Lienzo de amor
Disclaimer: Hetalia no es mío ni sus personajes, sólo esta historia.
Capítulo 8: Abstracto.
Después de andar en la aparente larga pero rápida cola para entrar comprar boletos para el cine, Ludwig regresó con su nuevo… amigo. Sí, se le hacía extrañamente raro seguirle llamando así, pero este era el caso.
—¡Lud! ¡Lud! ¿Ya está? ¡Vamos a verla! ¡Andiamo!
El rubio le llevó a la sala respectiva, quejándose de que fuera más paciente. Aunque no importa lo que le dijese, le italiano nunca lo sería, se emocionaba hasta por lo más mínimo y su actitud era sumamente positiva.
Se dirigieron a sus respectivos asientos en la oscura sala.
—V-vee~… Me pisaste, Lud…
—L-lo siento es que no veo nada…
Después de tantos esfuerzos lograron arrimarse hasta la orilla, dónde sus sillones les esperaban. Parecían alejados de los demás, muchas personas habían ido a ver la película, pues era nueva, entonces lo mejor para no agentarse era elegir la fila con menos individuos.
Aún faltaba para que la función comenzara.
Pero Feliciano se emocionaba ya en ese momento.
—¿Cómo crees que será la película, Lud? ¿Será buena? Espero que dé mucho miedo. ¿Qué piensas, Lud?
—Más lento… no puedo responder todo tan rápido.
—Vehehe, Perdono.
—Está bien. La verdad, es que no lo sé, no había escuchado antes de esta película…
—Por lo que he visto en los trailers, dice que se trata sobre unas personas que han sido encerradas en un cuarto y sin embargo se vuelven locas… uh, de sólo decirlo me dan escalofríos, vee~.—Su rizo se despeinó un poco perdiendo su forma de espiral.
El de fanales azules no sabía exactamente por qué pero estaba casi seguro que algo malo iba a pasar.
Y bueno, no estaba ni un poco fuera de la realidad.
"Qué lugar tan misterioso y solitario." Resaltaban el pensamiento del protagonista. Se encontraba el turista en una ciudad poco conocida, en un lugar el cual no había visitado antes. No tenía ni idea de cómo acabó ahí. El ambiente era frío, pues no se encontraba nadie con él. Miró los diferentes cuartos del edificio, pero sólo se encontraba con camas, perfectamente ordenadas.
"¿Necesita algo, señor?" Le preguntó una bella enfermera. "No demasiado... sólo quiero saber dónde me encuentro." La mujer afirmó con la cabeza. "Por favor sigame." Le hizo caso. Llegaron al vestíbulo. "Ahora, quédese aquí. Ya le atenderán." Sonrío deslumbrante. Nuestro protagonista volteó y divisó a un hombre viejo sentado en la banca de atrás. Tenía gacha la cabeza y no permitía ver sus ojos. "Disculpe" llamó su atención "¿Sabe dónde estoy? o ¿A dónde fue la señorita de hace un momento?". El otro fue alzando la nariz, el silencio reinaba. Lo tomó de un hombro. Su cara era terrorífica, sonando un grito de desesperación. "AQUÍ NO HAY NADIE" Espetó, por ende el joven turista cerró los parpados, pero cuando los volvió a abrir ya no se encontraba ninguna persona...
El castaño se había puesto a llorar en todo el filme (o los cuarenta minutos que se quedaron a verlo), al principio, claro queriéndose lucir valiente frente a Ludwig, pero no le resultó bien. Sólo quería comprobar que no es torpe a los ojos del alemán (por lo anterior con los cordones y el fuerte golpe que se llevó en su pobre rostro).
Feliciano se aferraba al brazo del rubio con desesperación, le abrazaba con mucha fuerza.
—U-uwaah, Lud, y-ya no quiero ver…—Tiritaba abundantemente.
La cara del germano se acaloró un poco por tanto contacto, ya ni le ponía atención a la película que se ponía en la parte importante. Era como si tuviera la necesidad de protegerle. Cuando sus sollozos requirieron la atención del de pelo dorado, decidió que sería mejor salir juntos de la sala para tranquilizarle.
Le llevó de la mano, como si fuese un niño.
—Ya, ya basta. —Dijo Ludwig, situando su mano en las empapadas mejillas del menor. Sus gimoteos pararon. Se le hacía tremendamente tierno verlo de esta forma.
Caminaron, saliendo de la plaza. Hasta ahora el chico italiano no había gesticulado ni una sola palabra.
—O-oye, Lud, P-perdono, es que esa película… era más horrible de lo que pensé. —Se excusó tallándose los párpados. —Si quieres, te pago el boleto...
—¿Quieres ir a comer algo? — Cuestionó, interrumpiéndole.
—¿Hum? Bene. —Y esa misteriosa sonrisa, quizá ladina, invadió la cara del muchacho.
—¿Por qué? ¿No prefieres llegar a casa a comer ahí?
