POV Narrador

Dentro de las paredes de la academia más importante para dhampir y moroi, los planes para la fiesta sorpresa que se llevaría a cabo esa misma noche estaban casi concluidos. Adrián y Christian se recuperaban de la tremenda reprimenda que les diera Lissa por hallarlos haciendo malabares con los adornos y Dimitri repasaba una vez más su discurso para el momento más importante de la celebración.

Todo parecía ir saliendo a pedir de boca, pero había dos presencias que nadie esperaba ver. Janine Hathaway se encontraba de pie en el despacho de la directora Kirova, taladrando con la mirada a cierto moroi turco que no hacía más que sonreír con picardía y autosuficiencia.

-¿Se puede saber a qué viene tanta sonrisita estúpida?-

Abe Mazur se colocó frente a la mujer que una vez juró era la mujer de su vida, ensanchó aún más su sonrisa y a tono de sorpresa y broma se dirigió a ella.

-Guardiana Hathaway, debería de moderar un poco más su lenguaje. Recuerde que está frente a un moroi de la realeza.-

Janine soltó un bufido y le contestó en el mismo timbre.

-¿En serio? Siempre he creído que "Smey" tiene de realeza lo que yo de puta de sangre.-

Abe, en vez de ofenderse o alterarse por las palabras que ella había utilizado sólo pudo reír casi a carcajadas lo que molestó aún más a la guardiana.

-La verdad es que no entiendo qué demonios haces aquí.-

-¿No es obvio? Vine para estar con mi hija en su cumpleaños. Los dieciocho son una edad muy especial, debe celebrarlo rodeada de toda su familia.-

Janine fue quien soltó la carcajada esta vez y con voz venenosa le dio una respuesta sumamente desagradable.

-Por supuesto, por eso no logro comprender ¿qué tendrías tú que hacer en esa celebración? Distas mucho de poder llamarte "su familia".-

El rostro del turco se ensombreció y sus palabras salieron graves y peligrosas.

-Es cierto, jamás pude estar junto a ella como su padre pero ¿y tú? No sólo tuviste la oportunidad sino el deber moral y, sin embargo, simplemente la abandonaste, renunciaste al derecho de llamarte "madre".-

Janine apretó sus puños con fuerza, conteniéndose gracias a su enorme autocontrol de no soltarle un buen puñetazo en el rostro. Lo que le dijo no sólo la enfureció sino que realmente la había lastimado, ese error que él con tanto reproche le remarcaba era una herida profunda y sangrante que sabía que ella misma se había provocado. Iba a salir a tomar aire pero la puerta del despacho se abrió ates de que pudiera dar un paso.

Rose entró a la dirección ataviada con un hermoso vestido que le llegaba tres dedos por encima de la rodilla, de encaje negro con patrón de rosas sobre un fondo rojo, cuello blanco, tacones negros de punta y su cabello recogido en una coleta ladeada con mechones sueltos que enmarcaban su rostro perfectamente maquillado.

Abe y Janine se quedaron pasmados ante la chica, la vieron de arriba abajo y ninguno pudo creer lo mucho que había crecido. Para ellos seguía siendo la pequeña que cargaron en sus brazos por primera vez dieciocho años atrás. Rose se sintió un poco incómoda por el análisis al que la sometían los ojos de su madre y de aquel extraño moroi que seguramente era su nuevo encargo así que decidió apresurar las cosas para poder salir de ahí cuanto antes.

-Janine. Señor, buenas tardes, soy Rosemarie Hathaway.-

No iba a saludar al moroi pero pensó que sería muy maleducado lo que menos deseaba en ese momento era una letanía de parte de su mamá sobre cómo se supone que debe comportarse una guardiana.

-Rose.-

-Buenas tardes, señorita. Mi nombre es Ibrahim Mazur pero puedes llamarme Abe.-

-En ese caso, usted dígame Rose.-

Abe sonrió encantado y se mantuvo, callado, sólo observando cada detalle de su hija a la que no había visto desde el día en que nació. Janine estaba demasiado nerviosa por la reacción de Rose y no paraba de jugar con sus manos. La joven no soportó el prolongado silencio.

