Disclaimer.

Los personajes de Naruto aparecidos en estos párrafos no me pertenecen, son obra y propiedad de Masashi Kishimoto.

Esta historia se encuentra dedicada a la increíble Crimela, siendo participante de la actividad: Amigo Secreto 2016-2017 delforo de La Aldea Oculta entre la Hojas.

Especificaciones.

Resumen. — "Para ver solamente las cosas agradables sobre una situación y no notar las cosas que son desagradables, existe un hermoso cristal color rosa."

Rating. — T.

Género. — Romance, Drama, Hurt/Comfort.

Capítulos. — Un total de 5 capítulos cortos.

N° de Palabras del Capítulo. — 1646 palabras.

Universo Alterno y Soulmate.

Banda Sonora.

First Kiss. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.

Acid. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.

Charlie's First Kiss. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.

Song of the Beach. Artista. Arcade Fire. Álbum. Her OST.

Down. Artista. Jason Walker.

Someone to Stay. Artista. Vancouver Sleep Clinic.

Llegará. Artista. Antonio Orozco.

Recomiendo totalmente, escuchar las canciones con la lectura, ya que fueron mi inspiración y las causantes de que se me ocurriera esta idea.

Nota de Autor.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo Crimela hermosa!

Advertencia.

La siguiente historia se desarrolla a lo largo de cinco capítulos ordenados en un estilo anacrónico y contemplativo, con introspecciones por parte del narrador principal.

Así mismo, está ambientada en un universo alterno del tipo Soulmate o Almas Gemelas, para más información consultar el glosario del primer capítulo. Por si la selección de personajes no se los revela, esta es una historia que toca temas de homosexualidad.

Disfruten de la lectura.


Rose-tinted Glasses

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Jiraiya

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Nunca he podido discernir si yo voluntariamente olvidé el cómo murió Dan, para protegerme o si sencillamente lo olvidé porque no me importó en absoluto... algunas veces, pocas, en verdad creo que fue por la segunda.

De cualquier forma, no hay como cambiar el pasado ni un hecho inalterable como ese: Dan estaba muerto y punto.

Para ese día, llevaba meses y un par de años sin verlo, ya que ¿quién en su sano juicio desea ver al esposo de la persona que ama? Fue difícil evadirlo, pues éramos familia, pero al final mi testarudez había prevalecido. Tsunade solía preguntarme al respecto y yo sólo le restaba importancia con mentiras, diciendo que estaba ocupada con las materias.

Ah, Tsunade, ella fue lo único que me quedó de ese día.

Apenas el hospital se puso en contacto con mis tíos, sin darme ninguna explicación, nos subimos al carro y conduciendo a toda velocidad en un silencio tétrico –cortado una que otra vez por los sollozos angustiados de mi tía– llegamos a la sala de emergencias: allí encontramos a Tsunade.

Su cuerpo temblaba y se sacudía, los ojos de color castaño –ahora rojos e hinchados de tanto llorar– observando en estado de shock el piso del hospital mientras se restregaba las manos una y otra vez. Parecía que la habían sacado de alguna película de terror, con el cabello revuelto y manchada de pies a cabeza de sangre.

De ella mis tíos no tuvieron una respuesta, Tsunade estaba ida en quién sabe dónde y lo único que hacía con voz baja y quebradiza era llamar por Dan.

Yo, con la visión rosa y nublada, tomé un paño prestado de una de las enfermeras y enjuagándolo de vez en cuando, procedí a quitarle la sangre del cuerpo. Pronunciando su nombre con voz suave, tratando de no alterarla.

Ese fue el momento del declive de Tsunade y el comienzo de mi aparición en su vida, al menos momentáneamente.

¿Alguna vez han escuchado como en algunos animales, especialmente los pájaros, una vez que muere su pareja les entra una terrible depresión y terminan muriendo de soledad? Muchos científicos y doctores adjudicaban un comportamiento similar, como una de las consecuencias y alternativas que se desarrollan con la ley de «la otra mitad». Al menos, eso fue lo que se nos dijo para explicar la conducta de Tsunade.

