(NO MORE) FEAR
Lore-chan
-MINUS THREE-
.
.
-Tienes el cabello muy largo… - le comentó su madre mientras se lo cepillaba con delicadeza –Yo a tu edad lo tenía casi del mismo largo que tú, pero me lo tuve que cortar porque una de mis compañeras de universidad, celosa por que salía con tu padre, me pegó un chicle casi en la coronilla… hay personas muy malas.
-Prometo que no me lo cortaré nunca entonces – sonrió Mimi mirándola sobre el hombro.
-Pues te verás más hermosa de lo que ya eres – Satoe Tachikawa besó sus cabellos con cariño.
Estaban sentadas en el salón de su hogar en New York. La joven castaña le había estado contando que finalmente Michael decidió presentarle a sus padres y que, para su sorpresa, ambos la recibieron de una forma tan alegre que ella, en el fondo de su ser, creía que siempre había pertenecido a esa familia.
-Creo que es el indicado, mamá.
-Si eso es lo que sientes, debe de ser así – sonrió.
Mimi se quedó pensativa, dejándose peinar por su madre. A pesar de que sentía que Michael era el correcto o el indicado.
¿Podía ser que el primer novio serio que tuviese, lo fuese?
-Mamá… ¿Cómo supiste que mi papá era la persona con la que querías estar para siempre?
-Lo supe en el momento en que conmigo se comportaba de una forma tan diferente con el resto que me hacía sentir especial. Tu padre era todo un galán en la universidad y, aun teniendo un séquito tras él, se fijó en mí. Cualquier otra persona desapareció… me hacía reír todos el tiempo… hasta canciones me dedicó – rio recordando – aunque no lo creas él no era una persona muy demostrativa, pero a mi lado… era el más romántico del mundo.
-Mi papá siempre ha sido romántico… ustedes expelen amor por lo poros - comentó su hija.
-No siempre fue así. Se ganó cada pedacito de mi corazón… y tú eres nuestra máxima expresión de amor. ¡Te adoramos! - Y su madre la abrazó con fuerza.
-¡Hey! ¡Yo también quiero un abrazo!
Keisuke Tachikawa se acercaba por el pasillo y al ver a sus mujeres envueltas en un cariñoso abrazo se le unió. Besó a su esposa con ternura y luego a Mimi en su cabeza antes de revolverle los cabellos.
-¡Papá!... ¡Mamá acaba de peinarme! – exclamó falsamente molesta.
-Esos hermosos cabellos de rapunzel… - dijo divertido volviendo a revolverlos.
La madre de Mimi se levantó del sillón con la sonrisa más amplia que Mimi haya visto en su vida. El amor que se profesaban sus padres era telenovelesco y ella quería encontrar una persona que la hiciese sentir como Satoe cada vez que miraba a Keisuke.
-Prepararé la cena, querido – dijo ella tomando su maletín para dejarlo sobre un mueble cerca de la cocina.
-No, no es necesario – su esposo se acercó a ella para abrazarla por la espalda – Les tengo una invitación a cenar a mis princesas.
-¿A dónde? – Mimi lo miró curiosa.
-Es una sorpresa… - le guiñó el ojo.
Su madre regaló un suspiro de amor y lo besó en la mejilla. Keisuke era un hombre muy dedicado y detallista con sus mujeres.
Mimi los vio abrazarse y darse besos cortos llenos ternura.
Sus padres se merecían una cita a solas.
-¡Oh! Yo no puedo ir – Mimi trató de ser la mejor actriz en ese momento – Olvidé hacer un informe, debo entregarlo mañana a primera hora. Lo siento…
.
Los señores Tachikawa estaban ya listo para irse a cenar, Mimi lo miró a una distancia prudente. Su madre le acomodaba la corbata a su padre que la sostenía desde la cintura y al parecer le estaba contando algo muy divertido ya que Satoe daba pequeñas risitas.
-Quiero una muy buena nota en ese informe, princesa – dijo su padre abriendo la puerta.
-¡Por supuesto!
Su madre se acercó a ella dándole las típicas instrucciones que una madre le da a un hijo que va a quedarse solo por la noche, "no le habras la puerta a extraños", "si ocurre algo, nos llamas de inmediato", etc.
Tomó su cabello y lo trenzó con habilidad.
