[Capítulo 13 ─ Miedo, amor y algún otro sentimiento (Primera parte)]
«Muy a menudo subestimamos el poder de una caricia, una sonrisa, una palabra amorosa, un oído dispuesto a escuchar, un cumplido honesto o el acto de cariño más pequeño. Todo esto tiene el potencial de cambiar una vida.» ─Leo Buscaglia
—¿Y? ¿Te quedarás ahí callado el resto de la tarde? —preguntó Perona con impaciencia, sus brazos cruzados bajo el pecho. Si Kid no hubiera estado sudando frío, seguro habría notado la manera en que esa posición resaltaba el busto de la chica, pero claro, en ése momento le preocupaba demasiado su propia integridad física como para caer en cuenta de ello.
Finalmente suspiró y se talló las sienes, casi con cansancio—. Sí, era Killer.
A Perona poco le faltó para dar un pisotón en el suelo—. ¿Cómo es que tiene tiempo para llamarte y aún no se comunica con Sabo? ¿Qué es lo que pasa por su cabeza, maldita sea?
A Kid también le gustaría mucho saberlo, en realidad—. Escucha, tranquilízate. —La chica le lanzó una mirada fulminante. "Bien, mal intento. Jamás le digas a una mujer que se tranquilice, ¡mierda!"—. Mira, yo no justifico su comportamiento…
—¡Da la impresión de que sí! —replicó ella, casi llegando a olvidar que se encontraba en un hospital y no debía subir la voz.
Kid hizo una mueca—. Déjame hablar, ¿sí? —Perona gruñó, enfurruñada, pero guardó silencio—. Gracias —masculló el chico, pasándose una mano por entre el rojizo cabello mientras intentaba ordenar las palabras en su cabeza para evitar que ella volviera a entrar en estado de detonación. Quizá haberla callado no había sido tan buena idea. Volvió a suspirar, avistando un dolor de cabeza cercano—. Sí, tienes razón, tal vez Killer no está tomando las mejores decisiones ahora, y sí, yo también creo que debería comunicarse con el chico, (mierda, si él mismo se está volviendo loco por ello, maldita sea) pero sólo él sabe lo que hace y por qué lo hace. Todo el mundo tiene su propia manera de lidiar con los problemas, para variar.
—¿Y qué se supone que significa eso? —preguntó Perona, frustrada, dejando caer los brazos a sus costados—. Aquí no habría problemas si él se decidiera a arreglar las cosas con Sabo.
—¿Te has puesto a pensar alguna vez que, quizá, eso sólo sea la punta del iceberg? —Perona se quedó callada, frunciendo el ceño entre confundida y algo sorprendida, tal vez pensando por primera vez que en realidad pudiera haber algo más profundo en el tema que sólo lo que se veía a primera vista. Kid resopló y pasó por su lado.
—¡Oye, espera! —Ella se apresuró a detenerlo de nuevo—. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué sabes tú que nosotros no?
—Lo único que necesitas saber, es que Killer está librando su propia batalla también.
—¿Pero a qué te refieres? Explícamelo.
—No me corresponde hacerlo.
—¡Oh, por favor! —exclamó Perona rodando los ojos. Estaba comenzando a exasperarse de nuevo, Kid lo notó y no le pareció que fuera conveniente, ella también necesitaba tranquilizarse, pero ya había comprobado que sugerírselo no funcionaría.
—Mira, aún si yo te dijera lo que está sucediendo tú no podrías arreglar las cosas entre ellos, porque para hacerlo tendrías que contarle la verdad a Sabo y no es algo que deba hacer alguien además de Killer, lo que te condenaría a quedarte callada sin poder intervenir. ¿Acaso quieres guardarle secretos a tu amigo? —Ella no contestó, pero la expresión de su rostro se había relajado un tanto, ahora sólo parecía un poco desconcertada por la forma en que Kid le había dado la vuelta a la situación. Y claro, debía admitir que tenía razón, el muy maldito—. Eso supuse.
Con el tema zanjado, Eustass retomó su andar anterior. Sabía que la chica iba tras él, aunque guardaba silencio podía percibir el leve tac tac que hacían sus zapatos al chocar contra el suelo.
Cuando giró en la intersección del pasillo, no pudo evitar detenerse casi de golpe. Unos cuantos metros frente a él, sentados muy cómodos en la misma banca, estaban el novio de su mejor amigo y un chico al que no había visto muchas veces antes de ese día, bastante juntitos, tomados de las manos como si tuvieran miedo de soltarse y sonriéndose uno al otro, inmersos en su mundo.
Dio un paso atrás, como si quisiera esconderse tras el muro ─en realidad eso era lo que estaba haciendo─ y sujetó a Perona por la muñeca antes de que pudiera dar vuelta y acercarse a ellos.
—No le está poniendo los cuernos a Killer con ese chico, ¿verdad? —masculló entre dientes, con el ceño fruncido. Él no podía imaginarse a Sabo engañando a su amigo, pues a simple vista no parecía alguien capaz de ser infiel, pero había aprendido que en ocasiones las apariencias engañan, y él en realidad no conocía al chico del todo bien.
Perona asomó la cabeza hacia el pasillo, sólo para verificar que en realidad se trataba de los mismos chicos a los que rato atrás había decidido darles un poco de privacidad—. ¿Bascud? No, tranquilízate, él es completamente hetero —contestó ella con seguridad, pues como la mejor amiga del hermano del mejor amigo de Bascud, había tenido bastantes oportunidades para convivir con él y conocerlo. Vio a Kid relajar su expresión, y fue ahí que recordó cierto detalle que, aún con la conversación que minutos atrás mantuvieran, no le pareció del todo mal comentar—. Claro que, eso no significa que Sabo no tenga a nadie tras él. Tal vez deberías comentárselo a Killer la próxima vez que hables con él, sólo para que sepa que alguien ha estado observando su menú con mucho interés. —Eustass tensó la mandíbula y su expresión se endureció, y ella supo que tenía su completa atención—. Sabo lo ama y sería incapaz de engañarlo, por supuesto, pero, en situaciones como ésta, el corazón agradece un poco de consuelo. —Y sin más dio la vuelta hacia el pasillo.
