Sí, lo sé. He tardado mucho. Me han quitado una semana de tiempo para escribir. Pensaba avisar pero... la única manera de avisar era subiendo un capítulo de algo así que... LO SIENTO.

gencastrom09... lo siento, pero no. Es su vestido morado más clásico, el que salía desde las primeras promos de la serie.

Bueno, Kykyo. Se nos ocurren un par de maneras de romper esos hechizos, no... ¿Aplicaremos alguna? Quién sabe...

Samantha S. Dracul... es Morgana Le Fay... ¡Pues claro que es vil! Por eso es uno de los personajes que más me gustan de la ficción. Perversa diabólica y cruel. Me cabrea mucho que no sea un personaje canónico de la serie. Porque... Morgana es más interesante que Nimue, lo siento.

15marday... en este fic prácticamente todos tienen Magia. Pero ya se verá, ya se verá. Aún queda fic.

K.E... eso suena a un programa de la tele. Me gusta.

La cabeza fría eh... Bueno... es lo lógico Love. Pero... ¿Nos ceñiremos a la lógica?

parrillanderson... habría sido bastante épica tu propuesta. Un ataque combinado de seis elementos... me suena a final de anime y todo XD


Emma Swan

Tenía un ataque de pánico, o al menos así es como yo lo describiría. Creía que entre Regina y yo había algo, al menos algo que empezaba a surgir. Quizá no fuese como lo que sentía por Ruby, pero creía que algo de lo que habíamos vivido nos unía. Ahora, sin embargo, nos abandonaba a todas. A todas sus esposas salvo a Morgana, la mujer que ella misma me había dicho que no soportaba. Había algo más detrás de aquello y tenía que averiguar el qué. Es por ello que acudí a la habitación que más miedo me daba de aquella estancia.

_ ¡Maléfica!_ Grité, golpeando la puerta con fuerza.

La dragona salió y se me quedó mirando con desagrado. Se cruzó de brazos y se apartó el pelo rubio de la cara.

_ ¿Qué quieres?_ Le pregunté.

_ Salvar a Regina._ Le dije._ Está claro que Morgana le ha hecho algo. Ella no haría esto, ¿Verdad? No nos abandonaría.

_ No… no parece propio de ella._ Dijo, cruzándose de brazos._ Pero lo cierto es que no podemos desobedecerla. Si lo hacemos el castigo puede ser la muerte.

_ Pero estamos hablando de Regina._ Le dije._ Es nuestra esposa, y está en peligro.

_ Yo voy a respetar sus deseos._ Dijo, suspirando._ Pero tú haz lo que quieras. Regina estará bien. ¿Qué es lo peor que puede hacerle Morgana?

Morgana

Los labios de Regina estaban haciendo un gran trabajo. La forma en la que recorrían el miembro del rey George era hipnótico. El príncipe James había estado un buen rato mirando antes de que yo me quitase en vestido y le dejase que me penetrase fuertemente por detrás. El príncipe no sabía lo que hacía. Supongo que debía ser cosa de familia el ser un inútil. Pero era atractivo, y eso me bastaba por el momento. Yo simplemente miraba a Regina.

El rey emitió un gruñido y tiró del pelo a Regina, descargando sobre su rostro toda su semilla. La reina se quedó frente a él, con la mirada perdida y el rostro completamente manchado. El rey volvió a meter su miembro dentro de la boca de la reina, que cambió su mirada perdida por una expresión de deseo.

_ ¿Entonces, majestad? ¿Podemos considerar que nuestro acuerdo está…_ Gruñí, las manos de James apretando mis pezones._ llegando a buen término?

_ Llegará a buen término siempre que pueda descargar dentro de la reina._ Dijo.

Lo cierto es que Regina ya estaba cubierta de los restos del monarca. Se incorporó, besando al hombre, que debía sacarle al menos veinte años.

_ Haré lo que sea para hacer crecer mi reino._ Dijo. Tal como yo le había enseñado. Sonreí, con un hilo blanco saliendo de entre sus labios.

Se sentó sobre el rey, clavándose su miembro. Y entonces comenzó a sangrar, pero eso no la detuvo. Siguió cabalgando, gritando y gimiendo, mientras el rey sobaba sus pechos con ansia. James me pilló por sorpresa al pegarme contra la mesa y embestirme con furia. Sus ojos, sin embargo, estaban clavados en Regina, al igual que los míos. Aquella mujer era puro deseo. George gritó y gimoteó, dejándose caer sobre la cama en la que habían estado haciéndolo.

