(NO MORE) FEAR
Lore-chan
-MINUS FOUR-
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Taichi vio a Yamato correr hacia él, no le importó que al cruzar la calle un par de automóviles frenaran abruptamente al tenerlo encima. Nada le importaba en esos momentos.
-¿Dónde está? – su voz sonaba a exigencia.
-Tienes que irte Yamato – fue lo único que recibió por respuesta.
-Taichi, ¡Por un demonio! ¡¿Dónde está?!... no me obligues a sacarte la información a golpes.
-Yamato, Mimi ya no quiere saber nada de ti… Esto ya lo hablamos, recuerda que…
-¡No me interesa lo que hayamos hablado hace un mes atrás!... ahora pienso totalmente diferente. ¡No voy a dejar que se case con ese imbécil! Tengo que hablar con ella, hacerla entrar en razón…
-Matt, para – Taichi detuvo a su amigo que había comenzando avanzar hacia el interior del recinto que estaba a espaldas del moreno – Mimi ya se casó.
-Se… - la respiración comenzó a fallarle al rubio - ¿ella ya se casó? – Ahora miró con furia a su amigo - ¡¿Cómo lo permitiste?! ¡Eres mi amigo! Dejaste que mi mujer se casara con ese estúpido norteamericano… ¡¿Cómo mierda pudiste?!
Yamato agarró del cuello al moreno dispuesto a golpearlo en cualquier momento, pero una vocecita lo hizo detenerse.
-¡Papá! - Daiki se acercaba corriendo lo más rápido que podía y en cuanto alcanzó al rubio pidió ser alzado. Yamato no demoró en tomar en brazos a su hijo de siete años – Papá, Michael me dejó cortar la torta y también me dejó llevar los anillos… no los boté, como se lo prometí a mamá.
Golpe bajo. Golpe bajísimo.
Su hijo quería, para su desagrado y malestar, bastante a Michael. Después de todo, él estaba mucho más tiempo con su hijo que Yamato mism,o debido a las giras.
Tampoco era culpa de Daiki que tuviese un padre más ausente que presente y que ese norteamericano a punta de regalos y mimos se ganase el cariño de su hijo. No podía reclamar nada, porque lo había criado durante todo el tiempo que él no estaba en el país como si fuese de él. Y, si bien, fue muy difícil para el pequeño Ishida comprender en un inicio porqué que sus padres no iban a estar más juntos y que Michael iba a ser el esposo de su madre… acabó por aceptarlo y entenderlo a medias.
Después de todo sólo tenía siete años.
Yamato apretó contra sí a su hijo con efusividad hundiendo su cara en su pequeño hombro mezclando sus rubios cabellos. Se maldecía una y mil veces por dejar que la vida se llevase lo que el más amaba a los brazos de otro. A Daiki y a Mimi.
Taichi estuvo seguro que estuvo a punto de ver un par de lágrimas rodar por sus ojos. Mas no dijo nada.
-¿Yamato?
Los dos adultos y Daiki voltearon a Mimi que apareció en medio del jardín. Venía desde adentro del centro de eventos y lo más probable, a ojos del rubio, era que buscaba a Daiki. Yamato ahogó un sollozo al verla enfundada en un increíble vestido de novia y abrazó a su hijo con más fuerza aún sintiéndose fuera de lugar con su vestimenta. Sus pantalones negros rasgados juntos con una camiseta blanca y sobre esta una camisa a cuadros azul abierta, no combinada con el traje de etiqueta de Daiki ni con el de Taichi ni mucho menos con el blanco e imponente vestido de princesa que Mimi llevaba en esos momentos.
Y es que apenas salió del aeropuerto corrió al lugar donde su mujer se estaba casando con otro. Nunca pensó que un día antes, Michael alegando que el sacerdote que los iba a casar se le había presentado un imprevisto necesitaba adelantar todo dos horas. Mimi se estresó llamando a la organizadora del evento para que estuviera todo listo a tiempo.
-Te ves… - Yamato suspiró apesadumbrado – te ves maravillosa.
Ella lo miró con tristeza.
-Papá… tía Sora le ayudó a colocarse el vestido… mamá no quería, se puso a llorar porque…
-Daiki – interrumpió su madre – están repartiendo ya la torta y te van a dar el trozo más grande – le sonrió a duras penas.
-¡Siii! – Exclamó levantando sus brazos al aire con alegría - ¿Papá quieres que te traiga un trozo a ti?
Taichi no podía sentirse más incómodo con la escena que estaba presenciando.
Podía ser el día de su matrimonio, pero el rostro de la novia hacia que pareciese su funeral. Por su parte, Yamato la miraba como si fuese a llorar en cualquier momento – situación que lo tenía completamente complicado ya que jamás había visto a su mejor amigo llorar – no sabría cómo reaccionar. Y para finalizar, Daiki que estaba ajeno a los sentimientos de sus propios padres debido a su corta edad.
-Hey Dai, ¿Por qué no vamos adentro a buscar a Reiko? – preguntó Taichi al niño que de inmediato asintió alegre. Yamato lo bajó desde sus brazos y el moreno tomó de su mano para comenzar a caminar – Les haría bien conversar… a solas – les comentó antes de irse definitivamente.
Taichi había desaparecido del campo de visión del Ishida hace ya unos cinco minutos, pero no se atrevía a hablar.
Mimi dejó de mirarlo y se perdió entre los pliegues de su blanco e inmaculado vestido de novia. Yamato se lo había advertido, le dijo por teléfono semanas atrás que él no iba a permitir que se casara. De hecho, durante toda la ceremonia estuvo nerviosa de que el padre de su hijo apareciera e hiciera alguna estupidez, pero al todo adelantarse dos horas – algo le hacía pensar que Michael lo había hecho a propósito – no le dio la oportunidad si quiera.
-¿Por qué demonios te casaste? – preguntó al fin el rubio soltando un suspiro lleno de angustia.
-Sabes porque – fue su única respuesta y no porque no quisiera explayarse más sino porque el nudo en su garganta no se lo permitió.
-Tú no lo amas… tú me amas a mí.
Yamato avanzó un paso hacia ella, pero Mimi retrocedió dos pidiéndole que mantuviera la distancia al estirar sus brazos en su contra.
-No te acerques – rogó.
