*Advertencia: Este capítulo contendrá lemmon, si son susceptibles o les disgusta este tipo de lectura les recomiendo que pasen de largo.


POV Narrador

Llevaba dos horas de haberse acostado y Rose aún no era capaz de conciliar el sueño. Se acomodó de espaldas a Dimitri para que él no lo notara y se perdió en la luz de sol que trataba de penetrar por las traslúcidas cortinas de la habitación del Guardián. Repasó mentalmente cada suceso de la noche anterior, no podía creer lo rápido que pasó del cielo al infierno. Sus padres, Dimitri desaparecido, Dimitri herido por culpa de Abe, era demasiado. El llanto se apoderó de ella y trató de silenciar sus sollozos pero los brazos de su dios ruso le indicaron que no lo había logrado.

-Roza, ¿qué ocurre? ¿por qué lloras?-

Buscó en su memoria las frases adecuadas para explicar lo que sentía en ese momento pero sólo una palabra salió de su boca.

-Perdóname.-

Dimitri se quedó pasmado por la repentina confesión pero consiguió reaccionar lo suficiente como para hacer que Rose se volteara a mirarlo.

-¿De qué hablas? No tengo nada que perdonarte.-

-¿No? ¿Qué tal el que por mi maldita culpa casi hayas muerto hace unas horas?-

Dimitri, comprendió de inmediato la situación.

-En primer lugar, no fue tu culpa nada de lo que sucedió y, en segundo, no iba a morir.-

-¿Y eso debe ser un consuelo? Te hirieron, y sí fue mi culpa porque el desubicado y psicópata que se hace llamar mi padre quiso hablar contigo, lo que en su retorcida mente es sinónimo de secuestrar.-

-Roza, no…-

-Claro que sí, Dimitri. Desde que me inmiscuí en tu vida sólo te he traído problemas, he puesto tu vida en peligro más que cualquier moroi al que debieras proteger y por mi causa podrías perder todo por lo que has trabajado toda tu vida y…-

Dimitri la besó, no soportaría escuchar más tonterías. Rose se sorprendió pero eso no impidió que le siguiera el beso, era como bálsamo para su alma. Cuando estuvo convencido que había perdido el hilo de su discurso se separó de ella para dejarle un par de cosas en claro.

-Roza, eres lo mejor que me ha pasado en la vida y te amo con toda mi alma. Eso debería bastarte para saber que pasaría por mil y una palizas más y que le haría frente a tu padre desubicado y psicópata si eso significa tenerte entre mis brazos y durmiendo junto a mí al final del día. "Renunciaría a cualquier cosa por ti, excepto a amarte" ¿recuerdas? Fue una promesa y yo honro mi palabra.-

Los sentimientos de culpa fueron abandonando el corazón de la dhampir y, en su lugar, dejaron sólo la calidez y paz que ese hombre le provocaba.

-Te amo, Dimitri.-

Rose estiró su mano para acariciar el cabello de su amado, tan liso, suave y tan sensual. Entonces recordó lo que la mañana anterior había quedado inconcluso y en un movimiento rápido y provocativo se sentó a horcajadas sobre el ruso.

-Tú y yo tenemos algo pendiente.-

Dimitri sonrió con expectativa y se acercó hasta estar a pocos centímetros del rostro de la joven.

-Lo recuerdo, deberíamos saldar esa deuda.-

-Estoy completamente de acuerdo contigo, camarada.-

Los labios de ambos bailaron en torno a los del otro. Se besaron largamente, con ternura y pasión, sin prisas, memorizando hasta el más ínfimo milímetro de la boca de su acompañante. Dimitri fue el primero en apartarse pero sólo lo hizo para dirigir su boca hacia el cuello de Rose que comenzó a derretirse por dentro pero no permitiría que fuera él quien tomara el control esta vez. Alzó el rostro de Dimitri, tomándolo del cabello con la firmeza suficiente para jalarlo pero con suavidad para no hacerle daño.

-Tststs, esta vez es mi turno.-

Lo arrojó contra la cama y agradeció que tuviera la costumbre de dormir únicamente con bóxer pues le facilitaba las cosas enormemente. Sonrió seductoramente a Dimitri, lo miró de arriba abajo y con su voz más aterciopelada lo interpeló.

-Camarada, ¿todo esto es para mí?-

Dio mayor fuerza a su pregunta rozando el creciente bulto en los pantalones de Dimitri con su trasero. El guardián dio un ronco gemido por la sorpresa y el placer que le provocó.

-Sólo para ti, Roza.-

Rose, humedeció sus labios y acercó su boca a los labios de su amado, sólo unos cortos milímetros los separaban.

