Hola queridos lectores,

Sé que estos últimos capítulos han sido un poco distanciados en tiempo de publicación, esto se debe a que por mi trabajo, no me queda mucho tiempo para escribir, además el desenlace se acerca por lo que hay que ponerle más empeño que nunca.

Este capítulo tiene una perspectiva diferente, espero les guste.

Por lo mientras ya estoy trabajando en el capítulo 18. Gracias por su paciencia.

También gracias por sus Reviews, y sus follows.

Pues a leer.


CAPÍTULO 17


Habíamos regresado de Kansai por la madrugada, como era bastante tarde Risa ofreció quedarme en su casa, como había pasado en ocasiones anteriores.

Mientras ella bajaba unas cobijas y unas almohadas, saque de mi mochila una foto donde Risa estaba en la Preparatoria. La había tomado a escondidas de su escritorio. Ahí estaba ella, con una gran sonrisa, sus amigas y, en aquel entonces, su novio. Ese muchacho alegre, vaya que ambos se veían felices.

-Listo- Risa entró a la habitación cargada con las cobijas por lo que no se percató de que me sobresalte y con bastante prisa guarde la foto.

-Gracias- dije, y me acerqué a ayudarla con la carga.

Sabía que habíamos hablado de mi pasado, de que la conocía desde hace años, pero ella no había soltado completamente los sentimientos encontrados que tenía hacia Otani.

-No pensé que fuéramos a llegar tan noche- dijo Risa revisando su maleta.

-Ni yo, y mañana hay que madrugar porque debo regresar al estudio.

-Yo en unos días debo regresar también- dijo con un suspiro.

Me senté en el sillón y le hice una seña para que ella se sentara a mi lado. Pase mi brazo sobre sus hombros.

-Gracias.

Ella me miró extrañada.

-¿Por qué me das las gracias?

-Porque me alentaste a entrar a este trabajo, si no me hubieras abierto los ojos, lo más seguro es que hubiera rechazado la oferta.- dije sin mirarla.

-Bueno, como te lo dije en esa ocasión no puedes dejar tus sueños. Ni siquiera por mi.

-¿Y si tú fueras mi sueño?- pregunté.

Me miró y yo reí.

-Estoy bromeando. Creo que será mejor ir a dormir.

Sabía en el fondo que no era una broma, había intentado construir mi futuro alrededor de Risa, pero aún no había una respuesta formal a la proposición dada. Cuando ella se quedó dormida, y lo supe porque dejó de dar vueltas en la cama, yo no podía pegar el ojo. Miraba el techo y después volteaba a verla. Me levanté en silencio y me hinque a su lado. Dormía profundamente, yo la contemplé.

¿En qué momento me había quedado dormido?

Al otro día, por la tarde, Risa me acompañó a la parada de tren, cuando arrancó comenzó a caminar siguiendo el curso agitando la mano. Yo también agitaba la mano, hasta que la perdí de vista. Cuando tomó velocidad, me senté en un asiento. El viaje a Tokio era largo, por lo que me ganó el sueño por no haber descansado bien una noche antes. Cuando desperté había frente a mí una muchacha. Ella iba viendo por la ventanilla, probablemente no se había percatado de que la miraba, me sorprendió que ella estuviera llorando en silencio.

Intenté ignorarla pero no pude, por lo que saqué un pañuelo de mi chamarra y se lo extendí. Ella me miró extrañada, pero no lo tomó.

-Las lágrimas nunca se ven bien en muchachas lindas como usted.- dije aun tendiendo mi pañuelo- Está limpio, por si eso es lo que le preocupa.

Ella seguía mirando el pañuelo, después de unos minutos lo tomó.

Se secó bruscamente las lágrimas y me lo devolvió.

-Puede conservarlo - dije amablemente - tengo varios de reserva.

La chica esbozó una sonrisa, pero inmediatamente se le inundaron de lágrimas sus ojos.

-Perdón- dijo la joven y se volvió a secar las lágrimas - Usualmente no lloro.

-No pasa nada, hay veces que ya no podemos aguantar más esa carga, y la única manera de desahogarnos es llorando.

-Lo sé, pero no sé si estas lágrimas son de dolor o de coraje- dijo la joven.

Callamos un momento, ella seguía viendo por la ventana, aunque no había mucho que ver, ya que había oscurecido y no se veían más que las sombras de los árboles pasar. Sin darme cuenta yo también me quedé viendo por la ventana.

-¿Y tú a dónde vas?- me preguntó al cabo de un rato la muchacha.

-A Tokio- respondí, quitando la vista de la ventana.

-Vaya, y ¿vas a trabajar?

-No sé si sea buena idea darte esta información - dije en tono de broma.