¡¿Qué no se acercara?!, aquella frase lo hizo enfurecer y haciendo caso omiso a su petición avanzó la distancia que los separaba y la tomó de los hombros.
-Te vas a arrepentir toda tu vida de haberte casado con Michael.
-¿De la misma forma que me arrepentí de estar contigo, de creerte siempre?
-Yo no te engañé, Mimi… no me voy a cansar de decírtelo.
Yamato trataba de que la castaña lo mirara pero ella tenía sus ojos clavados en su vestido.
-¿Mimi?
-Vete – le pidió soltándose y dándole la espalda. Tomó su vestido con ambas manos para que le permitieran caminar rápidamente como si estuviera arrancando del mismísimo diablo.
Soltó un gemido de sorpresa cuando Yamato la volvió a alcanzar y la arrastró con él a un lugar apartado.
-¡Me amas a mí! – le recalcó mientras la colocaba contra un gigantesco árbol – y no voy a permitir que ese idiota siga criando a mi hijo y se lleve a mi mujer.
-Ese idiota ha estado más tiempo con Daiki en este año de lo que tú hasta estado con él desde que nació. Y yo ya no soy más tu mujer. ¡¿Qué sabes tú de lo que yo siento?! ¡¿Qué sabes tú si yo no estoy enamorada de…?!
Yamato la calló de un solo beso, ella trató de separarse en el mismo instante que sintió sus labios contra los suyos pero el rubio la tomó tan fuerte desde el cuello que le fue imposible. Él le mordió su labio inferior provocando que ella tuviera que abrir su boca y desde el momento en que sus lenguas que unieron, no se separaron por largos minutos. Mimi correspondió su beso con ímpetu y olvidándose de donde estaba, en la situación en que se encontraba, ni con la más mínima preocupación de que alguien los viera enredó sus dedos entre sus cabellos dorados. Yamato soltó su cuello y se fue a la cintura de la castaña acercándola más a él, profundizando ese beso que sabía a encuentro, a amor, a sal…
-¿Por qué te casaste? – volvió a preguntar el rubio respirando a intervalos.
-Porque quiero a Michael – susurró ella llorando.
-Lo puedes querer… pero a quien amas es a mí.
-No me hagas esto, Yamato – suplicó al notar que él se acercaba otra vez a besarla.
-Tú y yo, vamos a volver… vamos a estar juntos. Te lo juro.
La volvió a besar con mucha más desesperación que la vez anterior y Mimi se dejó. Se dejó por todo el tiempo que pudo hasta que escuchó a su marido llamarla.
Ambos de separaron de inmediato. La castaña se limpió sus lágrimas como pudo y Yamato aprovechó de peinarse rápidamente su cabello.
-Michael… - el Ishida con una fuerza de voluntad que no supo de donde salió estiró su mano para saludarlo. Lo que él quería realmente en ese momento era molerlo a golpes, pero no podía ser tan cínico y no echarse la culpa de la situación. Él se encargó de desaparecer, él creyó tan segura a Mimi que olvidó que ese otro rubio quería lo mismo que él – Felicidades – y fue la felicitación más falsa que dio en toda su vida.
-Yamato vino a… - Mimi se aclaró la garganta. Estaba nerviosa – vino por Daiki.
-¿No iba a venir por él mañana? – preguntó sin sacarle los ojos de encima al Ishida.
-Sí, pero en realidad quise pasar a felicitarte. Te llevaste a una gran mujer, Michael.
-Lo sé. Yo sí sé valorar lo que tengo a mi lado.
El ambiente se tensó de inmediato.
-Hace mucho frío aquí, mi amor. ¿Por qué no entras? No quisiera que pasaras nuestra luna de miel resfriada o algo por el estilo. Además, quiero conversar con Yamato un par de cosas.
Mimi dudó por un par de segundos, pero ¿qué iba a hacer? Ella había tomado una decisión desde el momento en que dijo: sí, acepto. Aunque los besos de Yamato le recordaran que ella lo amaba a él, pero ya había sufrido y llorado demasiado por el padre de su hijo. Tenía que dejar de ser tan débil ante su presencia y comenzar a comportarse de acuerdo a lo que ahora era: la mujer de su marido.
-Te espero adentro – pero antes de que diera un paso, Michael la tomó de la cintura y mirando a Yamato la besó. Aclarando con ello quién era él allí.
Hubo un silencio tenso entre ambos rubios cuando Mimi se fue. Si bien los dos tenían muchas cosas que decir, parecía que uno de los dos estaba esperando que su contraparte comenzara.
-Aléjate de mi esposa – dijo Michael al fin.
-Eso va a ser un poco complicado… veras… tenemos un hijo en común.
-Lo sé – y el norteamericano apretó su mandíbula como si se aguantase las ganas de decirle más que aquellas dos palabras.
-Entonces, notarás que lo que me pides es complejo.
-¿Cuál es tu afán, Yamato? Desde que la conociste que lo único que has hecho es hacerle daño, directa o indirectamente. Comenzando por Mae, cuando le cortó su cabello, pasando por las mentiras, puedo seguir con las veces en que la engañaste, los meses y meses que la dejaste sola y no solo a ella… sino que también a tu hijo. Del que tanto te gusta alardear.
-No metas a Daiki en esta conversación, Michael – amenazó Ishida.
-¿Por qué no? He criado a ese niño como si fuese mío.
-Pero no lo es… - le recordó con molestia - ¿Y eso te duele no? ¿Saber que Mimi lo hacía conmigo mientras creías que eran la pareja perfecta?
-No juegues con mi paciencia Ishida. Ya lo has hecho por varios años…
-No entiendo de qué te quejas… ¿No ves que ganaste? Se casó contigo. ¡Felicidades! ¡Ganaste! – Yamato enterró sus manos en su pantalón roto y comenzó a alejarse. Ya no había caso de seguir con esa conversación. Si seguían estaba seguro que los golpes aparecerían demasiado pronto – Mañana a las 10 paso por mi hijo.
-Puedes pasar a buscarlo donde Taichi y Sora. Se va a quedar con ellos. Recuerda que hoy es mi noche de bodas y que mañana parto con mi esposa a nuestra luna de miel – pasó por su lado antes de ir de vuelta al salón de eventos – Me la tiraré una vez en tu nombre, pero sólo una, todas las demás serán para mí.
