¡Hola!

Me alegro mucho que les haya gustado el primer capítulo =) acá va el siguiente cap, a ver que les parece.

Les agradezco a:

miaka cullen

hermanitas cullen

AkHaNe

vicky233P

loleta

kat

Lyra Cullen

¡Por ser lasprimeras lectoras de mi fic, son las mejores y les agradezco un montón!

¡Espero que les guste el segundo capítulo! (Perdón si me quedó un poco largo, es que no sabía donde cortarlo)

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer =)


Al día siguiente todo estaba demasiado tranquilo en la mansión Cullen para el gusto de los chicos. Siempre después de un incidente, su madre estaba como loca, moviéndose de un lado para el otro, sin parar. Pero en ésta ocasión, Esme se encontraba sumamente tranquila.

Cuando Alice bajó a desayunar su madre estaba sentada frente a la mesa tomando su café tranquilamente, mientras que su padre leía el diario.

—Papá, hoy Bella y yo vamos a salir al centro comercial a comprar cosas y voy a usar el auto —Comentó contenta pero luego escuchó la risa de su madre.

—Suerte con eso —Se limitó a decir ella pero Alice hizo caso omiso a su comentario y fue a encender el auto.

Cuando llegó al garaje no vio las llaves del auto por ningún lado, ni dentro del auto. Le pareció extraño y fue a preguntar por ellas. Les preguntó a sus hermanos pero ninguno sabía nada así que fue con sus padres, con la mejor cara de puchero.

—Papá, no encuentro las llaves del auto —Comenzó Alice al entrar en la cocina. Pero se calló e hizo una pausa, en la cual, su padre se volteó a verla, esperando a que terminara de hablar. —¿Nos podrías llevar a Bells y a mí al centro comercial? —Finalizó y le regaló una sonrisa a su padre y esperó su respuesta.

—Yo… —Dudó Carlisle ante la mirada asesina de su esposa. —No puedo hija, tengo que ir al hospital más tarde y necesito el auto.

—Pero, pero, pero…—Titubéo la duende, pero fue interrumpida por su madre.

—Alice, tu padre no va a llevarte. No va a cumplir todos tus caprichos siempre —Comentó Esme con toda la calma, mientras le dedicaba a su hija una mirada de advertencia.

—Bueno, supongo que puedo caminar— Dijo con un tono amargo, fulminando con la mirada a Esme. —Adiós.

Esme sonrió satisfecha y felicitó a su esposo, quien suspiró.

Alice salió de la cocina, hecha un fuego. Tomó un abrigo que se encontraba apoyado en uno de los sillones de la sala y salió de su casa, dando un fuerte portazo. Al cruzar el umbral de la puerta, se colocó el saco lentamente y bajó los escalones del porche y se encaminó hacia el pequeño sendero que atravesaba el bosque. Gracias a dios, tenía su reproductor de música, así que se entretuvo un buen rato mientras caminaba hasta la casa de su amiga.

Alice se sentía rara y que algo le faltaba. Quería los asientos de su amado auto amarillo. Una vez que salió del bosque siguió caminando por la autopista. Mientras caminaba se detuvo a pensar que tranquilamente podría haberle pedido a alguno de sus hermanos que la alcanzara hasta la casa de su amiga. Pero como no se le ocurrió en el momento, se maldijo por ello y se dedicó a llegar a su destino. Después de más de cuarenta y cinco minutos, la morocha apareció en la puerta de la casa de Bella, completamente exhausta.

Llamó a la puerta y atendió Bella al segundo.

—¡Alice! Llegaste —Dijo extrañada por el aspecto de la recién llegada.

—Sí Bells. Llegué caminando, sin mi coche porque no tengo las llaves —Dijo como si fuera a morir.

—Emm, podemos ir con mi camioneta si quieres ir hasta Port Ángeles —Se ofreció Bella al ver la desesperación reflejada en los ojos de su amiga.

—Sí, está bien. Necesito las compras urgente —Dijo Alice mientras se volteaba y recorría con la mirada el lugar. Al localizar el vehículo de su amiga, corrió hacia él con toda prisa y tomó de la manija para entrar, mientras Bella se despedía de su padre.

—¡Adiós papá! —Gritó Bella y corrió a su auto también.

Una vez dentro del auto, Bella lo encendió y luego miró a su amiga.

—¿Estás bien Alice? —Preguntó algo asustada, ya que Alice parecía que iba a explotar en cualquier momento.

La duende sólo se dedicó a asentir con la cabeza, mientras se removía inquieta en su lugar. Bella, algo insegura, arrancó la camioneta y se dirigió hacia la carretera.

-.-

Después de manejar una hora hasta el centro comercial, lograron estacionar en un hueco y Alice, un poco más, y se tiraba de la camioneta por que estaba desesperada.