Kid chasqueó la lengua, pues sabía que ella estaba intentando atraparlo en sus redes, pero eso no significaba que lo que había dicho fuera inventado; a veces el poder de la verdad puede causar más estragos que una mentira. Pero no sería como ella debía estarlo pensando, seguro esperaba que le pasara el mensaje a Killer a la menor oportunidad y así el chico pasaría un muy mal rato pensando en que alguien le estaba robando el novio, pero él no tendría que decírselo. Si las cosas se hacían como el chico le había comentado en su llamada, entonces él tendría la oportunidad de verlo por sí mismo y arreglar el problema en persona. Hasta entonces, Kid no diría ni una palabra al respecto, su amigo no necesitaba más tormentos ahora.
Suspiró y se frotó el rostro con la palma de la mano. De verdad, esto de estarse metiendo con la mejor amiga del novio de su mejor amigo era más complicado de lo que habría llegado a pensar. "Bueno, dicen que las cosas fáciles se van igual que vienen, así que está bien. Supongo."
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Apenas unos cuantos minutos después de que Perona se uniera a ellos, sentándose en la banca junto a la puerta de la habitación, el celular de Sabo comenzó a vibrar desde su bolsillo. Por un momento, al ver el contacto de la llamada entrante, creyó haberse quedado petrificado. Tal vez sí lo hizo, en realidad, no sabría decirlo y, de hecho, no le importaba. Pasado el primer segundo después de la sorpresa, vino la conmoción emocional. No sabría decir cuántos sentimientos se arremolinaron en su pecho, pero era abrumador. Después de todo, la última vez que había contestado una llamada suya terminó con la cabeza más sobrecargada de angustia que antes.
Apenas recordó que debía soltar la mano de Bascud para poder ponerse de pie, se excusó en un susurro atropellado, con prisa, al momento de comenzar a alejarse. No notó haber pasado junto a Kid, tampoco, pues el retumbar de su corazón lo aturdía lo suficiente como para sólo dejarlo pensar en una cosa.
—¿Killer? —Su voz fue baja, como un inseguro murmullo, casi con miedo. Miedo de que, en realidad, esto no fuera más que una mala pasada que su mente le jugaba, producto del cansancio.
—Sabo —Y ahí estaba. Su voz, masculina y grave, pero suave al decir su nombre. Y, sobre todo, real—. Perdona que no contestara tu llamada en la mañana, tuve un inconveniente y no pude regresártela hasta ahora. Lo lamento.
—Oh, emm… no, no hay problema, no te preocupes —contestó el menor, un tanto desorientado pues todavía seguía dándole vueltas a la idea de que; uno: Killer le estaba llamando; y dos: ¡Maldita sea! Sí era Killer. Bien, ambas podrían estar dentro de una sola. Se dio un par de palmadas mentales para despejarse, pues había otras cosas de las que preocuparse en ese momento—. Pero, ¿qué sucedió? ¿Todo está bien por allá?
—Pues… todo está normal, dentro de lo que cabe.
Ya, bien, tal vez Sabo podía estar algo aturdido ahora, pero hasta en ese estado podía notar la voz afligida de su novio. Una vez más pensó que, en realidad, Killer estaba intentando ocultarle algo, y él ya no podía soportarlo, porque ¡Dios!, necesitaba saber qué diablos estaba sucediendo—. Killer, tú… sabes, que puedes confiar en mí, ¿no? Para lo que sea… porque, soy tu novio, y estoy aquí para ti… y me preocupas. —Un corto e intranquilo silencio siguió a sus palabras.
—Lo sé —dijo, por fin, la voz del chico del otro lado. Sabo incluso pudo escuchar la manera en que respiraba profundamente y, de hecho, lo imaginó enredando su mano entre las muy largas hebras de su rubio cabello—. Mira, yo… tengo que contarte muchas cosas, pero ahora no es el momento ni ésta la forma, ¿de acuerdo? Te lo explicaré todo pronto, lo prometo.
—¿Cuándo es pronto, Killer?
—Antes de lo que pienses, te lo aseguro.
En algún momento mientras caminaba terminó en el jardín. Se apoyó con la espalda contra una pared pues, de seguir caminando, seguro habría terminado fuera de los territorios del hospital—. Bien, de acuerdo, pero… ¿tú estás bien?
—Estoy lo mejor que puedo estar. —Sabo se mordió el labio inferior. Eso no sonaba muy bien, en realidad—. No te preocupes por mí, ¿sí? Hablaremos de esto después. Ahora, ¿qué era lo que tú necesitabas? ¿Por qué me llamaste?
—Aam, pues… yo estaba… —"Estaba desesperado porque mi hermano está en el hospital al borde de la muerte y yo sólo podía sentir que me hundía en un abismo muy oscuro y solitario y lo único que quería era escuchar tu voz". Bueno, tal vez Killer no necesitaba saber todo eso—. Estaba… estoy en el hospital. Alguien atacó a Ace y… quedó muy mal. Lo trajeron a Urgencias, y seguimos aquí.
—Lo lamento. ¿Cómo está él?
Sabo podía notar la sincera preocupación en su voz pero, en realidad, Killer no parecía muy sorprendido por la noticia. O quizá sólo eran imaginaciones suyas y de su cansada mente. Cerró los ojos y se talló los parpados con los dedos de su mano libre, respirando un par de veces antes de contestar—. En estado crítico. Los doctores no pueden asegurar nada hasta que despierte, así que sólo nos queda esperar. —Esperar y morir de angustia en el proceso, más bien.
—Perdona que no esté contigo, quisiera poder ir y acompañarte. —Sabo esbozó una triste sonrisa, porque sabía que lo decía de verdad.
—Yo también. Pero, no estoy solo, los chicos están aquí, incluso Kid… estaré bien.
—Sí, pero… no es lo mismo.
Por un momento, a Sabo le pareció que Killer lo decía como si supiera acerca de eso, como por experiencia propia—. No, no lo es. Pero está bien. Yo comprendo, que no puedes venir.
—Sabo, yo…
—Killer —interrumpió la voz de algún chico, Sabo apenas alcanzó a oírlo desde su lado de la línea y por un momento hubo un completo silencio del otro lado, imaginó que Killer debía estar tapando el micrófono de su celular mientras hablaba con quien fuera que estuviera con él.
—Disculpa Sabo, pero debo irme —dijo una vez volvió a su conversación.
—Hm, claro, está bien —contestó un poco inseguro, recordando, de nuevo, que la última vez que Killer había tenido que colgar él se había soltado a llorar en su cama hasta quedarse dormido. Diablos, en serio debía dejar de relacionar las dos llamadas.
—Si llegas a necesitar algo, cualquier cosa, llámame, ¿sí? No importa la hora, hazlo. Estaré al pendiente.