Y se fue sonriendo con suficiencia dejando a Yamato hirviendo de furia.
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-Hola pequeña…
Michael se sentó al lado de una niña de no más de 7 años de largos cabellos negros y ojos verdes que respiraba con dificultad. Estaba empapada en sudor y se llevaba las manos a su estómago cada vez que se arqueaba de dolor.
-Papá, me duele mucho – sollozó.
-El doctor viene en camino. – consoló angustiado a verla en ese estado.
Efectivamente a los pocos minutos apareció en la habitación un hombre de avanzada edad portando un maletín, tras de él Nanami Aoyama lo siguió mientras se sostenía su abultado vientre con preocupación.
-Tenemos que hablar… - le dijo el rubio a la mujer pidiéndole con ello que salieran del dormitorio.
El departamento de Nanami era muy amplio, con una inmensa sala de estar decorada en estilo hippie chic, muchos colores, texturas, cojines, adornos de la india y alrededores y flores por doquier que Michael se encargaba de llevarle cada semana.
La morena caminó con cuidado hasta uno de los sillones más amplios y con más cojines del lugar donde dos gatos de colores revueltos dormían plácidamente.
-El jueves parto a Marruecos – dijo sin más preámbulo – la casa donde se quedarán esta lista, necesito saber si ya arreglaste el tema de tu visa y la de Amy. ¿El buffet en donde comenzarás a trabajar pusieron algún problema con el tema del niño? – comentó apuntándole el vientre.
Nana no parecía inmutarse ante lo que escuchaba por parte del rubio. Se sentó con cuidado y uno de los gatos abrió la boca bostezando con desgana.
-Yo no iré – dijo con tranquilidad.
-¿Qué dijiste? –Michael creyó que quizás había oído mal.
-Que no iré – repitió en el mismo tono de voz – me voy a quedar acá. Me ofrecieron ser socia del buffet y lo acepté. No viajaré a Marruecos contigo Michael. Creo que ya te he seguido lo suficiente. Esta vez no lo haré.
-Me vas a alejar de mis hijos, Nana.
-Eres tú el que se aleja… me aburrí de ser la otra, Mike. ¿No crees que 15 años son suficientes?
-Me ofrecieron este trabajo, no pude rechazarlo. Es muy bien remunerado y…
-Mentira – interrumpió – te vas por Mimi. Te vas para alejarla de Yamato una vez más… como lo hiciste en Japón y yo la tonta te seguí acá. Pero ya no más.
-Estabas esperando a Amy, tenías que venir conmigo.
-No más, Michael. Vete solo a Marruecos y sigue con ese matrimonio enfermizo que tienes. Yo puedo vivir perfectamente sin ti.
-Te voy a quitar la custodia tanto de Amy como de Michael…
Nana rió.
-Por favor, ¡Hazlo, adelante! Quiero ver la cara de Mimi cuando llegues con ambos y le tengas que explicar que has tenido escondida una hija por seis años. Y cuando llegues con Michael recién nacido en brazos… en verdad, grábalo. Porque quiero verlo – La morena se levantó a duras penas, su enorme panza le daba batalla – A mí no me amenazas, Mike. A mí, no. Yo no te tengo miedo.
-Deberías…
-¿Sabes? Estuve tan enamorada de ti en la preparatoria… tan enamorada durante la universidad. Pero te encargaste de ir matando todo lentamente debido a tu obsesión hacia ella. Me aburrí de ti Michael y a pesar de que quizás te necesito y que aún siento algo muy fuerte por ti… no sé si te quiero ya en mi vida.
-Él nacerá la próxima semana…no puedes sacarme de tu vida así como así. Está Amy también.
-Y tú no estarás aquí para ver su nacimiento –recriminó - porque decidiste irte a un país que no sé dónde mierda queda con la única finalidad de separar a dos personas que se quieren. Me das pena… pudimos haber sido muy felices nosotros cuatro. Tú tienes un problema muy grave en tu cabeza Mike, tú estás enfermo. No entiendo cómo Mimi no te ha pedido el divorcio.
Michael comenzó a respirar aceleradamente.
Tenía que tratar de calmarse. A diferencia de con Mimi, él jamás le había levantado la mano a la morena, pero en esos precisos momentos estaba comenzando a perder el control.
-Nana…
-Señores – interrumpió el doctor que acababa de salir del cuarto – Deben llevar a su hija al hospital. Es apendicitis.
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Cuando Michael se enteró de lo que le habían hecho a Mimi, espero impaciente hasta el primer descanso para acorralar a Yamato contra una de las paredes de la preparatoria. Lo empujó de tal forma que el rubio rebotó contra la estructura.
Ambos tenían la misma altura, pero en esos momentos Yamato se veía y se sentía más pequeño. No se perdonaba el no haber impedido aquel ataque.
-¡¿Qué mierda tu noviecita, Yamato?! – le gritó volviéndolo a empujar - ¡Le cortó el cabello a Mimi! ¡¿Tienes idea de lo que significaba para ella?!
El Ishida no respondió.
Tenía su mente en estado de pausa. La única imagen que tenía en esos momentos era la de Mimi llorando en sus brazos y de eso ya habían pasado cuatro días.
La castaña no había estado yendo a clases por lo que nadie había visto los efectos de la riña entre Mae Sasaki y ella. Fue la misma rubia quien se encargó de esparcir el chisme y a pesar de que fue suspendida por una semana debido a lo que hizo, no le importó.
Lo que sí le importó y la hizo odiar aún más a Mimi, fue que Yamato apareciera al día sub siguiente en su casa pidiéndole explicaciones, gritándole y exigiéndole que no se le acercara nunca más a la castaña o ambos iban a tener problemas serios. De paso le hizo entender que desde ese minuto cualquier relación que ella creyese que tenían, se había acabado.
Michael, se enteró al tercer día y fue Nana quien le contó. Creyó que la ausencia de Mimi en clases se debía a la estupidez que hizo hace un par de días en su departamento y que habían provocado su nueva ruptura – de la cual nadie estaba enterado aún – pero en cuanto supo, fue a verla a casa de sus abuelos. Ella reticente en primera instancia debido a su pelea previa, no quiso recibirlo, pero su abuela insistió tanto al ver a ese pobre muchacho – a ojos de la anciana – estar afuera en la calle por horas, que Mimi terminó cediendo. Y no solo terminó cediendo en cuanto a que entrara a su cuarto a verla, también cedió a perdonarlo cuando después de largos minutos de lágrimas y disculpas él le rogara volver con ella.