—Bella, juro que para tu cumpleaños te compro un Audi negro o de cualquier color pero no puedes manejar esto — Bella solo se limitó a lanzar una carcajada y Alice la arrastró hasta la entrada del centro comercial.

Luego de entrar como a sesenta tiendas distintas, Alice se decidió por Versace, lo cual a Bella le sorprendió demasiado.

Después de varias horas, agarró todo lo que pudo en manos y fue a la caja.

—Buenas tardes —Dijo cordialmente una vendedora detrás del mostrador.

—Hola —Se limitó a decir Alice, con suma impaciencia mientras se dedicaba a ver como la vendedora pasaba los productos por la caja.

—Muy bien —Hizo una pausa en la cuál sumaba todos los números. —Son cuatro mil dólares —Finalizó la chica de la caja con una sonrisa. Bella ahogó un gritito y miró para otro lado al oír el precio final.

Alice le tendió una tarjeta dorada, la cual la vendedora pasó por una máquina una y otra vez hasta que le dijo a Alice.

—Señorita, su tarjeta no funciona —Comentó la mujer mientras seguía pasando la tarjeta una y otra vez por la máquina.

—¿Qué? ¿Cómo que no funciona? —Se sorprendió ella al escuchar lo que la mujer le había dicho.

—Sí, figura que está suspendida —Contestó la vendedora con toda calma mientras le devolvía su tarjeta de crédito.

Alice estaba entrando en pánico, de verdad quería esas cosas que había agarrado de los percheros y no las iba a dejar ir tan fácilmente.

La pequeña duende sacó su bolso Gucci y buscó su billetera. Luego de un rato, sacó las nueve tarjetas de crédito que tenía dentro de ella y comenzó a pasarle, una a una, a la vendedora.

Pero por desgracia ninguna funcionó y Alice se largó a llorar en el medio del negocio causando que varia gente que se encontraba comprando, se volteara a ver el escándalo.

—¡No pueden hacerme esto! ¡Había comprado cosas bonitas para mañana y ahora no puedo hacer nada! Bella, me voy a morir —Dijo llorando.

Bella comenzó a intentar sacar a Alice del negocio, pero la chica no quería soltar las prendas. Así que Bella tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para hacer que Alice las dejara ir. La gente que se encontraba en la tienda miraba la situación, con expresiones incrédulas y quedaron aún más sorprendidos cuando vieron como Alice se despedía de las prendas.

—Adiós— Murmuraba Alice mientras se alejaban a toda prisa del negocio.

—¡Tranquila Ali, no llores! Jazz sabrá entender además haces maravillas con la ropa. No se va a notar nada — Trató de calmarla Bella, al ver como su amiga no se estaba reponiendo de su llanto.

Ya estaban en el estacionamiento del centro comercial y la duende no paraba de llorar.

—No es eso Bells, odio que me suspendan las tarjetas y me saquen mi amado auto. ¡Los odio! —Siguió llorando hasta que se subieron a la camioneta y Bella comenzó a manejar por la ruta, para llevarla a la casa.

Una vez en la casa, las dos se despidieron y Alice entró echa una furia a su casa, cuando todos estaban comiendo.

—¡Esme! —Entró dando el grito en el cielo, mientras pisaba con fuerza.

—¿Crees que se habrá enterado, mi amor? —Comentó Carlisle, al escuchar el grito.

—Ya lo creo —Se rió Esme al ver entrar a su hija, hecha un fuego.

—¿Cómo me pudieron hacer esto? –Gritó Alice en el medio de la sala ante las caras atónitas de sus hermanos. — Son mis padres, ¡Por lo menos me hubieran avisado así no hacía el ridículo en frente de todos! Y además esas tarjetas son mi vida, ¿Entienden? Mi vida.

En ese momento Edward, Emmett, Jasper y Rosalie entendieron lo que había pasado y el por qué de la histeria de su hermana. — Y Mi auto también. ¡Fue una broma al director, no matamos a nadie! ¡Por dios, los odio! —Al terminar esta frase, Alice subió corriendo a su cuarto y cerró de un portazo que retumbó hasta en la cabeza de Esme.

Cuando terminaron de cenar, Jazz fue el primero en subir a la habitación de Alice. Golpeó la puerta y cuando escuchó un 'pase' entró.

—Alice… -Dijo acercándose con cautela a ella— ¿Cómo estas? —Escuchaba de vez en cuando los sollozos de la chica.

—Mal —Contestó ella con tono decaído con la cara enterrada en la almohada.

—Bueno, son solo tarjetas —Comentó Jasper sentándose a su lado.

