(No more) Fear

Lore-chan

-MINUS ONE-

Daiki se despertó a la misma hora que se despertaba todos los días sábados para practicar el bajo. Se refregó la cara con las manos para despabilar pasando a llevar sus grandes audífonos –jamás se despegaba de ellos, de hecho necesitaba dormirse escuchando música muy fuerte- había pasado una pésima noche debido al calor nocturno. Iba a pensar seriamente en hablar con su mamá y Michael y pedir al fin su antigua habitación.

Actualmente, la cochera era su habitación. Michael se lo había recomendado ya que así podría practicar a la hora que quisiera sin causar ruidos molestos a los vecinos. De hecho, su mismo padrastro había mandado a remodelar todo el garaje para que fuese adecuado para él. No podía quejarse… era gigantesco. No escuchaba nada del exterior ni el exterior lo oía a él.

El único problema era lo caluroso en que se transformaba en verano. Así que tenía dos opciones o pedía que le instalaran aire acondicionado o retornaba a su antiguo cuarto.

Se sentó en su cama mirando sin ganas a su alrededor…su pieza estaba pintada de rojo y negro, tenía un par de posters pegados a los pies de su cama y más al fondos tenía 3 bajos de diferentes colores junto a un atril. ¿Cuál ocuparía hoy?

Su estómago comenzó a sonar indicándole que antes de hacer cualquier plan debía ir a desayunar.

Se levantó a tumbos mientras se sacaba la camiseta que había usado para dormir… para sus 16 años tenía un cuerpo muy bien formado, había heredado la perfecta anatomía de su padre, Yamato Ishida, y, por supuesto, que usaba su apariencia a su favor, era el más popular de su secundaria y sabía que todas se derretían por él y Daiki se aprovechaba de eso.

Era un donjuán de tomo y lomo y orgullosamente – a su parecer – había perdido la virginidad a los 14 años y de allí no había parado.

Y pensar que su mamá creía que sus compañeras iban a estudiar y/o hacer proyectos… si supiera se dijo a si mismo con una sonrisa pícara, pero inmediatamente su rostro se acongojó.

Hace ya un año que la relación con su madre había comenzado a decaer. Específicamente desde que su padre dejó su banda y comenzó su carrera de productor musical. ¿Quién deja su banda reconocida internacionalmente? ¿Cómo renuncia a sus sueños así nada más?

Daiki se echó una toalla al hombro y caminó pensativo al baño a darse una ducha.

¿Qué podría haberle pasado a su padre para que justo antes de comenzar una de sus mejores giras haya dejado todo tirado?


Michael, estaba sentado en la cabecera del enorme y largo comedor leyendo atentamente las noticias financieras del día. Tomó un sorbo a su café para luego cambiar la pá grandes ojos verdes leían con detención cada gráfico y arrugaba la frente de vez en vez.

-Señor Phillips… – llamó su atención una joven mujer vestida de negro con un pequeño delantal amarrado a la cintura. Éste dejó de lado el periódico doblándolo con cuidado y miró a la chiquilla de corto cabello negro con una sonrisa – Ya son las 11.30 y las personas del servicio preguntan si usted necesita algo más de nosotros.

-No, por favor – Michael le sonrió amablemente – saben que no dejo que nadie quede en casa después de las once. Su horario de lunes a sábado es de ocho a once. Sin excepción.

-Muchas gracias señor… con su permiso – la muchacha le entregó una pequeña reverencia. Había avanzado un par de pasos cuando se volvió con cara de duda - ¿Señor?

-Dime Marie – el rubio había vuelto a tomar su café y lo tenía a medio camino. Su rostro se mostraba sereno, pero un destello en sus ojos denotaba molestia.

-¿Le llevo el desayuno a la señora? O ¿se lo dejo servido junto al suyo?

-yo creo… - Michael se tomó un par de segundos para contestar. Su rostro se mostraba impávido – … yo creo que es mejor si me preparas una bandeja y yo se la voy a dejar al cuarto. Hoy amaneció con migraña y no quiere que nada la perturbe – finalizó gentilmente.

La muchacha realizo una última pequeña reverencia y se retiró al fin.

El comedor volvía a estar en silencio, Michael apreciaba enormemente la tranquilidad y el silencio. Es por ello que cuando se disponía a retomar la lectura, el sonido del teléfono de la casa lo sacó de quicio, más cuando sabía perfectamente quien estaba llamando.

