parrillaanderson, pero no te mueras de amor XD. Te necesito despierta para que comentes.
Samantha, tranquila, que ya se resuelve.
Kykyo... quién sabe... a lo mejor es peor... TAN TAN TAN
Bueno, yo creo que es algo previsible, Muffy, pero la verdad es que me apetecía estar señorita.
George tampoco es de mis favoritos, gencastrom09... por eso mismo estaba ahí, entre otras cosas
NonSam... ADELANTO. No es ninguna de esas dos XD.
No sé, Love... al igual le caen un par de nalgadas a Cora... es una idea un tanto sexy, ¿No?
Perdona mucho por hacerte esperar tanto, Alex1621, no he podido publicar antes, que hay que respetar el orden.
15marday, la verdad es que la tradición es el pilar del fic, qué quieres que le haga XD.
Vale, tranquila K.E... que ya llega. Aquí tienes el capítulo. He acelerado la salida por ti, que conste XD. Son las cinco y media de la mañana y me voy a meter en un lío XD.
Emma Swan
Una vez mi nombre fue dicho, dos días después de la desaparición de Morgana, cierto alivio recorrió a las seis mujeres que Regina tenía como esposas. Significaba volver al curso normal de las cosas, al menos por el momento. Tragué saliva y me dirigí a la habitación de Regina. Al abrir la puerta, no la vi, sin embargo, cuando la puerta se cerró sola, ella me asaltó por la espalda y me rodeó con sus brazos. Besó mi cabeza y repentinamente me sentí relajada.
_ Siento haberte hecho esperar. Mi madre ha insistido en presentarme a todas las candidatas para que no vuelva a suceder lo de Morgana._ Me aferró con fuerza._ ¿Me guardas un secreto?
_ Soy una tumba._ Susurré, algo nerviosa.
_ No quiero a otra esposa._ Me dijo. Notaba su nariz aspirar mi aroma, empezaba a sentir calor._ Ya escogí ante todos a quién quiero por encima de todas. No voy a cambiar. Ya sé quién quiero que tenga a mis hijas.
_ Me escogiste a mí._ Dije, sintiendo como mis labios se torcían en una sonrisa._ ¿Por qué lo hiciste?
_ Emma… tú eres única. Te quiero con todo mi corazón._ Dijo, tomándome con fuerza y girándome para mirar a mis ojos._ Desde el primer día.
_ Pero… ¿Y Ruby?_ Dije, directa._ Ella es perfecta para ti. Ella debería ser la esposa más importante, no yo.
_ Quiero mucho a Ruby._ Acarició mi rostro._ Y a las otras cuatro… pero lo que siento por ti es distinto.
Los labios de Regina se aferraron a los míos, y noté mi pulso acelerado. Mi corazón era suyo. ¿Por qué me quejaba de que me hubiese escogido en lugar de disfrutarlo? Estaba feliz, notando las manos de Regina en mi espalda. No dejaría que la nueva esposa me arrebatase al amor de mi vida.
_ Regina…_ Le dije, en un susurro._ Quiero que me hagas el amor.
_ ¿Estás preparada?_ Me preguntó._ No quiero que lo hagas sólo por mi decisión.
_ Sí… estoy preparada._ Le dije, susurrando en su oído._ Soy tuya, Regina.
_ Lo haré._ Me dijo, sonriendo._ Pero no ahora. Tiene que ser especial. Lo haremos esta noche.
Eva
_ De modo que tú eres la elegida esta vez._ Dije, mirando a aquella mujer.
Desde luego, era exótica. Su piel de color chocolate destacaría sobre el resto de las esposas. Y era una belleza, desde luego. De hecho, era casi tan bella como Regina. Lo cuál era mucho decir, pues mi hija había nacido producto de la magia, para ser la mujer más bella de todas.
_ Espero que no tengas intención de rebelarte como ha hecho Morgana._ Dije, sonando fría. Cora parecía nerviosa.
_ Le seré sincera. Durante muchos años he esperado encontrar a alguien que equipare mi belleza._ La mujer suspiró._ Regina es esa persona. Es además inteligente, ingenio y desde luego, deseable. No estoy interesada en el poder. Ya lo he tenido durante muchos años. Es la belleza lo que me obsesiona.
_ Comprendo._ Dijo Cora, le brillaba la mirada.
_ Me gustaría organizar la boda cuanto antes._ Se apartó el cabello moreno del rostro._ Estoy ansiosa por volver a ver a mi reina.