—¿Qué? ¿Tarjetas? Sólo tarjetas, claro —Le dijo levantándose de golpe para quedar a su altura— ¡No son solo eso! Son las mías y están suspendidas, Jazz. Es horrible —Dijo ahora abrazándolo.

—Tranquila, ya las van a habilitar de nuevo— Contesto él sin saber bien que decir para hacerla sentir mejor.

—¿En serio? —Preguntó ella haciendo puchero.

Jasper observó el puchero que Alice estaba haciendo, y sólo pudo responder una cosa, ante aquella carita.

—Sí, en serio. —Finalizó y la duende sonrió, un poco más alegre.

Justo cuando el chico pensó que Alice estaba convencida, ésta prosiguió. —¿Cuándo? —Volvió a indagar ella.

—No lo sé. Muy pronto.

—Bueno, te creo….

Luego ambos se sumieron en un incómodo silencio. Ninguno sabía exactamente que decir hasta que a Jasper se le ocurrió el tema perfecto de conversación para intentar animar un poco a Alice.

—¿Dónde vamos a ir mañana? —Preguntó Jasper, inesperadamente, cambiando radicalmente el tema.

Alice sonrió al ver cómo el chico se notaba interesado en poder salir con ella. Estaba muy de feliz de que Jasper la hubiese invitado a salir.

—Donde quieras, con tal de ir contigo voy a un charco —Dijo poniendo cara de asco pero riendo al mismo tiempo.

—Muy bien, entonces, sorpresa —Se separó de ella y le besó la frente muy tiernamente

—Hasta mañana Ali —Con éstas mismas palabras le regaló una sonrisa y se fue a su cuarto.

Alice no lo podía creer, ¿De verdad Jasper estaba hablando en serio? ¿Él sentía lo mismo que ella? Ella pensó que lo mejor iba ser llamar a Bella mañana para que la ayudara a prepararse, aunque mucho sentido de la moda no tenía. Cuando recordó la palabra moda se puso mal nuevamente por el incidente de esa tarde. Ella había elegido un vestido muy bonito para impresionar a Jazz la noche del domingo y ahora no lo iba a poder lucir por culpa de sus padres, o al menos eso pensaba ella.

-.-

Al otro día, Rosalie se despertó eufórica porque no encontraba su celular por ningún lado. La chica lo había buscando en todas partes, hasta en los cuartos de sus hermanos, pero no lo encontró.

Así que se decidió por ur a preguntarles acerca del paradero de su teléfono. Salió de su cuarto y bajó las escaleras hacia la cocina. Cuando entró, sus hermanos se encontraban desayunando.

—Muy bien ¿Quién escondió mi celular? —Dijo enojada mientras apoyaba sus manos sobre la mesa como si fuera un policía cuestionando asesinos seriales.

—Yo que sé donde está —Respondieron todos los hermanos al mismo tiempo sin darle mucha importancia y todos volvieron su atención a su respectivo desayuno.

—Vamos, quiero una respuesta ya —Exigió la rubia inclinándose más, sobre la mesa de la cocina.

—Ya te dijimos que no sabemos, Rosalie —Contestó Emmett cortante, mirándola a los ojos.

Ni bien terminó de decir eso, sonó el celular de Rosalie muy lejos de donde estaban, pero el tono era fuerte y claro.

—Muy bien, fue gracioso mientras duró chicos —La rubia hizo una pausa. —Pero ya los descubrí —Ella salió de la cocina y fue caminando hacia el tono, pero cuando dobló la esquina vio a Esme sosteniendo el celular entre sus manos.

—Rosalie, ahí estas. Esto lleva sonando como tres horas, —Se rió su madre adoptiva mirándo el pequeño aparato. — no para, no sé que le pasa.

La rubia dio unos pasos al frente, con expresión amenazadora. Quería su teléfono de vuelta.

—Esme... —Dijo su hija perdiendo la paciencia mientras intentaba mantenerse bajo control— Es porque las chicas me están llamando para que arreglemos lo de hoy a la noche.

—Oh... —Se limitó a decir ella al escuchar la explicación de su hija. —Bueno, que lástima porque no tiene más crédito y dentro de un rato se le va a acabar la batería — Comentó la mujer con poca importancia.

—Esme, dámelo —Ordenó Rosalie ya en un tono demandante. —Lo quiero conmigo.

—No mi amor, lo siento. Pero hoy no vas a salir con nadie. Mañana hay colegio y necesitas descansar —Dijo su madre mientras se dedicaba a guardar el celular en su bolsillo, pero el grito que pegó su hija la detuvo en seco.

—¡Qué me des el maldito teléfono! —Gritó desencajada Rosalie mientras todos sus hermanos y su padre se acercaban a ver la escena de las dos, algo conmocionados.

—¡Jovencita, no puedes tratarme así, soy tu madre y vas a hablarme con más respeto! —Ordenó Esme sin ponerse nerviosa.