Mi princesa de la infancia, la Tsunade de Dan había muerto con él y había sido reemplazada por esta mujer que vivía encerrada en sí misma, alejada del mundo, sin apetito y un profundo horror a la visión de la sangre.

Hemofobia, fue otra de las explicaciones. Por eso, en mi solicitud de la universidad, decidí optar por medicina como un camino hacia la psiquiatría: el medio que en mi mente joven de adolescente me permitiría sanar a Tsunade y recuperarla.

—No tocó bocado de su almuerzo y tampoco comió nada en el desayuno.

—Descuiden, yo me encargo.

—Gracias Shizune.

—Se la pasa todo el día encerrada en la habitación, ni siquiera se pueden abrir las cortinas.

—Tengo que limpiar allí pero…

—Yo lo hago, ustedes descansen, yo me ocupo de Tsunade-san.

—Está bien, gracias otra vez Shizune.

—¡Aahh, Aahh!

— ¿Qué son esos gritos? ¿Es otra de sus pesadillas?

—Despertará a todo el vecindario de nuevo.

—Tranquilos, iré a calmarla y luego me disculparé con los vecinos.

—De acuerdo pero hazlo rápido Shizune, son las tres de la madrugada y mañana tengo que trabajar.

Pero yo había olvidado, en mi esfuerzo sobrehumano, que para curar a un paciente, para aliviarlo de su dolor y sanarle de sus heridas… el primer paso es querer hacerlo.

—Nuestra sobrina sí que es una persona dependiente ¿no?

A veces la gente no sabe lo difícil que es cuidar de alguien que ni siquiera hace reconocimiento de tu presencia. No importaba cuantas veces la tocara o la llamara por su nombre, Tsunade siempre miraría con ojos desorbitados un punto de la habitación, inmóvil y silenciosa sobre las sabanas.

—Aunque me preocupa… no quisiera estresarla demasiado, no mientras tenga los exámenes de preparación para la universidad. Temo que termine agobiada por todo esto.

Y ni siquiera el cristal rosa inmaculado pudo protegerme de las heridas internas que me estaba causando aquella interminable situación. Un día, no pude más…

— ¡¿Por qué!? ¡¿Por qué me haces esto Tsunade-san!? ¡Háblame por favor! ¡Deja de ignorarme!

Lágrimas cayendo sin parar, constantes, gruesas mientras le gritaba a todo lo que daban mis pulmones, tomándola de los hombros con la intención de sacudirla con mis uñas enterrándose en su piel.

— ¡¿Qué no puedes ver que me haces daño?! ¡¿Por qué tienes que actuar como si ya no tuvieras nada?! ¡¿En dónde me deja eso?!

Tan sólo quería que reaccionara, yo sólo quería traerla de vuelta.

—¡Yo te amo! —Poco a poco, las fuerzas me abandonaban y me sentía cada vez más débil, desprotegida—. Te amo tanto y aun así… ¿Por qué… por qué no puedes olvidarte de él…?

Al final, quebrantada en un llanto incontrolable había terminado como un ovillo en el suelo. Sollozando y lamentándome en presencia de unos ojos nublados que ni siquiera se dignaban a ver en mi dirección.

—Tsunade, Tsunade… ¿por qué… por qué no… soy suficiente?

Y fue entonces, que apareció él.

—Déjenme presentarme, mi nombre es Goketsu Jiraiya.

Alto, piel bronceada y cabello inexplicablemente blanco, ridículamente largo.

—Lamento no haber podido acercarme antes pero… —su voz era grave, intensa llena de una fuerza y energía que nos dejaba perplejos… al igual que su propuesta—. Si es muy difícil para ustedes y no tienen ningún inconveniente, yo me haré cargo de Tsunade a partir de hoy.

Oh, podía verlo. Sus ojos, eran exactamente iguales a los que me devolvían la mirada en el reflejo de un espejo. Este hombre, que hasta ahora sólo habíamos conocido como un amigo de Tsunade… estaba enamorado de ella.

La decisión de mis tíos ante la oferta no fue de sorprenderse.

—¡Gracias, gracias, gracias! —las manos de mi tía temblaban mientras tomaba a Jiraiya, su rostro debatiéndose entre sonreír por el alivio o romper en llanto por la pena.

