(NO MORE) FEAR

Lore-chan


-MINUS TWO-


Nanami Aoyama había estado enamorada de Yamato Ishida desde que lo vio por primera vez durante el descanso del primer día de clases hace ya 3 años atrás. Estaba sentado en el salón de música tarareando una canción mientras tañía una guitarra sacando unos acordes… de vez en vez paraba para garabatear sobre una hoja en blanco que tenía frente a sí. No pudo evitar quedarse prendada, primero, de su voz, y segundo de su físico… era demasiado rubio, tenía sus ojos demasiado azules y tenía un cuerpo demasiado atractivo en comparación a cualquier otro estudiante que ella hubiese visto.

No sabía cuánto tiempo se había quedado viéndolo pero durante todo esos segundos, todos esos minutos pudo apreciar que cada vez que se equivocaba en un acorde juntaba las cejas molesto, o que cuando trataba de alcanzar una nota y no lo lograba se agarraba el pelo frustrado…

Durante ese primer año, no estuvieron en la misma clase así que se tuvo que conformar con mirarlo solo en los descansos y a distancia. No se atrevía a hablarle… en la mayoría de la ocasiones estaba acompañado de Sora Takenouchi y Taichi Yagami los cuales sí estaban en su clase. Y si no estaba con ellos, estaba acompañado de 3 chicos que luego supo eran los demás integrantes de su banda. Banda que durante ese año participó activamente en los festivales escolares y en tocatas fuera de ésta. Eran realmente buenos y Nanami se dio cuenta que ella no era la única que había caído ante los encantos del rubio.

Yamato se había convertido el chico más popular del colegio y lo sabía aprovechar… supo de muchas de sus aventuras por boca de conocidas de su clase y de otras. Y ella se sentía totalmente en desventaja ya que ni siquiera se había podido acercar a él.

Yamato no tenía idea de que ella existía.

Iba a estar con él solo 3 años y necesitaba con urgencia que él se fijara en ella. Ella tenía que encontrar la manera de hacer la diferencia entre tanta chica que rondaba a su alrededor. Sintió que no iba a ser tan difícil, la pubertad le había entregado excelentes herramientas físicas, tenía muy buenas curvas y un armonioso rostro. De hecho ella sí sobresalía dentro de su grupo y varios chicos le habían pedido salir… pero ella sólo tenía ojos para el rubio.

Su primera oportunidad se presentó un año más tarde, había quedado en la misma clase de Yamato pero no pudo sentarse cerca de él ya que en cuanto él se sentó los puestos a su alrededor fueron los más demandados. Después fue elegida presidenta de su clase y luego presidenta de la feria estudiantil ese año, así que se dirigió a su curso a pedir voluntarios para un concurso de talentos musicales, que ella misma había ideado, sabiendo que el Ishida participaría.

Fue la primera vez que el rubio la miraba con atención y, después de presentar su idea, el primero en levantar la mano para indicar que lo consideraran dentro.

Trabajaron en conjunto y entre más tiempo pasaba a su lado más se enamoraba, pero Yamato no la veía de otra forma de no fuera simplemente una compañera más… él estaba más preocupado de mirar con lascivia a cualquier otra chica que pasaba por su lado, de hecho lo encontró en más de una ocasión besando y acariciando bajo la falda a chicas en la misma sala donde se realizaban las reuniones del festival. Era un total playboy.

Se sentía totalmente frustrada porque en las 2 semanas que estuvieron trabajando juntos nunca le hizo ningún tipo de comentario que no fuera relacionado con el concurso de talentos.

Nanami se desesperó e hizo la estupidez más grande que puede hacer una mujer desesperada. Comenzó a llenarle el casillero de cartas, dedicatorias, regalos… de todo lo que fuere para llamar su atención. Necesitaba gritarle que ella estaba allí y que estaba enamorada. Al final sí llamó la atención de Yamato, pero su reacción fue contraria a lo que esperaba… éste se alejó más aún y comenzó a ser el comidillo de chismes de la preparatoria, era la "loca" enamorada. La "loca" que enviaba cartas como las chicas de primaria.

Ese segundo año fue el peor de su vida.

Cuando comenzó el tercer y último año se prometió no ser más objeto de bromas y chismes. Y aunque quería olvidarse de Yamato en cuanto lo vio a una cuadra de la preparatoria fumando, su corazón latió tan fuerte, que supo que eso iba a ser imposible. Lo vio solo y se dijo que esa era su oportunidad para redimirse… debía pedirle disculpas.

Se acercó decidida y le dijo que la perdonara por el tema de las cartas. Se había comportado cual loca de primaria. Pero que no podía evitar sentir algo por él, se lo repitió tantas veces que llegó un momento en el que sintió que se le hacía un nudo en la garganta, después de todo habían sido dos años con ese sentimiento atascado ahí dentro y al fin podía decírselo a la cara.