-¿Tienes miedo de que te siga y te secuestre?- ahora ella parecía divertida.

-No es miedo, es precaución- dije y ambos reímos.

-Yo soy profesora, o bueno a eso aspiro- dijo de pronto -Estuve viviendo un tiempo en Kyoto pero...-calló.

-Yo soy fotógrafo.

-waaa ¿de verdad?- se sorprendió la muchacha.

-Sí, trabajo en una revista.

-Tu vida ha de ser muy interesante. El viajar, capturar momentos especiales. Ah de ser muy bello.

-Yo siento que me gusta el pasado.

-¿Por qué lo dices?

-Las fotografías, no son más que momentos del pasado. Cuando vemos una fotografía estamos viajando al pasado a través de nuestros recuerdos o a través de los recuerdos de alguien más.

Seguimos hablando por bastante rato, la joven se veía más animada que al principio cuando lloraba en silencio. Cuando llegamos a la estación de Tokio era de madrugada, nos despedimos al bajar del tren.

La chica me detuvo a medio camino. Fue algo bastante extraño por lo que me quede mirando desconcertado.

-Bueno pues nos vemos, compañero de viaje. Gracias por escuchar las penas de una desconocida.

-No hay de qué, me dio gusto conocerte- me tendió la mano en forma de despedida.

-A mi también- dijo- aunque sabes, siento que te conozco de antes. Te me haces muy familiar.

-Te puedo apostar que no soy modelo- reí

-Bueno pues mucha suerte en tu trabajo. Espero que nos veamos nuevamente.

-Cuando quieras.

-Adiós- dijo y finalmente se marchó.

Creo que esos son los encuentros inesperados. Cuando llegue al hotel le hablé a Risa para decirle que ya había llegado.

-Pensé que llegarías antes- se escuchó su voz preocupada atrás de la bocina.

-Yo también lo pensé, pero de noche van más lentos los trenes.

-Tienes razón -dijo y se escuchó un bostezo. -Será mejor que vayas dormir.

-Sí, eso haré- guardo silencio un momento- También descansa y mucha suerte en tu trabajo.

-Gracias.- y antes de que pudiera decir algo más la llamada se había cortado.

Mi día laboral fue bastante entretenido, entre fotos y eventos a los que asistir cuando me di cuenta ya había pasado de medio día, durante el descanso de dos horas, decidí ir a darme una vuelta por la tiendas y por el parque. El calor abrasador de verano era cálido pero a la vez era bastante constante. En cuanto llegue a una tienda, vi que vendían helados, pero no cualquier helado, eran combinaciones exóticas de lo más extrañas. Mientras observaba las diferentes combinaciones me imaginaba a Risa eligiendo el más raro de todos. Reí para mi, y ordene uno de los helados. Rara mezcla. Cuando me entregan la bebida camino hacia el parque intentando refugiarme del sol.

Aun pensaba en todo lo que habíamos vivido Risa y yo en Kansai, sabía que el hecho de haberle revelado aquello que ocultaba nos había vuelto un poco más cercanos, aún así había algo que no la hacía convencerse de mi proposición. Saqué la foto que había tomado de su cuarto, ahí estaba ella, sonriendo feliz. Sus amigos también reían, en especial Otani. Él era un buen muchacho, sea lo que sea, pero aun así no podía sentir celos de él. Probé el helado, vaya que estaba sabroso, se veía extraño, si, pero estaba bastante rico.

Cuando ya casi había terminado el helado, alguien me tapó la visión. Cuando alcé la mirada me encontré con la chica del tren. Al parecer sonreía.

-Hola- saludo - dudé por un momento que fueras tu.

-Ah, hola.- dije y me recorrí para dejarle un espacio para que pudiera sentarse. -¿Cómo estás?

-Con mucho calor, vaya veo que has comido un helado, ¿lo compraste allá?- señaló la heladería, como asentí, sonrió de nuevo -voy por uno, no tardo.

Se levantó y se dirigió a la heladería. Bastante extraña esta muchacha. Cuando regresó, traía un gran helado que temía se cayera por el peso de las bolas encimadas. Mientras lo comía guardamos silencio, yo mientras observaba a la gente del parque: a los niños, los ancianos y las parejitas que caminaban tomadas de la mano.

-Para haber sido un helado gigante, te lo terminaste demasiado rápido- dije sonriendo, pero a la vez asombrado.

-Ya sé, en ocasiones mi novio me dice que parezco niño comiendo.

-Así que tienes novio.

-Si, pero por el momento estamos enojados- dijo, con un gran suspiro.

-En ocasiones es algo que no podemos evitar, yo también me he peleado con mi novia.- dije mirando la foto que aún tenía en la mano. -Pero lo más importante es la comunicación entre ustedes.

