Me alegro de que os esté gustando. En este capítulo tendremos bastante SwanQueen, os lo prometo. Pero ya os digo que no voy a dejar de lado a las otras seis sólo por Emma, y que todas tendrán su espacio según vayan apareciendo. Aunque Emma es la protagonista, claro. Zarmaol, no creo que abandone este fic, nunca dejo los que cojean de este pie, ¿Muffycc es tu nombre? Bueno, Emma no puede ser tan cañera como fue en la primera temporada, pero te aseguro que intento que no sea como es ahora en la serie, que es penosilla. Love, trabaja a velocidad luz, no sé. En fin, te aseguro que sí, habrá mucho porn, del SwanQueen y del que no es SwanQueen. Chao, hasta la próxima. Dejadme reviews!
Emma Swan
Estaba conociendo a las chicas ya que, a fin de cuentas, el grueso del tiempo que iba a pasar en el castillo sería con ellas. Sin embargo, muchas estaban recluidas en sus habitaciones, y Ariel no dejaba de insinuarse. Por el momento pasaba la mayor parte del tiempo con Elsa. Era amable conmigo, y su historia era apasionante.
No fue hasta entrada la noche cuando fuimos interrumpidas. Una criada hizo acto de presencia, con una nota en las manos. Hubo un redoble de tambor que hizo que todas las puertas se abrieran. Las chicas, sin embargo, no se apartaron de las puertas, pero estaban expectantes ante la criada. Ella llevaba una carta, que abrió en ese momento. Tomó un pequeño papel entre sus manos y tosió sonoramente.
_ Su majestad, Regina Mills, hace saber que, en el transcurso del día de mañana. Su deseo es ser acompañada por…_ Varias de las chicas se mordían las uñas._... Emma Swan.
_ Bueno, era de esperar._ Dijo Elsa._ Felicidades. Mañana verás a Regina.
_ Soy la novedad, supongo que es lo que toca._ Dije, suspirando.
_ Eso no es verdad._ Me dijo, apartando la mirada._ En mi caso esperó una semana. Y sé de buena tinta que con una de sus esposas esperó un mes.
_ ¿Un mes?_ Pregunté._ ¿Y con cuál de ellas?
_ Con Morgana._ Dijo, mirando la puerta que llevaba el escudo de Camelot._ No se llevan muy bien, apenas la llama. A Ariel le encanta.
Regina estaba casada con una mujer que odiaba. Eso decía pocas cosas a su favor. Como yo me imaginaba éramos objetos. Debía haberlo mantenido presente. Quería llorar. Pero Elsa me puso la mano en la mejilla y yo la miré.
_ Emma, te lo digo de verdad. Dale una oportunidad a Regina._ Mirándome como lo hacía, resultaba difícil dudar de su palabra.
_ Está bien._ Sonreí un poco._ Ahora… creo que voy a dormir. Tengo que estar descansada para Regina.
_ Buenas noches, Emma._ Elsa me dio un beso en la mejilla.
Yo me dirigí a mi habitación. Notaba unos ojos clavados en mí, pero no era capaz de distinguir a su dueña. Cerré la puerta y me tumbé sobre la cama. Aquel espacio tendría que cambiar. No soportaba esa habitación blanca y antiséptica. Tenía clara una cosa. Regina se habría hecho con mi reino y con mi libertad. Pero no con mi corazón. Y si lo quería, iba a tenerlo difícil.
Regina Mills
Estaba ansiosa por ver a Emma en un ambiente más tranquilo, algo más lejos del trauma de nuestro repentino matrimonio. Me arrepentía un poco de lo fría que había sido en nuestro primer encuentro. Pero me había ocurrido siempre. Durante la boda me mostraba fría, distante, me sentía como si no fuese yo. No era hasta después de la boda cuando podía permitirme ser cariñosa, amable. Y Emma… Emma había dejado una honda impresión en mí.
Quería ver a la rubia, conocerla. Era una sensación similar a lo que había sentido con otras de mis esposas al principio. Pero cuando la veía, el corazón me botaba, y eso era nuevo para mí. Estaba algo nerviosa, algo que nunca había sentido.
