Disclaimer.
Los personajes de Naruto aparecidos en estos párrafos no me pertenecen, son obra y propiedad de Masashi Kishimoto.
Esta historia se encuentra dedicada a la increíble Crimela, siendo participante de la actividad: Amigo Secreto 2016-2017 delforo de La Aldea Oculta entre la Hojas.
Especificaciones.
Resumen. — "Para ver solamente las cosas agradables sobre una situación y no notar las cosas que son desagradables, existe un hermoso cristal color rosa."
Rating. — T.
Género. — Romance, Drama, Hurt/Comfort.
Capítulos. — Un total de 5 capítulos cortos.
N° de Palabras del Capítulo. — 1702 palabras.
Universo Alterno y Soulmate.
Banda Sonora.
1. First Kiss. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.
2. Acid. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.
3. Charlie's First Kiss. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.
4. Song of the Beach. Artista. Arcade Fire. Álbum. Her OST.
5. Down. Artista. Jason Walker.
6. Someone to Stay. Artista. Vancouver Sleep Clinic.
7. Llegará. Artista. Antonio Orozco.
Recomiendo totalmente, escuchar las canciones con la lectura, ya que fueron mi inspiración y las causantes de que se me ocurriera esta idea.
Nota de Autor.
¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo Crimela hermosa!
Advertencia.
La siguiente historia se desarrolla a lo largo de cinco capítulos ordenados en un estilo anacrónico y contemplativo, con introspecciones por parte del narrador principal.
Así mismo, está ambientada en un universo alterno del tipo Soulmate o Almas Gemelas, para más información consultar el glosario del primer capítulo. Por si la selección de personajes no se los revela, esta es una historia que toca temas de homosexualidad.
Disfruten de la lectura.
Rose-tinted Glasses
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Kakuzu
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— ¿Son ustedes los guardianes de la paciente Senju Tsunade?
—Sí, así es. —Una voz monótona y grave, sin juego de decibeles, totalmente vacía y llena de superficialidad.
—Por favor, firme aquí…
La enfermera sacó un par de papeles, que conocía a la perfección y la verdad era, que no tenía ganas de estar allí. Pretendiendo, mientras el par de anillos de plata brillan y el hombre parado a mi lado, se dedica a leer aquello que debe firmar.
"Lo hace sólo para molestarme" concluyo, frunciendo los labios. De brazos cruzados, cubierta por el espesor de un suéter con el que puedo fingir que estoy curada, que no hay heridas ni vendajes. Como si todo el accidente que nos condujo hasta el hospital, hace cuatro semanas, nunca hubiera ocurrido.
—Aquí tiene.
—Muchas gracias.
Siento su mano masculina posarse en mi espalda baja, cuando ambos empiezamos el trayecto de vuelta a 'casa'. El horario de visitas había culminado y yo, no podía estar más tiempo con Tsunade.
—Está bajo efecto de los sedantes, no es como si pudieras conversar con ella. —dice leyendo los pensamientos de mi mente, y me molesta como no transmite ni un ápice de emoción.
—Eso no tiene nada que ver contigo.
—Por cómo yo lo veo… mientras siga pagando la cuenta del hospital, sí tiene que ver conmigo.
— ¿Acaso no es eso el deber de un esposo?
Lo veo detenerse perceptiblemente, dejando la puerta del piloto abierta, sus ojos fuertes clavados en mí, su silueta alta, robusta y masculina envuelta por los juegos de luz y sombra proyectados por las farolas en la calle.
— ¿Qué? ¿Ahora decidiste ser mi esposa? La última vez que recuerdo, tú no eras nada mío ¿cierto?
Sin decir nada más, el silencio acostumbrado se propagó como la pólvora y la conversación junto con todas las demás cosas que siempre surgían, simplemente se callaron.
Habían pasado seis años desde que conocía a «mi otra mitad», el tercer espectador de los acontecimientos de mi vida: Kakuzu.
Fue en la primavera, lo recuerdo bien, porque había coincidido con el día en que tras casi dos años de separación había vuelto a encontrarme caminando en un sendero hacia Tsunade, hacia mi amor no correspondido.
Rosa, rosa, rosa.
