Lienzo de amor
Disclaimer: Hetalia no es mío ni sus personajes, sólo esta historia.
Capítulo 11: ¿De qué color va esto?
—¡Aquí estamos!
Exclamó la rubia en cuanto divisó a los demás y se unió el grupo.
Sin duda, Vash y Ludwig se reconocieron a distancia, ambos se acercaron.
—¿Éste es el compromiso que habías dicho tener con tu hermana? —Espetó el de ojos azules, sorprendido de encontrarles ahí.
—Sí... pero qué demonios ¿Es por esto que terminaste tu trabajo a tiempo?— El italiano dejó de un lado sus extraños sentires y puso más atención a lo que estaban discutiendo.— ¿Por qué no me dijiste que también tenías algo qué hacer? —Comentó frunciendo el ceño luego de suspirar. El de pelo castaño se quedo pensativo.
—Hermano, no te enojes. —Intervino Lily. —Yo ya sabía quién era, pero se me olvidó decirte, así que en parte también es mi culpa. —Sonrió dulce. —Lo importante es que ya estamos todos aquí.
—O-oh, bueno... si tu lo dices, Lily. —Se cruzó de brazos.
—¡Bueno! Ya que están todos podemos presentarnos adecuadamente. —Exclamó la muchacha gatuna.
—Pero falta Eli. —Murmuró la del listón en el pelo.
—Ah, es cierto... espero que el otro chico no la haya pasado tan mal...
—Bruder... —Expresó, exasperado, Ludwig sin embargo nadie pareció oírle.
—Entonces, Feli, ¿Nos presentas a tu amigo?
—¿E-eh? —Salió de su trance cerebral. —¡Ah! Sì, vee~ —Sentía que el labio inferior le temblaba un poco, asomo su vista almendrada hacia el rubio mencionado. Éste le miraba con las cejas curvadas, ambos tenían ese mismo sentimiento de confusión. El del rizo tomó aire y trago saliva.—¡Él es Lud! ¡Mi gran amigo Lud! —Sonrió de inmediato.
Aunque le doliese pronunciar un poco tales palabras.
¿Eran sólo amigos...no?
El contrario infló sus pulmones, después de exhalar mostró su típica cara seria. Carraspeó.
Al final... habían vuelto al principio.
—Mucho gusto. Soy Ludwig Beilschmidt.—Gesticuló.
—¡Vaya! ¡Tiene la actitud de un soldado! El gusto es mío, yo soy Emma y él, mi hermano Govert.
—Hola. —Dijo a secas el de pinchos parados.
—Yo soy Lily, perdona no haberme presentado antes.
—Espero llevarnos bien. —Se anunció el japonés haciendo una reverencia.— Mi nombre es Honda Kiku.
—¿Quieren chocolates belgas? Yo misma los traje~—Avisó Emma caminando hacia el puesto de bocadillos a dónde todos le siguieron.
En la enfermería.
—Auch, auch... mi asombrosa cabeza...
—Te lo mereces, por idiota. —Le regañó Elizabeta, sentada a lado de él.
—¿Qué demonios hago en este lugar? ¿Qué pasó, marimacho? ¿Fue tu culpa, verdad?
—Mejor cállate, tuve que tomar esas medidas debido a que casi haces que te linchen en medio concierto.
—¡Ellos nunca podrían contra mí!—La de vestido verde viró a verle con unos ojos de pistola.—B-bueno, bueno, olvidemos eso. —Se alteró un poco.
La muchacha suspiró. —¿Por qué siempre soy yo la que te tiene que estar cuidando? Eres peor que un bebé.—Se levantó de la silla. Gilbert sólo se quedó silencioso. —Ahora ni si quiera podremos volver a la fiesta.
—¿Eh? ¿Y por qué no?
—Pues al parecer alguien no traía boleto y ese alguien se pasó sin permiso de nadie.
—Ah... kesese... Eli, no te pongas así, podemos ir a divertirnos a otro lado. No sé, una cantina o algo, y como soy una buena persona, el gran yo pagará. —Río entusiasta.
La de pelo largo le sonrió un poco nostálgica, aún recordaba el tiempo que pasaron de niños.
Esa época en la que jugaban a las peleas y ella siempre acababa ganando, se ensuciaban de tanto estar en la tierra y el lodo del jardín escolar, a pesar de que la maestra siempre le regañaba por no comportarse "como una señorita debe".