—Estás muy equivocada Esme querida. Yo no soy tu hija. Nunca lo fui y eso no va a empezar a cambiar justo en este momento. Carlisle tampoco es mi padre y ellos —Dijo señalando a los chicos Cullen. —No son mis hermanos y tampoco quiero que lo sean. Jamás.

Cuando ella terminó de hablar, la sala se inundó de un silencio muy incomodo. Lo único que se escuchaba era a Alice sollozando bajito abrazada a Edward, que todavía no daba crédito a sus oídos, al igual que todos los presentes.

Esme todavía estaba en shock y Rosalie no dudó en arrancarle el celular de las manos e ir hacia la puerta. La rubia estaba por salir, cuando su padre habló.

—Rosalie, vuelve acá —Llamó su padre, pero la chica hizo caso omiso a sus palabras.

—No quiero, me voy —Contestó ella, abriendo la puerta de entrada, lista para marcharse.

—Que vengas aquí, no me hagas ir a buscarte —La amenazó Carlisle, con tono severo.

Rosalie cerró la puerta con una fuerza que ni ella misma sabía de donde había sacado y retrocedió.

— ¿Contento? Estoy adentro. No molesten más —Cuando terminó de hablar, se dirigió hacia las escaleras y subió corriendo a su habitación y se escuchó otro portazo que hizo temblar a todos e hizo que Alice se aferrara más a su hermano.

—Bien chicos —Dijo su madre, con vos quebrada. —Suban mientras yo termino con unas cosas —Dicho esto se metió adentro de la cocina con Carlisle.

Emmett se sentó en el sillón de la sala todavía mal por la escena de recién. Estaban todos en silencio cuando Alice habló.

—¿Tanto nos odia? — Preguntó ella todavía llorando un poco contra el pecho de Edward.

—No lo sé... Todavía no la entiendo, Carlisle y Esme le dan todo, le cumplen todos los caprichos y aun así, no quiere tener nada que ver — Analizó Jazz. — No entiendo por que nos trata así. No le hicimos nada —Finalizó con la vista clavada en Alice, parecía que le mandaba rayos para que suelte a Edward.

—Yo tampoco, es raro, creo que no nos quiere mucho — Concluyó Edward.

Después de un rato, todos se tranquilizaron y hablaron de más temas, rieron y así se hizo de noche. El problema fue que Rosalie no bajó de su cuarto en todas esas horas y la más bajita de los Cullen lo notó.

—¿Y si voy a hablar con ella? —Preguntó e hizo una pausa, en la cuál, sus hermanos solo le dirigieron un par de miradas confusas. —No bajó en todo el día, quizá está arrepentida.

—No lo creo Ali, pero si vas a probar, adelante —Dijo Emmett, encogiéndose de hombros.

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Alice se incorporó de su lugar y antes se voltearse hacia la escalera, le sonrió a Jasper, que le devolvió el gesto, completamente feliz. La duende subió las escaleras, hacia el cuarto de Rosalie y obviamente estaba la puerta cerrada. Golpeó dos veces y esperó alguna señal de vida, pero por desgracia, no apareció ninguna. Volvió a golpear como seis veces más pero no había respuesta.

—Muy bien hermana, voy a entrar — Avisó abriendo la puerta, pero se sorprendió al ver que no había nadie y que la ventana estaba abierta. —¡Ahh! ¡A Rosalie se la tragó la tierra! —Gritó la duende y, en cuestión de segundos, todos subieron a ver que pasaba.

—¿Qué pasó? —Preguntó Esme, preocupada, entrando al cuarto.

—Rosalie no está —Contestó Alice aún alarmada. —¿Y si se murió? —Gritó sorprendida mientras le dedicaba a Carlisle una mirada de pura sorpresa.

—No hija —Respondió su padre, conteniendo la risa. —Creo que se escapó.

—Si es así, está en grandes problemas —Se limitó a decir su madre corriendo al garaje, seguida de su esposo e hijos, para encontrarse con la sorpresa de que no estaba el auto de Carlisle— Muy bien, Rosalie Cullen. Estás en grandes aprietos —Dijo Esme entre dientes y salió del garaje dando grandes pasos, pensando el castigo nuevo de su hija.

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Alice y Jazz salieron del garaje luego de sus hermanos y se fueron a sus respectivos cuartos para prepararse para la salida de aquella noche. Alice llamó por teléfono a Bella, quien en dos segundos estaba tocando el timbre de la casa de su amiga, para que la ayudara a elegir su vestuario.

—Muy bien Bella —Dijo Alice algo alterada —¿Qué uso? ¿Pollera, vestido, pantalón? —Preguntó la duende, revoloteando por todo su cuarto, revolviendo ropa y más ropa.

