¡Hola!
Bueno acá subo el siguiente capítulo, espero que les guste =)
Muchas gracias a todos lo que comentan y leen el fic.
Disclaimer: Los personajes le perteneces a Stephenie Meyer.
Al rato Carlisle llegó a casa. Estacionó el auto y los chicos Cullen bajaron rápidamente mientras se despedían de su padre y entraron a la casa, mientras que él encendía al auto una vez más para volver al trabajo.
Emmett entró a la casa como loco y corrió a su cuarto, ya que tenía práctica de Football y no quería llegar tarde. Subió los escalones de dos en dos y corrió hasta llegar a su habitación.
Una vez allí cerró la puerta y se cambió lo más rápido que pudo. Cuando ya estaba preparado, con su bolso en mano, bajó las escaleras corriendo, tal y como las había subido, y luego se dirigió hacia la puerta que comunicaba la sala con el garaje, para ir por su Jeep.
Pero en eso, Esme se asomó por la puerta de la cocina y lo detuvo en seco.
—¿Emmett? —Preguntó su madre, entrando en la sala, con una sonrisita de suficiencia en el rostro.
Su hijo se volteó a verla, luego de un bufido y se dirigió a ella con tono apurado. —¿Qué ocurre, Esme? —Casi gritó, mientras miraba con desesperación la puerta.
—¿Por qué la prisa hijo?
Emmett la observó, incrédulo por unos instantes y se dedicó a responder, algo deseperado, ya que estaba llegando algo tarde. —Tengo práctica y si no me apuro llegaré tarde —Respondió, ahora ya agitado.
—Oh, no tienes de que preocuparte Emmett. Ya me he encargado de todo —Contó Esme sonriendo y su hijo la miró extrañado y confundido.
—¿A qué te refieres? —Preguntó éste con suma cautela, dudando.
—Pues… llamé a tu entrenador. Le dije que no irías por un par de días a la práctica ya que tú y tus hermanos pusieron la dirección patas para arriba —Finalizó.
Emmett se quedó helado en su lugar, aún intenando asimilar la información que su madre le había compartido hacía unos segundos atrás. No iría más a las prácticas, y todo por la estúpida broma que habían jugado.
Cuando por fin volvió en sí, el chico explotó.
—¿Qué? —Gritó desesperado, con los ojos abiertos como platos. —¡Esme no puedes hacerme esto! ¡Quítame el Jeep, pero no las prácticas! —Agregó haciendo un puchero, pero su madre sonrió y negó con la cabeza.
—Lo siento hijo, lo hecho echo está. Y no es mala idea lo del Jeep —Acotó Esme aún entre risas y se dirigió a la cocina de vuelta. Una vez que cerró la puerta, Emmett maldijo en voz baja y, aún perplejo, bufó y se dejó caer en el sillón de la sala. Alice tenía razón, ¡Solo hicimos una broma, no hemos matado a nadie! No era necesario semejante castigo, pensó Emmett, molesto. Se quedó un par de minutos allí sentado, maldiciendo mentalmente a su madre hasta que en ese instante, Jasper bajó las escaleras a paso lento y se acercó a su hermano, con curiosidad. Se suponía que él ya debía estar en sus prácticas.
—Hey, Emm —Saludó Jasper dejándose caer en el sillón, a su lado. —¿Hoy no tenías práctica? —Preguntó éste xon el ceño fruncido, volteándose a verlo.
—Tenía… hasta que alguien decidió llamar al entrenador para decirle que no iré por días a entrenar, gracias al estúpido castigo —Contó Emmett algo molesto, mientras ponía los ojos en blanco.
—Oh —Murmuró Jasper al oírlo y entonces, Emmett se arrojó sobre él, tomándolo brúscamente del cuello de la camisa. Jasper se pegó tal susto, que saltó en su lugar, pero se calló al ver que su hermano había comenzado a hablar, antes que él.