Se lo iba a decir por enésima vez cuando sintió que el rubio la tomaba por la cintura y sin poder reaccionar sintió una lengua extraña dentro de su boca. Cerró los ojos sin poder creer lo que estaba sucediendo y lo besó a medida que tomaba su rostro con ambas manos. Yamato profundizó aún más y su cuerpo mandó una señal a su estómago haciéndolo sentir un maravilloso vacío.

¡Qué beso! ¡Ese hombre sí sabía lo que hacía!

Y tan pronto como comenzó, acabó.

Yamato aspiró lo último que quedaba de tabaco para luego botar el cigarro y pisarlo. Le echó una ojeada a Nanami de pies a cabeza, sonrió de lado y dijo:

"Debiste empezar por esto, antes de enviar tanta carta. Nunca te había mirado bien…podríamos pasar un buen rato juntos. Nos vemos"

Después de eso, sintió que cuerpo volaba hacia la preparatoria. ¿Él quería pasar un buen rato con ella? Nanami no era tonta… sabía exactamente lo que significaba y eso le producía un escalofrió entre las piernas.

Más grande fue su felicidad cuando leyó que nuevamente iban a estar en la misma clase.

¿Yamato quería acostarse con ella?… bueno, ella se lo iba a dar. No podía negarlo, sería una cínica, si dijera que no quisiera hacerlo con él. Aunque también sabía que iba a ser una más en la lista del Ishida. Una lista bien larga, por cierto

¡Ahora estaba confundida!... quería estar con él, pero al mismo tiempo no quería ser una más.

El timbre sonó sacándola de su discusión interna. Necesitaba hablar con él. Entró al salón y lo vio sentado donde siempre… saludó rápidamente a un par de compañeros de años anteriores y llegó al lado del Ishida. Alcanzó sólo a decir su nombre, Yamato levantó su mano y lepidio espacio… tranquilidad

¡¿Pero qué mierda?! ¿La acaba de besar como si el mundo se fuese a acabar y ahora la ignoraba por completo? Todo volvía a nada.

Volvió a su puesto luego de que Junji llegara a preguntarle acerca de los ensayos de ese año, por su banda. Estaba avergonzada, tenía rabia, se sentía humillada. Tenía millones de sentimientos golpeándole el pecho. ¡Cómo pudo ser TAN tonta! Ella sabía perfectamente la fama que se había hecho Yamato en esos 3 años… ¿Creía ella que podía cambiarlo?.

¡Estúpida! Se recriminó

-Hola – le dijeron de pronto haciéndola pegar un pequeño salto. Miró a su izquierda y vio a un chico rubio de ojos verdes sentado a su lado que la miraba con una sonrisa. ¿En qué momento había llegado ahí? – ¿Cómo te llamas?

Nanami se incorporó en su puesto y comenzó a mirar a su alrededor. Casi todas sus compañeras estaban ahí. Había estado tan metida en su pelea mental que se había perdido por demasiados minutos al parecer. El chico rubio sonreía amable a todas las chicas y respondía a todas sus preguntas.

¿Te gusta Japón, Michael?

Te vas a quedar el año completo…

¿Tienes novia?

Con la última pregunta simplemente asintió con una hermosa sonrisa. Nanami aún no lograba reaccionar. Lo vio levantarse y dirigirse derecho donde Yamato conversaba con una chica trigueña. ¿Quién era?... la chica de ojos negros jamás la había visto.

-¿Quiénes son? – preguntó al fin.

-¿Es broma? – le respondió una de sus compañeras - ¿no escuchaste al profesor, Nana?... – la chica negó. Había estado perdida discutiendo consigo misma – son compañeros nuevos, vienen de Estados Unidos. Él se llama Michael y ella Mimi. ¡Michael está guapísimo!

-Está más guapísimo que Yamato – opinó otra – ¡Que suerte tienes de que se siente a tu lado!

-Nana… trata de no llenarle el casillero de cartas – rió una chica de cabello negro y varias más rieron también.

La pobre sólo atinó a avergonzarse. Quería que se olvidaran de eso de una buena vez.

Volvió a echar una mirada a su nuevo compañero que en esos momentos le extendía la mano a Yamato. Era verdad, Michael era realmente guapo, pero para ella Yamato era todo.

Los vio intercambiar un par de palabras y notó algo que en años no había visto: El Ishida estaba nervioso y más pálido de lo normal. Se notaba incómodo.

Nanami se acomodó en su asiento cuando el profesor entró en la sala. Ella sacó su cuaderno y rápidamente tomó su lápiz lista para empezar a anotar lo que fuese que se anotara en la pizarra… quería olvidarse del beso de la mañana, quería olvidarse que le había llenado el casillero de cartas, quería olvidarse de Yamato de una maldita vez para que el corazón no le doliera tanto.

-hey… - susurraron desde su izquierda haciéndola voltear. Se encontró con los verdes ojos de su nuevo compañero. Éste le sonrió – Aun no me dices tu nombre…

-Aoyama, Nanami Aoyama – respondió ella también susurrando.

