Lienzo de amor
Capítulo 10: Las artes escénicas
Disclaimer: Hetalia no es mío ni sus personajes.
Nota: Bueno, si se preguntan por si acaso qué canciones use en este capítulo son las de "Let's Enjoy Today" de Inglaterra respectivamente y la de "United Nations Star" de los Allies (sólo que a esta le di una variación de tono a uno más rock xD), todas traducidas al inglés y oficiales.
Comencemos.
¿Llegaría a tiempo?
Es más… ¿Vendría si quiera?
El cerebro del pobre Feliciano se llenaba de una increíble angustia, que no podía remediar. Estaba ahí, era el único en la entrada del Parque de atracciones. Por él, ya se habría metido a presenciar tan esperado concierto; alagaban que aquella banda era muy buena y que cómo quiera que sea todos se llevarían una sorpresa al final. Pero esperaba por alguien, la primera persona que se hizo realmente su amigo desde que llegó a Alemania, a alguien a quien le había agarrado un inmenso afecto y que ningún espectáculo pagaría su presencia.
Ludwig.
Aquel germano que no le molestaba su estancia, que le quería y le dejaba hacer todo lo que le apetecía (aunque algunas veces le advirtiera del cuidado que debía de tener), que le daba lo que necesitaba y quizá la persona…
..que no cambiaría por nada.
Fue justo en ese momento, en el que la mente del italiano se despejó y le permitió ver la verdad, la verdad que su mente no quería mostrarle.
Se había enamorado.
Sí, ahora todo tenía más sentido, las extrañas emociones que le abrumaban cuando estaba cerca, el corazón que casi botaba de su pecho cuando dormía a lado suyo, el único que le escuchó cuando le platicó parte de su terrible infancia, todo aquello tenía una explicación coherente.
Se escuchaban los sonidos desde el escenario, una guitarra que reinaba sobre los otros instrumentos. Cuatro chicos en el escenario, animando al público. El concierto había dado inicio.
Atrás en la batería, un muchacho con una bufanda larguísima.
Frente suyo, un chico de cabello en una coleta, por el movimiento de sus manos se podía determinar que tocaba el bajo.
En el extremo izquierdo un rubio de los más altos, traía lentes y un extraño rizo saliendo de su cabeza. Tocaba la guitarra con gran entusiasmo.
En frente, el muchacho de cejas gruesas con micrófono en mano.
Todos vestidos con ropa con un leve estilo "punk".
It is a practice of the noble to have afternoon tea
Don't you want to watch the flowers bloom by the River Thames?
The sight that can be seen from the window is most wonderful,
Even in rainy Hampstead, where it is always damp.
Do not run away, no matter what happens
Keep on carrying with you the pride and dignity...
Las 20:13 horas.
El tráfico al fin había aflojado bastante, conducía lo más rápido que podía y se le permitía, tampoco quería acabar en un embrollo con las autoridades.
Sentía presión, ¿Qué pasaría si se hubiese hartado de esperar o que siguiera ahí con decepción?
No quería decepcionarle, sabía que el castaño le admiraba mucho. De cualquier forma acabaría mal con él, sin embargo prefería estar ahí y asegurarse de que estaría bien.
Estacionó el vehículo tan rápido que ni si quiera se fijó dónde estaba. Salió de portazo, corrió veloz
...I can hear the resounding chimes of the Big Ben
And 4 quarter bells telling me that it's mid-day
Ladies & Gentlemen, protect our history and morals
Don't dishonour our shining glory
¡Oh! ¡Lo había logrado! ¡Entró a la fiesta de la que le privaban! Los guardias de seguridad no podrían con el tan maravilloso Gilbert insistente.
Paseaba argumentando su grandiosidad a todos lados.
Sólo que nadie le tomaba muy en serio.
—Kesesese ¿Esos son los tan esperados "Aliados"? ¡Si hasta yo canto mejor!
Empezó a hacer lo que no debía, criticó al grupo desde el público mientras reía animosamente. Los demás le veían con frialdad para que se callara y dejara escuchar la música.
Lo anterior no sirvió.
Hasta que una húngara le reconoció. De su bolso sacó una sartén y se le acercó furiosa. Siempre traía tal instrumento por si algo pasaba, algo cómo eso.
El albino intentó huir.
En serio, lo intentó.
Se sentía derrotado. No entraría al concierto ni vería a Ludwig.
Estaba... solo, de nuevo.
Se mordió el labio inferior, lo que faltaba, se acordaba de su pasado doloroso.
Cuando su hermano no estaba con él, ni su madre, ni su abuelo, sólo él. Esperando la llegada de cualquiera que posiblemente no asistiría a sus súplicas.
