POV Lissa

-Christian, dime que el pastel está listo, por favor.-

-Claro que sí, tal y como lo ordenó su majestad.-

Christian hizo una inclinación como si realmente fuera la reina, lo que me molestó un poco aunque, técnicamente, sí era de la realeza.

-Oye, no hagas eso. No tiene nada de simpático, sabes lo que pienso al respecto de esa clase de cosas.-

Volvió a enderezarse y levantó sus manos en señal de paz. Tal vez, y sólo tal vez, había subido un poco el tono de voz y estaba mostrándome exageradamente irritada. La verdad es que estos últimos días había estado insoportable pero es que habían sido tantas cosas. Primero lo del estúpido de Jesse y el ataque a la academia, luego todo el espíritu que tuve que usar para ayudar a los heridos y la oscuridad que venía con ello y, para terminar, debía organizar una fiesta sorpresa a la única persona en el mundo a quien no podía sorprender porque podía, literalmente, entrar a mi mente y descubrirlo todo en menos de un segundo.

La fiesta había sido idea de Dimitri, su maestro y mi futuro guardián junto con ella, me daba muchísimo gusto que él se preocupara y la quisiera tanto así que acepté sin detenerme a pensar en toda la energía y el estrés que me supondría bloquearla. El precio no lo habían pagado Rose ni Dimitri, aunque realmente había estado al pendiente de cada detalle, el que se llevó la peor parte fue Christian que aguantó cada grito, cada exigencia y cada cambio de opinión sin quejarse ni una sola vez, su consideración y amor me desbordaban.

-Lo lamento, no quise hablarte así es sólo que no sé cuánto más pueda aguantar sin sufrir un colapso nervioso.-

Se acercó lentamente, tentando el terreno. Quedó frente a mí y me tomó de la cintura mientras me regalaba una sonrisa seductora, demasiado para desgracia.

-Tranquila, faltan pocas horas para que puedas dejar de bloquear a Rose y recuperes tu buen humor de siempre.-

Le devolví la sonrisa y asentí aunque no muy convencida. Él se acercó más y me plantó un beso que cortó mi respiración y mis pensamientos y todo lo demás que pudiera estar pasando a mi alrededor. Sus labios sobre mis labios, su lengua explorando y reconociendo cada lugar de mi boca casi me hacen llegar al cielo, necesitaba tanto esto que parecía como si tuviéramos años de no habernos besado. Cuando sus manos se deslizaron por mi trasero y comenzaron a subir por mis muslos, debajo de mi falda, sentí cómo todo mi autocontrol estaba por desaparecer y junto con él el bloqueo que mantiene fuera a Rose. Aparté su mano y me separé de él lo más rápido que pude, antes de que pudiera arrepentirme.

-Christian, sabes que ahora no podemos hacer esto.-

Hizo un puchero muy dulce con su boca y casi caigo en la tentación de morderlo pero desvié mi vista hacia la fuente del centro del jardín de la academia.

-De acuerdo, sólo unas horas más, puedo aguantar eso. Será mejor que vaya con Eddie, Mia y Adrián a ver cómo va la decoración del salón.-

Asentí, sin mirarlo pues aún sentía el cosquilleo y la vibración en todo mi cuerpo y si cedía sólo un ápice terminaría por arrojarme a sus brazos, lo que resultaría sumamente inapropiado considerando el lugar en el que nos encontrábamos. Lo escuché irse sin prisas. Seguí observando todo el panorama, tanto como me lo permitía la luz de la luna, hasta que alguien llamó mi atención. Una melena que identificaría en cualquier parte salía a hurtadillas de una de las ventanas de la residencia de guardianes. No entendía qué hacía Rose en una de las habitaciones de ese edificio y menos saliendo a escondidas.

Corrí hasta que supe que ella me había visto y comenzó a ir hacia mí. Llegó con una sonrisa nerviosa, la observé detenidamente, y con la misma ropa del día anterior. Fruncí el ceño para que se diera cuenta de lo confundida que estaba. Trató de llevarme hasta el comedor pero no me moví ni un centímetro.

-Rose, ¿quieres explicarme lo que ocurre?-

Me miró con su cara de falsa inocencia.

-¿De qué hablas? Todo está en orden. Vamos a desayunar, muero de hambre.-

Volvió a intentar escapar pero yo no estaba para juegos, mi humor de perros y todo eso.

-¿De qué hablo? Mmm déjame ver, quizá quiero saber ¿por qué traes puesta la misma ropa de ayer, por qué saliste por la ventana de la habitación de un guardián y por qué te ves tan culpable?-

Bajó la vista y respiró con fuerza y profundidad, nos mantuvimos en silencio durante un buen rato hasta que se decidió a hablar.