-Nanami… - Michael parecía saborear el nombre en su boca - ¿Te puedo llamar Nana?

-¿ah? – la muchacha se sonrojó sin poder evitarlo, muy pocas personas la llamaban así.

-¿Puedo? … vamos a estar juntos todo el año, quiero hacer buenos amigos. Puedes llamarme Mike, if you want – y volvió a sonreír.

¿Quién se podría resistir a eso?

-no hay problema, Mike – y por primera vez en la mañana Nanami también sonrió. Y no era gracias al idiota de Yamato.

-Nana… Nana… - tarareó el rubio mirando la pizarra.

.

.

¿Estaban peleando?

Ella tenía el semblante serio… o ¿era triste?

¿De qué estaban hablando?, ¿Por qué ella no le sostenía la mirada y él tenía que constantemente alzarle la cara tomándole la barbilla?

Oh si… estaban peleando, ella había empuñado ambas manos y le reclamó algo… él trató de tomarla del brazo, pero ella se zafó.

¡¿De qué demonios hablaban?!

Yamato Ishida estaba apoyado contra un árbol cerca de las canchas de football, estaba esperando que Taichi terminara de inscribirse en el equipo de football como lo hacía todos los años durante el primer descanso.

Había prendido hace poco su segundo cigarro del día y estaba "disfrutando" de la vista. Y por vista se refería a sus dos nuevos compañeros que estaban alejados del resto, cerca de las canchas de tenis y conversaban… o más bien discutían como lo había inferido el rubio.

La primera clase habría sido totalmente aburrida de no ser por la bonita vista que desde ahora iba a tener el rubio. Desde la corta distancia que tenía entre su mesa y la silla de Mimi Tachikawa pudo sentir un dulce aroma…era como si un montón de dulces se hubieran desparramado sobre el cuerpo de la muchacha, era una aroma embriagante…tan embriagante como perderse en cada mechón de su perfecto cabello. Estuvo controlándose toda la clase para no estirar su brazo y acariciarlo.

¿Por qué tenía que estar de novia con ese otro tipo? No era que le importara mucho, en todo caso. No sería ni la primera ni la última vez que se metía con una chica que estaba de novia con otro. Pero en esta ocasión era distinto…ese tal Michael se había acercado a propósito a saludarlo, los hombres ven de lejos a otro que puede ser una amenaza. De seguro lo había visto notado y de inmediato fue a "marcar territorio". Aunque con una chica así… ¿Quién no lo haría?

Aún estaba tratando de entender lo que había sentido… esa sensación de que el corazón se le iba a escapar por la boca, esos nervios… el no poder hablar correctamente. ¿Qué demonios le había pasado en el momento que la tuvo en frente?

Le dio una calada al cigarro y volvió a la escena.

No pudo evitar sonreír al ver que continuaban discutiendo.

-¿Qué es tan gracioso? – Taichi había llegado a su lado con un balón bajo el brazo. El rubio no le contestó. Simplemente levantó y bajó los hombros tratando de mostrar indiferencia. – Oye! Si te ven fumando te van a mandar a detención… - le reprochó el moreno al ver que le pegaba una calada a su cigarrillo.

-Cada vez te pareces más a Sora… hablas igual que ella.

-Nos preocupamos por ti, idiota. Si no fuera por nosotros pasarías más de la mitad del año en detención. No te voy a decir que dejes de fumar porque eres un maldito adicto, pero al menos en la preparatoria aguántate.

-Eres el mejor amigo que un fumador pueda tener – soltó Yamato irónico.

-¿Ya reservaste la sala de música? – pregunto el moreno cambiando de tema. Se apoyó junto a su amigo en el árbol colocando la pelota que traía entre sus pies.

-¡Mierda!

¡Lo había olvidado! Desde que había salido del salón que había seguido a la nueva parejita. Después se encontró con el Yagami que le había pedido acompañarlo a inscribirse al equipo de football y de ahí… todo era historia. ¡Demonios! Los chicos lo iban a matar si no encontraba horario.

Botó el cigarro y sin siquiera despedirse del moreno se fue corriendo.

.

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¿Por qué Michael no podía entenderlo?

Por qué no podía entender que ella debía vivir con sus abuelos, no podía llegar, agarrar sus cosas y a los 17 irse a vivir con su novio… solos al departamento en donde él vivía.

Vivir juntos eran palabras mayores. Más aún si habían retomado su relación hace tan solo un par de semanas.

Michael la había seguido a Japón sin siquiera preguntarle, simplemente se apareció una tarde en casa de sus abuelos diciéndole que él también se quedaría. ¡Por algo había terminado con él!… a veces lo sentía tan posesivo para con ella.