-Así mañana tus rizos se notarán mucho mejor… - explicó ella y agregó solemne– Tienes estrictamente prohibido cortar tu hermoso cabello. Te amo hija.
.
.
Mimi tomó un mechón de su cabello con una de sus manos mientras que con la otra sostenía las tijeras. Su muñeca temblaba y entre más observaba su reflejo en el espejo del baño donde estaba ella, a escasos centímetros de comenzar a cortar su cabello, los recuerdos de la última vez que vio a sus padres vivos se caló hondo en su ser.
Esa misma noche recibía una llamada para que acudiera al hospital… minutos después de llegar, le informaban que ninguno había sobrevivido.
¿Por qué Michael le pedía que cortara su cabello? Él sabía lo que significaba para ella esa tan, para algunos, insignificante maraña de color chocolate. Para ella lo era todo… y lamentablemente no era la primera vez que pasaba por algo así.
.
.
.
-¿Mimi? … Mimi I'm talking to you…
Michael se acercó a su novia tomándola del brazo antes de que ingresaran al salón de clases
-What the hell is going on with you? … First that scene with the juice few weeks ago and now… you're smoking inside the school?
-Nobody saw me… - respondió quitandole importancia.
-I saw you.
La castaña suspiró cansada y giró sobre sí misma para poder mirarlo de frente.
-Fuck off, Michael. ¡Let me alone!
-Now you wanna be alone… ¡Perfect! I don't know why I came here…
-I never asked you… you came by yourself.
-I don't recognize you anymore, who are you?
El rubio la miró incrédulo, Mimi había cambiado tanto en tan solo un par de semanas. Pasaban discutiendo hasta por lo más mínimo, su relación pendía de un hilo. Desde que habían llegado a Japón ella jamás se fue a quedar un solo día a su departamento, siempre tenía una excusa… y él estaba tratando de hacer todo lo posible por mantenerla a su lado.
Su objetivo era llevársela con él de vuelta a USA.
-This is what I am now… and this is why I broke up with you at the first time. My parents died, I'm broken and I need to fix my pieces once again… but alone, Michael.
-I can't be without you, Mimi.
-You're gonna find a way…
-Are you breaking up with me... again?
La castaña notó como los estudiantes comenzaban a acercarse curiosos, murmuraban por lo bajo y por un instante agradeció que aquella conversación se hubiese llevado en inglés. Por más que trataba de que su relación con Michael funcionara, ella ya no sentía lo mismo. Ya llevaban casi un mes y medio juntos, pero Mimi lo único que quería era estar con Sora, con Taichi… con Yamato.
Yamato Ishida, él era el motivo de su confusión.
Después de la escena en la cafetería donde defendió a la pelirroja, comenzó a sentarse con ellos… Michael los acompañaba de mala gana y aunque durante dos semanas soportó compartir mesa con ellos, terminó sentándose con Nanami en otro lugar excusándose de que ella le había pedido que la ayudara en inglés. Se había hecho muy buen amigo de la chica.
A Mimi ni quiera sentía celos, Sora se lo preguntó en más de una ocasión, pero ella sin titubear le decía que no. Con la Takenouchi se habían vuelto inseparables, hasta que habia inscrito en tenis con ella y a pesar de que era muy mala en ese deporte, lo pasaba muy bien. Taichi aportaba el humor en el grupo, era un moreno muy divertido y siempre los hacía reír… Mae había pasado a segundo plano y no se hablaba de ella.
Mimi se topaba muy seguido a la rubia, después de todo iba en el mismo salón que su pareja de amigos y cuando entraba a buscarlos ella le entregaba miradas de odio y una que otra vez la pasaba a llevar golpeándola con su hombro esperando provocarla y para su poca paciencia caía muy seguido. Estuvieron a punto de agarrarse de los cabellos en más de una oportunidad y era Yamato quien las separaba.
Yamato… con el Ishida hablaba siempre, él le tocaba el hombro en medio de las clases y le pedía ayuda en inglés, también en matemáticas, en historia… y a ella no le molestaba. Sora le había dicho que tuviera cuidado con él – la reputación del muchacho dentro de la preparatoria era la de un galán atrevido que en donde posaba los ojos, dejaba corazones rotos – pero con ella siempre se comportaba, nunca se había insinuado. Y extrañamente, reía con él tanto o más que con Taichi.
