Lienzo de amor

Disclaimer: Hetalia no es mío ni sus personajes, sólo esta historia.


Capítulo 3: El pincel y el lienzo.

Feliciano vio de arriba a abajo a su recibidor. Se asemejaba ser una persona muy agradable, incluso su curiosa y sonora risa te provocaba curvear los labios hacia arriba. Tenía el cabello color nieve, nunca pensó que existiese gente con ese rasgo.

—Ve~ ¡Encantado! Mi nombre es Feliciano Vargas.

—No es necesario que lo digas, tu abuelo llamó hace unos días al mío y dijo que vendrías por estas horas. —Sonrió ampliamente.

El menor abrió su boca hasta formar una perfecta "o".

Así, el castaño confirmó el hecho de que la persona con la que hablaba al parecer no era el amigo de su abuelo Romu.

— Bueno, kesese ¡Vorwärts!

Subieron las escaleras con las maletas llenas de cosas, unas necesarias, como ropa, objetos de higiene, instrumentos para pintar, etc. pero otras ciertamente inútiles, incluso había metido un cartón de pasta, que con fortuna no descubrieron en el avión. Seguro, ya se imaginaba que llevar pasta a un vuelo era tan malo como llevar narcóticos o algo parecido.

Gilbert iba muy normal con el equipaje, no se le veía cansado ni un poco, sin embargo el italiano estaba casi desmayándose de tanto esfuerzo.

Cuando entraron al apartamento, a Feliciano se iluminaron los ojos.
Era amplio, la sala estaba alfombrada, había unos tres sillones de tamaños diferentes, de cuero puesto en ésta, una mesa de centro, una televisión, más adelante se encontró con el comedor y cocina. Le sorprendió el hecho de que ambos cuartos estuviesen tan bien aseados y en orden, bueno, en general toda la casa.

Se escuchó un crujido, de que alguien había salido de las habitaciones. Era un hombre, con cabello largo y rubio echado hacia atrás, se veía muy recto y a los ojos del italiano emanaba un poco de miedo. —Guten tag. —Soltó, alargó el brazo hasta Feliciano.—Mi nombre es German. Supongo que te lo dijo, soy el amigo de Rómulo. —Dijo ecuánime.

C-ciao, yo soy Feliciano— Empezaba a temblar. Era normal, se sentía pequeño a lado de aquel macho tan alto. Le dio la mano y la apretó un poco en un gesto de saludo.


Iban pasando las horas, German se quedó viendo el televisor todo este tiempo. El único en hablar con él, fue Gilbert, parecía interesado en cómo era el lugar de su procedencia, aunque a veces narraba mucho de él mismo y la gran persona que decía ser. Eran aproximadamente la una de la tarde. Ya que tenía una plática tan animada con el albino se le vino algo a la cabeza, preguntarle una de las muchas cuestiones que se le formaron a noche.

—Oye Gil~ ¿Dónde dormiré?

—Espera y mi gran ser te responderá. —Feliciano rio un poco. El de ojos de rubí se aclaró la garganta.—En este lugar hay tres habitaciones, una de mi abuelo, otra mía pero que ya no uso. Soy tan grandioso que ya trabajo, en otro lugar lejos, sólo vengo aquí a visitar a mi familia en vacaciones y algunos fines de semana.

—¿Y la otra habitación?

—Ah, esa es de West, Ludwig. Le digo así porque extrañamente él nació al Oeste de Berlín y yo al Este. Kesese. —Eso, le fascinó, cuando llegó, no sabía que el amigo del abuelo Romu también tuviera nietos

—¿¡En serio!? Con mi fratello fue similar, él nació al Sur y yo al Norte. Por ese tiempo mi mamma estaba viajando— No diría porqué, era innecesario. Era en la época en que Bianca buscaba un lugar dónde quedarse. Entonces Rómulo le sedería su casa en Venecia.

—¡Vaya, los cuatro puntos cardinales! Pero el más asombroso siempre será el Este. —Se señaló con el pulgar así mismo. —Para que veas que soy buena persona, tú te podrías quedar en mi genial cuarto y yo en el sofá grande este último día de descanso ¿Te parece, Feli? —Ya le había dejado ese mote después de tanto hablar.

—¡Ve~! Si no hay molestias está bien. — Al parecer todo iba bien. Eso le puso contento.

—Kesese, debes estar fatigado después de un viaje largo, tienes permitido tomar una siesta dónde quieras.

A Feliciano no se le hacía un reto, podía literalmente descansar hasta en los lugares más raros.

—Bueno, tengo que salir ¡Sino, no habrá nada de comer! —Argumentó el peliblanco. —Igual sacaré a pasear a los perros. Si gustas puedes venir para la próxima, Feli.

—Jeje, está bien, vete con cuidado.

¿Acaso tenían animales? Bueno, si fue así entonces no los vio por ningún lado. Afirmó con la cabeza.


Para colmo, Gilbert le dijo de quiénes eran las habitaciones, pero no le dijo cuál era de quién, y nunca se le ocurrió preguntar, sólo sabía que la de German era la primera (pues antes de su encuentro salió de ésta).

Debido a que ya se estaba tambaleando por dormitar un poco, se dirigió a la primera que divisó. Se echó en el suave colchón, era obviamente mucho más cómodo que el asiento del avión. Las sábanas eran de algodón y tenían un olor bastante al agrado de sus fosas nasales, se cubrió. Cerró sus ojos, sus largas pestañas acariciaban sus mejillas, sólo oía unos pájaros de fuera, y de ahí no supo qué pasó.


