebé tenía un padre y él estaba enterado ―añadió rápidamente Rosalie ignorando el comentario de James. Emmett bufó y caminó hasta sentarse alejado de nosotros.

―¿Cómo ha estado mi bebé todo el día? ―preguntó James ignorando todo lo sucedido y acariciando el vientre de Rose con devoción.

―¿Cuándo pasó esto? ―pregunté sin poder guardarme la curiosidad un momento más.

―Pues hace meses, cuando Alice nos presentó en la cena antes de su fiesta de compromiso. Digamos que hubo química y luego no volvimos a vernos hasta que nos encontramos en un bar hace meses y creamos a esta pequeña bolita ―explicó de la manera más tierna el rubio platinado del que Rosalie me había dado demasiada información como para volver a verlo igual que antes.

―¿Por qué no puedes hablar como un hombre normal? Tuvimos sexo estando ebrios y se nos rompió el condón, no tuvimos química, deja de hacerle creer a todos que estamos enamorados ―exclamó Rose y él soltó una carcajada.

―¿No se ve tierna cuando se enoja?

―Juro que voy a matarte, James. ―Mientras ellos peleaban, Jasper salió de a la sala y sonrió con completa alegría.

―Ya nació, es una preciosa bebé de tres kilos y medio.

Esa noche no nos dejaron pasar a verlas, pero a la mañana siguiente todos rodeamos a la pobre pequeña y no nos fuimos de ahí hasta que todos la habíamos cargado. Al final se quedaron solo Jasper y Alice con su hija, pues queríamos darles espació para disfrutar su momento.

Las semanas siguientes a eso me enfoqué completamente en el trabajo y en mi decisión ya tomada sobre si iría o no el día de nuestra cita, tenía claro lo que haría y me sentía finalmente tranquila con el tema.

Rose, si bien no se había mudado con James, si habían llegado a un acuerdo en que él pasaría los últimos dos meses en su casa por si ella lo necesitaba o si entraba en labor en medio de la noche.

Finalmente mayo llegó y todos asistiríamos al bautizo de la pequeña Louis Whitlock Brandon, pero antes tenía un lugar al que asistir.

Edward POV

Me había puesto el traje para el bautizo y estaba listo para salir, aún faltaban unas horas para la misa y todo el trámite, pero antes de la ceremonia tenía algo más importante y que definiría el curso de todo lo que seguiría desde ese día. Mi cita con Bella. Finalmente habíamos acordado un lugar, el mirador donde habíamos tenido nuestra primera cita casi once años atrás.

Tenía un ramo de flores listo y el regalo para Louis en la parte trasera de la camioneta, al llegar tuve que repetirme varias veces que aún faltaban un rato para la hora acordada, pero mientras el reloj avanzaba me ponía más y más nervioso. Una vez dio la hora pactada empecé a temblar y mis manos se sentían húmedas, casi sentía que estaba teniendo un ataque de pánico; solo era un minuto tarde, pero yo sentía que habían pasado tres horas.

Algunos autos pasaban por la carretera y las personas me miraban como si estuviera loco por estar ahí parado. Mientras más pasaba el tiempo, peor era la sensación, ni siquiera iban cinco minutos pero yo estaba haciéndome ideas de que ella no llegaría. Justo entonces, mientras me imaginaba lo que sería verla en el bautizo y saber que solo yo había estado ahí, escuché un claxon detrás de mí. Me giré y antes de poder decir o hacer algo, los brazos de la única chica que quería ver estaban enredados en mi cuello y sus labios habían tomado posesión de los míos.

Unos segundos después, la levanté con mis brazos y sonreí como un maldito estúpido afortunado sobre sus labios.

―Llevo cinco minutos viéndote caminar en círculos, quería ver cuánto podías esperar, pero resultó que yo no quería hacerlo ―exclamó sobre mis labios y sonreí aún más.

―Habría esperado el día entero, Isabella. ―Me dedicó una sonrisa preciosa y enorme antes de tomar mi mano soltándose de mi cuello.

―Ya vamos tarde y tenemos que llegar al bautizo. ―Sonreí y la seguí como un idiota enamorado y aún incrédulo de lo sucedido.