Se veía alegre, tal movimiento de labios se lo contagió al alemán. Sin embargo, de pronto la despojó ¿Qué le estaba pasando? Él no solía sonreír así. ¿Se estaba enfermando?
—¡Vee! ¡Lud! ¿Por qué quitaste tu sonrisa? Te veías muy lindo~
—N-no digas esas cosas, además no me contestaste. —Viró la mirada a algún punto que no fuesen esas pupilas color nuez que aparentaban llenarle de nervios e impedirle decir algo coherente.
—Oh, pues no parece mala idea, ya es tarde y tengo hambre~
Ambos se trasladaron al restaurante en seguida de la plaza.
Pidieron una mesa y se la cedieron. Se colocaron en sus asientos.
—Este es un bonito lugar. —Sus ojos se pasearon por cada mesa, persona, pared o todo lo que le diera interés.
—Sí, he venido varias veces aquí… me parece un sitio lo suficiente tranquilo, a buen precio y rica comida.
—Jeje~, qué alegría que me has llevado aquí.
No pudo evitarlo, el rostro del ario se enrojeció.
Después de pedir sus platillos y degustarlos (que indudablemente Feliciano escogió algo de pasta), conversaron un rato.
—Y, y, cuéntame más de ti, Lud. —Espetó el veneciano, poniendo su mentón sobre sus manos.
—¿Cómo qué?
—Eh, no sé, ¿Tu familia? —Ladeó la cabeza.
—Ah, bueno, mis padres actualmente viven en Polonia, se acaban de mudar hace poco, pero debido a que tengo que acabar mis estudios en la Universidad, me he quedado aquí a vivir junto a mi abuelo.
— ¡Es cierto! ¿Qué estudias?
—Estudio para mi carrera de aeronáutica…
— ¿Eso quiere decir que te harás piloto? —Le tomó de la manga, zarandeándole.
—¡N-no! —Exclamó, haciendo que el otro joven le soltara.—Quiere decir que estoy aprendiendo sobre la mecánica de los aviones y sabré cómo arreglarlos y construirlos…
—Ohhh, suena muy interesante Lud~.
Una cuenta llegó a la mesa, lo cual los sacó de la plática. La suma era de dieciséis euros
Ludwig puso ocho en el mueble.
—¿Ehh, Lud no pagarás todo?— Y el castaño que pensaba que se alimentaría gratis.
—No, es justo que pagues la mitad. — Bueno, ni tanto…
…Feliciano había comido de más.
—Uhh… b-bien. —Buscó en su cartera y dejó lo que faltaba de dinero.
Los dos partieron del establecimiento, encaminándose al apartamento.
El recorrido dentro del automóvil se volvió tan denso que el alemán extrañamente decidió empezar la charla.
—Hum... Feliciano...
—¿Huh? —Pareció haberlo hecho escapar de sus pensamientos.
—Tú, no dijiste cómo es tu familia.
—¿E-es necesario?—Manejó su mirada a otra parte.
—Bueno, como yo te dije, me dio algo de curiosidad, pero si no me quieres decir, está bien lo entiend-
—Tengo un hermano, creo que ya te lo había dicho. Igual fui criado por mi abuelo y una mamma a la que quiero mucho, aunque de miedo cuando se enoja... Conocí a mi padre cuando era muy pequeño, tanto que ya ni recuerdo su rostro... él se fue y no le volvimos a ver...
Ludwig se sorprendió de lo que le estaba contando con tanta franqueza. Al notar que no siguió y que habían arribado a su destino, volvió a posar su mano en los marrones cabellos.
—Está bien, has dicho suficiente. —No agregó nada más y ambos salieron del vehículo.
Todos los minutos que tardaron en llegar a la puerta, el italiano se quedó silencioso, absorto otra vez en sus ideas. Puede que haya contado de más, pero le tenía harta confianza al rubio, no obstante, no tenía explicación a eso.
En el tiempo en el que estuvo a punto de mencionar otra cosa para alejar el tema comentado en el auto. Su celular sonó cómo por décima vez ese día. Se apresuró a contestar.
—Ciao, Feliciano.—Al inicio su voz sonó desganada.— ¡Oh! Mariane ¿Cómo estás? ¿No es algo raro que hayas puesto mi número para poder hablar gratis conmigo? Jeje—El ojiazul le observó desde lejos, sin que el del rizo lo percibiera.—¡Ya veo! Lo siento mucho, es que salí al cine con un amigo. Su nombre es Ludwig... ¡Claro! ¡Es encantador! E-eh, n-no en ese sentido, es una persona muy amable... ¿Vendrás de vacaciones en Octubre? ¡Qué emoción! ¿Cuánto te quedarás? ... Una semana, qué bien, espero que podamos salir, me tengo que ir, te cuidas, Addio!
