Siento que hace una eternidad que no escribo este fic XD. Pero ahora que he terminado SwanQueen is EndGame, creo que tardaré menos XD.

Kykyo, la verdad es que sí. Son monas, a mí me han encantado XD

navarroparrilla, más largos no, lo siento, pero ahora creo que iré actualizando antes XD. Y claro que Morgana es una bitch.

Correcto, 15marday. La reina debe escoger a una de sus esposas para que tenga su descendencia. Eva escogió a Cora, y sí, abdicó y se convirtió en reina madre. Por eso Regina, su elegida (Que no su primogénita), se convirtió en la siguiente reina.

KaoriD, dale tiempo a Emma. Llegará lenta pero segura. Ella apenas ha tenido tiempo con Regina, después de todo XD.

gencastrom09. Sencillamente creía que Ruby era la perfecta para ese papel. La favorita de Regina, o eso aparenta, y Emma se tiene que sentir culpable si la odia XD.

Love... está claro que mi Cora favorita es Rose. No por nada contra Barbara, que me encanta también, sino porque Rose fue para mí durante mucho tiempo la mujer más actractiva que había visto jamás. Luego llegó Lana y la cosa se complicó. Pero... ¿Por qué crees que Anzu tiene su mismo rostro? En realidad ya tenía a Anzu con esa cara desde mucho antes. En cuanto a lo que has dicho, no te equivocas, no.

Guest misterio, me alegro de que te guste, perdón por el retraso en subir.

Lo mismo digo, Samantha. Toma otro capítulo.


Regina Mills

_ No deseo verla, madre._ Dije, con la voz más suave que pude._ No tengo intención de ver a Morgana mañana, lo siento.

_ Hija, es tu esposa también._ Insistía Cora._ No puedes simplemente olvidarte de que existe.

Bufé, hastiada. De qué servía ser reina si mi madre podía seguir controlando mi vida. No me gustaba aquella mujer, y sabía muy bien el motivo. Era exactamente igual que la mujer que tenía delante. Controladora, posesiva y dominante. Muchas veces dudaba que me quisiera de verdad.

_ Eva está de acuerdo conmigo, Regina._ Dijo, cruzándose de brazos, y mirándome como si me acabase de lanzar un argumento irrefutable._ No puedes dejar a tu esposa abandonada.

Era, de hecho, un argumento irrefutable. Cuando Eva estaba de acuerdo con alguna de las cosas que Cora decía, significaba que debía tener que ver con alguno de los antiguos escritos. Suspiré, largamente, y tomé el sobre con el que ya había decidido a mi visitante del día siguiente.

Tomé el papel en el que había escrito, con bastante ilusión de hecho, el nombre de Emma, lo hice una bola y lo lancé a la papelera. Tomé mi pluma, otro de los papeles y, con desgana escribí "Morgana Le Fay", dejando el nombre de nuevo dentro del sobre y dándoselo.

_ Bien, hija. Haces lo correcto._ Dijo, con una sonrisa que, a mis ojos, era cruel.

Emma Swan

No creía que pudiese dormir. La sonrisa con la que Ruby había vuelto de su día con Regina me hacía darme cuenta de que era la clara favorita. Y me sentía celosa. Pensé que las cosas serían más simples. Llegaría, me vería obligada a estar casada con una mujer a la que odiaría, y sería una más de entre su harén, por lo que probablemente no volvería a verla jamás.

Pero no era así, ni mucho menos. Regina era la mujer más atractiva y sensual que había conocido jamás. Y estaba colgadísima de ella. A pesar de eso, sólo era una séptima parte de su conjunto de esposas. Y por eso, cuando llegó a la doncella de nuevo, estaba igual de expectante que las otras chicas. ¿Diría mi nombre? Ojalá lo hiciera. Me moría de ganas de verla.

_ Morgana Le Fay._ Dijo la mujer. Se notaba cierto resquemor en su voz.

Hubo un gran revuelo entre las otras chicas tras escucharla. La dicha, sin embargo, estaba apoyada en la pared de su habitación, con una sonrisa de satisfacción en los labios. Había algo en esos ojos azules que me daba escalofríos.

Morgana Le Fay

Pensaba que Cora sólo quería tenerme contenta unas horas, pero finalmente había conseguido que Regina me llamase para ir a visitarla. Y por supuesto, yo iba a aprovechar esa visita. Regina no iba a olvidarla de ninguna de las maneras. Sonreí y me acerqué a la habitación de Ariel. No llamé, simplemente abrí la puerta y me la encontré leyendo. No obstante, se sobresaltó al verme y el libro se le cayó. Sonreí, me encantaba asustarla.

_ ¿Tanto te cuesta llamar antes de entrar?_ Dijo, recogiendo su libro del suelo._ Si has venido a compartir cama, no me apetece, que lo sepas.

_ He venido a por ropa._ Dije, directa._ Quiero uno de tus atuendos.