Esa noche durmió abrazado a Mimi, acariciando su ahora corto cabello. Consolándola cada vez que despertaba llorando y recordaba a sus padres. Y quizás fue eso fue lo que terminó torciendo la mano de la castaña, el que Michael supiera de su sufrimiento y que él estuvo con ella durante todo el proceso. Además… un error lo comete cualquier. Ese fue su consuelo cuando lo aceptó de vuelta.
-Mae no es mi novia – dijo Yamato al fin.
-¡Bueno tu amiguita con ventaja o la mierda que sean ustedes dos! – exclamó y debido a sus gritos llamó la atención de un par de estudiantes, que llamaron a otros… y estos otros a otros más y sin que los dos se dieran cuenta habían sido rodeados por espectadores expectantes ante una inminente pelea a golpes.
-Ya he hablado con ella… - la voz del Ishida sonaba apagada.
Yamato se refería a Mae ya que con Mimi no había conversado desde que se besaron en el salón de música. Fue un beso muy corto, apenas sus labios se juntaron, ella se separó dándole un empujón. Se levantó del suelo aun sosteniendo su trenza en su mano y salió corriendo, él trató de seguirla pero cuando Yamato reaccionó y salió tras la castaña, ella ya había desaparecido.
Sora tampoco pudo comunicarse con ella. Mimi había apagado su celular y a pesar de que ya eran muy amigas hace casi dos meses, la pelirroja nunca había ido al hogar de la chica, por lo que no sabía dónde vivía.
-¡La quiero lejos de mi novia! – y lo empujó por tercera vez.
Cómo quería enrostrarle en la cara de ese norteamericano que había besado a su novia, pero no era el momento de hacerlo. No con tanto público presente.
Si la situación hubiese sido otra, otra chica… otro novio de esa chica – que ya le había ocurrido antes – se lo habría dicho, le habría entregado un informe detallado de cómo la besó, de cómo la tocó, de qué le había hecho… con la única finalidad de dejar en claro que ninguna chica en ese lugar se podía resistir a él.
Pero él no tenía la más mínima intención de exponer a Mimi, de dejarla mal parada como lo había hecho anteriormente con otras. Ella no era para Yamato una conquista más, un beso más. Mimi se estaba convirtiendo para él en algo que realmente lo aterraba porque no sabía con exactitud qué era.
Al cuarto empujón, el Ishida reaccionó devolviéndoselo y los murmullos alrededor aumentaron. De un momento a otro, vino el primer golpe… luego el segundo y de pronto ambos estaban revolcándose en el suelo, llenos de polvo turnándose por quien estaba encima del otro.
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Nana iba pasando por afuera del salón de su prima en dirección al suyo cuando un chico de primer año entró corriendo al pasillo mientras gritaba a todo pulmón que Ishida y Phillips estaban agarrándose a golpes en el patio de la preparatoria. Vio de inmediato como Taichi Yagami salió en un santiamén de su salón seguido de Sora Takenouchi. Ella los conocía muy bien… cuando se iba con su prima después de clases, ésta le decía una y otra vez que le encantaba ese moreno de ojos color chocolate y que le daba lo mismo que tuviera de novia a esa chica tan fea. Mae iba a hacer hasta lo imposible por quedarse con Yagami. Nana no decía nada, conocía tan bien a su prima que de seguro se salía con la suya. De hecho, no sacó nada con decirle un día que a ella le gustaba Yamato, Mae se encargó de quitárselo – sin que siquiera fuera de ella – y contarle una y mil veces que bien besaba ese hombre.
Y con primas así… para qué quiere uno enemigos.
Para cuando Nanami Aoyama llegó al patio, Taichi sostenía a Yamato por los hombros y Michael se limpiaba la sangre de su labio inferior con la manga de su camisa. El director del establecimiento llegó al minuto alertado por los murmullos que oyó afuera de su oficina.
-¡Ishida, Phillips! ¡A dirección! – exclamó el hombre con autoridad. Luego de dirigió al resto del alumnado - ¡El resto a clases! ¡Ahora!
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Nana mojó una de las toallas que ocupaba para clase deporte y la colocó en todo el lado izquierdo del rostro de Michael. Él tenía su cabeza apoyada en las piernas de la morena y ambos trataron de estar a una de las bancas que estaban más escondidas en la preparatoria. Ella se hizo una coleta al notar que sus cabellos le caían al rubio en la cara molestándole.
-No es culpa de Yamato, Mike. Mae… ella… mi prima tiene fama de ser conflictiva. En todo sentido – dijo ella aguantándose las ganas de acariciarle sus rizos dorados.
-No lo defiendas – contestó él molesto.
-No lo estoy defendiendo. Simplemente te estoy explicando cómo son las cosas. Yamato es un cretino, pero Mae es malvada. No me sorprendió que le haya hecho eso a tu novia… de hecho, esperé algo peor. Desde que Tachikawa le volteó las bebidas en su cabeza que la había estado escuchando que se vengaría.
-¡¿Y por qué no me lo dijiste?! – inquirió levantándose enojado lo que provocó que la toalla se le cayese. Tenía todo el lado izquierdo de su rostro con moretones y un corte en el labio.
-Porque… - guardó silencio. No sabía por qué.
-Creí que eras mi amiga – espetó – si me hubieras dicho, habría podido detenerla o estar más atento al menos.
La miró tratando de encontrar alguna respuesta, pero los ojos negros de la muchacha lo rehuyeron.
-Lo… lo siento – se disculpó.
-¡Demonios! – Exclamó él pateando una piedra imaginaria – Eres la única amiga que tengo en este maldito lugar, Nana. Deberías habérmelo dicho.
Ella tomó su mano pidiéndole con ese gesto que se volviera a sentar y sin que Michael volviera a protestar se acostó nuevamente a lo largo de la banca apoyando la cabeza en su falda, pero ahora fruncía el ceño.
-Te va a quedar un arruga allí – comentó la morena con dulzura tocando su entrecejo.
-No me importa.