_ Buenos días, cariño._ Mal me dio un beso en el cuello._ Me encantó lo de anoche… Estuviste increíble, como siempre.
_ Gracias, Mal._ Le di un beso en los labios, cariñosa.
Maléfica llevaba a mi lado prácticamente desde que me había hecho mujer. Con ella había perdido la virginidad, y había sido mi única compañera durante muchísimo tiempo. Las otras chicas envidiaban mi relación de camaradería con ella. Pero no debían hacerlo. Las apreciaba a todas, con sus virtudes. Bueno, a todas salvo a Morgana. Esa mujer era malvada.
Emma Swan
Desperté algo desubicada, dejando que mis recuerdos volvieran a mi memoria. Me levanté y me di un baño en la bañera que tenía para mí sola. El agua se mantenía caliente por sí sola. ¿Sería cosa de magia? Sabía que Regina tenía este talento. Me vestí y me puse perfume. Pero, sin embargo, no me puse un vestido, como seguro que ella espera. Al igual que en nuestra boda, me puse una casaca de hombre y salí, encontrándome cara a cara con la criada, que me observó, algo extrañada.
_ Curioso atuendo, su majestad._ Me dijo, observándome._ La reina os espera.
_ Siempre visto así._ Dije, restándole importancia._ Llevadme con ella. Aún no conozco el palacio.
Una vez más me vi sorprendida al darme cuenta de que, a pesar de lo grande que era el palacio, el camino hacia la habitación en la que Regina debía recibirme no parecía largo.
Acabamos en una habitación íntima, con paredes de piedra. Había una cama adoselada pulcramente hecha. Regina estaba junto a la ventana, con una copa de vino en los labios. Llegaba un vestido rojo, elegante, y su pelo estaba peinado probablemente con mucho mimo.
_ Buenos días, Emma._ Dijo, girándose.
Tenía que dejar de derretirme cada vez que me miraba. Sí, es cierto que era una mujer increíblemente guapa, pero tenía que ser más fuerte que ello y no pensar sólo en su físico. Era una mujer mala, que nos trataba como objetos. Debía metérmelo en la cabeza.
_ ¿Puedo ofrecerte una copa?_ Me preguntó._ Tengo la mejor sidra del bosque encantado.
_ No… gracias._ Dije, algo fría.
_ ¿Qué te pasa, Emma?_ Le pregunté, poniéndole la mano en el hombro.
_ Echo de menos mi casa._ Le dije, apartando la mirada. Estaba dolida.
_ ¿Quiere visitarles?_ Me preguntó, poniendo una mano sobre mi hombro.
_ ¿Acaso me dejarías?_ Le pregunté.
_ Claro._ Me miró, extrañada._ Esta es tu casa, y yo soy tu esposa, no tu carcelera.
Quería volver a ver a mis padres, porque sentía que no había podido despedirme de ellos. Regina me tomó de la mano y, una vez más, avanzamos por el palacio. Regina se movía a buen paso a pesar de su atuendo. Me inquietaba saber qué pretendía Regina.
Llegamos a una sala llena de espejos. Muchísimos espejos. La mayoría estaban cubiertos de polvo. Sin embargo, había uno nuevo, colocado en el centro. Parecía estarme esperando. Me acerqué y lo miré, viendo el reflejo que me devolvía la mirada.
_ Cada vez que tomo una esposa regalo un espejo a su familia, y le doy instrucciones precisas de que lo coloque en su dormitorio.
_ ¿Para qué?_ Le pregunté.
_ Pon la mano ahí._ Me dijo, señalando un punto concreto del espejo.
Noté como se hundía, y la imagen que aparecía empezó a difuminarse. Cuando volvió a haber una imagen, esta representaba a mi madre, sentada sobre la cama.
_ ¿Mamá?_ Pregunté, mirando al reflejo.
_ ¡Emma!_ Mi madre se me quedó mirando, estupefacta.