—Un vestido creo que estaría bien, pero no de los largos—Terminó por contestar la chica mientras ojeaba la ropa que se encontraba en el armario de su amiga.

—Está bien —Aceptó ella sacando todos los vestidos que poseía. En realidad no todos, porque si no estaban hasta la semana que viene. —¿Cuál te gusta más?

Bella parecía sorprendida. No podía creer que estaba eligiendo entre los vestidos de Alice. Se sentía su amiga sin ningún problema, se sentía a gusto con ella y la trataba como si fueran amigas muy antiguas y por un momento eso la hizo tardar en contestar, hasta que Alice le llamó la atención.

—¿Bella? —Preguntó ella, sacándola de sus pensamientos.

—Perdón, estaba pensando cuál es el mejor —Contestó Bella mirando los vestidos que estaban encima de la mesa. —¿Qué tal este? —Dijo después de otro rato, señalándo un bonito vestido color azul.

—Es mi favorito, Bella — Comentó Alice sonriendo ampliamente, mientras la miraba algo sorprendida por su elección. —¿Y estos zapatos? —Agregó señalando un par de color gris pálido, que se encontraban al costado de la cama.

—Perfectos —Concluyó su amiga, riendo.

—Gracias, gracias —Agradeció riendo Alice, mientras iba al baño con el vestido, los zapatos y el maquillaje, en mano.

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Después de cuarenta minutos de espera, Alice salió hecha una diosa. Tenía puesto un vestido azul marino que le llegaba a las rodillas, unos zapatos grises cerrados y con poco taco (se veía que no quería parecer más alta de lo normal). Estaba maquillada muy naturalmente. Un poco de base para tapar algunas cosas que ella sola creía que tenía, rimel en sus pestañas para alargarlas un poco más y un poco de delineador. La sombra que llevaba era de color azul, pero de uno muy delicado. Su pelo, corto como siempre, pero tenía algo raro, tenía sus picos habituales pero en algunas partes estaba raro, no sabría describirlo. En la mano derecha estaba agarrando un bolso gris que combinaba con los zapatos y sonreía muy complacida por su trabajo hecho.

—¿Qué tal, Bella? —Preguntó Alice mientras daba un giro sobre sus talones.

—¡Wow! ¡Estás hecha una diosa! —Tuvo que admitir su amiga, mirándola de pies a cabeza.

—Gracias amiga —Dijo la alagada y se tiró a abrazar a Bella.

—Soy tan feliz —Comentó sumamente emocionada (a punto de llorar) —Pero no voy a llorar, maquillaje —Se frenó riendo, mientras se señalaba el rostro.

Luego de su conversación, ambas bajaron a la sala, donde Jasper esperaba a Alice.

En cuanto a Jasper, llevaba unos jeans negros muy arreglados para ser llamados jeans pero que tampoco era un pantalón de traje, una camisa blanca fuera del pantalón y su pelo medio desarreglado, se notaba que había tratado de arreglarlo pero no había logrado nada de nada.

Al verlo Alice sonrió y no pudo evitar sonrojarse.

—Te ves…—Comenzó Jasper, mirando de arriba abajo a Alice. —Increíble…—Dijo al fin posando sus ojos en los de ella.

—Gracias. Tú también Jazz —Agradeció ella el gesto, aún sonrojada.

Jasper sonrió y miró en dirección a Bella.

—Oh, hola Bella… No sabía que estabas aquí —Dijo Jasper notando su presencia por primera vez.

—Está bien Jasper — Respondió Bella. —Alice…—Llamó, rompiendo el trance que había entre Alice y Jasper.

—¿Si? —Preguntó volviendo en si, mientras se volteaba a ver a su amiga.

—Toma —Dijo tímidamente y le entregó unas llaves.

Alice abrió los ojos como platos al ver el objeto que Bella le estaba entregando. La duende gritó de alegría y comenzó a dar sus saltitos al comprobar que sí era lo que ella estaba pensando.

—¡Oh Bella! ¡Son las llaves de mi Porsche! —Gritó Alice dando saltitos de felicidad con las llaves en sus manos. —¿De dónde las sacaste? —Preguntó Alice desesperada mirando a Bella.

—Las… encontré… por ahí —Contestó ella mirando algo sorprendida, como saltaba su amiga, que más o menos, parecía un resorte.

—¡Muchísimas gracias Bella! Me has devuelto parte de mi vida —Agradeció Alice dejando de dar saltitos y abalanzándose sobre Bella para darle un fuerte abrazo.

—No es por nada... —Dijo Bella cuando la liberó de su abrazo.

—Bueno Alice… ¿Estás lista? —Preguntó Jasper tomando la mano de ésta, quien asintió.

