Continuo con este para mi Parabati, que hacía tiempo no sabía nada de ella uxu.
.Secundaria.
Acto 1
La festividad escolar los había sorprendido a todos. Pese a que Taichi tenía un sinfín de tareas por delante y la gente se le quedaba mirando con sorpresa y hasta le hacían fotos o algún que otro descarado le ofrecía cierta promesa que él amenazaba con terminarla estampándola en la pared junto a sus dientes, Taichi no podía detenerse.
La culpa la había tenido Mimi, quien llegó a su clase anunciado que Koushiro había accedido a participar en su clase y se había disfrazado de… Maid.
Taichi sintió que no solo su boca se hacía agua, si no que el impulso y el deseo crecían en él hasta el punto de tener que correr pos los pasillos vestida por sí mismo de chica de pastelería. Porque su clase había decidido que los chicos iban a vestirse como chicas y repartir pasteles.
Lo de Koushiro había sido una pequeña venganza extra de Mimi, cuya cosa se dio cuenta más tarde, le agradecería.
Cuando se encontró con él, Taichi era todo brillitos y corazones. Tanto que, pese a la mirada osca de Koushiro y la forma en que aferraba la fregona con cierta amenaza, no pudo retener sus palabras.
—Quiero llevarte a casa y enmarcarte.
—Taichi-san…
Acto 2
—¡Koushirooo!
El pelirrojo se detuvo al sentir los brazos rodeándole y el jadeo en su oreja. La sorpresa dibujada en su rostro mientras Taichi se frotaba contra su mejilla. Se había dedicado a esquivarle durante el resto de la representación, cosa que también ayudó que Sora y Yamato aparecieran para llevárselo a rastras. Mimi no se había cortado en hacer fotos a Yamato, cosa que resultó muy graciosa, aunque nefasta para el rubio.
Y también para Taichi a quien se lo llevaron a rastras.
Por eso, tenerlo colgado del cuello no era nada raro. Sobre todo con esa carita entre súplica y necesidad.
—Dime que vienes a casa. Dímelo.
Koushiro no podía negarse.
Acto 3
Si alguien le preguntara a Koushiro respondería de este modo: los besos de Taichi son profundos. Te llegan hasta el alma.
De alguna forma, siempre se las arreglaba para tenerlo a su merced y sabía que sus besos eran de los que derretían y ponían a uno con la mente en blanco. Cosa que a Koushiro no le iba bien. A él le gustaba ser dueño de sus actos. Pero cuando la cosa comenzaba… se perdía.
Hasta tal punto que no era capaz de recordar cuándo Taichi se había quitado la chaqueta y en qué momento empezaba a quitársela a él.
Acto 4
—Hay algo que quiero hacer…
Taichi se relamió ante la idea de llevarlo a cabo. Koushiro era una persona tan mona que no podía ser de otro modo.
Aunque el pelirrojo dudó, Taichi llevó a cabo aquel cambio de imagen tras una visita al dormitorio de su hermana y a la habitación de su madre. Cuando terminó, ni siquiera Koushiro parecía creerse que era él mismo.
—Es como ver una versión tuya femenina —jadeó Taichi más excitado de lo que esperaba.
Koushiro se dio una vuelta para ver cómo la falda volaba a su alrededor. Se detuvo para mirarse en el espejo y jugar con las extensiones.
—Creo que esto no me hace juicio —expresó serenamente.
Taichi lo abrazó por la espalda.
—No tienes ni idea de lo que hace eso en ti… o en mí.
Acto 5
Desde aquella vez en que Koushiro se vistió de mujer, Taichi sentía cierto fetiche por él y por su ropa. Aunque las extensiones habían abandonado el juego, el castaño no terminaba nunca de estar satisfecho y siempre quería más.
Koushiro a veces se asfixiaba, demandando que se detuviera lo suficiente como para que su corazón no explotara. Pero el simple hecho de verle frente a él, con los ojos entrecerrados y el deseo sobresaliendo de cada poro, no podía más que dejarse llevar, atrapado por la lujuria del Yagami.
¡Nos leemos en el siguiente! Que será el último :3