—Sí, lo haré. Gracias.
—No hay problema, para eso estoy aquí. —Sabo sonrió, un poco débil, pero sincero—. Una cosa más.
—¿Qué?
—Te amo. —Estuvo seguro de sentir cómo su pecho temblaba, y de hecho no le sorprendía porque, por más absurdo que sonara, en realidad no había esperado escuchar esas palabras—. Sólo por si en algún momento necesitas recordarlo.
Sabo apretó los labios y los parpados, pues ya podía sentir que sus ojos comenzaban a humedecerse. Era tonto, tal vez, pero ahora creía que sus sentimientos estaban a punto de desbordarse de nuevo. Porque eso era lo único que había necesitado escuchar de Killer. No palabras de aliento, ni promesas de que todo estaría bien, sino que su apoyo y comprensión, algo que lo hiciera sentir que estaba a su lado aún con la distancia que los separaba. Algo que le recordara su amor. Y el chico se lo había dado, consciente de ello o no.
—Yo también a ti. Así que no lo olvides tampoco.
—No lo haré. Cuídate.
—Igual tú.
—Hablaremos después —prometió Killer antes de cortar.
Después de colgar, Sabo se quedó un momento en el lugar donde estaba, con el celular en la mano, canalizando todos los sentimientos que la llamada había despertado en él. Por lo menos, en esta ocasión no todos eran negativos. Con una renovada fuerza de voluntad, se guardó el aparato y comenzó a caminar por el jardín de regreso al interior del establecimiento. Sin embargo, se detuvo a medio camino. Miró alrededor, pero no había nadie cerca. Alzó una ceja con confusión, por un momento le pareció haber escuchado un ruido que se parecía mucho a alguien roncando.
Cuando estaba a punto de retomar su andar el sonido se hizo presente de nuevo, y esa vez pudo identificar de dónde provenía. Observó a su alrededor para verificar que no hubiera nadie cerca y se adentró en el área verde del jardín, pasando unos cuantos árboles y asomando la cabeza sobre unos altos arbustos.
—Creo que no está permitido dormir en este lugar —comentó con una pequeña sonrisa queriendo asomar por sus labios al ver la escena. Trafalgar tenía la espalda apoyada contra el tronco de un árbol, mientras que su propio hermano menor estaba acostado sobre el césped, con la cabeza apoyada en el regazo del otro, y más que sumergido en el mundo de los sueños, ambos manteniéndose ocultos entre la vegetación del lugar.
Law se encogió de hombros, sin sorprenderse ni un poco por su presencia—. Estaba muy cansado, cayó rendido sin siquiera preverlo. Creo que fueron demasiadas emociones juntas.
Sabo asintió, observando a su hermanito removerse un poco antes de volver a quedarse quieto—. Sí, comprendo. No había dormido nada desde que llegamos aquí, así que me tranquiliza que descanse un poco.
—Lo sé, me preocupaba eso también. —Law enfocó sus ojos en el apacible rostro de su novio, y comenzó a acariciar su cabello con suavidad y cariño, en ése momento estaba profundamente dormido así que eso no lo despertaría.
El rubio sonrió al ver el trato del moreno hacia su hermano, se notaba que Trafalgar se preocupaba mucho por él, y eso lo dejaba tranquilo—. Gracias por cuidarlo, Law, y por todo lo demás.
—No es ningún problema.
—Lo sé, y es por eso que te lo agradezco. —Law levantó la mirada hacia él, y sin decir palabra le dedicó una ladeada sonrisa—. Volveré dentro.
El moreno asintió—. Iremos más tarde, cuando Luffy despierte.
Sabo asintió y se alejó de ellos, cuidando que nadie lo viera salir de entre los árboles para después regresar al interior.
Law volvió su atención al chico dormido en su regazo, y continuó con las caricias en su cabello. Habían sido unas horas difíciles para su chico, y el tormento todavía no acababa, pues nada sería seguro hasta que Ace reaccionara. Pero por ahora, durante un rato, quería que el pequeño descansara, que se sumergiera en los brazos de Morfeo y vagara por sus sueños, que pudiera sentir algo más que sólo angustia y dolor.
Se inclinó un poco y depositó un suave beso en su frente—. Yo voy a cuidarte Luffy, siempre.
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—Yo… lo siento mucho, Marco —dijo Melanie en un tono bajo, no sabiendo muy bien qué más podría decir en una situación como esa. Marco acababa de contarle, de forma algo apagada y distraída mientras sostenía una pequeña sonaja a la altura del borde de la cuna y el bebé en el interior intentaba estirarse lo suficiente para tomarla, que aquél asunto personal que había tenido que arreglar después de enterarse de la existencia de Troy, se trataba en realidad de haber reflexionado sobre lo que sucedería con el que entonces era su novio, del que estaba profundamente enamorado. Le había contado también cómo había terminado aquello y, por último, dónde había pasado todo ese día, en lugar de estar en el trabajo. En verdad no podía terminar de imaginarse lo que debía estar sintiendo, pero a ella misma le dolía en el alma presenciar esa agonía impregnada en la expresión de su rostro—. Si hay algo que yo pueda hacer para ayudarte…
Marco negó con la cabeza, provocando que su extrañó cabello se balanceara al mismo tiempo—. Gracias Melanie, pero ya haces más que suficiente cuidando a Troy por mí. No podría pedirte más que eso.
Ella asintió, aunque de igual forma le gustaría poder ayudarlo de alguna otra manera. El pequeño en la cuna dejó de intentar alcanzar la sonaja, y después de quedarse un momento inmóvil comenzó a llorar. Marco dejó el juguete a un lado al instante y tomó a su hijo en brazos. Ni siquiera tuvo que revisarlo, pues el mal olor llegó hasta él en cuanto lo tuvo a su altura.
—Uff, parece que alguien necesita otro pañal —dijo haciendo una mueca.
Después de cambiarlo, Troy estaba feliz y riendo de nuevo, jugando con el cabello de su padre ya que éste lo cargaba de forma que estuvieran a la misma altura. Marco acarició con su nariz la mejilla de su pequeño, y el niño colocó sus pequeñas manos en su rostro riendo con facilidad. Su hijo era precioso, y aunque en ese momento él no podía decir que estuviera feliz, por lo menos le ayudaba a tranquilizar un poco todo lo que traía atorado en el pecho.