Después de la muerte de sus padres en un accidente, Mimi trató durante todo un año de seguir viviendo en Estados Unidos de la mejor forma posible. Sus padres le habían dejado una buena herencia y varios seguros a su nombre y eso le permitió poder vivir tranquila por varios meses. Pero se sentía sola… vivía desde los 12 años en ese país, pero desde que sus padres murieron se sentía muy sola. Tenía muchos amigos, pero no tenía familia.

Sus amigos no podían suplir la falta de cariño de sus padres que siempre la habían mimado y la trataron cual princesa Disney. Es por ello que tomó la decisión de volver a Japón.

El menos contento con aquello había sido Michael Phillips su novio. Se conocieron a los 13 años y desde instante nunca más se separaron. El muchacho era hijo de un renombrado abogado de New York y su madre de origen japonés, era actriz de series de televisión. Los padres de Mimi adoraron al muchacho desde que cruzó el umbral de la puerta. Guapo, educado, buena familia… lo que siempre habían querido para su princesa y ella pensó que si tenían la buena de sus padres no había que buscar más y comenzaron una infantil relación a sus 14 años.

Michael fue un gran soporte cuando perdió a su madre y padre a los 16. Sin él se habría derrumbado. Se quedó durante más de 6 meses viviendo con la familia del rubio porque no soportaba la idea de estar en la suya sola. Los padres del chico de ojos verdes estaban encantados de tenerla… adoraban a Mimi.

Pero ella debía afrontar tus miedos y al cabo de 7 meses volvió a su hogar, pero solo con la intención de hacer las maletas e irse de ese país. Pero primero debía terminar el año lo antes posible, así que se enfocó 100% en sus estudios logrando no sólo terminar su año escolar con pruebas especiales sino que pudo adelantar un año. Durante la etapa de estudios, terminó su relación con Michael… no podía obligarlo a irse con ella, menos a un país que el desconocía. Michael había estado un par de veces en Japón visitando la familia de su madre, pero eso era todo…

La vida de Michael estaba en Estados Unidos y la vida de Mimi estaba en Japón.

No había vuelta atrás.

Llegó a Japón 1 mes antes de que las clases comenzaran. Sus abuelos fueron los más felices con su llegaba. Era la única nieta que tenían y la comenzaron a consentir tanto o más que sus padres. Volvía a ser una princesa… aunque una princesa un poco más rebelde. Sus años en América no habían sido en vano…

Como no tenía mucho tiempo que perder ya que había llegado muy encima de las clases, tuvo que ir a matricularse a la única preparatoria en la cual quedaban cupos y que afortunadamente quedaba a solo 20 minutos caminando desde la casa de sus abuelos. Ya con uniforme listo, matriculada y libros en su poder tan solo quedaba esperar.

Y en esa espera… llegó Michael una tarde. A solo 2 semanas de comenzar sus estudios se presentó en la puerta con su inigualable sonrisa y esos ojos verde en los que tantas veces se perdió.

-Michael, ¿Qué haces acá?

-Vine por ti…

Retomaron su relación.

Supo que después de mucho discutir con su padre, éste había aceptado que se fuera a Japón a terminar su último año y que se podía quedar en el departamento en el que alguna vez vivió su madre. Pero sólo sería eso. Terminaba de estudiar ese año y debía volver a estudiar Derecho en Harvard.

Tenía ese año para convencer a Mimi para que volviera a Estados Unidos con él. Sí o sí.

Y su primer paso fue pedirle que se fuera a vivir con ella, pero recibió un rotundo no.

Camino a la preparatoria continuó dándole motivos para que estuvieran juntos pero la trigueña estaba bien viviendo con sus abuelos, de hecho le encantaba estar allí y escuchar todas las historias que contaban de su madre y en especial de cómo sus padres se habían conocido y enamorado. Era exactamente el ambiente familiar que había estado buscando.

Se acercó a ella cuando el profesor salió un momento de clases para pedirle que lo conversaran después. Se lo suplicó en inglés… una y otra vez, pero esa chica era terca. Iba a pedírselo una vez más cuando el rubio sintió unos ojos azules sobre su novia. Echo un vistazo y lo vio. Era rubio igual que él, pero tenía los ojos azules… pudo escuchar murmullos a su alrededor así que para no parecer maleducado lo saludo estrechándole la mano. Nuevamente los ojos azules del chico se fueron donde su novia y lo supo. Michael siempre tuvo que andar espantando a todos los hombres que rondaban a Mimi. Tenía una belleza que podía dejar embobado a cualquier tipo… lo sabía en primera persona puesto que él había caído rendido ante la trigueña desde que momento que la vio. Por eso que las miradas de ese otro rubio las conocía perfectamente. Así que cortó sus alas desde el principio y le recalcó que "cuidara a su novia".

Luego de aquello el profesor volvió y no pudo hacer nada sino hasta el primer descanso del primer día de clases, pero la respuesta fue la misma.

Y allí estaba Mimi… sola rodeada de árboles en una especie de pasaje que daba a unas vacías canchas de tenis.

