POV Narrador
El día en el mundo humano comenzaba con fuerza mientras que para los dhampir y moroi era una noche para soñar, dormir o recrearse haciendo otro tipo de actividades. En el caso de ciertas personas dentro de la Academia San Vladimir dormir estaba al final de su larga lista de pendientes.
Abe y Janine, esperaban afuera del salón donde antes estuvieron celebrando el cumpleaños de su única hija. Los dos habían pasado todo el tiempo desde que abandonaron la enfermería, hacía casi cuatro horas, recordando una y otra vez las palabras que Rose les había dirigido. Sabían que ella tenía razón en todo y que merecían cada palabra aunque los hubiera herido profundamente. Mazur fue el primero en romper el silencio.
-Creo que, definitivamente, tiene nuestro carácter.-
-Sí, eso creo. Es tan necia como tú.-
-Y tan dura como tú.-
Janine frunció el ceño pero el dolor no pudo dejar de invadir su rostro y la voz le salió resquebrajada.
-Lo echamos a perder y de verdad. Sólo quería pasar un cumpleaños al lado de mi hija pero no fui capaz de controlar mi maldita costumbre de querer hacer todo a mi manera y ahora acabé alejándome más.-
-Sí, lo arruinaste pero te perdonará, también heredó tu gran corazón.-
-¿Sólo yo lo arruiné?-
Abe giró los ojos.
-De acuerdo, de acuerdo, tal vez yo cometí una o dos metidas de pata diminutas pero, tú, mira que chivarte con Kirova y pedir que despidieran al ruso. Me sorprende que no te volteara un buen puñetazo.-
Janine olvidó por un momento su dolor y culpa para sentirse furiosa por la desfachatez de Abe.
-¿Y eso es peor que secuestrarlo y casi matarlo?-
Con aire ofendido, el moroi le contestó:
-Pero claro, yo trataba de averiguar sus verdaderas intenciones para con nuestra hija y mi intención jamás fue matarlo, de hecho, el que ha estado más cerca de la muerte en todo este asunto fue el Guardián Alto por atribuirse derechos que no le corresponden; mientras que tú actuaste como una chismosa y bocona, ¿dónde está tu honor?-
El primer instinto de Janine fue soltarle una bofetada pero sólo comenzó a reír, ese hombre siempre la enloquecía con su bizarro sentido del bien y el mal. Abe la siguió y pronto ambos estuvieron casi llorando de las carcajadas. En un momento sus miradas se encontraron y se vieron como si no hubieran pasado dieciocho años, como si jamás la distancia los hubiera alcanzado, como si el amor entre ellos siguiera ahí dentro tan grande e inmutable como cuando se conocieron.
-¿De verdad lo interrogaste?-
-Por supuesto. Debiste ver su cara cuándo le pregunté la edad y el nombre de la persona con quien perdió la virginidad. El tipo vio al Guardián Alto, que estaba tirado en el suelo, como si deseara que siguiera golpeándolo antes que contestarme.-
Los dos rieron aún más.
-Me di cuenta que es un tipo duro ¿sabes?, nunca bajó la mirada aunque sé que realmente se moría de miedo y, pese a todo, jamás me ofendió o miró de mal modo lo que quiere decir que me respeta por el simple hecho de saber que soy el padre de Rose. Él la ama, en serio lo hace.-
Janine resopló y se cruzó de brazos, parecía más una niña pequeña que una imponente Guardiana.
-Lo sé, cualquiera con dos dedos de frente es capaz de notarlo. También sé que es un gran hombre, el mejor del mundo quizás.-
Abe la miró confundido.
-¿Entonces? ¿Por qué hiciste tanto alboroto?-
-Por Rose, yo soy su madre ¿de acuerdo? Sí, sé a la perfección que no me he comportado como una pero eso no significa que no la ame y quiera que sea feliz y por más grandioso que sea Belikov, nunca, nadie, ni San Vladimir en persona me parecería suficientemente bueno para ella. La miro y es tan fuerte e inteligente que no sé dónde quedó la pequeña a la que di a luz y me odio tanto a mí misma por no haberla visto crecer, por no haber estado para ella todas las veces en que me necesitó. Tuve tanto miedo de no poder ser la madre que merecía y dejé que ese miedo me cegara.-
El silencio entre ellos volvió y se prolongó por un rato.
-Yo tampoco he sido el padre del año. Preferí alejarme y convencerme que lo hacía por su bien antes que buscar otras opciones. No soy de los que tienen muchas personas importantes en su vida. Sólo hay dos hermosas mujeres que conforman mi mundo entero, la primera me abandonó por no haber podido entender que merecía tener la libertad para seguir su vocación hasta el final y a la segunda creo que la perdí por no haber sabido demostrarle lo orgulloso que estoy de que sea mi hija, sangre de mi sangre.-
Janine lo tomó de la mano y las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
-A la primera no la has perdido del todo pero a la segunda, bueno, creo que a ella los dos la hemos perdido.-
Una voz quebrada detrás de Janine los atrajo.
-Pero tal vez ambos la puedan recuperar.-
Abe y Janine miraron atónitos a Rose que llevaba puesta la misma ropa que en la fiesta para su cumpleaños, detrás de ella iban Belikov y todos sus amigos que trataron de pasar desapercibidos. No podían creer que hubiera dicho eso, quizás realmente tenían una oportunidad de rescatar su relación con su hija, posiblemente tuvieran suerte y por fin podrían ser una familia, tal vez aún hubiera algo de esperanza para ellos.
