Disclaimer.

Los personajes de Naruto aparecidos en estos párrafos no me pertenecen, son obra y propiedad de Masashi Kishimoto.

Esta historia se encuentra dedicada a la increíble Crimela, siendo participante de la actividad: Amigo Secreto 2016-2017 delforo de La Aldea Oculta entre la Hojas.

Especificaciones.

Resumen. — "Para ver solamente las cosas agradables sobre una situación y no notar las cosas que son desagradables, existe un hermoso cristal color rosa."

Rating. — T.

Género. — Romance, Drama, Hurt/Comfort.

Capítulos. — Un total de 5 capítulos cortos.

N° de Palabras del Capítulo. — 1123 palabras.

Universo Alterno y Soulmate.

Banda Sonora.

First Kiss. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.

Acid. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.

Charlie's First Kiss. Artista. Michael Brook. Álbum. The Perks of Being a Wallflower OST.

Song of the Beach. Artista. Arcade Fire. Álbum. Her OST.

Down. Artista. Jason Walker.

Someone to Stay. Artista. Vancouver Sleep Clinic.

Llegará. Artista. Antonio Orozco.

Recomiendo totalmente, escuchar las canciones con la lectura, ya que fueron mi inspiración y las causantes de que se me ocurriera esta idea.

Nota de Autor.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo Crimela hermosa!

Advertencia.

La siguiente historia se desarrolla a lo largo de cinco capítulos ordenados en un estilo anacrónico y contemplativo, con introspecciones por parte del narrador principal.

Así mismo, está ambientada en un universo alterno del tipo Soulmate o Almas Gemelas, para más información consultar el glosario del primer capítulo. Por si la selección de personajes no se los revela, esta es una historia que toca temas de homosexualidad.

Disfruten de la lectura.


Rose-tinted Glasses

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Shizune

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A las siete en punto la alarma del despertador sonó, las sabanas sobre mi cuerpo se removieron, el colchón de la cama se hundió y finalmente, Kakuzu acabó con el irritante ruido.

"Es un nuevo día…" me dije en calma, tomando mi tiempo para desperezarme y soltando un corto bostezo.

Aún tenía un poco de sueño.

— ¿Irás al hospital el día de hoy? —otra vez esa forma de hablar sin reflejar ningún tipo de emoción.

Entre los mechones desordenados de mi cabello, podía distinguir mi mano y sobre ella el dibujo del corazón humano. Nuestra marca.

—Sí, el doctor dijo que en un par de días le darían el alta.

Agarrando impulso ante la perspectiva de las próximas horas, tomé asiento sobre mi lado de la cama, sin importar la desnudez a la que quedaba expuesta. En mi periferia vi a mi esposo caminar en iguales condiciones por la habitación, recogiendo un par de prendas en dirección al baño.

La noche anterior había sido una 'noche de celo', el término con el que describían el proceso de y 'perpetuación' de la especie, entre las personas ya establecidas con «su otra mitad». Era todo físico, puras hormonas y feromonas en acción, ignorando los deseos de tu mente como individuo.

—Vaya, finalmente puedo descansar de la facturas.

—Eso te hace feliz ¿no?

Dinero, la predilección de Kakuzu.

— ¿Paso por ti cuando termines o…?

—Tomaré el tren, pero puedes dejarme allí de camino.

Asintió con la cabeza y concluyendo con la conversación del día, cada uno se dispuso a sus propios asuntos.

Mi nombre es Shizune, tengo treinta cuatro años de edad, soy un respetable miembro de la sociedad a pesar de que «mi otra mitad» es un delincuente –al cual la policía no ha podido imponerle ningún cargo–; y estoy terriblemente enamorada de una mujer… que no me quiere de vuelta.

Estamos al mes de diciembre y la nieve paulatinamente ha ido acumulándose por toda la ciudad, pintando de blanco los tejados y las calles, envolviendo con su aliento frío el ambiente. Por suerte, el departamento –mediano, confortable ubicado a las afueras de la urbe– en donde vivo, aun le funciona la calefacción y no tengo que preocuparme por eso.

Mis dedos rozaron las cicatrices que se podían apreciar en el espejo de pie completo, con una ligera coloración más clara que el tono normal de mi piel. Esas cicatrices me las había hecho cuatro meses atrás, cuando mi amada Tsunade, había tratado de cometer suicidio.