—Sí que eres un cabezota... supongo que ya estás bien, hay que irnos.
El germano no entendió muy bien lo primero, así que lo ignoró. —Kesese ¡Vamos!
Lo siguiente de la velada lo pasaron bien.
Se habrían quedado más, de no ser porque la banda empezó su consumo excesivo de alcohol (o por lo menos de parte del inglés). Los pocos que quedaban fueron regresados a sus casas porque la hora de cerrar ya había llegado.
El profesor Francis salió cargando de un hombro al de cejas gruesas, el americano hacía lo mismo del otro lado. —¡Qué bueno que vinieron! Nos vemos hasta que acaben las vacaciones mon amours, recuerden que no duran tanto. —Guiñó un ojo.—Ya que les veo, les diré que el Museo de Colecciones Estatales de Arte, publicó una convocatoria para que cualquier estudiante de artes logre mostrar una de sus obras en este lugar. Si ustedes pueden ganar éste concurso, les aseguro que tendrán un montón de oportunidades a futuro. En todo caso de querer participar, tienen una semana.— Al italiano aquel sitio se le oía tan diferente a la pobre exposición que había dado antes de llegar a Alemania.
—Tsk... Ya vayámonos que si pesa... —Espetaba Alfred.
—Oh, cierto, bueno, hasta luego~— Siguió avanzando a lo que le siguieron el ruso y el chino, abrazados.
Todos se despidieron en lo que veían cómo parte del grupo de Los Aliados se llevaban arrastrando a uno de sus integrantes, y cómo los otros dos parecían darse cariñitos.
—Entonces nosotros ya nos vamos, igualmente, hasta el Lunes. —Se despidió Lily con la mano en lo que se iba en la dirección contraria con su hermano.
—La pasé genial, jeje, nos vemos Feli, Kiku. À Bientôt!
Se fueron los otros parientes.
—Kiku ¿Tu casa no está muy lejos?— Cuestionó el ítalo.
—Sí, un poco. Ya es tarde.
—Vee~ ... entonces ten cuidado per favore.
—Lo tendré, no se preocupe Feliciano-kun.
—... Si gusta puede quedarse en nuestra casa.— Dio la opción el más alto. El italiano tuvo una sensación de satisfacción al oír la palabra "nuestra".
El más bajo alzó las cejas. —¿Sería posible?
—¿Hum? ¡Claro! Sería como una pijamada ¿Qué te parece Kiku? —Volvió a la conversación el del rulo.
—Jamás he estado una... pues, si no hay molestia, me parece bien.
Los tres se dirigieron y se subieron al automóvil en ida a casa del alemán.
—Feliciano-kun, hoy parece más callado que otros días, me extraña. ¿Acaso hay algo que le distrae?
—¿V-ve~? N-no, no pasa nada.
—Escuché que las chicas habían mencionado algo cómo que ya tenía novia. —Esto llamó la atención de Ludwig quien pasó saliva por su áspera garganta. No quería imaginarse el que Feliciano tuviese una... pareja. No se le hacía comprensible, pero ni el mismo se entendía, hace rato había unido sus bocas sin si quiera el consentimiento verbal del otro.
—¿Novia? Vehehe~ no, no es así.— El nerviosismo le llegó de repente. Mariane vendría al día siguiente
—Oh... entonces, lo lamento.
El japonés de inmediato sintió la extraña tensión a su alrededor y prefirió ya no mencionar nada.
Entraron al apartamento. Ya era muy noche y hacía sueño.
—¡Vee! ¡Bienvenido, Kiku! ¿Gustas algo? ¿Agua u otra cosa?
—Eh, n-no, estoy bien, gracias Feliciano-kun.
—¿Y tú Lud? —Ladeó la cabeza.
—Ah, no yo tampoco.—Movió la cabeza, seguía aturdido de lo pasado.
Lo último que hicieron ese día fue lavarse los dientes e irse a acostar.
El alemán re- acomodaba las cosas que estaban en su habitación, decidió que dejaría descansar al pelinegro ahí.
—¿Está seguro de querer cederme su cama? —Interrogó el asiático.
—Sí, está bien, no te preocupes Honda.