¡Qué difícil era hacerle entender a su novio que ella estaba bien donde estaba!

Estaba de mal humor y necesitaba nicotina.

Miró a su alrededor y al ver que no había nadie sacó un solitario cigarro desde el bolsillo de su chaqueta. Se escondió detrás de uno de los tantos árboles y lo prendió para poder darle una profunda calada.

¡Maldito vicio adquirido en América!

Había empezado a fumar a los 15 incitada por su grupo de amigos. La primera vez casi vomita después de comerse el humo… lo demás fue practica y vicio. Y aumentó exponencialmente después de la muerte de sus padres y bajó meses después… ahora fumaba cuando estaba nerviosa o molesta como era este el caso.

Se preguntó si las reglas eran estrictas en Japón con respecto a que los alumnos fumaran… en Estados Unidos eran un poco más relajados, bueno, no tanto… estuvo varias veces en detención cuando la pillaron en el baño…. Aunque creo que el cigarro fue lo menos… el que Michael tuviera los pantalones a media rodilla y ella la falda en las nubes eran más motivo de detención que el cigarro en sí.

No pudo evitar reír ante el recuerdo.

-Disculpa… pero no se puede fumar acá.

¡Demonios! ¡Primer día y ya la habían pillado!

Botó el cigarro rápidamente y miró a la persona que le había hablado.

A su costado había una chica como de su altura con el cabello pelirrojo cayéndole bajo el hombro junto a unos ojos color rubí. Usaba su uniforme así que suspiró tranquila al saber que no era un inspector o un profesor.

-No lo sabía… - dijo la trigueña colocándosele en frente.

-En ninguna preparatoria se puede fumar… - Sora le miró incrédula.

-ah… bueno… - Mimi se rasco la cabeza tratando de inventar una buena excusa. Si esta era de esas chicas chismosas que van con cuentos a los profesores, estaba en problemas.

-igual a Yamato… - suspiró la pelirroja para sí al ver que la muchacha estaba un poco nerviosa – mira, no se puede fumar en la preparatoria. Pero si vas a hacerlo, este es el peor lugar para hacerlo, te van a pillar en cualquier momento. ¿Eres nueva?

-¡Oh sí!... Llegue hoy. Mimi Tachikawa. Mucho gusto – Mimi sintió alivio de que la chica frente a si fuera tan relajada.

-Sora Takenouchi – sonrió.

-gracias por la advertencia, Sora… - Mimi se sintió rara al ver la cara de confusión de la pelirroja. Debía haberla llamado por su apellido. No estás en Estados Unidos, No estás en Estados Unidos. Se repitió – digo, gracias Takenouchi. En raro, ¿Sabes? Viví 5 años en América y allá uno se llama por el nombre incluso si recién se han conocido. Una vez me encontré con una chica de intercambio que venía de Chile y allá se saludan de beso en la mejilla… aunque no se conozcan. Más raro aún. Las costumbres son tan distintas de país en país… - de pronto la trigueña notó que la chica la miraba divertida – lo siento… hablo mucho – se excusó un poco apenada.

-Puedes llamarme Sora – dijo al fin son una afable sonrisa - ¿De qué parte de América vienes?

-Estados Unidos, vivía en Nueva York.

-¡Que genial!... yo lo más lejos que he ido es a Hokkaido – ella y Mimi rieron ante la ocurrente oración – voy a inscribirme en Tenis. ¿Te gustaría acompañarme?

-¿Tenis?

-Sí. En la preparatoria existen distintas ramas de deporte y artes. Actividades extra programáticas en las cuales puedes inscribirte. Yo llevo 2 años en tenis y si no me inscribo pronto los cupos se acaban.

-¿en serio? – Mimi parecía entusiasmada. En USA ella había sido animadora del equipo de basquetball, durante un año porrista de football americano y además cantó en un grupo. Por un momento, sintió nostalgia de todos esos momentos. Pero podía crear nuevos acá. - ¿Qué actividades hay? - le preguntó a medida que comenzaban a caminar a las canchas.

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-¡Me debes una! – exclamó Taichi mientras tomaba sus palillos para comenzar a comer – Si no te lo hubiera recordado, habrías quedado fuera.

Yamato se dejó caer en su silla sin ánimos de nada. Había llegado justo cuando quedaban 2 cupos para ocupar la sala de música durante el semestre. No se quería ni imaginar lo que habría pasado si lo hubiese olvidado. Los chicos lo habrían literalmente matado. Eso le pasaba por andar metido en relaciones ajenas.

-Oye… si no vas a comer. Me lo guardas – le indicó el moreno al ver que su amigo no tenía intenciones de probar bocado.

-Glotón … - le dijo Yamato entrecerrando los ojos – es mi almuerzo y me lo voy a comer, así que deja de mirarlo.