Yo di un bote, volviendo a mirarla. Regina se hizo a un lado, apartándose. Hablé con mi madre durante un largo rato, sentada en el suelo de la habitación. Fue bastante más tarde cuando me dijo que debía hacer algo. Yo me mordí el labio, no quería despedirme.
_ Emma volverá a verte mañana._ Dijo Regina, acercándose.
_ ¿De verdad?_ Dije, mirando a Regina. Me brillaban los ojos.
_ Trasladaré este espejo a tu habitación. Así podrás hablar con tu madre cuando quieras.
_ ¿Harías eso por mí?_ Le pregunté.
_ Sólo quiero que seas feliz.
Regina me dio un beso en la frente y yo bajé la mirada. ¿Por qué me rendía con tanta facilidad? No lo entendía. Regina parecía ahora una mujer tan buena, tan cálida. Y sin embargo, antes había sido tan fría. Suficiente como para casarse con una mujer a la que no quería.
_ ¿Te caigo ya un poco mejor?_ Me preguntó, sonriendo.
_ Un poco sí._ Dije, apartando la mirada. No quería que me cayese bien.
_ Bueno, paso a paso. ¿Te apetece salir a dar un paseo? Por lo que sé te gusta montar.
_ Sí, eso es verdad._ Reconocí._ ¿Cómo sabes eso?
_ Me lo dijiste tú._ Me dijo, con tranquilidad._ No te acuerdas, claro. Eras muy joven.
_ ¿Acaso nos hemos visto antes?_ Pregunté, alzando la mirada.
_ Sí, una vez. Hace mucho. Pero… ya te contesté esa historia otro día. No puedo enseñarte todas las cartas el primer día. ¿No crees?
Bufé, pero asentí de mala gana. Regina me puso la mano sobre la cintura y comenzamos a andar de nuevo. Esperaba que las cosas fuesen más fáciles de allí en adelante. No podía negar que el hecho de que Regina quisiera darme aquel espejo me enternecía. No tendría que alejarme del todo de mi familia. Aquella mujer ganaba puntos demasiado rápido.
Elsa
Tomar el sol no estaba entre mis actividades favoritas. Pero quería conversar con Bella, y ella siempre estaba con su libro entre las manos, dejando que los rayos solares impactasen sobre su piel. Había cogido un tono ligeramente tostado en los años que llevaba allí, y sospechaba que era por esa misma actividad.
_ ¿Qué opinas de la nueva?_ Le pregunté, con cierto tono confidencial._ Parece un poco confundida.
_ Bueno, como tú cuando llegaste._ Dijo, pasando una página._ Elsa, sabes que no me gusta cotillear.
_ Yo sólo quiero que se integre. No puede hablar sólo conmigo.
_ Yo hablaré con ella._ Se me iluminó el rostro._ En cuanto acabe este capítulo.
_ Bella… a veces eres un rollo._ Dije, cruzándome de brazos.
_ Y tú eres una niña. Cada una de nosotras tiene sus virtudes. ¿Emma te parece rara? A lo mejor por eso le gusta a Regina.
_ Ya bueno… pero._ Bufé._ Yo sólo quería ayudar.
_ Lo sé._ Me sonrió._ Eso te caracteriza. No te preocupes por Emma. Se adaptará, como todas.
_ Espero que sí. No quiero que acabe sola encerrada en su habitación todo el día. Sé lo que es eso.
En ese momento noté como algo en mi cinturón se calentaba ligeramente y vibraba. Me excusé con Bella y me dirigí hacia mi habitación. Cerré la puerta, sentándome en mi puff de color azul oscuro, y observé el espejo que en su día me había regalado Regina. Puse la mano sobre él y la imagen de mi hermana apareció ante mis ojos. Sonreí.
_ Anna. Últimamente ya nunca vienes a verme. ¿Qué ocurre?_ Le pregunté.
_ Bueno, ya lo sabes. La boda me tiene atareada._ Dijo la pelirroja, ojeando unas notas._ ¿Ya has confirmado que vendrás con Regina, no?