—Entonces vamos —Dijo Jasper, ahora tironeando suavemente de la mano de la chica. Luego se despidieron de Bella y fueron hacia el garaje.

Al entrar y ver su tan amado auto, Alice no pudo evitar sonreír abiertamente.

Jasper se había ofrecido para manejar, ya que temía que por culpa de la felicidad y la emoción de Alice chocaran en el camino, pero Alice se negó rotundamente, ya que extrañaba con todo su ser su tan preciado auto. Así que Alice se sentó frente al volante y Jasper, con algo de miedo por la demente sonrisa de Alice, se sentó a su lado en el asiento del copiloto.

Unos segundos más tarde Alice arrancó el auto y salieron del garaje.

—¿A dónde quieres ir Ali? —Preguntó Jasper mientras se ponía el cinturón de seguridad por las dudas...

—No lo sé… tú elige —Dijo Alice completamente concentrada en la carretera.

—Ehh… —Pensó Jasper un momento— ¿Qué tal el cine? Y luego podemos ir a cenar a algún restaurante —Dijo al fin y miró a Alice, esperando su aprobación.

—Me parece bien —Coincidió, sin quitar la vista del camino mientras conducía.

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Al llegar al cine, Alice estacionó el Porsche. Jasper se apresuró al bajar y ayudó a Alice a bajar del auto, quien sonrió y agradeció a Jasper ante el cordial gesto.

Entraron al cine y compraron las entradas… en realidad Jasper iba a comprarlas, pero Alice, haciendo un puchero, le pidió a Jasper si ella podía comprarlas ya que extrañaba invertir dinero. Así que Jasper, aún extrañado, le dio el dinero a Alice y ella, sonriente, compró las entradas y luego unas palomitas y unas bebidas para ambos, y con tal de seguir gastando dinero comenzó a fijarse que más podía comprar.

—Alice… creo que las palomitas y las bebidas están bien… —Dijo Jasper al ver que Alice intentaba ver que más comprar. Pero ella no contestó. Simplemente se dedicó a recorrer con la mirada el puesto de dulces de arriba a abajo.

—Alice ya va a comenzar la película —Dijo Jasper ahora tomando a Alice de la mano.

—Pero, pero, pero aún tenemos que comprar algo más… —Dijo haciendo otro puchero.

—Alice… puedes comprar luego —Intentó convencerla, resistiéndose al puchero de Alice. Pero lo único que ganó fue que Alice aumentara más su puchero.

Jasper suspiró y se cruzo de brazos, soltando la mano de la chica.

—Bien… pero una cosa mas, ¿Está bien? —Se rindió el rubio haciendo énfasis en la palabra "una".

Alice le entrego las bebidas y las palomitas a Jasper quien las tomó con cuidado. Luego dio unos saltitos de alegría, y lo abrazó, también con cuidado para no manchar su vestido o a Jasper.

Entraron a la sala con diez minutos de retraso, aun que la película aún no había comenzado. Alice iba primero buscando unos buenos lugares con la mirada mientras que Jasper iba con las manos llenas de bebidas, golosinas, palomitas y todo tipo de dulces. Prácticamente con todo el puesto, siguiendo a Alice.

Alice, con una sonrisa victoriosa, eligió los lugares y se sentaron. Una vez ubicados, Jasper dejó todos los dulces y demás, en el asiento que estaba a su lado.

—¿Y ahora qué hacemos con todo esto? —Cuestionó Jasper, señalando al asiento que estaba a su lado, que prácticamente desbordaba de golosinas.

Alice rió. —¿Me pasas una bebida y las palomitas? —Preguntó ella poniendo una carita de ángel.

Jasper suspiró y le pasó las cosas que ella le pidió.

—Eres un duende malévolo Alice —Agregó sonriendo mientras tomaba unas palomitas para él.

—Lo sé —Respondió Alice riendo ante su comentario y le dio un beso en la mejilla a Jasper causando que éste se sonroje en un rojo muy fuerte. Parecía un tomate y, además, que se dedique solamente a comer palomitas en silencio contemplando la pantalla esperando a que la película comenzara de una vez por todas.

Luego de un rato de comerciales, la película comenzó.

A medida que ésta iba avanzando, Alice se horrorizaba cada vez más y más y siempre terminaba por abrazar a Jasper o cubrirse sus ojos con sus manos.

—¿Por qué tuvimos que venir a ver una película tan terrorífica Jasper? —Preguntó Alice en un susurró mientras comía palomitas.

Jasper rió bajito. —Oh vamos Alice, no es para tanto. Hay peores—Dijo totalmente enfrascado en la película.

Alice escondió su rostro en el hombro de Jasper, quien pasó su brazo por la espalda de ella para mantenerla cerca.