En su momento, mientras forcejeaba y peleaba con ella, tratando de que no se lanzara por el balcón de la sala en un intento desesperado por acabar con la vida miserable que tenía que soportar. Estaba de más decir que había recaído de nuevo en el alcohol, el cual mezclo con un par de pastillas y píldoras que creí habían desaparecido.

Sí, había sido todo un acontecimiento pero por suerte, todo había terminado bien; tan sólo un par de moretones, cortes y Tsunade internada en el hospital. Habían sido cuatro largos meses y en todo ese tiempo, sin decir mucho, Kakuzu se encargó de pagar por todo el tratamiento en el hospital –en mi mente, aun le culpaba por haber dejado su mercancía en la 'casa'–.

—Se te ve feliz.

Me miré en el espejo retrovisor de su carro. Efectivamente, un poco por encima de la gruesa bufanda color violeta podías apreciar una sonrisa junto a las mejillas y nariz sonrosadas, por el frío decembrino.

—Tienes razón.

El paisaje, con el perfil urbano de la ciudad, pasando a través de la ventanilla se mostraba en mi acostumbrada degradación de tonos rosados. Era el espectro del prisma cristalino que se había anidado en mis ojos desde que cumplí los ocho años de edad.

Era otra más de las rutinas de mi vida, como la escasa interacción con «mi otra mitad», o la forma en la que ya todo el personal del hospital –a medida que caminaba desde la entrada, por los pasillos y corredores– me saludaban al reconocerme, o mi corazón latiendo como si fuera joven de nuevo el momento en que mis ojos dieron con la figura de Tsunade sentada en la silla de ruedas, en el único patio del complejo médico.

—Buenos días Tsunade, —le saludé tomándola desprevenida y dedicándole mi mejor sonrisa—. ¿No hace mucho frío como para estar a la intemperie?

— ¡Oh, Shizune! No lo sé, tenía ánimos de salir de la habitación y nadie pensó que fuera mala idea.

— ¿Y cómo te sientes?

—Mejor, supongo.

—Me alegro…

Y con un gesto de su mano, me coloque tras de ella, comenzando un lento paseo por el patio.

—El doctor me dijo que en un par de días te dará de alta y podrás volver a casa conmigo, ¿qué te parece?

—Bueno, no creo que tenga mucha voz en el asunto ¿o sí?

—Tan sólo si prometes que te comportarás bien, sin más sustos ni arranques.

—Puede ser, puede ser.

Era increíble pensar que le había dedicado casi veintidós años de mi vida a esta persona, sin recibir nada a cambio, sólo sentimientos laboriosos y un amor que había cegado mi mundo dentro de una lente color rosa.

Había adorado a la princesa de mis sueños, la Tsunade de mis recuerdos pasados; la fuerte, hermosa, inteligente y brillante que me había tratado con cariño, esa que reía a carcajadas y se sonrojaba avergonzada. También había querido a la Tsunade frágil, desamparada y rota que buscaba por una cura para su tristeza, aun cuando me hubiese lastimado. Y ahora, amaba a la Tsunade callada y tranquila, la que cumpliría cuarenta y tres años durante el próximo año, esa que me dejaba cuidarla y que finalmente me había hecho un espacio a su lado.

Tsunade, Tsunade, Tsunade; con su sedoso cabello rubio y grandes ojos castaños. Tsunade, Tsunade, Tsunade; con piel del color de la porcelana y uñas pintadas en color escarlata.

El punto céntrico de mi universo, el origen de los maravillosos tonos rosados, la causante de la sonrisa en mi rostro, del suave tarareo de una canción y el aleteo de mi corazón.

—Shizune…

— ¿Sí?

Mi eterno amor no correspondido.

—Gracias.

— ¿Eh? ¿Por qué? Tan sólo estoy empujando la sill…

—Gracias, por haberte enamorado de mí.

Aliento contenido, un nudo en la garganta, breves segundos de silencio y mis pies se detienen en el medio del camino.

—Gracias, por haberme hecho tu princesa.

Ah, ¿a qué se debía esto? ¿Qué estaba pasándome ahora mismo?

Hey Tsunade, ¿me lo podrías explicar?

Porque yo, no logro comprenderlo… no entiendo por qué las lágrimas están brotando de mis ojos cuando yo, por respeto a mis propios sentimientos me prometí a mí misma que jamás volvería a llorar.

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Fin.