POV Rose
Llevábamos casi tres horas de búsqueda y no habíamos encontrado nada más que venados, un sinnúmero de ardillas y como cuatro madrigueras de conejo. Sentía que iba a volverme loca, no paraba de preguntar cada dos minutos a Alberta si tenía noticias del otro grupo, lo que era bastante estúpido ya que iba justo a mi lado y si su estúpido radio hubiera sonado lo sabría. Aun así, abrí la boca para hacer la pregunta por milésima vez consecutiva.
-Rose, no te pediré que te tranquilices pues sólo lograría lo opuesto pero te juro que estás a punto de destrozarme los nervios.-
Alberta se detuvo y me miró como si fuera una niña pequeña que no paraba de insistir con lo mismo, sí puede ser que así me estuviera comportando pero no tenía otra forma de sacar mi frustración.
-Lo siento es que no sé qué más hacer.-
El semblante de Alberta se suavizó por completo, ahora me veía con ese aire cariñoso y protector que siempre tenía conmigo. De alguna forma, la guardiana Petrov se había convertido en la figura materna que nunca tuve, vi a Janine que estaba unos pasos atrás y deseé con todas mis fuerzas que hubiera mostrado el amor y la preocupación que mi mentora usaba conmigo aunque fuera sólo por una vez. Aunque, para ser justos, no tenía idea de si ya era demasiado tarde.
-Rose, lo encontraremos. Además es Belikov, ha sido entrenado para soportar bajo las peores condiciones y no se le ocurriría morir justo el día que su relación contigo dejó de ser secreto.-
Casi me atragantó, ¿qué había dicho?
-¿Cómo… cómo es que tú lo…?-
-¿Cómo lo sé?-
Asentí al mismo tiempo mordía mis labios con preocupación. Sabía que todos se enterarían tarde o temprano pero esto era ¡demasiado temprano!
-Ja, tú y Belikov me subestiman demasiado, debería sentirme ofendida. Soy la Guardiana Petrov, dirijo la seguridad de San Vladimir, hay pocas cosas que pueden pasar sin que yo me entere. Sobre todo cuando se trata de una relación amorosa y prohibida entre mi mejor guardián y mi mejor y más rebelde estudiante.-
Sonreí tímidamente, me sentía halagada pero también pillada de plano.
-¿Desde… desde cuándo lo sabes?-
-Lo intuí desde lo de Dashkov y lo confirmé en Spokane. Tú estabas con el joven Ashford y él tenía una interesante propuesta de la Señorita Ozera, los dos parecían colegiales celosos cada que se cruzaban, es decir tú sí eres una colegiala pero fue bastante divertido verlos tratando de olvidarse mutuamente.-
Mi quijada por poco toca el suelo, no podía creer que estuviera tan al pendiente de nosotros y además que le resultara divertido.
-Perdona, es que es mi deber observar todo y a todos en todo momento. Tengo que aprovechar los raros momentos de diversión que se me presenten. Como iba diciendo, después del terrible incidente y de que él rechazara la oferta, no hubo lugar a dudas. Supe que se amaban, sólo esperé para ver cuánto tiempo tardaban en decidir lo que harían.-
-Estamos juntos.-
-Lo sé, Belikov me lo dijo esta mañana, justo después de que te lo robé de la habitación.-
Mi cara comenzó a arder, estaba segura que estaría rojo granate. Alberta rio intensamente.
-Tranquila, será nuestro pequeño secreto. No creo que necesiten saber esas cosas, sobre todo ahora que tu madre ha pedido a Kirova que lo despida.-
-¿Qué? ¿Ella hiso qué?-
-Sí, cuando salí hacia la dirección la Guardiana Hathaway estaba con la directora contándole todo y exigiendo el despido inmediato de Belikov.-
-No, no lo puedo creer.-
Iba a enfrentar a Janine pero Alberta me detuvo.
-No, justo ahora la necesitamos y tenemos cosas más importantes que hacer. ¿Lista para continuar?-
Me obligué a tragarme mi odio y todas las palabrotas que me venían a la mente para seguir adelante, Alberta estaba en lo cierto y tenía que ordenar mis prioridades. Lo primero era encontrar a Dimitri. Caminamos unos pocos centímetros cuando escuchamos varias pisadas además de un fuerte zumbido que parecía provenir del cielo, los cuatro nos tensamos pero nos colocamos en posición de ataque, espalda contra espalda para protegernos los unos a los otros, como buenos guardianes, o casi guardianes, que éramos.
Varios rostros empezaron a salir de la oscuridad. Dos, tres, cuatro, siete, todos dhampir, todos excepto uno.
-¿Viejo?-
El moroi que había asegurado ser mi padre se nos acercó con una enorme sonrisa y una manzana mordida en la mano.
