POV Rose

No podía creer lo que escuchaba, ellos me amaban y estaban orgullosos de mí. Las lágrimas cayeron sin parar mientras los tres nos mirábamos deseando que alguien más fuera el primero en hablar. Lissa llevó a todos los demás adentro del salón; cuando fue a buscarme a la habitación de Dimitri para "reanudar" la fiesta donde se quedó porque ni siquiera habíamos podido comer el pastel que hizo Christian casi la mato, sólo quería quedarme en la cama con mi dios ruso, sobre todo después del momento tan maravilloso que pasamos. Ahora estaba agradecida y feliz de haberme rendido ante la idea de mi mejor amiga. Janine y el viejo estaban hechos un desastre, con los ojos rojos y la cara contraída, dudaban si hablar o no. Yo tenía tantas preguntas que quería hacerles pero la más importante salió de mi boca antes de siquiera pensarla.

-¿En verdad están orgullosos de mí?-

Janine caminó hacia mí y el viejo la siguió. Acercó lentamente una de sus manos a mi mejilla y ahí la dejó. Nunca había tenido tan cerca a Janine, salvo después de la muerte de Mason, y su caricia dulce y maternal me rompió el corazón porque en realidad no me había dado cuenta de cuánto necesitaba su cariño hasta ese momento. Su voz pareció miel cuando me hablo.

-Rose, eres la persona a la que más admiro. Luchas por tus convicciones con una fuerza sin igual, eres valiente y generosa y no permites que nadie te detenga. Te ganas el respeto y el amor de todo aquel que te conoce, ¿cómo podríamos no estar orgullosos?-

-Además, no olvidemos la parte en que pateaste el trasero de Dashkov y ganaste más marcas molnijas que nadie antes de graduarte. Creo que te has vuelto tan autosuficiente que ya no necesitas a nadie, mucho menos a tus viejos.-

El viejo me sonreía y podía sentir el amor que emitían sus palabras. Mi corazón también empezaba a hacer un espacio para él.

-Los necesito, siempre los he necesitado. No es fácil admitirlo y no será fácil para mí hacerme a la idea de tenerlos en mi vida pero podría intentarlo, si ustedes quieren, claro.-

De pronto el miedo a ser rechazada volvió, tal vez había malinterpretado todo y ellos sólo querían estar conmigo un par de días y después adiós y yo ya estaba imaginando cenas diarias, almuerzos, excursiones, entrenamientos con Janine, bromas planeadas con el viejo…

-Nada me haría más feliz, Rose, que me dieras la oportunidad de enmendar mis errores y darte el amor que mereces. Quiero poder ser tu padre en toda la extensión de la palabra.-

Abrasé al viejo con tanta fuerza que soltó un quejido, olvidé que era un moroi, me separé y disculpé por mi arrebato pero Abe sólo rio.

-Tranquila Rose, no me quejé porque me hayas lastimado, lo que me dolió fue darme cuenta de todos los abrazos que perdí por haber sido tan imbécil.-

Y lo volví a abrazar.

-Podemos recuperar el tiempo perdido, viejo.-

Janine me tomó del hombro y vi cómo su labio tembló y una gruesa lágrima bajó por su mejilla.

-Yo… yo… también quiero tener el privilegio de que algún día puedas llamarme mamá.-

Y sí, también la abrasé a ella.

-Lo siento tanto, Rose. Te prometo que todo será diferente. Pedí mi cambio, abandoné mi cargo y Kirova me contrató como instructora, estaré contigo aquí en la academia y cuando te gradúes y vayas a La Corte con Vasilissa, yo iré contigo. No volveré a dejarte.-

Cambiaría su vida por mí, lo dejaría todo de lado para recuperarme, lo que ocasionó más lágrimas, más abrazos y más sollozos. Ahora era momento de hablar de la parte espinosa de la situación más reciente.

-Bueno, me encanta tenerlos a ambos en mi vida y sería tan feliz de que fuéramos una verdadera familia pero hay una cuestión más que debemos arreglar.-

-Belikov.-

-Sí, Janine. Estoy dispuesta a darnos esta oportunidad de conocernos y todo pero Dimitri viene incluido en el paquete, o lo aceptan a él también o se olvidan de todo lo que hemos hablado.-

Se miraron el uno al otro y al final sonrieron, aunque Janine se notaba más resignada que emocionada.

-Sí, Rose, lo entendemos y no te preocupes por nada que yo me encargaré de que no tenga ningún problema cuando su relación termine de hacerse pública.-

-¿En serio, viejo? ¿Y cómo piensas hacer eso?-

-Ja, querida hija, un buen mago nunca revela sus secretos.-

Reí por su comentario pero mi corazón brincó de emoción al escuchar cómo me llamó hija, de manera tan amorosa y natural, como si me hubiese llamado de esa manera cada día por dieciocho años.

-¿Y tú, Janine? ¿Lo aceptarás?-

Se encogió de hombros e hizo un extraño puchero que nunca le había visto en el rostro, como el de una niña, estar con Abe parecía hacerla retroceder varios años y me gustaba porque esta mujer se mostraba mucho más relajada y real que la intachable y dura Guardiana que siempre trataba de aparentar ser.

-No me queda de otra pero si comete un solo error no puedo prometer que logre contenerme.-

-Tranquila, si se equivoca, tienes mi permiso para reprenderlo como mejor te parezca.-

La idea la hiso sonreír de modo bastante macabro, pobre de mi dios ruso, de verdad deseaba que, por su propio bien, jamás se equivocara.

-Ok, hay que entrar a la fiesta o post fiesta o lo que sea antes de que a Lissa le dé un ataque de nervios por no saber si ya nos perdonamos o si debería llamar a los demás guardianes para salvarlos de mí.-

Los tres reímos y nos dirigimos adentro.

-Ah y una última cosa, ¿podrían disculparse con Dimitri?-

-Hmm, está bien pero sólo me disculparé por haber pedido que lo despidieran y nada más, sigo pensando que quien nos debe una explicación es él.-

Rodé los ojos y miré a Abe.

-¿Qué? A mí no me mires, no hay nada por lo que deba disculparme, hice lo que tenía que hacer y le salió barato, a la próxima que haga algo que no me guste puede que despierte en medio de un pantano repleto de lagartos gigantes.-

-¡Viejo!-

-No, no y no. Abe Mazur no se disculpa con nadie, salvo su hija, además debería dar gracias a que no grabé nuestro encuentro. Por cierto, te recomiendo preguntarle sobre Dasha.-

Me guiñó un ojo y se perdió de vista dentro del salón. Janine alzó las manos en señal de "yo no sé nada, tu padre, tu problema" y fue directa a tomar un poco de champagne. En la pista, todos bailaban mientras comían pastel, de chocolate con fresas que se veía delicioso, y se divertían aunque Lissa y Dimitri buscaban con la mirada cualquier indicio de lo que ocurría con mis padres y conmigo. Cuando me vieron se tranquilizaron y me llamaron a que me uniera a ellos. Les hice caso y llegué tan rápido como los tacones me lo permitieron, quería bailar y también quería saber una cosa, ¿quién demonios era Dasha?