parrillanderson, en cuanto a Cleopatra, la verdad es que he pasado por un par de personas para el cargo. Aunque ahora mismo me la estoy figurado como Adriana Lima. Me da mucho el pego con según qué fotos. Aunque también me gusta Monica Belluci. De todos modos cuando avise en Twitter de este capítulo haré un pequeño montaje, como he estado haciendo últimamente.

Kykyo... supongo que dices que es insaciable... y sí, lo es.

15marday... supongo que sólo hay una forma de saberlo.

Sí, Muffy. Egipto me tira mucho, y Cleo es una verdadera depredadora.

Si sjl, Cleopatra es de fiar, no te preocupes, sólo es una chica calentorra. *Risas enlatadas*

Love, como llamé el capítulo anterior, es la octava manzana. Y bueno, intento que vaya a mejor, la verdad.

Bueno, K.E... o karlhaestrada, como prefieras que te llame. He tardado, pero la espera merece la pena, lo prometo.


Elsa de Arendelle

Casi sentía que hacía meses que Regina no me llamaba. Ella había elegido a Emma. Y sabía que no debía estar celosa, pero lo cierto es que la echaba mucho de menos, y es por eso que cuando me llamó, me sentía muy ilusionada. Había subido los escalones corriendo hasta llegar a la habitación. Me encontré a Regina mirando por el ventanal de la alcoba, con un precioso vestido azul. Y una sonrisa atravesó mis labios al verla girarse.

_ Buenos días, Elsa._ Me saludó, acercándose y tomando mis manos._ Siento haberte hecho esperar tanto desde nuestra última cita.

_ No pasa nada… lo entiendo._ Dije, notando cómo me ruborizaba._ Con todo el asunto de Morgana y… la llegada de Cleopatra…

_ Me gusta el color de tus mejillas cuando te sonrojas._ Me dijo.

Mis mejillas tomaban un color ligeramente amoratado cuando me sonrojaba. El morado era el color favorito de Regina. Eso lo sabía todo aquel que la conociese un poco. Me acerqué y besé lentamente sus labios, con dulzura. Era tan hermosa.

_ Vamos._ Me pidió, tomándome de la mano.

Andamos por el castillo, y una vez fuera, Regina pareció relajarse. Me sentía como en el cielo. Regina me tomó por la cintura, mientras observábamos el horizonte. Entrecerré los ojos, notando el ligero calor de aquella mañana.

_ Por lo que recuerdo, la boda de tu hermana es dentro de dos días._ Abrí los ojos repentinamente.

Lo admito, entre todo lo que había pasado, lo había olvidado por completo. Anna iba a matarme, hacía días que no hablaba con ella, y lo más probable es que no llegase a tiempo. Hice el amago de separarme y salir corriendo, pero Regina me retuvo.

_ Tranquila, mi amor. Los preparativos están listos. Saldremos mañana._ Me dijo, acariciando mi mano.

Aún era muy temprano, apenas se distinguían los rayos aún anaranjados del sol en la distancia. Esa luz le daba a Regina un aspecto aún más deslumbrante de lo normal. Me acerqué, y besé lentamente su cuello, ella tembló.

_ Lo siento._ Dije._ Me he emocionado.

Mis poderes de hielo estaban neuróticos últimamente. Sentía que era imposible lograr que se coordinaran como solían hacer. Regina, sin embargo, no se enfadó. A ella jamás le había dado miedo mi magia. Me empujó con delicadeza sobre la hierba. Sus labios se juntaron con los míos, y yo me estremecí.

_ Oh… sí… por favor…_ La miré a los ojos, rogándoselo.

Yo no era una mujer muy activa… sexualmente hablando. Pero durante todo aquel tiempo, no me había estado acostando con ninguna de las otras. Por más que Ariel insistiese al verme necesitada. Regina volvió a besarme, acariciando lentamente mi trasero.

_ Te quiero, Elsa._ Me susurró._ Lo siento si en algún momento… has pensado que te he olvidado.

_ No…_ le dije, besando la parte de su pecho que mostraba su escote._ Sé que estás ocupada. Sé que me quieres, lo veo en tus ojos.

Nos miramos, y una sonrisa apareció en nuestros rostros, mientras volvía a besar el cuello de Regina, esta vez sin provocar ningún incidente. Busqué el cierre de su vestido, y lo abrí con más destreza de la que quisiera reconocer. Los pechos de Regina dieron un pequeño bote cuando surgieron del corsé. Yo lancé una leve risita y me los llevé a los labios. Regina se estremeció. Lo había vuelto a hacer.

_ Elsa… no pares…

_ ¿Esto te gusta?_ Le pregunté.

_ Sí… sigue así.