—Jazz ¡Tenemos que hacer algo! ¡Esto se está saliendo de control! No sabemos que esté planeando Esme. Podría estar planeando como ahogarnos mientras dormimos ¡O envenenarnos! O quien sabe que cosas deben estar pasando por la mente de esa mujer. Jasper, lo diré una sola vez… Esme es maligna —Dijo Emmett en un susurro, completamente enloquecido. Pero Jasper no respondió, se quedó en silencio, observando a su hermano. Realmente asustada su expresión. Parecía que estaba a punto de sufrir un ataque nervioso.
Pero antes de que cualquiera de los dos pudiera hacer un comentario, se escuchó la voz de Esme. —¡Te oí Emmett Cullen! Despídete de tu Jeep por un largo tiempo —Gritó Esme desde la cocina.
El chico puso una expresión de pura sorpresa al oír a su madre. No se esperaba eso para nada. —Diablos —Maldijo Emmett, sin saber que decir.
—Emmett, ¿Te molestaría soltarme? —Preguntó Jasper, algo incómodo, ya que su hermano aún seguía agarrándolo por el cuello de su camisa. El chico murmuró unas palabras ininteligibles y lo soltó. —Bueno... —Comenzó Jasper, luego de aclararse la garganta y arreglarse el cuello de su camisa. —Como ha sido un mal día para ti, según veo, estoy seguro de que esto te subirá un poco el ánimo—Dijo ahora con una sonrisa implantada en el rostro.
Su hermano lo miró, ahora intrigado y sonrió pícaramente. —Oh, Gasparín sonríe ¿Cuál es tu secreto? —Preguntó Emmett entusiasmado.
Jasper miró a ambos lados del cuarto y luego hacia la puerta de la cocina. Al no detectar movimiento alguno, se acercó unos centímentros, a su hermano. —Acabo de comprar una Play Station —Contó en un susurró casi audible.
Emmett abrió mucho los ojos, al escucharlo. —¿En serio? —Gritó incrédulo, ante el comentario de su hermano.
—¡No grites! ¿O quieres que Esme se entere y despedirte de la Play Station sin siquiera tenerla? —Le reprochó Jasper, aún en un tono muy bajito.
Emmett rió y asintió con la cabeza. —Oh, buen punto Jazz.
—La recibiré mañana —Agregó, también en un susurró, muy bajito.
—¡Genial! —Dijo Emmett contento, mientras frotaba las palmas de sus manos.
En eso la puerta de la cocina se abrió de repente, asustando por compleo a los chicos, y haciéndolos saltar de su lugar. —¿Qué cosa es genial, Emmett? —Interrogó Esme entrando en la sala al ver la mirada sospechosa de sus hijos.
—Eh, bueno justamente lo estaba hablando con Jazz —Dijo éste, en un intento de salvarse. Haciendo que su hermano le dedicara una mirada asesina. Pero Emmett le había pasado la bomba a él, ahora tenía que pensar en algo rápido o Esme ya comenzaría a sospechar que algo estaba fuera de lugar.
—Ya veo, ¿Jasper? —Se dirigió Esme ahora a su otro hijo, quien se removió inquieto en su lugar unos segundos, hasta que contestó.
—No es nada importante Esme. No tienes de que preocuparte —Comentó Jasper en un tono serio, aun que se lo notaba algo nervioso.
Esme dudó unos segundos mientras observaba los semblantes nerviosos de sus dos hijos. —Bien —Dijo al fin e hizo una breve pausa. —Ahora ya que no tienen nada para hacer, suban a sus cuartos y hagas sus deberes de la escuela, chicos —Finalizó sonriente.
Emmett y Jasper maldijeron en voz baja al oír a su madre. Pero al o quedarles otra opción, se levantaron del sillón sin ganas y subieron las escaleras hacia sus respectivos cuartos para hacer sus tareas.
-.-
Mientras tanto, Rosalie se encontraba en su cuarto hablando por su celular con una de sus amigas. Le estaba contando acerca lo que le había ocurrido el día anterior, pero fue interrumpida ya que escuchó que tocaban la puerta de su cuarto, la cuál se encontraba cerrada.