_ La verdad es que Regina ha confirmado que iríamos las ocho._ Dije, sin darle importancia._ Ya sabes cómo son estas reuniones.
_ Sabes lo que opino, cuantos más mejor. Un momento, ¿Has dicho ocho?_ Ana sonrió, divertida._ ¿Hay una nueva chica en el palacete? Me la tienes que presentar. ¿Es divertida o se parece a Maléfica?
_ Es divertida._ Contesté, sonriendo un poco._ La verdad es que me ha caído bien. ¿Y qué tal Kristoff, se está portando bien?
_ Sí, bastante. Aunque siempre discute con la tía Ingrid. Ya sabes cómo son._ Dijo, quitándole importancia. Se escucharon gritos de fondo._ De hecho… debería ir a ver de qué están hablando… no quiero que congelen el salón, otra vez.
_ De acuerdo._ Sonreí._ Diviértete.
La imagen volvió a difuminarse y me vi a mí misma reflejada. Estaba ansiosa por ir a la boda mi hermana. Recordaba la que había tenido con Regina, y no había sido bonita. Aquel día Regina estaba rara. No como la que conocí una semana después, una mujer vibrante y alegre. No tenía sentido pensar en eso en aquel momento, por lo que me relajé y me tumbé en la cama. Me preguntaba qué estaría haciendo Emma.
Emma Swan
Lo admito, lo había pasado muy bien. Habíamos salido a pasear a caballo y Regina me había enseñado todos sus trucos a la hora de montar. Yo creía ser una experta… pero comparada con ella era patosa e imprudente. Nada podía yo hacer para comprarme con Regina y Rocinante, que se movían como si fuesen uno sólo. Luego habíamos ido al lago, y Regina había usado su magia para que los cisnes no huyesen de mí. No era muy fan de aquellas cursilerías pero admito que fue de mi agrado. Había sido un día intenso, desde luego. ¿Todos los días con ella serían así? Porque yo sólo la vería cuando ella quisiera verme, pero ella estaría acompañada todos los días.
Cuando volvimos a palacio yo, por inercia, tomé camino hacia el palacete, a mi habitación. Sin embargo, escuchar a Regina toser me puso sobre aviso.
_ ¿A dónde vas, Emma?_ Me encantaba cómo se escuchaba mi nombre dicho por ella.
_ Yo… Bueno… a mi habitación.
_ Emma… ¿Acaso crees que duermo sola todos los días?_ Me dijo, sarcástica.
No había caído en ello. No había visto a Maléfica hasta la mañana siguiente, cuando entró en el palacete poco antes de salir yo misma. Me acerqué a Regina y la tomé de la mano.
_ Perdona, ya sabes que soy nueva en esto._ Le dije._ ¿Y mi ropa para dormir?
_ Las sirvientas ya se han encargado de trasladar algo de tu ropa allí._ dijo, con tranquilidad.
¿Acaso tenía ropa de las ocho mujeres en su habitación? Eso me parecería un poco de mal gusto. Llegamos a la habitación donde Regina y yo nos vimos aquella mañana. Ella se acercó al armario y cogió un vestido. Quedó envuelta en una bruma morada por un segundo y luego me miró. Su rostro se pintó de preocupación.
_ Emma… ¿Estás bien? Te sangra la nariz._ Me preguntó, preocupada.
¿Que si estaba bien? Estaba en el cielo. ¿Aquella mujer era si quiera consciente de lo que acababa de ponerse? Aquel camisón negro semitransparente apenas cubría nada de su cuerpo. Podía ver el contorno de sus pechos e incluso distinguía su pezón con total claridad. Era una suerte que no lo llevara yo, porque los míos estaban de punta.
Y la parte inferior no tenía desperdicio tampoco. Las bragas de Regina no eran precisamente picantes, pero dejaban ver bastante de su trasero, y sus bonitas piernas estaban completamente al descubierto. Contrólate Emma, contrólate. Me limpié la sangre de la cara con la manga, intentando aparentar normalidad.
_ Estoy bien._ Dije, haciéndome la dura._ Ahora tengo que cambiarme. ¿Puedes esperar fuera?