Se levantó con las manos en los bolsillos y caminó tranquilamente hasta una mesa de arrimo cercana a un gran sillón blanco. Miró el teléfono sin ninguna intención de atenderlo, sólo disfrutaba saber de la insistencia de la persona que se encontraba tras la línea. Michael sabía que, a pesar de que no todas las personas del servicio de habían ido, ninguna contestaría. El tenía reglas muy estrictas para su casa y una de ellas era que el teléfono sólo lo contestaba él, Mimi y Daiki.

El teléfono comenzaba a sonar por sexta vez cuando de la nada apareció Daiki con el cabello estilando a toda prisa sujetándose una toalla que lo tapaba del ombligo hacia abajo, estaba a pocos metros ya así que Michael tuvo que coger la llamada.

-Michael Phillips, Buenas Tardes – su voz sonó calmada pero segura. Daiki llegó en ese instante a su lado - … Yamato, que bueno escucharte – el rubio le guiñó el ojo a su hijastro mientras sonreía de soslayo – Todo bien, muchas gracias por preocuparte. ¿Daiki?, está a mi lado, ansioso de poder hablar contigo… Dame un segundo.

Michael extendió el teléfono inalámbrico al rubio muchacho con parsimonia. Le escuchó decirle "papá" con alegría y se alejó lentamente a medida que sus ojos de oscurecían de odio y rencor, arrugó el entrecejo sabiendo que le quedaban años aguantando a Yamato, aguantando que llamara a su casa, que fuera el padre del único hijo que su esposa ha dado a luz y ahora aguantando que se acostara con ella.

Estaba cansado de perder ante él… desde la preparatoria que ambos se habían transformado en rivales. Michael le llevó la delantera en muchas cosas, pero lo que más le dolió perder fue a Mimi y saberla embarazada del de ojos azules, aun así fue más inteligente y los separó quedándose con ella y… lamentablemente con Daiki.

Jamás lo había querido, era la imagen viva de Yamato y tenerlo cerca le recordaba cada día que Mimi nunca lo amaría como había amado al Ishida. Pero, si bien, alguno de sus planes demoran años… este último ya estaba haciendo efecto. Logró colocar a Daiki contra Mimi, con simples e "inofensivos" comentarios.

Si todo seguía saliendo bien… ese muchacho se iría para siempre de su vida.

-Michael… - Daiki se acercaba a su lado sacándolo de sus pensamientos – ¿Dónde está mi mama?

Las sombras que oscurecían los hermosos ojos verdes de Michael desaparecieron y se dirigió a su hijastro con una tranquilizadora sonrisa – Salió muy temprano al spa con sus amigas. De hecho, entre nosotros, no creo que vuelta hasta mañana. Ya sabes que adora los masajes y esas cosas.

-demonios! – dijo en voz baja molesto.

-¿Pasa algo?... – el rubio de ojos verdes puso su mano en el hombro del muchacho – Sabes que puedes confiar en mí.

-Mi padre se quedará durante toda la semana en el Pentahouse del hotel Plaza. Me invitó a quedarme con él.

Y las pupilas de Michael titilaron con maldad.

-Pero ve… ¡quédate! – Soltó alegre – ya tienes 16 años Dai. – y arremetió – de hecho, con tu edad puedes emanciparte … o elegir con cual de tus progenitores puedes vivir. Yo te extrañaría una infinidad – dijo con falsa congoja – pero yo creo que a veces uno debe estar con quien se siente más cómodo… y querido – le echó un rápido vistazo al chico de profundos ojos azules que parecía meditar sus palabras – En serio, Daiki… prepara tus maletas que yo me encargo de tu madre.

-Eres genial Michael – Agradeció dándole un fuerte abrazo – Eres una excelente persona.

-Y tu un excelente hijastro – Lo separó de él para poder mirarlo a los ojos, cualquiera que estuviera viendo la escena pensaría que se trataba de un padre mirando orgulloso a su hijo, pero Michael era un excelente actor y lo que en realidad quería en ese momento era hacer desaparecer al rubio – anda ya a vestirte, sino pescarás un resfriado.


CLICK…. Y su rostro se iluminaba

CLICK… y todo volvía a oscurecer

CLICK… CLICK… CLICK… CLICK…

No sabía cuánto tiempo llevaba encendiendo y apagando la linterna que tenía entre sus manos. No sabía ni siquiera qué hora era ya, la habitación estaba en completa penumbra.