Se quedó en casa de Melanie por cosa de dos horas, cuidando y haciéndole mimos a su pequeño, y jugando también un poco con Brian, distrayendo así sus pensamientos, hasta que decidió que era momento de regresar al hospital. Había hablado con Thatch rato atrás, y el hombre le había comentado que Takahashi estaba cubriendo su ausencia en el trabajo argumentando que en el hospital se le necesitaba para estar al tanto de cualquier cambio en el estado del nieto del Oficial Garp, por lo que tenía permiso para quedarse allá hasta que el chico mejorara.
Para la hora de irse Troy estaba agotado, así que él no tuvo mucho problema para dejarlo dormido. Le plantó un suave beso en la frente antes de dejarlo acostado en su cuna, tomándose un par de segundos más para observarlo dormir, para después salir de la habitación y despedirse de su sobrino y su amiga prometiendo volver al día siguiente.
Cerró la puerta del piloto después de acomodarse en su asiento, pero en lugar de encender el motor tan sólo suspiró con cansancio y se inclinó hacia adelante, apoyando la frente contra el volante y aferrándose a él con ambas manos. Cómo deseaba poder llegar al hospital y encontrarse con la noticia de que Ace había despertado, que estaba fuera de peligro y que todo estaría bien. Pero era soñar demasiado, lo sabía, y no debía hacerse tantas ilusiones.
Respiró con profundidad un par de veces y se incorporó, encendiendo el vehículo para tomar su camino. Lo único que esperaba, era que no hubiera pasado nada grave durante su ausencia.
Por lo menos eso sí se le cumplió.
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Tsubaki observó a su acompañante, que acababa de salir del baño de su habitación ya vestido con su pijama, e hizo una mueca de preocupación al notar la forma distraída en que caminaba y se dejaba caer en el borde de la cama. El chico llevaba toda la tarde actuando de esa misma manera ausente, y él ya no soportaba verlo así.
Dejó junto a la cama las cobijas que acababa de sacar del armario para tender en el suelo y se acercó a su amigo, sentándose a su lado y colocando una mano en su hombro para llamar su atención.
—¿Qué sucede, Chopper?
El castaño le dedicó una triste mirada y, en lugar de contestar a su pregunta, se inclinó hacia él y le apoyó la cabeza a la altura de la clavícula. Un poco sorprendido, Tsubaki rodeó el cuerpo del mayor en un suave abrazo, y se sintió un tanto aliviado al notar que el chico se relajaba ahí, entre sus brazos.
—¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
Chopper asintió, sin despegarse de su pecho—. Es sólo que… uno de los hermanos de Luffy está en el hospital, y todos los chicos fueron ahí a verlos, pero yo no puedo ir porque soy demasiado pequeño para entrar… pero yo también quiero ver a Luffy, quiero apoyarlo.
Tsubaki sonrió enternecido; ese era Chopper preocupándose por sus amigos, siempre. Acarició su espalda y, sin siquiera pensarlo, plantó un suave beso sobre su castaño cabello—. Está bien Chopper, aun cuando no puedas estar ahí estoy seguro de que Luffy sabe que lo apoyas y te lo agradece. Cuando todo pase podrás visitarlo y a su hermano también. Así que, no estés mal por eso, ¿sí? No me gusta ver que tus ojos estén tristes, no fueron hechos para ello. Es mejor cuando brillan de felicidad, se ven más hermosos así. —Un par de milésimas de segundo después se dio cuenta de lo que acababa de decir, y los colores subieron por su rostro a una velocidad increíble. Oh Dios, ¡¿qué se suponía que estaba haciendo?! ¡Chopper iba a asustarse si le decía cosas como esa, imbécil!
Aunque, cuando el castaño no se apartó de él para mirarlo con desconcierto o algo parecido, sino que más bien apretó el abrazo a su alrededor hundiéndose en su pecho tanto como fuera posible, Tsubaki casi pudo haber suspirado de alivio. Bien, por esa ocasión no habría problema, pero debía de tener cuidado con lo que dejaba escapar de su boca a partir de ahora, maldición. ¿Y si su amigo decidía que comentarios como esos lo hacían sentir incómodo, o algo por el estilo? ¿Qué si, gracias a ello, comenzaba a poner distancia entre ellos? ¡Caray, él no podría soportar algo así! Chopper era una de las personas más importantes para él en ese momento, y no podía imaginarse lo que sucedería si se alejaba. Así que, habría que controlar mejor sus emociones, para no hacer algo de lo que después se arrepintiera.
El castaño, por su parte, estaba deseando con todas sus fuerzas tener el poder de hacerse invisible justo ahora. Bien, si Tsubaki había querido hacerlo sentir mejor, ciertamente lo había logrado, pero gracias a eso no podía apartar el rosto de su lugar, oculto contra la camiseta del otro. Porque si lo hacía, su amigo vería el más que notable sonrojo en sus mejillas que sus palabras le habían causado, y entonces él moriría de vergüenza. Así que sólo se quedaron en esa posición, abrazados y en silencio, pero de cierta forma cómodos, hasta que la madre de Kei los llamó para que fueran a cenar. Para entonces sus mejillas habían regresado a su color natural, y ninguno de los dos comentó nada con respecto a los últimos minutos transcurridos antes de salir de la habitación.
Para el momento de sentarse en la mesa, fue como si en realidad no hubiera pasado ninguna escena vergonzosa anterior, gracias a los padres de Tsubaki, que se la pasaron toda la cena hablando con ellos, preguntando de la escuela y riendo de algún comentario al aire que hacían para burlarse del otro. A Chopper le agradaban bastante, ambos eran amables y cariñosos, lo habían sido con él desde el primer día en que puso un pie en esa casa, y en momentos como ese, le hacían sentir como en una verdadera familia. ¡Que no lo mal interpretaran! Adoraba a su hermano, Law era lo único que alguna vez hubiera tenido en la vida, y era el mejor hermano mayor que alguien pudiera desear, pero en casa eran sólo ellos dos. A su madre pocas veces la había visto en todos sus trece años de vida, al menos que él recordara, y su padre… bueno, no le agradaba mucho pensar en él. Así que, cuando estaba con la familia de su amigo, se sentía casi como si perteneciera a ese lugar, como si ese cuarto puesto en la mesa hubiera sido colocado ahí pensando en él. Era sólo una fantasía, lo sabía muy bien, pues esa no era la familia que a él le tocaba, pero no podía evitar la ligereza de su corazón cuando lo pensaba así.
