Lienzo de amor
Disclaimer: Hetalia no es mío ni sus personajes, sólo esta historia.
Capítulo 9: Pintura acrílica
Despertó de repente en la madrugada.
Viró a lado suyo y observó al chico durmiendo plácidamente.
Pero…
¿¡Por qué!?
Nada más porque le había dejado una vez antes, no significaba que aún pudiese dormir con él. Así, quitarse ese extraño y desconocido sentimiento que le tenía se le iba a ser más difícil.
¿Cuánto tiempo llevaba colándose en su cama de esa forma? Si su abuelo regresó ya hace unos días...
Aproximadamente... una semana.
Se agarró la cara. Lo mejor sería descansar en otro lado.
Con mucho cuidado de no despertarle se sentó en el colchón, suspiró por un momento y...
Dos suaves manos le tomaron del brazo. Trató de zafarse, pero los brazos del chico le aprisionaron más, cómo si fueran dos pinzas.
—Vee~ —Musitó en medio sueño.— Alemania... Lud... Lud... Te quiero mucho Lud...—Una boba sonrisa se marcó en su rostro.
El otro simplemente se resigno y se abstuvo a seguir en el mismo sitio para pasar la noche.
Otro día en la escuela de artes.
Feliciano se estiró. —¡Ahh! ¡Qué bien dormí!
—Feli, Bonjour.— Agitó su mano, la chica gatuna.
—Ve~ Ciao, ciao!
—¿Cómo estás? ¿Has visto a Eli? Creo que hoy llegó más tarde de lo normal...
—Bene, bueno, ahora que lo dices... tampoco he visto a Lily...
—¡Oigan! —Exclamó corriendo la húngara. Paró frente a ellos, recuperando el aire que le faltaba. —M-miren, tengo boletos. —Mostró los papeles que tenía en la mano.
—¿Hum? ¿De qué es eso? —Preguntó curioso el italiano.
Lily llegaba apenas sin embargo ella caminaba, con más calma. —Es de un concierto que darán la banda de la Universidad. Recuerden que también hay taller de música. Se hacen llamar "Los Aliados".
—¡Vaya! ¡Se escucha interesante! ¿Dónde será? —Cuestionó ahora, la belga.
— ¡Eso es lo mejor! Será en la Parque de atracciones, por lo tanto, son unos boletos como para entrar al Parque de atracciones como para presenciar el concierto.—Anuncia la de cabellos largos.— Se están agotando, son dobles, así que pueden llevar a alguien si quieren. —Ríe. —Aún no sé a quién llevaré.
—Yo iré con mi hermano mayor. —Comenta Lily.
—¡Oh! Genial, yo igual llevaré a mi hermanito, necesita un poco de diversión a quedarse todo el día en la casa. —Dice Emma.
—Hum, yo no lo sé, ve~
—¿Por qué no vas con tu amigo? —Pregunta la más baja.
—¡Sí! Nos encantaría conocerlo. —Espeta la otra rubia.
—Sería una buena idea, hablas tanto de él que ya me dieron ganas de verle en persona. —Espetó Eli. El castaño se sonrojó un poco.
—L-le preguntaré si quiere ir. Entonces, ¿A qué hora mañana? —No entendía la razón de que se haya puesto nervioso, por eso mismo mejor cambió de tema.
—Pues, el concierto empieza a las 20:00, podemos estar ahí desde antes, para no esperar tanto arribar cómo a las 17:00 horas al parque cercano, pasear un rato y ya entrar al Parque de atracciones. ¿Qué les parece?— Responde la de pelo café.
—Suena bien. Bueno, hay que llegar a las clases.— Avisa Lily.
El grupo se fue al salón, justo antes de que tocara el timbre.
Tomando el camión, para suerte de Feliciano se volvió a encontrar con Ludwig.
—¡Luuuud! —Fue corriendo hacia él.
—Oi, ¡No corras cuando el autobús se está moviendo!
—Vee~ Perdón, jeje. —Se agarra del barandal.
—Nos vemos todos los días ¿Qué es lo que quieres?—Frunce un poco el ceño.
Hasta que se da cuenta.
Es el momento, tiene que ser frío con él, alejarlo lo más posible.
—Ah, sí. Me preguntaba si... querías... ¡Ir conmigo al parque de atracciones y a un concierto!