—Hija, ¿Puedes bajar un segundo? —Escuchó la voz de su madre. La chica le indicó a su amiga que esperara unos segundos y le respondió a su madre, en tono amargo, que en unos minutos bajaba. Luego oyó como Esme se alejaba hacia la escalera.
La rubia suspiró frustada y se despidió de su amiga. Colgó sin ganas el teléfono y se dirigió hacia la puerta del cuarto con el mismo humor. Bajó las escaleras a regañadientes y fue a la sala donde se encontró con su madre cruzada de brazos.
—¿Qué quieres Esme?, ¿No ves que estaba ocupada? —Preguntó la chica con un tono frío, mientras se miraba las uñas.
—Rosalie, te has comportado pésimo últimamente y no creas que vamos a pasar por alto todo lo que has hecho —Comenzó su madre, con tono tranquilo.
Ella suspiró. —No estaba arreglando ninguna salida, ¿Es qué ahora ya ni hablar con mis amigas puedo? —Se quejó la rubia observando a su madre, de mala manera.
—No es el punto, jovencita. —Dijo su madre. —Estarás castigada hasta que Carlisle y yo lo digamos y si nos desobedeces alargaremos tu castigo —Le reprochó Esme y luego de unos segundos, continuó. —Rosalie, ve a la cocina. Allí es un buen lugar para comenzar tu castigo-Agregó ahora con un tono severo.
Rosalie puso los ojos en blanco y dio un largo suspiro, para no perder el control de si misma. Se decidió por hacer caso y se dirigió hacia la cocina, seguida de Esme. Cuando cruazó el umbral y entró en el cuarto se quedó petrificada al ver baldes, trapos, escobas, envases y más artículos de limpieza apilados en una esquina del cuarto. Al ver todo eso entrecerró los ojos con furia y se volteó a ver a su madre.
—¿Disculpa?, ¿Qué se creen que soy?, ¿Su ama de casa? —Interrogó Rosalie furiosa, enfrentando a Esme.
—Claro que no Rose, pero un poco de limpieza te mantendrá ocupada. Sólo por si te aburres, ya que no saldrás con nadie en los siguientes días. ¡Y si sigues comportándote de ésta manera tan inmadura y egoísta no saldrás por meses! —Agregó su madre, elevando un poco la voz. —Yo diría que empieces hoy ya que la casa es demasiado grande— Finalizó, ahora un poco más calmada.
Rosalie bufó molesta, y se dirigió hacia la salida de la cocina.
—¿A dónde crees que vas, jovencita? —Dijo su madre, deteniéndola.
—A cambiarme. No pienso arruinar mi ropa por tus caprichos, Esme —Contestó Rosalie, que parecía que echaba humo de lo enfadada que estaba.
Esme asisntió y contempló cómo su hija salía dando grandes pasos de la cocina. hacia la sala y subía las escaleras, con rumbo a su cuarto.
Al llegar allí Rosalie cerró la puerta de su habitación con un fuerte golpe. ¿Quién se creía que era para hacerme hacer algo así? Pensó la rubia, mientras lágrimas de furia salían de sus ojos. La chica intentó calmarse y se secó las lágrimas con la manga de su saco.
Una vez ya más tranquila, se dirigió hacia su armario y se dispuso a buscar ropa para estar en casa y que no fuera tan elegante. Una vez que encontró una remera simple y unos jeans algo gastados, se cambió con una mueca de asco. Ni ella se creía lo que estaba haciendo. Un rato después Rosalie bajó vestida con ropa no tan arreglada como la que siempre solía usar y se dirigió a la cocina, en donde se encontró a su madre, esperándola.
—¿Feliz? —Preguntó Rosalie indignada. Esme sólo sonrió y le deseó suerte a su hija, que después de todo iba a necesitarla. Rosalie rodó los ojos, molesta y se dirigió hacia los diferentes artículos de limpieza que se encontraban apilados en la esquina de la cocina. La chica se arrodilló, frente a ellos y tomó un par para comenzar con la limpieza. Tómo un balde y lo llenó con agua, mientras hacía esto seguía pensando en que no podía entender como se estaba rebajando a aquella humillación.