Sin embargo, una vez de nuevo en la habitación de Tsubaki, Chopper no podía dejar de pensar en lo que había pasado antes de la cena. Quizá estaba dándole demasiadas vueltas al asunto, tal vez no debería tomarle tanta importancia, sólo había sido un chico reconfortando a su amigo, después de todo… pero aun así no podía sacárselo de la cabeza. Porque, Dios, se había sentido tan condenadamente bien; el abrazar a Kei y que éste le envolviera contra su cuerpo en un gesto protector, apoyar la cabeza contra su pecho y dejar que los latidos de su corazón le tranquilizaran la mente, que lo llevaran a un pacífico lugar lejos de cualquier preocupación.
En ese momento su amigo salió del baño, con su vestimenta ya lista para dormir, y al mismo tiempo la señora Tsubaki entró por la puerta de la habitación.
—Kei, ¿aún no has hecho el tendido? —preguntó con desaprobación, poniendo los brazos en jarras, al notar las cobijas que seguían dobladas y abandonadas en el suelo a un lado de la cama.
El chico hizo una mueca—. Lo siento mamá, estábamos algo… ocupados —contestó, evitando a toda costa mirar hacia el mayor y rogando por no sonrojarse al recordar por qué no había seguido con el tendido antes.
—¿Jugando videojuegos? —Alzó una ceja, observando a su hijo con la acusación asomando a sus ojos.
—Oh vaya, nos atrapaste —dijo el chico con nerviosismo.
Ella suspiró y se adentró en el cuarto, acercándose a Kei para revolver su cabello y plantar un beso sobre él. Sólo unos cuantos centímetros más y el chico ya la superaría en altura—. Está bien por ésta vez, pero hazlo ya, ¿de acuerdo?
Kei asintió, sonriendo. Su madre le regresó la sonrisa y, una última caricia después, se acercó a Chopper, plantando también un beso sobre su cabello con cariño. Se dirigió de nuevo a la puerta, echándoles un último vistazo—. Descansen, chicos. Y no se duerman muy tarde.
—Buenas noches —dijeron al unísono, provocando un leve sonrojo en las mejillas de ambos. Ella sonrió y se retiró, cerrando la puerta tras de sí.
—Bueno, ya lo dijo ella. Hay que dormir —dijo Kei, evitando mirar a su amigo mientras iba por las cobijas para comenzar a tender.
—Tsu-Tsubaki-kun —llamó Chopper, titubeante.
—¿Sí?
—¿Crees que podríamos… dormir ju-juntos hoy? —Tsubaki lo observó con los ojos muy abiertos, más que sorprendido por la repentina petición. Entonces Chopper enrojeció hasta las raíces de su cabello. ¡Dios, ¿por qué había dicho eso?! No tenía ni mínima idea, sólo sabía que no podía dejar de pensar en lo tranquilizador que había sido abrazar de aquella forma a su amigo, y que quería sentirse así de nuevo, y sin darse cuenta las palabras salieron de su boca. Debería pegarse una cinta a los labios, caray—. ¡Lo siento, no quise incomodarte! S-sólo fue una tontería, no importa. ¡Te ayudaré a hacer el tendido! —exclamó con nerviosismo, intentando remediar la situación, y apresurándose hacia las cobijas en el suelo.
Pero Tsubaki lo detuvo, sosteniendo su muñeca cuando pasó junto a él. Chopper lo observó, aún nervioso, y él tragó saliva antes de hablar—. Es-está bien. Podemos hacerlo, si quieres.
El castaño sintió su corazón retumbándole con violencia en la garganta, y tuvo que obligarse a contestar algo antes de que el otro pensara que se había quedado mudo—. S-sí.
Kei asintió, quedándose aún con la mirada clavada en los ojos chocolate de su amigo. Cuando se dio cuenta de eso, unos segundos después, desvió la mirada y soltó su muñeca. Por alguna razón, Chopper sintió cierto desconsuelo por ello, y deseó que su mano se hubiera quedado en aquél lugar, propagando lo cálido de su tacto. Tsubaki apagó la luz, dejando que la lámpara de noche en el buró fuera lo único que iluminara el cuarto, y ambos se metieron bajo las cobijas de la cama desde lados distintos. Se acostaron mirando al techo en silencio, con sus manos reposando sobre el colchón a menos de un centímetro de distancia, enviando calor hacia el otro, pero sin llegar a siquiera rozarse.
Se quedaron así durante un buen rato, sin saber muy bien qué hacer. Chopper quería acercarse y abrazarlo de nuevo, pero ahora se le hacía demasiado vergonzoso y no podía hacerlo, no sin morir de un ataque cardíaco. Pero, después de un rato, Tsubaki rompió el silencio.
—Chopper, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro, ¿de qué se trata?
El arrullo de las sábanas y el colchón hundiéndose aún más fueron sólo unos pequeños indicios del movimiento de su amigo, pues después pudo sentir cómo su aliento le rozaba la mejilla con suavidad, y su corazón se saltó un latido. Giró el rostro para ver en su dirección. Kei estaba apoyando la cabeza en su mano, que a su vez apoyaba el codo en la almohada, y lo observaba con una expresión seria que él en realidad no supo descifrar del todo.
—¿Por qué tu hermano no quería que te quedaras en casa a solas con tu padre?
Chopper dejó de respirar. Ciertamente, Law lo había despertado a temprana hora esa mañana para avisarle que debía ir al hospital, y además pedirle que llamara a Tsubaki y preguntara si podría quedarse en su casa por el resto del fin de semana. La familia no tuvo problema en recibirlo ─gracias a Dios que ellos eran del tipo madrugadores─, y Law incluso lo llevó hasta allá antes de dirigirse al centro médico. Ahora que recordaba, cuando Tsubaki le había preguntado con curiosidad por qué su hermano lo había llevado tan temprano, a él se le escapó contestar que porque en su casa sólo estaba su padre. El chico no hizo ningún comentario al respecto, hasta ese momento.
Desvió la mirada hacia cualquier otro lado. ¿Cómo se suponía que contestaría eso? Nunca había hablado acerca de su padre con nadie que no fuera el mismo Law. No quería que nadie se enterara, porque el temerle a ese hombre no era algo que lo hiciera sentirse orgulloso con exactitud. ¿Qué pensaría Kei de él, si llegaba a contarle la verdad? ¿Tal vez que era sólo un niño pequeño y débil? ¿Se decepcionaría?
—¿Chopper?