Decidimos ir en mi camioneta y más tarde pasar por su auto, tomamos el camino a la pequeña capilla donde sería la misa y nos sonreímos mutuamente sabiendo que ese era nuestro nuevo inicio. Todo lo malo quedaba en el pasado, ahora éramos solo nosotros dos enfrentándonos al futuro.


HOLA :)

Preparándome mentalmente para que todas las que aun odian a Edward me maten jajajajaja

En fin ¿que les pareció? Yo les dije que el padre de la bebé de Rose era rubio y no quisieron creerme jajajajajaja

Todas pasaron por alto que ella y James se conocieron en la cena de Alice al principió de la novela, cuando Emmett apareció por primera vez *-*

Sobre Edward y Bella aun nos quedan cositas por resolver pero eso será hasta el 5 DE DICIEMBRE pues estoy terminando el semestre en la Universidad y me quedan exactamente dos semanas, así que los últimos dos lunes de noviembre no habrá actualización, pero no se asusten, la novela de que tiene final, tiene final.

Les cuento que ya tengo otras dos historias preparadas, una se llama "Cicatrices" y la otra "Perdiéndote" les dejo las sinopsis aquí abajito y me encantaría me dijeran cual quieren leer antes. La primera es un OS y la segunda una historia larga pero más corta que está ;)

Gracias por leer y nos leemos el 5 de DICIEMBRE :3

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"Perdiéndote"
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Bella era joven, inocente e inexperta en las relaciones con tan solo 18 años, su madre era una mujer católica que le impedía siquiera acercarse a un chico si ella no estaba presente, toda su vida fue a un colegio de señoritas, así que sus posibilidades de conocer a un hombre eran mínimas.
Edward creció de la nada con la muerte de su padre, situándose al frente de las Empresas Cullen con apenas 25 años y sin ninguna experiencia aparte de sus estudios, su madrastra se dedicaba a gastarse la pequeña fortuna que su padre le había dejado, cuando estaba por terminarse el dinero aparecía en su casa y usaba la carta de haberlo cuidado como si fuera su hijo, aunque él sabía que era mentira, para sacarle dinero. Pero no le importaba darle un poco de dinero, mientras no tuviera que soportarla en la casa más de lo necesario.
El mundo de ambos choca 5 años después de la muerte del padre de Edward, Bella acababa de terminar sus estudios en literatura y sus amigas habían decidido sacarla del letargo que su madre le imponía llevándola a un club donde pudiera divertirse un rato, Edward rara vez iba a esa clase de lugares pero esa noche solo quería buscar una chica y pasar un noche agradable entre las sabanas.
Esa noche trajo consecuencias.
Una boda.
Un bebé en puerta.
Y dos personas que no congeniaban en nada.
Él no quería una esposa, no quería un hijo, incluso había mencionado la palabra aborto más de una vez, pero ahí estaba con ella durmiendo en su cama embarazada.
Desato toda su frustración contra la pobre castaña que apenas si entendía como comportarse en medio de esa locura, poco a poco la chica dulce que llego pago las cuentas que él se empeñaba en cobrarle, y cuando él aprendió a amar, ella olvido como hacerlo.

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"Cicatrices"

Durante cinco años estuvo casada con un hombre que lo único que le producía era miedo, terror si era posible, un hombre que dejo marcas por todo su cuerpo y un dolor psicológico que le era muy difícil dejar de sentir. Él era un maldito manipulador que la había aislado de todas las personas que una vez la amaron, hasta que ella no tuvo a nadie más y supo manejar la situación hasta que Isabella solo le tenía a él, cuando sentía que la joven estaba saliendo y viendo un destello de luz, la volvía a encerrar con confusos comportamientos que ella no podía comprender. Ahora él parece haber cambiado, pero un hombre que ha pasado media década enamorado de esa inocente castaña está decidido a que ella lo ame también, aun sin saber que está en una batalla que no solo se trata sobre el corazón de la joven, sino también su bienestar psicológico y físico.

¿Cómo borrar todos esos años de manipulación y engaños hasta que ella vuelva a confiar?