Aquella tarde se pasó rápido para todos los chicos Cullen excepto para Rosalie, quien estaba harta de barrer, fregar, lavar y limpiar… las horas le parecían días y en lo único que pensaba era en acabar lo más rápido posible. Esme estuvo a su lado toda la tarde, vigilando que su hija no se escapara o se distrajera de sus tareas.
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Cuando por fin Esme llamó a sus hijos a cenar, Rosalie se sintió aliviada. Dejó aún lado los trapos y baldes y se fue hacia su cuarto para cambiarse. Se había pasado todo el día limpiando pero antes de ir a cenar revisó su celular, que tenía como mas de quince llamadas perdidas de sus amigas. Maldijo a Esme en voz baja y bajó a cenar con el resto de sus hermanos.
—¿Cómo ha estado la limpieza hoy Rose? —Preguntó Emmett con un tono burlón al verla entrar en la cocina con cara de pocos amigos.
La chica, que estaba cruzando el umbral de la puerta de la cocina se detuvo en seco al oír las palabras de Emmett. Lo miró con rabia unos segundos y luego se acercó a la mesa. —Cierra la boca Emmett —Contestó ella de mala manera mientras se sentaba frente a él.
—Parece que alguien está de mal humor hoy —Dijo Edward riendo mientras intercambiaba una sonrisa cómplice con su hermano.
Rosalie giró su cabeza en torno a Edward y le dedicó una mirada asesina, al oír su comentario.
—Niños, no pelen —Advirtió Esme.
Pero, como era de costumbre, ignorando el comentario de su madre, Emmett rió por lo bajó junto con Edward, quienes chocaron los cinco frente a Rosalie. La chica parecía que estallaba de rabia. —¿Les parecerá muy gracioso no? —Casi gritó Rosalie levantándose de golpe, sobresaltando a todos, en la mesa. Alice y Jasper, que estaban más concentrados en su cena, se pegaron tal susto que casi saltaron de sus asientos.
—Rosalie, siéntate querida. No hay necesidad de esto —Dijo su madre, intentando calmar la situación.
—No Esme, ¡Me tienen harta! —Gritó furiosa. —¡Lo único que hacen es fastidiarme, los odio! —Agregó y tomó su plato y salió de la cocina a toda velocidad. Lo siguiente que se escuchó fue un portazo proveniente del cuarto de la chica.
La cocina se sumió en un largo e incómodo silencio. Emmett intercambiaba miradas con Edward, no pensaron que Rosalie se pondría así. Mientras que Alice y Jasper no sabían que decir, por lo que permanecieron callados, esperando a que alguien rompierta el hielo.
Esme suspiró rendida, ya que la actitud de sus hijos era irremediable. —Edward, Emmett —Comenzó su madre luego de un largo suspiro.
—Oh vamos Esme, no fue para tanto. Rose se toma todo a mal —Dijo Emmett en su defensa, volteándose a verla.
—Luego de cenar irán los cuatro a disculparse con ella —Ordenó Esme con tono serio.
—¡Nosotros no hicimos nada! —Discutieron Alice y Jasper, ya que ambos no tenían nada que ver en aquella pelea.
—No importa, irán igual. Sé que Rosalie puede ser inmadura y agresiva de vez en cuando pero hoy ustedes son los que se han pasado con ella —Dijo su madre seriamente.
—Pero... Esme —Alice intentó convencerla, haciendo pucheros.
—Sin peros señorita. Luego de cenar irán y se disculparán con su hermana —Finalizó Esme con seriedad.
El resto de la cena fue silenciosa, ya que nadie tenía nada para decir. Emmett se sentía arrepentido, al igual que Edward, pero Alice y Jasper solo se dedicaban a maldecir, ellos no habían hecho nada malo.