Se estaba acomodando para comenzar su horario de almuerzo cuando sintió un aroma muy particular a sus espaldas. Era imposible no olvidarlo.

-Hola Yamato – el chico volteó y se encontró con Mae Sasaki. Compañera de clase de Taichi y una de sus más recurrentes conquistas. La chica era una de las más lindas de la preparatoria. Tenía un largo y liso cabello rubio que le caía hasta un poco más arriba de la cintura, sus ojos eran pardos y poseía un cuerpo que atontaba a cualquiera. Yamato no pudo evitar mirarle las piernas, llevaba la falda más corta que había visto. Estaba seguro que si ella inclinaba un poco cualquiera le vería las bragas. Bragas que él se había encargado de sacar en tantas ocasiones que ya ni recordaba el número exacto. –no nos habíamos visto – y se inclinó donde el Ishida para ponerle un beso en la mejilla dándole la espalda a Taichi el cual no pudo evitar mirar que entre más se agachaba más subía…y subía… y subía esa falda.

-oh mierda…. – alcanzó a murmurar el moreno luego de tener la panorámica completa del trasero de la chica ni sintió como el almuerzo le caía en los pantalones. Se le había resbalado de entre los palillos.

-¿Tai? – Le llamaron. Pero este no se dio por aludido. Tenía la vista perdida entre unas bragas de encaje blanco. Ese trasero era perfecto. ¡Maldito Yamato! -¡¿Taichi Yagami?! – y se sintió caer con fuerza una bandeja sobre la mesa sacándolo de inmediato de su éxtasis.

Ante el fuerte ruido Mae se enderezó quedando en medio de ambos chicos.

-Hola Sora – saludó ésta con media sonrisa. Había hecho a propósito el de saludar así a Yamato. Hace tiempo que le tenía ganas a Taichi y ese año se había puesto de meta tenerlo para ella. Aunque tuviera que sacar del camino a esa pelirroja - ¿Qué tal las vacaciones?

Sora la miraba furiosa. ¡Esa ofrecida de cuarta mostrándole las bragas a SU novio a propósito! ¡Y el otro que se había quedado embobado mirándola!

-Sora…. Yo… - Taichi abrió la boca para decirle algo más pero no sabía qué. Había sido pillado infraganti.

Yamato reía por lo bajo y se tapaba la cara con una de sus manos. ¿Cómo saldría su amigo de esta situación?

-¿Pasa algo? – una nueva voz se hizo presente. Una voz nueva y femenina. El rubio de inmediato subió la mirada encontrándose con Mimi que tenía los ojos puestos en Sora extrañada. ¿Qué hacia ella allí?

La pelirroja volvió a tomar la bandeja que había dejado caer y le echó un vistazo al casino.

-Sentémonos en otra mesa, Mimi. – iba a irse, pero antes de eso de dirigió a Mae – La pasé muy bien en mis vacaciones. Me lo podrías haber preguntado en clases… después de todo vamos en el mismo salón.

La rubia, que seguía sonriendo de lado, se fue caminando lentamente hasta la silla más cercana al moreno rozando con su mano el hombro de Taichi que aún no reaccionaba– no tuve tiempo en clases… estaba ocupada pensando en alguien.

OK. Había entendido la indirecta totalmente y ahora precisamente echaba llamas. La muy zorra estaba dispuesta a meterse, ahora en serio, en su relación con Taichi. No le bastaba con echarse a la cama a media preparatoria, ahora quería a su novio. ¡Y el otro idiota no hacía nada!

-¿Nos calmamos? – Yamato se había levantado de su asiento y ondeaba su servilleta blanca cual bandera de rendición – No vamos a discutir el primer día de clases y menos a la hora del almuerzo – Los miró a todos y se detuvo en la rubia – Mae, hablamos en un rato más… ¿Te parece? – Ésta le guiñó el ojo y se alejó meneando la caderas para que esa corta falda hiciera efecto – Sora… no tienes que irte a otra mesa. Siempre almorzamos juntos. – Él no quería que Mimi se fuera lejos. Menos ahora que el noviecito no andaba cerca.

La pelirroja dudó por varios segundos.

El Ishida tuvo que darle un golpe en la cabeza al moreno para que dijese algo al fin. Se había quedado en silencio en todo momento y si él no se disculpaba o hacia algo la trigueña se iba a ir.

-Sora, lo siento – dijo al fin – perdóname.

Pero ella no le respondió. Le dio un leve codazo a Mimi y se fueron juntas a otra mesa lo más lejos de Taichi.

-Lamento todo, Mimi – suspiró Sora ya avergonzada – no quería que…

-No te preocupes… - interrumpió ella – that bitch! – Exclamó al segundo molesta - ¿Cómo te aguantaste las ganas de abofetearla?

-Ni yo lo sé…

-En todos lados hay una de esas – se quedaron en silencio unos momentos mientras le daban los primeros bocados a sus respectivas comidas - … Taichi es tu novio ¿no?... el moreno.