-¿Por dónde empezaré?-

La respiración de Dimitri se aceleró en respuesta y estiró sus manos para posarlas en las caderas de Rose pero no llegó a tocarla. La chica tomó con fuerza las muñecas de Dimitri y las colocó contra las almohadas, cada una a un lado de la cabeza del ruso.

-Tú ya tuviste tu oportunidad, ahora es mi turno de jugar. Aún no recibo el regalo de cumpleaños que quería. ¿Vas a dármelo, camarada?-

Dimitri estaba perdido entre la excitación, quería a Roza, la necesitaba en ese momento y haría lo que fuera para conseguirla.

-Te daré lo que desees.-

Rose besó con furia a Dimitri, sin soltarle las manos y finalizó el beso mordiendo levemente su labio inferior.

-Te deseo a ti… quiero que hagas todo lo que yo te pida. ¿Lo harás? ¿Absolutamente todo?-

Dimitri dudó unos segundos pero amaba a esa mujer y confiaba ciegamente en ella, además estaba muriéndose de deseo.

-Todo, lo prometo.-

Rose sonrió ampliamente y dejó libres las manos de Dimitri. Luego se levantó de su regazo, quitó todas las cobijas que estorbaban a su vista y se colocó junto a él, acostada de lado mientras lo observaba con lujuria. Dimitri la miró sin entender.

-¿Roza?-

-Quítatelo.-

Señaló el bóxer de Dimitri y él obedeció al instante. Rose admiró concienzudamente el cuerpo perfecto y desnudo de su amante, de verdad que era un dios ruso. Empezó a reconocer con las puntas de sus dedos cada espacio que podía de la anatomía de su amor, su cabello, sus ojos, su nariz, su boca, su barbilla, su cuello, sus pectorales, tal como él había hecho con ella en su casi encuentro matutino.

Dimitri no sabía cuánto más podría aguantar sin tirársele encima, su autocontrol estaba por quebrarse por completo pero Rose lo sabía y no dejaría que sucediera.

-Muéstrame cómo lo haces.-

El ruso la miró confuso.

-Cómo te tocas.-

Dimitri no podía creer lo que ella le estaba pidiendo, nunca le había pedido algo así, bueno sólo hacia algunos días que habían avanzado hasta esa etapa en su relación pero aun así lo dejó atónito su petición. Aunque el simple hecho de pensar en hacerlo ya lo excitaba.

-Vamos, camarada. Lo prometiste.-

Lo dudó un poco pero dirigió sus manos hacia abajo y comenzó a jugar con la parte más sensible de su cuerpo. Rose no perdía detalle de la manera en la que las manos de Dimitri subían y bajaban alrededor de su pene, de cómo la respiración del ruso se incrementaba junto con sus latidos a cada segundo y, más importante, cómo los ojos del camarada hurgaban, llenos de un apetito voraz, sobre los suyos. La mano derecha de Rose fue a acompañar a las manos de Dimitri, sintió la piel caliente y punzante del miembro de su compañero y cómo sus propias pantaletas ya estaban empapadas.

El guardián gimió con fuerza al primer toque de Rose e hizo el ademán de lanzarse a por ella pero no lo dejó.

-Continúa. Si incumples tu palabra, todo se acabará.-

Dimitri se obligó a controlarse y a conformarse con disfrutar de lo que sus manos y la de Rose le hacían.

-Dime, camarada. ¿Si pudieras elegir, qué querrías que te hiciera?-

Sin dejar de manipular el miembro de Dimitri, Rose comenzó a marcar un húmedo camino de besos desde la barbilla hasta el ombligo de su dios ruso. Lamiendo por aquí, mordiendo por allá. Dimitri apenas si pudo concentrarse para responderle, no se hubiera tomado la molestia pero no quería que ella se detuviera. Cuando sintió su lengua bajo su ombligo, fue claro lo que quería.

-Quisiera que, que, que… que bajaras más.-

Su voz entrecortada excitó más a Rose y la impulsó a continuar con su juego. Bajó más, hasta el interior de los muslos de Dimitri y comenzó a descubrir esa zona con su boca mientras aumentaba la velocidad en la mano que masturbaba a Dimitri.

-¿Así?-

Él no pudo contestar por un rato, se sentía en las nubes pero quería ir más allá.

-Oh, Dios, Roza… Hazlo, por favor.-

Rose, se alejó para poder mirar desde abajo los ojos del amor de su vida y, con la cara más inocente que poseía, se mostró ingenua y confundida, aunque para nada era ninguna de las dos cosas.

-¿Hacer qué, camarada? Debes ser más específico porque no entiendo lo que quieres.-

La respiración de Dimitri era más que frenética. Las manos del ruso se alejaron de su cuerpo para aferrarse a las sábanas.