Ella rodó los ojos y le colocó la toalla húmeda en la cara una vez más. El rubio cerró los ojos cuando Nana ya no pudo aguantarse más y comenzó a tocar su cabello, acariciándolo con cariño. Mimi solía hacérselo cuando estaban en secundaria, cuando ella conservaba ternura y no sufrimiento. La caricia lo hizo retroceder en el tiempo.
-¿Te suspendieron?
-No… pero estaré una semana en detención con el idiota de Ishida. ¡Lo que me faltaba! - Nana rió – No le veo la gracia al asunto por ningún lado – protestó el rubio.
-No me rio de eso… es que… - dio una pausa antes de seguir. Michael notó que demoraba demasiado en volver a hablar y la miró con el ojo que no tenía tapado con la toalla. Ella sonrió – Nunca nadie golpeó antes a Yamato, eres el primero y creo… en verdad creo, que él quedó peor.
Michael estiró su mano y acarició la mejilla de su amiga.
Algo dentro de él se encendió en ese segundo.
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Mimi llegó a clases dos semanas después del ataque de Mae, la cual ya se había incorporado a clases días atrás. Entró al salón apretando la mano de Michael, nerviosa y con una timidez y debilidad emocional que Yamato no había visto en ella.
Para el rubio, daba lo mismo el largo de su cabello… a sus ojos era la mujer más hermosa en todo el mundo. La melena que ahora llevaba la hacía ver bellísima a pesar de que sabía que ella prefería mil veces su cabellera larga y Yamato quizás también. Pero negar que ese nuevo corte obligado le quedaba mal, sería mentir.
Los murmullos no se hicieron esperar, las chicas de la clase comentaban en voz baja los efectos de Mae en Tachikawa, pero bastó una mezcla de furiosas miradas de Ishida y Phillips para acallarlas. En realidad, el salón completo guardó silencio y los que siguieron conversando, lo hacían de otros temas.
Yamato no se atrevió a hablarle durante todo el primer período, a pesar de que necesitaba conversar con ella con urgencia. Quería saber cómo había estado y lo que más le instaba a hablarle era el beso que compartieron. Para cuando sonó el timbre que anunciaba el primer descanso, el Ishida notó de inmediato como Michael caminó hacia Mimi y le preguntó en inglés si quería quedarse allí o salir al patio. Ella simplemente negó ante la segunda oferta.
-Te voy a traer algo para que comas – le dijo al fin antes de darle un corto beso que a Yamato le produjo un revoltijo en sus intestinos y salió del salón.
El rubio no se había movido de su asiento… no habían más de cuatro personas en el salón contando a Mimi, un chico de lentes, Nanami y él mismo.
La castaña parecía perdida en la ventana a su izquierda, estaba callada. Llevaba sin decir una sola palabra desde que había ingresado al salón en la mañana.
Yamato se armó de valor y levantándose de su asiento caminó los dos pasos que separaban su pupitre del de la chica.
-Disculpa, Tachikawa ¿Puedo hablar contigo?
Tan nervioso estaba el rubio que no notó cuando Nanami llegó allí. La mirada de la morena la hacía ver compungida.
-¿Por favor? – pidió haciéndole una leve reverencia como si ella hubiera sido quien le cortase el cabello.
Mimi la miró y de reojo vio que Yamato también estaba allí. La castaña con solo su mirada le hizo entender al Ishida que iba a conversar con Nana y que debía irse. Así lo hizo, con bastante desgana, pero lo hizo, llevándose de paso al chico de lentes que parecía adelantar una tarea para el siguiente período. Pero Yamato le dijo que lo terminara en la biblioteca.
La morena se acomodó en el asiento que estaba más adelante y tras soltar un profundo y triste suspiro, comenzó a hablar.
-Sé que no debería ser yo quien estuviese aquí haciendo esto, Tachikawa, sino Mae. Pero conozco a mi prima y sé que ella jamás se pone en el lugar del otro, jamás toma conciencia de sus actos ni mucho menos le interesan los sentimientos de los demás. Pero yo no soy como ella y yo sí quiero pedirte disculpas, porque tuve que ver indirectamente en lo que hizo y me siento la peor persona del mundo por permitirlo – en un principio Aoyama la miraba a los ojos, pero ahora que éstos comenzaban a llenarse de lágrimas prefirió bajar la cabeza y quedarse mirando el pupitre con vergüenza – ella me pidió que entretuviera a Ishida, me dijo que quería dejarle algo en el salón de música, pero yo no sabía que tú estabas ahí ni mucho menos sabía lo que Mae tenía planeado hacerte. Te juro que si lo hubiera sabido, no lo hubiera hecho. Te habría advertido. Mi prima es… ella es malvada, ella no mide consecuencias y actúa por instinto – miró a las castaña de reojo que no le quitaba los ojos de encima y que al igual que ella tenía los ojos aguados – Lo lamento mucho… - sollozó de pronto – en verdad, lo siento.
-Nana.
La voz de Michael la hizo girar y se secó sus lágrimas de la mejor forma que pudo. Se despidió finalmente antes de salir del salón entregándole una nueva reverencia a Mimi pero mucho más profunda que la anterior.
-¿Te estaba molestando?... ¿Te hizo alguna pregunta incómoda?
Ella negó.
-Me pidió disculpas.
-¿Disculpas?
-Sí.
-¿Por qué?
Mimi no le respondió, simplemente se levantó de su puesto y fue a abrazar a su novio que la recibió con ternura.
-Ahora entiendo por qué pasas tanto tiempo con ella. Es una persona muy buena Mike, me gusta saber que encontraste una amiga como ella.
Michael sonrió y al sonreír recordó cada día en que Nanami lo hizo reír.
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Sora se acercó a Mimi a la salida de clases, si bien había tenido tiempo antes, no quería ahogar a su amiga ni acosarla con preguntas tan rápidamente. La encontró ya saliendo del establecimiento, iba sola y supo que era debido a que su novio junto con Yamato aún seguían en detención. Al principio el director les había dado sólo una semana, pero ambos rubios volvieron a agarrarse a golpes en la misma sala donde cumplían su castigo, por lo que se les aumentó el mismo a dos semanas más.
-Mimi-san – le llamó la pelirroja llegando a su lado – Hola…
-Hola – respondió tratando de esbozar una sonrisa que le costó en demasía.