Los hermanos Cullen sólo se dedicaron a intercambiar miradas con diferentes expresiones. Algunas confusas, serias y otras reflejaban arrepentimiento.
Al terminar de cenar Alice ayudó a su madre a levantar la mesa y luego los cuatro hermanos subieron para disculparse con Rosalie. Una vez que los cuatro se encontraban frente a la puerta del cuarto de su hermana se decidieron por tocar primero.
Emmett titubeó por un par de segundos, ya que no estaba seguro de la reacción que la chica podía llegar a tener con ellos. Sí, tenía un par de teorías pero... no estaba seguro de si quería averiguarlas. Suspiró y acercó su puño a la puerta del cuarto. —¿Rose? —Llamó Emmett levantando un poco la voz, tocando la puerta.
—¿Qué quieres? —Cuestionó ella con mal humor, desde el interior de la habitación.
—Eh ¿Nos abrirías?
Se escuchó un suspiro forzado por parte de la chica y, segundos después, Rosalie abrió la puerta con sumo desgano y enfrentó a sus hermanos.
—¿A qué vienen? ¿A seguir burlándose? —Dijo ella poniendo los ojos en blanco.
Al ver que nadie parecía reaccionar para contestar su interrogante, la más pequeña de los Cullen habló. —Rose, queremos disculparnos —Comenzó Alice. Rosalie la miró sin entender por qué era ella precisamente la que le pedía disculpas. —Bueno, es por parte de los cuatro. Nos sentimos mal cuando te fuiste así antes —Agregó la mas bajita de los hermanos Cullen.
—¿Eso es todo? —Dijo Rosalie, aún mirando a su hermana, algo sorprendida.
—En parte, entonces ¿Nos perdonas? —Preguntó Edward hablando por primera vez.
Rosalie se quedó callada unos segundos, pensativa.
—Yo sé qué es lo que está faltando —Dijo Emmett de repente, interrumpiendo los pensamientos de la chica. —¡Un abrazo de oso!
—Emmett —Comenzó Rosalie, intentando detenerlo pero ya era tarde, los cuatro hermanos estaban abrazándola cariñosamente.
La chica disfrutó del cálido abrazo por un par de segundos. —Está bien, está bien —Asintió ella, liberándose del abrazo.
—¿Ves Rose? No era tan difícil —Dijo Edward riendo y su hermana sólo asintió levemente.
—Descuida, no le diremos a nadie que te rebajaste a perdonarnos. En realidad sólo a Emmett y a Eddie, ya que Jasper y yo no hemos hecho nada pero bueno si le dijéramos algo a alguien acerca de todo esto, aplastaría todo tu orgullo —Dijo Alice divertida, logrando sacarle una pequeña carcajada a Rosalie.
—Entonces ¿Estamos todos arreglados? —Preguntó Jasper cordialmente.
—Sí, claro. Buenas noches… hermanos —Concluyó Rosalie riendo y cerró la puerta de su cuarto, una vez que todos ya se habían alejado hacia sus habitaciones.
-.-
Al entrar a su cuarto, Edward se quedó unos segundos pensando qué podía hacer para matar el tiempo. Aún era muy temprano para irse a dormir, y no tenía nada que hacer, la tarea... bueno la tarea podía esperar aún. Siguió repasando en su mente en qué podía gastar su tiempo, hasta que una idea iluminó su mente. Se dejó caer en su cama y tomó el teléfono que se encontraba sobre su mesa de luz. Se había decidido por llamar a una "amiga" de la escuela para pasar el rato. Marcó el número correspondiente y al segundo atendieron.
El chico sonrió para sus adentro al oír la voz que tanto quería escuchar, preguntando de quién se trataba la llamada, al otro lado del teléfono. —Hola mi vida —Saludó él primero, poniendo su mejor tono de seductor.
—¡Edward! —Chilló la voz luego de ahogar un grito.
—¿Cómo estás? —Preguntó Edward con el mismo tono de antes, mientras sonreía abiertamente al ver como se había puesto su receptora al darse cuenta que él la había llamado.