Regina Mills
No pensaba priorizar a nadie por encima de Emma. Y aunque había escogido ya a la nueva integrante del palacio, tenía claro que con Emma tendría a mi descendencia. La rubia en aquel momento se hallaba tumbada sobre mi pecho, mientras yo jugaba haciendo tirabuzones con su pelo. Había dedicado todo el día a darle a Emma momentos especiales. Habíamos salido a montar a caballo, algo que ambas adorábamos. Habíamos comido solas, en el bosque. Y habíamos pasado horas tumbadas sobre la hierba, simplemente mirando al cielo.
Y ahora, la noche había llegado, y era el momento. Emma me miró, con una genuina sonrisa en los labios, las dos lo habíamos decidido sin palabras. Mis labios se juntaron con los suyos, presurosos, mientras notaba las manos de Emma acariciarme por encima de mi ropa. Quizá no hubiésemos hecho nada a lo que se pudiese llamar realmente sexo, pero de los tocamientos había aprendido mucho.
_ Emma…_ Gruñí._ Sí que sabes tocarme.
_ Quería estar a la altura._ Dijo, mordiendo mi cuello, yo me estremecí.
_ Siempre estarías a la altura._ Dije, mientras buscaba su casaca para abrirla. Al final, me pudo la impaciencia y se la arranqué. Ella se rio.
_ Deja que me ocupe de tu vestido.
Emma usó sus manos ágilmente para abrir mi corsé y cuando quise darme cuenta mis pechos habían botado fuera del vestido. Emma los tomó con afecto y empezó a besarlos lentamente. Sus manos se movían con seguridad, a diferencia de la otra vez.
_ Emma…_ Gemí._ Es tu día… deja que te de placer a ti.
Emma se quitó la casaca y el sostén y fui yo la que la acaricié con dulzura. Sus pechos eran más pequeños que los míos, pero se mantenían firmemente en su sitio, y eran muy agradables al tacto. Nuestras manos no se tomaron ninguna prisa en dar placer a la otra. Nuestros gemidos se iban perdiendo en el bosque. Emma se entretuvo mucho antes de dejarme finalmente ser yo la que lamí sus pechos. Emma se deshizo de sus pantalones y comenzó a tirar de mi vestido para deshacerse de él. Hice un gesto con la mano y se deslizó por entre mis piernas, quedándome sólo con la ropa interior.
_ Deja que me adelante cielo._ Le pedí, dejando que un reguero de besos empezaran a bajar por su pecho y su abdomen. Finalmente me encontré con la tela que cubría su sexo y empecé a lamer por encima de ella. Emma empezó a gemir, formando música para mis oídos.
_ Te quiero…_ murmuró.
_ Y yo a ti._ Le dije, mientras bajaba sus braguitas con calma y decidía usar mi lengua directamente sobre su piel. Mi lengua se coló en su interior y empecé a lamer ya sin impedimentos. Los gemidos de Emma empezaron a volverse particularmente sonoros.
_ No sabía que se podía sentir tanto placer._ Dijo, acariciando mi pelo y apretando uno de sus pechos con furia.
_ Sólo estamos empezando._ Dije, introduciendo con cuidado dos de mis dedos en su bonito sexo.
_ Eres cruel._ Gruñó, besándome._ Desvírgame ya…
Hice otro gesto con la mano y sobre mi sexo apareció un miembro falso, producto de la magia. Emma no se lo pensó mucho y sin decírselo, se lo metió en la boca. Yo me estremecí, pues aunque era de algo parecido a la gelatina, me hacía sentir todo lo que Emma le estaba haciendo. Empecé a gemir de placer, notando cómo el miembro se volvía duro y se marcaba más.
_ Emma… para… o no tendré aguante para ti._ Le dije, tomándola del pelo.
Ella me miró, con el ansia completamente marcada en los ojos. Era puro deseo lo que había en sus ojos. Se relamió y me besó en los labios, amorosamente. Yo empecé a entrar en su interior, con mucha paciencia, moviéndome despacio y abrazándola. Ella gimoteaba, dejándose llevar. Estaba tumbada sobre la hierba, de forma adorable.
La besé en los labios, notando aquella pequeña barrera que me impedía llegar hasta lo más profundo de sus entrañas. Me resistí a entrar un par de estocadas, ablandándola ante de romperla. Emma gruñó un poco, pero yo dejé que la magia fluyese a través de mí, para aliviar su dolor.
_ Regina._ Dijo, arañando mi espalda._ No te contengas.
Empecé a moverme mucho más deprisa, animada por mi esposa, besando sus labios, mordiéndolos, a medida que el placer me invadía y el orgasmo llegaba. Ambas lanzamos un grito de placer conjunto cuando nuestros cuerpos cayeron presa del agotamiento.
