15marday... Inocencia si crees que Elsa va a ser la protagonista.

Samantha... bueno, esa duda se resolverá pronto.

K.E Bueno, siento el retraso, pero espero que este capítulo te guste.

kykyo, Regina se las lleva sí, pero no a todas.

parrillanderson, la duración es la que viene siendo. Y sí que le toca sitio a Zelena, sip.

Love, no te falta razón. Nada enciende más a Cleopatra que el rechazo.

dcromeror, aquí está esa continuación, perdón por el retraso.


Regina

_ ¿Sigues decidida a tomar a Emma como la madre de tu descendencia? _ Estaba comiéndome una pasta, y la pregunta de Cora hizo que me atragantase.

_ Cora… no presiones a la niña._ Dijo Eva, alzando una ceja.

_ Sí, no la presiones madre._ Dijo Zelena, poniendo una aguda vocecilla.

_ Sólo me preocupaba que la pobre Cleopatra se sintiera menospreciada.

Tragué un poco de saliva. Es verdad que mi decisión estaba tomada, pero si se lo decía a mis madres, lo más probable es que me instaran a darle una oportunidad a la novata. No quería tener esa conversación.

_ Cleopatra es una mujer muy hermosa y nos estamos conociendo._ Dije, con voz queda._ Aún no puedo decidir con respecto a ella.

_ ¿Y en la cama qué tal?_ Preguntó Zelena.

Yo me puse roja como un tomate. Esperaba que alguna de mis madres dijese algo. Yo estaba roja como un tomate.

_ ¿Y bien?_ Mi hermana expandió la sonrisa.

_ La verdad es que es una fiera._ Admití._ No me dejaba descansar.

_ ¡Lo sabía!_ Dijo la pelirroja._ Tenía cara de eso.

Cleopatra

En parte soy… una coleccionista. Me gusta probar cosas nuevas… a gente nueva. Había dedicado un tiempo a analizar a las mujeres que había en aquel carruaje. Ya andaba con ganas de catar a la mujer de hielo. Sin embargo, de entre las tres personas con las que compartía en aquel mismo momento el habitáculo, la que más había llamado mi atención había sido, sin lugar a dudas, la dragona. Las maduritas tenían cierto encanto que llamaba mi atención. Llevaba un rato observándola cuando finalmente se volvió en mi dirección.

_ ¿Qué estás mirando, Novata?_ Me dijo, alzando una ceja._ No te conviene molestarme.

_ A ti no te conviene tenerme en contra._ Dije, poniendo mi mano sobre su brazo, rozando mi piel con la suya.

_ Das mala imagen paseándote desnuda por el palacete._ Dijo, mirándome fijamente.

Estaba tratando de resistirse, pero la lujuria ya había empezado a fluir por su interior. Yo me eché atrás un momento, pero lejos de ser producto del miedo, lo había hecho para que mis dedos rozaran lo de Bella al tratar de "sostenerme". Cuando me acercaba aproveché para rozar el cuello de Elsa. Había sido muy fácil.

_ ¿Tú crees? Bueno… si voy a dar mala imagen de todos modos…_ Me desnudé delante de ella, y se me quedó mirando.

Admito que hizo su mejor esfuerzo por resistirse. Pero no tardó mucho en renunciar a su resistencia y tomarme por la cintura para atraerme hacia ella y besarme con ansia. Yo alcé la mano y su ropa desapareció. Probablemente en circunstancias normales eso le hubiese resultado ultrajante, pero en este caso no se negó a que empezase a comerme sus pechos ansiosamente.

Maléfica era una mujer increíble, y Regina había sido muy mala por haberla abandonado como lo había hecho. Era una mujer muy necesitada de sexo, y yo pensaba dárselo sin pensarlo un momento. Fue entonces cuando un dulce sonido llenó nuestros oídos.

El sonido de los gemidos ajenos. Me giré y vi la mano de Bella metida bajo su falda. Elsa, había sido bastante menos discreta y entre sus manos había un cilindro de hielo que entraba y salía rítmicamente de su sexo. Ambas nos estaban mirando fijamente. Yo sonreí, viciosa, y con un gesto de las manos ambas acabaron de igual modo desprovistas de su ropa.

Se miraron un instante, y acto seguido, tomaron la decisión. Elsa transformó el cilindro que estaba usando en un miembro helado ceñido a su propio sexo y tomó a Bella de la cintura, penetrándola salvajemente. La rata de biblioteca gritó de gozo, y yo me detuve un segundo a mirar. Noté la mano de maléfica frotar mi sexo, de forma ruda, como para recordarme que estaba allí. Abandoné un poco la perspectiva de Bella y Elsa, y decidí tomar a Maléfica por la cintura y empezar a frotar nuestros sexos.