Se lo topaba seguido en el salón de música, ella había pedido el salón un horario después del rubio.
Mimi se sentaba en el piano de cola que había en el lugar y practicaba melodías que su padre le había enseñado de pequeña. Se trenzaba el cabello y dejaba que sus dedos se movieran toda la habilidad que recordaba. Muchas veces se quedaron más allá del horario establecido juntos… ella tocando el piano, cantando canciones en inglés y Yamato la seguía con su guitarra o con su armónica dependiendo del día.
Comenzaba a sentir algo por él, comenzaba a sentirse nerviosa cuando se daba vuelta en su silla y le explicaba la gramática inglesa. Estaba olvidando sus sentimientos hacia Michael…
Quizás lo que ella creyó años atrás cuando conversaba con su madre, no era cierto. Quizás Michael no era el indicado. Pero tampoco sabía si Yamato lo era.
- Are you breaking up with me once again, Mimi?
Michael volvió a preguntar y ella calló.
-Hablemos después – dijo al fin entrando al salón.
Adentro Yamato ya estaba sentado en su puesto con los pies sobre pupitre, junto a él estaba Mae Sasaki inclinada sobre él de tal forma que por milímetros su corta falda no dejaba ver su ropa interior. Varios de sus compañeros estaban a sus espaldas observando a la chica que les daba la espalda.
Echó un vistazo sobre su hombre y Michael ya estaba conversando con Nanami Aoyama. Lo más probable era que le estuviese contando de su nueva discusión, esa chica se había convertido en una especie de confidente de su novio y tenía la impresión de que a pesar de haber cruzado un par de palabras con ella, ésta conocía cada pasaje de vida. A excepción de la muerte de sus padres, Michael sabía que ese tema estaba estrictamente prohibido de contárselo a cualquiera. De hecho, ninguno de sus amigos lo sabía aún. Era algo terriblemente doloroso para ella y quería guardárselo para sí por todo el tiempo que pudiese.
Caminó a su puesto, faltaba uno que otro minuto para que el timbre que anunciaba el término del último receso, sonase.
Sasaki notó la presencia de la castaña y torciendo la boca se enderezó.
-¿No traes ningún líquido contigo que quieras arrojarme cierto?
-Mae… - advirtió Yamato al sentir que se avecinaba una nueva discusión entre ambas.
-oh, por favor… supéralo – dijo Mimi tomando asiento para así darle la espalda.
La rubia avanzó un paso y el golpe que le dio a su pupitre llamo la atención del resto de sus compañeros.
-Me las vas a pagar, créeme que lo que me hiciste no lo voy a "superar". Te vas a arrepentir de haberte cruzado en mi camino.
-La que se cruza en el camino de los demás… eres tú – la castaña subió la mirada para toparse con los ojos pardos de la rubia.
-Mimi… - Yamato estiró su mano y la posó en su hombro para intentar tranquilizar el ambiente.
Michael y Nanami miraban la escena desde los primeros asientos. El novio de Mimi no sabía qué hacer, acababa de tener una pelea con ella y tenía miedo de que si se acercaba en esos momentos, podría empeorar aún más las cosas.
Su novia no era una buscapleitos, pero no se dejaba pasar a llevar por nadie.
Nanami notó la tensión en el ambiente y rápidamente fue donde su prima.
Sí, para desgracia de la muchacha, aquella rubia era su prima.
-Escúchame bien Tachikawa, vuelve una sola vez más a toparte conmigo… de la forma que sea y te vas a arrepentir de haber viajado tantos kilómetros de USA hasta Japón – amenazó.
Ella rió.
-No me busques Sasaki… me vas a encontrar a mí también.
-Mae, ya va a sonar el timbre – dijo Nanami llegando a su lado – recuerda que te toca matemáticas y …
La rubia chasqueó la lengua e hizo un ademán a su prima para que se largara.
La rubia miró primero a Nana, luego a Mimi y sin más se devolvió donde Yamato para plantarle un beso en la boca.
-Nos vemos a la salida, Yama'
Pasó al lado de la Tachikawa viéndola de soslayo con una sonrisa divertida y meneando las caderas caminó hasta desaparecer finalmente por la puerta.