—... ¿Cuándo?
—Mañana. —Respondió rápidamente.
Bien, ahora, se supone que lo siguiente que tendría que decir el alemán sería "No". Sin embargo... Esos ojos avellana, que le miraban con tanta piedad. Eran brillantes, los tenía muy de cerca, no quería imaginarse de nuevo esa carita contraída, con ganas de sollozar.
—E-eh... Está bien... ¿Mañana Sábado?
—¡Vee! ¡Entonces vendrás! Sí~, a las cinco de la tarde. A esa hora ya saliste de trabajar ¿No? Dame tu número, por si algo pasa.—Sonríe.
El rubio buscó en su bolsillo hasta encontrar su móvil. Casi no lo usaba, pero era preferente traerlo.
—Eh... mi número es...
Feliciano escuchaba con harta atención, en lo que sus dedos veloces anotaban en su lista de contactos. Estaba muy feliz, ahora podría comunicarse con Ludwig cuando quisiera.
Esa noche, sí descansó en la habitación que le asignaron. No quería darle mal sueño al germano, pues había vece en las que se alborotaba mucho, además de que hoy el otro debía despertarse temprano para ir al taller.
Se levantó de la cama (o del piso, de nuevo). Se dirigió a la regadera para bañarse, dejó por un momento que el agua caliente le cayera, para relajarse un poco. Hoy podía sentir su alma totalmente alegre, aquellos días de falsa niñez se veían lejanos. Incluso se puso a cantar en la ducha.
—Pasta, pasta, pasta, pasta, pasta ¡Yay~!
Se puso sus mejores ropas, una camisa negra con encima un suéter veraniego, una mascada, unos pantalones tipo bermudas café claro y unos zapatos de marca. A su atuendo le agregó unos lentes, no pensó que le quedaran tan bien. Decían que el concierto sería casi cómo una fiesta así que tenía que ir bien arreglado. Se fue primero, tenía en cuenta que el alemán probablemente llegaría más tarde.
—¡Veee! ¡Llegué a tiempo!—Anunció su presencia al divisar a Elizabeta, la cual traía un hermoso vestido rojo casual que le quedaba muy bien.
—¡Feli! Qué extraño que hayas venido justo a la hora. Por cierto, luces muy guapo.— Rió un poco, después volteó el que estaba atrás de la chica.
—Konichiwa, Feliciano-san.— Saludó un muchacho bajito de pelo negro, con un chaleco negro arriba de una camiseta blanca de media manga larga, pantalones negros y tenis.
—Buona sera! ¡Eli, tú igual te ves genial! ¡Kiku! —Estrujó a ambos.
—Kiku será mi acompañante en el concierto. Al parecer Rod no quiso entrar, es un fan de la música clásica... y ni loca invitaba al idiota albino.
El ítalo se limitó a interrogar algo.—¡No sabía que ya se conocían!
—Nos hicimos amigos desde que me encontré a Elizabeta-san leyendo un doujinshi que yo había dibujado...
—¿Qué es un "doujinshi"? ...
—¡En fin! —Casi gritó la húngara. —¿Dónde está tu amigo?
—¡Ah! Llegará más tarde. Antes de que entremos a la Feria.
—¡Oh! ¡Aquí están! —Exclamó la chica gatuna que acababa de llegar. Junto a ella había un tipo alto, de pelos parados y con una bufanda azul con franjas blancas, era un poco... atemorizante. —Les presento a Govert, mi hermanito~, Govert, ellos son: Feliciano, Elizabeta y...
—Kiku Honda.—Mencionó el oriental.
—Y Kiku, ¡Espero que puedan hacer buenas migas!
Casi todos se unieron a la conversación. El japonés y el hermano de la belga no parecían ser muy habladores.
—Ya acabé, Vash. Me tengo que ir.— Una jornada dura, pero intentó terminar su trabajo lo más veloz posible.
—¡E-espera!
El germano regresó la vista, confundido.
—¿Qué pasa?
—¿Puedes quedarte a hacer lo que queda de mi trabajo?— Vash tornó a un semblante preocupado.—Le prometí algo a mi hermana... y tú sabes... no quisiera decepcionarla. Además... no te he pedido ningún favor. Prometo que después lo pagaré.
Jamás le había visto así. Parecía que en serio quería ver a su querida pariente. Suspiró resignado.