_ ¿Y así lo pides?_ Dijo, apretando los puños._ Mira, me importa un comino que quieras estar guapa para tu cita con R…

_ Lo repetiré una vez más._ Mis pupilas se tiñeron por un momento de un tono naranja._ He venido a por ropa.

La mirada de Ariel se relajó por completo, desapareciendo todo atisbo de resistencia de su mirada. Dejó caer los brazos a ambos lados del cuerpo y su mirada quedó perdida.

_ Coge lo que quieras._ Dijo, con voz neutra.

_ Quiero el vestido que llevas puesto._ Dije, de brazos cruzados. Aún no se había cambiado, y era justo lo que buscaba para impresionar a Regina.

Ariel no dijo nada. Simplemente se fue quitando el vestido en silencio y me lo entregó. Yo la tomé por el cuello y la empujé contra la pared.

_ Podría matarte ahora mismo, ¿Sabes?_ Le susurré._ Si fueses algo más que un juguetito con el que acostarse… quizá lo hiciera. Pero sólo eres una ramera.

La dejé caer al suelo, sabiendo que aún tardaría unos minutos en despertarse, y me dirigí a mi habitación. Aún quedaban bastantes horas antes de acudir a ver a Regina. Había mucho que preparar.

Regina Mills

Estaba nerviosa. Morgana siempre había sido muy borde conmigo. Me trataba como si fuese una cría y ella lo supiese todo. No la soportaba. Y sin embargo, seguía siendo una de mis esposas. Cuando la puerta se abrió, con un sonido chirriante, me giré, llevándome una sorpresa que, a mi juicio, era agradable. Morgana se había vestido con un vestido morado, mi color favorito, que tenía un bonito escote y además, era ligeramente transparente en ciertos puntos. La hacía parecer muy apetecible, como poco.

_ Hola mi amor._ Dijo, acercándose a mí._ Te he echado mucho de menos.

Le hubiese dicho que yo también, pero mentiría. Ella se acercó y juntó los sus labios con los míos. Le devolví el beso, pues en eso era en lo único en lo que parecíamos entendernos. Se separó y sonrió, mirándome con esos profundos ojos azules que tan bellos encontraba.

_ Quiero pedirte disculpas por mi comportamiento, mi amor._ Dijo, apartándose el pelo del rostro._ No te traté como mereces ser tratada. Pero es va a cambiar, te lo prometo.

_ Me alegro de escucharlo._ Dije, suspirando._ De verdad es que quiero que nos llevemos bien.

_ Soy tu humilde esposa, Regina._ Dijo, haciendo una leve reverencia._ Sólo quiero hacerte feliz.

La rodeé con los brazos y dejé caer mi cabeza en su hombro. Lo único que yo deseaba era que mis siete esposas y yo pudiésemos llevarnos bien. A veces fantaseaba con que tenía una sola esposa, con que no era más que otra mujer del montón. Pero esa no sería mi vida.

_ Eres la manzana más dulce de la cesta._ Susurró ella. Yo la miré y sonreí.

Morgana Le Fay

Regina era demasiado buena, demasiado bondadosa. Bastaban un par de palabras amables y ella creía que tu arrepentimiento era sincero. Casi me daba pena manipularla así. Casi. Yo no tenía deseos de salir del castillo, de modo que decidimos tener una cita tranquila en el gran salón, y comer con las madres de Regina. En cierto sentido, me recordaba a las cenas con mi padre y Arturo. Aunque nada más lejos, puesto que en Camelot siempre había tenido que ocultar mi poder. En este reino, las cosas eran muy distintas.

La mesa era presidida por Eva, con Cora a su derecha. A su izquierda se sentaba Regina, y yo me encontraba a su lado, justo frente a Zelena. Odiaba a aquella mujer pelirroja. Se preocupaba por Regina. Hubo una época en la que pensé que podría utilizarla para llegar al trono. Pero pronto demostró ser absurdo. Zelena estaba conforme con su vida de princesita y sólo buscaba encontrar una esposa para sí misma.

_ Me alegra mucho que hayáis decidido quedaros hoy._ La voz de Eva era suave y conciliadora._ Ya pensaba que no iba a volver a ver mi hija nunca más.

_ No digas eso, madre._ Dijo Regina, tomando su mano y besándola._ Yo jamás querría dejar de veros.

Odiaba a esa familia feliz. La única a la que tragaba era a Cora. Sin embargo, quedarme callada y sonreír era bastante para contentar a mi esposa y a mi suegra.

_ Pareces una estatua._ La voz de Cora, dentro de mi cabeza, no me sobresaltó._ Anímate un poco, o Regina sospechará.

Yo asentí en silencio y puse la mano sobre la pierna de Regina, que se giró y me sonrió. Mi nueva actitud la había cautivado, al parecer. Eso era todo lo que necesitaba para que bajase la guardia. Cuando volvimos a la habitación, Regina estaba contenta y algo achispada por la sidra que habíamos tomado. La tomé de la cintura y la besé en los labios.

