POV Rose

Bajé del helicóptero como loca, por pura suerte no perdí los dedos ni ninguna otra parte de mi anatomía porque no dejé ni siquiera que las hélices se detuvieran antes de correr a la enfermería. Debía localizar a Lissa y llevarla hasta Dimitri a quien dos hombres del viejo cargaron para poder seguirme. Cuando llegué, Lissa y mis otros amigos estaban esperándonos, se veían muy preocupados. Apenas me notaron corrieron a mi encuentro.

-Rose, ¿dónde está?, ¿qué pasó?-

-Es una larga historia, Liss. Ven, necesito que lo cures, por favor.-

Mi mejor amiga asintió y me dio un abrazo sumamente reconfortante. Entramos a la enfermería detrás de los tipos que traían a Dimitri, lo dejaron en una de las camas y Lissa se acercó para empezar con su magia, para mi sorpresa, Adrián la imitó. Se lo agradecí de todo corazón porque así Dimitri mejoraría más rápido y Lissa no cargaría tanta oscuridad.

Tardaron pocos minutos en curarlo por completo pese a que Dimitri, que enseguida recuperó la consciencia, no paró de decirles que ya estaba bien y terminaría de sanarse por sí mismo. En cuanto terminaron, me lancé a abrazarlos y darles mil y un veces las gracias por su ayuda. Los dos dijeron que no había sido nada cuando yo mejor que nadie sé el precio tan alto que pagan por usar espíritu. Después los dos decidieron que harían una visita a los alimentadores porque estaban realmente agotados, Christian y Mia los acompañaron. Eddie se ofreció a llevar a Jill hasta su dormitorio, me hubiera parecido normal debido a su instinto protector pero su mirada dulce y mejillas rojas cada vez que miraba a la pequeña moroi lo delataban, parecía que una nueva parejita "prohibida" estaba dando sus primeros pasos.

Apenas salieron todos me senté junto a Dimitri que me recibió con los brazos abiertos. Me tiré un clavado directo a su boca, necesitaba convencerme que estaba aquí conmigo. Sus labios, su cuerpo, me respondieron sin miramientos pero no recordé que no teníamos tan buena suerte últimamente.

-Rosemarie Hathway, aléjate ya mismo del Guardián Belikov.-

Los gritos de Janine me cayeron como agua helada y me separé de Dimitri para ponerle alto a toda esa estupidez de una vez por todas. Frente a mí tenía a las dos personas que se habían encargado de arruinar el que pudo haber sido mi mejor cumpleaños. Los encaré y pasé de alto las advertencias que Alberta me decía, algo así como, "ahora no, Rose, ya hemos tenido suficiente".

-Ustedes dos me tienen harta. Me importa un comino si les llegó el remordimiento o si por fin los alcanzó su instinto de padres. Quiero que entiendan, y sólo se los diré una maldita vez, esta es mi vida, tan perfecta o jodida como deseen verla pero mía.-

-No te permito que…-

-¿Qué Janine? ¿Qué no me permites? ¿Defender mi derecho a ser tan libre e independiente como siempre he sido o tomar en mis propias manos las decisiones sobre lo que hago o dejo de hacer o con quién quiero estar? No, tú dejaste de tener derecho a prohibirme nada, es más, nunca lo tuviste.-

-Rose, por favor, no hables así a tu madre.-

-Oh, discúlpeme usted señor desconocido, porque puedes jurarme que siempre estuviste ahí pero yo no te conozco. ¿Dónde estabas cuándo de niña lloraba por las noches por no tener una estúpida persona a quien realmente pudiera llamar familia? ¿Qué hacías cada vez que estaba enferma y soñaba con que mi padre o mi madre por fin aparecieran para llevarme a algún lugar que pudiera llamar hogar para cuidarme? ¿A quién torturabas o secuestrabas mientras me escondía con mi mejor amiga entre los humanos? Porque para haber estado tan pendiente como aseguras, no te vi tocando nuestra puerta los días en que realmente necesitaba a alguien que me convenciera de que todo estaría bien.-

Sin darme cuenta, las lágrimas caían una tras otra sin poderlas detener. Aunque tampoco quería hacerlo, estaban ahí, por primera vez juntos y yo necesitaba sacar todo lo que callé por tanto tiempo.

-Siempre me pregunté ¿qué tenía de malo? Entendía, hasta cierto punto, que mi padre no apareciera en el mapa pues así funciona esta sociedad de mierda. Los moroi no suelen reconocer a sus hijos dhampir y todo eso. Pero si ni siquiera era digna de una visita real, una palabra de amor o aliento de mi madre, bueno quizás era yo el problema.-

Los dos se quedaron atónitos antes todo lo que les decía, vi en sus ojos que los estaba hiriendo pero no pude detenerme, lo deseaba, quería herirlos tanto como ellos me habían lastimado. Una parte en mi cerebro me gritaba "oscuridad", la acallé con facilidad y continué.

-Pero no se preocupen, algo debo reconocerles y es al menos me abandonaron en el lugar correcto. Mi vida aquí no fue tan mala, al contrario. Conocí a la chica más generosa e increíble que pude haber conocido, ella me salvó la vida y se convirtió en mi hermana. También conocí a una extraordinaria mujer que siempre ha sido mi mentora y que se comportó, cuando más lo necesité, en mi amiga, mi protectora y mi madre.-

Miré a Alberta con amor, jamás le había dicho algo así en voz alta y me di cuenta de lo mucho que le afectó oírme pues sus ojos se aguaron. Le susurré un "gracias" que ella respondió con una gran sonrisa y un "no hay de qué" Volví a mis sorprendidos y heridos padres.

-También encontré el amor en forma de un hombre íntegro, honesto, noble, un poco chapado a la antigua pero maravilloso. Es un amor correspondido, puro y desinteresado y voy a luchar por él, sin importar contra quien sea. No les aconsejo meterse en mi camino porque soy Rosemarie Hathaway, no puedo negar mis orígenes, soy tan fuerte y decidida como tú Janine y tan peligrosa y vengativa tú viejo, doy todo por las personas que me importan y, justo en este momento, ustedes no se encuentran en esa lista.-

-Roza…-

Dimitri se colocó a mi lado y posó su frente en mi cien, no lo había notado pero yo había empezado a temblar, él se había dado cuenta de cómo la oscuridad de Lissa me estaba afectando y me suplicaba que me detuviera. Cerré los ojos un momento y decidí hacerle caso.

-Fuera… lárguense o no respondo de lo que pueda decir o hacer.-

Dejé mis ojos cerrados y escuché sus pasos alejándose, antes de que pudieran irse les dije algo más.

-Y Abe, por esta vez lo pasaré por alto ya que Dimitri está bien pero…-

Abrí los ojos y los posé directo sobre los del viejo.

-Si vuelve a sucederla algo por tu culpa, ya sea tu intención o no, te juro por mi futuro título de Guardiana que no habrá rincón donde puedas ocultarte o helicóptero que logre alejarte de mí.-

Lo vi tragar en seco para después retirarse junto a Janine y a Alberta que se giró a preguntarme si estaría bien y no se fue hasta que se lo confirmé.

-Roza…-

-Estaré bien, anda, vámonos a acostar que estoy agotada.-

Besó mi frente y me tomó de la mano, lo único bueno de esta noche es que ya había acabado. Sólo quería dormir junto a Dimitri y no salir de la recámara al menos en un mes.