—Está bien.
—Gracias, Ludwig. —Se dirigió rápido a su casa.
¿Y ahora que haría? ¿Y Feliciano?
No podría quitarse al muchacho de la mente. Sin embargo esto no lo razonó. Ya no se cuestionó nada y se dispuso a acabar el trabajo sobrante.
Las 18:27 horas.
Se la pasaron la mayoría de la tarde en una plática sobre temas triviales. Hasta que llegó Lily con vestido, también casual con algunos arreglos florales, a lado suyo un chico muy parecido a ella, éste vestía unos pantalones al estilo militar verdes, unos tenis y una camiseta de mangas largas roja con blanco.
—Perdonen el retraso.
—¡Lily! —Emma se fue a abrazar a la pequeña.
—Hola —Sonríe.— Traje a mi hermano, Vash.
Ya se hacía tarde, ¿Y Lud? ¿Por qué no llegaba?
El castaño se tranquilizó a sí mismo.
Todos se presentaron siguiendo su conversación sin sentido.
Las 19:00 horas.
—Ya vamos a entrar. Feli, ¿Te quedas a esperarle? —Dijo la más alta.
El del rizo estaba que se lo comían los nervios, ya era tarde.
—V-ve~, sí, aquí me quedo. Ustedes váyanse, después los veo.
—Bueno, después te llamamos.
El grupo desapareció entre la multitud. Muchas personas habían asistido.
Algunos juegos mecánicos seguían en movimiento, pero eso no detuvo a que Feliciano siguiera esperando en la entrada de la Feria a su amigo.
Terminó de componer el último auto.
Ahora debía avisarle a Feliciano que se tardaría lo menos posible en cambiarse, bañarse y llegar, porque el Parque de atracciones no estaba tan cerca que digamos del apartamento.
Le llamó a su celular.
El tono de su móvil le sacó de sus pensamientos, en seguida contestó.
—Ciao? —Preguntó apresurado.
"El número que ha marcado está ocupado."
¿Qué? ...
Bueno, le marcaría mas al rato, en lo tanto debía prepararse.
—Oh... Mariane... Ve~ —Espetó con desilusión.
—¿Esperabas a alguien más? ¿O qué?
—La verdad... sí... ¿Qué quieres?— Se molestó por cómo le contestó la chica.
—Ah, sí, te llamé para decirte que tal vez llegue antes, un problema con los boletos de avión. Se oye mucho ruido... ¿Dónde estás?
—En el Parque de atracciones, vine a ver un concierto.
—¿En serio? ¿De quién?— Fingió felicidad.
—"Los Aliados" o algo así, tengo que colgar, espero que alguien me marque.
—¿Quién?
—Alguien. —Y cerró el celular. Hizo un puchero, no le agradaba que la chica se metiera tanto con él y que además le hablara mal.
Por otro lado la muchacha se enojó, lanzando el móvil. Las vacaciones en Italia estaban cerca.
Las 19:45 horas.
Casi por hecho de magia salió de la ducha y se vistió con una camisa blanca, unos pantalones negros y una chaqueta del mismo color. Marcó de nuevo al italiano.
—¡Veee! ¡Lud!
—Feliciano, perdona. Hoy tuve más trabajo del normal, ya voy en camino.
—Bene! ¡Apresúrate que ya está a punto de comenzar!— Apenas se entendían las palabras de Feliciano con tanto alboroto dónde estaba.
Así acabó la llamada.
Tomó su auto, era necesario o no llegaría a la hora deseada.
Paró de pronto. El tráfico se veía imposible.
Malditos. ¿¡Cómo se atrevían a no dejar pasar a una asombrosa persona al concierto!?
Esto divagaba en la mente de Gilbert, que fue sorprendido tratando de pasar sin entrada al Parque de atracciones.
Ya verían que se arrepentirían.
Subió por las bardas de afuera, no fue un problema, pasó rápido, poca cosa para alguien tan genial.
¡Fin del Noveno Capítulo!
Okay, creo que de nuevo debo disculparme. Me retrasé, lo siento. )':
El capítulo se llama así porque la pintura acrílica es muy difícil de quitar cuando se seca, entonces si lo vemos de algún modo, Feli es una mancha grande de pintura acrílica en el corazón de Lud.
¡Buen día!
¿Review~?