Acabó por sentarse en el suelo, dobló las rodillas y dejó su rostro escondido entre sus piernas, así la gente que cuidaba la entrada no le vería.
Sus cejas se fruncieron, su sonrisa desapareció y forzó por no soltar ni un sollozo, tal vez lo mejor sería irse. Cuando verdaderamente lloraba de tristeza le preocupaba mucho a las personas y eso era lo que menos deseaba.
Sin embargo sus esfuerzos fueron en vano, de sus ojos enormes lágrimas se esparcieron por su rostro.
Se encogió más, inclusive apretó los puños.
Ya nada valía, ni si quiera ese día que esperó con ansias.
...
—¡FELICIANO!—Escuchó un alarido a lo lejos, alzó la cara y sus ojos se abrieron.
Era él...
Entonces...
¿No le dejó? ¿Estaba ahí? ... ¿No será una ilusión suya? No sabía si creerle a sus ojos.
—¡No puede ser! ¿Cómo es que sigues esperando aquí? Ya no hay nadie aquí afuera y hace frío. ¿Estás loco? ¿Qué pasaba si no llegaba? —Le regañaba mientras le ponía un suéter para cubrirle del ambiente frío de otoño.
—Pero si llegaste... —Dijo casi en un murmullo.
—¿Qué dices? —El alemán levantó una ceja.
—¡Sí llegaste, Lud! —Se abalanzó a él en un abrazo que el contrario trató de corresponder. —No te preocupes, aquí están los guardias y me estoy acostumbrando al frío. Pensé que ya no vendrías por que me odiabas ¡Y, y, y...! Eso me puso realmente triste ¡Y qué bueno que estás aquí!—El italiano le atacaba con un montón de palabras saliendo de su boca que al pobre oji-azul le costaba procesar todo.
—... ¿Odiarte? ¿Hablas en serio? —Se tapó su frustración con la palma de su mano. —No puedo creer que hayas pensado eso.
El de rulo se encogió de hombros apenado. —Es que no llegabas y bueno...
—No puedo odiarte, Feliciano. No entiendo porqué pero no puedo.— No lo diría, pero si se emprendió la tarea de odiarle o por lo menos dejarle de adorar.
—Entonces... ¿No me odias?
—No. —Contestó casi de inmediato.
Ambos se levantaron del piso, parecían estar dando un espectáculo.
—¿Hah? ¿El concierto ya dio inicio?— Se oía a lo lejos la audición.
El castaño volvió a poner su indeleble sonrisa. —¡Sí! ¡Desde hace un rato, rápido, hay que entrar, vee~!—Le tomó de la mano en lo que se le pasaba un leve escalofrío, entregó el boleto y los dos pasaron entre la muchedumbre.
¿Siempre se contentaba tanto cuando estaba a su lado? El alemán podría jurar que le vio llorando cuando apenas había arribado al sitio. Seguía siendo un misterio para él, pero se había propuesto resolverlo cómo si fuese un gran detective. Su pecho se sentía a gusto con el muchacho, había algo extraño, que no entendía y que ya se había hartado de no entender, así que hoy se atrevería a resolver sus dudas con aquel chico.
Cómo interrogarle que era lo que sentía por él.
Dejó a un lado sus compromisos con su cerebro cuando se percató de que extrañamente después de la primera canción ya no se escuchó nada...
Nada más que quejas.
—Bloody hell! ¡Si tan bien cantas ven y párate aquí!
—¡Oh, claro que lo haría! ¡Soy demasiado genial! ¡Pero esta marimacho no me deja pasar!—Anunciaba el Beilschmidt.
—¡Ni que se te ocurra, idiota! — Le botó otro sartenazo haciendo que ahora sí, desfalleciera en medio de todos. Su hermano logró darse cuenta de quién era el culpable del alboroto, pero no le preocupó, tenía en cuenta de que Elizabeta (que había sido su amiga) le podía controlar. La de pelo largo le agarró del cuello y se lo llevó a la enfermería que tenía de emergencia el Parque de diversiones.
La gente no gesticulaba una palabra, todos en estado de confusión.
Un sujeto con pelo dorado y largo, con un traje elegante salió al escenario.
Era el Profesor Francis.
Los estudiantes de artes plásticas miraban al grupo incrédulos ¿Qué demonios hacía su maestro ahí? Parece que la banda si cumplió con eso de que todos se llevarían una sorpresa.
—Ya, ya mon amours, no hay porque discutir, vamos, tú toca tu guitarra esa. —Le mandó una mirada extraña al que se supone era el cantante del grupo.