-Creo que ese es el problema. No tenemos la comunicación que deberíamos. Por eso me fui un tiempo de su casa, necesitaba pensar las cosas

-No creo que sea una mala persona.

-No lo es. Es solo que siento que aun no puede olvidar a su ex novia.

Vaya que familiar me resultaba este asunto

-Si, te entiendo

-Quiero creer cuando me dice que me quiere, pero a veces me resulta difícil hacerlo.

-Tal vez lo que necesitas es un poco de confianza en ti.

-Quisiera tenerla, pero si me comparo con ella, no soy compatible para nada con él.- guardó silencio un momento. -¿y qué tal tu novia? -preguntó mirándome con una sonrisa de complicidad.

-Pues bien, quiero suponer.

-No lo dices muy convencido.

-No lo estoy, por causa del trabajo estamos separados. Y no se si sea bueno dejarla sola.

-¿Por qué?

-Al igual que tú, su ex novio se ha vuelto un "problema"- hice un ademán con las manos de dos comillas. -Antes de que apareciera, todo iba de maravilla entre nosotros, en su cumpleaños le regalé un anillo de compromiso, pero a partir de ahí todo cambió.

La joven guardaba silencio.

-A veces quisiera que no hubiera aparecido de nuevo. Desde ese momento, nuestra vida se volvió un mundo de cabeza.

Guardamos silencio. Es probable que ambos pensáramos en nuestra situación.

-Debo regresar al trabajo.- Dije y me puse de pie - fue bueno saludarte.

-Ni que lo digas, ese helado sabía delicioso.

Caminé rumbo al estudio nuevamente, volteé sin querer y vi a la joven aun sentada en la banca del parque. Cuando llegué a la oficina, la olvidé fácilmente, sin embargo la recordé por la noche. Era casi increíble que una persona estuviera pasando por una situación parecida referente a su noviazgo. Sabía que quería confiar en Risa, pero no podía hacerlo al cien por ciento. Sentía que si seguía alejado de ella la iba a perder para siempre.

Por la noche tomé el celular, y comencé a buscar un mensaje, sin embargo me percaté que no me había mandado nada el todo el día. Eso me entristeció.

Presioné la tecla send y comenzó a sonar. Después de varios intentos comencé a pensar que no me iba a tomar la llamada.

-¿Hiro?- la voz de Risa se escuchaba del otro lado del teléfono, seria y un poco, apagada.

-Hola, ¿como estas? Pensé que no contestarías

-¿Por qué pensaste eso?- preguntó la joven.

-No, sé tuve ese presentimiento. ¿Cómo estás?

-Bien, me estaba quedando dormida. Ayer después de dejarte en la estación, pasé a una tienda de libros y me compré varios referentes a las nuevas modas de peinados y maquillaje. Estaba leyendo y me estaba quedando dormida cuando escuché el celular.

-Así que te quieres perfeccionar- inconscientemente, me di una idea de cómo podía estar en ese momento Risa.

-Solo mejorar, no es bueno quedarse con las tendencias pasadas, aunque a decir verdad me gusta mucho la moda de los setentas.

-jajajajajajaja- reí con intensidad. Risa cayó de repente -perdona, no quise ofenderte, es que llegó a mi mente una imagen de tí en los setentas.

-No es gracioso Hiroki- se escuchaba enojada, pero con cierto aire divertido. Si algo había aprendido de Risa, era a diferenciar sus estados de humor por el teléfono.-Pero bueno, cuéntame ¿Cómo te fue en el trabajo?.

-Estuvo algo tranquilo, pero yo creo que es porque vamos empezando.

-Ya verás que pronto comienza la diversión- aseguró.

-Eso espero, ¿tú qué tal?

-Me habló mi jefe, y me dio una noticia bastante impactante.

-¿Ah sí? y de qué se trata.

-Creo que será mejor decírtela en persona.

-Pero Risa, estoy en Tokio y no sé cuando nos volvamos a ver.

-Entonces tendrás que esperar hasta que nos veamos- dijo.

-¿Me vas a dejar con la duda?-insistí

-Sí - guardamos silencio -Bueno Hiro me tengo que ir, debo dormir porque últimamente no he podido descansar bien.

-Risa, espera. - como no escuché el tono de colgar, supuse que si me había escuchado.- ¿todo está bien verdad? - no hubo respuesta - ¿Risa?

-Claro que todo está bien, ¿Por qué no habría de estarlo?

-No lo sé, me siento intranquilo por algo.

-Es tu imaginación Hiro.

-¿Risa?

-Dime- callé, y no pude decir nada más.

-Nada, buenas noches.

-Buenas noches.

