¿En serio sólo han sido 10 capítulos? Me parecía que eran más. En fin, aquí tenéis el FINALE. Espero que estéis conformes con él porque, la verdad, no me sentía capaz de terminar esta historia de otro modo ^^

dcromeor... aprovechemos para meter un último giro.

15marday... ¿Sabe acaso hacer otra cosa?

Bueno, Kykyo... sólo puedo decir que a Cleo le encantan las manchas.

Bueno Vivi... este es el Finale, ha sido una suerte que no te pasara ahora XD

Waji... claro que la ama de verdad, con todo su kokoro.

ardimarlo, lo de la cobra está bien... es la historia original... pero me gustaría algo más... bueno, poético.

Bueno Love, algunas ideas se materializan... y otras no... nunca se puede estar seguro.


Cleopatra

Me relamía cuando observaba a aquella doncella bailar. Tan joven… y tan pura. No dejaba de pensar en hasta qué punto podría corromper su espíritu. Me estaba acercando, cuando sentí una mano, fría como el hielo, acariciar mi hombro.

_ Disculpe… ¿Me concedería usted este baile?

Me giré para encontrarme con una mujer de piel del color del Mármol, labios rojos cual destello sanguinolento… y ojos encendidos como el fuego. Todo mi interior pareció revolverse de pura pasión… deseo… y unos celos enfermizos. ¿Cómo osaba ser tan hermosa?

_ Sería un placer._ Dije, observándola.

Me tomó por la cintura con soltura y comenzamos un baile que se me hacía cadencioso y rápido. Uno que me costaba seguir. Eso era algo nuevo para mí. Sentía cómo el deseo me desbordaba por entero. Mi lujuria bullía como hacía mucho que no lo hacía. Siempre estaba encendida, pero desde luego no de esa manera. Me sentía marearme mientras danzábamos. Sentía como las voces a mí alrededor se acallaban, como si el salón de baile en pleno hubiese decidido callar al mismo tiempo.

_ Yo soy…_ Comencé.

_ Cleopatra… lo sé._ Dijo ella, en un murmullo._ Ya nos conocemos.

_ ¿Cuándo?_ Pregunté._ Creo que conocería a una dama como lo eres tú.

_ Una vez en una pesadilla… quizá._ Sentí cómo mi corazón, acelerado, se saltaba repentinamente un latido._ ¿Seguro que no te acuerdas de mí?

No podía recordar ese rostro. Jamás había visto una piel nívea como la suya. Ni unos labios tan rojos. Y esos ojos… esos ojos encendidos… los había visto. Los había visto… apagados.

_ Anzu, Cleopatra. Mi nombre es Anzu.

Noté que empezaba a temblar. Mis extremidades habían quedado repentinamente congeladas sólo a tiempo de darme cuenta de que ya no estábamos en el salón de baile. Me encontraba en un torreón, a solas con ella. Sus ojos me observaban con tanta frialdad que, por unos instantes, notaba el ardor de mi ser apagarse.

_ Tú… deberías estar muerta… Yo misma… yo misma te…

_ Sí… me envenenaste… Aunque supongo que es un destino mejor que el que esperó al resto. ¿No es cierto? Los vendiste a todos para salvar tu vida. Llevo mucho tiempo buscándote.

Anzu entreabrió sus labios, y mis ojos se abrieron de sorpresa y terror al darme cuenta de cómo sus caninos, afilados como cuchillos, parecían alagarse más allá de sus labios.

_ ¿Noto cierto terror en tu mirada? He oído que el dolor a la mordedura de un vampiro es insufrible si te resistes… supongo que lo sabremos ahora._ Dijo, mientras daba un paso en mi dirección.

Me desplomé, temblando como una criatura indefensa ante un depredador implacable. Pero no iba a dejar que Anzu me matase. No iba a morir así. La reina del Nilo no podía caer víctima de una venganza. Me aferré a la ventana y me lancé sin dudarlo. Cerré los ojos mientras caía del torreón, lanzándome a los brazos de la muerte. Un destino mucho mejor que ser devorada. Una muerte rápida.