—¿¡Qué dices stupid frog?!
—Debo recordarte que también soy parte de esta banda, así que, Musique! —
Los demás integrantes de la banda comenzaron a tocar.
—Damn... ya, cómo sea.
Los cinco presentes en el escenario cantaron.
Gathered in an alliance!
Even apart we're an alliance!
—¡Vamos a empezar cuando ustedes empiecen!— Gritó con emoción el de acento americano.
Por fin, la multitud aplaudió al ritmo de los compases.
Los Aliados volvieron a cantar.
Going with the flow!
Ah~
Ahh~
Ahhh~ Ahhh~
Nfufu!
Se le agregó la segunda guitarra, era una canción al principio lenta pero ahora que entretenía a todos aplaudiendo y les llenaba de emoción, movían las manos con ánimo. Resultó que aquel grupo fue un completo éxito.
—Vehehe~ Andiamo, Lud!— Aclamaba el castaño junto con las demás personas.
—J-ja! ¡Feliciano, necesito decirte algo!
—¿Eh? —Preguntó desorientado por el fuerte sonido.
—¡Q-que necesito decirte algo!
— ¡No te oigo bien, Lud!
El germano tan penoso y el italiano que no escuchaba esa tortura de confusión entre ambos iba a ser para siempre.
De forma inesperada, el rubio le tomó con ambas manos el mentón.
Se le fue acercando poco a poco, hasta...
...plantarle un tierno beso.
Los segundos se congelaron. Era cómo si nadie les estuviese viendo, cómo si estuvieran sólo ellos.
Una sensación nueva de calor, dulzura y magia conquistó a los dos individuos. Esa demostración lo aclarara todo, ese sentimiento era recíproco, aunque les costara darse cuenta.
Se necesitaban, se querían mutuamente.
E iba el coro.
GATHERED IN AN ALLIANCE!
EVEN PART WE'RE AN ALLIANCE!
For now we're an alliance!
Feeling our courage!
Appearing to be united!
Seeming to be a friendship!
We are The Allies!
—¡Claro!, I'm the number one!— Volvió a decir el de anteojos.
—Je ne peux pas croire! ¡Sigues con eso!—Se indignó, Francis.
—Idiot, idiot!— Los culpaba el cejotas.
—HAHAHAHA~
Y así, terminó la extraña pero increíble melodía.
La pareja, separó sus cavidades con lentitud. Se vieron las pupilas, distraídos.
Luego, Ludwig se tapó rostro con su mano, cortando la comunicación entre miradas.
¡Qué ha hecho! ¿Se dejó llevar? Ah, pero que acción hecha sin pensar. El germano en ese momento sólo tenía ganas de irse muy lejos y no regresar, según él, realizó algo estúpido e innecesario. Ahora ni idea de cómo le vería su acompañante o quien quiera que lo conociese ¡Besó a un hombre! y peor aún ¡A su único amigo!
Lo que había pasado por culpa del alemán dejó a Feliciano sorprendido, ni una palabra había podido articular. Simplemente movió la cara dejando que se fuese tiñendo poco a poco a un color escarlata, lo que requirió la vista del rubio, parecía que había cambiado, en ese momento se le observaba mucho más ... ¿hermoso?
—... ¿L-lud? —Titubeó llamando su atención.
—P-perdona Feliciano, yo... es que...— Cada vez arrugaba más el entrecejo, no tenía excusa que dar.
— No, n-no ... ¿Tú...?
—¡Feli! ¡Ahí estabas! —Apareció la rubia gatuna. —Te estábamos buscando.
—¡V-vee~! ¡Emma! S-sí acabo de entrar.
—¿Estás bien? ... ¡Oh! ¿Él es tu amigo? ¡Mucho gusto! Soy amiga de Feli, Emma.
—E-eh, sí, mi nombre es Ludwig, el gusto es mío...
—Están algo raros, bueno ¡Vengan! Por acá están vendiendo algunos bocadillos~
Tanto el del rizo como el de ojos azules estaban absortos en sus pensamientos. En lo que quedaba del día no platicaron sobre el tema, aún era muy vergonzoso.
¡Fin del Décimo Capítulo!
Al siguiente capítulo haré la continuación del concierto y lo que sigue porque no me cupo todo en este. xD
Traducciones
Bloody hell - Es como decir "Joder" o "Por todos los diablos"
stupid frog - Rana estúpida
Musique - Música
Damn - Maldición
Andiamo - Vamos
I'm the number one - Soy el número uno
Je ne peux pas croire - No puedo creer
Gracias amores, por leer.