Estaba sentada contra el ventanal por el cual no entrada ni un ápice de luz gracias a unas cortinas metálicas exteriores de excelente calidad que Michael había mandado a instalar en todas las ventanas de la casa. Lo único que tenía para iluminar era aquella pequeña linterna que una vez el rubio le había dejado para que pudiera ir tranquila, y sin chocar con los muebles, al baño.

Cada vez que Michael se volvía violento, tanto que llegaba a golpearla, la dejaba encerrada en el cuarto en completa oscuridad. "Todo esto que ocurre es tu culpa… eres tú quien me transforma en una mierda de persona… piensa en ello" y cerraba la puerta.

Era su castigo.

Dio un gran suspiro a medida que sentía que las lágrimas caían silenciosas por sus mejillas… ¿En qué momento hacia dejado que las cosas llegaran tan lejos? ¿En qué momento perdió el amor propio para dejarse vencer por el miedo? Michael no era así… cuando conoció Michael era una buena persona, su primer novio… ¿Qué le ocurrió para que haya cambiado tanto y volverse en alguien tan violento? Se había vuelto un monstruo… uno al que temía enormemente.

Antes sentía un cariño gigantesco por el que incluso pudo haber confundido con amor… hasta que Yamato apareció en su vida. Su único y verdadero amor.

Sonrió al recordar los años en la preparatoria. Sonrió aunque el corte que tenía en el labio le diera un doloroso tirón. Sonrió porque eran recuerdos increíbles. Recordaba el primer día de clases… los momentos a su lado… el primer beso…. La primera vez… canciones… el último día de clases… el test de embarazo positivo… sus ojos mirando embobado a Daiki que reposaba en sus brazos dormido.

Extrañaba todo aquello, porque lo que actualmente vivía era una pesadilla.

Sintió la llave entrando en la cerradura de la puerta de la pieza y se puso de pie al instante dejando la linterna en el piso.

Michael prendió la luz y Mimi tuvo que cerrar un poco los ojos ya que llevaba muchas horas a oscuras y tanta luz le produjo ardor en las pupilas. Después de unos largos segundos pudo notar que su marido entraba con una gran sonrisa llevando una bandeja de desayuno y una carpeta con papeles bajo el brazo.

-Buenos días mi amor – saludó como si nada extraño hubiese pasado .Dejó la bandeja en la cama y se acercó a la trigueña besando sus labios tiernamente – luces hermosa. Como siempre.

Mimi tragó saliva nerviosa.

¿Lucía hermosa? … tenía el labio inferior roto y el costado de su ojo izquierdo ya se había puesto morado por los golpes que recibió anoche y a eso debía sumarle horribles marcas en sus muslos interiores debido a la brusquedad con que Michael la había literalmente violado durante toda la noche. Y para él… ¿Ella lucía hermosa?

Estaba completamente trastornado.

Se acercó con cuidado a la cama, junto a la bandeja y trató de usar la voz más neutral del mundo para preguntar.

-¿y Daiki?

Peroel rubio la miró con llamas de furia en sus ojos dejando atrás la ternura de hace unos segundos.

-¿Querrás decir si Yamato ya se lo llevó?... esa es la pregunta que quieres hacer, ¿no? - Mimi dudó varios segundos si responder o no, comenzaba a tiritar de los nervios. Michael provocaba en ella un terror indescriptible. – Sólo te diré… que tendremos una larga semana solo para los dos… bueno no solo una semana – La trigueña lo miró sin entender y Michael volvió a sonreír esta vez alzando la carpeta que traía consigo - … Estuve hablando hoy en la mañana con amigos del buffet de abogados que está en el mismo edificio que el nuestro y van a expandirse al norte de África. Marruecos para ser más exacto – Mimi comenzó a palidecer, sabía exactamente a donde iba toda aquella conversación – Necesitan un abogado de confianza…

-No me iré de Estados Unidos, Michael – interrumpió, se había levantado y caminó por el dormitorio con los ojos cristalinos. ¿irse? A ¿Marruecos?... ¿Dónde demonios quedaba eso?. Quedaba lejos de Yamato que tenia su hogar en New York también. Si hubiese mencionado volver a Japón sería distinto porque allá conservaba amistades. Pero ¿Marruecos?

-¡Te va a encantar! – Mimi podía ver que el rubio disfrutaba de su angustia – Es un país precioso, podemos conocer lugares maravillosos.

-Daiki es menor de edad – soltó la trigueña con molestia – Se necesita el permiso de…

-Eso está solucionado, mi amor – cortó Michael sacando un manojo grueso de papeles. Se los extendió con una sonrisa.