—¿Terminó? —Preguntó aún con su cara escondida en el hombro de Jazz.

—Si, ya puedes mirar Ali —Dijo Jasper y liberó a Alice del abrazo y, lentamente, ella se separó de Jasper.

—¿Y ahora qué hacemos con todo lo que sobró, señorita soy-un-duende-maléfico-amante-de-las-compras? —Dijo el chico señalando al asiento que estaba a su lado, aún lleno de dulces.

—Lo llevamos a casa. Emmett se encargará —Contestó Alice sonriendo.

El rubio dio un suspiro y tomó las cosas en manos como pudo luego de incorporarse.

Al salir del cine, Jasper dejó todos los dulces en el asiento trasero del Porsche y ambos se subieron al auto para ir a cenar a algún restaurante de la zona.

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Luego de dar un par de vueltas buscando algún restaurante para cenar, se decidieron por uno que se encontraba en la zona más poblada de Forks.

Alice estacionó el Porsche frente al restaurante. Luego apagó el motor y salió del auto en compañía de Jasper, quien tomó la mano de la más bajita y los dos juntos, entraron al restaurante y se pusierona a buscar una mesa.

Al sentarse, les trajeron los menús. Alice comenzó a ojear los platos más caros que había.

—Ali ¿Qué te parece si pedimos unas pastas? —Preguntó Jasper al ver que Alice tenía su mirada fija en los platos más costosos del restaurante.

—Pero… Jazz —Se quejó Alice.

—Alice, no traje tanto dinero. Si quieres puedo compensártelo otro día que salgamos —Dijo Jasper. —Te llevo de compras —Agregó al ver que Alice estaba haciendo un puchero, pero al oírlo, cambió su puchero por una sonrisa que daba miedo.

—¡Si! —Gritó Alice dando aplausos con sus manos.

Varia gente del restaurante se volteó a mirarlos al escuchar el grito de la chica.

—Alice… —Dijo el chico intentando calmarla ya que las personas presentes en el restaurante los observaban fijamente.

—¿Cuándo vamos de compras? —Cuestionó la duende, desesperada.

—Eh… —Dudó Jasper, ante la mirada demente de Alice. —Lo hablamos luego, ¿Si? —Preguntó él.

—¿Me lo prometes? —Dijo ella mirándolo, aún con desesperación.

El rubio observó como los ojos de la duende brillaban, llenos de emoción. Y sólo se limitó a sonreir un par de segundos, hasta contestar.

—Claro—Afirmó Jasper mientras asentía levemente con la cabeza.

Alice sonrió y dejó aún lado el menú, con toda calma.

—Entonces pasta será —Dijo ella aún completamente sonriente.

Jasper suspiró aliviado… aún que no tenía idea en el lío en el que se había metido…

Luego, pidieron la cena. Y para hacer tiempo se quedaron un rato hablando sobre la película hasta que les trajeron la comida.

Después de cenar, Alice le pidió a Jasper que pidieran un postre.

—Por favor Jazz…—Rogó Alice haciendo ojitos.

—Podemos comer los dulces que sobraron Alice. No es necesario invertir más —Dijo Jasper escondiendo su billetera de la vista de Alice.

—Esos son para Emmett. Vamos, por favor, sólo un diminuto postre. Sólo uno, por favor Jazzy-Jazz —Pidió Alice, haciendo ojitos y pucheros.

Jasper suspiró rendido, admitiendo su derrota. Alice iba a vaciar por completo su billetera y no se detendría hasta haberlo logrado.

Pidió la carta de postres y como no podía ser de otra manera Alice ordenó el postre más caro del menú.

Cuando terminaron de comer el postre y llegó el momento de pagar la comida a Jasper le dolió mucho más de lo que había pensado… trescientos treinta y seis dólares una "diminuta cena".

Alice, en cambio, parecía feliz. Al salir del restaurante ella daba saltitos y aplaudía de alegría, mientras le daba besos en al mejilla a su chico, causando que éste, se sonroje.

—Alice, Alice, Alice, ¿Qué voy a hacer contigo? Pequeño duende del demonio adicto a invertir todo el dinero posible —Dijo Jasper subiéndose al Porsche.

Con Alice habían quedado que él a la vuelta a casa manejaría y ella iría en el asiento del copiloto.

La duende soltó una carcajada al oírlo y subió al auto.

—Oh Jazz, eres el mejor —Dijo ella y lo abrazó pero al separarse los dos se quedaron en silencio, mirando puntos diferentes. Nunca cruzando miradas.

—¿Jasper? —Comenzó Alice sin mirarlo.

—¿Qué ocurre? —Dijo éste volteándose a verla a los ojos.

—¿Tú… me… me quieres? —Pregunto Alice tímidamente mientras hacía todo lo posible por mantener la mirada fija en los hermosos ojos azules de Jasper.