Mimi suspiró incómoda al momento que el timbre resonaba en el establecimiento. Apoyó una de sus mejillas en la palma de la mano y ladeó la cabeza hacia la ventana. Ella podía estar sintiendo algo por su compañero de salón, pero éste salía con la rubia. No eran novios como le aclaró Yamato en una ocasión, pero esa chica se encargaba de besarlo, abrazarlo, acariciarlo cuando sabía que la castaña estaba presente o cerca.
A veces tenía miedo de que ella hubiese descubierto sus sentimientos.
.
Michael tuvo que correr casi dos cuadras para alcanzar a su aun novia. Después de acabadas las clases fue la primera en salir rauda del salón.
Llegó a su lado respirando agitado debido al trote.
-Can we talk now?
-Japonés, Mike, Japonés – dijo ella sin ganas.
Él sonrió, tenía problemas para expresarse en ese idioma. Muy distinto era practicarlo de vez en cuando en casa con su madre a tener que rodearse de el en todo momento.
-¿Podemos conver…? - pero no terminó su oración Mimi lo abrazó con fuerza. De lo mucho que la conocía podría apostar a que estaba conteniendo las ganas de llorar.
-Lo lamento… - susurró a su oído – no sé qué me ocurre – Eres un mentirosa, Mimi… sabes perfectamente qué te sucede.
-Tranquila, estoy contigo. Siempre voy a estar contigo – la separó de sí para poder besarla.
-¿Puedo quedarme hoy contigo?
Una inmensa alegría inundó al rubio, él era el que siempre le pedía que se quedara con él y ella en la mayoría de las ocasiones se negaba.
-Por supuesto – la besó por última vez para luego entrelazar los dedos de su mano - … Vamos.
…Yamato a una distancia prudente y mientras esperaba a Mae observó cómo los novios se iban tomados de la mano.
Estar con la rubia para provocar celos y mostrarle a la castaña que él podía estar con quien quisiera, no estaba funcionando.
Entre más la conocía, entre más compartía con ella… ¿Qué demonios era eso que estaba sintiendo y que no había sentido antes por nadie?
Había inventado excusas tontas para llamar su atención… pedirle ayuda en matemáticas siendo que a él le iba muy bien, al igual que en historia… quizás su única falencia era el inglés, pero escuchar música y cantar en ese idioma no lo dejaba como un completo ignorante, aunque tenía que admitir que había avanzado bastante en gramática y en vocabulario en tan solo unas semanas. Y para su sorpresa ya entendía más cuando "sin querer" oía discutir al americano con la castaña.
Él nunca se había comportado así, yendo por los costados en búsqueda de su presa. Él era directo, decía lo que quería y lo obtenía de inmediato… nunca le importó que la mujer que le atrajera tuviera novio, ¿Por qué ahora estaba viendo cauto? ¿Por qué después de más de un mes ya, no le había robado un beso al menos?
Oportunidades había tenido para contarlas con los dedos de las manos y de los pies, Mimi al igual que él se escondía cerca de las canchas de tenis a fumar… se topaban tan seguido y conversaban a solas y él no la agarró del cuello para darle un beso. Cuando Taichi y Sora se peleaban por tonteras y almorzaban solos, él no se insinuaba de ninguna forma, sabiendo que el noviecito estaba en otra mesa almorzando con Nanami – que a su parecer era lo más raro del mundo, ningún novio deja a su chica almorzando con otro para estar con una "amiga". Algo raro había ahí, al menos por parte de Michael. Nana, a sus ojos, era muy inocente – tampoco se acercaba más cuando se quedaban en el salón de música… había descubierto en ella una voz maravillosa junto con una habilidad para tocar el piano que lo dejó embobado.
¿Qué pasa contigo Yamato Ishida?
-¿Nos vamos? - Mae se acercaba a él para tomarlo del brazo – Hoy estoy sola en casa – comentó traviesa.
El rubio la miró de reojo y se preocupó más todavía cuando su cuerpo no reaccionó de la forma que siempre lo hacía cuando una chica le decía que iba a estar sola, eso significaba sexo seguro.
Estoy mal… estoy muy mal
Y caminó más por inercia que por otra cosa.
.
.
Mimi no tenía mucha hambre, de hecho, dejó más de la mitad del plato sin tocar. Desde que habían llegado al departamento de Michael que no habían hablado casi nada, pero al menos el que ella estuviera con él y que quedara allí le entregaba más tranquilidad al rubio.
-Podríamos ver una película… - animó el norteamericano.
