Lienzo de amor
Disclaimer: Hetalia no es mío ni sus personajes, sólo esta historia.
Nota: Una disculpa por el capítulo anterior, fue hecho a las prisas.
Capítulo 5: Acuarelas.
Contestó el mensaje, ignorando un poco la razón, y siguió su camino.
Pensaba en cómo serían sus nuevos compañeros, todos parecían personas agradables. Miró por la ventana del autobús nostálgico… vaya, apenas y habían sido dos días y ya extrañaba Italia.
Rió un poco.
El regreso a la casa Beilschmidt se le hizo un poco más largo que el viaje anterior.
Bajó del transporte con cuidado, miró su cuaderno, al final por llegar tarde no tuvo tiempo de apuntar nada. Entró al apartamento. Gil ya no estaba, ayer dijo que se iría temprano.
— ¡Vee! ¡Boungiorno! —Saludó.
—¿Huh? Bienvenido. —Respondió Ludwig que se encontraba en el sillón de la sala leyendo. Cómo sabía que ya no tendría un momento de paz, colocó el separador y cerró el libro.
—¡Lud! ¡Lud! ¿A que no sabes lo bien que me fue en mi escuela hoy? ¡Es gigante! ¡Y es un lugar muy bonito! Algún día deberíamos ir juntos. —Eso le alarmó un poco al rubio.
—Espera, espera, primero ¿Por qué me llamaste "Lud"? —Su cara era de frustración, no entendía porque, pero sentía que le empezaba a doler el estómago.
—¡Porque somos amigos, claro! —Feliciano sonrió resplandeciente, casi como si echara brillitos.
—¿A-amigos? —El alemán le miró sorprendido. Muchos le habían considerado compañero, pero… amigo… ni si quiera sabía cómo identificar ese término.
Quizá ya se estaba haciendo ilusiones.
—Apenas nos acabamos de conocer, no podemos ser amigos…
—¿Ehhh? ¿Por qué no? —La cara del castaño se contrajo, casi como si quisiera llorar.
—Hm. —Le costó contestar a eso. — P-pues… por que los amigos no se hacen de un día para otro, sino de años…
—¡Oh! Entonces eso quiere decir que no tengo tantos amigo como pensaba…— Hizo un puchero. De inmediato su buena actitud volvió. —¡Pero no importa! Aun así me quedaré aquí un tiempo bastante largo ¡No hay problema! ¡Podemos ser amigos, Ludwig!
¿Por qué es que se quería empeñar tanto en ser cercano a él?
Puede que sea una de las preguntas que jamás se contestaría el de ojos azules. Avanzó hasta la mesa del comedor a dejar su lectura. Sus mejillas se sentían calientes, se relajó un poco y volvió para dirigirse a la puerta de entrada con las llaves sin decir ni una palabra para salir desprevenido del castaño.
El italiano en lo mientras había prendido la tele para entretenerse con algún programa.
—¿Uh? ¿A dónde vas Lud…wig?
El contrario suspiró exasperado. Su escape no había sido perfecto.
—Puedes decirme "Lud". —Frunció un poco el ceño al darse cuenta de que al final acabó dándole permiso. — Voy a comprar unas cosas para la comida y-
—¡Quiero ir! ¿Puedo ir? ¡A que sí! —Comentó sin dejarle terminar.
—Ah… pues, sí…
—¡Yaay! —Festejó y ambos individuos salieron a la calle. De todos modos así disfrutaría ver un poco más de la ciudad.
Después de unos minutos de calzada arribaron a una tienda de abarrotes. Vaya que era diferente a las que había visto. Ésta en cambio era grande, y todos los alimentos estaban perfectamente ordenados, había muchos embutidos, también vendían tazas y vajillas en una estantería.
—¡Ésta vez pido cocinar yo! Como muestra de agradecimiento por dejarme quedar en su casa.
—¿S-sabes cocinar? …Está bien. ¿Qué hay que comprar?
—Sólo algunas cosas.
Para el disgusto de Ludwig que fue el que acabó pagando todo, se llevaron bastantes ingredientes, sobretodo especias. Sólo esperaba que les usara completamente o que si sobraban, que volviera a cocinar.
Fueron a la caja, el hombre que les atendió hizo una cara extraña de asco, pero ni Feliciano ni Ludwig la notaron.
Salieron del lugar. El cielo estaba gris. Así que antes de llegar a su destino, un fuerte relámpago anunció el comienzo de una futura tormenta.
