Lienzo de amor

Disclaimer: Hetalia no es mío ni sus personajes, sólo esta historia.


Capítulo 13: Plasmando emociones.

Miró su trabajo. Era precioso. Le daría más detalles, pero lo que era, después de horas de trabajo era un candidato para ganar la convocatoria de pintores.

Pero Feliciano no quería eso.
Buscaba el premio mayor.

En su cuadro se presenciaba una mujer de increíbles rasgos, toda la pintura se enfocaba en la cara de ésta, con grandes pestañas y una ligera sonrisa en el rostro.

Ya se sentía orgulloso de ser el autor de tal arte. Tomó un descanso debido a que se había pasado ya casi todo el día trabajando.

Ludwig, como era de esperarse se preocupaba por él y de vez en cuando le llevaba agua o entre-comidas, no quería que se desmayase de estar tanto pegado al lienzo.
Por esa misma razón el alemán no había salido a ningún lado. Las vacaciones serían cortas pero prefería quedarse a lado suyo ya que era la única persona que agradaba de su compañía.

El italiano al fin se levantó del banco y se estiró. Casi se le entumen las piernas.

—Vee~— Musitó. —Hasta aquí le dejaré. ¿Qué hay de comer, Luddy?

El alemán no lograba entender porque desde ayer le llamaba de esa manera. —Cenar, dirás. Ya casi son las siete.

—¿¡Eh!? ¡Waah! Me entretuve tanto en esto que perdí la noción del tiempo. No me sorprende que haya estado tanto rato sentado... incluso me duele el trasero...

El contrario se limitó a no mirar.

—Y dime, Luddy. ¿Qué tal va? ¿Se ve bien? —Le mostró su progreso, con alegría y en esperanza de que le diera una buena vista.

El de ojos azules suspiró. —Bueno... realmente me sorprende... Sí, me gusta.

—¡¿En serio!? ¡Yay! No me importaba si mi pintura no gana si tú dices que te gusta. —Daba saltos de la emoción. No decía ni una mentira, estaba realmente feliz de que al rubio le interesara.

—S-sí, puede que a mí me guste pero yo no soy ningún crítico de arte.

—Eso no tiene nada que ver, Luddy. —Su sonrisa fue interrumpida por su estómago que rugía.—En fin ¿Qué hay de cenar? Me muero de hambre~

—Panquecillos con queso y salchicha. —Le contestó.

—¿Se acabaron las patatas aplastadas de ayer?

—Sí, ya se acabaron.

—... Mejor creo que me espero a mañana~— Canturreó y se fue dirigiendo a su cuarto.
Pero no se iría así. El rubio le tomó del brazo casi sin pensarlo. —¿Uh?

—No te puedes ir sin comer algo si quiera, te puedes enfermar.

—P-pero... Luddy... —Hacía cara de cachorrito abandonado.

Pero sin importar cuánto implorara, acabó por comer lo que había.

Ludwig solía ser exigente con la nutrición diaria.

Luego de pasarse una buena merienda, invitó al más alto a que viese la televisión con él. Se cubrieron con una manta para evitar el fuerte frío con el que había empezado Octubre.

El alemán se dio cuenta muy tarde de lo ocurrido, no dejaba de observar al ítalo a lado suyo, enredándose en su brazo como si fuese un koala. Comprimía sus sentimientos hacia él, dudaba resistir más, resistir la tentación de besarle y abrazarle por más tiempo sin que se viese "mal". Quería decirle, movía los labios, abriendo y cerrando su boca, pero terminaba sin pronunciar nada.

—Vee~, Luddy... ¿Te diste cuenta?

El mencionado se alteró un poco. —¿Cuenta de qué?

—Ya sabes, Mariane. Ayer se quejó porque no estaba en casa y hoy ni si quiera vino. Ah~, qué alivio, tenía miedo a que me gritara...

—Debes afirmarle que no te agrada que te trate así. Te lo dije, no puedes seguir conviviendo con alguien que se comporta de esa forma.

—S-sí... tienes razón.

El germano pensó que había temblado un poco, pero igual podría estar exagerando las cosas.

Cuando el castaño quedó en un profundo sueño, le llevó a su habitación. Sabía lo incómodo de dormir en un sofá, a pesar de que el del rulo tenía la "habilidad" de dormitar en cualquier lugar.


Despertó en su cama algo confundido de lo que pasó anoche.