-La verdad es que estoy cansada, ¿Puedo ir a recostarme un rato?
-No me preguntes Mimi, este es tu hogar…
Ella no comentó nada. Michael podría decirle eso una y mil veces, pero se sentía como una extraña en aquel lugar. Prefería estar en casa con sus abuelos, pero sabía que si llegaba allá iba a ser un mar de lágrimas y no quería preocuparlos.
Entró al dormitorio y tras sacarse la chaqueta se dejó caer en la cama. El aroma de Michael era cítrico… una mezcla a mandarina y bergamota. Se acomodó en el extremo izquierdo y abrazó el primer almohadón que sus manos alcanzaron.
No supo cuántos suspiros dedicados a Yamato Ishida entregó al aire antes de comenzar a caer en un sueño que la llamaba tanto como sus ojos a llorar.
Se volvió acomodar y en ese preciso momento sintió el cuerpo de Michael acoplarse al suyo desde la espalda. Mimi abrió los ojos de golpe y se tensó. No tenía intenciones de tener relaciones ese día, aun sabiendo que ya había pasado más de una semana de la última vez. Su novio comenzó a moverse, rozando su parte baja contra su trasero. Lo oyó gemir en su oído y sin más tiempo que perder sintió sus manos tibias subiendo por su pierna, caminando hasta su muslo, escabulléndose bajo la falda, pasando por su estómago para terminar en su seno izquierdo sobre la blusa.
-Michael, no – murmuró tratando de alejar su mano, pero fue inútil.
No supo si había hablado muy despacio o su novio decidió simplemente ignorarla, pero él no se detuvo.
En un solo movimiento se puso sobre ella apretando sus piernas con las propias, se acercó a boca pero Mimi a giró por milímetros. No le importó, la buscó de nuevo y esta vez fue más rápido, tomó su rostro con ambas manos y la besó con profundidad. La castaña trató de corresponderle como pudo, pero en realidad no tenía ganas de hacerlo.
-Michael, por favor… para – pidió cuando él bajaba con su lengua trazando un camino desde su oreja, luego por su cuello para terminar en su escote.
Nuevamente él no se detuvo. Mimi colocó sus manos en su pecho tratando de alejarlo, pero él tenía mucha más fuerza. La tomó de las muñecas con una sola mano y las dejó descansar sobre su cabeza.
-Michael… no - las palabras no salían de su boca con la fuerza que debían. Se estaba desesperando, ella no quería.
El rubio se desabrochó su pantalón con la mano que le quedó libre y al notar que él sí la había escuchado y que no iba a parar, Mimi comenzó a llorar.
-Michael, no quiero – sollozó y cuando se vio sin su ropa interior el grito al fin salió de su boca - ¡PARA, NO! ¡NO QUIERO!
Con una fuerza que no se esperó lo alejó de ella y éste cayó dela cama. Y al parecer la caída hizo que reaccionara.
-Lo lamento, Mimi. Perdóname – se levantó tapándose la boca al ver a su novia con la ropa desordenada y llorando.
La castaña tomó sus pertenencias y salió disparada del dormitorio. Tras ella salió Michael.
-No sé qué pasó, Mimi… por favor – suplicó acercándose pero ella estiró su brazo pidiéndole espacio.
-No te vuelvas a aproximar – le pidió entre lágrimas – te lo pedí Michael… una y otra vez. ¿Pretendías obligarme?
-¡NO! – se pasó la mano por el cabello tratando de entender qué le había ocurrido. Había escuchado a Mimi decirle que parara, pero no quiso hacerlo. Sí estuvo dispuesto a obligarla a hacerlo con él. Y se asustó ante ello.
-No me llames, no me busques… ¿Querías una respuesta? Pues te la doy ahora: Terminamos Michael. Nunca más vas a volver a hacer lo que pretendías, no conmigo.
Mimi salió del departamento dando un portazo.
.
.
Yamato seguía sin entender.
Le había dicho no a Mae, ¡Le había dicho que no!
Estuvo ahí parado en las afueras de su edificio, ella le decía con detalles exactos todo lo que pretendía hacerle una vez que lo tuviese en su cama y él le dijo que no.
El Ishida se rió metiendo la mano dentro de sus bolsillos
¿Desde cuándo decía que no a un polvo seguro?