Maldito Vash, hoy le dejó más trabajo a él que de costumbre con el pretexto de que su hermana necesitaba ayuda. Pero ya no se quejaría más, el trabajo como mecánico era lo que le dejaba suficiente dinero y tiempo para sus estudios. Él era Ludwig Beilschmidt, ojos azul claro, tanto como el cielo, piel clara, fornido y pelo dorado corto, lo usaba como su abuelo, peinado para atrás, su faz siempre traía una mirada seria.

Caminaba hasta su casa después de un día de duro trabajo en un taller repara-autos. Lo único que quería era, pasar por la puerta de su casa, bañarse y acomodarse en su tranquila cama.

Y así fue como hizo, más o menos, se presentó, pronunció un "Ya llegué" a lo que German respondió, se duchó y vistió con ropa de civil, que los estropajos que traía sólo se los ponía para trabajar. Todo iba normal hasta que observó un bulto en su colchón.

¿Qué demonios? ¿Sería su bruder tratando de jugarle una mala broma o algo? La última vez no fue nada lindo, se llevó un gran susto. Si lo fuese, se llevaría una regañina, que se merecía ya. Puede que él sea el menor, pero era mucho más maduro que Gilbert.

Levantó poco a poco la tela y para su extrañeza, no era nadie más que un desconocido ¿Cómo se pudo meter a la casa? Lo movió un poco para comprobar si aún estaba vivo.

Feliciano sólo murmuró "Ve~". Soñaba que se estaba perdido en una isla desierta, hurgaba por todos los lares en busca de alguna persona. Después de un rato se rindió y sentó en la arena. Estaba a punto de llover y él de llorar. Un ruido le alteró, volteó pero sólo vio una sombra gigante acercándose entre las hojas. Se tapó los oídos y espero poco a poco su posible muerte.

El alemán, desesperado por intentar que saliera del sueño y que le diese sus razones, le empezó a mover bruscamente. Feliciano abrió los párpados (raro en él) y no pudo divisar nada más ni menos que un rostro atemorizante de un rubio que nunca había observado. ¿Y si realmente todos habían fingido y pronto le iban a asesinar? Tanto zarandeo y esa forma de despertar tan repentina, le hacía mal a su cabeza.

—¡Veee! ¡Perdóname, perdón! No me mates ¡Per favore! ¡Tengo familiares en Bayern!
¡Haré lo que sea! ¡Haré lo que sea!

Ludwig se asustó un poco, muchas palabras salían tan rápido de la boca de Feliciano que le aturdían, tal vez había sido muy rudo. Se agarró la cara en gesto de frustración y esperó a que el castaño parara de lloriquear. Posterior a que se le acabó el aire, el menor se tranquilizó.

—Bueno, ahora dime ¿Qué haces aquí?

—P-pues, debido a que me aceptaron en una Universidad alemana. German, el amigo de mi abuelo Romu me dejó quedarme en casa... ¡Pero no me lastimes! No es mi culpa que no supieras y y ¡No me hagas daño!

Ludwig le miró confundido. ¿Su abuelo le había permitido? ¿Por qué no se había enterado de nada? ... ah no ser...

—Gilbert. — Dijo en voz alta con un mohín colérico.

Y justo en ese momento apareció el mencionado. —¡Adivina quién regresó! Keses- —Calló al ver a su hermano y al pequeño Feli, en un silencio enorme, mirándole ¿Se ha metido en problemas?


Mientras tanto en Italia.

Mariane revisaba sus contactos en el celular, hasta que encontró el de Feliciano. Debido a que se conocían desde hace tres años de la escuela, lo había registrado cuando aún eran amigos. Ahora ya no sabía ni qué relación tenían.

Se la pasó un rato investigando sobre la escuela alemana en la que entraría Feliciano, y para su disgusto, se enteró que la mayoría de los estudiantes eran mujeres

¿Cómo le haría para salvar a su chico de cualquier enamoramiento?

Entonces una idea aconteció en su mente como una luz. Le empezaría a hablar seguido justo en cuanto el ciclo escolar comenzara. Así le recordaría cada día que ella le extraña y espera con anhelo a que se vuelvan a ver.

Sí, sabía que Feliciano le quería mucho, pues se pasaba el tiempo con ella, eran inseparables; por eso de la nada, ya habían surgido rumores de que andaban.

Al principio lo negaba, pero conforme pasaba el tiempo lo quería admitir aunque fuese una mentira. Era una chica muy hermosa, pero ningún muchacho se le acercaba, a veces por miedo al rechazo, o por cualquier otra cosa. Eso le frustraba de cierta forma, además cómo entraría en la Universidad en la misma institución, su popularidad bajaría. Una relación dramática a distancia sería lo esencial, además tenía en cuenta que muchos jóvenes le rondaban más si la sentían más "imposible".


¡Fin del Tercer capítulo!

¡Gracias por leer!

Eh, sí, Mariane es muy bitch, tengo que admitirlo(?).

Sólo aviso que con el siguiente capítulo si me tardaré un poco más, por los exámenes.

Traducciones:

Vorwärts- Vamos

West - Oeste

bruder- Hermano, en alemán.

Per favore - Por favor

Bayern - Bueno, supongo que si han visto Hetalia, entenderán. (?)

¿Review~?