_ Al fin…_ Susurraba la rubia.

Los gritos de las otras tres mujeres llenaban el carruaje, pero yo estaba siendo más discreta. Maléfica aferró mis pechos entre sus labios, mordiéndolos alternativamente como toda una experta. Ambas nos derramamos a la vez y Maléfica se dejó caer, agotada. Había subido demasiado su ritmo con mi magia. Besé sus labios dulcemente y me giré.

Elsa seguía bombeando sobre el sexo de Bella, que gritaba de placer, notando cómo la chica de hielo le sobaba y helaba los pechos. Me relamí y me acerqué.

_ Chicas… chicas… calma._ Dije, en un susurro.

Las féminas se me acercaron, y sin intercambiar palabra se separaron, se acercaron a mí y empezaron a besarme. Yo besé a Bella en los labios, mientras que Elsa estaba dejando besos de hielo en mi piel. Mis pezones se pusieron aún más duros si cabía. Acaricié los traseros de ambas y apreté sus nalgas por turno. Firmes y deliciosas. Empezaba a humedecerme más.

_ Ya te has divertido bastante, Elsa. Ahora nos toca a nosotras._ Dije, monárquica._ Ya te estás quitando eso y dándonos uno a cada una.

Elsa no necesitó que se lo repitiese. Mi nuevo miembro, gélido, era de mi gusto. Tomé a Elsa de la mano y la empujé contra el asiento. No me lo pensé y penetré su culo, arañando sus nalgas con furia. Ella gritó, pero no pudo hacerlo mucho tiempo, porque Bella se la llenó sin piedad.

_ Eres más perversa de lo que quería, rata de biblioteca…

_ Cállate._ Gimió, besándome lujuriosamente.

Nuestros movimientos eran ansiosos. Elsa no dejaba de gruñir. Yo no dejé de moverme. Bella cogió una de las tetas de la rubia y yo hice lo mismo con la otra. Bella seguía besándome. Yo me sentía muy caliente. Me mordí el labio, notando otro orgasmo que Bella y Elsa continuaron. Salí de Elsa y la hice a un lado, tomando a Bella y arrancándole el fragmento helado para poder penetrar su sexo yo misma.

_ Tus libros no hablan de esto… ¿Verdad?_ Le susurre, apretando sus pechos.

_ No…_ Gimió, sumisa.

Oí gemidos y vi a Elsa masturbarse débilmente, sin dejar de mirar. Me excitaba mucho que me mirasen hacerlo. No tardé mucho en notar otro orgasmo y notar el miembro helado derretirse. Me dejé caer en el asiento y las chicas se acercaron, entreteniéndose en devorar mis pechos con ansia. Gruñí, abriéndome de piernas para una Maléfica que volvía, buscando más. Estaba en el paraíso.

Regina Mills

Lo cierto es que el viaje había sido bastante tenso. Mucho más de lo que quisiera admitir. Si de mí dependiese nos hubiéramos dormido hasta llegar allí. Salí del carruaje, y no pude evitar mirar a Emma mientras salía del suyo, escuchando un chiste que Ruby le estaba contando. Sonreí un poco, sin poder evitarlo.

Me sorprendió que el tercer carruaje no abriese sus puertas. Me acerqué, algo preocupada, y toqué con fuerza sobre la puerta.

_ ¿Chicas? ¿Estáis bien?_ Pregunté, con cierto aire de preocupación.

_ Sí… un momento._ Exclamaba la voz de Elsa desde el interior.

Escuché risas, y finalmente las chicas decidieron honrarme con su presencia. Elsa, morada como una ciruela, tomó el brazo que le entregaba y se aferró a él. Me dio un tierno beso en la mejilla.

_ No vais a contarme qué ha pasado ahí dentro, ¿Verdad?_ Les pregunté, alzando una ceja.

_ Me temo que no._ Dijo Bella, que se mantenía escondida detrás de su libro.

Decidí no darle más importancia mientras me unía a la gran cantidad de personas que atravesaba las puertas del castillo de Arendelle. El hogar de Elsa siempre me había parecido hermoso, en especial desde que había instalado la pista de hielo. Sin embargo, no disfrutaba mucho de la idea de patinar, y por ello había atravesado el patio por uno de sus bordes. No obstante, al llegar al recibidor, la reacción que yo venía esperando, se produjo de inmediato.