—Bien, gracias. Ahora que llamaste, mucho mejor —Contestó, haciéndolo sonreír nuevamente, aunque él no pudiera verla.
Pero notó como de a poco se formó un incómodo silencio en la conversación. ¿Cuál era el punto de aquella llamada? Ni él lo sabía. Así que soltó lo primero que se le vino a la mente. —Tengo ganas de verte —Soltó el Cullen de repente, sin dudar de sus palabras.
—¿En serio? Que casualidad, porque yo también Ed.
—Muy bien. Entonces nos veremos mañana a las ocho en la puerta de tu casa. Déjame llevar mi auto —Ofreció Edward, pero en eso, recordó que estaba castigado y que Esme jamás le dejaría usar el auto y menos para ir a una cita. Bueno, algo iba a inventar.
—Perfecto, a las ocho en mi casa —Aceptó la chica luego de una risita. —¿Qué vamos a hacer?
Edward enarcó una ceja y frunció los labios, en una pícara mueca. —Lo que quieras —Contestó Edward, volviendo a su tono seductor.
—Entonces mejor que te prepares, Cullen —Lo desafió ella, ahora adoptando el mismo tono que el chico.
—Siempre lo estoy —Dijo él finalizando.
—¿Para qué estás listo, Eddie? —Preguntó la voz de su madre desde otro teléfono.
La expresión de Edward al escuchar aquella voz fue más que impagable... ¿Qué estaba haciendo su madre espiando sus conversaciones telefónicas? El chico entró en un estado de desesperación y se dedicó a contestar. —¡¿Esme? ¿Qué haces escuchando? —Gritó perplejo, aún sin creer qué estaba sucediendo.
—¿Ed? ¿Qué sucede?, ¿Quién rayos es Esme? —Preguntó la chica, ahora algo molesta por la repentina interrupción.
—Oh, no te preocupes querida, soy sólo su madre —Dijo Esme intentando no estallar en risotadas.
—Esme... ¿Te molestaría colgar el teléfono? — Comentó Edward, molesto.
—Pero Eddie, necesitaba decirte que acabo de lavar tu lindo pijamita de ositos, ¿Quieres que te lo lleve? —Preguntó su madre sonriente, con tono maternal y tierno.
—Edward, ¿Tienes un pijama de ositos? —Preguntó la chica incrédula, sin dar crédito a sus oídos.
—¡Claro que no! —Gritó furioso. Si Esme no se callaba, algo malo iba a ocurrir... algo muy malo.
—¿Entonces debo sacar todos los peluches de tu cuarto? Oh, pobre Eddie, recuerdo cuando les robabas las muñecas a tus hermanas. Pobres Alice y Rosalie, nunca encontraban sus muñecas por que siempre las tenías tú Eddie. En fin... ¿entonces no te llevo el pijama? —Dijo Esme.
La chica aún no podía creer las cosas que la madre de Edward estaba diciendo. Sintió algo de pena por el chico, pero por otra parte... ¿Edward tenía aún un pijama de osos? Eso era raro, Pensó. —Bueno Edward, eh… yo creo que te llamo más tarde, adiós —Dijo la chica y cortó de golpe, sin darle tiempo al chico de dar explicación alguna.
Edward se quedó estático, en su lugar. Por un momento parecía que se había congelado, ya que realmente estaba muy quieto y no daba signos de vida alguno. Lo único que daba a entender que no lo estaba, era su cara (la cuál estaba muchísimo más roja de lo que debería estar una persona avergonzada y furiosa a la vez). Parecía una bomba de tiempo, ya que en cualquier momento explotaría. —¡Esme! —Gritó Edward enfurecido y el eco de su grito retumbo en toda la casa.