La naturaleza parecía haberse puesto en sintonía con mis ojos, y había pintado con hermosas acuarelas de variados tonos el paisaje de la ciudad, eran los días de primavera. Pero a diferencia de otras veces, de años anteriores en los que me detenía a contemplar, a respirar el nuevo aire, a tratar de hundirme en la dulce amargura de mis laboriosos sentimientos…
— ¡¿Dónde está?!
—Oi (*), bájale el tono preciosa…
— ¡Exijo saber en dónde está!
Entre los escondrijos y rebuscados callejones de la zona más peligrosa de la urbe, yo estaba con el corazón palpitando salvajemente en mi pecho, abatiendo puertas y atropellando a todo aquel que se interpusiera en mi búsqueda por Tsunade.
El humo mezclado con el olor de las drogas, y los sonidos de las apuestas, el dinero y algún que otro gemido de placer, reverberaban en un edificio viejo que parecía a punto de caerse en pedazos, en pocos segundos.
— ¡Este no es lugar para una preciosura como tú, pero…! —Una mano gorda, sudorosa y grasienta me tomó del brazo, acercándome al cuerpo de un desconocido. Asqueroso—. Si quieres divertirte un poco, ¿por qué no vienes conmigo? ¿Eh?
— ¡Suéltame! ¡Suéltame!
Estaba desesperada, y no fue sino hasta esos segundos en los que me di cuenta del terrible error que había cometido. ¿Qué hacía yo, una mujer sola, en medio de un lugar como aquel?
— ¡Sí que tiene fuego!
— ¡Lla-llamaré a la policía!
—Me pregunto si serás así cuando te lo esté haciendo por detrás…
"Tsunade, Tsunade…" Supliqué a punto de quebrar en llanto, queriendo que mi princesa me salvara aún a pesar de todo.
Entre gritos y forcejeos, mientras más hombres se acercaban y empezaban a toquetear con sus manos, cada parte de mi cuerpo, así fue como llamé la atención de los que aún estaban conscientes…
— ¿Qué demonios sucede aquí? —Así fue como me encontró Kakuzu.
Las manos me soltaron, todo mundo guardando silencio por unos segundos.
—Oh… umm, jefe… ¡e-encontramos a esta chica deambulando por el edificio y molestando a los clientes!
— ¡Sí, así es jefe!
— ¡Y amenazó con llamar a la policía!
Kakuzu se mantuvo imperturbable y con un único gesto de su mano, todo mundo volvió a guardar silencio y a reanudar con las actividades que estaban haciendo antes de mi llegada.
Tratando de reunir coraje suficiente, recuerdo haberme plantado frente a él, mantenerle la mirada fija y…
— ¡Devuélveme a Tsunade!
— ¿Tsunade…?
— ¡Sí, Senju Tsunade! Sé que está aquí y he venido a buscarla.
En ese momento pensé que quizá no había comprendido lo que estaba diciendo o que, simplemente no quería mostrarme en dónde se encontraba ella pero… años después, Kakuzu me confesó que en realidad, él no tenía idea de quién estaba hablando. Para él, Tsunade sólo era una fuente más de dinero.
— ¡No, por favor! ¡Una vez, más! ¡Por favor!
Mi corazón brincó en mi pecho, mis ojos abriéndose de par en par ante el sonido de una voz que había tenido tanto tiempo sin escuchar.
—No molestes, ya has perdido suficiente y ni siquiera has pagado por lo que te consumiste la última vez.
Mi cuerpo se movió de forma automática, Kakuzu siguiéndome los pasos hasta la habitación del final del pasillo.
— ¡Por favor! ¡Necesito más! ¡Sólo un juego y ya!
— ¿Qué acaso estás sorda? ¡No tengo más nada para ti!
La escena que presencié, jamás llegué a olvidarla. Como una fotografía: Tsunade con un aspecto demacrado, ojos castaños febriles clavados en la figura de un criminal cualquiera, del cual se aferraba arrastrada en el suelo, la mitad de su cuerpo siendo expuesto por manos asquerosas, que la tocaban, por labios partidos que dejaban rastros de saliva en su piel… sin que ella reparara en lo absoluto de todo.
Probablemente, a cualquier persona aquello resultaría algo desagradable, perturbador, indignante y decepcionante.
— ¡Por favor…! ¡Te lo suplico! —Colgándose a las piernas del hombre como si se le fuera la vida en ello.