Maléfica

Las copas se habían ido sumando y lo cierto es que empezaba a sentir que mi estómago se encargaba de consumirlo todo. Supongo que resultaba difícil beber para olvidar si lo mismo que provocaba que exhalase fuego provocaba que todo el alcohol que pudiese consumir se desvaneciese sin provocar efecto. Unos pasos me devolvieron a la realidad. Allí estaba ella, Anzu.

_ Está hecho, Maléfica._ Dijo, observándome._ Te agradezco que me indicases el camino a seguir.

_ Ha sido un placer, querida._ Dije, ofreciéndole la copa. Ella la tomó y tras observarla unos instantes, dio un trago.

_ Si no es indiscreto._ Anzu me miró a los ojos._ Me gustaría saber qué te ha empujado a llamarme.

_ No dejo que nadie me toque sin mi consentimiento, Anzu._ Aparté la mirada._ Ni que me inste a hacer cosas que no deseo hacer. Es cuanto necesitas saber.

_ Comprendo. Ha sido un placer, Maléfica.

Mientras observaba a aquella mujer del desierto desaparecer entre la multitud no pude menos que sentir un ligero escalofrío. Llamarla había sido el tipo de cosa que no había hecho desde que me había casado con Regina, y que no pensaba repetir. Pero sabía bien que Cleopatra era un cáncer. Uno que debía ser extirpado cuanto antes.

Cora

Eva era una mujer fantástica para el protocolo. Me quitaba de encima todos esos tediosos saludos a gente que no me importaba. No me malentendáis, amo a mi mujer, pero a veces tengo la sensación de que debería darme algo de espacio. Estaba mirando la nada, cuando unos ojos se cruzaron con los míos. Una mirada de fuego y tinieblas. Una que sentía que había visto antes.

Debía haber al menos diez metros entre esa mujer y yo, pero sabía que estaba oyéndome respirar. Podía sentir sus oídos atentos a mi pulso. Y pude sentir como una voz muy parecida a la mía se deslizada lentamente a lo más profundo de mi cerebro.

Un mensaje claro y directo. "Disfruta de la vida que te ha sido concedida". Fue como si de repente me diese cuenta de lo estúpido que había sido tratar de tramar contra mi propia hija… contra mi esposa. Con el propósito de demostrar que podía ganar por méritos propios un trono… que ya era mío.

Bella

Las fiestas no eran lo mío. Acababa de terminarme uno de mis libros y ya no tenía nada que hacer más que sentarme aburrida y esperar el paso de las horas. Escuché a alguien sentarse a mi lado y alcé la mirada al encontrarme con mi esposa. Regina me tomó la mano y me dedicó una sonrisa. Yo se la devolví.

_ Elsa te tiene agotada, ¿Verdad?_ Le pregunté.

_ Un poco. Ya estoy mayor para estas cosas._ Dijo, apartándose el cabello del rostro.

_ Tonterías cariño… estás magnífica… y lo sabes._ Le dije.

Amo mucho a Regina. Cuando su madre se presentó en mi castillo diciendo que me tomaba como pago para detener la guerra de los Ogros, la odié. Pero desde eso, había pasado mucho tiempo. Regina tenía el corazón lleno de luz, y era capaz de ganarse el afecto de cualquiera. Eso lo tenía claro.

_ Bella… tengo algo para ti. Llevo tiempo queriendo dártelo._ Dijo, mientras rebuscaba en su bolso._ Pero no encontraba el momento.

Regina sacó un pequeño libro y me lo entregó. No tenía título, lo cual me sorprendió. Pero no tanto como al abrirlo y encontrar una caligrafía fina y estilizada que conocía muy bien.