-Bien, te lo diré pero no aquí. Vamos a mi cuarto.-

Llegamos a su recámara y tomamos asiento en su cama, se veía más inquieta de lo que jamás la había visto. Pasó otro momento sin que dijera una palabra.

-Rose, ¿empezarás a hablar en algún momento?-

Dudó unos segundos más y después inició a hablar tan rápido y enredado que por poco no le entiendo.

-Dimitri y yo, es que lo siento tanto Lissa, quería decírtelo todo el tiempo pero no tenía idea de cómo lo tomarías. Lo amo tanto y tratamos de alejarnos, estuvo a punto de aceptar la propuesta de Tasha pero se dio cuenta que no podía aceptar estar con alguien que no fuera yo. Luego pasó lo de Mason y hubo mucho uhhh y mucho ahhh y yo sólo quería comprobar que no estaba completamente loca. Pero la oscuridad casi me consume y él es el único que pudo pararla, estábamos los dos solos en la cabaña y por fin dijo que me amaba como yo a él y sí, fue mi primera vez. Entonces el ataque pasó y yo me moriría si algo malo te pasara pero nos dimos cuenta que podíamos estar juntos y además cumplir nuestras responsabilidades y…-

-Espera, para, para, para… ¿Qué estás diciéndome? ¿Tú y el guardián Belikov…? Oh por Dios, no puede ser, él es tu mentor y mayor… ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Tú, tú no confías en mí?-

Estaba enfadada, no entendía cómo había mantenido un secreto como ese conmigo, se supone que nos contábamos todo.

-No, Lissa claro que no es eso es que yo tenía mucho miedo.-

Mi enojo cedió, Rose admitiendo que tenía miedo sobre algo era inaudito.

-¿De qué?-

-Al principio, de que él no sintiera lo mismo pero tuvimos una charla después de lo de Dashkov. Él dijo que si se permitía amarme no podría interponerse entre los strigoi y tú, como era su deber, sino que me protegería a mí. Sentí pánico de que tuviera razón, si nos amábamos, si estábamos juntos entonces nosotros seríamos primero, Lissa no podía correr ese riesgo contigo.-

La tristeza me embargó, Rose siempre pensando en mí y en ese estúpido dicho "ellos son primero", si había encontrado el amor debía luchar por él y claro que tenía que ser su prioridad. Entonces recordé las otras cosas que acababa de decirme…

-¿Perdiste tu virginidad con él?-

Rose se calmó al darse cuenta que la entendía y apoyaba y rio con fuerza.

-Sí, justo antes de que los strigoi llegaran a arruinarlo todo.-

Di un grito tan fuerte que seguramente lo escucharon hasta China.

-¿Y cómo fue? Tienes que contármelo absolutamente todo. ¿Están juntos ahora?-

-Fue el mejor momento de mi vida y sí, estamos juntos.-

-Sabes que tienes que darme detalles pero podemos dejarlo para después. Lo más importante es ¿él en verdad te ama?-

-Sí, Liss, estoy completamente segura, la manera en la que me mira, cómo me besa, cómo me toca. Todo lo que ha hecho por mí. Jamás me había sentido tan amada.-

-Pues más le vale que así sea porque de lo contrario lo haré desear no habernos encontrado jamás.-

Rose se lanzó a mis brazos y yo la recibí con todo el amor que le tenía, esta chica era mi hermana, sin importar lo que nadie dijera, el corazón no se equivoca y el mío dice que Rose es más de mi familia que cualquiera con quien pudiese compartir la sangre.

-Gracias por entenderme.-

-Siempre, Rose, siempre estaré para ti.-

Seguí abrazándola hasta que mi celular vibró, me separé de ella y lo tomé para ver quién y qué quería.

"Lissa. Será mejor que vengas o Christian y Adrián sólo dejarán recuerdos de lo que pudo ser una gran fiesta.

Atte. Mia."

-¡Niños!-

-¿Qué pasa?-

Miré a Rose y sonreí tranquilamente.

-Nada, debo encargarme de un asunto con Christian. Tú date un baño, arréglate y más tarde vengo por ti, ni creas que olvidé qué día es hoy. Hay que ir a celebrar. Nos vemos más tarde.-

Ignoré su gesto de interrogación y reforcé mi bloqueo mental. Ahora comprendía perfectamente por qué Belikov había organizado todo eso, me sentía tonta al no haberlo notado antes cuando había cientos de señales por parte de ambos pero justo en ese momento tenía un asunto urgente que atender, más le valía a ese par no haber estropeado todo lo que Dimitri y yo habíamos logrado hacer o desfogaría una buena tanda de mi frustración acumulada con ellos.