-¿Te acompaño a casa?
-No es necesario, vivo muy lejos y te estaría desviando de tu camino en muchos kilómetros.
-Eso a mí no me importa. Luego me devuelvo en autobús – sonrió Sora – Lo que quiero es estar contigo y, solo si quieres, conversar.
Mimi suspiró apesadumbrada y sin darle una respuesta a su amiga comenzó a caminar dándole a entender que podía acompañarla.
Sora, sin la intención de preguntarle de inmediato por su incidente con Sasaki, aprovechó de ponerla al día con las clases de tenis a la cuales había faltado. Le contó también que Taichi la había llevado a una cita a Palette Town y que se les hizo tan tarde que tuvieron que devolverse caminando bajo una inesperada lluvia. Ambos estuvieron resfriados por una semana. Le comentó que ya estaban abiertas las inscripciones del festival de primavera y que si quería apuntarse tenía hasta fines del próximo mes. No pudo omitir contarle que Taichi le había esguinzado el tobillo al entrenador de su equipo, que en esos momentos hacía de árbitro, lo confundió con un jugador del equipo rival y se fue a él con tanta fuerza que lo derribó al verlo con el balón entre sus piernas.
-Por eso anda con muletillas… - comentó la Tachikawa recordando que había visto al profesor de pasada cuando iba al baño.
-Sí - rio la pelirroja – De hecho lo dejó en la banca hasta que su tobillo mejore. Es su castigo. Y créeme que Taichi vea a sus compañeros jugar mientras él está sentado, en el peor castigo del mundo.
Continuaron conversando. Atravesaron avenidas, puentes, pequeñas calles y Sora notó que Mimi vivía realmente lejos cuando después de 45 minutos la castaña ni siquiera le indicaba que quedaba poco.
-¡Vaya, sí que vives lejos! – bromeó la Takenouchi admirando el paisaje. Era muy bonito, nunca había estado desde ese lado de la ciudad. Habían varios blocks de departamentos, pero de no más de seis pisos todos rodeados de frondosas y coloridas áreas verdes.
Mimi se detuvo frente a uno en particular y en el cual a un lado de la puerta de acceso de podían leer los apellidos de los residentes. La castaña de acercó al número E en donde se leía ya a duras penas Tachikawa.
Ella volvió a suspirar, había tenido dos semanas para pensar en casa de sus abuelos. Ya no quería cargar con esa pena sola en un país tan lejano. Tenía que comenzar a formar lazos y eso significaba comenzar a abrirse y a contar la verdad… quizás no de golpe, pero si paso a paso.
-¿Vives a acá?... es muy bonito – comentó su amiga.
Pero Mimi negó con la cabeza provocando que su corta melena se moviera con gracia.
-Vivo a 20 minutos caminando desde la casa de mis abuelos al instituto… pasamos su casa hace ya mucho – la castaña volteó a su amiga con mirada firma. No quería mostrarse dubitativa - …Quiero contarte algo, Sora.
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Ya casi no quedaban alumnos en el establecimiento. A esas horas sólo estaban los de las ramas deportivas de football, basquetball o natación y también quedaban lo que estaban en detención. Y en esos momentos eran tres los que estaban allí: Ishida, Phillips y otro chico de gran tamaño que había roto varios implementos en el laboratorio de ciencias.
El timbre dio la ocho y eso significaba que al fin ese nuevo días de castigo llegaba a su fin. La profesora que los vigilaba les recordó que mañana a las 5 los quería de vuelta y con puntualidad sino iban a quedarse 10 minutos extras por cada minuto de atraso.
Yamato no dijo nada y caminó rápidamente a la salida, sus compañeros de banda estaban realmente furiosos con él ya que debido a sus constantes detenciones no habían podido ensayar casi nada. Por lo que Junji propuso, por mientras, el patio vacío y techado de su pequeño hogar para ir avanzando en algo.
El tipo gigantesco que los acompañaba también desapareció.
Michael, cansado y cabreado, se dirigió a los sanitarios antes de irse definitivamente a su departamento. Tenía que terminar una tarea de historia y él realmente comenzaba a odiar la historia japonesa, para él todos los nombres eran iguales, los mismos conflictos y aun trataba de entender la transición de la era Tokugawa a la Restauración Meiji.
Y mientras trataba de recordar la función que cumplieron los quince shogunes que estuvieron durante el Bakufu Tokugawa vio a Nana apoyada en una de las paredes cerca de la salida de la preparatoria.
-¿Aún acá?
-Te estaba esperando para entregarte esto – le dijo extendiéndole una libreta – es el trabajo para mañana. Está casi listo sólo debes agregar una pequeña explicación de porqué los samurái de la era Meiji se fueron en contra del emperador.
-¿En serio me esperabas para entregarme la tarea? – sonrió agradecido.
-También me quedé haciendo una tarea de biología, el tiempo pasó tan rápido que no me di cuenta cuando me pidieron dejar la biblioteca… no te sientas tan especial tampoco – aclaró levantando una de sus cejas.
Comenzaron a caminar en la misma dirección, ambos vivían relativamente cerca. No se dijeron nada durante las escasas cuadras que llegaban a la esquina en donde ambos se separaban para seguir caminos opuestos.
-Hasta mañana – se despidió la morena dándole una leve reverencia con su cabeza.
Michael la vio alejarse mientras la molestia en su pecho se hacía presente una vez más. Desde el primer día que la vio sintió algo extraño, era su forma de ser… su timidez, su dulzura y esas costumbres japonesas tan arraigadas en Nanami que empezaron a llamar su atención.
No pudo controlarse y corrió hacia ella antes de que alcanzara a cruzar la calle. Tomó de su brazo y la hizo girar hacia él.
-Ni siquiera sé muy bien que es un samurái – le dijo mirándola con tal intensidad a sus ojos que ella terminó sonrojándose - ¿Puedes ayudarme?
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Aoyama ya había dejado sus zapatos cerca de la puerta y se había colocado las pantuflas plomas y nuevas que estaban a un lado del genkan. Michael no lo había hecho y ella se sintió un tanto incómoda, siendo que no era su hogar. Bueno, a eso sumado que ella no iba muy seguido a casa de otros chicos, menos si estos vivían solos.
¿En que estuvo pensando cuando aceptó su invitación?