El dueño de ese grito bajó como alma que lleva el diablo al comedor, en donde se encontraba su madre. Al verla, la fulminó con la mirada. —Mamá ¿Por qué lo hiciste?— Gritó el chico desencajado, pero su madre no se inmutó para nada, sólo se dedicó a mirarlo con una sonrisa. —Es decir, ¿osos? ¡Podrías haber dicho un pijama de vaqueros, no sé! ¿Y muñecas?, ¿Qué rayos te pasa? —Siguió gritando con ira.
Su madre suspiró y sonrió, como si nada hubiera pasado —Pero Edward, todavía tienes ese pijama hermoso guardado en un cajón. Hay quizás tú no lo recuerdes, pero cuando eras muy pequeño, recuerdo que Rosalie y Alice venían llorando a decirme que les habías robado sus muñecas —Dijo con tranquilidad Esme.
Edward se pasó una mano por la cara y luego el pelo. Quería matar a su madre. —¡Pero no lo uso! Además eso es mentira, jamás les robé las muñecas a Alice y a Rosalie —Lanzó su hijo de repente. Su madre sonrió ante su vano intento de salvarse de aquella vergonzosa situación.
—Bueno tranquilo, es normal que no lo recuerdes. Además seguro que a tu amiga le encantó saber que tienes un hermoso pijama —Sonrió triunfante su madre adoptiva.
El chico suspiró rendido e hizo una mueca. —Juro que voy a matarte Esme —Dijo con tono algo amenazador y agregó. —Algún día, cuando no esté agradecido por todo lo que hiciste... —Casi finalizo hasta que, de pronto, su cara volvió a retomar el color rojo de furia. —… ¡Pero no tenías derecho!Además ahora seré es hazmerreír de la escuela —Explotó nuevamente mientras alzaba los brazos en el aire.
Esme se cruzó de brazos y observó a su hijo por unos segundos. —Calma Ed, estoy segura de que no es la única con la que hablas y dices tantas cosas como esas —Comentó su madre ahora con tono serio.
—¡Sí! Bueno no, pero si, pero, pero —Comenzó a balbucear hasta que Edward ya no sabía que decir, pero por suerte lo salvó Alice, que había entrado en el lugar dando sus típicos saltitos.
La pequeña duende se acercó a su madre y le besó la mejilla dulcemente. —Mamá, ¿Puede venir Bella a casa? —Preguntó ella inocentemente, mientras torcía la cabeza hacia un lado.
Esme sonrió complacida. —Por supuesto hija. Adoro a esa chica —Contestó.
Edward, que estaba escuchando toda su conversación rodó los ojos y dio un suspiro forzado. —Qué lástima que no todos pensemos lo mismo —Murmuró mientras se cruzaba de brazos.
Su hermana escuchó aquel comentario y se giró en torno a él. —Qué lástima que te escuché, Cullen —Dijo Alice en un tono amargo, hacia su hermano.
—Me alegro. No me cae bien — Se quejó, mientras fruncía el ceño.
—Bueno a mí si, es mi amiga, te guste o no Edward —Concluyó Alice con un tono sombrío que hizo que su hermano se callara y se retractara.
La duende sonrió al ver que su hermano no volvería a meterse en sus asuntos. Se volvió hacia su madre y le agradeció por haberla dejado invitar a su amiga. Luego cruzó el umbral de la cocina y se alejó del lugar dando saltitos de alegría. Subió las escaleras hacia su cuarto y al llegar, se propuso a llamar a Bella. Tomó el teléfono y llamó a la casa de los Swans.
Esperó un par de segundos con el teléfono en mano hasta que atendieron. —¿Hola? —Era la voz de Charlie, el padre de Bella.
—Hola jefe Swan. Soy Alice Cullen, ¿Se encuentra Bella? —Preguntó Alice cordialmente.
El homvre dudó un par de segundos y luego continuó. —Claro —Contestó al fin y llamó a su hija y le pasó el teléfono. —Es Alice Cullen —Oyó decir a Charlie mientras le entregaba el teléfono a Bella.
—¿Alice? —Preguntó la chica una vez que su padre ya se había alejado.