-Quiero… Yo… Ahhhh, Roza, quiero que metas mi pene en esos deliciosos labios tuyos, que lo chupes y beses hasta que me venga dentro de ellos. Quiero follarte la boca como tantas veces he soñado.-

Rose sonrió con satisfacción, por fin había logrado sacar al animal sexual que su novio llevaba por dentro. Amaba que fuera tan caballeroso y romántico pero necesitaba saber que también él tenía esas fantasías y deseos desbordados hacia ella.

-Ves, sólo tenías que pedirlo.-

Un gemido casi animal salió desde lo más profundo de la garganta de Dimitri cuando la lengua de Rose dio la primera lambida a la punta de su falo. La chica se sintió henchida de orgullo, pasión y deseo, le había encantado lo que había provocado así que siguió chupándolo poco a poco hasta que lo tuvo casi todo dentro de su boca. Entonces empezó a meterlo y sacarlo como si tuviera toda la experiencia del mundo, los gemidos de Dimitri le marcaban el ritmo.

-Roza… Ahhhh… Así… Más rápido… Dios… Te amo tanto… Roza… Estoy a punto… Rozaaaaaa…-

El líquido blanquecino producto del orgasmo de Dimitri fue recogido, hasta la última gota, por la boca de Rose. Lo saboreó, lo tragó y se incorporó para darle a probar un poco a su amado. Se besaron por un rato, Rose esperaba que Dimitri se recuperara para continuar, lo que no le tomó mucho.

-Desnúdame.-

Dimitri obedeció enseguida. Con maestría inusitada separó las prendas del cuerpo de Rose, acariciando, en el proceso, con veneración y amor cada parte posible de su cuerpo. Al tenerla completamente desnuda se sintió cegado, como si viera de frente al mismo sol. Su belleza lo impactaba, lo conmovía, lo aprisionaba y lo liberaba al mismo tiempo.

-Eres tan hermosa, tengo miedo de tocarte y profanar tu belleza.-

Rose sonrió con dulzura y excitación, tomó una de las manos de Dimitri y la dirigió directo a su zona íntima, Dimitri se sorprendió de lo mojada que estaba. Sin duda, él no había sido el único que había disfrutado del momento anterior.

-Hazlo, camarada. Tócame y profáname así seremos sólo dos pecadores que han formado su propio altar para adorarse mutuamente.-

Dimitri volvió a acorralar los labios de Rose mientras su mano exploraba cada espacio del rincón más privado de su amada. Jugó con sus pliegues, rozó sin parar el botón de placer de la dhampir e introdujo un dedo, luego dos, para demostrarle manualmente la forma en la que la follaría cuando ella se lo pidiese. Dejó de besar sus labios y se dirigió la consentir los pechos de Rose. La chica gemía sin parar y se sacudía sin poder evitarlo por las descargas eléctricas de placer que recorrían cada célula de su cuerpo.

-Camarada… Ahhhh… ¿Cómo haces eso? ¡Oh, por San Vlad!... Sí… No se te ocurra parar… Ahhh… Más… Ahhhhh…-

Dimitri volvió a besar a Rose justo en el momento en que el orgasmo se apoderaba de ella. Cuando pasó, Dimitri sacó sus dedos del interior de la joven y, sin dejar de mirarla a los ojos, los llevó hasta su boca, los saboreo con exquisito deleite. Rose ya no aguantaba más. Tiró a Dimitri de vuelta a la cama y se puso sobre él.

-El juego acabó, lo único que quiero es tenerte dentro de mí.-

Rose comprobó que Dimitri, o más bien "su querido amigo", estuviera preparado y de una sola estocada los unió en uno. Roza y el camarada gimieron al mismo tiempo por el placer intenso de sentir sus cuerpos conectados. Dimitri acercó sus manos a las caderas de Rose pero lentamente, pidiéndole permiso a la dhampir para tocarla sin que ella se lo hubiera pedido, Rose las tomó y ella misma las apretó con fuerza contra sí. Probablemente quedaría algún leve moretón con forma de dedos en sus caderas pero no le interesaba.

Empezó a cabalgarlo con suavidad y conforme la excitación y el placer aumentaban la velocidad se iba abriendo camino. En medio del furor, Dimitri se sentó sin desunirse de Rose, el movimiento repentino provocó que su pene entrara con mayor profundidad y sólo eso bastó para detonar un nuevo y sincronizado orgasmo en ambos. Más intenso y duradero del que jamás hubieran experimentado. Dimitri besó a Rose y cuando el momento de paz post coital los alcanzó, la estrechó entre sus brazos.

-Roza… Te amo…-

-Te amo… Camarada…-


*Nota: Es la segunda vez en mi vida que escribo lemmon así que ténganme piedad si no quedó tan bien.