Yo dejé que James descargara sobre mí, y me dirigí hacia Regina. Nuestras lenguas empezaron a recorrer el cuerpo de la otra. Las reinas de los que ahora serían los nuevos reinos. Regina aún sangraba.

Morgana

Abrí los ojos, gimiendo dulcemente. Había tenido un sueño tremendo. La idea de Regina completamente anegada de flujo masculino me había puesto a tono. Y si bien ella no había visto mi sueño sí que se había percatado de lo húmeda que estaba, y despertar con su lengua entre los labios de mi sexo. Me estremecí, acariciando su pelo. Había estado cansada de la vida que había llevado. Pero ahora que todos harían lo que yo quería, la vida se presentaba de otra manera. La puerta se abrió en ese momento, y la antigua reina, Eva, hizo acto de presencia. Regina no se movió, y yo hice brillar mis ojos. La expresión de absoluto escándalo de la mujer desapareció por completo y se acercó sin mirar a su hija.

_ ¿Has visto a Regina? Me gustaría hablar con ella._ Dijo, mirándome inquisitivamente.

_ No… me he despertado y ya no estaba. Quizá esté en el baño._ Dijo, mientras aferraba la cabeza de Regina y la apretaba contra mi sexo, encharcado por el morbo que todo aquello me daba. Lancé un hondo gemido al derramarme sobre el rostro de su hija.

_ ¿Estás bien?_ Preguntó Eva, acercándose a mí y tocando mi hombro.

_ Sí, no pasa nada.

Emma Swan

Los pasillos de palacio eran oscuros y silenciosos en aquel momento. Aún me costaba llegar a la estancia de Regina sin perderme. Y si Morgana me veía, lo más probable es que acabase muerta. Aquello que estaba haciendo carecía de sentido, pero tenía que hacerlo, porque no soportaba pensar en que Regina estuviese en peligro, o, peor aún, en la perspectiva de no volver a verla. Conseguí encontrar la habitación en la oscuridad de la noche. Regina estaba durmiendo en su cama, sola. Me acerqué con delicadeza y la vi dormitar.

Estaba tan hermosa que casi me daba pena despertarla. Me dejé caer en silencio al suelo, a su lado, y no pude reprimir el impulso de juntar mis labios con los suyos. Regina abrió los ojos, que por un momento emitieron un leve destello morado, y se me quedó mirando antes de incorporarse. Por alguna razón parecía confusa.

_ Emma… Cariño… ¿Qué haces aquí?_ Me preguntó.

_ Es sólo que… estaba preocupada por ti._ Le dije, sincera._ Me pareció raro que decidieras querer ver sólo a Morgana hasta nuevo aviso.

_ ¿Qué yo decidí qué?_ Preguntó, mirándome. No parecía tener idea de lo que le estaba diciendo.

_ Pero… ¿Estás bien?_ Le pregunté. Ella me rodeó con los brazos.

_ Claro que estoy bien, mi amor._ Me susurró al oído. Sentí que mi corazón se desbocaba repentinamente._ Hablaremos pronto. Pero ahora debes irte. No quiero que Morgana te vea aquí.

Asentí, sintiendo cómo la Magia de Regina me envolvía y, cuando quise darme cuenta, me encontraba en mi habitación. Me tumbé sobre la cama, aún algo angustiada, y preguntándome dónde estaría Morgana.

Maléfica

El sonido de mi puerta al abrirse me despertó repentinamente. Pero nadie entró en la habitación. Sin embargo, cuando me acerqué vi una cajita junto a la entrada. La tomé entre mis manos. Era de terciopelo rojo. La abrí y me encontré con un hermoso collar adornado por una gigantesca esmeralda. Había una nota con una letra que reconocí como la de Regina. "Para mi primera esposa, mi primer amor". Rezaba la nota.

Tomé el colgante y sin pensármelo me lo puse. Hacía tanto que Regina no me regalaba nada. Era como si estuviese demasiado acostumbrada a mí. Noté un extraño cosquilleo en el cuello mientras me tumbada en la cama. Pero no le di importancia.

Evanora

_ De ningún modo._ Mi voz se elevaba en aquella sala con claridad pasmosa._ Es demasiado pronto.