_ Claro, sin problemas._ Pensé que me diría algo, como que siendo su esposa tenía todo el derecho del mundo a mirarme. Pero aceptó sin reservas y se dirigió la puerta.
_ ¿Dónde está mi armario?_ Pregunté.
_ Ahí._ Dijo, señalando el mismo armario que ella acababa de utilizar.
_ Pero…_ Traté de protestar.
_ Hazme caso, está ahí._ Dijo, saliendo por la puerta.
Aún con ciertas dudas, abrí el armario de Regina, y me encontré con que la distribución había cambiado casi por completo. Las Baldas estaban incluso en otro lugar. Cogí un pijama básico y me lo puse. Iba a buscar donde dejar mi ropa, pero me di cuenta de que esta había desaparecido por completo. No me acostumbra a esto de la magia.
_ Ya puedes entrar._ Le dije a Regina.
Una vez dentro ella me miró, como evaluándome, se rio, y yo le dirigí una mirada asesina.
_ ¿Qué pasa?_ Le pregunté, poniendo los brazos en jarra.
_ Es que… eres todo un hombre, Emma Swan._ Me sonrojé._ Y antes de que me repliques, te diré que eso me gusta.
En ese momento me sonrojé aún más. Ella se tumbó en la cama y yo la seguí. Noté como me rodeaba con los brazos, y no me opuse. Su cuerpo era cálido, y su piel tenía un olor afrutado muy agradable. Tenía que preguntarle qué perfume utilizaba.
Me quedé dormida un buen rato, pero desperté en mitad de la noche, no tuve del todo claro el motivo. Regina estaba durmiendo… y yo tenía la cara justo ante sus pechos. Nunca antes había pensado lascivamente, ni de un hombre ni de otra mujer. Pero ahora, casi como si sintiese que era otra persona la que guiaba mis actos, mi mano se posó sobre el pecho izquierdo de Regina y comenzó a acariciarlo con mucho cuidado.
Era tan suave… y me gustaba tanto tocarlo. Regina gimoteó un poco, pero pareció no despertar. Yo seguí, inconscientemente, liberando mi otra mano para poder tocar los dos a la vez. Regina hizo un sonido similar a un ronroneo, y noté como los pezones bajo mis manos empezaban a endurecerse.
_ Veo que te han gustado…
¡Oh Dios! Regina estaba despierta. Ahora sí que la había liado. Aparté las manos, roja como un tomate, y preparando para que se enfadase. Pero ella mantenía la misma sonrisa, llena de picardía.
_ Pero… ¿Por qué paras?_ Me preguntó._ Me gustaba mucho lo que estabas haciendo.
_ ¿Puedo seguir?_ Pregunté, aún roja como un tomate muy maduro.
Regina, por toda respuesta, se incorporó sobre la cama y se quitó el camisón. Lo dejó a un lado y volvió a la misma postura, haciendo un gesto que me invitaba. Yo no tuve que escuchar ninguna palabra para seguir con lo que estaba haciendo.
_ Puedes chuparlos, si quieres._ Me dijo.
_ ¿Puedo?_ No sabía por qué, pero llevaba un buen rato pensando en meter mi cabeza entre sus pechos, y lamerlos como una auténtica loca.
_ Emma… soy tu esposa… puedes tocar lo que quieras._ Me dijo._ No sé para lo que estás lista y para lo que no. Así que… diviértete.
Aquellas palabras me dejaron claro que tenía carta blanca, y como si hubiese estado esperando aquello toda mi vida, me abalancé sobre aquella mujer, mordiendo ligeramente sus pezones. Tardé un buen rato en detenerme. El agotamiento del día volvía a pasarme factura. No obstante, me quedé dormida sobre esos pechos desnudos. En ese momento no vi a Regina, pero ella estaba cogiendo un sobre de su mesilla, idéntico al que el día anterior había abierto la sirvienta para llamarme. Tachó el nombre que había escrito y, con una estilizada caligrafía, escribió de nuevo una sola palabra "Ariel".