Su rostro se acaloró soltando una risita. Ayer, luego de tanto trabajo pesado, pudo estar un lindo rato con Ludwig. Cada vez le quería más y más, a tal punto que lo consideraba la persona más amable y tierna que nunca hallase conocido.

Le iba a agradecer porque le llevó a su cuarto, le puso su pijama y le acobijó.

Le encontró en en el comedor, sin embargo, su abuelo no les acompañaba como solía hacer al principio del día.

Ciao! ¿Y German?

Ludwig paró la vía de su taza con café a su boca, para mirarle. —Guten Tag. Salió, dijo que volvería en la noche.

—Ahh, ya veo~ —Se fue a lado suyo mientras miraba la buena pinta que tenía su desayuno de hoy. —Venía a decirte algo... ¡Ah sí! Grazie, Luddy.

—¿Eh? —Se extrañó al principio.

—Por llevarme a mi habitación y por hacerme de comer. —Aquel rostro tan inocente y alegre conmovió al contrario a tal punto de sonrojarse.

—N-no hay de que.

Acabó su desayuno y el alemán se dirigió a la cocina.
Por obvias razones, al castaño le dio curiosidad y le siguió.

—¿Qué vas a hacer? —No se le aproximó mucho, notó que se ponía un delantal de cocinero.

—E-eh... cocinaré algo.—Qué respuesta más echada al azar. Se dio un golpe mental.

—Vee~ Lo sé, pero ¿Qué?

—Un pastel... ¿Me quieres ayudar?

—¿Puedo? ¡Siiii~!

Ja.

Feliciano sacó los ingredientes, tales como la harina, huevos, leche, etc. mientras el más alto se dedicaba a mezclarlos para lograr una buena masa para pastel.

Hacer repostería era una mera afición del germano, en la que era muy bueno. La ocultaba de los demás, con miedo a que fuese mal criticado, sin embargo, con el italiano era diferente. Al final de todo, enlazaron una grande amistad y confianza entre sí, probablemente imposible de deshacerse.

Posterior a poner el molde con un futuro pastel dentro, el alemán decidió que debería ir a comprar lo que comerían, arriesgando que dejaría al castaño solo.

—¿Seguro que estarás bien? —Hizo esa pregunta por última vez antes de salir.

—¡Veee! ¡Por supuesto, capitán! Es la tercera vez que le digo que no se preocupe...

—Bien, al rato vuelvo. —Avisó y cerró la puerta.

—Listo, es hora se proseguir. —Fue a mover los muebles para darse un espacio y volver a su obra.

Se quedó un tiempo haciendo los detalles.

Hasta que tocaron el timbre.

¿Sería Ludwig? No, tenía poco que salió y traía llaves.
Fue a abrir.


Llegó a la tienda, miró todo lo que había.
Ya tenía preparado lo que iban a comer, pero lo que todavía no decidía era qué ponerle al postre que hornearon en la mañana ¿Qué fruta le gustaba al del rizo? ¿Era alérgico a algún dulce? ¿Por qué demonios no le preguntó antes?

Estaba indeciso, con tanta variedad se tardaría un poco...


—Ah... Mariane... —Se rascó la nuca.

—Sí, soy yo ¿No te sorprende? —Pasó sin siquiera pedir permiso y dando un portazo para pararse dentro del apartamento. Se cruzó de brazos, le miró con furia. —¿Ni hola me dices?

V-ve~, hola.

—¿Y bien? ¿Ayer no te extrañó que no viniese? Ni te importó ¿Verdad?

—Bueno... yo...

—Contesta.

Vio al piso. Apretó los puños, ahora sólo pensaba lo que le dijo Ludwig. Era el momento, se lo diría y dejaría de ser maltratado. —Mariane. —Gesticuló su nombre y alzó la cara. —Ya déjame en paz.

—¿Eh? —Interrogó la otra.

—Que me dejes en paz. No soporto que me estés acosando, sí, podemos hablar pero no me gusta que me molestes a toda hora del día.—Repitió con más seriedad. Lo dijo en alto, directo.

Se quedó muda por un minuto, relacionando todo.

—Fue... ¿Aquél? ¿No es así?

—No sé a que te refieres...

—Sí, ese muchacho gigantón. El te dijo que hicieras esto ¿No? Tú no me dirías eso, Feliciano. —Aseguró. —No te dejes llevar por lo que él te dice.