_ ¿Te ha gustado?_ Le pregunté, acurrucándome con ella.
_ Mucho._ dijo, acurrucándose en mi pecho._ Eres increíble, Regina.
_ Tú también eres increíble, Emma._ Dije, haciendo desaparecer mi arnés._ Me has hecho ver las estrellas de otra manera.
_ Será un honor formar una familia contigo, Regina._ Se acurrucó y nos quedamos dormidas.
Al día siguiente
Abrí los ojos, preparándome para otro de los días de mi boda. Por octava vez. Eran demasiadas bodas para una sola mujer. Pero debía hacerlo por mi pueblo. Me puse en pie y me puse ese nuevo vestido de boda. Eva estaba emocionada. Y yo, sin embargo, no dejaba de pensar en Emma, y en lo que habíamos hecho el día anterior. Había sido lo más maravilloso que había sentido en mi vida. Y, teniendo siete esposas, eso era decir mucho.
En las bodas solía mostrarme fría, y aquella vez no fue una excepción. Caminé al altar sin mirar a mi prometida y apenas escuché las palabras de ninguna de las personas. Esta vez la boda se estaba celebrando en palacio, y por tanto aquella noche dormiríamos juntas, antes de que ella fuese al palacete con las demás.
La mujer era hermosa. Pero lo cierto es que todas las habían sido. Aunque admito que había algo que me había atraído mucho al mirarla. Cuando nos besamos sentí cierta electricidad recorrer mi cuerpo. La tomé de la mano y subimos a la habitación.
Su nombre es Cleopatra, y viene de un reino ya extinto. Es exótica y muy bella, eso debo admitirlo. Cuando subimos a la habitación, admito que estaba ansiosa por dormir, pues aún estaba agotada del día anterior. Me tumbé en la cama con intención de cerrar los ojos, pero Cleopatra se puso sobre mí, con una sonrisa lasciva en los labios.
_ No pretenderás dormir en nuestra noche de bodas…_ Sus labios rozaron los míos, y de nuevo empecé notar esa electricidad.
Y esa corriente se trasladó a mi sexo, que despertó de su letargo y se humedeció rápidamente. Cleopatra hizo un gesto y nuestra ropa desapareció. El deseo me obcecaba. Cleopatra se dio la vuelta y yo metí la cabeza entre sus nalgas, lamiéndolas e introduciendo la lengua en lo más profundo de su ano.
_ Ah… sí… sigue así, mi reina._ Murmuraba._ Hacía tanto…
Apreté sus nalgas, jugosas, y terminé por morderlas. Ella gruñó, dejándose llevar por el placer que le estaba dando. Yo estaba con la mente algo obnubilada mientras le daba placer. La escuché sentir un orgasmo fuerte sólo por mis movimientos de lengua.
_ Ah… perdona… Ahora te toca a ti._ Se colocó sobre mi sexo y comenzó a lamerlo.
Y tenía mucho talento, a decir verdad. Me encontré ronroneando y acariciando su cabellera oscura. Estaba completamente centrada en ese placer, olvidándome de todo. Apreté su cara violentamente contra mi sexo. El orgasmo, duro y perverso, llegó y manchó toda su cara.
Volví a sentir cansancio. Sin embargo, cuando sus dedos recorrieron mis pechos, noté al instante cómo mi sexo volví a revivir. La empujé contra su lado de la cama y empecé a frotar mi sexo contra el suyo. Empecé a gritar, dejándome llevar por la furia que aquel placer me instigaba. Mi cuerpo estaba cansado, pero no podía parar de moverme sobre ella, que gruñía y apretaba mi culo, marcando sus uñas en él.
_ Eres toda una diosa._ Dijo, gruñendo, mientras tenía su segundo orgasmo._ Al fin he encontrado a alguien de mi nivel.
Caí sobre sus brazos, presa del agotamiento, y ella me abrazó, acunándome entre sus brazos.
_ Descansa, mi amor._ Dijo, en un susurro._ Mañana será otro día.
Cleopatra
Regina era toda una diosa del placer. Aun así, no podía forzarla tanto o terminaría con problemas de sueño y de agotamiento. Por suerte, como comprobé cuando llegué al palacete, había otras seis esposas con las que jugar mientras Regina no estaba conmigo. Aunque no todas parecían demasiado dispuestas. Por mi parte, había empezado por la parte fácil.
Ariel, con los ojos cerrados, terminó por caer de agotamiento sobre su cama. Yo salí de la habitación, aún desnuda y con una copa en la mano. Cuál sería mi siguiente objetivo, la verdad es que aún no me había decidido. Sin embargo… esa tal Emma tenía muy buena pinta.