Giró el rostro con lentitud hacia él, sólo para encontrarse de frente con un par de profundos orbes oscuros mirándolo con preocupación. Tragó saliva. No podía mentirle, ni desviarle el tema, no a Tsubaki. Porque él se merecía la verdad, aunque le diera miedo pensar en cuál sería su reacción. Sin poder mirarlo directo a la cara de nuevo, se acomodó de costado también, y respiró profundo antes de comenzar a hablar.
—Mi padre… no se lleva muy bien con nosotros. Él es muy estricto y… le gusta que las cosas se hagan a su manera. Se enoja mucho cuando no es así, y nosotros solíamos hacerlo enojar de pequeños. Así que, no tenemos una buena relación en realidad.
Chopper no lo veía a los ojos, y jugaba con sus pulgares con nerviosismo mientras hablaba, y sin darse cuenta había comenzado a encogerse como si quisiera colocarse en posición fetal. Más preocupado que antes, pues una alarmante idea se había instalado en su cabeza, se deslizó más cerca de su amigo y colocó una mano en su mentón para hacer que lo mirara—. Él… ¿te ha hecho daño? —preguntó con un nudo en la garganta.
Los ojos de Chopper temblaron, y a él casi se le sale el corazón por la boca pensando en que su respuesta sería afirmativa, pero entonces el chicho negó con la cabeza—. No a mí. Al menos, no todavía. Pero Law-niichan tiene miedo de que lo haga si me quedo a solas con él, por eso se asegura de que eso no suceda, porque sabe muy bien lo que puede pasar si le hacen enojar. Después de todo, ha sido él quien se lleve la peor parte de ello desde que éramos pequeños. Y quiere protegerme para que a mí no me suceda. Siempre quiere protegerme, lo ha hecho desde que tengo memoria. Él… cuando yo hacía algo mal, o llegaba a romper algo en casa, Law-niichan se echaba la culpa a sí mismo, y yo tenía que observar cómo sufría el castigo que debió haber sido para mí. —Chopper se tragó un sollozo. Su voz se había quebrado un poco al recordar aquellos días, y sus ojos comenzaban a humedecerse también—. Cuando eso pasaba, mi padre nos mandaba a ambos a dormir temprano y sin cenar. Yo me escabullía a la habitación de Law-niichan en cuanto tenía oportunidad, él siempre tenía ahí un botiquín escondido para esas situaciones, así que intentaba ayudarle a sanarse las heridas. Todavía lo tiene en su armario, tal vez por costumbre. Supongo… que fue de esa forma en que ambos nos metimos al mundo de la medicina… —Para cuando se dio cuenta, lágrimas silenciosas ya resbalaban por sus mejillas, pero antes de que pudiera hacer algo con ellas sintió el pulgar de Tsubaki acariciando con suavidad su rostro, llevándoselas consigo mientras lo veía con tristeza.
—¿Por qué no pidieron ayuda? —preguntó en un débil hilo de voz.
—Creo… que teníamos miedo. Éramos niños, y él mucho más fuerte que nosotros. Pero no pasaba todo el tiempo, de todas formas. Mis padres siempre han viajado mucho, así que eran pocas las veces que llegaban a casa y nunca se quedaban demasiado tiempo. Claro que, cuando venían… bueno, no era muy agradable. Pero siempre volvían a irse, y entonces Law-niichan y yo nos quedábamos solos, y estábamos tranquilos, juntos, como una verdadera familia de dos. Al menos así fue por un tiempo.
—¿A qué te refieres?
Chopper volvió a bajar la mirada—. Hace unos años, Law-niichan tuvo un… accidente bastante grave. Cuando todo pasó y él estuvo fuera de riesgo, mis padres se fueron y no volvieron más. No hablábamos con ellos, ni sabíamos dónde estaban, no sabíamos nada de sus vidas. Sólo nos mandaban dinero o cualquier cosa que necesitáramos, pero ellos no volvieron a buscarnos. Hasta diciembre, que mi padre volvió. Pero es algo… extraño. Casi nunca está en casa, no habla con nosotros, pueden pasar días enteros sin que nos veamos a pesar de vivir donde mismo, no nos da órdenes ni nos pide nada. Es como si en realidad no estuviera ahí. No me quejo, es mejor que lo usual, pero… inquieta un poco. Pero ya ha estado aquí mucho tiempo, así que dentro de poco seguro vuelve a irse, y entonces todo volverá a la normalidad. —Kei comenzó a acariciar su cabello, suave y reconfortante, y entonces levantó la vista hacia él de nuevo. Chopper se sorprendió de que, en realidad, no había decepción ni lástima en sus ojos, sino más bien… dolor—. Tsubaki-kun, yo… jamás le he contado a nadie sobre esto, así que por favor, no dejes que alguien más lo sepa.
El menor apretó los labios. Él tenía ganas de correr y decirle a sus padres todo lo que su amigo acababa de contarle, quizá así conseguiría que ellos le ayudaran a librarse de ese hombre abusivo, pero… Chopper lo veía con ojos suplicantes. Él de verdad no quería que alguien más lo supiera.
—Está bien. Yo no diré nada, pero prométeme algo.
—¿Qué? —preguntó el castaño, confundido.
—Si algo sucede, cualquier cosa, si tienes miedo o te lastima, dímelo. Yo buscaré la forma de ayudarte, pero necesito que confíes en mí. —Chopper lo observó, dubitativo, sin saber qué debía decir—. Por favor.
—D-de acuerdo, lo haré. Pero, creo que te preocupas demasiado. Estaremos bien.
Kei negó con la cabeza y, sin poder soportarlo más, estiró sus brazos y envolvió el cuerpo de Chopper con ellos, atrayéndolo hacia sí y estrechándolo contra su pecho.
—¿Tsu-Tsubaki-kun? —tartamudeó Chopper, nervioso por la repentina acción.
—Lo lamento, necesito esto —susurró el chico junto a su oído, provocando que su corazón se lanzara a latir desbocado. Los brazos de Tsubaki lo apretaban con fuerza pero suavidad a la vez, con cuidado, como un par de escudos protectores contra todo aquello que quisiera hacerle daño—. ¿Te molesta?
Chopper negó ligeramente, enterrando el rostro en el hueco del cuello del otro—. N-no, está bien.
Aunque pareciera imposible, Kei se las arregló para apretarlo aún más contra él al escuchar su repuesta—. Chopper…
—¿Sí? —preguntó en un susurro. La voz de su amigo junto a su oído era suave y tranquilizadora. Su olor se le impregnaba en la nariz, era sutil, pero dulce, agradable, y por un momento pensó que no le molestaría tenerlo cerca todo el tiempo.
