strongCBustos96... que bien lo sabes. Una reina tiene sus necesidades, claro XD.
kykyoko-chan, razón no te falta, pero sintiéndolo mucho la más buenorra sigue siendo ella.
Bueno, Love, no esperemos más. Aquí lo tienes. Ya me conoces y sabes lo que esperar XD.
Oh, y si me he dejado a alguien es porque la página ha pasado de registrar los últimos reviews. De otros fics los he salvado porque veo los emails, pero la mayoría los había borrado. Tengo esa mala costumbre.
Emma Swan
Regina me había regalado un espejo grande y uno de mano para poder hablar con mis padres. Yo, sin embargo, estaba preocupada por saber a quién llamaría al día siguiente. Lo que había sentido al tocarla me había dejado claro que quería repetirlo. Sería engañarme a mí misma decirme que no había sido de las mejores experiencias de mi vida. Salir de la habitación, y despedirme de Regina, no había sido de mi agrado, ella se quedaba en la cama, esperando a su siguiente esposa… y yo volvía al palacete. Supongo que, con el tiempo me acostumbraría, pero no dejaba de ser una costumbre que no me gustaría nada tener que conservar.
Admito que cuando entré en el palacete y vi a Ariel… me sentí frustrada. La mujer iba vestida como toda una fulana. Un vestido con la espalda abierta, un escotazo tan prominente que casi distinguía sus pezones, unos tacones tan altos que la hacían parecer unos diez centímetros más alta… y un maquillaje que la hacía increíblemente sexy. Su traje rojo hacía que me diesen ganas de sobarla hasta a mí.
_ Nos vemos esta noche, ricitos de oro._ Me dijo, guiñándome el ojo y abandonando el pasillo.
Regina Mills
La carne es débil. Los planes que tenía para aquel día originalmente pasaban por un día en el bosque, de aventura. Algo que había prometido a la persona cuyo nombre había tachado varias veces. Sin embargo, sólo le había garantizado que lo haríamos esta semana. Podría moverlo al día siguiente sin que ella se enfadase. Además, era bastante comprensiva.
Y yo… estaba frustrada. Maldita sea… Esa maldita mujer, Emma Swan. Quería respetar su espacio, de verdad. A fin de cuentas, acabábamos de casarnos y apenas nos conocíamos. Pero la forma en la que me había tocado la noche anterior… había sido… indescriptible. Esperaba movimientos torpes, pero aquella chica… aquella mujer que, por lo que yo sabía era una virgen… se movía con un arte que me había dejado tocada.
Aquella mirada de niña inocente mientras me acariciaba, y cómo había chupado mis pezones con absoluta devoción, sin dejar de mirarme a los ojos. Me era imposible quitarme aquella escena de la cabeza. Estaba excitada y frustrada. Y por eso había escrito aquel nombre. Porque sabía que Ariel era… bueno, la chica ideal para que mi calor descendiera.
_ ¿Llamabas?_ Me giré, y me la encontré de cara.
La impresión fue grande. Ariel siempre venía vestida para la ocasión… pero desde luego, aquello era un grito desesperado de atención. Una que yo no tenía dudas de que iba a recibir. Me acerqué, rodeando su cintura con ambas manos, y le di un beso pasional, lascivo. Ella me correspondió y se separó, riéndose un poco.
_ Madre mía… ricitos de oro te ha puesto como un toro._ Se rió, acariciando mis brazos._ Que suerte que no soy celosa, ¿Verdad?
Me sonrojé un poco, pero ella simplemente me acarició la mejilla con una mano. Cuando la soltó, pasó su lengua por mi sonrojada mejilla, y me estremecí.
_ Eres una niña mala, Regina. Te pones a mil con una niñata y luego me llamas para que te baje el calor._ Se volvió a reír._ Sabes bien lo que me pone, mi reina.
Sí, porque lo cierto es que Ariel era… bueno, fácil. Prácticamente todo la ponía en marcha. Desde fantasear con tríos hasta la idea de que yo estuviese pensando en otra, como pasaba en aquel momento.
_ ¿Quieres teñirme de rubio y empotrarme con un vestidito como los de tu amiguita? ¿Eso quieres?_ Me preguntó, colocándose muy cerca de mí.
_ No._ Negué._ Me gustas así.
No quería la fantasía de Emma. Para Emma, prefería esperar a la de verdad. Yo tenía paciencia, y ella bien merecía esperarlo. Ariel sonrió.
_ Muy bien, eso está bien. Y no me importa el nombre que grites mientras lo estemos haciendo._ Dijo, tranquila.
_ Ven conmigo._ Le dije, tirando de su mano.
Avanzar por el castillo era algo difícil con los tacones que ambas llevábamos, y aún más cuando, al salir a los terrenos, me dirigí a los establos. Aquel era… bueno, mi lugar secreto. Allí había estado con mi novia Danielle antes de que mi madre la exiliase y me obligase a casarme con Mal.
_ Pero que morbo…_ Dijo la pelirroja cuando la empujé al suelo, lleno de paja._ Me encanta cuando te pones salvaje.