No entendía la resolución de Regina. Tan repentinamente esa decisión. Nuestros ojos se cruzaron. Ella era la reina, pero seguía siendo mi hija menor y para mí una niñita. Y cuando me dijo aquello me quedé en blanco.

_ Escucha a tu hija, Evanora._ Dijo Morgana, con una sonrisa de oreja a oreja._ Es su decisión, después de todo.

_ Ya he decidido cuál es la esposa con la que deseo tener a mis hijas, madre. Quiero que se organice la ceremonia para mañana.

_ De acuerdo, Gina._ Dije, dándole un beso en la frente._ Avisaré a todos.

_ Gracias mamá._ Dijo, dándome un beso en la mejilla.

Morgana

Regina había acelerado mis planes de una forma increíble. Finalmente los ocho reinos serían míos. Y a partir de allí pensaba extenderme y conquistar el mundo. Todos los reinos caerían a mis pies. Y mi padre se daría cuenta finalmente de que yo era la única de toda su familia que merecería la pena. La única verdadera líder.

Tomé a Regina de la cintura y la besé profundamente en los labios. Tras tantos años de hacerme sufrir, y de hacerme sentir inferior, ahora estaría finalmente por encima de todos, en mi lugar correspondiente.

Regina Mills

Ser observaba por tantos ojos nunca era fácil. Había tantos súbditos esperándome. Esperando mi decisión. Yo tomé el sobre entre mis manos, mientras observaba a mis esposas. Todas ellas tenían una expresión de temor en el rostro. Salvo Morgana. Ella parecía sencillamente impaciente, tanto como los súbditos que nos observaban. El momento en que la reina de los ocho reinos decidía cuál sería la madre de sus hijas era uno de los momentos más importantes de su vida.

Mi vestido blanco ondulaba mientras me adelantaba al balcón, a la vista de todos. Había una aclamación general en la gente sólo por mi presencia. La sensación que producía el hecho de que mi pueblo me quisiera, era indescriptible. Sonreí mientras los observaba a todos.

_ Querido pueblo. Os he llamado para haceros saber mi decisión._ Dije, con voz solemne._ Sé que todos estaréis ansiosos por saber quién me ayudará a traer al mundo a la siguiente heredera de esta unión de reinos.

El pueblo se lo tomaba como una competición. Algunos incluso habían traído banderas con improvisados dibujos de sus rostros, o sus nombres escritos con pintura. Yo sonreía. Tenía el corazón encogido porque, una parte de mí, llevaba esperando aquello toda mi vida.

_ No tiene sentido que guarde por más tiempo mi decisión._ Dije, mirándoles._ El nombre de la futura madre de mis hijas es…

Repentinamente un silencio antinatural pareció adueñarse del lugar. Todos estaban expectantes. Notaba la garganta seca, producto de los nervios.

_… Emma Swan.

Emma Swan

Me quedé completamente paralizada cuando escuché las palabras de Regina. Ya había sido difícil recibir la noticia de que Regina iba a tomar esa decisión. Pero escuchar mi nombre salir de entre sus labios era algo que no esperaba. Estaba segura de que Morgana lo habría planeado todo, o de que sería Ruby la elegida. Esperaba un millar de cosas, pero desde luego no esperaba que Regina le dijese a todo su pueblo que quería que yo tuviese a sus hijas.

Eso significaba que yo era su favorita, que me elegía por encima de las otras seis. Las otras me miraron, y yo sólo pude tragar saliva, mirando hacia Regina. Pensé que habría explicaciones más adelante. O al menos, eso creía, hasta que Morgana apareció justo frente a Regina. Lanzando un sonoro grito.

Regina Mills

Morgana apareció frente a mí, con los ojos encendidos de tono naranja. Mi plan había salido tal y cómo quería. Desde la noche anterior, cuando Emma había besado mis labios, había recuperado el juicio. Y sin embargo, sólo había una forma en la cual podría librarme finalmente de Morgana. Provocar que me atacase.

_ ¿Crees que puedes elegir a esa maldita zorra de pelo de paja y que no voy a hacer nada?

_ Ese era el plan, la verdad._ Dije, cruzándome de brazos.

_ Pues te equivocas. Por suerte, tenía un plan de contingencia.