—¡VEE! —Feliciano corrió y se protegió detrás del rubio. Fue entonces dónde se rompió y comenzó a llover. Era sorprendente cómo el clima cambiaba tan fácil.
Los dos involucrados se fueron a escabullir en los techos salidos de las casas. Las gotas chapoteaban en el suelo creando charcos.
Esto le traía recuerdos tristes al italiano…
Flashback
Cuando era niño y se quedaba sólo en casa, que era casi siempre, pues su madre debía trabajar y a veces Lovino se iba con ella.
Se sentaba en el piso sin saber qué hacer. Hasta que los rayos de la tormenta le interrumpían sus pensamientos. Se iba a la esquina del cuarto, se cubría con la sábana de la única cama que tenían y lloraba en medio de los estruendos de la afuera. Le tenía un gran temor. Después pedía constantemente que quién fuese volviese rápido.
Así pasaban horas… hasta que Lovino regresaba y le despertaba, acababa durmiéndose cuando se cansaba de lloriquear. Su hermano mayor se fijaba en sus ojos, sabía bien que había lagrimeado. Le regañaba diciéndole que no se portara como una niña. Pero, no era tan simple como eso...
Sacándole de sus perturbantes memorias. Ludwig le colocó su mano sobre su cabeza. Sus manos eran grandes, pero cálidas y amables. Eso le venía al cerebro al del rulo, aunque ni si quiera supiera si esos fuesen adjetivos para escribir manos.
— ¿Uh?
Era casi como si el alemán lo hubiese hecho inconsciente.
— Eck, … N-no te asustes, sólo es lluvia. Mira… no da miedo. Sólo es agua fría que cae… —Extendió su otra mano, dejando que la palma se mojase. —Además ¿No es mejor? Como no hay nadie en la calle, sólo se escucha el golpeteo de las gotas con los árboles y demás… es algo... lindo. —Se golpeó mentalmente ¿Había dicho "Lindo"?
Feliciano alzó la vista. Miró el paisaje, era cómo si se hubiese transformado… pero no daba tanto temor como antes. Movió el brazo y de igual forma dejó que su mano se mojara. Sonrió al sentir que el agua le hacía cosquillas.
—… Jeje, es verdad, no da tanto miedo.
Cerró los ojos, para disfrutar más del tacto, sus dedos resbalaban de agua, y la melodía de la lluvia llenaba sus oídos.
Su acompañante le observó fijo, le gustaba verlo así a que se mostrara asustado. Era como un niño pequeño que necesitaba ser protegido.
Una sonrisa se mostró en la faz del rubio.
Como que le vio mucho… apartó sus ojos y se centró en otra cosa, avergonzado.
Al final, el cielo se tranquilizó y los dos pudieron entrar al apartamento.
—Llegamos.
—Esa tormenta sí que es horrible. — Salió German del cuarto de estudio con unas hojas. —Ya es tarde para comer, así que creo que más bien vamos a cenar.
El otro alemán asintió con la cabeza.
—¡Ésta vez cocinaré yo! —Avisó Feliciano. Se fue literalmente dando brinquitos hacia la cocina. No se lo podía evitar, estaba muy feliz, al fin había logrado superar uno de sus miedos.
Ludwig no dejaba de verle, siempre parecía tan alegre, a veces asustadizo, pero la cara que mostró Feliciano hoy fue de completo terror. Se preguntaba si podría entender las acciones del italiano.
Les sirvió a los presentes platos con lasagna preparada por él mismo.
— ¡Buon appetito! — Canturreó.
Durante la preparación se habían oído muchas caídas de cubiertos y expresiones del italiano. Ludwig no quería pensar que es lo que tenía que limpiar ahora…
Bueno, se resignó, al menos la comida estaba rica y ya era hora de probar algo diferente a lo usual.
¡Fin del Quinto capítulo!
El capítulo se llama "acuarelas" por que es pintura diluida en agua.
Agua-Lluvia
De nuevo (bahdgd) gracias por seguir este fanfic, sé que no es muy bueno, pero por lo menos les entretiene un poco. (?)
Ah, y sí, el señor de la tienda es...
EL REGRESO DEL CAMARERO HOMOFÓBICO PERO CON OTRO TRABAJO.
(¿)
Traducciones:
Buongiorno - Buenos días.
Buon appetito - Buen apetito.
¿Review~?