_ Aggg… cállate y quítate la ropa._ Le dije, directa.
Ella mantenía la sonrisa mientras se quitaba el cortísimo vestido que llevaba. Tal y como me imaginaba, había sido previsora y no llevaba nada debajo. Ariel sabía exactamente a lo que venía cuando la llamaba. Y yo sabía lo que ella hacía cuando estaba en el palacete. Estábamos conformes con nuestra forma de relacionarnos. ¿No era eso lo importante, después de todo?
Yo me despojé de mis prendas, tardando bastante más que mi compañera. Esos malditos corsés son un invento perverso. Cuando me libré de todo me arrojé sobre ella, besando su cuello desnudo. No dejaba de pensar en Emma. Y eso debió reflejarse en mi cuerpo, porque cuando Ariel acarició mi sexo lo encontró húmedo y caliente.
_ Te he echado tanto de menos, Regina._ Me susurró, moviendo sus dedos con mucha calma. Yo me estremecí.
_ Y yo a ti…_ Era cierto. Hacía demasiado que no la llamaba. Siete mujeres eran demasiadas. Y las tradiciones, ocasionalmente, duras.
Ariel recompensó mis palabras colocándose a mi espalda y regalándome las atenciones de su lengua. Yo me acomodé, dejándola trabajar. Ariel era toda una experta, y sin duda la mujer con menos prejuicios que había conocido jamás.
Gemí furiosamente, notando la cercanía del orgasmo que el día anterior Emma me había negado en su egoísmo. Ariel lo vio venir, y aferró sus dientes a su perla favorita, mientras sus dedos se introducían directamente en mi interior. Me estremecí, lancé un grito, y finalmente llegó. Finalmente me sentí satisfecha.
Pero era una reina magnánima, y le debía a Ariel el mismo trato de favor. Ella se acomodó sobre la paja, invitándome. Yo me relamí y me acomodé sobre su sexo, moviendo mis caderas sobre las suyas. Ella me rodeó con sus piernas, y nos movimos en un encaje que ya conocíamos bien. Habíamos estado juntas varios años, y sabíamos cómo complacer a la otra. Fue intenso, rápido y obsceno, como a Ariel le gustaba. Ambas estallamos aferradas la una a la otra, frotando nuestros pechos con nuestro movimiento. Y finalmente caí sobre ella, agotada.
_ ¿Y qué te apetece hacer ahora?_ Le pregunté, recuperando el aliento, mientras jugaba con un mechón de su pelo pelirrojo.
_ Me gustaría ir a nadar._ Me dijo. Yo reí.
Ariel adoraba nadar. Era su pasión, desde luego. El mar. ¿Quién podía reprochárselo? Era una sirena, después de todo. Había renunciado a su vida en el mar para casarse conmigo. Y allí estábamos ahora, en un establo. Hice un gesto con la mano y nos cubrí a ambas con trajes de baño. El suyo era rojo, y bastante corto. El mío era negro, más largo.
_ ¿Qué tipo de atuendo es este?_ Preguntó, observando su bikini.
_ Tengo muchos espejos, Ariel. Algunos me han mostrado reinos que te sorprenderían._ Me reí._ En algunos usan esto para bañarse.
_ Es cómodo._ Ratificó mi joven esposa, poniéndose en pie._ No es como tener mi cola, pero…
_ Tendrás unos cuantos más._ Le dijo, dándole un golpecito en la nariz._ Y ahora vamos al lago.
Un solo golpe más de mi mano y aparecimos en el susodicho lago. La magia era algo decididamente muy práctico. Ariel no hizo más preguntas y se lanzó a las aguas, haciendo unos largos. La verdad es que yo tenía algo de frío, pero finalmente me metí, con algo menos de prisa que ella, y empezamos a nadar.
_ Regina…_ Me llamó._ No crees que soy sólo una… bueno… ¿Una mujer fácil, no?
Repentinamente me miraba con dudas en sus ojos. Eso me extrañó. Pensé que era lo que le gustaba ser. Quizá sólo había querido probar sus "juguetes nuevos", una vez que perdió su cola, con demasiada intensidad. Me acerqué y la abracé por la espalda.
_ Eres la chica que me llevó a buscar conchas marinas en nuestra primera cita._ Me reí.
_ Te caíste…_ me recordó, apesadumbrada.
_ Y tú me llevaste en brazos al castillo._ Le recordé, besando su hombro._ Una mujer fácil no hace eso.
Maléfica
Hoy iba a conocer finalmente a la novata. Había intentado, una por una, intentar echar a las mujeres que me quitaban mi sitio frente a Regina. Pero nunca parecía resultar. Aquellas mujeres parecían ver en ellas lo mismo que yo veía. Y eso me frustraba. Había tenido a Regina sólo para mí aquellos años, y había sido… maravilloso. Dormir a su lado todas las noches, rozar su piel, que era para mí sola. Que me contase sus secretos. Y ahora era sólo la primera esposa gruñona y anticuada.