Morgana volvió a teñir sus ojos, y Maléfica apareció a su lado. La rubia no sabía que estaba pasando, hasta que la morena extendió la mano y el collar de su cuello cambió de color del verde esmeralda a un rojo intenso. La mirada de Mal se tiñó de verde, y lanzó un grito al tiempo que tomaba la forma de dragón. Yo me quedé congelada unos instantes mientras ella se sentaba sobre la superficie de la dragona. Mal no parecía capaz de razonar en aquel momento, mientras se elevaba por encima de mi cabeza.

_ Acabas de cometer tu último error, Morgana._ Mi voz sonó fría.

¿Quién se creía que era para utilizar a Maléfica de esa manera? Sentí que la rabia se apoderaba de mí en aquel momento. ¿Acaso pensaba huir? No iba a permitirlo. Elevé la mano, sintiendo cómo la magia me quemaba, y el colgante que aún se sujetaba al cuello del gran dragón tomó un tono morado antes de romperse en pedazos. Maléfica cabeceó y Morgana cayó. Su cuerpo fue atravesado por una de las lanzas de los guardias. Yo tragué saliva y la observé. Matarla no entraba entre mis planes.

Emma Swan

Todo había sucedido tan deprisa que me había resultado imposible creerlo. Nadie lloró en el funeral de Morgana. Ni tan siquiera los miembros de la familia real de Camelot. Ellos permanecieron en silencio durante la ceremonia. Si bien, ellos llevaron flores. Regina fue una reina ejemplar durante las ceremonias, a pesar de todo. Nadie se atrevió a dudar de ella, y yo tampoco. No fue hasta el día en que finalmente la criada volvió a llamarme para ver a Regina, cuando finalmente pude hablar con ella.

_ ¿Por qué me elegiste?_ Le pregunté, antes siquiera de saludarla.

Ella simplemente sonrió y se acercó para besarme en los labios, pero parecía decidida a no contestarme. Yo negué y la miré, insistente.

_ Ya sé que después de lo que pasó con Morgana la decisión está anulada… pero… quiero saberlo.

_ La verdad es que no lo sé, Emma. Sencillamente dije el nombre que a mi corazón le pareció correcto._ Dijo, estrechándome entre sus brazos._ ¿Acaso te disgusta?

_ No… es sólo que… no lo entiendo._ Susurré._ ¿Acaso lo dijiste sin pensar?

_ No._ Dijo Regina._ Te volvería a escoger de nuevo si me lo pidieran.

_ Bueno… lo harán._ Dije._ Cuando llegue la nueva esposa para sustituir a Morgana.

Me acurruqué entre sus brazos. Siete. Tenían que ser siete para que Regina pudiese decidir. Aún era Virgen y sin embargo Regina quería que tuviésemos una hija, llegado el momento. Eso me hacía sentir presionada. No sabía si quería que aquello siguiese adelante. A pesar de todo, dependía de la decisión de Regina. Esperaba que su nueva esposa no diera tantos problemas como la que había perdido.

Tercera Persona

El sudor se agolpaba en el pecho del mensajero mientras se esforzaba por subir los escalones de aquel enormísimo castillo. Maldecía a Morgana por haber traicionado al conjunto de los ocho reinos y por obligarle a él a ir dejando notas a las antiguas pretendientes de Regina, así como a otras nuevas. El castillo al que entró estaba, sin embargo, vacío. Nadie había acudido a recibirle. Pero supo llegar a la sala del trono donde una mujer, sola, bebía de una copa de vino en silencio.

_ ¿Qué te trae por estas tierras, viajero?_ Preguntó la mujer, apartando su cabello oscuro de sus ojos para observar al caballero con sus ojos maquillados.

_ Traigo una propuesta de matrimonio de mano de la soberana de los siete reinos, majestad.

_ ¿Tan sólo siete? ¿Cuál de las esposas de la reina ha muerto?_ Preguntó la mujer, riéndose.

_ Morgana_ Dijo el hombre, provocando que ella se callase y finalmente se acercase y ojease la invitación. Normalmente estaba acostumbrada a ser adorada. Y en otras circunstancias jamás habría entregado su mano a una mujer que ya poseía seis esposas. Sin embargo, estaba sola. Todos y cada uno de sus súbditos habían perecido. Y no podía ser reina sin reino. Por lo que simplemente suspiró y escribió su nombre con estilizada caligrafía. Estaba hecho.