-sí, llevamos 5 años juntos – sonrió pero tenía una mirada triste.

-me ganas por 2… yo llevo 3 – Mimi trató de infundirle ánimo a través de su voz – Michael era muy popular en la secundaria y créeme que tuve muchos encuentros de ese tipo. Y por lo que vi… acá también los voy a tener – la muchacha rió y consiguió que su nueva amiga también lo hiciera.

-¿y dónde está el?

-Esa es una muy buena pregunta… - Mimi se levantó de su asiento y echó una rápida inspección por el casino. Sintió que varias varoniles cabezas se dieron vuelta a mirarla. Pero ella buscaba solo una. Y no la encontró allí. – Quizás esta almorzando en otro lado… hoy discutimos en la mañana – dijo sentándose nuevamente.

-Vaya… hoy es día de problemas – suspiró Sora abatida.

-Quédate tranquila, después de 5 años debes conocer muy bien a tu novio, ¿no? ¿Te engañaría?

-Pues… -pareció dudar – creo que no - ¿cierto? Después de 5 años juntos Taichi no se atrevería a engañarla.

-¡Animo Sora! She's just another bitch – apuntó haciéndole un guiño – y si ella hace algo… me avisas.

La pelirroja se sentía realmente a gusto con Mimi, era como si se conocieran de siempre. Continuaron platicando de distintas cosas durante lo que quedó de hora de colación. Hablaron de sus gustos, sus aspiraciones… de cuando eran más pequeñas. De un sinfín de acontecimientos. Mimi omitió en todo momento hablar de sus padres y el único momento en que salieron como tema ella simplemente le dijo que estaban de vacaciones en el extranjero.

La hora se hizo tan corta que el timbre de receso las interrumpió justo cuando Sora le contaba cómo Taichi era pésimo mintiéndole ya que se conocían desde los 5 años y que cuando el moreno mentía, ella lo sabía de inmediato.

-Le pregunté si él se había comido los bombones que me había regalado para mi cumpleaños… - le decía Sora a la trigueña mientras caminaban a dejar las bandejas - …el por supuesto que dijo que no, tan solo lo miré unos instantes y ya me estaba confesando que si había sido él. No pudo aguantarse.

-Wow… yo conozco mucho a Michael pero me cuesta mucho saber si miente o no… al final debo solo confiar en él. Debe ser genial poder mirar a alguien a los ojos y saber todo de él.

-Lo es… pero son años de experiencia. Tantos años juntos hacen que…

-Hacen que uno se aburra – dijo una voz burlona a su diestra que acababa de dejar su bandeja. Era Mae.

Sora no tenía ni la más mínima intención de entablar si quiera una discusión con la rubia. Dejó su bandeja así como Mimi también lo hizo. Quiso empezar a caminar pero la muchacha parecía empecinada en hacerle un mal día.

-…pobre Taichi… debe estar tan aburrido de ti que con ver algo distinto queda… embobado – Mae rio divirtiéndose.

-Oye!... ¿te gusta andar de ofrecida o qué? – Mimi contestó bastante molesta. Había alzado la voz llamando la atención de los que estaban alrededor.

-Y ¿quién eres tú?... – la rubia la miró de pies a cabeza - …no te metas que no es contigo

-Mimi, déjala… - pidió Sora tomándole el brazo para que salieron de allí. Notaba que ya las comenzaban a mirar.

-Soy Mimi, amiga de Sora y anda viéndome bien porque si sigues molestándola me vas a ver bien seguido. Así que repásame otra vez de pies a cabeza para que me recuerdes…

-Traes guardaespaldas, Takenouchi – rio Mae. Sora no dijo nada. Quería irse pronto de allí. La muchacha hizo caso omiso de la trigueña y se acercó a la novia de Taichi mirándola en menos – Vas a ver cómo me quedo con Yagami.

Y de pronto pasó…Sora sintió como le salpicaban gotas de agua en la cara, cerró los ojos por inercia, pero al escuchas un chillido los volvió a abrir de golpe y pudo notar que frente a ella Mae Sasaki estaba estilando en un líquido color rojo, su cabello rubio se mezclaba y le daba una tonalidad naranja y su blusa estaba totalmente manchada.

-Eso es para que vayas bajando un poco la temperatura – dijo Mimi soltando dos vasos de plástico al suelo.

Yamato y Taichi llegaron en el instante preciso en que Mae se iba a abalanzar donde la trigueña. Habían visto todo en cámara lenta desde la puerta de entrada al casino. Ambos ya iban saliendo pero se devolvieron al escuchar una discusión entre dos chicas. Yamato había reconocido su voz al instante.

La vio tomar los vasos desde dos bandejas y sin mediar palabras se las lanzó a la rubia que en cuanto se sintió mojada lanzó un grito de enfado que se debe haber escuchado en toda Odaiba.