-¿No vas a pasar? ¿Te vas a quedar allí? – preguntó el rubio mientras se le acercaba con un vaso de refresco.
-¿Nunca te quitas los zapatos en casa?
-¿ah?
Michael, repasó los pies de la morena y luego los suyos, notando de inmediato la incomodidad de su compañera. Él tenía costumbres occidentales y jamás se sacaba los zapatos. De hecho, no tenía ni la menor idea para qué servía ese pequeño espacio si Mimi no se lo hubiese explicado.
-Eres muy apegada a las costumbres japonesas… - comentó el rubio divertido mientras colocaba los cuadernos y libros que iban a necesitar sobre la mesa. Él ya calzaba también unas pantuflas color plomizo.
-Mi familia es muy tradicionalista – dijo sin más – además soy hija única. Esperan de mí lo que la sociedad espera de los mejores.
-¿Por eso vas a estudiar leyes?
-Y porque es una tradición familiar… el padre de mi bisabuelo, mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre son abogados.
-¿Y si quisieras estudiar algo distinto? ¿Medicina o simplemente Artes?
-Sería una deshonra para mi familia. Es algo que tú no podrías entender. Tenemos crianzas y costumbres muy distintas, Mike.
No fue tan fácil como Nanami pensó, el rubio no era una persona poco inteligente, pero le costaba mucho pronunciar y recordar los nombres, los apellidos, ciudades y conceptos. La morena le ayudaba con la pronunciación y se daba el tiempo de repetírselo todas las veces que fuesen necesarias, pero Michael tenía un serio problema con la letra R y cada vez que debía decir algo con esa letra, ella reía porque se escuchaba bastante gracioso.
-¿Viniste a burlarte o a ayudarme? – Reclamaba tras escucharla reír una vez más – Yo no hago mofa de ti cuando hablas inglés… y tú sí que la R simplemente la olvidas.
-Nuestras fonéticas son distintas... – se defendió.
-Ni que lo digas. Sus R son unas L
Ella volvió a reír.
Miró la hora en su celular y notó que ya iban a dar las 11 de la noche y, si bien, les había avisado a sus padres que estaría en casa de una compañera estudiando – nunca se le ocurriría decirle que estaba sola en el departamento de un hombre. Su padre se escandalizaría - ya era muy tarde.
-Ya debo irme – indicó Aoyama comenzando a juntar sus cosas para meterlas a su bolso – al menos ya tienes más clara la historia. No era tan difícil, ¿cierto?
-Tu hiciste que fuese muy sencillo de entender – le dijo provocando que ella se sonrojara un poco – Te iré a dejar a tu casa.
-No, no es necesario. Vivo muy cerca y es muy tranquilo, no me va a pasar nada.
-Una costumbre occidental y que tengo muy arraigada es ir a dejar hasta la puerta de la casa a la chica que me ayuda con mis tareas – dijo con seriedad, pero le duró muy poco ya que una sonrisa divertida comenzó a dibujarse en sus labios.
-Ahora entiendo a Mimi… si fueses mi novio yo tampoco te dejaría ir.
Aquellas palabras salieron de la boca de Nanami sin que pasaran por su cabeza, demoró más de lo que creyó en procesar lo que había dicho. Enrojeció por completo, maldiciéndose internamente por ser tan impulsiva en algunos aspectos – las millones de cartas en el casillero de Ishida el año anterior eran prueba de ello – tomó su bolso, le entregó a Michael su respectiva y educada reverencia y salió casi corriendo del departamento.
-Tonta, tonta, desubicada… - se decía si misma molesta mientras apretaba el botón del ascensor.
Estaba nerviosa. Tenía que aprender a controlarse. Michael era su amigo, nada más. Venía de una cultura totalmente diferente a la suya y el ser tan amable con ella no significaba que él sentía algo más allá. Además tenía novia, una muy bonita. Una a la que había seguido desde Estados Unidos… era obvio que ese chico estaba enamorado de pies a cabeza de Tachikawa.
Las puertas del ascensor al fin se abrieron, antes de entrar soltó el aire de sus pulmones resignada. Mañana sería otro día de clases y ella haría hasta lo imposible para que Michael olvidara la estúpida frase que había lanzado sin pensar.
Dio el primer paso para entrar, pero…
-¡Nana!
Ella volteó y el rubio se acercaba a ella corriendo… parecía agitado, pero Aoyama no creyó que era debido a la corta distancia que trotó. Era una agitación interna.
-¿Se me quedó algo? – preguntó ella con total inocencia.
Michael torció una sonrisa.
-Sí… esto – la tomó por la cintura y sin darle tiempo para pensar se inclinó hacia su rostro con rapidez y juntó sus labios con los de ella. Nana se tensó en un segundo, más cuando la lengua del rubio hizo intromisión en su boca provocándole un gemido de sorpresa. Él la apegó más a su cuerpo y cuando Michael comenzó a explorar los recovecos con su lengua topándose con la de Nana, ella se dejó llevar. Botó su bolso al suelo y le pasó los brazos por su cuello yendo directo a sus cabellos, adoraba sus rizos.
Era un beso totalmente distinto al que le había dado Yamato meses atrás. Este beso era tierno, apasionado. La hacía temblar de pies a cabeza.
Se separaron tras minutos de estar pegados como dos piezas de rompecabezas, sus respectivos pechos subían y bajaban debido a la intensidad del momento.
-Eres increíble – susurró el rubio comenzando a separarse – Necesitaba besarte… necesitaba saber qué era esto que estaba comenzando a sentir.
-¿Ahora lo sabes? – preguntó ella en el mismo tono y con las mejillas sonrosadas.
-Eso es lo peor… ahora estoy mucho más confundido.
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-Esto es una operación de cuidado, pero no deben preocuparse. La apendicitis es muy normal en niños de la edad de Amy – los tranquilizó el doctor que los recibió en la urgencia del hospital – es una cirugía muy rápida y en dos o tres días según la evolución ella ya podrá estar en casa con ustedes, deberá estar unas 2 semanas en reposo. Lo bueno es que se detectó a tiempo.
Después de la conversación con el doctor, Nanami salió a una de las escaleras de emergencia al aire libre del hospital en busca aire. Se apoyó en la baranda ya un poco más tranquila sabiendo que su hija estaba en buenas manos.