El germano se fue a la habitación de a lado, ocultando su cabeza en su pecho. No comprendía lo que experimentaba, su mente de pronto se volvió pesimista, sus cejas le parecían pesadas, sus ojos cielo verano ahora se asemejaban a un día nublado, sentía como si estuviera esperando algo del castaño ¿Pero, qué? ¿Sólo eran imaginaciones suyas?, tal vez... le había agarrado bastante cariño. Más del necesario.
Sin embargo no podía ignorar el que el chico venía de un país distinto y que ya tenía conocidos, más amigos y quizá...
Novia.
Sí, ¿Por qué nunca pensó eso antes? Tenía que eliminar toda clase de sentimiento afectuoso de más en el muchacho. El punto aquí es...
... si podría.
El resto de la tarde-noche sucedió rápida. Al final platicaron un poco sobre un programa de televisión que los dos veían. No cenaron, puesto que comieron tarde. Se lavaron los dientes y cada uno para el dormitorio que le tocaba.
Feliciano se había movido un montón en su cama, tratando de encontrar una posición cómoda. La oscuridad era más frígida que de la que se había acostumbrado las últimas fechas, era eso y que no paraba de recordar aquella mortífera faz que presenció en el peor instante en el cine. Se enredó entre las cobijas y apretó los ojos en un intento de olvidarle. Al no lograrlo, una sensación de mareo y miedo le llenaron. Sin saber que más hacer, tomó las sábanas con una almohada y se dirigió al cuarto de a lado.
—¿L-lud?— Gesticuló.
El alemán tampoco había podido conciliar el sueño. Su cerebro sólo le mandaba agobio con los hechos anteriores.
—¿Eh?
—Qué bueno que sigues despierto, oye ¿P-puedo dormir contigo?—Cuestionó, aferrándose más a la tela de la almohada.
Lo que menos requería Ludwig era aquello, pero no se pudo negar, el menos alto parecía urgirle el descansar con otra persona.
—...Ja.
—Grazie mille. —Casi lloriqueaba. Cerró la puerta, casi casi se lanzó a la cama ajena. Se taparon e instalaron en el colchón, posterior a que acabaran dormidos al italiano se le ocurrió hacer un comentario.
—Tus músculos son muy grandes y transmiten mucho calor, Lud~
—¿Q-qué cosas dices? Ya duérmete.
—Vee~, perdona, es que es la verdad. —Se abrazó a uno de los brazos de su compañero. —Buona notte.
El germano se dejó adherirse al contrario. Ni él se lo creía, consiguió aceptar el contacto físico de el del rulo.
Con el consentimiento de su confundido cerebro. Aunque igual se quería golpear, porque sabía que así se le dificultaría quitarse ese apego con el castaño.
El domingo pasó rápido, sin precedentes.
Ahora era un nuevo Lunes, en el que Feliciano se había destinado y llegado a su plantel.
—¡Feli! Buongiorno.— Dijo Elizabeta con una risita. —Eh, ¿Qué tal mi italiano? Estoy aprendiendo. —Espetó con orgullo.
—Eli, Ciao, ciao. —Rió un poco con ella. —Lo pronuncias bastante bien, aunque debe ser más suave, ve~
—¡Hola a todos!— Apareció Emma con Lily por un lado.
—¡Buenos días!— Exclamó la de pelo largo.
Emprendieron su conversación sobre temas triviales, hasta que llego la pregunta de "¿Qué habían hecho el fin de Semana".
—¿Tú que hiciste, Feliciano?— Viró hacia él, Lily.
—¿Y-yo? Bueno... salí con alguien.
—Uhhh, acabas de llegar y ya tienes novia ¿Eh?— Le codeó con cariño la chica gatuna.
—Vehehe~ ¿Novia? No~, fui con un amigo, el que me está dando hospedaje.
—¡Oh! ¿"Lud", no? Hablas mucho de él.— Comentó la más baja, sonriendo inocentemente.
—Ohhh, con que "Lud". —Mencionó Elizabeta con una sonrisilla lasciva, muy diferente a la de Lily.
Los mofletes del joven se volvieron del color de la fresa.
—¡Eh, eh! ¡No es lo que piensan! — Agitó las manos de forma extraña.— Sólo somos amigos.
—Já, sí, lo que digas.— Le insinuaba la mayor del grupo. Sonó el timbre. —Bueno, después hablamos, hay que llegar a la hora a clase del profesor Francis que luego hace un drama.
Todos estuvieron de acuerdo y partieron al salón.
Aunque... el meridional se conservó aún pensativo.
¡Fin del Octavo Capítulo!
Oh por... ¡Al fin acabé! Algo cansada pero acabé~
Jojo, bueno, me esforcé mucho (cómo siempre trato), espero que les guste.
Abstracto: Le puse ese nombre por tanto tema sobre sentimientos que tomé.
En todo caso si se preguntan qué es, "es lo que existe sólo en idea, en concepto, en la mente".
Buen día.
¿Review~?