_ Esta es tu letra…_ Dije, mirándola._ ¿Has escrito un libro?

_ Lo he escrito para ti._ Dijo, mirándome a los ojos._ Cuando lo acabes… ¿Podrías ponerle título por mí? Se me dan mal esas cosas.

_ ¡Sería un honor, cariño!_ Reconocí.

Tenía lágrimas en mis ojos. Pero lo admito, era lo más bonito que nadie había hecho por mí. Ojeando las páginas no pude dejar de observar cómo Regina narraba las vivencias que habíamos vivido juntas, y el sentimiento que había en sus palabras. Me puse en pie y la abracé con fuerza.

Elsa

_ ¡Quiero brindar por mi hermana Ana! Espero que ella encuentre en su matrimonio tanta felicidad como he encontrado yo en el mío.

Hubo un gran murmullo general de aprobación y todo el mundo alzó sus copas para brindar por la feliz pareja. Había sido una ceremonia preciosa… y aunque está mal ser egocéntrica, creo que la nieve tiene mucho que ver. Anna y Kristoff formaban una pareja perfecta, como Regina y yo. No tenía dudas de que serían muy felices juntos

Regina Mills

1 Semana después

Había sido una semana larga. Días de festejo… y días de duelo a causa de la muerte de Cleopatra. Apenas habíamos empezado a conocernos y ya la había perdido. Me encontraba en la sala del trono, sentada en el que para mí muchas veces había sido un tormento. El trono. Y las decisiones que en él había tenido que tomar. Muchas veces había tomado decisiones que no deseaba, y tantas otras había hecho lo que alguna de mis madres creía que era correcto ante mi indecisión.

Pero no esta vez. Esta vez estaba decidida. Las cosas debían cambiar de una vez por todas. Cora me miraba incrédula, y Eva se mantenía impasible.

_ Me niego a tomar una novena esposa._ Dije, en un largo suspiro._ Hemos mantenido nuestra tradición durante muchos años. Pero… no puedo continuarla durante más tiempo. Amo con todo mi corazón a las seis mujeres con las que comparto el lecho. Y no necesito a ninguna más. No quiero ver a más pretendientas.

Durante un segundo, hubo un silencio tenso en la sala del trono. Pero finalmente, fue Eva la que me respondió.

_ Si eso es lo que deseas, nos parece bien, Regina._ Dijo Eva._ Tú eres la reina.

_ Tampoco soy capaz de darle hijas a sólo una de mis esposas. Considero que es cruel.

Fue entonces cuando Cora se alteró. Se puso en pie y me miró, incapaz de entender mi comportamiento, supongo.

_ Son las normas, Regina._ Dijo, tensa._ No puedes dar a luz a las hijas de todas.

_ Ese tampoco es mi plan._ Dije, muy seria._ Y espero que entendáis que hago lo que hago con el propósito de asegurar no sólo mi propia felicidad, si no la de todas mis esposas.

Narrado en tercera Persona.

Los cambios llegaron de forma rápida. Un palacete con siete habitaciones. Fue algo que se mantuvo. Sin embargo, la habitación principal comenzó a llevar el escudo de la familia Mills. Regina se trasladó y comenzó a ver sus esposas todos los días. La situación general mejoró, y ninguna de las esposas se sintió fuera de lugar. Y con el tiempo… no tardaron en llegar las niñas.

Desideria Mills

Hoy es mi cumpleaños. Cumplo diez. Mis madres dicen que es un día muy especial. Tengo seis hermanas. ¡Pero yo soy la mayor! Y algún día seré reina… o eso dicen. Yo ahora sólo quiero comerme la tarta. Así que me voy acercando a los dormitorios y las voy despertando. Somos todas unas remolonas. Pero al final consigo despertarlas a todas. Y hay una gran tarta en medio del palacete.