-¿qué es eso? – Mimi se cruzó de brazos sin ni una intención de recibírselos.

-Los papeles de custodia para Ishida – soltó casi riendo. Como si lo que dijera fuese algo obvio.

-¿Q-Que?

El rubio de ojos verdes se acercó a ella lentamente clavándole la mirada y provocando en ella exactamente lo que quería: miedo. Cuando la tuvo a escasos centímetros le colocó bruscamente los papeles a la altura de su pecho.

-Vas a firmar estos papeles en donde le cedes la custodia total y definitiva de tu hijo a Ishida – Mimi abrió sus ojos sin aun poder creer lo que estaba escuchando. ¿Dejar a su hijo?, ¿Dejar lo único bueno que había hecho para siempre? – el día lunes vas a ir donde este infeliz y harás que él también los firme… Daiki se va con el… nosotros partimos a Marruecos este próximo jueves. Porque nos vamos este jueves, mi amor. Y… no hay más problemas. ¡Ves que fácil se pueden solucionar los problemas!

-No voy a hacerlo, Michael – Mimi tiró los papeles y caminó exasperada hacia la cama. Necesitaba alejarse de él. – ¡No voy a renunciar a mi hijo!... conmigo has lo que quieras, de todas formas ya lo has hecho – le indicó su brazo y luego su rostro – Pero no con él… ¿por qué lo odias tanto?... él no tiene la culpa de nada.

-¿De nada? – y Michael volvía al ataque. Se acercó en tres zancadas… la agarró fuerte de los brazos y la comenzó a sacudir sin clemencia -¡¿dices que no tiene culpa de nada ese bastardo de mierda?! Me recuerda cada día que me engañaste con ese imbécil… me recuerda que te acostabas con él mientras estabas conmigo, me recuerda que jamás me vas a amar como lo amaste el…

-¡Entonces por qué no me dejas ir, Michael! –gritó llorando - ¿Por qué no tratamos de ser felices por separado? Yo no te hago bien ni tu a mí. –El rubio había aflojado sus manos hacia los brazos de ella y miraba impávido al suelo alfombrado. Mimi aprovechó para arremeter – Nuestro matrimonio fue un error, yo estaba herida y confundí lo que sentía en ese momento… aún es tiempo para arreglar este entuerto.

Lo que vino a continuación fue un movimiento de hombros anormal en Michael acompañado de una risa malévola que congeló a la ojimiel. Éste alzó la vista y ya no se podían apreciar sus claros ojos verdes, estaban negros de odio, de amargura… apretó aún más fuerte que antes a Mimi haciéndola soltar un doloroso gemido.

-Jamás… escúchame bien – le dijo arrastrando las palabras – jamás te voy a dejar ir. Tu eres mía… hasta que la muerte nos separe.

La soltó de espaldas bruscamente provocando que se pegara contra la cama tan cerca de la bandeja de desayuno que esta se dio vuelta.

-¡Vas a firmar esos putos papeles y el día lunes bien maquillada irás a sacarle la firma a ese Ishida! – se metió la mano al pantalón por la espalda y sacó un revólver que hizo que la trigueña comenzara a temblar de pies a cabeza. Esa arma ya la había visto antes, no era primera vez que la amenazaba con ella. Pero esta vez la sintió demasiado fría cuando hizo contacto con su cuello. Michael se arrodillo frente a ella y le agarró el cabello de la sien tirando su cabeza hacia atrás para obligarla a mostrar aún más su cuello – Cuando hayas firmado los papeles… empiezas a hacer las maletas. Y te juro que si el día lunes los papeles nos están firmados… lo voy a matar.

El corazón de Mimi latía tan rápido que sentía que en cualquier momento podía sufrir un infarto. Como pudo asintió a lo que se le estaba obligando a hacer. Ni las lágrimas que hasta hace unos minutos no paraban se caer estaban, se habían escondido del terror.

Michael la besó en los labios y se levantó tranquilamente a medida que guardaba una vez más el arma en su pantalón.

Parecía satisfecho porque esbozó una gran sonrisa.

-Te quedarás todo el fin de semana en el cuarto – le dijo con simpleza a medida que echaba una ojeada rápida – dejaré la luz desconectada del cuarto… así puedes pensar mejor. Ayuda. – se puso las manos en la cintura como si algo importante se le había cruzado por la mente y nuevamente miró el cuarto… buscando algo. Sonrio cuando al fin lo vio cerca de la bandeja - … Casi lo olvidaba.