—No me preocupo demasiado. Yo no soportaría verte herido. —El castaño perdió la respiración por un segundo. Se sentía mareado, pero no de una forma desagradable, y no quería que el momento terminara jamás. Porque ahí se sentía seguro, tranquilo, y feliz. Y, se dio cuenta entonces, Tsubaki era el que podía lograr todo eso—. Así que, por favor… déjame cuidarte.
Chopper tragó saliva. No sabía qué eran todas esas extrañas sensaciones dentro de él, pero le gustaban y no quería que se fueran. Aprovechando que sus brazos habían quedado atrapados entre los pechos de ambos, se aferró a la camiseta de su amigo, e incluso intentó inclinarse más hacia él. Ya estaban lo más cerca que era posible, y aun así no parecía ser suficiente.
—¿Me dejarás hacerlo? —insistió Kei, rozando con los labios su mejilla al hablar.
—S-sí —contestó él porque, en realidad, no había otra respuesta posible.
—Gracias.
Chopper asintió, pues no sabía qué más hacer, y por un momento temió que ahora que la conversación había terminado Tsubaki fuera a soltarlo o a quitarle la seguridad de su abrazo. Pero eso no sucedió, ambos se mantuvieron así, sin querer apartarse, sin decir palabra, hasta que el sueño los arrastró a la inconsciencia.
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«11:15 p.m. (17 horas después de la operación)»
Después de pasar gran parte del día metidos en el hospital, en medio de un más que lúgubre ambiente, los que aún quedaban decidieron que era momento de regresar a casa y descansar, además de que no podían quedarse todos a pasar la noche ahí, en cualquier momento una enfermera les pediría que se retiraran. De hecho, era extraño que no lo hubieran hecho ya. Así que se despidieron de los hermanos, prometiendo volver al día siguiente, y desfilaron uno tras otro fuera del centro médico.
Sabo, después de agradecerles a todos su presencia y verlos marchar, tuvo que insistirle a Perona durante unos cuantos minutos hasta que ella accedió a dejar que Kid la llevara a casa. Después de eso se encargó de convencer a Luffy de que necesitaba regresar a su hogar y descansar un poco, lo que le llevó todavía más tiempo, pero con algo de ayuda de Law al final el pequeño aceptó que el rubio los llevara a él y a su novio a casa, pues este último se quedaría a dormir en su compañía, con la condición de que los recogiera temprano por la mañana.
Marco… bueno, a él sí no hubo manera de convencerlo de que abandonara su lugar, por lo que se quedó solo fuera de la habitación mientras que Sabo se llevaba a su hermano menor y a Law.
Ya que Bascud se ofreció a llevar a Nojiko y Nami a casa, con Robin sólo se fueron Zoro, Sanji y Usopp, a éste último ya lo habían dejado en su hogar por lo que el ambiente en el coche era un tanto incómodo, por lo menos por parte de Zoro que no tenía ni ganas de abrir la boca, intentando distraerse mirando por la ventanilla a su lado desde el asiento del copiloto, con el codo apoyado en el borde y el rostro contra su puño. Robin de vez en cuando hacía un comentario al aire, y mientras que Sanji no tardaba en contestar él se dedicaba a ignorarlos por completo. En cosa de unos diez minutos más llegaron a la residencia del cocinero.
—Gracias por traerme Robin-chan —dijo el rubio dedicándole una sonrisa a la mujer al momento de abrir la puerta trasera del coche.
—Un placer cocinero-san, supongo que nos veremos mañana de nuevo.
Sanji asintió y deslizó sus piernas fuera del coche—. Buenas noches —se despidió antes de salir por completo y cerrar la puerta.
El vehículo no tardó en volver a ponerse en movimiento, y Zoro desvió su mirada hacia el cielo sólo para toparse con unas oscuras nubes cubriendo la luna y las estrellas. "Ah, parece que va a llover" pensó sin mucho interés.
—Policía-san parece devastado —comentó Robin de repente, sin desviar la atención del camino frente a ella.
—Ajá —contestó Zoro distraídamente.
—Pero él terminó con Ace-san hace poco, ¿no?
—Eso fue lo que dijo Sabo, sí
—Quizá ya se arrepintió de ello
Zoro giró el rostro hacia la conductora, entrecerrando los ojos con un poco de desconfianza—. ¿A qué quieres llegar con esto, Robin?
—Oh, sólo estaba recordando algo que mi madre solía decirme cuando era niña. —El chico elevó una ceja con curiosidad, y se preguntó por qué esa mujer siempre tenía que hacer las cosas de forma tan misteriosa, con esos silencios inquietantes que dejaban a uno intrigado. Ella lo miró de reojo, con una leve y suave sonrisa instalada en sus labios, sin borrar su serena expresión—. "Cuida y aprecia lo que tienes, porque no te darás cuenta de lo valioso que realmente es hasta que lo hayas perdido".
No hubo palabra alguna por parte de Zoro, quien se quedó con un nudo formándose en su garganta por enésima vez ese día, y pensó por un momento que esto de hablar con los demás acerca de lo que le sucedía terminaría por cerrarle las vías respiratorias permanentemente. Y, quizá, eso no sería tan malo después de todo.
Se giró de nuevo a la ventana, dejando caer su cabeza contra el respaldo de su asiento, y viendo las luces de las casas pasar una tras otra sin siquiera prestarles atención.
—Tu madre era muy sabia. —Él lo sabía, que aquello que la chica le había dicho era verdad, la experiencia misma se lo enseñó y de la peor manera.
—Sí, lo era —concordó Robin, dando un leve asentimiento—.También me enseñó a luchar por lo que amo, por más difícil que fuera conseguirlo. —Se detuvo en un semáforo en rojo y le dedicó una mirada a su acompañante, que no la veía, pero ella podía notar la tensión en sus hombros y en su mandíbula. Volvió a avanzar y, sin que su copiloto reparara en ello, giró a la izquierda—. Ella se fue demasiado pronto, no tuve suficiente tiempo para apreciarla como me habría gustado.
—Lo lamento —comentó Zoro, sin saber qué más decir en esa situación. Robin por lo regular no hablaba de su vida, lo único que sabían era que su madre había muerto años atrás y no tenía más familia, por lo que esto era un tanto extraño, además de abrumarle la mente con sus propios pensamientos que se detonaban gracias a la conversación.