Regina Mills

Estaba un poco contenta cuando Morgana me besó. Yo la correspondí, y noté sus manos acariciar mi espalda. Yo estaba ansiosa, quizá demasiado. La tomé del vestido y la empujé sobre la cama, dejando que mi pasión se desenfrenase. Alcé la mano y las prendas de ambas desaparecieron. Quería sentir a Morgana, pues en la cama era donde siempre nos habíamos entendido.

Metí la cabeza entre sus pechos, devorando cada palmo de piel que había a mi alcance. Morgana gimió, pero no se quedó quieta. Sus manos aferraron mi culo, posesivamente, aferrándome y sobándome como si su vida dependiese de ello. Se dejó caer y sus labios se aferraron a mi sexo, besándolo apasionadamente.

Yo me dejé llevar, en mi puesto de poder, acariciando su hermoso pelo. Sentí cómo mi orgasmo me invadía, y miré a los ojos de Morgana, que en ese momento tomaron un tono naranja. Me quedé embelesada mirándolos, sintiendo como mi mente parecía convertirse en una masilla en manos de aquella mujer.

_ Lo hemos pasado bien hoy. ¿Verdad?_ Preguntó, en un susurro, mientras reptaba hasta quedar una vez más por encima de mí.

_ Lo hemos pasado bien._ Repetí, con la voz carente de emoción.

_ El mejor día de tu vida._ Se acercó aún más, quedando a escasos centímetros.

_ El mejor día de mi vida._ Repetí, con la misma voz.

_ Y por eso no volverás a llamar a ninguna otra chica… nunca más._ Dijo, autoritaria.

_ No volveré a…_ No podía acabar la frase.

_ No volverás a llamar a ninguna otra chica._ Dijo, clavando en mí sus ojos naranjas.

_ No volveré a llamar a ninguna otra chica nunca más._ Repetí, sintiendo cómo mis defensas se rompían.

_ A partir de ahora, me tratarás como tu única esposa._ Dijo, metiendo sus dedos en mi sexo.

_ Mi… única esposa._ Repetí, gimiendo.

_ Y ahora… hazme tuya, Regina._ Susurró.

Sentí como la llama de la lujuria se adueñaba por completo de mí. Tomé a Morgana entre mis manos y hundí mi cara entre sus pechos, mordiendo golosamente cada rincón que encontraba. Ese era mi sitio, entre los pechos de mi esposa. La dejé sobre la cama y me puse sobre ella, dejando que nuestros sexos se rozasen. Mi sexo supuraba de placer. Goteando de pura lujuria. Alcancé un glorioso orgasmo, escuchando a Morgana reír mientras se aferraba a mí.

Emma Swan

Me sentía inquieta. Mi corazón estaba encogido, y no había dejado de sentir una sensación de malestar en el estómago. No dejaba de pensar en Regina, en que quería estar con ella. Necesitaba conocerla mejor. Cuando llegó la asistenta, esta vez estaba pálida, y temblaba un poco. Sentía algo de pánico a medida que la mujer sacaba el papel del sobre y leía en voz alta.

_ Se hace saber… que a partir del día de hoy, y hasta nueva orden… La reina no desea compartir su lecho con nadie más que con Morgana Le Fay.

Maléfica fue la primera en aparecer frente a la mujer, pero las otras no tardaron en hacerlo. Se formó un tumulto frente a la pobre mujer, que no podía hacer nada mientras aquellas mujeres, como bestias, la rodeaban y ella terminaba echa un ovillo en el suelo, llorando.

_ ¡Parad!_ Les grité, apartándolas._ Ella no tiene la culpa, vale.

_ ¿Entonces quién tiene la culpa?_ Los ojos de Maléfica emitían resplandores verdes.

_ De Morgana._ Aventuré.

No se me ocurría ninguna otra responsable. Era una mujer malvada, lo supe desde la primera vez que la divisé. Podía ver a Maléfica furibunda, pero sobretodo veía a Ruby, con genuina preocupación en sus ojos. Elsa parecía al borde del colapso.

Morgana Le Fay

El nuevo vestido de Regina, morado y escotado, le sentaba mucho mejor de lo que lo había hecho. Lucía mucho mejor de lo que yo había pensado en un principio. Estaba tremendamente deseable. Me mordí el labio, rodeando su cintura con mis hombros.

_ Estás perfecta, mi amor._ Le dije, en un susurro.

_No sé… Morgana… No me siento cómoda así. Parezco… malvada…

_ Es como una reina debe verse._ Dije, iluminando mis ojos.

_ Es como una reina debe verse…_ Repitió.

Besé su cuello y ella se estremeció. Quizá ella fuese la reina, pero sería yo quién gobernase los ocho reinos con mano de hierro.