Es ella, se dijo, ella está en mi cabeza y está haciendo estragos
Y como si la hubiera llamado con el pensamiento la vio cruzando la esquina yendo en su dirección, la sonrisa en su rostro duró menos de 5 segundos al verla llorando. Se sujetaba la chaqueta con fuerza con un de sus manos tapándose y con la otra sostenía su bolso negro.
-¿Mimi? - Ella alzó la mirada enrojecida por culpa de sus lágrimas – ¿Qué te paso? – indagó preocupado acercándose.
-Nada, no es nada
Ella lo rodeó con velocidad para seguir su camino. Era la última persona que quería ver en esos momentos.
-Espera…- - dijo sujetándola del brazo - ¿Por qué lloras?
-Por favor no preguntes – sollozó.
-¿Ocurrió algo malo?
-¡No preguntes, Yamato! – exclamó y comenzó a temblar.
Y no insistió.
Lo único que atinó a hacer fue a acercarla a su cuerpo para abrazarla.
.
.
Michael no se acercó a Mimi al día siguiente durante todo el período de clases. Su error aún le calaba en lo profundo.
Estuvo durante toda la noche tratando de entender por qué no quiso parar cuando ella le pidió una y otra vez que se detuviera. Y entre más lo pensaba, comprendió que quiso tener el control, al menos una vez, en su relación. Quería controlar a Mimi… incluso si eso significaba obligarla a hacer algo que ella no quisiera. Se sintió poderoso durante esos momentos.
¿Qué demonios estaba pasando con él? ¿Mimi y sus contantes rechazos estaba sacado lo peor de él? Estaba convirtiéndolo en alguien que no reconocía.
.
.
La castaña no tuvo ganas de tocar el piano ni de cantar ese día en salón de música. Yamato la dejó sola por unos momentos mientras iba a comprar un par de bebidas. No conversaron mucho, por no decir nada… ella no tenía intenciones de contarle lo que le había pasado el día anterior y él prefirió no seguir insistiendo. Cuando se sintiera en más confianza, quizás le contraria.
Mimi se sentó frente al piano de cola, suspirando una y otra vez… quería borrar de su cabeza lo sucedido en el departamento de Michael. Aquello podría caer perfectamente dentro de un intento de violación… ¿Michael era capaz de eso?
Él tenía uno que otro arranque violento cuando se sentía ofuscado, pero eso le sucede a cualquier persona, incluso a ella le había pasado, pero de ahí a casi obligarla a costarse con él… jamás.
.
-Creo que es el indicado, mamá.
-Si eso es lo que sientes, debe de ser así
.
Se trenzó el cabello recordando la conversación que tuvo años atrás con su madre. Necesitaba a sus padres, los extrañaba con locura.
Quería a su padre sonriéndole con ternura… quería a su madre cepillándole su cabello.
Bajó la tapa del piano y escondió su cara entre sus manos, las ganas de llorar volvían furiosas.
-Nunca pensé que lloraras como una niña pequeña – dijo una conocida voz a sus espaldas.
Mimi volteó de inmediato y se encontró con Mae Sasaki que había entrado al salón. La rubia cerró la puerta despacio y se acercó con una mirada perversa a donde ella estaba sentada escondiendo sus manos en su espalda.
-No tengo la más mínima intención de discutir contigo, Sasaki – la castaña se secó las lágrimas y se levantó a enfrentarla – la sala está reservada.
Mae la ignoró.
-¿Recuerdas cuando te dije que no te toparas conmigo de ninguna forma, Tachikawa?
-No lo he hecho.
La rubia la empujó con una de sus manos con tanta fuerza que la hizo trastabillar para luego caer al piso a un costado del piano.
-Oh sí, lo hiciste – dijo ella arrodillándose a su lado – Yamato es de alguna forma toparse conmigo. Los vi ayer.
-Yo no tengo nada con él – recalcó tratando de levantarse, pero Mae no se lo permitió.
-Primero te las das de guardaespaldas de Takenouchi y provocas que no pueda acercarme a Yagami… ahora quieres quitarme a Yamato.
-Nadie te está quitando a Yamato, ¿te estás escuchando?, ¡estás locas!
Mimi hizo el último intento de levantarse en vano pero la rubia la agarró de las manos y fue en ese instante que la castaña notó que sostenía unas tijeras en su mano izquierda.
-¿Qué… mierda...?