—Claro que si Alice, ¿Por qué preguntas? —Contestó Jasper observándola con algo de curiosidad.

—¿Entonces no me odias por haberte hecho gastar todo ese dinero? —Pregunto Alice preocupada mientras observaba hacia otro lado, interrumpiendo la mirada que había mantenido con Jasper. Pero, al oírla, soltó una sonora carcajada, lo cual era muy raro en él.

—Alice ¿Cómo puedes pensar eso? Si te odiara por gastar dinero, ¿Crees que hubiera salido contigo hoy sabiendo que me harías gastar todo el dinero posible? —Cuestionó Jasper tomando la mano de la chica suavemente mientras jugueteaba con sus dedos.

Alice se sonrojó al escucharlo pero no contestó.

—¿Cómo lo pasaste hoy? —Preguntó él rompiendo el incómodo silencio que había emergido.

—Muy bien. Lo pasé increíble Jazz, gracias —Respondió Alice, sonriendo.

—Me alegro que haya sido de tu gusto —Dijo Jasper y encendió el auto. —Sabes Alice…—Comenzó luego de hacer una breve pausa. —Yo puedo invertir todo mi dinero en lo que más desees, si eso te hace feliz— Dijo soltando su mano. —Pero la única cosa que yo siempre quise y deseé no podía comprarla con dinero ¿Sabes? —Dijo y se acercó lentamente a ella que sólo se limitaba a observarlo desde su asiento.

—¿Y cuál es? —Preguntó ella tímidamente.

—¿No es obvio? Eres tú, tonta —Dijo Jasper tomándola suavemente por el mentón.

—Oh…—Fue todo lo que Alice pudo decir antes de que Jasper posara suavemente sus labios sobre los de ella.

Alice sentía que explotaba por dentro. ¡Jasper la estaba besando! Ella a veces había imaginado ese hermoso momento, pero jamás esperó que fuera algo como lo que estaba presenciando. Se sentía tan cómoda, tan feliz y completa a su lado. No quería separarse de él nunca, quería estar para siempre junto a él. Pero cuando él se separó y rompió el beso, Alice se sintió extraña. Quería volver a besarlo y decirle todo lo que sentía por él.

—Será mejor que volvamos… Esme y Carlisle seguro nos matarán —Aclaró Jasper tranquilamente al separarse de ella.

Alice no dijo nada, estaba muy impresionada como para poder hablar…. Así que solo se limitó a mirar por la ventana intentando disimular el hecho de que estaba roja como un tomate o tal vez, aún más.

Luego de arrancar el auto, el viaje a casa fue bastante silencioso. Rara vez Jasper y Alice intercambiaban palabras. Alice se intentaba concentrar en el paisaje que veía a través de la ventana, aun que estuviera completamente oscuro.

-.-

—Alice —Dijo Jasper posando una mano en su hombro y ella sçolo se limitó a voltearse a verlo. —Llegamos… —Le informó sonriendo.

Alice asintió y Jasper terminó de estacionar el auto dentro del garaje. Una vez que el auto se encontraba apagado, Jasper bajó del auto.

Al salir, él tomó los dulces y los metió en una bolsa que encontró allí, mientras que Alice bajaba del auto, en silencio.

Cuando Alice cerró la puerta de su auto, Jasper le ofreció su mano en un cálido y dulce gesto. La duende aceptó feliz, tomando la mano del rubio. Los dos se encaminaron en puro silencio hasta la puerta que conectaba el garage con la sala de la casa. Pero justo antes de salir, Alice se detuvo en seco en su lugar.

—Jazz…—Lo llamó la duende rompiendo el silencio, antes de salir del garaje. Jasper se volteó a verla, esperando a que siguiera hablando.

—Te quiero— Sonrió ella tímidamente, mientras se dedicaba a mirarlo a los ojos fíjamente.

Jasper sonrió complacido por aquellas tan tiernas palabras. Luego se acercó un poco a la chica, inclinándose levemente, y la besó dulcemente mientras que ella pasaba sus brazos por arriba de los hombros de Jasper, acercándolo más a su cuerpo. —¿Serías mi novia, Alice? —Preguntó mirándola a los ojos, al separarse del beso.

—Claro que si Jazzy —Respondió ella emocionada y volvió a besarlo, aun que ésta vez, con más pasión que antes.

Al salir del garaje, entraron de la mano a la sala para encontrarse con Esme y Carlisle viendo como Rosalie subía la escalera hacia su habitación, con cara de pocos amigos.


Espero que les haya gustado el segundo cap de este loco fic.

De vuelta, muchas gracias a todos los que leen =)

Besos. Seguro que mañana a la tarde actualizo.

Pau.