_ ¡Elsa!

_ ¡Anna!

Dejé que Elsa se separase de mí y la observé atravesar el salón, para juntarse con su hermana en un gran abrazo. La ternura que se profesaban mutuamente era lo más dulce que había visto en mi vida. No pude evitar darles una sonrisa mientras ambas hermanas se acercaban. Anna se abrazó a mí y yo le devolví el abrazo, aún algo confusa por la situación.

_ ¡Gracias por traer a Elsa a casa!_ Dijo, apretándome con lo que, presupuse, eran todas sus fuerzas._ La echaba tanto de menos…

_ No iba a dejar que se perdiese tu boda._ Dije, con una sonrisa en los labios._ Espero que tengáis paciencia para recibir vuestro regalo.

_ ¡Pero yo lo quiero ya!_ Espetó la pelirroja, poniendo morros como Elsa solía hacer.

Zelena Mills

Regina, como siempre, había acaparado toda la atracción de la gente que había a su alrededor. Le era imposible no lograr que todos acabasen mirándola. Yo suspiré y decidí perderme un poco en la inmensidad de aquel castillo, ya que nadie me estaba haciendo caso. Subí escaleras sin ton ni son, hasta que me encontré con un pasillo con las luces encendidas.

Las antorchas, que emitían una luz azulada, le daban un toque tétrico al corredor mientras lo atravesaba. Empezaba a preguntarme dónde estaría, cuando una de las puertas se abrió y sentí cómo la temperatura de la estancia descendía. Mi aliento se condesaba en el aire, visible a mis ojos.

Cuando una de las puertas se abrió, chirriando un poco, sentí un poco de miedo. Estaba helada, temblando, cuando una mujer hizo acto de presencia en el corredor. Ataviada de blanco, con un elegante vestido. Sus ojos se clavaron en los míos. Sus labios perfilaban una sonrisa, y yo sentí un escalofrío.

_ Lo siento… me he perdido._ Reconocí, mirándola._ Soy…

_ Zelena, lo sé._ Dijo, sin perder la sonrisa._ Sois la princesa de los ocho reinos.

_ Sí… soy yo._ Admití, sorprendida de que me conociera.

_ Yo soy Ingrid. Actual regente de esta parte del reino al servicio de vuestra hermana._ Dijo, con una leve reverencia.

_ Es un placer conoceros._ Dije, castañeteando los dientes.

_ El placer es mío._ Repentinamente noté un ligero calor que me envolvía, y me di cuenta de que un abrigo de piel había aparecido sobre mis hombros._ ¿Puedo acompañaros, princesa?

_ Me encantaría._ Reconocí.

Siempre tenía que ir sola. Todo el mundo se centraba en Regina y nadie quería ser mi acompañante. El brazo de la mujer parecía estar frío. Pero para mí la idea de ser acompañada era más que suficiente como para olvidarme de todos mis problemas, incluyendo el frío.

_ Zelena…_ Ingrid me habló en un susurro._ Te estás poniendo verde.

_ Lo siento…_ dije, avergonzada, concentrándome para apartar el verde de mi rostro._ Me sucede a veces…

_ A mí me parece encantador._ Dijo ella, provocando que me sonrojase.

Bajamos de la mano, al gran salón con el suelo helado. La gente nos miraba y se escuchaban cuchicheos. Decididamente nadie esperaba que viniéramos de la mano.

Cleopatra

Me sentía como metida en un buffet libre. Había tanta gente… tantas personas a las que seducir. Me resultaba difícil resignarme a las seis mujeres con las que compartía palacete y con Regina. Nunca había sido capaz de resignarme a aceptar simplemente a siete opciones. Yo había sido capaz de acostarme con más cantidad de gente en una sola noche. A fin de cuentas, estaba maldita.

Hacía años que sobre mí había caído la maldición de la lujuria, que me impedía dejar de pensar en el sexo. Al principio lo había visto como una tortura, pero tras tantos años lo veía como una bendición. Me había vuelto incansable y me había hecho descubrir cosas que antaño habría creído imposibles.

Y por eso no dejaba de mirar. Pensé en la hermana de Regina, y en la mujer que la acompañaba. Un trío con esas dos bellezas serían fantástico, pero lo cierto es que después de Maléfica, mis pensamientos estaban en algo de carne más tierna. Y encontré lo que buscaba al ver a la futura novia dar saltos de un lado para otro. Desde luego… era exactamente lo que buscaba.