No podía culparlos al respecto pero, si me molestó el cómo mi boca durante todo ese tiempo permaneció sellada, sin decir nada. Sólo deseando que simplemente se la llevara de una vez.

Lentamente, como una escena reproducida en cámara lenta, nuestras vidas volvieron a estabilizarse entre la paz y serenidad que no habíamos tenido en mucho tiempo.

Mis días eran pasados entre visiones rosadas del pasado lejano, las largas horas de estudio, trabajos y evaluaciones en la universidad; la escueta compañía de mi amiga Yugao y «su otra mitad» en salidas a bares, cafés y reuniones de estudiantes. A mis tíos ya sólo les escribía por cartas o cortas llamadas telefónicas.

Tsunade, tan sólo se había convertido en un nombre y un bonito sueño que revivía cada noche. En castigo por mi propio egoísmo, por la forma en la que había pensado… decidí seguir queriéndola, aun si ya nunca más fuera a verla.

Y de repente un día, tropecé con Jiraiya.

Muy amablemente, había dicho que me recordaba, me había invitado a tomar un café o a comer algo y con una cándida sonrisa me relató cómo estaba Tsunade, como había mejorado, que poco a poco estaba volviendo a ser ella, que lamentablemente se le había agravado el gusto por las apuestas pero que a pesar de todo…

El otro día me lo confesó, me dijo que se siente bien y que está feliz.

Mostrándome una fotografía en la que aparecía Tsunade junto a un niño rubio y de brillantes ojos azules –que él había señalado como su ahijado–, ambos sonreían a la cámara. Una sonrisa verdadera.

Recuerdo que me despedí de él, con sentimientos mezclados. Por un lado, estaba reconfortada al saber que la persona que amaba estaba sanando; por el otro, estaba llena de ira, celos y frustración porque Jiraiya había logrado lo que yo no pude.

Meses después de aquel encuentro, fue cuando conocí a Kakuzu.

—Estaba sonriendo.

Hoy era una de esas 'buenas' mañanas que recientemente habían estado ocurriendo, desde hace un par de semanas. Tsunade había amanecido de mejor humor, estaba despierta, había comido –un poco– y me había pedido si podíamos jugar a las cartas.

— ¿Quién? —Pregunto, concentrada en la suma que mostraban mis naipes.

—Jiraiya. —Respondió ella, tomando otra carta de la baraja depositada en un pequeño espacio entre las dos, en la cama del hospital—. Cuando lo encontré en la mañana… estaba sonriendo.

Fue mi turno de jugar.

—Él… murió mientras dormía, ¿cierto? —Asintió con la cabeza—. Por eso fuiste a parar dónde Kakuzu.

Volvió a asentir y arrojó un par de fichas al pote de las apuestas.

Ah, aun podía rememorar como la noticia me había afectado y como había conocido a su ahijado el día en que me había buscado diciendo que Tsunade había desaparecido. Fue difícil dar con su ubicación.

—Era un buen hombre. —Y no mentía.

—Era maravilloso…

— ¡Muy bien! Hora de mostrar las cartas… ¡uno, dos, tres!

Naipes sobre el colchón, seguido de un gruñido y una risa suave de mi parte.

—No puedo creer que me hayas ganado en Blackjack (*)… —se quejó, volviendo a recoger los naipes para iniciar una nueva partida.

—Tsunade, ya a estas alturas deberías saber lo mal que te van las apuestas.

—Supongo.

Me detuve a verla, sus manos repartiendo las cartas de manera experta, el rubio cabello que caía sobre uno de sus hombros, la bata blanca del hospital y la expresión serena en su rostro.

— ¿Podrías no hacerlo de nuevo? —Pregunté, inconscientemente tomando mis brazos, justo encima de una de las heridas.

—…

Supe que mis labios compusieron una sonrisa, aun si ella había tomado la decisión de evadirme la mirada.

—Tsunade… no trates de quitarte la vida de nuevo ¿por favor?

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Fin del capítulo.


Glosario.

1. Blackjack—. También conocido como '21', es un juego de cartas, propio de los casinos, que consiste en obtener 21 puntos mediante la suma de los valores de las cartas.