Mimi se encogió cuando observó unas tijeras en manos de su marido.

-En Marruecos las mujeres usan velo… de hecho, no pueden salir solas a la calle si no van con su marido – sonrió malévolamente - … no es necesario que lleves el cabello tan largo si después de todo usarás velo la mayor parte del día. Córtatelo. – Y le extendió las tijeras – sobre el hombro… como en la preparatoria.

Allí estaban las lágrimas de nuevo.

Él no podía estarle pidiendo eso… él sabía que ella había pasado por una cruel experiencia. ¿Cómo podía seguir exigiéndole más? El corte de cabello le traía pésimos recuerdos… y al parecer era exactamente lo que Michael buscaba, aflorar todo su dolor y empequeñecerla.


Yamato le echó el último vistazo a la casa de Mimi antes de entrar en su auto. Esperaba verla al menos a través de alguna ventana, poder perderse unos segundos en sus ojos miel. Pero Daiki salió acompañado de Michael que le ayudaba a llevar una gran maleta. Se saludaron a una distancia prudente y después cada uno por su lado.

-Hijo… - se dirigió a su joven copia. Este lo miró de soslayo mientras escribía un mensaje en las redes sociales – el cinturón.

Después de rezongar por un momento se lo colocó de mala gana. Michael nunca lo obligaba a colocarse el cinturón.

Yamato hizo lo mismo y partieron.

Las primeras cuadras eran un lánguido silencio solo interrumpido de vez en vez por las risas de Daiki al leer los mensajes que se mandaban entre sus amigos. Se vanagloriaba de quitarle la virginidad a la chica más popular del instituto en la primera cita. Todos le preguntaban cuál era su técnica, y el respondía estupideces que los otros celebraban.

-¿De qué te ríes tanto? – preguntó Yamato en inglés. Su hijo se había criado desde los 10 años en Estados Unidos y a su japonés le hacía falta un curso intensivo. Rara vez hablaba el idioma de sus padres, sólo cuando hablaba con sus abuelos por skype.

-De una chica – dijo sin más.

-Vaya… así que una chica – el padre suspiró para sus adentros. Tenía un hijo de 16 años, con las hormonas alborotadas. Y él un padre ausente, que viaja mucho y que apenas habla con él cosas de hombres. Se preguntó por un segundo si hablaría esos temas con Michael – ¿y… te gusta esa chica?

El muchacho rio antes de contestar. Hacía ya un mes que no veía a su padre y hace tiempo que quería tener una conversación padre-hijo decente en ese aspecto. Así que rió y soltó:

-Si no me gustara no me habría acostado con ella.

Yamato creyó ver una luz roja imaginaria encima de él porque frenó el auto como si hubiese sido así. Tragó saliva y miró a su hijo que lo miraba divertido.

-¿Es una broma? – preguntó ahora en japonés. Su mente no lograba hacer click en otro idioma – Tienes 16 años.

-Papá, perdí la virginidad a los 14 – respondió en el mejor japonés que recordaba.

Ishida padre abrazó el manubrio sin aun poder creer lo que escuchaba. Ladeó la cabeza para mirarlo con detención y el seguía despreocupado y hasta divertido con lo que había confesado.

-¿Te estas estas cuidando? – su semblante se había vuelto serio.

Y ahora hubo silencio.

Yamato conocía ese silencio porque era el mismo que provocaba Mimi cuando estaba avergonzada o había hecho algo indebido.

-¡¿Me estás diciendo que tienes sexo desde los 14 años y que no te estas cuidando?! – exclamó al fin molesto - ¿Cómo puedes ser tan irresponsable, Daiki? ¿Sabes que puedes pegarte alguna enfermedad de transmisión sexual?... ¿Qué puedes dejar embarazada a una "chica que te gusta"?

-¿No lo hiciste tú con mama, así?

-Yo a tu madre la amaba- y la sigo amando quiso decirle también – y tenía 18, era mayor de edad – se agarró su rubio cabello para lograr pensar mejor - …Sabia que esta conversación la tendríamos pronto, pero no pensé en llegar 2 años tarde.

-¿Me vas a decir que mi mamá fue la primera mujer con la que estuviste a los 18 años?... Papá, si eras como yo físicamente… las mujeres no te faltaban, estoy seguro.

Yamato quedó mirando a su hijo y se dio cuenta lo que Mimi le había dicho anoche… Era su viva imagen. Egocéntrico, galán, movía un dedo y podía tener a la chica que quisiera comiendo de su mano. Así fue él en la preparatoria y ahora lo veía en su propio hijo.