Sonreí, sinceramente, y continué lamiendo su pezón, dejando que mi lengua fuese tan fría como el hielo ocasionalmente. Regina gemía, un sonido dulce para mis oídos, que provocaba que me humedeciera, y que me sintiese caliente. Mi vestido cayó, y fue Regina la que empezó a devolverme el favor que acababa de hacerle. Yo gemí, de forma ruidosa, sin dejar de acariciar su precioso y perfecto pecho.

Era una mujer afortunada. Afortunada de que Regina me hubiese escogido. Cuando todos me odiaban, me temían, ella dijo que sí, que se casaría conmigo. Y ahora, me estaba recompensando por ser una buena esposa. No necesitaba tener a alguien en mi vida, o al menos, eso era lo que siempre había creído. Pero, aunque podía ser feliz sin ella… mi vida estaba mucho más llena desde que Regina había entrado en ella.

Sus labios descendieron por mi cuerpo, sin tomarse prisas mientras su lengua acariciaba mi piel. Yo la miraba, con los ojos iluminados por una sonrisa. Ella me guiñó uno de los suyos y continuó descendiendo, deteniéndose en mi ombligo. Yo recorrí mi propio pecho con los dedos, expectante. La miraba, y ella finalmente llegó a mi sexo, y me dio un primer lametón, juguetón.

Yo lancé un largo y hondo gemido, que se entrecortó al notar su lengua, ya realizando un largo trabajo sobre mí. Gimoteé, con mi voz aguda, incapaz de controlarme. Regina se entretuvo un largo rato. Podía ver cómo se daba placer a sí misma, al tiempo que me lo daba a mí. Yo acaricié su pelo, notando cómo lágrimas de emoción manaban de mis ojos. Regina se alzó un poco y besó mis labios.

_ No llores, mi amor._ Me susurró.

Movió con mucha delicadeza mis piernas a ambos lados, y mi sexo recibió la visita del suyo. Me besó, dulcemente, al tiempo que nuestros sexos se rozaban, con mucha calma, y ambas ahogábamos nuestros gemidos entre los labios de la otra. Estallé, lanzando un grito, mientras mis uñas se clavaban en la espalda de Regina. Ella gritó un poco, pero no se quejó mientras se tumba sobre mí.

_ Tienes que tener más cuidado la próxima vez, cariño.

_ Yo… lo siento… ha sido la emoción. ¿Te he hecho daño?_ Le pregunté, angustiada. No solía comportarme así.

_ No lo digo por eso, cielo._ Acarició mi pelo.

_ Entonces… ¿Por qué?

_ Cariño… has congelado el lago.

Cleopatra

Ya había marcado a mi primer objetivo. Emma Swan. Joven, atractiva… el tipo de chica que solía gustarme. Y, teniendo carta blanca, ni tan siquiera me buscaría problemas con Regina. Era perfecto, a decir verdad. Aún mejor de lo que había soñado. Me acerqué a ella por detrás y acaricié lentamente su cuello, dejando que mi magia hiciera su efecto.

_ ¡Eh!_ Exclamó, dando un bote. Se me quedó mirando._ ¿No deberías ponerte algo? Si vas por ahí desnuda vas a coger un resfriado.

_ Es curioso que menciones eso._ Susurré, acariciando su mano._ Lo cierto es que en realidad tengo mucho calor y… pensaba que tú podrías ayudarme.

_ Lo… cierto es que no._ Dijo, negando lentamente._ Eres muy guapa, pero no estoy interesada. Lo siento.

¿Qué acababa de decir? Me había… me había dicho que no. ¡Eso era imposible! Mi magia había hecho caer imperios, había provocado que todos aquellos que yo desease me complacieran. Había convertido a Julio César en un perrito faldero. Y, sin embargo, aquella chica me decía que no. Tenía que intentarlo con más ganas.

La empujé contra la pared y uní mis labios a los suyos, sólo para sentir una patada en la espinilla. Me aparté, gruñendo, y sentí cómo su mano impactaba directamente contra mi cara.

_ He dicho que no, ¿Vale?_ Le espeté.

_ Está bien…_ Dije, de mala gana.

Ya había montado bastante espectáculo. Pero que no me iba a rendir era un hecho. Volvería. Mi magia no eran los únicos trucos que tenía. Aunque en aquel momento estaba caliente y furiosa, y la verdad es que no pensaba permitir que me dejasen con el calentón. Una cosa era una rectificación y otra bien distinta quedarme sola. Hacía muchos años que no tenía que hacérmelo yo sola, y no pensaba romper mi record.

De modo que miré una por una las puertas. Lamentablemente, la chica fría no estaba, porque me moría de ganas de ver si sus poderes tenían un buen uso en la cama. Por suerte mis ojos no tardaron en captar otra alcoba que podía ser de mi interés.

No se me había pasado cuando había conocido a las chicas que había una de ellas que tenía un culazo, y una cara con unos ojazos que quitaban el hipo. Y si no iba a tener al bollito Swan, desde luego, ella era una buena sustituta.

