POV Dimitri

Estábamos en la entrada de la academia, sólo quería que se fuera para poder terminar con los planes para esta noche.

-Espero que al menos hayan tenido la cautela de usar protección.-

Las palabras de Alberta me sacaron de mis pensamientos. Le respondí con mi mejor voz de guardián, indiferente y relajada.

-¿Disculpa? No entiendo a qué te refieres.

-Sí, claro. Belikov, por mucho que seas un extraordinario guardián, no eres el único que sabe hacer su trabajo.-

Di la espalda al edificio escolar y centré toda mi atención en la reja principal tratando de ignorar a mi compañera, esperaba que así decidiera irse sin más pero me equivoqué.

-Hathaway y tú, ¿cuánto tiempo hace que están juntos?-

Iba a mentirle pero dentro de unas horas ya no tendría ningún sentido además se trataba de Alberta, más que compañera siempre se había portado como una buena amiga.

-Oficialmente, desde el día del ataque.-

-¿Y extraoficialmente?-

-Bueno, lo resumiré de la siguiente manera: creo que la amé desde la primera vez que la vi y podría ser que incluso lo hiciera antes de saber que ella existía.-

-Entiendo… Belikov, no voy a decir que estoy de acuerdo con lo que está ocurriendo o con la forma en que hiciste las cosas, al fin de cuentas ella es menor además de tu alumna pero he estado con Rose prácticamente toda la vida. He tenido la oportunidad de conocerlos a ambos antes y después de que sus destinos se cruzaran, los quiero a los dos, y debo decir que jamás los había visto tan felices, se hacen tanto bien el uno al otro que aun estando inconforme con su actuar no puedo hacer otra cosa que apoyarlos.-

No podía creer lo que escuchaba. Alberta, la siempre intachable y recta Alberta estaba dispuesta a romper las reglas por nosotros. Sonreí realmente conmovido.

-Gracias pero no te preocupes, no planeo esconder mi relación con Roza por mucho tiempo.-

Ella asintió y miró al frente por un largo rato, a unos cuantos minutos de silencio les siguió una gran carcajada. Miré a la mujer que estaba roja de tanto reír y fruncí el ceño.

-¿Puedo saber a qué se debe el repentino cambio en tu humor?-

Vio mi cara y su risa se intensificó.

-¿Alberta? Quieres respirar un poco, por favor, sólo conseguirás atraer la atención de los otros guardianes.-

Se tomó del estómago y respiró o trato de respirar con gran esfuerzo hasta que se calmó.

-Lo… jajaja lo… hum… lo siento es que estaba pensando en lo que pasará cuando confieses la verdad a todo el mundo.-

Bajé mi mirada al piso, probablemente me despedirían, mi carrera estaría arruinada y todos me verían mal, a mí y a Roza y en el peor de los casos perdería mi estatus de guardián, incluso podrían enjuiciarme por estar con una menor. ¿Cómo podía algo de eso causarle gracia? Acaso, ¿no acababa de decir que nos apoyaba?

-Espero que tengas un buen escondite porque a la guardiana Hathaway no creo que le haga tanta gracia como a mí.-

¿La guardiana Hathaway? Oh, vino a mi mente la imagen imponente de una mujer extremadamente fuerte y preparada, después la de la misma mujer peleando y destruyendo en las cuevas a cuanto strigoi aparecía dentro de su campo visual y, por último, la de un ojo morado adornando en el bello rostro de mi Roza. Se me formó un nudo en la garganta, Janine Hathaway era de temer y ni siquiera había contemplado su reacción como un posible problema, ahora veía que tal vez sería el mayor de todos. Mi cara de pánico encendió de nuevo las risas en Alberta pero trató de resistirse a ella, sin mucho logro, palmeó mi hombro como señal de apoyo.

-Tranquilo, Belikov. Janine es aterradora pero siempre puede ser peor.-

-¿Ah sí?-

-Por supuesto, no creo que tengas tan mala suerte como para que justo el día que decidas decirles a todos aparezca el padre de Rose.-

Ahora estaba confundido.

-¿Su padre?-

Rose no sabía mucho sobre él, sólo que era turco o algo parecido.

-Sí, a él sí que deberías tenerle miedo. No por nada lo apodan Smey.-

Me aturdió un poco tanta información ¿por qué le dirían a alguien "la serpiente" si no fuera realmente de temer? Pero no creía que tuviera que preocuparme, había estado 17, casi 18 años lejos de la vida de Rose, sería increíble que justo ahora se le ocurriera aparecer. No lo creía posible, respiré un poco aliviado. Lidiaría con un padre a la vez.

-En fin, me voy, tengo asuntos que terminar. Cuídate y no hagas nada precipitado ¿de acuerdo?-

Afirmé con la cabeza y vi a Alberta desaparecer por el bosque, quién sabe que tarea le había recomendado Kirova. Me puse en postura de guardián mientras repasaba mentalmente cada paso del plan para esta noche.