-Rose, qué sorpresa encontrarte aquí. ¿De casualidad traerás algún donador contigo? He gastado bastante energía y me vendría bien un poco de sangre.-
Iba a preguntarle qué demonios hacía ahí rodeado de todos esos clones mal encarados pero dos dhampir más llegaron tras él, parecían cargar algo, no, no era algo, era alguien. Era mi alguien, mi todo.
-Dimitri.-
Corrí hasta él, alzó el rostro hacia mi voz y trató de sonreír pero se dobló de dolor.
-Por San Vladimir, ¿qué te hicieron?, ¿Dimitri?-
Estaba completamente golpeado, su smokin, su corbata, su camiseta, todo estaba empapado de sangre. Mataría al responsable pero, prioridades, primero debía llevarlo para que lo curaran. Quité a uno de los dhampir y me coloqué bajo el hombro de Dimitri para sostenerlo, escuché cómo Alberta daba instrucciones para que la doctora estuviera preparada a nuestra llegada. Tomé mi celular con mi mano libre y envié un mensaje a Lissa.-
"Liss, lo encontramos, está malherido. Te necesito, por favor. Llegaremos pronto a la enfermería."
Sólo deseaba poder volar o teletransportarme, me dolía tanto verlo así. Pensé en todo el tiempo que tardaríamos en llegar a la academia, había dicho a Lissa que llegaríamos pronto pero era mentira, ¿y si no resistía? No, traté de pensar en otra cosa aunque con él a mi lado era imposible.
-Nosotros los llevaremos, el helicóptero aterrizará en ese claro. Estaremos en la academia en un parpadeo.-
Miré a dónde señaló el viejo y vi un enorme claro, despejé mi cabeza y me percaté que el zumbido que escuché anteriormente era el sonido de unas hélices. En menos de nada estuvimos trepados en el transporte, sólo cabíamos cinco así que fuimos Alberta, el viejo, Janine, Dimitri y yo.
-Aguanta, sí, llegaremos en cualquier momento.-
Dimitri estaba semiconsciente, no sabía si entendía lo que sucedía pero supongo que sí porque apretó mi mano fuertemente.
-Estará bien, es fuerte.-
Vi al viejo con incredulidad y vino una idea a mi cabeza.
-¿Por qué tú y tus hombres estaban con él?-
Se recargó en su asiento y se encogió de hombros.
-Porque fuimos nosotros quienes nos lo llevamos.-
-¿Disculpa? ¿Tú le hiciste esto?-
La voz me salió con un grito bastante agresivo.
-No, yo sólo quería hablar con él. No tuve que ver con la paliza que el desubicado de Alto le dio.-
Cerré los ojos y froté mi cabeza, todo daba vueltas en mi cabeza.
-¿Tú lo secuestraste pero Stan lo golpeó? No tiene ningún sentido.-
-Lo sé, ya no quedan muchos guardianes eficientes y confiables.-
-No, lo que no tiene ningún sentido es que tú hayas secuestrado a mi novio.-
El viejo puso los ojos en blanco.
-Rose, lo hice por ti. Debía averiguar la clase de hombre con la que piensas inmiscuirte, eres mi hija. Además, lo único que hice fue hacerle preguntas.-
-¿Qué? ¿Ahora si soy tu hija? ¿Después de dieciocho años sin saber de ti? ¿Quién demonios crees que eres?-
-Puede que tú no supieras de mí pero yo jamás dejé de estar pendiente de ti. Ni siquiera cuando te fuiste de la academia, siempre has sido y serás mi hija. Me mantuve alejado por tu bien, eras demasiado pequeña para que te involucrara en mi vida con todos los enemigos y los negocios que tengo. Y, en este momento, sólo soy un padre preocupado.-
-Por Dios, si querías hablar o saber sus intenciones o lo que sea. ¿No pudiste tener una charla normal con él? Podrías haberlo amenazado un poco y hubiera sido algo entendible pero esto. Mira lo que le has hecho, y si no lo hiciste tú, lo que le pasó por tu culpa. ¿De verdad tenías que secuestrarlo y someterlo a un interrogatorio tipo Tarasov?
-Sí.-
-¿Por qué?-
Y con total desfachatez me contestó.
-Porque así soy yo.-
No pude decir más. Me giré y seguí pendiente de Dimitri que sólo hacía gestos de dolor.
-Rose, es difícil de entender pero…-
Ni siquiera miré a Janine, sólo le contesté con la voz más fría de mi repertorio.
-No, tú ni siquiera te atrevas a dirigirme la palabra. Llevo un par de horas de conocerlo pero al menos él ha sido sincero todo el tiempo y tiene una excusa más o menos creíble pero tú… No, Janine, esta conversación no la tendremos justo ahora.-
El silencio fue su respuesta, afortunadamente llegaríamos rápido, no imaginaba tener que soportar tres horas del ambiente tenso que se había formado.