Sabía que las cosas no estarían bien estando separados. Sabía de antemano que mi inseguridad se haría más grande estando lejos de ella. Sabía de antemano que el amor que aún tenía por él, nunca se va a comparar por el cariño que me tiene.

Todas esas respuestas a preguntas sin fundamentos, me estaban matando día a día. Lo que me hacía ser frío, y desconfiar de cada palabra bien intencionada que me decía Risa. Y como todo llegó su límite.

Caminando hacia el mismo parque, sonó mi celular. Cuando vi que era Risa, en vez de alegría me dio un poco de enojo. Dejé que sonara, más de la cuenta.

-¿Si?

-Hola Hiro, ¿estás libre?

-Ah, Risa.

-Hola si, soy yo.

-¿Estás libre?

-Ah, mmm, no, ando un poco ocupado, pero dime qué necesitas.

Yo seguía parado a medio parque, la gente pasaba y me evitaba, en ocasiones decían expresiones de inconformidad.

-Hiro

-Dime, Risa, no tengo mucho tiempo

-¿Por qué me mientes?

-¿Que yo te miento?

-Sí, me mientes.

-Yo no te miento, pero si no me quieres creer…

-Entonces, ¿me vas a decir que estar parado en medio de un parque, es una ocupación bastante laboriosa?

Me quedé helado, ¿cómo podía Risa saber que estaba en medio de un parque sin hacer nada. Instintivamente alcé la mirada y comencé a recorrer los rostros de las personas que se encontraban en aquel parque, los niños, los hombres y a cada muchacha joven. Aun con el celular en la oreja, me di cuenta de que ella no colgó el celular, yo busqué con más determinación.

La encontré.

Risa estaba del otro lado de la fuente, con una blusa blanca y una falda muy bonita. Me miraba con una expresión extraña, lo único que pude susurrar fue su nombre antes de escuchar el tono de llamada terminada.

Dio media vuelta y caminó en dirección contraria a mí.

Intenté correr pero con tanta gente fue imposible. No le quitaba la vista de encima, si lo hacía sabía que la perdería para siempre.

-¡Risa!- grité y la gente me miraba extrañado.

Comencé a caminar más rápido, no importando si chocaba con alguien. Vi que hizo la parada a un taxi.

-¡Noooo!

Corrí lo más rápido que pude y me puse frente al taxi. Se dio un amarrón de lo más peligroso, pero no me tocó. Bajó el cristal el taxista y comenzó a decirme de cosas para que me quitara. Sin embargo yo veía a la joven que venía sentada en el asiento.

-Risa, baja por favor. - negó con la cabeza - Por favor - supliqué.

-Si no te quitas voy a llamar a la policía - amenazaba el taxista.

Se abrió la puerta trasera del taxi, y la joven bajó.

-No voy a hablar contigo. Me dejaste muy en claro que estabas ocupado. No quiero interrumpir tus asuntos.

Hizo el ademán de volver a subirse al taxi, por lo que actué veloz e impedí que cerrara la puerta. La abrí con fuerza, la tomé del brazo y jalé de ella hacia afuera de coche.

-La joven se irá conmigo- dije al taxista.

Al cerrar la puerta, caminé rumbo al parque nuevamente pero tomando a Risa de la mano.

Divisé una banca vacía, así que la senté y me hinqué frente a ella. Evitaba mi mirada. La tomé de los hombros.

-Risa- comencé pero no sabía que decirle. Ella seguía sin mirarme.

La gente que había presenciado la escena del taxi pasaba y nos miraban curiosos. Pero yo los ignoré.

-¿Qué haces aquí?- pregunté con la voz seca. - Quiero decir, no esperaba verte aquí. Pensé que estarías en Kyoto preparándote para entrar a trabajar así como me habías dicho por..

-¿No quieres verme?- preguntó de repente, pero seguía sin mirarme

-No es eso.

-Entonces, ¿por qué me mientes?

-Yo…-comencé

-Vine a decirte una noticia importante- continuó Risa -aquella que no podía decirte por teléfono.

-¿Ah, si?

-Pero creo que interrumpí tu día muy ocupado.

Se puso de pie, se limpió una lágrima rebelde que cayó por su mejilla.

Me miró por fin.

Me levanté, y la miré.

-Me ofrecieron trabajar en el extranjero- dijo por fin - esa era la noticia que te quería dar. Adiós.

Dio media vuelta y caminó hacia el centro del parque, yo me quedé helado, escuchando las palabras retumbar "trabajar en el extranjero".

Mis piernas no aguantaron más, y tuve que sentarme en la banca del parque.

Miré al cielo, las nubes parecían burlarse de mí. El cielo azul, contemplaba mi desolación. Mientras que el viento me intentaba dar consejos.

No pude más y comencé a llorar en silencio.