—N-no, Mariane...

—Sí. Es un marica. Te quiere sólo para él y tu todavía le haces caso. No, Feliciano, ese tipo rubio, ¿Ludwig, no?

—M-maria-

—Es él, una maldita mosca en la sopa. Ese tal Ludwig simplemente te engaña, tu no quieres que me aleje de ti, por eso vine y...

—No es así...

—Claro que es así, no puedes confiar en todos, Feliciano. Menos si se aprovechan de ti

—Ludwig no es así. No vale lo que digas, no lo conoces.

—Oh, no me hizo falta, con mirarle la cara es más que suficient-

—¡Ludwig no es así! ¡Dices un montón de tonterías! ¡No tienes derecho a juzgarle!—Su pulso se aceleró en lo que levantaba la voz y volvía a ver al piso, no quería hacer contacto con los ojos de una persona tan vil. —Déjame en paz y vete.

—¿P-pero qué-?

—Vete.

La muchacha contrajo la cara, tomó su saco, que había dejado en un sillón. —¡B-bien! ¡Me iré! Aunque ni entiendo porque lo defiendes, él no ha convivido tanto contigo como yo.

—No. Pero él me ha dado una razón por la cual traigo siempre mi sonrisa. —Sorbió su nariz. —Le aprecio más...

La de pelo negro le empujó, sacando su ira y quizá su no tan falso dolor. Nadie la había rechazado en absolutamente nada. Feliciano chocó con el lienzo en el que había trabajado y lo tiró con todo y pinturas, manchando la cara de la mujer que había dibujado.—¡Entonces me voy! —Mariane se talló la cara, con la necesidad de esconder sus lágrimas y desapareció tras la puerta.


Regresaba a su piso, escuchó gritos, pensando que eran los vecinos, lo ignoró.

El de ojos azules buscaba su llave entre tantas, dio un respingo al oír un fuerte portazo. Una señorita salió corriendo de su departamento. Chocó con ella y pudo divisar que era Mariane, frunció el entrecejo y se apresuró a entrar.

Observó al castaño, sentado en el piso, a lado suyo estaba su cuadro, al que le había puesto tanto esmero, arruinado por un color verde regado en todo el lienzo. Se acercó veloz a comprobar si estaba bien.

—¡Feliciano! ¿Qué pasó?

Abrió bien los ojos, con enormes lágrimas en éstos, en lo que sus labios se curvaban hacia abajo. —L-luddy... creo que no lo tomó muy bien... Traté de ser fuerte p-pero ella empezó a decir cosas horribles sobre ti y eso me llenó de coraje, sé que está mal pero no pude evitarlo y...

—Está bien, está bien. —Le abrazó.

Correspondió tal afecto mientras su cara se empapaba de sus propias lágrimas. —No está bien Luddy, no me gusta que hablen así de la gente y menos de ti. Además, mi pintura quedó hecha un asco y, y ...

El contrario le acarició el pelo para que bajara su ritmo al hablar. —Ya, ya.

—No sé que voy a hacer... —Lloraba en el hombro del germano.

—Feliciano. —Espetó. —Si lograste crear tal obra en pocos días, sé que si te esfuerzas podrás hacer una mejor.

—P-pero sólo quedan tres días.

—Si te dedicas lo lograrás. —Se separó un poco de él y se engancharon por medio de la vista. —Sé que lo que ella hizo no estuvo bien, pero no podemos hacer nada. T-tú entiendes a lo que me refiero. —El nerviosismo le llegaba cuando estaban tan apegados.

Suspiró. —Sí, lo entiendo, Luddy... —Sonrió.

—Perdóname por no llegar antes... —bajó la cabeza.

—No, está bien, lo entiendo Luddy. —Puso una de sus manos en la mejilla del rubio.

—Aún así... —Sus rostros se acercaron más y más.

Sellaron esa tarde con un verdadero beso.
Con el consentimiento de ambos, con el amor de los dos.


¡Fin del Capítulo Trece!

Oh jebus. (?)
No me creo que lo haya acabado, una disculpa, tuve un examen y me atrasé. uvù

Espero que les haya gustado. Próximamente el último capítulo... ; ;

Igual ya tengo un fanfic más como proyecto, si les gusta la pairing podrán pasar y verlo, y éste si será largo, l-lo prometo. (?)

Gracias por llegar hasta aquí~