—Gracias. Bueno, por lo menos de eso aprendí algo más. Lo único certero en esta vida, es que en cualquier momento se acabará. Si el tiempo que estuviste aquí valió la pena o no, sólo depende de ti.
Fue ese momento, en que Zoro ya no pudo mantener su barrera mental. Y todo voló en su mente, los recuerdos llegaron y se apoderaron de todo en él, le nublaron la vista con las imágenes de días pasados, de momentos vividos, de un romance intenso y un poco loco, pero funcional y satisfactorio, le inundaron el pecho de la felicidad que alguna vez sintió gracias a ello, la sangre corrió por sus venas al pensar en la manera en que ondas eléctricas viajaban por su cuerpo cada vez que tenía a Sanji entre sus brazos, y el corazón volvió a latirle desenfrenado como aquellas veces en que no podía controlarlo por estar tan cerca de él, por probar sus labios y su cuerpo, por alcanzar su alma, porque el chico se lo había entregado todo sin dudarlo ni un instante.
Le recordó todo lo que fue…
—Te quiero, Zoro.
…Lo que dejó de ser…
—Yo aún te amo, Zoro, como no tienes idea. Pero… a veces, eso ya no es suficiente.
…y lo que quería de vuelta.
—Eso dolió idiota— reclamó sobándose la herida con una mano.
—Ése es el punto, marimo— contestó con una amplia sonrisa.
—Con que esas tenemos, ¿no?— Sanji se encogió de hombros en respuesta, sin dejar de lado su expresión burlona—. Ya verás cocinero. —Estiró el brazo y rodeó la cintura del rubio para atraerlo a su cuerpo.
—¿Y qué vas a hacer, eh?
Pero lo quería ya.
[Lo único que puede mantener alejadas a dos personas que se aman es el miedo.]
—¡Eh, marimo, ya está la comida!
[¿Quieres que Sanji sea feliz? ¡Pues bien, ve y hazlo feliz tú mismo!]
—Zoro, ven y acuéstate conmigo. Sólo quiero estar contigo un rato.
[Tenía tanto miedo de perderlo, que yo mismo lo alejé de mí.]
—No quiero que me obligue a dejarte, yo no… no podría.
—Sanji, yo no voy a dejarte.
—¿Lo prometes?
—Prometido.
Y lo tendría…
[Sólo depende de ti.]
Sin importar qué.
—Te amo, marimo idiota.
—Robin, para el auto.
La mujer ni siquiera preguntó o se inmutó por la repentina petición de su copiloto, tan solo aparcó el vehículo junto a la acera.
—Necesito volver a casa de Sanji, ¿podrías llevarme? —le preguntó Zoro con cierto apuro en su voz. Ella se imaginó que si llegaba a decirle que no, se bajaría del coche e iría corriendo hasta su destino.
—No será necesario, Roronoa-san.
Zoro la observó confundido y, cuando Robin le hizo un gesto hacia la ventanilla a su lado, se giró con un poco de vacilación. Ella tenía razón, no había necesidad de volver porque, de hecho, estaban frente a la casa de Kuroashi por segunda vez en la noche. Volteó de nuevo a ver a la conductora, con una mirada desconcertada, hasta que comprendió el sentido de la conversación que mantuvieron apenas un par de minutos atrás. Ella lo había planeado todo, probablemente desde el momento en que subieron al coche.
—Eres peor que Nami —comentó con un tono algo acusador.
Robin le dedicó una sutil sonrisa inocente en respuesta, y él no perdió más tiempo para bajar del vehículo. Cerró la puerta y se asomó por la ventanilla—. Gracias.
Ella asintió—. Suerte, Roronoa-san, y… no lo arruines.
Zoro sabía que no tenía forma de replicar ese último comentario en su contra, así que sólo dio unos pasos atrás y esperó a que el coche se alejara. Se dio vuelta frente a la casa y, respirando hondo, se dio cuenta de que las luces en el primer piso estaban encendidas, al igual que la luz de la habitación de Sanji en el segundo piso. Zeff debía estar en casa, y Zoro no tenía idea de si sabría algo acerca de los problemas de su relación, pero quizá sospechara algo debido al comportamiento del cocinero durante las últimas semanas. Soltó el aire y se acercó a tocar la puerta.
No pasó mucho tiempo antes de que el señor de la casa abriera, y si bien el hombre no era de los que siempre llevaban una sonrisa pegada al rostro, Zoro casi pudo haber jurado que su ceño se frunció más de lo usual al verlo parado en la entrada de su casa.
—Buenas noches, señor —dijo con cortesía y un ligero inclinamiento de cabeza.
—Roronoa —contestó el mayor, sin atisbo de amabilidad en su voz—. ¿Qué quieres aquí, muchacho? Es tarde.
El chico se contuvo de tragar saliva—. Necesito hablar con Sanji, si me permite. —Por la expresión en su rostro, era claro que no se lo permitiría. Por un momento incluso llegó a pensar que se abalanzaría sobre su yugular y la desgarraría de la forma más dolorosa posible.
—Creo que mi hijo no tiene muchas ganas de hablar contigo —dijo Zeff, condescendiente, para acto seguido hacer el amago de cerrarle la puerta en la cara, pero Zoro alcanzó a sostenerla a tiempo.
—Por favor señor, es importante. —Tuvo que retroceder un paso cuando, de repente, un afilado cuchillo se detuvo a menos de un centímetro de su garganta. El hombre lo observaba con furia, sin dar señal de querer apartar el utensilio de donde lo sostenía. Tragó duro. En ése momento sí lo creía capaz de matarlo.
—Te advertí que no lastimaras al chico —siseó el mayor entre dientes.
—Lo sé. Estoy intentando arreglar el problema, pero necesito verlo —insistió Zoro, no sabiendo si estaba tentando demasiado a su suerte, pero sin querer darse por vencido.
—Si realmente quieres hablar con él, que sea en otro momento. Es tarde y necesita descansar —dijo el rubio, apartando el cuchillo del lugar junto a la garganta del chico—. Ahora largo, antes de que tenga que llamar a la policía para que saquen tu inservible cuerpo sin vida de aquí. —Y ahora sí, Zeff lo dejó fuera dando un portazo.
Zoro gruñó desde lo profundo de su garganta y se dio la vuelta con brusquedad. No se iba a ir, no hasta haber hablado con Sanji. Observó a su alrededor, tratando de pensar qué podría hacer, hasta que una idea le vino a la mente. Era estúpida, seguro, pero no tenía más. "Todo sea por él".
Continuará...