Michael llegó a los pocos minutos, después de quedarse en informaciones preguntando acerca del cobro de la operación de Amy.
-Necesito las llaves del auto – le dijo sin más. Él le había pasado todas sus pertenencias a la morena para que las guardara en su cartera – Debo ir por la chequera.
Mas ella no se movió.
-¿Te irás aún sabiendo que tu hijo nace la próxima semana y que Amy estará un par de semanas en reposo? ¿Me vas a dejar sola con los dos?
-Esa ha sido tu decisión. Yo tengo todo listo para recibirlos a ambos. No quiero que te alejes de mí, pero pareces empeñada en querer quedarte.
-Esto no ha cambiado desde el día uno, Mike. Desde el día en que me besaste por primera vez que estás confundido… y nunca más saliste de esa confusión. A diferencia tuya yo desde ese día lo supe, supe que no podría estar sin ti, pero también supe que iba a ser muy difícil salir de la sombra de Mimi y no me equivoqué. Ella siempre ha estado primero, primero que yo, primero que tus hijos… primero que todos. Y dejé ya pasar mucho tiempo. Me voy a quedar aunque sufra, aunque llore, aunque te extrañe… aunque me cueste. Pero yo me voy a quedar. No te seguiré más.
-Las hormonas te tienen así… es normal con el embarazo. Sucedió lo mismo cuando esperabas a Amy – le dijo restándole importancia – ahora pásame las llaves que debo ir por la chequera.
-¡No son las hormonas! ¡No es el embarazo! – exclamó enojada - ¡Se acabó Michael!
-¡Esto no se va a acabar! – y él también había subido el tono de voz - ¡Aunque tenga que venir a buscarte yo mismo, te vas a ir conmigo!
-¡No!... ¡Ya he tenido suficiente!.. ¡Si no me dejas en paz voy a ir personalmente donde Mimi y voy a contarle todo!
-No serías capaz – siseó entre dientes. Estaba en sus límites, esos límites que con solo Mimi había cruzado.
-¡No tienes idea de lo que soy capaz!... ¡años me has tenido en segundo plano y yo la tonta soportándolo! ¡Eres un poco hombre! ¡Jamás supiste ponerte los pantalones y decidir qué querías, preferirte jugar a dos bandos! ¡Me aburrí de ti! ¡Eres un maldito enfermo ment…!
Y sucedió.
El golpe en la mejilla de la morena fue tan brutal que toda su cabeza le dio vueltas. Retrocedió hasta la baranda apoyándose en ella, respirando con dificultad.
Michael se llevó las manos a la cabeza, sin poder creer que con ella tampoco hubiera podido controlarse. Nana siempre hacia lo que él le pedía, siempre fue muy sumisa, siempre aceptó todo, no así Mimi a la cual no lograba controlar. Era ese el motivo por el que nunca le había levantado la mano a Aoyama, hasta ese instante, y su reacción fue la misma que tuvo cuando golpeó a su esposa por primera vez.
-Nana, Nana lo lamento – comenzó a disculparse con desesperación – no fue mi intención, yo jamás… yo jamás. Fue un impulso, un estúpido y maldito impulso… Nana…
La morena se llevó una de sus manos a su mejilla que la sentía palpitando, nunca en su vida había sentido un dolor de tal magnitud, su otra mano fue directo a su vientre y haciendo un esfuerzo sobrehumano giró la cabeza hacia él, ya que la bofetada se la había hecho voltear –le dolía hasta el cuello.
-¡No te vuelvas a acercar a mí, nunca más en tu vida! – gritó enfurecida.
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Cuando Yamato despertó al día siguiente lo primero que hizo fue llamar a Mimi, pero tal cual como había pasado con todas sus llamadas anteriores, todas y sin excepción se iban directo al buzón de voz.
Eso era extraño.
Se levantó y encontró a Daiki acostado a los largo del sillón principal viendo televisión vistiendo solo sus calzoncillos. Su padre lo quedó mirando y pareciera que no tuviera solo 16 sino mucho más.
-Dai, ¿Has llamado a tu mamá?
-La llamé ayer en la noche para decirle que me iba a quedar acá contigo por la semana, pero tenía su celular apagado – dijo sin mucha preocupación – De todas formas Michael me dijo que él se encargaría de avisarle.
Yamato chasqueó la lengua para evitar decir algo malo en contra de ese otro rubio en presencia de su hijo. Daiki le tenía bastante cariño a ese norteamericano y cada vez que él reclamaba algo, Dai lo defendía. Eso lo hacía hervir por dentro.
-¿Haremos algo hoy? – preguntó su hijo estirándose en el mismo sillón.
-Tengo que pasar a la disquera a entregar los informes de las bandas que entrevisté durante el viaje. Me puedes esperar o…
-¡Voy contigo! – Exclamó entusiasmado - ¡Oh wait! Podemos pasar a mi casa primero, quiero llevar mi bajo para que me lo firme tu jefe.
Yamato rió, desde que le dijo que su nuevo jefe era uno de los cantantes favoritos de Daiki que éste quería conocerlo.
-Está bien… pero primero ¡a bañarse!
-Agrrr, suenas igual a mamá – reclamó mientras caminaba al cuarto de baño.
Era una buena excusa, pensó el Ishida, pasar por el bajo de su hijo y de paso ver una vez más a Mimi.
Él tenía pensado soltar la bomba esa misma semana, además ya había hablado con Mimi y ella también tenía decidido pedirle el divorcio a Michael, aunque Yamato tenía que admitir que cada vez que le tocaba el tema, había algo en los ojos de su mujer que lo preocupaban…
¿Era miedo?
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El prox capitulo será 100% mimato. En este hubo casi nada, pero tengo que ir explicando cómo se llegó a la situación actual.
Nana, no es mala… simplemente se enamoró, pero ya no aguantó mas ser la otra. Aguanto harto en todo caso. Ella va a tener un rol importante…
Michael tampoco era malo en un principio, pero hay situaciones que hacen cambiar a las personas.
Espero hayan disfrutado, el cap.
Estoy trabajando en los otros, jamas piensen lo contrario. A veces demoro más de la cuenta porque el kami de la inspiración se va de parranda y me deja botada! Maldito!
Os quiero, os adoro!
Nos leemos
:)