No podía esperar a que Daiki se enamorara como lo había hecho él para madurar ni mucho menos esperar que dejara embarazada a una chica.

-No Daiki – dijo al fin – las mujeres no me faltaban. Era igual a ti… yo perdí mi virginidad a los 15 y al igual que tu – lo miró de reojo mientras volvía a manejar – era un irresponsable. No me siento orgulloso de decirlo… y vamos a hablar al respecto, aunque sea tarde.

-¿Me vas a enseñar alguna técnica o quizás…? – rió el joven rubio, pero al mirar a su padre calló. Tenía un semblante serio.

-Te voy a enseñar a que entiendas que con tu actitud sólo lastimas a las personas. Lastimas a las personas que te quieren… y el dolor más grande lastimas a la mujer que amas.

-¿Mi mamá?...

Yamato asintió.

-Si hoy no estoy junto a ella es sólo por mi culpa… porque preferí ser irresponsable. Deje el camino libre para Michael y él tomó la oportunidad. Hijo, acostarse por "deporte" puede ser muy divertido… eso lo tengo claro. Pero aprende a hacer las cosas con esta cabeza – se apuntó la suya – no con ésta – y apuntó su entrepierna. – ¿Te gusta en verdad esa chica con la que estuviste?

Daiki dudó unos segundos, bajó la vista avergonzado.

-No.

-¿Lo estás haciendo para quedar bien con tus amigos?... ¿les cuentas tus aventuras y luego se ríen? – su hijo no contestó, pero sabía que era una respuesta positiva – Estas haciendo mal las cosas Dai. Ojala tu abuelo hubiera tenido esta conversación conmigo… quizás estaríamos los 3 juntos.

Lo último lo dijo con tanta tristeza que Daiki no pudo evitar preguntar:

-Papá, ¿Aun amas a mi madre?

-Tu madre… - resopló y una sonrisa se dibujó en su rostro – Era, y lo sigue siendo, la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Me volvió loco desde el segundo en que la vi entrar al salón. Era bella y tremendamente inteligente.

-Pero mi mamá es 1 año menor que tu… ¿cómo es que entró a tu clase?

-Tu madre se vino a vivir a los Estados Unidos a los 12 años y siempre fue una alumna destacada, fue adelantada un año por lo que cuando llegó a Japón junto con Michael ambos ya podían cursar el último año con 17.

-¿Con Michael? – Daiki no entendía mucho. Era la primera vez que escuchaba como sus padres se habían conocido.

-Bueno… después de que tus abuelos fallecieran. Tu madre se fue a Japón a vivir con sus abuelos y en ese tiempo ella estaba con Michael… su novio – Pudo ver como su hijo no logró aguantar la sorpresa.

-¡¿Mi mama ya conocía a Michael?!

-Si… Michael siguió Mimi desde los Estados Unidos. Hizo lo que estuvo en sus manos para poder aprobar el examen que lo ayudó a adelantar un nivel y así quedar en la misma clase. De hecho, competíamos en popularidad.

-Espera… espera… - detuvo su hijo tratando de entender – Mi mama, tú y Michael… ¡¿En la misma clase!?

Yamato asintió riendo.

-Eso me hubiera gustado verlo – resopló el joven Ishida también riendo – pero papá… aun no contestas mi pregunta. ¿Sigues amando a mi mamá?

Ïshida padre no apartó los ojos del camino… era una pregunta tan fácil de contestar, pero que sabía que acarrearía un montón de problemas…

Porque esta vez él había decidido firmemente el recuperar a su familia…

No se permitiría los mismos errores del pasado.

.

.

.

17 AÑOS ANTES

-Hey!

Se escuchó a un joven moreno de cabellos alocados tratando de sobresalir de la multitud de estudiantes que se agolpaban a ver la lista de repartición de salas del último año.

Algunos salían con sus amigos felices de haber quedado juntos en el mismo salón y otros simplemente bufaban por lo bajo maldiciendo.

-Hey! - Y el mismo chico logró alcanzar a una pareja de conversaba en un rincón – es una locura el primer día de clases. Al menos quedamos juntos – dijo regalándole una sonrisa a una pelirroja que estaba junto a un chico alto y rubio.

-Yo volví a quedar en otro salón– alegó el ultimo – desde que están juntos confabulan para alejarme.

-no seas tonto Yamato –rio la pelirroja tomando la mano del moreno – no podríamos estar confabulando en tu contra con Taichi durante 5 años.