-Hum, mmm, me dijo Kirova que querías hablar conmigo.-

Janine respiró, tomó valor y se acercó unos pasos a su hija.

-Sí, yo quería felicitarte, hoy es un día especial.-

La guardiana se acercó a Rose y le dio un abrazo, más nervioso que efusivo, la chica se lo devolvió aunque algo incómoda y cuando se separaron la duda seguía instalada en su mente.

-¿Eso es todo?-

-Sí.-

El fuerte carraspeo de Abe la hizo reconsiderar su respuesta.

-No, es decir, hay algo importante que quiero decirte…-

Otro largo silencio.

-Bueno, ¿puedes decirlo ya o será hasta que cumpla diecinueve?-

Janine asintió y se giró de lado para señalar a Abe.

-Rose, él es Ibrahim Mazur.-

Los ojos de Rose rodaron con impaciencia e ironía.

-¿En serio? Sí, creo que me lo dijo hace menos de diez minutos… Mira si no vas a decirme nada, mejor me voy porque Lissa está esperándome afuera. Un placer, Abe.-

Rose dio media vuelta y estaba por abrir la puerta para irse, Janine se quedó helada sin saber cómo darle la noticia pero Abe no había ido tan lejos para simplemente dejarlo para después.

-Soy tu padre.-

La joven dhampir se detuvo en seco y demoró apenas un parpadeo en responderle al moroi.

-¿Y? Eso no cambia nada. Gracias por el informe y adiós, viejo.-

Salió dejando a sus padres impactados por su respuesta. Afuera se encontraba Lissa esperándola con una gran sonrisa y un rostro lleno de esperanza. Rose le sonrió a su mejor amiga, su cabeza podía haberse vuelto un torbellino por la aparición de su, hasta ese momento desconocido, progenitor pero no dejaría que nada ni nadie estropera ese día.

-¿Lista, dhampir?-

-Puedes apostarlo, moroi.-

Ambas rieron hasta que escucharon a alguien acercarse.

-Rose, espera.-

Rose puso sus manos en sus caderas y frunció el gesto, comenzaba a enfadarse ¿por qué no la dejaban disfrutar de ese día y dejaban las pláticas y demás para otro momento, dentro de diez o veinte años por ejemplo? Lissa se dio cuenta de que algo pasaba pero intervino antes de que las cosas se descontrolaran.

-Janine, hola.-

-Hola, Lissa.-

Abe llegó junto a las chicas y asintió a Lissa a modo de saludo, ella hiso lo propio.

-Bien, ahora somos más.-

Rose miró a su amiga, completamente incrédula.

-¿Disculpa?-

Lissa uso su tono inocente y convincente para conseguir su cometido.

-Sí. Verán, iremos a celebrar el cumpleaños de Rose y por supuesto están invitados a acompañarnos. Vamos, Rose, entre más seamos será más divertido y tu madre y señor…-

-Abe Mazur, mucho gusto.-

-Eso, y el señor Abe estoy segura que estarán felices de acompañarnos.-

-Por supuesto, nada me complacería más.-

A Lissa le parecía genial que Rose pudiera pasar ese momento con su madre, tal vez las uniría. Claro que desconocía por completo lo que ocurría con "el señor Abe". Rose aceptó pues conocía las intenciones de Lissa y no quería arruinarle ni las esperanzas ni el entusiasmo.

-Bien pero si veo un solo gesto de desaprobación por la forma en que me divierto los dos estarán fuera en menos de lo que tardo de comerme una docena de donuts.-

Janine asintió y Abe se puso una mano en el corazón en forma de juramento solemne. Lissa aplaudió encantada y empezó a caminar para guiarlos a todos a, según Rose, los automóviles que los llevarían a ellos y a sus demás amigos hasta un restaurante-bar cerca de la academia pero, en realidad, los llevaría hasta la sorpresa que tanto trabajo les había costado organizar.