No alcanzó a decir más, comenzaron a forcejear pero lamentablemente Mimi no tenía mucha fuerza y de un momento a otro se vio de espaldas con Mae Sasaki sentada en su espalda.
-Esto es para que te acuerdes de mí y no te vuelvas a meter conmigo – susurró a su oído.
La rubia le agarró su larga trenza con tanta vehemencia que Mimi se arqueó hacia ella sintiendo que los cabellos de su nuca le tiraban. Y tan rápido como sintió el tirón, éste desapareció al instante que oía el sonido de las tijeras rasgar su cabello.
Mae se levantó rápidamente y dejó caer la trenza cortada cerca del rostro de la Tachikawa.
-No vuelvas a meterte conmigo – le dijo antes de salir del salón de música.
Quizás pasaron 5 minutos, o 10… o el día completo pero Mimi seguía en la misma posición se cara al suelo observando incrédula los restos de su cabello descansado a medio metro de sus ojos.
.
Tienes estrictamente prohibido cortar tu hermoso cabello. Te amo hija.
.
-…Mamá… - dijo con un hilo de voz estirando su mano para alcanzar la trenza.
Se sentó tiritando y después de varios minutos la realidad la golpeó con furia. Su mano temblorosa fue a su cabello y notó que se lo habían cortado sobre el hombro. Su respiración se volvió agitada y cuando ya no pudo aguantar más de deshizo en lágrimas…
Su cabello no… su cabello le recordaba los últimos momentos con sus padres… Eso no.
.
Yamato se había demorado más de lo presupuestado en ir a buscar las bebidas. Nanami lo detuvo en el pasillo para preguntarle acerca de su prima y si es que su relación iba bien, ya que notaba a Mae muy enamorada… él no entendió a qué se debía esa repentina preocupación. Para empezar, Mae nunca se había enamorado y si lo hacia él sería el último en la lista, ella siempre se lo recalcaba y segundo, ellos no tenían ni una relación.
Finalmente, le dijo que iba con mucha prisa y se la sacó de encima.
A medida que se acercaba al salón, comenzó a oír sollozos y como ya los había escuchado anteriormente, sabían que eran de Mimi. Aceleró el paso y de un golpe abrió la puerta corrediza encontrándose a la castaña sentada en el suelo llorando a mares mientras sostenía una trenza en su mano… subió la mirada a su rostro y notó de inmediato su corto cabello.
Dejó de respirar por varios segundos, ¿Qué mierda había pasado?
Llegó a su lado y la envolvió en un abrazo.
-¡¿Qué demonios paso?! – exclamó alarmado - ¡¿Mimi?! ¡Responde!
-Mis padres… - gimoteó apretando el cabello cortado - … mis padres murieron hace dos años.
Yamato no preguntó nada más y acercó a su pecho con más fuerza.
-Los extraño, Yamato – dijo llorando sin poder parar.
El rubio suspiró pesadamente.
-¿Quién te hizo esto? – exigió – Esto no se va a quedar.
Mimi subió la mirada encontrándose con la del Ishida y sin que ninguno de los dos lo pudiese preveer o esperar, se acercaron hasta juntar sus labios.
.
.
Mimi cerró las tijeras alrededor de su cabello, pero era incapaz de volver a cortarlo. No otra vez.
No más miedo, Mimi, se dijo.
Tiró las tijeras a la tina y salió del baño.
No más miedo hacia Michael, ella no estaba sola… Yamato estaba con ella y estaba segura que en cuanto le dijera todo lo que su esposo había hecho con ella durante todos estos años… Michael iba a desear no haber nacido.
El problema era… ¿Cómo iba a hacerlo?
.
.
.
.
.
LO SIENTOOOOO! Demoré tanto en actualizar esta historia!
Perdón, perdón…
Espero les haya gustado.
Ya se van viendo las primeras señales de que Michael esta mal de la cabeza y es un tipo malo de adentro.
También expliqué porque cuando Michael le dijo a Mimi que se cortara el cabello, ella comenzó a llorar… Mae es mala. La voy a hacer pagar por haberle cortado el cabello hermoso a mi Mimi.
Mimi ya se armó de valor al fin, veamos qué hace para contarle a Yamato y que junto a Daiki muelan a palos a es gringo!
OS QUIERO, OS ADORO
Nos leemos :)