-Además así hay calma en el salón – dijo el recién nombrado - a dónde vas las chicas solo cuchichean y se ríen por lo bajo.

-No es mi culpa ser el más popular de la preparatoria – su tono era el de un galán.

-Me gustaría verte enamorado, Yamato… cuando eso pase pagarás todo lo mal que has hecho.

-Yo no he hecho nada malo, Sora. Ellas se acercan solas

La chica alzó una ceja dudosa.

-Haruko, no se acercó a ti… tú la sedujiste… te la llevaste a la cama y después ni siquiera la mirabas –la pelirroja lo había dicho con tono de molestia ya que se había topado con la muchacha una vez en el baño y ésta lloraba amargamente.

-Jamás le prometí nada – comentó restándole importancia - además ahora estoy saliendo con Nanami…

-¿Nanami no es la loca que el año pasado te llenó el casillero de cartas de amor? – Preguntó Taichi.

-Solo llevamos saliendo – le echó una mirada a su reloj – 35 minutos… y ustedes saben que no soy de relaciones largas.

El timbre de inicio de clases sonó obligándolos a caminar a sus respectivos salones.

Quedaban uno al lado del otro.

-La vida da vuelta Matt – le dijo Sora entrando a su salón tras su novio – hoy estás arriba pero algún día estarás abajo.

-Ojala sea debajo de una chica muy atractiva… – le guiñó ojo no sin antes sonreírle a Taichi.

Se metió una de sus manos a los bolsillos y caminó un par de pasos más para ingresar a su salón. En cuanto entró los murmullos y risas de las chicas de la clase comenzaron a hacerse más fuertes y constantes aumentando su ego. Sabía lo que provocaba y le encantaba. Llegó hasta el último puesto junto a la ventana y después de dejar su bolso sobre la mesa se sentó a mirar distraído fuera de la ventana.

Hasta que una delgada figura se colocó a su lado.

Giró torciendo la boca y se encontró con una chica de lazio cabello marrón oscuro y ojos negros que lo miraba embobada. En ese mismo instante el rubio se arrepintió de haberla besado en la entrada de la preparatoria minutos atrás. Nanami había sido tan insistente que este la había cogido de un brazo y acercado para darle un apasionado beso.

Si Yamato Ishida iba a dar un beso… a quien fuere… iba a ser un beso decente.

-Yamato…

El susodicho levantó su dedo y no la dejo terminar.

-Necesito tiempo y espacio por favor. Apenas comienzan las clases y quiero tranquilidad.

Nanami quedó sin palabras, pero por su mente una sarta de maldiciones pasaban veloz por su cabeza. ¿Qué se creía? Estuvo un año completo mendigando por su amor, demostrándoselo de todas las formas posibles. Y ahora que al fin era besada por su amor… ¿él quería paz y tranquilidad?

Iba a abrir la boca cuando…

-Hola Matt – Un chico de cabello azul oscuro y ojos violeta se había acercado sacando el bolso sobre la mesa de su compañera para sentarse allí – Ahora que empezamos las clases, ¿seguiremos practicando en la sala de música?

Yamato miró de soslayo a Nanami y sin tener que decirle nada ésta se fue enfurecida a su puesto que estaba frente al profesor.

-¿No me digas que te vas a meter con Nanami? – El chico lo miró preocupado – Esa chica está loca…

-Junji… eso ya lo sé. Cometí un error, sé que está loca – se acarició el inicio de la nariz pensativo – hoy hablaré con el encargado para ver el tema de la sala de música. Les avisaremos a los chicos durante el descanso.

-¡Buenos días jóvenes!

La voz grave del profesor llamó la atención de todos mas no la de Yamato que nuevamente se quedó con la vista perdida fuera del ventanal hacia el patio.

Sintió como las sillas se movían y el silencio avanzaba.

Una vez que el profesor los vio a todos sentados y quietos comenzó a hablar.

-Es un agrado volver a verlos y saber que todos pasaron de curso siendo que a algunos les costó más que a otros – se escucharon risas divertidas – Este es su último año, aprovéchenlo, disfrútenlo… muchos no volverán a verse o quizás se reencontraran en la universidad – un par de amigas se guiñaron los ojos – solo les diré que el último año de preparatoria nunca se olvida. Así que háganlo especial. – les sonrió a sus alumnos antes de continuar – Bueno, el motivo de mi demora de debió a que les traigo dos nuevos compañeros… chicos por favor…

El profesor hizo un ademán con la mano y desde la puerta de entrada el primero en ingresar fue un chico rubio de hermosos ojos verdes.