— ¿Cómo te atreves a tocarme? Tú sucia ramera… —la mano alzándose en el aire con toda la intención de caer en el rostro de Tsunade.
— ¡No!
Slap.
Pero para mí, quién desde los ocho años había vivido y visto el mundo a través de hermosos cristales de color rosa… Aquella escena fue el reencuentro que tanto había anhelado con mi preciosa princesa. Con mi persona amada.
Por eso, no me importó el ardor de la bofetada en mi rostro, ni los insultos del hombre por haber interferido, o de la estoica mirada de Kakuzu observando cada una de mis acciones.
No, nada importaba mientras alejaba a Tsunade de las manos asquerosas y los labios partidos, mientras la tomaba entre mis brazos, ayudándola a ponerse en pie.
—Hey Tsunade…—Era sincera y genuina la sonrisa en mi rostro, era real el tacto de su piel de porcelana entre mis manos.
— ¿Shizu… ne? —Preguntó, como si aún no pudiera ver con claridad, aun con niebla en sus ojos castaños.
Ah, qué maravilloso era volver a escuchar mi nombre de su boca. Tal vez por eso, no pude evitar derramar un par de lágrimas.
—Vámonos a casa ¿sí?
Esa sólo fue la primera vez, de muchas veces en las que volviera a aquel sitio. Una y otra vez, Tsunade recaía en las apuestas, las drogas y el licor que aquel mundo le ofrecían para apagar su dolor; y yo una y otra vez, iba a buscarla y alejarla por una horas de su propia decadencia.
Había terminado por abandonar mi carrera en la universidad, en contra de las protestas de mis amigos y familiares; para poder administrar mi tiempo entre más de tres trabajos con el único fin de poder pagar las deudas de Tsunade.
Estaba decidida, tras un momento de revelación, a no huir de mis propios sentimientos, de lo que en realidad deseaba y eso era: estar con Tsunade.
Aún si nunca pudiera devolverme nada del amor que le entregara.
Entonces, como si fuera una terrible broma, tres años desde que le viera en aquel lugar, el destino se encargó de atarnos a los tres cuando a mitad de la entrega de otro pago –otro de mis salarios que se perdía para siempre–, los dedos de Kakuzu rozaron los míos por accidente y un choque eléctrico se disparó entre nosotros, sacudiéndose con violencia.
Dibujando la imagen de un corazón humano en nuestra piel.
Los dos supimos lo que eso significaba. Yo lo sabía perfectamente pero no quise creerlo, aún hoy en día no podía creerlo. Después de todo, ¿quién podría adivinar que el hombre por el cual Tsunade seguía destruyéndose, el que le daba las herramientas para mantenerse en la miseria… era «mi otra mitad»?
Absurdo, estúpido, imposible y aun así…
—Con esta unión y la bendición de Dios, les declaro marido y mujer.
Nada de lo que yo quisiera le interesó a nadie.
La ley de la naturaleza había hablado y su voluntad había ejercido. Desde ese momento, con la sortija de plata quemando en mi dedo anular, la nariz arrugada por el desagradable olor de su perfume barato y apretando firmemente los labios en cuanto los suyos me tocaron; yo me había convertido en su 'esposa'.
— ¿Sabes? Todavía lo recuerdo.
— ¿Qué cosa?
El semáforo brillaba en rojo y a pesar de la calefacción del carro encendida, hacia bastante frío.
—Lo que cruzó por mi cabeza esa vez, —dedos produciendo sonidos rítmicos contra el volante.
— ¿Esa vez?
—Cuando la protegiste de aquella bofetada y luego la recogiste, como si fuera lo más preciado en el universo.
Segundos de silencio, el auto ronroneando y una mirada disimulada de mi parte.
— ¿Y qué pensaste? —Le insté a continuar con poco interés, ajustando mejor el suéter pero, lamentablemente, abriendo uno de los vendajes. La tela gris claro tiñéndose de pequeñas motas rojizas.
—Lo mismo que pienso, cada vez que te veo junto a ella.
El semáforo parpadeó y se tornó verde.
—"Ah, que hermosa es".
Aliento contenido, el carro poniéndose en marcha de nuevo y…
—Que mentira más falsa.
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Fin del Capítulo.
Glosario.
1. Oi —. Expresión en idioma japonés similar al: 'hey' u 'oye' en español, para dirigirse a alguien o llamar su atención.