El Ishida no pudo más que sonreír asombrado. ¿Qué demonios esa chica?... era de armas tomar. Si cuando la vio entrar por el salón había quedado prendado, ahora estaba maravillado. Jamás había visto y/o conocido a una mujer con ese temperamento.

¡Y era el primer día de clases!

Iba a acercarse a alejarla de una enfurecida Mae cuando sintió que alguien lo pasaba a llevar. Alcanzó a ver su rubio platinado y bufó por lo bajo. ¡Apareció el noviecito!

-What d'fuck Mimi? – preguntó Michael tomándola del brazo y llevándosela a un rincón del casino. Todos murmuraban, reían a su alrededor.

Ella no respondió.

Mae al ver que todos se amotinaban a su alrededor y que ya Mimi estaba lejos se dio media vuelta y salió hecha una furia del casino.

Sora por su parte se había quedado helada en su sitio. ¿Qué había pasado allí? O sea, sabía qué había pasado… pero su cabeza no lograba procesar del todo. Siempre había tenido problemas con Mae, ella siempre le recalcaba que iba a quitarle a su novio, pero Sora solo la ignoraba. Era la primera vez que alguien hacia lo que ella siempre tuvo ganas de hacer.

Taichi llegó a su lado y la abrazó. Pero su mente estaba volando y aun veía a la rubia con el cabello naranja y la blusa manchada y de la nada comenzó a reír.

¡Al fin esa zorra no se las llevaba gratis!


-¿Mi mamá hizo qué?

Daiki aún no lograba creer lo que le contaba su padre.

Desde que tenía memoria que su mamá siempre había sido muy sumisa, muy callada. De hecho cuando Michael le pidió que dejara su carrera de fotógrafa para estar en la casa, ella no puso objeción alguna.

¿Estaban hablando de la misma persona?

-Le volteó 2 refrescos en la cabeza – Yamato no podía parar de reír al recordarlo – Desde ese día Sora y tu mamá se hicieron inseparables. Y yo lo agradecí de sobremanera porque gracias a su amistad yo pude comenzar a interactuar más con ella. La personalidad de tu mamá era apabullante, pero… - los ojos del padre de Daiki se nublaron - … pero también tenía un lado que nadie podía ver. Porque ella no quería que nadie lo viera.

Daiki se apoyó en el vidrio del ascensor pensativo. Era como si le hablaran de otra persona…. De la juventud de la mama de un compañero de la secundaria, pero no de su propia madre.

Las puertas del ascensor se abrieron y caminaron a través de un largo pasillo hasta una puerta doble.

El muchacho estaba ansioso, su padre lo había llevado anteriormente a otros hoteles donde se habían quedado juntos, pero siempre quiso visitar el Hotel Plaza y si era el Penthouse del Plaza, mejor!

-Vamos Papá… abre ya – parecía un niño de 5 años. Yamato buscaba dentro del bolsillo de su pantalón la llave magnética.

-Vaya… parece que estamos ansiosos – sacó al fin la tarjeta y la pasó como si fuese tarjeta de crédito por la cerradura– vamos a ver qué podemos hacer una semana completa acá – y abrió con fuerza la puerta doble.

-wow… - fue lo único que atinó a decir Daiki.

El lugar tenía un gigantesco salón de 3 sillones dorados, mesas de arrimo por todos lados llenos de decoración de tonalidades doradas y enormes jarrones con exóticas flores. Ishida hijo corrió del salón a una puerta corredera, tras ella había un sala de reuniones que era tan o más grande que el salón mismo. Corrió de un lugar a otro, abriendo puertas, tocando muebles, oliendo aromas. Saltó un par de minutos en una cama gigantesca que sería su cama durante toda esa semana. Y cuando se cansó se fue hasta el ventanal principal que daba la mejor panorámica del Central Park.

Respiraba agitado de la emoción.

-Si no supiera que tienes 16… pasarías por un niño de 7 – sonrió Ishida padre dejándose caer en un sillón cercano a su hijo.

-Me encanta tu trabajo – respondió sin más – Voy a ser la envidia de todos, ¡espera a que les diga que me estoy quedando aquí!

Eso ya lo había escuchado antes…

¡Es maravilloso, Matt! Se puede ver la torre de Tokyo perfectamente. Me encanta que seas cantante… cuando le cuente a las chicas voy a ser la envida de todas!


Continuará….


Avanzamos poco a poco.

Conté un poco de Nanami… ojo con ella se volverá más recurrente al igual que Mae.

No hubo casi nada de Mimato en este episodio, pero tranquilos que ya se viene. Vamos paso a paso.

Tampoco hubo tanto del malvado Michael, lo deje descansando ha sido muy malo jajajajja

Gracias a todos por sus RR's

Dentro de la semana actualizo otra de mis historias asi que atentos.

Ah! Actualizo cada 2 semanas. Hay veces en que demoro menos…y lo max que demoro es 1 mes.

Respeto al lector siempre

Abrazos a todos