Al oír la voz de su amiga, la chica sonrió. —Hey Bells, ¿Vienes a casa? Ya que mañana es feriado, vamos a aprovechar la noche para divertirnos—Dijo Alice feliz.
En eso, se escuchó un suspiro del otro lado del teléfono—No tengo otra opción ¿Verdad?
—Lo siento, pero no —Concordó Alice riendo mientras daba saltitos de alegría, en su lugar.
—Oh, bien. Entonces nos vemos en un rato —Contestó Bella finalizando la conversación.
—De acuerdo, adiós Bells —Dijo Alice y cortó repentinamente.
Luego de hablar con Bella e invitarla a pasar la noche en su casa, se fue dando saltitos de felicidad hasta llegar a su cuarto. Cuando llegó, se puso a preparar todo para que 'la fiesta de pijamas' fuera un éxito. Aúnque aún le faltaba un colchón en el cuál pudiera dormir Bella. No lo pensó dos veces, salió de su cuarto tarareando una canción y tocó la puerta del cuarto de Rosalie, pero al ver que no abrían, comenzó a golpear más fuerte.
Desde adentro del cuarto se escuchó a la chica maldecir, segundos después ésta abrió la puerta. —¿Qué pasa Alice? —Preguntó la rubia al ver cómo su hermana entraba en el cuarto, dando sus saltitos.
Rosalie siguió con la mirada a su hermana, quien se paró frente al colchón de la cama. —¿Pero qué diablos crees que haces, Alice? —Gritó la rubia abrendo los ojos como platos al ver como la diminuta Alice sacaba el colchón de su cama.
—Lo necesito. Bella va a venir a dormir y necesita un lugar donde dormir —Contó Alice intentado permanecer calmada, sin nisiquiera voltearse a ver a su hermana.
Rosalie resopló y frució el ceño, molesta. —¿Ah sí? ¿Y dónde se supone que voy a dormir yo? —Dijo, ahora cruzada de brazos.
Alice dudó unos segundos y terminó por encogerse de hombros. —Mmm, está el sillón —Contestó ella al fin, con una sonrisa mientras arrastraba el colchón hacia la puerta.
—¿Y qué te hace pensar que voy a dejarte ir con mí colchón? Además, que desagradable, ¿A partir de mañana tendré que dormir en un colchón en el cual durmió otra persona? —Se quejó Rosalie con asc mientras se interponía entre Alice y la puerta, ya que no la dejaría ir tan fácil.
—Bueno, no sería la primera vez —Murmuró Alice y su hermana le dedicó una mirada asesina, seguida de una especie de gruñido. La duende suspiró frustrada y enfrentó a su hermana, que estaba que estallaba del enojo. —Mira Rose, Jasper me prometió que me llevaría de compras. Si me prestas el colchón, o mejor dicho, si se lo prestas a Bella, puedes venir también y te comprarás todo lo que quieras —Dijo Alice sonriendo.
—Ja, Ja —Rió ella irónicamente y sin gracia. —¿Por qué me tomas?, ¿Por tonta? Esme jamás me dejará poner un pie fuera de ésta casa. A no ser que sea para ir a la escuela.
—Bueno, quizás podría convencerla ¿Qué dices? —La tentó, Alice, ahora con una sonrisa compradora.
Rosalie lo pensó unos cuantos segundos y su hermana notó que no pensaba acceder, así que se acercó un poco a su hermana y susurró casi en su oído. — Después de todo, Jasper será quien nos comprará las cosas, recuerda que no tengo mis tarjetas —Agregó en un desesperado intento para convencer a su hermana.
La rubia miró a su hermana y entrecerró los ojos. Alice podía ser bastante persuasiva cuando lo quería.—Bien —Finalizó Rosalie con tono amargo.
Alice aplaudió feliz y abrazó a su hermana con alegría. Cuando la soltó, se llevó a rastras al colchón a su cuarto y lo acomodó en el suelo, junto al suyo.
Si no lo corto ahí va a ser más largo que la biblia más o menos.
Besos a todos y muchísimas gracias por leer.
Pau.