Nosotras no somos como las otras familias. Cada una de nosotras tiene su mami. Y Regina es la de todas. Hay diez velas en mi tarta. Me gusta mucho pasar tiempo en familia. Hoy vendrán los abuelos y me traerán regalos. Quizá la tía Elsa, Galatea y la tía Ingrid me hagan una estatua de hielo. Zelena siempre apoya los retoques de su esposa.

Sé que mañana la tía Ruby y Anita me llevarán de caza. Nunca consigo alcanza a Anita. Es demasiado rápida. No como Becca, que se pasa el día leyendo los libros de su madre. Lilith enciende mis velas con su aliento de dragón. ¡Es tan guay!

En cuanto a Athenea… me ha traía una armónica hecha con conchas. Ella y Ariel se pasan el día en el lago. No entiendo cómo no se aburren. Regina me pone una corona de papel sobre la cabeza. Soplo las velas, pero no pido ningún deseo, porque tengo todo lo que siempre he deseado.

Fin

Hijos de la Luna… esclavos del sol. Os he avisado muchas veces. Durante mucho tiempo he detenido mi mano. Pero… nunca más. Hoy, no me dejáis elección. Hoy termina esta guerra. Nunca más… nunca más.

_ Esas fueron sus últimas palabras. Y tras ello… la guerra terminó._ Las palabras de Ruby sonaban frías ante una Emma Swan ligeramente asustada._ Los vampiros y los hombres lobo… desaparecieron de la vista.

_ Y… ¿Cómo logró hacer eso?_ Emma parecía tensa.

_ ¿No es obvio, Emma?_ Ruby colocó sus gafas._ Del único modo en que podría haberla detenido.

_ ¿No estarás insinuando que ella…?

_ Sí… los mató a todos. Bueno… a casi todos. A tantos que la humanidad podría haber acabado con ambas especies aquel mismo día. Les obligó a esconderse. Como a ratas.

_ Desde luego la historia no tiene un final feliz._ Dijo Emma. Ruby cerró el gran libro que llevaba entre sus manos.

_ No suelen tenerlo cuando se trata de vampiros._ Emma no fue capaz de ver el brillo amarillento en los ojos de Ruby._ Y sobre esa chica… Regina… ¿Sigues saliendo con ella?

_ ¡Ruby! No salimos. Sólo me está ayudando con un trabajo de historia.

_ Sea como sea. No me gusta._ Dijo la morena, mirando a Emma con sus ojos azules._ Esa chica no trama nada bueno.

_ Si ni siquiera la conoces, Rubs. Es una buena chica. Y muy lista. Se sabe todo. Oírla hablar es una pasada. Cualquiera diría que vivió en esa época.

_ Y te creería si me dijeras que fue así._ Murmuró Ruby, tan bajo que Emma no pudo oírlo.

_ ¿No puedes intentar llevarte bien con ella?

_ Emma… eso iría contra mi naturaleza.

La rubia no entendía la magnitud de aquellas palabras. Como tampoco parecía entenderlas Regina mientras entraba en la mansión que en aquel momento se había convertido en su hogar. Las luces no se encendieron, pero ni ella ni la persona que la esperaba necesitaban la luz para verse en la oscuridad. Los ojos de ambas, teñidos de rojo, expresaban diferentes emociones. La mujer que esperaba en el sofá mostraba algo de rabia y de preocupación mal disimulada.

Regina en cambio tenía una expresión propia de una adolescente a la que acaban de pillar haciendo una travesura.

_ ¿Has vuelto a estar con esa tal Emma Swan?_ La mujer sonaba furiosa._ ¿Qué te he dicho sobre los hombres lobo?

_ Emma no es ningún hombre lobo._ Se defendió la morena.

_ Pero la rodean… día tras día._ La pelirroja se puso en pie y la tomó por el mentón._ No sabría qué hacer si te pasase algo. Si te dieran un mordisco… yo…

_ No temas, mamá… tendré cuidado._ Susurró Regina.

_ Eso espero… Regina… eso espero…