Los suspiros y el cuchicheo de las chicas sacaron a Yamato de sus pensamientos. ¿Hablaban de él? Se giró a verlas pero todas tenían la vista clavada al frente en un chico tan alto como el, tan rubio como él pero con los ojos verde esmeralda. Torció la boca molesto… ¿Por eso tanto escándalo?

Iba a desviar de nuevo la vista a la ventana cuando desde la misma puerta emergió un ángel…. Una chica menuda, piel clara de largas piernas. Poseía un frondoso cabello marrón claro que le caía como cascada por la espalda hasta poco más debajo de sus caderas. El rubio sintió que el corazón le bombardeaba furioso en su pecho y que sus mejillas le ardían.

Tanto el nuevo rubio como la trigueña se pusieron frente a la clase separados por el profesor y fue cuando ella levantó la mirada para echar un vistazo a sus nuevos compañeros que Yamato pudo ver esos ojos acaramelados. Eran de infarto. Esa mujer es todo su esplendor era de infarto.

-Michael Philllips – indicó su profesor apuntando al chico y nuevamente se escucharon suspiros – y la señorita Mimi Tachikawa - no se escucharon suspiros esta vez pero el Ishida barrió el salón con sus ojos y todos, absolutamente todos se comían a la chica con la mirada. – Ambos vienen de Estados Unidos y ambos están adelantados en un año – sonrió el profesor con amabilidad – Ven cuando les digo que con estudio se puede.

¿Adelantada un año? Pensó el rubio… o sea tenía 16…o 17.

Se acomodó en su silla nervioso sin saber por qué. Él no se ponía nervioso con las mujeres… las mujeres se ponían nerviosos con él.

-Señorita Tachikawa, favor tome asiento en la última fila… allí – y por "allí" se refería al puesto vació delante de Yamato – y Seños Phillips tenga la amabilidad de sentarse acá – y por "acá" se refería a estar junto a Nanami – Ahora si me disculpan – dijo el maestro avergonzado – iré por el libro de clases que olvidé. Vuelvo enseguida.

No alcanzaron a pasar ni 2 segundos desde que el profesor hizo abandono de la sala y Michael tenia encima a casi todas las mujeres del salón.

Yamato ni siquiera alcanzó a sentir celos de la situación ya que una hermosa trigueña estaba a escasos metros. Eso merecía toda su atención.

-Bienvenida – alcanzó a susurrar. ¿Qué demonios le pasaba que hablaba tan despacio y tan cohibido? Tosió un poco para decir su nombre –Yamato Ishida.

-Mucho gusto Ishida – La chica le regaló una sonrisa nerviosa que hizo que el corazón del rubio se disparara.

Iba a volver a hablarle… de cualquier cosa, cuando a su lado llegó el nuevo rubio a hablarle. ¿Acaso se conocían? Comenzaron a platicar en inglés… y el inglés no era el fuerte de Yamato asi que por más que trató de poner atención sólo logro entender un par de palabras.

-Mucho gusto – le dijo de repente Michael a Yamato cuando ya había dejado de hablar con la trigueña, extendiendo su mano. El barullo nuevamente se hacía presente en el salón. Y como no dos chicos guapos frente a frente no era común de ver. La supremacía de la popularidad la había tenido Yamato durante años y ahora llegaba alguien quien podría quitársela.

Pero ajeno a eso, al Ishida poco y nada le importaba… este era su último año y tenía como meta hacer más famosa aun a su banda y… hasta antes de que empezaran las clases no tenía idea que iba a tener otra meta… tener a Mimi Tachikawa para él.

-Yamato Ishida, un gusto conocerte Michael – le estrechó la mano.

-Gracias por el recibimiento… y ahora que tendrás a mi novia más cerca que yo… te pido que la cuides – el de ojos verdes miró a Yamato, miró a Mimi y sonrió.

Y el rubio de ojos azules palideció.


CONTINUARA…


Vamos avanzando no?

Desde ahora habran capitulo mezclados (presente y pasado) o solo pasado o solo presente.

La idea es ir explicando poqué Michael es como es , porque Yamato y Mimi se separaron, etc etc

Estoy disfrutando escribiendo esta historia.

y Sigo trabajando tambien en las otras por si se quieren ir a dar una vuelta por alli

Ideas?... siempre son bien recibidas

Abrazooooootees