—Dígame Kiku... Es por él ¿No?
—¿Eh? ¿D-de qué hablas?— El rubio seguía acomodando varias cosas para que su cuarto estuviese cómodo para el contrario.
—Por Feliciano-kun. Si usted no me hubiese dado su cama, sin duda él lo habría hecho.
—Ah... —Se agarró la cara, un poco frustrado. —El vino a quedarse aquí, es un huésped, se le tiene que tratar bien...— Se le regresaría aquel momento, en el que la música inundaba sus oídos y le hizo decidir de forma rápida y estúpida. Tenía entendido que Feliciano ya le tenía pavor y que probablemente no le volvería a hablar de la mima forma.
El más bajo le miró con interés. —Parece quererle bastante.
—Es que... bueno, él es así.
—Sinceramente no lo creo, de todas formas, muchas gracias. Oyasuminasai.
No, nada servía, su cama era similar a una roca.
Eran pasadas de las dos y le era imposible dormir. El muchacho de la familia Vargas se levantó a tomar un vaso con agua. Estaba agobiado, sus ideas chocaban con otras y había acabado en una confusión emocional. ¿Tenía algo de malo si le llegara a gustar alguien de su mismo sexo? ¿Estaba mal eso?
Entonces esa escena le volvió a la mente.
Dónde el amor reinaba y la luz fría de la noche se hacía cálida. Dónde parecían no existir los demás... excepto...
él.
Justo cuando sacó el vaso de vidrio de la alacena se le resbaló de las manos e hizo un estruendo.
El alemán se levantó de inmediato, corrió a la cocina. Ahí vio al más moreno levantando los pedazos de lo que había sido un instrumento para beber agua. Chasqueó la lengua y se llevó su dedo índice a la boca.
—¡Feliciano! —Se le aproximó. —¿Estás bien?
—A-au... s-sí... —Sus ojos se cristalizaron. —L-luud... creo que me corté. —De su dedo recorrió un hilito de sangre.
Caminaron al baño para curarle la herida.
El de ojos cielo le vendaba la herida con delicadeza. —Tienes que tener más precaución, y no recojas los vidrios con las manos, es mejor barrerlos. —Suspiró.
El contrario se quedaba sin formular alguna palabra. Sólo asentía con la cabeza.
—... ¿Tú me odias, Feliciano?
—No. Lud ¿Tú me quieres?
—... S-sí, algo así. —Se rascó la nuca.
—Yo también te quiero, Lud.— Se alegró. —Grazie, ya no me duele, ve~. Oye Lud...
—¿Y ahora qué pasa?
—¿Puedo dormir contigo?
—... Ja.
A la mañana posterior, el del rulo despertó y se encontró con Kiku y Ludwig cocinando. Ésto le emocionó tanto ya que parecían estar haciendo buena amistad.
—Buongiorno! ¿Puedo ayudarles?
—Muchas gracias, Feliciano-kun, pero me temo que ya hemos acabado.
—Ow... bueno ¿Qué han cocinado? —Canturreó.
—Yo preparé té verde y Ludwig-san pan de cebada.
—¡Yay! ¡Es mi favorito!
Desayunaron tranquilos y platicaron un rato, inclusive German se les unió (aunque sea sólo para decir no más de dos palabras) hasta que el japonés tuvo que irse.
La tarde llegó casi sin avisar, hasta que llamaron al timbre.
—¡Yo voy! —Anunció el castaño, abriendo la puerta. —Ciao ¿Qué se le-?
—¡Feliciano! —Se oyó una voz de mujer.
—¿Quién es? ... —Llegó el germano. Cuando vio una chica pegada al del rizo. Parecía asfixiarlo.
—M-m...
—¡Hace mucho que no te veía y..! Ciao!
Cuando logró separarse de la muchacha, la presentó. —E-eh... Lud, ella... es... Mariane.
El rubio se quedó pasmado.
¡Fin del Capítulo Once!
Yah, láncenme a una fogata viva.
Perdonen mi asqueroso retraso. ;A; Ando estudiando y bueno, se me acorta el tiempo. Sólo les aseguro que no voy a abandonar esta historia.
Y bueno, el título se refiere a que no saben como interpretar sus sentimientos.
Espero que en serio les haya gustado $_$ No me tardaré tanto en el siguiente.