_ Buenas tardes, Ruby._ La saludé, entrando en su habitación.

Había pieles adornando toda la habitación, y diversos útiles de caza. Una chica aventurera, eso también me gustaba. Ella, en aquel momento, estaba afilando flechas, pero lo dejó al verme. No pude evitar darme cuenta de que sus ojos habían mirado mis pechos desnudos.

_ ¿Qué te trae por aquí? Eres… Cleopatra… ¿Cierto?

_ Sí… ese es mi nombre._ Le dije, con voz dulce._ Y venía a conocerte.

Mis dedos buscaron su cuello, y contemplé cómo sus ojos pasaban a tomar un tono amarillo, que se apagó ligeramente y le dio un tono verde. Ruby no dijo nada más, Me tomó del cuello y besó mis labios, posesiva. Bien, eso era algo que me iba gustando más. Me empujó sobre la cama, y yo me reí. Al fin estaba gozando de lo que significaba ser poderosa.

Ruby se deshizo de su ropa, sin pensarlo dos veces. Se lanzó sobre mí, y empezó a besarme, moviendo su cuerpo sobre el mío. Cuando quise darme cuenta ya me encontraba sintiendo su sexo sobre el mío. Gruñí, aferrando su bonito culo y azotándolo. Ella producía los ruidos propios de un animal mientras me montaba. Mordí su cuello y ella lanzó un aullido propio de un lobo.

Sí que era toda una loba, pero lo cierto, es que me gustaba estar encima. Acaricié su piel una vez más, y Ruby emitió un quejido, dejándose caer. Yo me puse a su espalda y acaricié su culo con mucha paciencia. Ella movía la pelvis por inercia, gimoteando, con su sexo húmedo. Me puse tras ella, sin dejar de acariciar sus nalgas, y comencé a devorar su sexo, provocando que aullara y gritase. Estaba en la gloria, la verdad.

Mis uñas se clavaron en su culo, dejando marcas que provocaron gemidos. Tomé un cuchillo y un guante de cuero que había en el suelo. Me puse el guante y cogí el cuchillo por la hoja, clavando el mango directamente contra su sexo. Ruby gritó, de gozo, y empezó a moverse a la par que mi mano, mientras yo la observaba con una sonrisa.

Ella se estremeció, presa de su orgasmo, y yo me acerqué a su boca, obligándola a devorar ella mi propio sexo, aunque lo cierto es que no hacía ninguna falta. Ella lo estaba haciendo como toda una perrita obediente. Acaricié su pelo oscuro con dulzura y ella me miró a los ojos. Los suyos volvían a tener un aspecto azul, como el cielo. Me derramé sobre su cara, y ella se relamió, incorporándose en la cama.

_ Veo que has disfrutado._ Le dije, guiñándole un ojo.

_ Mucho, la verdad._ Reconoció._ La verdad… está bien saber que eres tan abierta…

_ Sí… suelo serlo. Y yo me alegro de que pienses en las demás, y no sólo en Regina.

Me Tumbé en la cama, sobre el pecho de Ruby, y ella me acarició el pelo. Podía considerar que a pesar de todo, la tarde había sido un verdadero éxito. Ronroneé, mientras pensaba en Emma Swan. Y en cómo llegar a ella.

Emma Swan

Nunca había ido a una boda… a excepción de la mía, claro. Estaba un poco emocionada con la idea de conocer el reino de Elsa, y a su hermana Anna, que hablaba mucho del tema. Había varios carruajes esperándonos. Se suponía que Regina debía ir con sus madres. Me inquietó la mirada de Cleopatra mientras entraba en el suyo con Elsa, Bella y Maléfica. Negué con la cabeza mientras entraba en el mío, detrás de Ruby y Ariel.

Regina Mills

Hacía tiempo que no podía hablar con mis madres a solas, desde la elección de Cleopatra nos las veía. Hacía dos días y sin embargo sentía que había sido muchísimo tiempo. Cora estaba un poco más relajada que la última vez mientras tomaba asiendo. Una a cada lado y yo, como una niña pequeña, las rodeé con los brazos y las atraje hacia mí con ambos brazos para un abrazo grupal.

_ Vaya, parece que la chica nueva te va bien._ Dijo Cora, dándome un beso en la mejilla._ ¿Finalmente tienes siete mujeres a tu gusto?

_ ¿Significa eso que podré encontrar una para mí de una vez?_ Preguntó Zelena, cruzándose de brazos.

_ Claro, mi amor._ Dijo Eva, dándole un beso en la frente a mi hermana._ Te encontraremos a una mujer. Una que te guste. Una princesa, palabra.

_ Sí, eso espero. La señorita se ha llevado a todas las buenas._ Dijo, sacándome la lengua, yo me reí.

_ Yo también te quiero, Zelena.