He decidido continuarlo y darle un final. Más que nada para animar a mi querida parabatai que estos días anda pachucha y además, está mega estresada con su carrera. ¡Ánimo y fuerza, que se puede!


.Adultos.


Acto 1

Desde que habían alcanzado la madurez y consolidado su relación, era raro el día en que Taichi no estaba mimoso. Koushiro adoraba esa parte tan suya. Que deseara tenerlo entre sus brazos y darle besos por el rostro mientras él le echaba los brazos al cuello. Esa intimidad era puramente adorable y disfrutaba tanto de ella que hasta podía permitirle ir a algo más.

Sin embargo, era en esos días en que Taichi simplemente disfrutaba de un abrazo, de enterrar la nariz en su cabello y rodearlo con ternura. No quería más. Solo su compañía.

Koushiro podía pensar que era un día de bajón que la libido de ese día estaba baja en su amante.

Y lo disfrutaba como el que más, aunque se sintiera terriblemente culpable por llegar a esperar algo más.

Acto 2

Koushiro era su perdición. No importaba que pasaran los años. No importaba que cambiaran. Los hombres maduraban. El ser humano envejecía. Convivir juntos fue un paso que dieron con todo el esfuerzo del mundo y ahora, era un hecho que no cambiaba por nada.

Podía verle de todas las formas posibles. Recién levantado. Caminando tranquilamente del cuarto de baño al despacho. O simplemente tomándose una taza de café mientras observaba por la ventana el clima.

Y era en esos días cuanto más quería atacarle. Cuando bajaba la guardia de ese modo, él atacaba.

Caminaba despacio hasta que conseguía ponerles las manos encima, deseoso de él.

Koushiro se volvía para mirarle con sorpresa y exclamar preguntas a diestro y siniestros que aún así, no conseguían apaciguarle.

Cuando Taichi se daba cuenta ya había abierto su cinturón y sus dedos surcaban la barrera de rizos pelirrojos en busca de su sexo. Y Koushiro reaccionaba sus caricias. Porque por más que su boca se negara y quisiera resistirse, su cuerpo lo traicionaba.

Y cuando su semilla estallaba en su mano y él, jadeante, se lamía los dedos muerto de la impaciencia, Koushiro era el que terminaba clamando por algo que solo él podía entregarle.

Acto 3

Taichi odiaba irse al trabajo. Era su día sí y su otro también. No podía permitirse no trabajar y menos siendo diplomático. Aunque hubiera querido estar más tiempo con Koushiro, que su trabajo le permitía estar más tiempo en casa, era imposible.

Por eso, siempre las despedidas estaban cargadas de besos torpes y tímidos que prometían un gran revuelto de sábanas y jadeos en sus brazos.

Y es que eran actos pequeños. Delicados o no recomendables para niños. Su vida sin el uno o sin el otro no era algo previsto.

Taichi no podía hacerse a la idea de un mundo donde Koushiro no estuviera.

Koushiro no podía hacerse a la idea de un mundo donde Taichi nunca hubiera sentido curiosidad por él.

Fin

21 de enero del 2017

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