Si no supiese que Regina me mataría sólo por sugerirlo, haría una barbacoa con todas esas chicas y me las comería sin pensármelo dos veces. Me dirigí a la habitación nueva y toqué sonoramente. Como me esperaba la que me abrió la puerta era toda una chiquilla. Me ponía de los nervios.
_ Así que tú eres Emma._ Mis ojos cambiaron de color.
La asusté… pues claro que la asusté. Una bruja ataviada con cuernos, con un báculo en la mano y con los ojos iluminados.
_ Sí._ Dijo, tratando de sonar serena._ Y supongo que tú eres Maléfica. Es un placer conocerte por fin.
_ Si tú lo dices. Bueno, sólo pasaba para saludar._ Mentí descaradamente. Pasaba para intimidarla, desde luego.
Y entonces, como una advertencia, una flecha me pasó rozando el hombro. La ropa se hizo girones, pero mi piel ni tan siquiera se marcó por el paso de las flechas. Me giré, sabiendo exactamente la persona que había disparado y lo que me esperaba.
Emma Swan
Estaba segura que si aquella mujer se lo proponía iba a terminar meándome encima. Esa estampa suya daba verdadero pavor. Si no llega a pasar aquella flecha delante de mis narices, a lo mejor me hubiese escondido debajo de la cama. Nunca había visto a nadie así.
_ ¿Ya estás asustando a la nueva otra vez?_ No reconocía a la recién llegada. Pero parecía que Maléfica no estaba contenta de verla._ Llevo teniendo que hacer esto desde que llegó la tercera esposa, Mal. ¿No hemos madurado todavía?
_ Cállate, niñata. Tú eres la primera que no debería haber venido aquí. Ni siquiera eres princesa._ Contestó Maléfica, furiosa.
_ Claro… porque mi "tribu", como tú la llamas._ Dijo, haciendo comillas en el aire._ Es menos digna que tu escuadrón de gorrinos ayudantes. Anda… marcha a tu habitación.
_ Bien._ Dijo la mujer, desvaneciéndose envuelta en una llamara verde.
_ No le hagas caso, Ems._ Me dijo._ Está cabreada porque Regina no la ha elegido para mañana.
_ ¿Y a quién ha elegido?_ Pregunté. Lo cierto es que en el momento en que se habló del tema estaba dormitando.
_ A mí, claro. Esta semana teníamos planes. Nos vamos de aventura._ Dijo, sonriendo.
_ Sí que pareces toda una aventurera_ Le dije, mirándola._ ¿Cómo haces para controlar a esa bruja? No quiero acabar otra vez teniéndola cabreada.
_ ¿Al viejo dragón?_ Se rio._ Le gusta aparentar, pero no te va a tocar un pelo, Regina la mataría. Aunque mis trucos también ayudan.
_ ¿Tus trucos?
_ Soy toda una loba._ Sus ojos, en aquel momento, emitieron un destello dorado.
Regina Mills
Me costaba dormir. Seguía pensando en Emma. Y ya no sólo en el sentido sexual. Me lo había pasado genial con ella a pesar de que apenas habíamos hecho nada. Me separé del cuerpo desnudo de Ariel, cubriéndola con la manta y dando un suave beso en su mejilla, y me acerqué al espejo de mi habitación. El mío era distinto a los demás. No era un simple pasillo, pues me servía para abrir cualquiera de los que había colocado.
_ Emma…_ Murmuré mientras lo presionaba._ ¿Emma?
Veía su habitación, y escuché ruido. La vi pasar por delante del espejo… acababa de bañarse y llevaba una bata. Su pelo mojado caía sobre esta mientras ella se lo secaba. Lo admito… las mujeres recién duchadas son mi debilidad. Y Emma no era precisamente una excepción.
_ ¿Emma?_ La volví a llamar, ella dio un bote.
_ ¡Regina!_ Exclamó._ ¿Qué haces en mi espejo?
_ Sshhh. No hables tan algo._ Dije, girándome. Ariel se movió ligeramente, pero seguía dormida, solía caer como una piedra._ Quería hablar contigo y proponerte algo.
_ ¿Proponerme algo?_ Preguntó, confusa._ ¿Qué quieres proponerme?
_ ¿Te gustaría salir de excursión? ¿Ahora, las dos solas?_ Pregunté.
_ ¿Ahora?_ Preguntó, extrañada._ Bueno… ¿No es un poco tarde? Deberías estar dormida. Mañana te espera una aventura con… ¿Ruby, se llamaba?
_ Sí… pero es mañana._ Le dije, sonriendo._ Ahora quiero salir contigo.
_ No sé… Regina…_ Dijo, dudando._ No podemos sacar los caballos del establo sin que lo descubran.
Intentando no pensar en lo que había hecho aquella mañana en el establo, me serené y la miré. Sonreí, sabiendo el efecto que las siguientes palabras que iba a decir causarían en ella.
_ Me gustaría llevarte a volar, Swan.
Y creo que con esta ya están todas, ¿No? Llevamos siete XD.
